Audiolibros

Durante el tiempo que estuve más mal emocionalmente dejé de leer por gusto (entre otras cosas). Ese estado garrafal hace que las actividades que más disfrutas y gozas carezcan de todo sentido e importancia. Y la verdad, me preguntaba cuándo volvería a leer de nuevo.

Adelantemos el tiempo a cuando me comencé a sentir mejor.

Ya se la saben: trabajo, niños, casa… en una expresión: “falta de tiempo”. Por la noche intenté varias veces después de que los niños se dormían, pero por lo general terminaba dormido yo también al instante, o a veces con solamente leer unas pocas páginas.

Cuando me decidí a bajar de peso y comencé a ser constante con las caminatas diarias, pensaba en que quizá podría escuchar algún podcast para aprovechar el tiempo. Ya había intentado con un audiolibro, pero de plano no me atrapó, y me quedó la idea de que simplemente no eran para mí, por lo que estaban fuera de la jugada.

Externé mi exagerada pero válida frustración en Twitter, y recibí varias respuestas diciéndome que los audiolibros dependen totalmente del narrador; sí, es algo muy simple y muy lógico, pero la verdad no me había pasado por la cabeza. Si el tema del libro me interesaba pero escuchar a alguien más leerlo por mí me aburría, quería decir que ese narrador no cuadraba con lo que esperaba escuchar, o mejor dicho, de la forma en la que quería escucharlo. Decidí darle una segunda oportunidad a los audiolibros… y ha sido una de las mejores decisiones que he tomado.

Los audiolibros se convirtieron rápidamente en mis compañeros de caminatas. Escuchar la narración mientras iba caminando por las cercanías de la casa, fuera por la mañana o por la tarde después de comer, producía una sensación entre gozo y realización al mismo tiempo. Sin darme realmente cuenta, estaba conociendo nuevas historias, nuevos mundos, y poco a poco la cantidad de obras que consumía comenzó a crecer, al grado de que me sorprendí mucho cuando hice memoria de todo lo que había “leído” (bueno, escuchado) en tan solo un año:

Al momento de escribir esto, estoy en el último tercio de “El Conde de Monte Cristo”.

Podrán notar que todas las obras que he escuchado están en inglés. No es que tenga una especial preferencia por ese idioma, pero es en el que más fácilmente puedo encontrar las obras que quiero escuchar.

Entiendo el punto de algunos: parece como “hacer trampa” escuchar libros en vez de leerlos. De hecho, yo también me sentía así; llámenme “purista”, pero de verdad sí sentía como que “no era válido” conocer una historia que “debía ser leída” por medio de una narración. Con todo, le di la oportunidad, y me quedó claro que los audiolibros y la lectura no son mutuamente excluyentes, sino que se complementan. Sigo leyendo “normalmente”, y disfruto mucho el tiempo que le dedico a la lectura convencional, pero la realidad es que no siempre tengo el tiempo o la tranquilidad para sentarme a leer como me gusta, por lo que los audiolibros vinieron a llenar ese vacío, por lo que todavía puedo transportarme mentalmente a los mundos y situaciones que las obras describen.

Dicho lo anterior, los audiolibros pueden no ser para todos. No obstante, sí les recomendaría darles una oportunidad, sobre todo al momento de transladarse hacia el trabajo o de regreso a casa. Unos minutos al día hacen que uno avance considerablemente en las historias, y cuando menos lo piensan, estás por terminar el libro. Eso sí: ignoro la oferta de audiolibros que hay en español; por ejemplo, en Audible (Amazon) de Estados Unidos sí hay muchos títulos en ese idioma, pero no sé si cambia el servicio en México (en Japón sí cambia, y no hay tanta disponibilidad de libros en español). Pero Audible no es el único servicio: por mencionar otro, audiobooks.com tiene muchas obras disponibles también, y también tiene una buena cantidad de audiolibros gratis. De hecho, la versión de El Conde de Monte Cristo que estoy escuchando en estos momentos es totalmente gratis, y la narración está de lujo.

Entre lo que sigue para mí en este rubro, quiero escuchar alguna obra en japonés. Quizá alguna de las historias de Makoto Shinkai, que aunque ya las conozco, estaría bien probarlas también en este formato.

¡Feliz 2023!

Ha comenzado el año del conejo. Me gustó mucho esta imagen por lo que dice:

Sobrepasaré a mi yo del pasado, como el conejo que salta

Huelga decir que este año, según el calendario chino, es el del conejo.

