Conociéndome a mí mismo, de nuevo

Una de las muchas cosas que me aconsejaron en terapia fue la de encontrar nuevos mecanismos de defensa contra las situaciones de estrés, puesto que los que tenía habían sido destruídos y tenía que volver a formarlos, porque los que tenía ya no me iban a volver a funcionar. Bien, he dedicado una buena parte de mi tiempo a eso; he encontrado algunos que han funcionado y otros que han fallado. Sin embargo, después de un buen rato de pensar, sentí la necesidad de autoconocerme otra vez para ver si es posible reconocer patrones y de ahí encontrar nuevos mecanismos de los ya mencionados.

Sin duda, la ayuda y el apoyo que recibí de amigos y conocidos ha sido valiosísima. Durante esas interacciones pude darme cuenta de varios de los factores que desataron todo lo que me pasó durante este año, y me di cuenta de que al fin podía enfrentarme a unos que había preferido enterrar; creía que le mejor opción era simplemente ignorarlos, pero la realidad es que ni podía, ni tampoco quería, puesto que las quejas indirectas eran recurrentes.

Esta entrada intenta ser un espejo de mí mismo en este momento, cuando está por terminar el 2021. Ojalá que en años posteriores cuando lo vuelva a leer, haya crecido y dejado atrás todo lo malo, y pueda referirme a este año como uno de profundo aprendizaje.

¿Por dónde empezar?

Hmm… Mi nombre es Manuel Medina González. Tengo, al momento de escribir esto, 43 años. Nacido en Guadalajara Jalisco, México. Graduado del CUCEI en la Universidad de Guadalajara en 2000 como ingeniero en computación. En Japón desde 2003, primero como estudiante becado por el gobierno japonés, y luego, desde 2009, como residente. Todo esto es lo básico.

¿Algo que remarcar de la época pre.Japón?

Mucho se detalla en la serie de “Los años maravillosos” que escribí hace ya varios años. Pero si hay algo que mencionar aquí directamente es lo siguiente:

  • Difícilmente sentí un reto en lo académico antes de la universidad. Entré a la universidad apenas cumplidos 17 años.
  • Comencé a crecer y madurar durante la segunda mitad de la carrera. Estudiar computación fue una decisión buena, a pesar de ir en contra de lo que mi papá quería.
  • Quizá muchos de ellos no lo saben, pero los compañeros de clase que tuve durante esta época son los que más añoro y a los que más extraño, porque ellos fueron parte de mi época “mamona” y de mi época de “crecimiento”, y lo más chido es que me aguantaron.
  • Tuve mi primera novia durante esta etapa de crecimiento. Haya sido como haya sido, es experiencia, y no le reprocho nada. Fue una experiencia bonita y enriquecedora (aunque en su momento sí dolió bastante).

¿Por qué fregados Japón y no Estados Unidos… o cualquier otro lado?

Porque sentía que Japón era mucho más reto que otros lugares. Ya tenía rato estudiando japonés por mi cuenta, y saber de las becas a Japón fue como la señal de que lo que estaba haciendo estaba bien, a pesar de las innumerables opiniones negativas que recibí, tanto por aprender japonés en vez de “un idioma que me fuera a servir, como francés o italiano”, como por intentar obtener una beca que era imposible y que me iba a alejar de todo lo que conocía hasta ese momento.

Haber venido como representante de México en el programa de estudiantes sobresalientes de japonés de la Fundación Japón en 2002 fue como la máxima señal de que tenía que regresar al país del sol naciente. No había para mí otra opción en ese momento. No pensaba en el fracaso, ni en la lejanía con mi tierra y con mi gente, ni tampoco me asustaba dejar a mi entonces novia en Guadalajara. La meta era clara y estaba fija.

También he de reconocer que tuve mucha suerte de obtener la beca la primera vez que hice trámites por completo (un año atrás también había iniciado trámites pero no alcancé a enviar los documentos), siendo que muchos candidatos lo intentan muchas veces. La verdad es que no pensé que mi plan de trabajo fuera lo suficientemente bueno como para ser elegido. No obstante, recuerdo que en la entrevista que me hicieron en la embajada no estaba nervioso, y hasta pude responder en japonés una pregunta que me hicieron en ese idioma.

Y no, no fue por “anime”, “manga” o “monas chinas” por lo que decidí venir. Cierto es que ya era fan de series y estaba bien metido en el medio en México, pero todo eso era un “extra” que no influía en mi decisión. Recuerdo que mucho del japonés que aprendí por mi cuenta fue gracias a mangas que pude conseguir a finales de los 90s, en épocas en donde las compras por internet todavía ni sus luces.

¿Fue Japón lo que esperabas académicamente hablando?

No. La verdad es que no sabía exactamente a qué me enfrentaría en un posgrado en Japón, pero, en retrospectiva la experiencia fue mayormente decepcionante.

No me puedo quejar tanto de la maestría. Las clases que tomé y el tiempo que invertí aprendiendo fueron valiosos, incluyendo a los compañeros de laboratorio que tuve.

