“Marranez”

Ustedes disculparán que utilice una palabra inexistente, pero en verdad creo que ninguna de las que están en el diccionario puede describir la situación en la que me encontraba. Noten el tiempo verbal usado en “encontrar”.

Para ponerlos en contexto, permítanme presentarles al protagonista y causante de todo:

Saben buenísimos

“Pota Pota Yaki”, un senbei (como una galleta) sabor azúcar y salsa de soya.

El año pasado estos fueron mis fieles compañeros durante mis momentos más difíciles. Sea cual fuera el pretexto, diario estaban conmigo después de la comida, y me llegaba a comer hasta 12 o 15 al día. Cada uno contiene 30.5 calorías, así que saquen la cuenta. Eso, más estar sentado todo el día (porque ni ejercicio hacía), más las 3 comidas diarias es la receta perfecta para estar más o menos así:

Does whatever a spider pig does ♪

Si bien antes de la depresión no estaba realmente en forma, el medicamento, el sedentarismo y la ansiedad se combinaron para implantar un nuevo récord en mi nivel de marranez: 98.8 kg.

Estoy casi seguro de que en algún momento llegué (o incluso rebasé) los 100 kg., pero no solía pesarme. Esos 98.8 son “oficiales” porque fue lo que pesé en mi revisión médica anual, la cual fue en noviembre de 2021, pero de ahí a enero de este año, cuando decidí ir al médico más bien forzado a hacerlo por tener el ácido úrico alto (entre otras cosas que no salieron muy bien en los estudios que me hicieron) es casi un hecho de que había subido de peso. Pero desde el momento que decidí que, una vez saliendo de la clínica me iba a poner en serio a ver cómo diantres bajaba de peso, no me quise pesar… por miedo a ver un número de 3 cifras en la báscula.

Pero he de confesar algo: justo antes de entrar a la clínica atravesé la calle para ir al 7/11 a comprarme un “melon pan” (acento omitido intencionalmente para que lo lean como se pronuncia メロンパン, que “nada más” tiene como 500 calorías. Fue mi último gusto antes de dar el siguiente paso.

Parecen conchas, pero no saben igual

A partir de ese día a mediados de enero, hice una serie de cambios que, si bien pueden parecer simples, la verdad es que no lo son; y no es por vanagloriarme, sino que realmente cuesta mucho trabajo la transición: primero decidirse a hacer algo, luego ponerlo en práctica, y después mantenerse firme en la decisión tomada. Nunca de los nuncas me burlé de nadie que estuviera siguiendo una dieta, pero tampoco entendía el gran esfuerzo que requiere hacerlo.

¿Cuáles fueron esos cambios?

  • Minimizar los carbohidratos. Adiós pan, arroz al mínimo. Ni pensar en comprar tortillas
  • Caminar al menos 4 km diarios. Me recomendaron 10,000 pasos al día, pero trabajando desde casa y con el tiempo contado, me he acostumbrado a caminar entre 4 y 5 km diarios, que ronda entre los 7 y 8 mil pasos.
  • Comer tantas verduras como pueda. Cambié los tazones de arroz de cada comida por ensaladas.
  • Huelga decirlo, pero dejar los dulces, galletas y similares. Para combatir la ansiedad me compré un bote de chicles y siempre lo tengo al lado. 2 calorias por chicle.

Ya. No voy a gimnasios, ni tengo un régimen de entrenamiento “pesado”. Me gusta mucho hacer ejercicio, pero decidí llevármela tranquila y confiar en que lo anterior diera resultados. Además, el hecho de caminar diario me ayudó a descubrir otro pasatiempo que realmente pensaba que no era para mí: los audiolibros. Ya escribiré más detalladamente al respecto, pero he “escuchado” una gran cantidad de obras durante todos estos meses.

Pero sobre todo, la motivación más grande era sentirme bien.

