9) El mar de la esperanza

Ligas a las partes anteriores:

A) Aclaraciones y detalles del tema
0) Prólogo
1) Explorando terrenos desconocidos
2) Jugando con fuego
3) Tempestad y calma
4) ¿Será o no será?
5) Carrusel
6) En la entrada del campo floral
7) Las espinas de la flor
8) La flor al final del sendero

Ahora sí, éste es el final de la serie. Si no quieren el mega spoiler, lean todas las 8 partes anteriores. Si comienzan leyendo aquí, les va a arruinar buena parte de la historia.

Muchos amigos, casados desde hace muchos años, me contaban lo que ellos pensaban del matrimonio. Algunos incluso me comentaban “¡no te cases!”, y ni mencionar el mar de gente que preguntaba o hacía alusión al matrimonio cuando escuchaban mi edad. Lo cierto es que escuchaba de todo respecto a estar casado, y todas las opiniones fueron minuciosamente analizadas.

Decidir contraer matrimonio fue algo muy sencillo una vez que me di cuenta del error que estaba cometiendo, y que me arrepentiría toda la vida si, por esa razón, todo terminaba con Emi. No le pedí matrimonio de la forma en la que hubiera querido: algo romántico, en un momento especial; y la boda pues… no hubo.

En Japón, casarse significa llenar un papelito en el ayuntamiento, ponerle los respectivos sellitos, y listo. Es más, ni siquiera necesitan estar presentes ambos contrayentes; con uno que vaya es suficiente siempre y cuando la contraparte haya llenado los campos correspondientes y haya puesto su sellito. El trámite dura, cuando mucho, 20 minutos; después de eso, ¡felicidades! ¡ya estás amarrado!

El día que fuimos estaba nublado. Pedí permiso en el trabajo, pues solamente se puede realizar el trámite en horas hábiles entre semana. Los testigos ya nos habían puesto su sellito en el papel, por lo que solamente era llevarlo, llenar otra forma que te dan ahí, y listo. Cero nervios, cero presión.

Nadie nos acompañó. Fuimos nosotros dos nada más. Y como lo he descrito arriba, en cuestión de unos 15 minutos el proceso estaba terminado. Nada de solemnidad; es un simple trámite, como cualquier otro de los que se hacen en ese lugar. Cuando nos dirigíamos a la salida, le dije a Emi: “Mira con cuidado el paisaje que verás al salir de aquí, ya que es el primero que veremos juntos como matrimonio”. Y así fue: un día nublado, haciendo viento, sin nada realmente memorable que ver. Eso sí: ambos teníamos mucha hambre y terminamos comiendo en un Sukiya que está muy cerca.

Aunque no realizamos ningún tipo de celebración, varios de los mexicanos en Japón se organizaron y realizaron una para nosotros. Fue un detalle increíble, de esos que nunca se olvidan, y por el que les estoy profundamente agradecido.

Luna de miel, tampoco.

Lo más curioso: por una extraña razón que solamente ellos conocen, la embajada de México en Japón no realiza el trámite de inscripción de matrimonio, por lo que en México legalmente sigo siendo soltero. Al preguntarles cuáles eran mis opciones, me dijeron que lo más rápido es que vayamos a México y hagamos el trámite nosotros, porque de otra forma tenemos que pagar apostillas en ambos países, envío de documentos y pedirle a alguien en México que haga el trámite por nosotros. Insisto: ¿por qué no hacen el trámite aquí, cuando en otras embajadas y consulados mexicanos en el mundo sí lo hacen? Solo ellos saben.

Por muy bonito que suene todo esto, sinceramente yo sí quisiera una boda a la mexicana: con fiesta, baile y diversión en compañía de mi familia y amigos, y sobre todo porque me gustaría ver a Emi en vestido de novia, pero siendo realistas, y aunque me duela en el orgullo y me avergüence de eso, veo muy lejano que eso pase, porque hay otras prioridades y los gastos tienen que ser cubiertos.

Han sido un par de años interesantes ya como hombre casado. No cambió nada en la relación puesto que teníamos mucho ya viviendo juntos, simplemente el estado civil sufrió la transición; no obstante, se siente una paz interna que me es difícil de describir. Pero obviamente no todo es perfecto, y aun en día seguimos discutiendo por muchas cosas sobre nuestras personalidades y diferencia de culturas. Eso sí: vemos para el mismo rumbo, y la aventura ya no la vivo solo, sino que alguien camina a mi lado para vivirla conmigo.

Pero eso no es todo. ¡Oh no!

El año pasado, por ahí de septiembre, nos enteramos que nuestra pequeña familia tendría un nuevo miembro. Hace casi 2 meses, el 16 de mayo, le di la bienvenida al mundo a mi primer hijo. Sí. Así como me ven, ahora también soy padre de familia, y justo cuando vean esto escrito, estaré yendo a Fukuoka por Emi y mi hijo para traerlos de regreso a Tokio, porque decidimos que el bebé naciera en Iizuka, tanto por lo que representa para mí ese lugar, como por seguridad y estabilidad para Emi al estar con su familia.