El doctorado… fue totalmente deprimente. Lo que lo salvó fueron los compañeros que tuve, tanto en laboratorio como dentro de la universidad. Varios de ellos se convirtieron en grandes amigos, con los cuales sigo teniendo comunicación.

¿Cómo describirías tu experiencia en el doctorado?

Voy a ser honesto: cuando entré, no tenía ni idea en lo que me había metido. Tenía la idea de que seguiría tomando clases y que mi supervisor me guiaría para saber lo que tenía que aprender, pero sabía muy poco de investigación, de publicaciones, de la academia en general. Fue hasta finales del primer año cuando comprendí en qué lugar estaba y lo que tenía que hacer. Pero durante ese primer año aprendí muy poco tanto porque estaba verdaderamente perdido, como porque por lo mismo de no entender, no sabía lo que se me exigía, y como esa exigencia era prácticamente nula por parte de mi profesor, tampoco hice mucho para moverme y aprender por mi cuenta.

Mi profesor era un hombre ya en una edad en la que pensaba más en retirarse que en ser buen asesor, y la prueba fue cuando por fin se retiró al principio de mi tercer año en el doctorado y la poca responsabilidad que tuvo no solo hacia conmigo, sino hacia con los otros 2 alumnos que tenía en el doctorado.

De mi profesor no aprendí nada durante el doctorado. Es más, no fue bueno ni para revisarme niguno de los artículos chafas que escribí. Yo veía como estudiantes de otras universidades, o incluso de la misma en donde estaba pero con diferente profesor, tenían mucho mejor relación con sus profesores, y sabía cómo estos últimos apoyaban y guiaban a sus estudiantes. No, en mi caso no iba a pasar… y en efecto, no pasó.

¿No pensaste en cambiarte de profesor o de universidad?

No sabía que se podía hasta que estuve ya en la segunda mitad del doctorado. Era demasiado tarde.

Entonces, ¿cómo te graduaste del doctorado?

Mi título salió en una caja de cereal, estilo “vale por un doctorado”. Aprendí a hacer investigación como pude; mis proofreaders fueron compañeros de los mencionados arriba, Pero aun así, mis teorías eran débiles, e ignoraba mucho de lo que pasaba en el medio en el que se supone que debía estar empapado. Recuerdo que una vez me sentí muy mal por no saber qué era una SVM, y me sentía muy presionado por no saber todo lo que “se supone que tenía que saber”. Ése fue un gran problema: me había formado la imagen de que un doctor tenía que saberlo todo. Nunca me había dado vergüenza decir que no sabía algo, pero en cuanto a temas de mi área sentía que era mi obligación saberlos todos. Ese sentimiento me persiguió durante muchos años después de que me gradué.

Casi todo lo que sé de NLP y Machine Learning lo aprendí por mi cuenta. Las bases generales las aprendí en la maestría.

Lo que me ayudó mucho a permanecer a flote en el área y en el ámbito laboral en general, fue mi habilidad para programar.

¿Trabajaste como programador entonces?

Sí y no. Me contrataban para un puesto donde se exigía NLP, pero la realidad es que hacía 10% de NLP (y en casos nada) y 90% de programador/sysadmin/soporte. Después me cayó el veinte de que así es la tirada en el ámbito laboral. Ciertamente no buscaba un puesto 100% de investigación, pero cada vez que buscaba trabajo, los puestos exigían a alguien que supiera programación, y si sabían de NLP o ML eran habilidades bienvenidas, pero no necesariamente requeridas.

Durante mi trabajo en la empresa anterior, tuve un periodo de un año en el que simplemente no tenía trabajo. Suena absurdo, pero así era: junto con un colega finlandés, que también era doctor, nos pasábamos los días en el limbo porque no había trabajo ni nadie nos exigía nada. Fue cuando decidí pulir mis habilidades y tomé cursos en línea de NLP, ML y Scala (me había enamorado de la programación funcional ya).

Pero regresando a ese trabajo, en serio parecía increíble que los jefes supieran que estábamos ahí y que no estábamos haciendo nada, porque no tenían qué ponernos a hacer. Una vez me pidieron que propusiera una solución para la búsqueda de documentos internos. Hice un prototipo de un motor de búsqueda y se lo mandé a la entonces mi mánager, quien quedó en revisarlo y hacerme llegar sus comentarios. Bueno, han pasado muchos años, y ya estoy en otro trabajo, y todavía no recibo esos comentarios…

Abrí un círculo de estudio de Scala en la empresa, que para bien o para mal duró como 5 o 6 semanas, pero la gente perdió interés desde el principio porque comencé a explicar sobre teoría de conjuntos como antesala a los Monoids, Semigroups, Functors, Applicatives y Monads.

Con todo, esa empresa fue realmente una salvación para mí después de la malísima experiencia que tuve en mi primer trabajo en Tokio. Lo mejor que saqué de ahí fue todo lo que estudié por mi cuenta.

Entonces, en ese sentido ya estás más tranquilo, ¿o no?

No del todo. Recuerdo que cuando entré al trabajo actual dudaba por completo de mis habilidades. El primer día estaba literalmente temblando. Todo esto contribuyó a que mentalmente me desmoronara este año.