Emi decía que parecía que tenía una pelota en la panza. Mi hijo mayor decía que estaba gordísimo. Yo hacía oídos sordos a los comentarios…o eso quería creer. La realidad es que sí me comenzó a afectar el hecho de que los demás me percibieran así… pero lo más sorprendente (para mí) fue que realmente NUNCA pensaba que estaba gordo. Me veía al espejo, incluso completamente desnudo, y me decía “es que la verdad no me veo tan gordo”. Les juro que así me veía y así pensaba. Pero el “bajón” a la realidad fue cuando vi los resultados del examen médico. Los números no mienten. Mi autopercepción podía ser complaciente, pero los datos ahí estaban, y si continuaba de esa forma, estaba aumentando las probabilidades de contraer alguna enfermedad grave (o crónica).

Entendí lo que dicen: te llega el momento de decir “voy a cambiar”, pero no influenciado por opiniones o comentarios de terceros, ni por impresionar a alguien más. Es por ti, para ti, y solamente para ti.

No les miento: el primer mes fue muy difícil. Las verduras siempre me han gustado, así que por eso no había problema, pero quedarse con la sensación de “todavía quiero comer, pero ya no debo” es una tentación enorme. Y todavía lo fue más ahora que estuve en México en mayo. Imagínense lo que es querer atascarse de todo lo que no puedo comer de este lado del charco y tener que limitarse, y en algunos casos hasta abstenerse, de degustar algo de la rica gastronomía mexicana.

Todo, sin embargo, rinde frutos si se es constante. Y hoy les quiero compartir, o si quieren hasta presumir (aquí sí voy a ser presuntuoso por un momento), lo siguiente:

Me peso cada semana

La primera meta que quería cumplir era tener un 7 en las decenas de mi peso. Mido 1.73 metros, por lo que mi peso ideal será entre 73-75 kg, pero lo que quería llegar a ver primero era ese mágico 7, al que no veía desde hace… quizá más de una década.

Pero aquí no termina todo. Si bien sería excelente llegar a mi peso ideal (y mantenerlo), la siguiente meta es 76 kg. Y ahora tengo una motivación extra, que hago pública aquí:

Al llegar a los 76kg, me voy a aventar del Bungee Jump por primera vez en mi vida

Hasta planeo tomar video y hacer transmisión en vivo cuando lo haga. ¿En dónde? No sé. ¿Cuándo? Tampoco sé. No tengo prisa. Siempre he querido aventarme del Bungee para experimentar esa sensación, pero Emi me decía que, por mi peso, no quería que lo hiciera. Así que le dije “Bueno… entonces ahora que estoy bajando de peso, si llego a 76 me voy a aventar”, a lo que comentó que estaba bien, porque era algo que yo quería hacer y sería una buena excusa para seguir bajando de peso.

Así que… la aventura todavía no termina 😀 Estén al pendiente. Avisaré con tiempo cuando haya llegado el momento, porque la verdad, o mejor dicho, la neta, sí quiero compartir ese momento con quien quiera verlo.

自分らしさ

Durante una buena cantidad de días estuve pensando en cuál sería un buen título para este escrito, pero no se me ocurría realmente nada. Ha pasado tiempo desde la última vez que escribí aquí (pero he seguido respondiendo comentarios), y quería reflejar en palabras, tan concisas como sea posible, lo que ha acaecido acá con su servilleta. Ayer, que de plano andaba pensando en otra cosa mientras salía a caminar con mi hijo (el menor), de repente me vino a la mente la palabra que fue elegida y que ahora ven como la corona de esto. No obstante, lo más curioso es que en cuanto me vino a la mente, ya estaba decidido que no la iba a traducir, y que así se quedaría para la posteridad.

Obviamente no quiero hacerlos leer un ensayo antes de explicar el significado de dicha palabra.

自分らしさ se lee “jibun rashisa”, y simplemente significa “individualidad”, “personalidad”, es decir, las características que hacen que uno sea único.

