¡Feliz año 2022!

A la fregada se va el año de la vaca que tantos retos trajo, incluyendo la situación más dura en mi vida (hasta el momento).

Este año es el del tigre, y espero que sea el mejor de sus vidas. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, y aprovéchenlos mientras los tengan cerca. Yo me tengo que alistar para comenzar a trabajar este año, pero sí me tomaré un descanso un poco más adelante.

Un gran abrazo, y por aquí sigo a sus órdenes.

Mi canción favorita de este 2021 que se acaba

Pónganle el closed caption para que salgan subtítulos en inglés.

¿Necesito decir más? Esta canción es una excelente representación de lo que muchos japoneses sienten y quisieran decir. La canción es de 2020, pero fue este año cuando la conocí.

Ado, la cantante, tiene 19 años, y esta canción fue su debut. En la Wikipedia pueden encontrar un poco más de información al respecto.

El 2021 en un kanji

Kanji de los años anteriores:

  • El 2019 en un kanji

  • El 2018 en un kanji
  • El 2017 en un kanji
  • El 2016 en un kanji
  • El 2015 en un kanji
  • El 2014 en un kanji
  • El 2013 en un kanji
  • El 2012 en un kanji
  • El 2011 en un kanji
  • El 2010 en un kanji
  • El 2009 en un kanji
  • El 2008 en un kanji
  • El 2007 en un kanji

  • Este año no le tuve que pensar mucho. Hubo un suceso que lo marcó desde el inicio, y aunque pensé que sería bueno no catalogar mi año con este kanji, decidí hacerlo tanto para enfrentarlo y aceptarlo, como para dejar registro fiel de lo que ha sido este periodo de tiempo.

    El kanji se lee “utsu”, y uno de sus significados es “depresión”.

    A decir verdad, todo este rollo comenzó justo a finales del año pasado. Recuerdo como me la pasé trabajando 4 días, de 6 AM a 11 PM después de salir de vacaciones porque me aterraba no poder entregar resultados. Ése fue el momento en el que todo explotó… y de ahí todo se fue para abajo.

    Si ustedes me hubieran preguntado entre enero y abril si creía que iba a terminar el año, invariablemente mi respuesta habría sido un rotundo “no”. Y no, no era que tuviera pensamientos suicidas; realmente sentía que me ahogaba, que no era capaz de resolver ningún problema, que sencillamente era un fracaso. Veía el fin del año como algo a años luz de distancia, no porque pensara que mágicamente todo se arreglaría en cuanto 2022 comenzara, sino porque no me podía imaginar cómo iba a pasar todos esos meses en el estado en el que me encontraba.

    Para mi fortuna, he recibido mucho apoyo de gente que realmente se preocupa por mí. También decidí buscar ayuda profesional, y heme aquí, no al 100%, pero definitivamente mucho mejor. Sigo en el proceso de buscar nuevas bases mentales que me ayuden a enfrentar los problemas del futuro, pero es un gran avance.

    Escribiré más al respecto en otra entrada.

    El kanji del 2021 en Japón

    Este año no le seguí la pista como antes, pero como sigo la cuenta oficial en Twitter, de repente me encontré con el anuncio oficial, el cual, siendo sinceros, se me hizo totalmente X:

    See lee principalmente “kin”, y significa “oro”.

    Las principales razones por las que fue elegido son:

    • La destacada participación de la delegación japonesa en las olimpiadas de Tokio 2020, que como todos saben se celebraron este año después de haber sido pospuestas por el coronavirus
    • El increíble desempeño de Shohei Otani en el béisbol de las grandes ligas. En japonés, lograr un desempeño que será recordado por muchísimos años se expresa 字塔を打ち立てる (kinjitou o uchitateru)

    Digo que se me hizo X porque este kanji casi siempre es el elegido cuando hay olimpiadas, por lo que lo hemos visto en años anteriores: 2016 y 2012.

    Aunque para muchos el haber celebrado las olimpiadas en medio de la pandemia puede sonar como un éxito y algo que celebrar, la verdad es que para los que vivimos en Japón, y concretamente en Tokio, fue más un evento que causó polémica. Yo sinceramente pensé que se cancelarían, pero no fue así, pero no se permitieron espectadores en los eventos realizados en Tokio (porque hubo otros que se llevaron a cabo en otros lugares: en Sapporo, por ejemplo, fueron los maratones, para evitar el calorón que hace en Tokio durante esas fechas). El caso es que las olimpiadas pasaron, Japón ganó muchas medallas olímpicas, y a final de cuentas a la gente le gustó.