El pasado está atrás. Bien o mal, las decisiones que hemos tomado nos tienen aquí, en este momento, y es lo que importa. Si fueron malas, entonces a sobrepasarlas para que sean buenas; y si fueron buenas, entonces a sobrepasarlas para que sean mejores.

Pero, tampoco significa estar pensando solamente en el futuro. Sí, hay que ver hacia el frente y darnos cuenta de los obstáculos que habrá que librar, pero el presente también es muy importante porque es lo que estamos viviendo. Olvídense de estarse preocupando por 1298438743968398498912 futuros que “podrían” pasar y mejor hay que centrarnos en lo que tenemos y podemos hacer ahora, en este momento, para moldear el futuro a nuestro antojo (y de paso, decirle a la ansiedad que no esté dando lata).

Este año estoy seguro que me aventaré del Bungee, y será pronto. Voy a llegar a esos 76 kilos que nada más se me están escapando de las manos. Y una vez que haya brincado, comenzará la fase 2 de mi mejoramiento físico, que ha decir verdadme muero de ganas por empezar.

Reciban todos un gran abrazo desde el invernal Tokio. Aquí seguimos, poco a poco, pero estamos presentes.

El 2022 en un kanji

Ligas a años anteriores:

¡Vaya que el año terminó muy pronto! Estando tan atareado todos los días entre el trabajo y ser papá, realmente veo los días pasar tan rápido que no se sienten, mucho menos las semanas, y ni qué decir de los meses.

Con todo, este año transcurrió de forma muy diferente al pasado. Mi estado mental ha mejorado muchísimo en comparación con el pasado, que fue todavia muy duro y que el kanji que escogí para recopilar todo lo que pasó realmente lo describe. Este año, en cambio, ocurrieron bastantes cosas favorables, pero la más importante en cuanto a mi persona es justamente la que describe el kanji que escogí, que dicho sea de paso, no me costó trabajo seleccionar esta vez:

Sus lecturas son へ (he, como en 減る heru、減らす herasu), げん (gen, como en減量 genryou、減少 genshou、減食 genshoku) y significa “reducir”, “disminuir”.

Razón

Comencé a cuidar mi peso justo a mediados de enero. El chequeo médico anual de 2021 arrojó resultados poco favorables en varios puntos, y además necesitaba hacer un cambio sustancial en mi vida para poder volver a encontrar mi camino,

No hubo necesidad de “sufrir” tanto con los kanji. Estaba totalmente claro desde el momento en el que noté el cambio en mi persona:

  • He bajado, hasta el momento, 22 kilogramos. Volví a pesar menos de 80 kilos después de no sé cuántos lustros.
  • Asimismo, la depresión ha disminuido notablemente. Si bien es cierto que todavía estoy en tratamiento y que de vez en cuando todavía mi estado de ánimo no es el óptimo, la realidad es que son ya contadas las ocasiones en las que eso pasa, y he aprendido a identificarlas y a tratarlas en ese mismo momento. Asistir a terapia es, sin lugar a dudas, una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

El kanji del año en Japón

Este año, el kanji seleccionado en Japón fue:

Lecturas: Sen, Tataka(u), Onono(ku)

El significado principal es “pelear”, “luchar”.

Según la documentación oficial, fue elegido por:

  • La guerra entre Ucrania y Rusia
  • La batalla que todos los japoneses tuvieron que librar con la devaluación del yen, el alza de precios que fue inmensa, la falta de energía eléctrica que se vive en el país, y “de pilón” el coronavirus.

Cabe mencionar que el kanji del año en Japón es elegido por la gente y cualquiera puede participar. Yo participé en este año, pero el kanji que escogí no figuró entre los 20 primeros: 教. El kanji de “enseñar”. Lo elegí porque durante una buena parte del año fue una noticia recurrente todo lo que el asesinato del ex primer ministro Shinzo Abe destapó respecto a vínculos entre el gobierno y un culto que de religioso realmente no tiene nada, y como culto en japonés se dice 教団 (kyoudan), y también aparece en 宗教 (shuukyou, religión), no dudé en emitir mi voto.

Se termina el año

Con el poco tiempo, y he de reconocer que también pocas fuerzas, que me quedan al final de los días ahora que mi hijo menor tiene 2 años y tiene una pila inagotable, tuve que poner prioridades y no pude atender el blog como hubiera querido. No obstante, sigo al pendiente de los comentarios que me hacen llegar por aquí o directamente a mi correo electrónico.

Dicho lo anterior, tengo esperanza de que la situación mejore gracias a que mi hijo ya va a entrar al kínder en abril, lo que significa que deberá traer menos energía cuando regrese a casa (bueno, déjenme soñar 😛 ). El caso es que blog es una gran parte de mí y quiero seguir escribiéndolo mientras tenga la energía para hacerlo.