Hace poco más de un año, mi terapeuta en Guadalajara me dijo que tendría que encontrar nuevas formas de lidiar con el estrés, de saber enfrentar situaciones con determinadas personas, y sobre todo, redefinirme a mí mismo, para evitar volver a caer en el estado en el que me encontraba (que neta no se lo deseo a nadie). En ese entonces, por mi cabeza lo único que tenía cabida era imaginarme cómo sería no sentirme de esa manera; añoraba, y veía muy, pero muy lejano, el día en el que pudiera despertar y decir que me sentía bien; sencillamente, se sentía imposible. Un gran amigo en Guadalajara me decía que a él le tomó como año y medio considerarse fuera de depresión. Yo, por mi parte, pensaba que no llegaría a final de año, y no porque me quisiera suicidar ni mucho menos, sino porque pensaba, no, sentía que la situación me iba a terminar doblegando, que no importaría cuánto me pudiera esforzar, seguramente ese sentimiento de angustia me iba a terminar “comiendo”. Todo era una catástrofe. Y aun así, tenía que seguir trabajando, siendo esposo y padre de familia. No veía tiempo para mí, pero no es que no lo tuviera, sino que el poco que estaba disponible lo ocupaba en pensar lo miserable que me sentía.

De ahí salió lo de la categoría “El pozo”. “La escalera” fue la contraparte: la esperanza de encontrar los peldaños que me ayudarían a salir de la profundidad y oscuridad en la que me hallaba envuelto. Quería aferrarme a algo, lo que fuera, con tal de palpar esa esperanza, que a decir verdad sonaba más como un sueño inacanzable que como una meta asequible. En pocas palabras: estaba desesperado.

“Redefinirme a mí mismo”. “Buscar nuevas formas de defensa”. “Aceptar la situación no significa que uno se tiene que conformar con ella, sino que es el primer paso para salir de ella”. Muchas de las técnicas y consejos de mi terapeuta, de otros grandiosos conocidos por internet, de grandes amigos y de la familia, tenían sentido, pero… ¿cómo lograrlo? NPI, al menos no en esos momentos.

Hoy es 12 de agosto de 2022. Creo que por fin comienzo a entender todo eso.

Aceptarse a uno mismo. Creía que lo hacía (y que lo hacía muy bien), pero me di cuenta de que no era cierto. Me castigaba mentalmente, y en la gran mayoría de las veces inconscientemente, por muchísimas cosas que no había logrado, que no sabía cómo hacerlas y que creía que debería saber. Estaba 100% seguro de que no estaba tratando de ser alguien diferente debido a las expectativas que otros tienen de mí, y era cierto: la presión social, comentarios negativos, burlas, etc., realmente no me afectaban. No obstante, estaba increíblemente presionado por agradarle, por gustarle, por tener aunque sea un poquito de aprobación de una sola persona. Y el resultado fue que, sin querer, estaba viviendo totalmente para eso. Mis energías eran dedicadas en casi su totalidad en que esa persona volteara y me dijera cualquier palabra, o ni eso, aunque fuera un simple gesto, de aprobación. Y fueron muchos, muchos años con esa mentalidad a cuestas. Esa persona era una sombra siempre presente, siempre exigente y demandante, y yo no lo notaba porque para mí era normal sentir esa presión, esa angustia leve pero constante, por tener su atención y por poder satisfacer sus demandas tanto como me fuera posible.

Esa persona tiene nombre, pero prefiero nombrarla por un pronombre que creo que lo hace mucho más directo: YO.

Muchos de ustedes, los pocos o muchos que lean esto, pensarán que de plano ya ando chocheando, ya di el rucazo, ya valí verdura o cosas similares. Bueno… la edad no me la puedo quitar (pinches años, sí pesan), peeeeeero, la experiencia tampoco me la puedo quitar. Ni moño jovenazos, más sabe el diablo por viejo 😛

Y es que todo comenzó a tener sentido cuando esa enorme sombra que envolvía tomó forma y nombre. Y ahí me cayó el veinte de “redefinirme a mí mismo”… o al menos eso creo.