    Como es costumbre en estas entradas, les deseo lo mejor para el siguiente año. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, o si no les es posible, pásenla bien aunque estén lejos de los que aman. Espero de todo corazón que nadie tenga que pasar por lo que he pasado yo durante 2021, y si alguien está en una situación similar: NO ESTÁN SOLOS. Analicen en dónde están ahora, y pidan ayuda si la requieren. SE VALE ESTAR TRISTE, PERO TAMBIÉN SE VALE PEDIR AYUDA. No es signo de debilidad mental, ni nada por el estilo. No todo es una prueba para ver si podemos salir adelante por nuestra cuenta; hay que aprender a reconocer cuando las cosas se salen de nuestro control y que necesitamos quién nos eche la mano.

    Un gran abrazo a todos.

    El 2020 en un kanji

    Kanji de los años anteriores:

    Creo que el consenso de este año es claro. De la forma que lo vean o que lo hayan pasado, la realidad es que fue un año diferente, que nos presentó una situación difícil a nivel mundial de la que apenas comenzamos a ver la salida. Incluso en el escrito del año pasado mencionaba la celebración de las olimpiadas en Tokio… Pero más que eso, mucha gente lamentablemente perdió la vida, o quizás algunos de sus seres queridos. Se siente la tristeza y el hartazgo en todos lados.

    Sin embargo, creo que también para muchos hubo acontecimientos importantes y agradables, y es quizá en los que nos tenemos que apoyar para salir adelante y continuar en esta aventura.

    El kanji de este año lo tenía prácticamente decidido desde el anterior. Obviamente en ese entonces no contaba con una contingencia sanitaria a nivel mundial, pero ni eso es suficiente para quitarme la dicha del momento en el que por segunda vez me convertí en papá. Por tal motivo, el kanji que para mí describe el 2020 es:

    Su lectura principal es “ko”, y quiere decir “niño”. El nacimiento de mi segundo hijo se lleva por mucho a todo lo que acontenció en mi vida durante este año que termina. Como muchos de ustedes, yo también dejé de ver a mis amigos, dejé de salir y llevar a mi primer hijo a los lugares a los que íbamos con frecuencia, comencé a trabajar desde casa (primero por mi bebé y luego por el coronavirus), y el cansancio hizo (y sigue haciendo) presencia, pero ni todo eso ha sido suficiente para quitarme el sentimiento que tuve en el momento en el que mi segundo hijo vio la luz y lo tuve en mis brazos. Sin duda será un momento que recordaré toda la vida.

    No quiero dejar de mencionar que también hubo pifias y sucesos que lamento mucho. El estrés se ha maximizado durante los últimos meses y no es nada más por el virus: enfrenté un acontecimiento en el trabajo que me pegó fuerte; la inseguridad se apoderó de mí de forma en la que no lo había hecho antes, perdí la concentración en muchos momentos y he notado que se me han estado olvidando cosas. Yo sé que hay mucha gente con 2 o más niños que también le echa ganas todos los días y para las cuales yo soy un completo “novato” (y tienen razón), pero aunque tuve la ayuda de mi suegra por unos meses, ha sido realmente una gran tarea tener que estar al pendiente del trabajo y familia, y no ayuda ver que tu tiempo libre prácticamente ha desaparecido ni que los fines de semana no alcancen para descansar y comenzar otra semana fresco y con ganas en un trabajo que exige precisión y mucha creatividad, la cual reconozco que en estos momento no tengo.

    Por lo anterior es que tampoco he podido sentarme a escribir en el blog como lo solía hacer antes. Después de tantos años realmente ignoro cuánta gente sigue leyendo, y reconozco que es difícil que alguien nuevo llegue y se siente a leer en una época en la que las redes sociales acaparan toda la atención, y los medios visuales sean mucho más llamativos que un montón de letras escritas por un viejo cuarentón que a ojos vistas tiene que poner en orden su vida para poder enfrentar lo que viene después.

    No obstante, las ganas de seguir con este proyecto no se han terminado. Al igual que mi situación actual, sé que todo esto es pasajero, y en algún momento podré de nuevo tener control y estaré contento de escribirlo por aquí.