Justamente por eso, el kanji del año pasado fue 「希」, “esperanza”, porque es mucho de lo que representa mi hijo para mí.

De la misma manera, fue la razón por la que me decidí a agregar el botón y la página de donaciones en el blog. Si bien es cierto que los gastos básicos han sido cubiertos, también lo es que hay muchos gastos inesperados, además de pagos como el del hosting y el mantenimiento del blog, por lo que si al menos de las donaciones este blog se pudiera mantener, sería una gran ayuda.

He recibido donaciones, sí, y también ayuda de amigos en México, y estoy profundamente agradecido por eso. No he querido nombrar directamente a nadie porque yo sé (y ellos saben) quiénes son, y creo que ellos saben que les agradezco infinitamente el detalle, pero si creen que sería mejor listar a las personas que han donado (sin especificar cantidad), menciónenlo y con gusto pongo los nombres (o apodos, como gusten) por acá.

Llegué a Japón hace más de 12 años. He crecido y me he desarrollado mucho por acá, pero nunca pensé que este lugar sería realmente mi segundo hogar, ni que fuera la tierra que me daría una esposa y que vio nacer a mi primer hijo. Sigo en conflicto con muchas cosas, actitudes y comportamientos en Japón, eso no cambiará, pero el mar de posibilidades y esperanzas que se ha abierto frente a mí es una muy grata sorpresa.

Caminé solo durante mucho tiempo. Ahora, ya no soy nada más yo, sino que hay 2 acompañantes más que miran para el mismo rumbo, ansiosos de ver las aventuras que nos esperan, y que me apoyan para que sea el guía que necesitan.

El amor llegará en el tiempo indicado, a veces el más inesperado. En mi caso, llegó en el momento del sushi.

Epílogo

Me decidí a escribir esta serie porque muchísima gente me preguntaba sobre cómo ligar japonesas, consejos para entablar conversaciones con japonesas, y preguntas similares, y quise exponer mi caso para demostrar que:

  • Las japonesas son humanas. Las hay de todo tipo, incluyendo a las que les gustan los extranjeros, mientras que a otras no les pasa por la mente la idea de estar con alguien fuera de su cultura.
  • Aunque existen diferencias de cultura, “ligarte” a una japonesa es básicamente lo mismo que a una mexicana, o de cualquier otra nacionalidad: sé tú mismo, ten temas de conversación, sé cortés, y sobre todo: DILES ALGO, NO TE QUEDES CALLADO. En muchos de los correos que he recibido me da la impresión de que muchos esperan que escriba la fórmula mágica para hacer que las japonesas caigan a sus pies, cuando tal cosa no existe, y lo único que hay que hacer es tener un poco de valor y de confianza en uno mismo.
  • Por muy tirados a la calle que crean que pueden estar, sabiendo buscar, y mostrando confianza, pueden encontrar a alguien a quien le guste su forma de ser o su físico. Si creen que son feos, háganse la idea de que lo son, pero conozcan sus otras virtudes y aprovéchenlas.
  • Si alguien como yo, a quien mi papá comparaba con Carlos, de la película “Sexo, pudor y lágrimas” (porque según él yo no ponía atención en las mujeres, y pensaba que vivía solo para las computadoras y los videojuegos), pudo vivir todo lo descrito en la serie, quiere decir que cualquiera que se lo proponga también puede hacerlo. El punto es creer que se puede, darse cuenta de lo que uno es y no es capaz de hacer, y actuar. ¿Hay alguien que les gusta pero tienen miedo a ser rechazados? Minimicen ese miedo, conózcanse a sí mismos y usen sus virtudes para darse seguridad, y lancen la pregunta. ¿Los mandaron a ver gatitos? Triste, sí, pero el mundo no se acaba (bueno, sí, se acaba como por dos días porque te sientes del nabo, pero al tercer día todo se comienza a componer), y hay mucho más que ver.

Dejen de creer que tener una novia de X nacionalidad los hará sentirse realizados. Eso es racismo, y además es muy triste, porque quiere decir que no importa la personalidad de la otra parte, simplemente su nacionalidad. ¿Y si les toca una gritona? ¿Una mandona? ¿Una que los obliga a comprarles regalos carísimos nada más por su linda cara? Lo que menos importa es del país que sea. Cierto: las diferencias culturales sí son importantes, pero si hay cooperación de ambas partes para enfrentar los retos y seguir adelante, pasan a segundo plano.

Cuando comiencen a dar el 100% en lo que les gusta hacer, sea animación, videojuegos, rol, arte, cine, electrónica, barrendero, vendedor de enciclopedias de puerta en puerta, etc., no habrá necesidad de buscar a alguien especial; seguramente esa persona llegará a ustedes, atraída por la pasión con la que realizan sus actividades.