Vamos a ver si lo puedo poner en palabras:

Siempre he creído que la esencia de una persona realmente no cambia, por muchos razgos de su personalidad que puedan variar con el paso de los años. Para mí, mantener esa esencia siempre ha sido como mi filosofía de vida; por algo el dicho japonés (bueno, no es propiamente un dicho, es un 四字熟語 (yojijukugo, una frase idiomática compuesta por 4 caracteres) 初志貫徹 (shoshikantetsu) es la firma en mi correo personal (significa algo así como mantener siempre la intención original de uno. Matener siempre los ideales). El problema no es tanto que la filosofía esté mal, sino que, bajita la mano, exageraba en su aplicación (repito, de forma inconsciente). Entonces era de estar siempre, siempre, con la mente en alcanzar ese ideal que andaba en mi cabeza, pero de verdad: siempre. No está nada mal tener una meta y que todo tu esfuerzo vaya encaminado hacia ella; lo que está mal es que esa meta se convierta en obsesión, y que te olvides del aquí y del ahora, o mejor dicho, que lo intercambies por el “hubiera”, “debería”, y que por ellos todo lo demás se nublara, perdiera validez, emoción, diversión. Decía que yo nunca he buscado la perfección, pero la imagen que perseguía era la de mi yo “perfecto” (bajo mi lupa, claro), y así estuve durante muchísimo tiempo, hasta que de plano todo se juntó y “explotó”, y sin esa imagen o sombra siempre vigilante… ¿qué o quién iba a ser yo ahora? ¿Por qué, si siempre había sido fiel a mis principios, no sentía realmente que hubiera avanzado en mi vida, que había alcanzado metas (si bien no necesariamente las que yo quería, pero metas a fin de cuentas) y que, comparativamente hablando, estaba mejor que antes? Esa sombra se hizo mucho más pequeña y translúcida, lo que significaba que ya no me estaba arriando a donde ella quería, lo que me dejó completamente perdido, desolado, y con la zozobra de que ní sabía quién era, qué había hecho y a dónde quería ir. Es más: sí sabía a dónde quería ir, pero me angustiaba no tener idea de cómo iba a llegar ahí si ahora la única guía que me había estado llevando de la mano (y dándome latigazos gratis) ya no furulaba. Ésa nueva guía, esas nuevas formas, son la redefinición que estaba buscando.

Pero lo mejor del caso es que:

  • No estoy 100% seguro de que realmente esa sea la redefinición
  • Pero me vale. Acepto la idea y la echo a andar
  • Porque, total, lo peor que puede pasar es que no sea por ahí, pero en lo que me doy cuenta quizá el verdadero camino sale a la luz
  • Y la mugre sombra ahí está, y seguirá estando por siempre, pero no es ni grande ni mandona ya. Sí, da lata, y qué más quisiera yo mandarla a ver gatitos, pero como no se puede, lo mejor es decirle que simona la mona pelona, dejarla que siga en su rollo, y yo mientras atiendo otras cosas

A lo que voy es que estoy aceptando aplicar en mí mismo lo que he aplicado desde siempre con otras situaciones en las que tenía que aprender algo: nunca tener miedo de comenzar algo, nunca pensar en que no voy a poder con X o Y problema, sino entrarle a los fregadazos y buscar la manera de resolverlo, y si no se puede, documentar qué se hizo para que a la próxima ya sepa que por ahí no es. Pero todo en mí, hacia mí, para que esa sombra no comience a crecer de nuevo de forma inconsciente y me vaya a ir mucho peor que antes.

Así que: adiós yo, y hola de nuevo, yo. Ya que me di un enorme clavado en mi mente y me di cuenta de lo jija de la fregada que puede llegar a ser si uno no la controla, ahora comienza esa redefinición, esa 自分らしさ que tanto quería sacar pero que por la misma obsesión nomás no se dejaba.

Creo que hoy puedo decir que ya estoy fuera del pozo, pero he entendido que no es posible taparlo y que siempre va a estar ahí. Entonces, lo mejor es saber que ahí está, poner un letrero que diga “Cuidado, pozo”, y no darle mayor importancia. El pozo es un agujerito que está en medio de un enorme mar de ideas y pensamientos. Ese letrerito me ayudará a recordar que ahí está y que tengo que tener cuidado porque me puedo caer.