    El kanji del 2020 en Japón

    El kanji del año en Japón es seleccionado con un proceso de votación, pero casi al igual que conmigo, el candidato que ganaría se sabía o intuía prácticamente desde mediados de año

    Se lee “mitsu” o “hiso” en “hisoka ni”, y quiere decir “secreto” o también “denso”. Fue esta última acepción la que hizo eco en todo Japón durante todo el año debido a las recomendaciones que se hicieron para tratar de mitigar las infecciones por el coronavirus:

    • 密閉 (mippei). Significa “lugar cerrado”.
    • 密集 (misshuu). Significa “aglomeración”. Se refiere en este caso a personas
    • 密接 (missetsu). Significa “cercanía”, “contacto cercano”.

    El gobierno hizo referencia a evitar estas 3 situaciones como “3密” (san mitsu), que en inglés se tradujo como “3C”: Confined and enclosed spaces, Crowded places, Close-contact settings. Se estuvieron repitiendo en todos lados para tratar de generar conciencia en la población, lo que hizo que la gente siempre las tuviera en la mente (aunque no las evitara del todo), por lo que era indudable que ese kanji sería elegido para representar al 2020.

    De entre los primeros 10 candidatos, que por cierto pueden ver en la página 2 del documento oficial, puedo destacar la presencia de 滅 (metsu) en el lugar 7 y de 鬼 (ki/oni) en el lugar 9. Esto es debido al furor que ha causado la historia de Kimetsu no Yaiba (鬼滅の刃), conocida en inglés como “Demon Slayer”, y que incluso su pélícula ha sobrepasado a Sen to Chihiro no Kamikakushi (“El viaje de Chihiro”, o “Spirited Away” en inglés) en cuanto a recaudaciones se refiere. Muchísima gente reconoce el título o ha oído de la obra, así que, aunque sean kanji que normalmente representan algo considerado “malo” (“oni” es ogro, y “metsu” es exterminar) los podamos encontrar en los primeros lugares.

    Pásenla muy bien en estas pocas horas que le quedan al año del ratón (según el calendario chino), y prepárense para decirle adiós. Sin duda el 2020 quedará para el recuerdo de una forma en la que creo que nadie quisiera recordarlo, pero que, para bien o para mal, fue parte de nuestras vidas.

    Un fuerte abrazo para todos desde el todavía pandémico Tokio. Espero que la edición de este escrito del 2021 contenga muchas más buenas noticias.

    Adiós muela del juicio, parte 1

    Así nada más para dejar registro:

    Hace algunas semanas tuve fiebre en domingo (o sea que ni para enfermarme puede ser entre semana para darme un respiro del trabajo), y todo fue porque tuve una infección en una de las muelas del juicio. Tuve que esperar hasta el lunes, ya sin fiebre y tomando todas las precauciones y siguiendo las indicaciones que me fueron dichas por teléfono, para acudir con el dentista. En resumen: era mejor quitar las muelas del juicio.

    Ayer fue la primera. La imagen de arriba fue la hoja que recibí donde vienen las precauciones después de que un diente ha sido extraído (y que claro que tiene un verbo en japonés: 抜歯する “basshi suru”). No es la idea de este escrito traducir todo lo que está ahí escrito, solamente mencionar que la asistente estaba preocupada de si podría leer todo. Para nada me molestó su comentario, sino que me sacó una sonrisa porque tenía mucho que no recibía un comentario de ese estilo. Es de las pocas interacciones que he tenido con personas ajenas a mi familia en este año.

    Puse parte 1, porque faltan otras 3…

    La vida continúa

    Vayamos al grano: ya estoy viejo. Pero eso no es noticia nueva. ¿Crisis de los 40? Creo que llevo ya 2 años con ella. ¿Problemas dentro y fuera del trabajo? Claro, como todos los demás (dichosos aquellos que no los tengan, claro).

    Y sin embargo, aquí sigo.

    Últimamente he tenido esos ratos melancólicos que te hacen pensar si todo realmente vale la pena, y si hay algo en el futuro que amerite tener que pasar por tantas cosas. Nah, nada de pensamientos suicidas; eso fue cosa de mis años pubertos. Más bien ratos de reflexión, en los que piensas si tu ideología de siempre tener un sueño que perseguir dará frutos a largo plazo. Y la respuesta es obvia: ¡claro que sí!