Quiero desearles a todos lo mejor para el siguiente año. Espero que sus metas se cumplan, que gocen de salud, y que si vienen de paseo a Japón, me echen un grito para ir a saludarlos en persona (y de paso encargarles cosas esenciales de México, je je je).

¡Nos vemos en 2023!

Nivel 44

De verdad que siento que fue apenas hace unos meses cuando subí al 4to. piso. Tanto pasó en tan poco tiempo, en especial en el último año, que de plano perdí la noción del mismo, aunque para bien. Un día a la vez. Es el truco que mejor me ha funcionado, y lo que me sigo diciendo cuando se presentan situaciones complicadas.

Creo que lo más importante en este momento es sentarme a respirar, a dejar que las cosas fluyan, y a pensar en el futuro. Parece mentira, pero creo que es tiempo de comenzar a pensar en lo que será mi vida dentro de 16 años. Falta mucho, sí, pero también se siente como si hubiera sido hace unos pocos años cuando llegué a Japón, becado, lleno de sueños, siendo todavía joven y, en gran medida, inexperto. No me “falta barrio”, pero las cosas cuando tienes esta edad y una familia a tu lado ya no son las mismas de hace 20, 25 primaveras. Me siento frustrado en algunos ámbitos, exitoso en otros, normal en todavía otros y “principiante” en muchos más.

Como sea, hoy estoy aquí, un año más… sin todavía creérmela por completo de que salí del mega hoyo en el que estaba el año pasado. Alguien me dijo justamente el año pasado: “Un día a la vez, una cosa a la vez. Ahora no estás en tu mejor momento, pero esta experiencia te ayudará a convertirte en una mejor versión de ti mismo. Hoy, con 44 años a cuestas y saliendo de una depresión, creo que, en efecto, soy una mejor versión de lo que era antes. Bien dice el dicho que más sabe el diablo por viejo.

¡Felicidades! Y, ¡ánimo! Ya falta menos para el bungee 🙂

“Marranez”

Ustedes disculparán que utilice una palabra inexistente, pero en verdad creo que ninguna de las que están en el diccionario puede describir la situación en la que me encontraba. Noten el tiempo verbal usado en “encontrar”.

Para ponerlos en contexto, permítanme presentarles al protagonista y causante de todo:

Saben buenísimos

“Pota Pota Yaki”, un senbei (como una galleta) sabor azúcar y salsa de soya.

El año pasado estos fueron mis fieles compañeros durante mis momentos más difíciles. Sea cual fuera el pretexto, diario estaban conmigo después de la comida, y me llegaba a comer hasta 12 o 15 al día. Cada uno contiene 30.5 calorías, así que saquen la cuenta. Eso, más estar sentado todo el día (porque ni ejercicio hacía), más las 3 comidas diarias es la receta perfecta para estar más o menos así:

Does whatever a spider pig does ♪

Si bien antes de la depresión no estaba realmente en forma, el medicamento, el sedentarismo y la ansiedad se combinaron para implantar un nuevo récord en mi nivel de marranez: 98.8 kg.

Estoy casi seguro de que en algún momento llegué (o incluso rebasé) los 100 kg., pero no solía pesarme. Esos 98.8 son “oficiales” porque fue lo que pesé en mi revisión médica anual, la cual fue en noviembre de 2021, pero de ahí a enero de este año, cuando decidí ir al médico más bien forzado a hacerlo por tener el ácido úrico alto (entre otras cosas que no salieron muy bien en los estudios que me hicieron) es casi un hecho de que había subido de peso. Pero desde el momento que decidí que, una vez saliendo de la clínica me iba a poner en serio a ver cómo diantres bajaba de peso, no me quise pesar… por miedo a ver un número de 3 cifras en la báscula.

Pero he de confesar algo: justo antes de entrar a la clínica atravesé la calle para ir al 7/11 a comprarme un “melon pan” (acento omitido intencionalmente para que lo lean como se pronuncia メロンパン, que “nada más” tiene como 500 calorías. Fue mi último gusto antes de dar el siguiente paso.

Parecen conchas, pero no saben igual

A partir de ese día a mediados de enero, hice una serie de cambios que, si bien pueden parecer simples, la verdad es que no lo son; y no es por vanagloriarme, sino que realmente cuesta mucho trabajo la transición: primero decidirse a hacer algo, luego ponerlo en práctica, y después mantenerse firme en la decisión tomada. Nunca de los nuncas me burlé de nadie que estuviera siguiendo una dieta, pero tampoco entendía el gran esfuerzo que requiere hacerlo.