Como siempre, los Simpson lo habían predicho

Conociéndome a mí mismo, de nuevo

Una de las muchas cosas que me aconsejaron en terapia fue la de encontrar nuevos mecanismos de defensa contra las situaciones de estrés, puesto que los que tenía habían sido destruídos y tenía que volver a formarlos, porque los que tenía ya no me iban a volver a funcionar. Bien, he dedicado una buena parte de mi tiempo a eso; he encontrado algunos que han funcionado y otros que han fallado. Sin embargo, después de un buen rato de pensar, sentí la necesidad de autoconocerme otra vez para ver si es posible reconocer patrones y de ahí encontrar nuevos mecanismos de los ya mencionados.

Sin duda, la ayuda y el apoyo que recibí de amigos y conocidos ha sido valiosísima. Durante esas interacciones pude darme cuenta de varios de los factores que desataron todo lo que me pasó durante este año, y me di cuenta de que al fin podía enfrentarme a unos que había preferido enterrar; creía que le mejor opción era simplemente ignorarlos, pero la realidad es que ni podía, ni tampoco quería, puesto que las quejas indirectas eran recurrentes.

Esta entrada intenta ser un espejo de mí mismo en este momento, cuando está por terminar el 2021. Ojalá que en años posteriores cuando lo vuelva a leer, haya crecido y dejado atrás todo lo malo, y pueda referirme a este año como uno de profundo aprendizaje.

¿Por dónde empezar?

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La escalera – parte 3: Compras compulsivas

衝動買い (shoudougai) es la palabra japonesa para “compras compulsivas”. Nunca había sido alguien que recurriera a ellas, pero una de las formas en las que me puse a lidiar con la ansiedad fueron ellas, al menos temporalmente.

Tampoco es como que haya comprado cuanto se me puso enfrente, pero las compras que hice en ese tiempo fueron realmente innecesarias, aunque también fui selectivo (en la mayoría de los casos) y compré cosas que me servirían o que sabía que iba a usar.

Fire HD 10 Plus

Hasta que no adquirí una Fire HD 10 del modelo anterior me percaté de que era mucho más conveniente tener una tablet para ciertas ocasiones en las que el teléfono se quedaba corto. Esa tablet me sirvió mucho. Cuando vi que había salido un nuevo modelo y leí varias reseñas al respecto, no le pensé mucho y en el Amazon Prime Day me hice de una 10 plus, que ha sido mi fiel compañera en las noches de insomnio para leer manga o ver algún video en lo que me quedo dormido. Sí fue compra compulsiva, pero sinceramente no me arrepiento.

Google Nest Mini, 2da. generación

Siendo sincero, no he sido muy fan de usar ningún asistente de voz. El de Google en el teléfono muy rara vez lo utilizaba para recordatorios y algunas búsquedas, pero hasta ahí. Decidí probar a Alexa con un Echo Show 1era generación (que sí fue compra planeada) y me sorprendió cómo la familia se adaptó al asistente de Amazon en muy pocos días, al grado de que ahora es muy usado por mi esposa y mi hijo el grande.

Estaba contento con Alexa y consideraba un Echo Dot para el cuarto de trabajo, pero hubo algo que no me gustó para nada: la limitación en cuanto a varios lenguajes. A Alexa se le puede configurar para que hable japonés, inglés, español, entre otros, y también un limitado número de pares de idiomas, como japonés e inglés o inglés y español. Cuando no pude ponerla en japonés y español, cayó de mi gracia, y sabiendo por experiencia que con Google no tenía ese problema, cuando vi una promoción del Google Nest Mini 2da. generación casi casi lo compré al instante.

Ahora, siendo realistas: sí lo uso diario con algunas rutinas, especialmente en la mañana para escuchar las noticias y el clima, pero no es que necesitara uno urgentemente. De éste tampoco me arrepiento, pero sí es un gadget que quizá pude haber esperado más para comprar.

Bravo Sling Max

De ésta sí no tengo excusa.