    No obstante, eso no quiere decir que no haya ratos de debilidad, desesperación, e incluso histeria… y la situación con el coronavirus de plano no ayuda.

    Mi jefe actual me platicaba hace ya muchos meses: “Cuando tienes a tu segundo hijo, te conviertes en un superhombre”. Y tiene razón. Sí, ya veo venir a quienes tienen 3 o más a decirme “novato”, pero cada familia y cada situación es difícil. No, no estoy llorando porque mi situación sea pesada, pero la verdad no sé de dónde salen fuerzas para levantarme diario a enfrentar al mundo. De ahí que, como he comentado en repetidas ocasiones, mis respetos a todos y cada uno(a) de los(las) padres(madres) de familia que a diario le echan los kilos para sacar a los chilpayates adelante, y todavía se hacen tiempo para tener tiempo de calidad con ellos. A todos, sin importar su clase social, raza, chamba, creencia religiosa, etc. Neta: dense palmaditas en la espalda porque están haciendo una labor titánica, que rara vez es reconocida (imaginen a sus hijos contestándoles de mala gana, gritándoles, rezongando, etc., etc.). Yo no sé cómo mi madre me aguantó cuando era niño.

    Veo la situación en Japón:

    • Familias “típicas” donde el hombre promedio no es nada más que un proveedor y que rara vez pasa tiempo con los hijos, la esposa es ama de casa que no pela al marido más que cuando necesita más dinero (recordar que en Japón se acostumbra que el marido le dé todo el sueldo a la esposa y ella es la que administra todo el dinero) y que los niños no vean al papá más que unas contadas veces a la semana.
    • Familias en donde ambos padres trabajan (lo que se conoce como 共働き, “tomo bataraki”, mientras que los niños están en guarderías.
    • Familias en donde el padre o la madre simplemente “fue por cigarros” y nunca regresó, y es uno solo el que tiene que sacar adelante a la familia.
    • “Familias” que se hicieron por la fuerza (léase, se “embarazaron”) y de plano no se aguantaron y se separaron, o aquellas a los que el niño les molestaba tanto que terminaron abandonándolo, o peor aún, matándolo (sí, hay muchos casos así). O incluso aquellos padres de familia que pecan de irresponsabilidad y eso cuesta vidas inocentes.

    Probablemente no suene tan diferente a otros países. Y sin embargo una vez que eres parte de esta sociedad se siente la diferencia cultural en cada uno de los casos anteriores. Diría un buen amigo mexicano que “el ojo que todo lo ve en Japón” (o sea, el “qué dirán”) pesa un montón por acá

    Me he puesto a pensar mucho en cuál era la situación en mi familia cuando yo era chico, digamos que cuando tenía entre 5 y 10 años, y cuál es mi situación actual con mi hijo mayor teniendo exactamente 5 años ahora. Dejen de lado cómo ha cambiado el mundo (que sí tiene que ver); la experiencia que uno tiene y quiere aprovechar para criar a sus hijos y la falta de pericia que se hace evidente cuando lo que creías que funcionaba para reforzar los lazos padre-hijo no da frutos o termina con un resultado totalmente contrario al esperado.

    Continue reading “La vida continúa”




    Lo que no extraño

    Ya se la saben: con esto de la pandemia, este tipo de escritos han tomado prioridad. Como ya he mencionado antes, es momento de “aguantar vara”, y al mismo tiempo de expresar lo que uno siente durante este tiempo para que quede como recuerdo una vez que todo vuelva a la normalidad que conocíamos.

    Sé que cada persona piensa diferente y que cada uno está viviendo la pandemia de forma diferente, aunque lamentablemente no todos la toman con la debida seriedad o caen en un valemadrismo que sobrepasa, por mucho, los límites de la arrogancia. No le deseo mal a nadie, pero realmente sí pienso que hay quienes han sido muy, pero muy afortunados de no haberse infectado o de ser asintomáticos… sin considerar claro que ellos pueden ser los que infecten a otras personas que no “la vayan a librar tan fácil”.

    Independientemente de todo, hay que tener esperanza de que esto terminará en algún momento.