¿Cuáles fueron esos cambios?

  • Minimizar los carbohidratos. Adiós pan, arroz al mínimo. Ni pensar en comprar tortillas
  • Caminar al menos 4 km diarios. Me recomendaron 10,000 pasos al día, pero trabajando desde casa y con el tiempo contado, me he acostumbrado a caminar entre 4 y 5 km diarios, que ronda entre los 7 y 8 mil pasos.
  • Comer tantas verduras como pueda. Cambié los tazones de arroz de cada comida por ensaladas.
  • Huelga decirlo, pero dejar los dulces, galletas y similares. Para combatir la ansiedad me compré un bote de chicles y siempre lo tengo al lado. 2 calorias por chicle.

Ya. No voy a gimnasios, ni tengo un régimen de entrenamiento “pesado”. Me gusta mucho hacer ejercicio, pero decidí llevármela tranquila y confiar en que lo anterior diera resultados. Además, el hecho de caminar diario me ayudó a descubrir otro pasatiempo que realmente pensaba que no era para mí: los audiolibros. Ya escribiré más detalladamente al respecto, pero he “escuchado” una gran cantidad de obras durante todos estos meses.

Pero sobre todo, la motivación más grande era sentirme bien.

Emi decía que parecía que tenía una pelota en la panza. Mi hijo mayor decía que estaba gordísimo. Yo hacía oídos sordos a los comentarios…o eso quería creer. La realidad es que sí me comenzó a afectar el hecho de que los demás me percibieran así… pero lo más sorprendente (para mí) fue que realmente NUNCA pensaba que estaba gordo. Me veía al espejo, incluso completamente desnudo, y me decía “es que la verdad no me veo tan gordo”. Les juro que así me veía y así pensaba. Pero el “bajón” a la realidad fue cuando vi los resultados del examen médico. Los números no mienten. Mi autopercepción podía ser complaciente, pero los datos ahí estaban, y si continuaba de esa forma, estaba aumentando las probabilidades de contraer alguna enfermedad grave (o crónica).

Entendí lo que dicen: te llega el momento de decir “voy a cambiar”, pero no influenciado por opiniones o comentarios de terceros, ni por impresionar a alguien más. Es por ti, para ti, y solamente para ti.

No les miento: el primer mes fue muy difícil. Las verduras siempre me han gustado, así que por eso no había problema, pero quedarse con la sensación de “todavía quiero comer, pero ya no debo” es una tentación enorme. Y todavía lo fue más ahora que estuve en México en mayo. Imagínense lo que es querer atascarse de todo lo que no puedo comer de este lado del charco y tener que limitarse, y en algunos casos hasta abstenerse, de degustar algo de la rica gastronomía mexicana.

Todo, sin embargo, rinde frutos si se es constante. Y hoy les quiero compartir, o si quieren hasta presumir (aquí sí voy a ser presuntuoso por un momento), lo siguiente:

Me peso cada semana

La primera meta que quería cumplir era tener un 7 en las decenas de mi peso. Mido 1.73 metros, por lo que mi peso ideal será entre 73-75 kg, pero lo que quería llegar a ver primero era ese mágico 7, al que no veía desde hace… quizá más de una década.

Pero aquí no termina todo. Si bien sería excelente llegar a mi peso ideal (y mantenerlo), la siguiente meta es 76 kg. Y ahora tengo una motivación extra, que hago pública aquí:

Al llegar a los 76kg, me voy a aventar del Bungee Jump por primera vez en mi vida

Hasta planeo tomar video y hacer transmisión en vivo cuando lo haga. ¿En dónde? No sé. ¿Cuándo? Tampoco sé. No tengo prisa. Siempre he querido aventarme del Bungee para experimentar esa sensación, pero Emi me decía que, por mi peso, no quería que lo hiciera. Así que le dije “Bueno… entonces ahora que estoy bajando de peso, si llego a 76 me voy a aventar”, a lo que comentó que estaba bien, porque era algo que yo quería hacer y sería una buena excusa para seguir bajando de peso.

Así que… la aventura todavía no termina 😀 Estén al pendiente. Avisaré con tiempo cuando haya llegado el momento, porque la verdad, o mejor dicho, la neta, sí quiero compartir ese momento con quien quiera verlo.