Mientras anda por YouTube me salió el video promocional del Kickstarter de esta bolsa/valija/llámele usted como quiera y sin pensarlo dos veces la compré. NO, DEFINITIVAMENTE NO me sobra el dinero; creo que esa noche andaba en un estado emocional no muy bueno y en un arranque de “¿por qué demonios no?” finalicé la compra.

Veamos:

  • No me hace falta una bolsa así, aunque ésta se ve bastante funcional
  • Debido al coronavirus, casi no salgo más que a lo necesario
  • Ni siquiera tengo una laptop que me quisiera llevar a donde fuera a salir

Ni hablar. De ésta sí me arrepiento, pero algún uso le he de dar :/

Disney+ de Estados Unidos

Si de por sí no tengo tiempo de ver lo que tengo en mi lista de Netflix, casi ni uso Amazon Prime Video, ¿por qué tendría que pagar por otro servicio de streaming? Creo que a lo que más le saco provecho es a Spotify por tanta música (o ruido blanco últimamente) que escucho mientras trabajo. Pero bueno…

Disney+ también está oficialmente en Japón, pero dije: “A ver: si este servicio se lo voy a poner a mi hijo, quiero que tenga la opción de español como idioma”. Y con eso de que tiene a Pixar y al MCU, pues mejor me fui directamente por el de Estados Unidos.

El proceso para obtenerlo fue largo, pero al final valió la pena, mucho más de lo imaginado. Ciertamente no lo veo diario, pero he encontrado algunas cosas a las que les estoy siguiendo la pista, y aunque sea de a 10-15 minutos por vez, sí lo estoy disfrutando. Ahora estoy viendo “What if…” de Marvel.

Compra compulsiva, sí lo fue, pero me alegro de haberlo hecho

TKO Tournament Keyboard

Tengo sentimientos encontrados con este teclado, pero no es porque no me haya gustado, sino porque en realidad desde hace mucho quería comprar un Edge, de la misma marca:

Sí tenía muchas ganas de un Edge, sobre todo porque ya he trabajado con teclados ergonómicos y me gustó mucho la experiencia. Entonces, ¿de dónde salió el TKO?

Benditos anuncios en YouTube… ¿Necesito decir más?

El caso es que vi el TKO y recordé cómo me gustaba usar el HHKB2:

La tecla Control está donde debe de estar

El diseño fue lo que me convenció, y en la tienda (en línea) de donde provenía el anuncio lo tenian en oferta. Tampoco lo pensé mucho y lo compré… Y hasta después recordé que no tenía mucho de haber comprado un teclado mecánico precisamente para usarlo mientras trabajaba. La compra estaba hecha, y la verdad no quería cancelarla.

Escogí los switch café… y déjenme decirles que gracias a eso no me arrepiento de la compra y que es de los mejores teclados que he usado. El TKO se convirtió inmediatamente en mi teclado “de batalla”, y el anterior pasó a ser usado en la desktop de la casa, es decir: sí se usa, pero en menor medida.

Ya le paré… espero

Con la mejora en mi condición creo… CREO… que volví a mis cinco sentidos al momento de hacer compras, y la prueba está en que me han dado ganas de comprarme audífonos bluetooth, un gaming mouse (tengo uno ya), una gaming laptop (que implicaría endeudarme porque ni de chiste la alcanzo a pagar de contado) y un largo etc., pero ahora cuestiono el uso real que cada artefacto tendrá y termino por desechar la idea, o por “esperarme”. Además, estoy a la caza de un PS5, y si en una de ésas me gano una de las rifas y lo puedo comprar, prefiero poder hacer ese gasto porque sé que invertiré en algo para divertirme y darme gusto, que en algo que tengo que tratar de justificar por qué lo quiero comprar.

Sigo en el camino hacia arriba, pero no crean que todo ha sido fácil y que no me he caído de nuevo, pero estoy encontrando la fuerza perdida para levantarme cuantas veces sea necesario, porque voy a salir de ésta sí o sí.

El pozo – parte 3 — La escalera – parte1

Quiero creer que lo más pesado está quedando atrás, y que de aquí en delante las cosas van a mejorar.