    No cabe duda que la situación actual nos ha limitado de muchas maneras; hay cosas que de plano no se pueden hacer, hay cosas que se hacen de forma diferente… hay cosas que extrañamos, pero curiosamente también hay cosas que no se extrañan. En mi particular caso, siendo jefe de familia de 4, viviendo a las afueras de Tokio, puedo decir que lo que la pandemia no me ha hecho extrañar nada es lo siguiente:

    • Zapatos y calcetines. Estar descalzo en tu casa es una sensación a la que te acostumbras rápidamente. El hecho de no tener que salir más que a lo necesario implica que no siempre tengo que ponerme zapatos o calcetines, y ahora en verano es una delicia, para mí, salir en sandalias a todos lados.Si de por sí cuando voy a México se me hace raro usar zapatos dentro de las casas, ahora con tanto tiempo en casa, las pocas veces que he usado calzado cerrado para salir son pocas y contadas. Y no hay nada como trabajar sin usar ni siquiera calcetines. ¿Y qué pasará cuando haga frío? Además de la calefacción, uno de estos debajo del escritorio funciona de maravilla

    • Ropa. No es que esté desnudo en la casa, pero creo que a estas alturas ya todo mundo se imagina cómo es la vestimenta cuando se trabaja desde casa. Alguien en Twitter subió está imagen que ilustra la evolución del “salaryman”
      Aquí vemos a los salaryman de las eras Showa, Heisei, y la actual Reiwa.

      El tweet original:

      No. Tampoco es que ande en puros calzones, pero sí he de decir que es mucho más fácil preocuparse por traer una camisa decente que por todo el coordinado de la ropa. Además, en mi actual empresa la vestimenta es libre y en verano es común que muchos empleados vayan en short y sandalias a trabajar; así lo hacía yo también el año pasado en verano.

      Mencioné en el artículo anterior sobre una presentación importante que tuve que dar hace algunas semanas. Pregunté si se esperaba que estuviera de traje o algo así formal y la respuesta fue que no. Así que simplemente agarré una de las camisetas que me pondría para ir a la oficina y listo.

    • Gel para el pelo. Si de por sí me estoy quedando calvo y nada más no doy mi brazo a torcer para raparme, con la todavía greña larga (o lo que queda de ella) si tenía que medio acomodar el pelo para que no “explotara” a medio día… los que tienen el cabello “chino” entenderán a lo que me refiero. Mi súper tubo de gel estilo “Moco de gorila” todavía tiene más de la mitad, y estoy casi seguro que tengo más de un años con él.
    • Trenes en hora pico. El tren que normalmente tomaba para ir a la oficina pasa a las 6:52 AM, y obviamente ya está atascado, y como generalmente no me podía sentar, era aventarse una hora en calidad de sardina. Es más, me he ido en el primer tren de la mañana, a las 5:12 AM y ahí sí me puedo sentar… pero el problema es que tengo que cambiar trenes porque ése no llega hasta mi destino y en el que sigue de plano nunca he me podido sentar.

      El regreso a casa depende mucho del tren que tome: si alcanzo a tomar el tren de las 5 PM, los últimos 20 minutos del trayecto es casi seguro que puedo sentar. ¿El de las 5:10 PM? Ni de chiste: parado y en calidad de sardina hasta llegar a casa.

      No he tomado un solo tren desde febrero. Extraño hacerlo con mi hijo (el grande; ahora que ya tengo 2 hay que aclarar cuál de ellos, je) cuando salíamos los fines de semana, pero en lo que respecta a las idas al trabajo, no gracias.

    • Las aglomeraciones de gente. Soy originario de una ciudad grande… aunque realmente siempre lo he considerado un ranchote (GDL FTW!!!!!111one) y estoy acostumbrado a las filas interminables, a los montones de gente en todos lados y tener que estar esquivando personas cuando vas corriendo con toda tu alma a alcanzar el tren que debes tomar. Sin embargo, he de confesar que aprecio mucho la calma de no vivir en la zona metropolitana de Tokio y no tener que entrar a ella en este momento (insisto, es historia diferente cuando voy a divertirme con mi hijo el mayor). Es cierto que también por estos lares hay mucha gente en los supermercados, tiendas, etc., pero aprendes a identificar las horas en las que seguramente vas a tener que hacer fila para algo, lo que es muy diferente a ir al corazón de la capital nipona y encontrar gente a todas horas. De ahí que digamos de broma que formarse es el “deporte nacional de Tokio”.

    2020 ha sido un año raro, difícil, y pónganle todos los adjetivos que quieran. Pero tratando de ser positivos, ¿hay algo que ustedes no extrañen de antes del coronavirus?