自分らしさ

Durante una buena cantidad de días estuve pensando en cuál sería un buen título para este escrito, pero no se me ocurría realmente nada. Ha pasado tiempo desde la última vez que escribí aquí (pero he seguido respondiendo comentarios), y quería reflejar en palabras, tan concisas como sea posible, lo que ha acaecido acá con su servilleta. Ayer, que de plano andaba pensando en otra cosa mientras salía a caminar con mi hijo (el menor), de repente me vino a la mente la palabra que fue elegida y que ahora ven como la corona de esto. No obstante, lo más curioso es que en cuanto me vino a la mente, ya estaba decidido que no la iba a traducir, y que así se quedaría para la posteridad.

Obviamente no quiero hacerlos leer un ensayo antes de explicar el significado de dicha palabra.

自分らしさ se lee “jibun rashisa”, y simplemente significa “individualidad”, “personalidad”, es decir, las características que hacen que uno sea único.

Hace poco más de un año, mi terapeuta en Guadalajara me dijo que tendría que encontrar nuevas formas de lidiar con el estrés, de saber enfrentar situaciones con determinadas personas, y sobre todo, redefinirme a mí mismo, para evitar volver a caer en el estado en el que me encontraba (que neta no se lo deseo a nadie). En ese entonces, por mi cabeza lo único que tenía cabida era imaginarme cómo sería no sentirme de esa manera; añoraba, y veía muy, pero muy lejano, el día en el que pudiera despertar y decir que me sentía bien; sencillamente, se sentía imposible. Un gran amigo en Guadalajara me decía que a él le tomó como año y medio considerarse fuera de depresión. Yo, por mi parte, pensaba que no llegaría a final de año, y no porque me quisiera suicidar ni mucho menos, sino porque pensaba, no, sentía que la situación me iba a terminar doblegando, que no importaría cuánto me pudiera esforzar, seguramente ese sentimiento de angustia me iba a terminar “comiendo”. Todo era una catástrofe. Y aun así, tenía que seguir trabajando, siendo esposo y padre de familia. No veía tiempo para mí, pero no es que no lo tuviera, sino que el poco que estaba disponible lo ocupaba en pensar lo miserable que me sentía.

De ahí salió lo de la categoría “El pozo”. “La escalera” fue la contraparte: la esperanza de encontrar los peldaños que me ayudarían a salir de la profundidad y oscuridad en la que me hallaba envuelto. Quería aferrarme a algo, lo que fuera, con tal de palpar esa esperanza, que a decir verdad sonaba más como un sueño inacanzable que como una meta asequible. En pocas palabras: estaba desesperado.

“Redefinirme a mí mismo”. “Buscar nuevas formas de defensa”. “Aceptar la situación no significa que uno se tiene que conformar con ella, sino que es el primer paso para salir de ella”. Muchas de las técnicas y consejos de mi terapeuta, de otros grandiosos conocidos por internet, de grandes amigos y de la familia, tenían sentido, pero… ¿cómo lograrlo? NPI, al menos no en esos momentos.

Hoy es 12 de agosto de 2022. Creo que por fin comienzo a entender todo eso.

Aceptarse a uno mismo. Creía que lo hacía (y que lo hacía muy bien), pero me di cuenta de que no era cierto. Me castigaba mentalmente, y en la gran mayoría de las veces inconscientemente, por muchísimas cosas que no había logrado, que no sabía cómo hacerlas y que creía que debería saber. Estaba 100% seguro de que no estaba tratando de ser alguien diferente debido a las expectativas que otros tienen de mí, y era cierto: la presión social, comentarios negativos, burlas, etc., realmente no me afectaban. No obstante, estaba increíblemente presionado por agradarle, por gustarle, por tener aunque sea un poquito de aprobación de una sola persona. Y el resultado fue que, sin querer, estaba viviendo totalmente para eso. Mis energías eran dedicadas en casi su totalidad en que esa persona volteara y me dijera cualquier palabra, o ni eso, aunque fuera un simple gesto, de aprobación. Y fueron muchos, muchos años con esa mentalidad a cuestas. Esa persona era una sombra siempre presente, siempre exigente y demandante, y yo no lo notaba porque para mí era normal sentir esa presión, esa angustia leve pero constante, por tener su atención y por poder satisfacer sus demandas tanto como me fuera posible.

Esa persona tiene nombre, pero prefiero nombrarla por un pronombre que creo que lo hace mucho más directo: YO.

Muchos de ustedes, los pocos o muchos que lean esto, pensarán que de plano ya ando chocheando, ya di el rucazo, ya valí verdura o cosas similares. Bueno… la edad no me la puedo quitar (pinches años, sí pesan), peeeeeero, la experiencia tampoco me la puedo quitar. Ni moño jovenazos, más sabe el diablo por viejo 😛

Y es que todo comenzó a tener sentido cuando esa enorme sombra que envolvía tomó forma y nombre. Y ahí me cayó el veinte de “redefinirme a mí mismo”… o al menos eso creo.