He tenido días extremadamente pesados y difíciles, y todavía continuán, pero comencé a notar algo diferente de unos días para acá: estoy mucho más atento las acciones de los demás y a las palabras y expresiones que usan al comunicarse conmigo, especialmente de las personas con las que convivo a diario. Eso me ha ayudado a identificar ciertos patrones de conducta, expresiones e incluso palabras que inconscientemente me ponen en alerta. Esto ha sido muy bueno, porque comienzo a entender más sobre mi comportamiento y la forma en la que me veo reflejado con los demás.

Obviamente no voy a decir que las medicinas no me han ayudado, pues estaría mintiendo. Comenzarme a sentir como yo otra vez se sintió bastante raro. Es difícil describirlo detalladamente, pero después de despertar cada día sintiendo literalmente que todo sería catastrófico y con una pesadez del tamaño de Júpiter durante muchos meses, levantarse y simplemente pensar que sería un día pesado, pero sintiendo que podía, y sin la sensación de ansiedad que me comía todas las energías y me hacía estar exhausto a tan solo unas pocas horas de haber amanecido, todo fue como un momento de paz, de calma y quietud, como si no los hubiera sentido antes. Ahí fue cuando sentí el primer peldaño de la escalera perdida que andaba buscando para poder comenzar mi retorno a la superficie y dejar de una buena vez el pozo en el que estoy.

Estoy plenamente consciente de que todavía falta mucho, pero si hay algo que pueda decir con 100% de confianza es que ya voy para arriba. Esa luz que se veía en la lejanía comienza a verse más cerca; ahora ando buscando el siguiente peldaño para darme otro impulso hacia arriba.

Además, toda esta experiencia me ha ayudado a conocerme mejor, pero sobre todo, a aprender a identificar esas señales que uno manda de forma inconsciente cuando necesita ayuda pero todavía no lo dice explícitamente. Es decir: a ser mucho más empático y poder identificar y ayudar a quienes se lleguen a sentir como yo me sentí. Y tuve suerte porque mi caso no fue tan grave, pero podría haberlo sido de no ser porque me di cuenta de que algo andaba mal y me animé a expresarlo y pedir ayuda. Si alguien que lea esto piensa que “estoy loco” por haber aceptado ayuda, les tengo malas noticias: ya lo estaba desde hace mucho tiempo 😀 😀 :D. En todos lados hay un estigma sobre la salud mental, pero es algo que ni es un chiste ni tampoco debe ser tema de discriminación. Se siente horrible, y uno no escoge sentirse así, ni tampoco se trata de uno siempre esté triste ni es cuestión nada más de “echarle más ganas”. Estoy casi seguro de que hay más de una persona entre mis conocidos que necesita ayuda, pero no se ha dado cuenta (y no puedes ayudar a nadie que no quiera ser ayudado), y con “ayuda” no me refiero necesariamente a ir con un psiquiatra y recibir medicamento; ni siquiera tampoco a ir con un psicólogo (aunque no estaría de más). El simple hecho de sacar el estrés, de tener a alguien con quien platicar, con quien compartir algo, quien te escuche y te entienda, es un apoyo inimaginable, y muchos de nosotros podemos aportarlo sin mucho esfuerzo.

¿Hay alguien entre sus conocidos al que sientan que pueden extenderle la mano y ayudarle en este aspecto? De ser así, lo mejor que pueden hacer es expresar que están ahí para esa persona, para cuando se necesite, y de verdad estarlo para cuando llegue el momento. Les aseguro que, aunque ustedes no lo crean, escuchar o verse con alguien e intercambiar una conversación, que no necesariamente tiene que ser de temas tristes u oscuros, proporciona una enorme ayuda, que quizá la persona adecuada no pueda dimensionar propiamente porque todavía no se da cuenta, pero el sentimiento de agradecimiento y la paz interior que uno siente después de eso es prueba fehaciente de que ha servido.

Vamos para arriba pues. Pian pianito, y completamente consciente de que me puedo caer de nuevo, pero ahora ya sé dónde está el primer peldaño, así que miedo no tengo.