    2020: estragos

    El otro día escuchaba en un podcast una frase que se me hizo interesante: “Quizá por primera vez tenemos el mismo problema en todo el mundo”. Y aunque sea obvio por el hecho de que estamos en una pandemia (ver la etimología del prefijo “pan”), realmente pone en perspectiva el hecho de que en casi cualquier lugar del planeta estamos en las mismas (situaciones más graves en algunas partes) y que todo esto nos vino a dar en la torre, en muchos, muchos sentidos.

    Dejando de lado los tintes políticos, a mí lo que más me ha sorprendido de toda esta situación es la variedad de reacciones que me ha tocado ver en diferentes personas. Pero no hablo específicamente ni de pánico ni de valemadrismo puro, sino de todo lo que ha girado en torno al virus, a las historias, relatos, fake news y suposiciones que las personas hacen, ya sea como forma de lidiar con la situación, o quizá simplemente para ponerle un toque diferente al día a día que hoy nos está tocando vivir. Desde el líquido de las rodillas y las torres 5G, hasta “En Japón, el bajo índice de mortalidad por el virus es debido a la superioridad de su gente“, no hace falta mencionar que en todos lados se cuecen habas. Y dentro de todo ese mar de pensamientos y declaraciones figuran también las de gente que minimiza los riesgos y habla del virus como si fueran expertos epidemiólogos.

    Decía un amigo de por acá que llegó un momento en el que decidió dejar de ver noticias porque era deprimente, y en un país en donde una gran noticia es saber qué comió un jugador profesional de Shogi de tan solo 17 años, el mar de notas referentes al coronavirus llegó a un punto (en meses anteriores) el que a donde le cambiaras ibas a ver algo referente al coronavirus (con justa razón), y que por más que quisieras estar enterado sí te llegabas a saturar de información.

    Entiendo que cada quien es libre de medir el riesgo y, al menos por este lado del mundo, salir a divertirse (porque no estamos en cuarentena), también uno es libre de abstenerse de hacerlo, y de evitar contacto con gente que sí lo hace. No obstante, donde ya no está chido es cuando las acciones de alguien pueden afectar a terceros, y ni siquiera por valemadrismo, sino por una extraña sensación de control ante la infección que viene de no sé dónde. Sí, hay que estar informados, no hay que dejarse llevar por noticias falsas, estamos entrando en una “nueva normalidad”, pero con todavía factores desconocidos respecto al coronavirus, creo (y estoy abierto a correcciones) que es muy arriesgado pensar que uno no se puede infectar, o que de hacerlo, los síntomas serán leves.

    A mí no me avergüenza decir que sí estoy asustado con todo esto, mucho más porque tengo a un bebé y a una persona mayor en casa. Sinceramente considero una bendición mi trabajo actual porque me permite trabajar desde casa y porque hasta el momento no ha habido repercursiones en el ámbito económico (noten el “hasta el momento”). No salgo más que para lo esencial. Mas no es que estemos obligados a quedarnos en casa (como ya referí arriba), pero los lugares a donde solía ir, ya sea solo o con mi hijo el mayor, son de los que se consideran de más riesgo: cines, arcadias, museos, etc. Huelga decir que a todos los miembros de mi familia nos ha afectado mucho estar encerrados y que tenemos muchas ganas de salir a vacacionar, a distraernos, a cambiar la rutina que hemos llevado durante varios meses (situación similar a la de mucha gente en otros países). No obstante, hace días me di cuenta de que yo, en especial, tengo mucho estrés y cansancio acumulado, y eso ha estado afectando mi estado de ánimo y mi desempeño en el trabajo. He tratado de distraerme haciendo actividades que me gustan, pero aun así siento que no he logrado deshacerme por completo de la ansiedad que me ha provocado todo esto. Incluso escribir en el blog (los temas que he querido tratar desde hace meses) se me ha hecho pesado. Decidí empezar a escribir esto como forma de motivarme sin necesidad de publicarlo, pero después de haber escrito por un buen rato decidí que era mejor sacarlo a la luz para que quedara plasmado cómo me sentía en estos tiempos, por aquello de ver esto algunos años después, en donde, esperemos, la pandemia haya quedado solo como un amargo recuerdo de un año que no ha pintado para nada bien.

    Nota aparte merecen las terribles inundaciones que ha sufrido Japón en el temporal de lluvias de este año.