Vamos a ver si lo puedo poner en palabras:

Siempre he creído que la esencia de una persona realmente no cambia, por muchos razgos de su personalidad que puedan variar con el paso de los años. Para mí, mantener esa esencia siempre ha sido como mi filosofía de vida; por algo el dicho japonés (bueno, no es propiamente un dicho, es un 四字熟語 (yojijukugo, una frase idiomática compuesta por 4 caracteres) 初志貫徹 (shoshikantetsu) es la firma en mi correo personal (significa algo así como mantener siempre la intención original de uno. Matener siempre los ideales). El problema no es tanto que la filosofía esté mal, sino que, bajita la mano, exageraba en su aplicación (repito, de forma inconsciente). Entonces era de estar siempre, siempre, con la mente en alcanzar ese ideal que andaba en mi cabeza, pero de verdad: siempre. No está nada mal tener una meta y que todo tu esfuerzo vaya encaminado hacia ella; lo que está mal es que esa meta se convierta en obsesión, y que te olvides del aquí y del ahora, o mejor dicho, que lo intercambies por el “hubiera”, “debería”, y que por ellos todo lo demás se nublara, perdiera validez, emoción, diversión. Decía que yo nunca he buscado la perfección, pero la imagen que perseguía era la de mi yo “perfecto” (bajo mi lupa, claro), y así estuve durante muchísimo tiempo, hasta que de plano todo se juntó y “explotó”, y sin esa imagen o sombra siempre vigilante… ¿qué o quién iba a ser yo ahora? ¿Por qué, si siempre había sido fiel a mis principios, no sentía realmente que hubiera avanzado en mi vida, que había alcanzado metas (si bien no necesariamente las que yo quería, pero metas a fin de cuentas) y que, comparativamente hablando, estaba mejor que antes? Esa sombra se hizo mucho más pequeña y translúcida, lo que significaba que ya no me estaba arriando a donde ella quería, lo que me dejó completamente perdido, desolado, y con la zozobra de que ní sabía quién era, qué había hecho y a dónde quería ir. Es más: sí sabía a dónde quería ir, pero me angustiaba no tener idea de cómo iba a llegar ahí si ahora la única guía que me había estado llevando de la mano (y dándome latigazos gratis) ya no furulaba. Ésa nueva guía, esas nuevas formas, son la redefinición que estaba buscando.

Pero lo mejor del caso es que:

  • No estoy 100% seguro de que realmente esa sea la redefinición
  • Pero me vale. Acepto la idea y la echo a andar
  • Porque, total, lo peor que puede pasar es que no sea por ahí, pero en lo que me doy cuenta quizá el verdadero camino sale a la luz
  • Y la mugre sombra ahí está, y seguirá estando por siempre, pero no es ni grande ni mandona ya. Sí, da lata, y qué más quisiera yo mandarla a ver gatitos, pero como no se puede, lo mejor es decirle que simona la mona pelona, dejarla que siga en su rollo, y yo mientras atiendo otras cosas

A lo que voy es que estoy aceptando aplicar en mí mismo lo que he aplicado desde siempre con otras situaciones en las que tenía que aprender algo: nunca tener miedo de comenzar algo, nunca pensar en que no voy a poder con X o Y problema, sino entrarle a los fregadazos y buscar la manera de resolverlo, y si no se puede, documentar qué se hizo para que a la próxima ya sepa que por ahí no es. Pero todo en mí, hacia mí, para que esa sombra no comience a crecer de nuevo de forma inconsciente y me vaya a ir mucho peor que antes.

Así que: adiós yo, y hola de nuevo, yo. Ya que me di un enorme clavado en mi mente y me di cuenta de lo jija de la fregada que puede llegar a ser si uno no la controla, ahora comienza esa redefinición, esa 自分らしさ que tanto quería sacar pero que por la misma obsesión nomás no se dejaba.

Creo que hoy puedo decir que ya estoy fuera del pozo, pero he entendido que no es posible taparlo y que siempre va a estar ahí. Entonces, lo mejor es saber que ahí está, poner un letrero que diga “Cuidado, pozo”, y no darle mayor importancia. El pozo es un agujerito que está en medio de un enorme mar de ideas y pensamientos. Ese letrerito me ayudará a recordar que ahí está y que tengo que tener cuidado porque me puedo caer.

Como siempre, los Simpson lo habían predicho

2 años después

Voy a centrarme nada más en el tema de este escrito. La actualización respecto a lo que al blog se refiere la haré en otro.