    El resto del año se ve difícil. Espero que todos estén sanos, se cuiden mucho, y estén preparando la mega fiesta cuando, por fin, todo lo que respecta al coronavirus sea cosa del pasado.

     




    17 años es una vida

    Con todo lo que ha pasado en el mundo en los últimos meses ni siquiera recordé que en abril pasado cumplí 17 años en tierras japonesas. No es que sea necesariamente una fecha que celebrar, pero conforme pasan los años y uno se hace más viejo, volteas a ver lo que hay detrás e invariablemente piensas en todo el tiempo que has pasado fuera del rancho y en las experiencias que has acumulado a lo largo del trayecto.

    Cuesta decirlo, pero los años mozos ya quedaron atrás. Por mucho que pudiera intentar ocultarlo (aunque no lo hago), la realidad es que los años de juventud son cosa de la historia, y ahora me acerco más a la época en la que recordar ese periodo trae consigo un baño completo de nostalgia.

    En repetidas ocasiones en este blog he mencionado que en realidad yo no me siento un triunfador, ni mucho menos un modelo a seguir. Sí, le he echado muchas ganas a todo, pero también el factor suerte (aunque muchos digan que no existe) ha jugado un papel importante durante mi estancia en el pais nipón. Hay muchas cosas de mi persona que no me gustan, hay otras que estoy intentando cambiar, pero vaya que me está costando trabajo (gracias antiguo jefe…), y hay otras que de plano son ideas mías que no tienen razón de ser. Lo cierto es que, ahora con 41 años, apenas comienzo a comprender lo que significa “la crisis de los 40”, y por qué siento que aplica muy bien a la situación interior que estoy viviendo.

    Mi familia es una bendición, nunca lo he negado. No obstante, no puedo dejar de pensar en lo sabias que son las palabras que dicen que uno haga todo lo que quiera hacer e intente todo lo que pueda ANTES de tener familia, pues ya con ella, uno la antepone en cualquer decisión, pues ya no te afecta nada más a ti.

    Fukuoka me dio la oportunidad de crecer en un ámbito en el que dudo mucho que hubiera podido tener en México. Llegué de 24 años por acá, pero aun con experiencia laboral (en México y Estados Unidos), inglés, y un buen nivel de japonés, era un pollito recién salido del nido, con muchas ganas de todo pero experiencia en casi nada. Quizá eso ayudó mucho a que mi integración a la cultura japonesa fuera menos dolorosa en comparación con los casos de muchos extranjeros que intentan echar raíces en este país. De hecho, si hay algo de lo que me arrepiento es de no haber tomado decisiones a largo plazo en este entonces, aunque en mi propia defensa ni yo sabía que estaría tanto tiempo por este lado del mundo, mucho menos que aquí me casaría y tendría familia.

    Tokio me ha dado la oportunidad de crecer profesionalmente y de cuestionar todo lo referente a mí: desde mi selección de carrera hasta de mi propia existencia. Se oye fatalista, pero no va por ahí: es más bien darse cuenta de la posición que juega uno en la vida de las personas con las que convive y ha convivido; en evaluar lo que uno es y en pensar en qué es lo que viene después. Tengo ya casi 9 años viviendo en la capital japonesa, pero con todo y las comodidades y las opciones que ella ofrece, si tuviera en Fukuoka una opción laboral similar a la que tengo ahora, me mudaría sin pensarlo. Tanto así me atrapó el lugar.

    Una plática reciente con una muy buena amiga mexicana tocó el tema de regresar a México. Ella me preguntaba que cuáles serían las condiciones en las que consideraría regresar al rancho, y mi respuesta fue, en resumen, la misma que he comentado aquí muchas veces: regresar a México nunca ha estado fuera de mi lista, pero de momento es algo que no considero ni de forma profesional ni tampoco en lo familiar. Cierto, mis padres y hermanos están allá, pero yo también tengo personas que dependen de mí y he puesto en una balanza las ventajas y desventajas de quedarme aquí así como las de irme de regreso, y en estos momentos se inclina a Japón, aunque eso no quiere decir que así será siempre.