Hablaré (escribiré) con la verdad: han sido 2 años que se han sentido como una década. Y es que todo se juntó: pandemia, trabajo, estado mental no adecuado, encierro, miedo… Pero, ¿qué les cuento a ustedes? Si todos pasamos por lo mismo. Nadie veía venir una pandemia, ni que fuera a durar tanto. Recuerdo que uno de mis amigos la minimizó por completo (incluso burlándose) porque decía que no habría tantos muertos y en poco tiempo se iba a acabar. Van más de 2 años, y aunque ya se ve una salida, todavía no llegamos a ella.

Y dentro de todo eso, un día como hoy, justo hace 2 años, justo a la hora en el que esto vea la luz, me convertí en padre por segunda vez. Todo en medio de una emergencia sanitaria, pero con todo y miedo, mi segundo hijo vino a llenar de alegría nuestras vidas, independientemente de la situación.

Dicen, con mucha razón, que los niños tienen ese poder mágico que te hace sonreír aunque por dentro te sientas morir. Y en mi caso ha sido algo más o menos así, literalmente: no me quería morir (obviamente), pero la forma en la que me sentí una gran parte del año pasado era terrible, al grado que, como ya he referido antes, pensé que de verdad no iba a terminar el año.

Lamento mucho que, debido a mi estado emocional, el año pasado cambié mucho con mis hijos. Ahora, con los sentimientos y la mente en un estado mucho más favorable y gracias a la ayuda de muchas personas, me doy cuenta de que no se debe a que ya esté viejo (no manchen, tengo 43 apenas :P) el hecho de que perdiera tan rápidamente la paciencia y que no fuera tan tranquilo y sereno con mi hijo chico como lo fui con el grande cuando era un bebé. Las cosas como son: perdí (aunque no por completo), un año de convivencia con mi familia. Pero tenía que mejorar, quería mejorar, y hoy en día todo se ve mucho muy diferente.

Mis hijos han crecido, pero quizá el que más creció ha sido yo.

Entre tanta cosa que sucede en el día a día y las responsabilidades de padre y jefe de familia, he aprendido a aceptarme nuevamente; recordé cómo ser analítico, y poco a poco, insisto, con ayuda de muchos personas, he ido retomando las riendas de mi vida y he aprendido a no autoflagelarme, especialmente por cosas que ni estaban bajo mi control. Pero lo mejor de todo ha sido ser padre, con toda la inexperiencia que uno tiene. No obstante, es ella la “estrella” del show, y el sentimiento y satisfacción de volver a aprender algo se siente al final de cada día. Aunque claro… no voy a negar que a veces en la noche ya pido esquina.

Gracias por llegar a mi vida hijo. Escucharte balbucear en español y japonés, correr, señalar, llorar, comer… todo, hace que cada día valga la pena (nada más duérmete temprano, por fa).

¡Feliz cumpleaños!

¡Feliz año 2022!

A la fregada se va el año de la vaca que tantos retos trajo, incluyendo la situación más dura en mi vida (hasta el momento).

Este año es el del tigre, y espero que sea el mejor de sus vidas. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, y aprovéchenlos mientras los tengan cerca. Yo me tengo que alistar para comenzar a trabajar este año, pero sí me tomaré un descanso un poco más adelante.

Un gran abrazo, y por aquí sigo a sus órdenes.

Conociéndome a mí mismo, de nuevo

Una de las muchas cosas que me aconsejaron en terapia fue la de encontrar nuevos mecanismos de defensa contra las situaciones de estrés, puesto que los que tenía habían sido destruídos y tenía que volver a formarlos, porque los que tenía ya no me iban a volver a funcionar. Bien, he dedicado una buena parte de mi tiempo a eso; he encontrado algunos que han funcionado y otros que han fallado. Sin embargo, después de un buen rato de pensar, sentí la necesidad de autoconocerme otra vez para ver si es posible reconocer patrones y de ahí encontrar nuevos mecanismos de los ya mencionados.

Sin duda, la ayuda y el apoyo que recibí de amigos y conocidos ha sido valiosísima. Durante esas interacciones pude darme cuenta de varios de los factores que desataron todo lo que me pasó durante este año, y me di cuenta de que al fin podía enfrentarme a unos que había preferido enterrar; creía que le mejor opción era simplemente ignorarlos, pero la realidad es que ni podía, ni tampoco quería, puesto que las quejas indirectas eran recurrentes.

Esta entrada intenta ser un espejo de mí mismo en este momento, cuando está por terminar el 2021. Ojalá que en años posteriores cuando lo vuelva a leer, haya crecido y dejado atrás todo lo malo, y pueda referirme a este año como uno de profundo aprendizaje.