    ¿Que si Japón ha cambiado algo más en mí en estos años que he estado en Tokio? Hmm… yo no diría que fue Japón, sino más bien la edad y las responsabilidades. Japón ha contribuido en que es el país en donde estoy ahora, y basado en mi experiencia, no quiero en años futuros arrepentirme de lo mismo que mencioné arriba. por lo que he estado tomando decisiones que afectarán al menos a mediano plazo. ¿Retirarme en Japón? No lo sé, pero he tenido que comenzar a moverme por si eso llega a suceder.

    Me sigue gustando mucho el anime, el manga y los videojuegos, pero es un hecho que ya no tengo el mismo tiempo que antes para estar al tanto de tooooodo lo que sale nuevo. Medio ando al tanto de la cultura pop de este lado del mundo, pero obviamente no soy un experto y hay gente que está mucho mejor preparada que yo. Además, las generaciones se mueven, los medios cambian. Varias personas me han dicho que por qué no me cambio a X o Y plataforma para tener más “visitas” o “seguidores”, pero yo no veo la necesidad. El blog ha sido mi refugio durante todo el tiempo que ha existido, y bien que mal, me gusta escribir, así que, mientras mis obligaciones familiares y profesionales me lo permitan, aquí seguiré escribiendo. No crean que me he quedado sin temas: me he quedado sin TIEMPO :/, pero de cuando en cuando me doy mis escapadas.

    17 años es una vida. Seguramente habrá jóvenes que nacieron el mismo año que yo llegué por acá y ahora están buscando venir a Japón becados… o quizá ya hay algunos por acá.

    Changos… ya estoy viejo, pero todavía “la armo”.




    Relatos de cuarentena en Japón

    Como suele suceder, apenas tengo un respiro y me doy cuenta que otro mes se termina. Estamos en cuarentena (no obligatoria), y aunque no he dejado de trabajar tampoco he salido de casa más que para lo necesario, por lo que se supone que los días tendrían que pasar lentamente… pero no es así.

    En los últimos días he pensado mucho en la situación actual y cómo nos está afectando a nosotros como familia y a mí como persona. Creo que el que más la está llevando de perder es mi hijo mayor. Le hace mucha falta el kínder, salir, correr, jugar, ensuciarse, mover el cuerpo… Él de plano no se aburre, pues mientas yo estoy trabajando, mi esposa está atendiendo a mi segundo hijo y mi suegra nos ayuda con labores de la casa, mi hijo mayor se la pasa entre viendo a sus Youtubers favoritos, jugando videojuegos, sacando sus juguetes, y en menor medida, estudiando y haciendo actividades que le han mandado del kínder. El único problema verdadero que tengo con él en este momento es que no se le acaba la pila y hacerlo que se duerma es difícil. Al menos cuando se rinde me pide que leamos algún libro, y hemos estado leyendo historias de Charles Dickens, así que hay fantasmas de por medio y eso hace que le entre una interesante muestra de curiosidad y miedo que hace que al final se quede dormido rápidamente… definitivamente no es cansancio.

    Mi esposa se pregunta, al igual que creo que todo el mundo, cuándo se irá a acabar, o más o menos normalizar, todo esto. Japón parece que está jugando a algo porque sus medidas han sido criticadas, y con eso de que el estado de emergencia se acaba el 6 de mayo (en teoría), la gente está pensando si de verdad la próxima semana ya podrá regresar a sus actividades normales. Lo interesante de esto es que hay muchos escépticos, y el gobierno ha estado lanzando indirectas de que el mencionado estado podría alargarse… Incluso se ha estado mencionando la posibilidad de comenzar el año escolar en septiembre, argumentando que, además de esperar que para ese entonces la situación respecto al coronavirus ya esté un poco más estable, sería un paso importante en la globalización de Japón al comenzar el ciclo escolar igual que otros países (los noticieros hacen la comparación directa con Estados Unidos). Pero definitivamente no la tiene fácil: si bien es cierto que esto ayudaría a que los estudiantes no perdieran estos meses en los que no hay clases, la realidad es que habría que cambiar mucho más dentro de la sociedad japonesa para que esto funcione. Un ejemplo directo es el inicio del año fiscal y la época de contrataciones de recién egresados. Se necesitarían muchos cambios de logística para que no hubiera períodos en blanco, porque cambiar el año escolar sin las contrataciones en empresas significaría que los recién graduados tendrían que esperar hasta 8 meses para comenzar a laborar.

    El bebé… es el bebé. Llorando, creciendo. A él lo que le importa es estar a gusto y con la panza llena de leche materna 😀

    En cuanto a mí…

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