¿Por dónde empezar?

Continue reading “Conociéndome a mí mismo, de nuevo”

El 2021 en un kanji

Kanji de los años anteriores:

  • El 2019 en un kanji

  • El 2018 en un kanji
  • El 2017 en un kanji
  • El 2016 en un kanji
  • El 2015 en un kanji
  • El 2014 en un kanji
  • El 2013 en un kanji
  • El 2012 en un kanji
  • El 2011 en un kanji
  • El 2010 en un kanji
  • El 2009 en un kanji
  • El 2008 en un kanji
  • El 2007 en un kanji

  • Este año no le tuve que pensar mucho. Hubo un suceso que lo marcó desde el inicio, y aunque pensé que sería bueno no catalogar mi año con este kanji, decidí hacerlo tanto para enfrentarlo y aceptarlo, como para dejar registro fiel de lo que ha sido este periodo de tiempo.

    El kanji se lee “utsu”, y uno de sus significados es “depresión”.

    A decir verdad, todo este rollo comenzó justo a finales del año pasado. Recuerdo como me la pasé trabajando 4 días, de 6 AM a 11 PM después de salir de vacaciones porque me aterraba no poder entregar resultados. Ése fue el momento en el que todo explotó… y de ahí todo se fue para abajo.

    Si ustedes me hubieran preguntado entre enero y abril si creía que iba a terminar el año, invariablemente mi respuesta habría sido un rotundo “no”. Y no, no era que tuviera pensamientos suicidas; realmente sentía que me ahogaba, que no era capaz de resolver ningún problema, que sencillamente era un fracaso. Veía el fin del año como algo a años luz de distancia, no porque pensara que mágicamente todo se arreglaría en cuanto 2022 comenzara, sino porque no me podía imaginar cómo iba a pasar todos esos meses en el estado en el que me encontraba.

    Para mi fortuna, he recibido mucho apoyo de gente que realmente se preocupa por mí. También decidí buscar ayuda profesional, y heme aquí, no al 100%, pero definitivamente mucho mejor. Sigo en el proceso de buscar nuevas bases mentales que me ayuden a enfrentar los problemas del futuro, pero es un gran avance.

    Escribiré más al respecto en otra entrada.

    El kanji del 2021 en Japón

    Este año no le seguí la pista como antes, pero como sigo la cuenta oficial en Twitter, de repente me encontré con el anuncio oficial, el cual, siendo sinceros, se me hizo totalmente X:

    See lee principalmente “kin”, y significa “oro”.

    Las principales razones por las que fue elegido son:

    • La destacada participación de la delegación japonesa en las olimpiadas de Tokio 2020, que como todos saben se celebraron este año después de haber sido pospuestas por el coronavirus
    • El increíble desempeño de Shohei Otani en el béisbol de las grandes ligas. En japonés, lograr un desempeño que será recordado por muchísimos años se expresa 字塔を打ち立てる (kinjitou o uchitateru)

    Digo que se me hizo X porque este kanji casi siempre es el elegido cuando hay olimpiadas, por lo que lo hemos visto en años anteriores: 2016 y 2012.

    Aunque para muchos el haber celebrado las olimpiadas en medio de la pandemia puede sonar como un éxito y algo que celebrar, la verdad es que para los que vivimos en Japón, y concretamente en Tokio, fue más un evento que causó polémica. Yo sinceramente pensé que se cancelarían, pero no fue así, pero no se permitieron espectadores en los eventos realizados en Tokio (porque hubo otros que se llevaron a cabo en otros lugares: en Sapporo, por ejemplo, fueron los maratones, para evitar el calorón que hace en Tokio durante esas fechas). El caso es que las olimpiadas pasaron, Japón ganó muchas medallas olímpicas, y a final de cuentas a la gente le gustó.

    Como es costumbre en estas entradas, les deseo lo mejor para el siguiente año. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, o si no les es posible, pásenla bien aunque estén lejos de los que aman. Espero de todo corazón que nadie tenga que pasar por lo que he pasado yo durante 2021, y si alguien está en una situación similar: NO ESTÁN SOLOS. Analicen en dónde están ahora, y pidan ayuda si la requieren. SE VALE ESTAR TRISTE, PERO TAMBIÉN SE VALE PEDIR AYUDA. No es signo de debilidad mental, ni nada por el estilo. No todo es una prueba para ver si podemos salir adelante por nuestra cuenta; hay que aprender a reconocer cuando las cosas se salen de nuestro control y que necesitamos quién nos eche la mano.

    Un gran abrazo a todos.