Ahora que mi estado ha mejorado considerablemente puedo analizar qué estaba pasando:

El problema no eran mis habilidades, ni siquiera era saber o no saber algo. El problema era en no creer en mí, en creer que valgo por lo que puedo manejar al instante y no por la capacidad de resolver problemas. Es decir: me aterraba el hecho de no poder resolver problemas al instante, de que la gente esperara que, por ser doctor, tuviera la respuesta inmediata a cualquier problema. Sí, es totalmente irreal, pero realmente lo pensaba. Me eché a los hombros una idea totalmente errónea, y cada día lo vivía así, demeritándome ante cualquier duda, castigándome ante cualquier cosa que no supiera, en vez de darme cuenta de que estaba resolviendo los problemas, estaba proponiendo soluciones, es decir, estaba cumpliendo con las expectativas… pero no me daba cuenta. Toda la seguridad que en algún momento tuve en mí cuando estaba en el proceso de la beca, había desaparecido por completo. Y siendo ahora jefe de familia, teniendo personas que dependen de mí, el peso se duplicaba (o triplicaba) porque no me permitía cometer el más mínimo error, so miedo de que me fuera a quedar sin trabajo y, por ende, mi familia sufriera.

Estaba en un círculo vicioso.

Confundí el ser humilde con la duda en mí mismo. Mi autoconfianza se había esfumado. Y ahora que lo entiendo y lo he asimilado, estoy en el proceso de recobrarla.

¿Qué es lo más importante que has aprendido de todo esto?

Primero, que ser humilde no es lo mismo que dudar de uno mismo. Además, ser humilde no significa minimizar lo que uno es capaz de hacer. Pero sigue siendo muy importante reconocer cuando no se sabe algo, puesto que siempre se tiene la oportunidad de aprenderlo.

Segundo, que la gente que realmente te quiere ayudar, te lo hace saber explícitamente. Dicho lo anterior, solamente alguien que haya pasado por lo mismo sabe cómo te sientes. Estar deprimido no te impide sonreír y “verte feliz”. No se trata de estar siempre triste y llorando (aunque sí hay una etapa en la que es lo único que puedes o tienes ganas de hacer). Sencillamente no encuentras salida a la situación porque estás dentro de un círculo vicioso del que no se puede salir solo.

Tercero, que está bien sentirse mal, y que también está bien pedir ayuda. Tener 43 años, un doctorado, experiencia laboral en México, Estados Unidos y Japón no hacen a nadie un superhombre. No que me haya sentido como uno, pero creía erróneamente que tenía que serlo, y que por ende yo podría salir solamente de esto. Pero nada está más alejado de la realidad. Nunca he perdido el suelo por lo que sé o lo que soy, ni he tratado a nadie en forma despectiva puesto que no soy superior a nadie, pero pensar que yo podría solo con toda esta situación fue un gran error. Pedir ayuda fue la opción correcta.

Cuarto, que independientemente de lo que seas, está bien equivocarse. Lo importante es aprender de esos errores y usar la experiencia para la próxima vez.

Quinto, que estoy muy cansado, física y emocionalmente, y que necesito a gritos un descanso. Pero no solamente me refiero a lo laboral, sino también a lo familiar; es decir: necesito estar solo para despejar mi mente. Adoro a mi familia, son lo máximo para mí, pero aprendí que está bien desear estar solo un rato y que eso no significaba que mi amor hacia ellos ha disminuído.

¿Cómo te ves en 5 años?

Más que nada, creo que en menos tiempo que eso voy a tener que tomar una decisión muy grande respecto a mi futuro y al de mi familia.

Con todos los defectos y virtudes que tiene, me gusta vivir en Japón. Este país me ha visto crecer en muchos aspectos, y he pasado ya casi 19 años aquí. No obstante, no estoy casado con el país, y si llego a considerar que mis hijos se pueden desarrollar mejor en otro lugar, no tendría problemas en irme de aquí. No, no estoy diciendo que lo haré, pero sí que tengo que pensar mucho en el ambiente en el que quiero que mis hijos se desarrollen mejor para enfrentar a una sociedad global, no a una tan local y especial como lo es la japonesa.

Además, tengo un sueño más que cumplir, pero no sé si se podrá en Japón o no. A principios de año me di hasta abril de 2022 para al menos tener una idea de cómo lograrlo, pero en ese entonces no sabía que me pasaría todo lo ya referido. No obstante, sí quiero comenzar a modelar esa idea para que sea a más tardar en un año que sepa cómo es que la pienso llevar a cabo.

¿O sea que consideras volver a México?

Mi rancho nunca ha estado fuera de mis pensamientos, pero sinceramente es la última opción en mi lista, por muchas razones que en su momento mencionaré.

Mándate un mensaje al tú mismo de 2026

Estás saliendo de la experiencia más amarga de tu vida. Recuerda todo lo que has aprendido hasta el momento, y lo que te falta por aprender, para que puedas enfrentar todo lo que el futuro te va a poner enfrente.

Sí puedes.

No importa en qué parte del mundo estés en 5 años. La decisión que tomaste fue la que consideraste más adecuada. Cada opción tenía ventajas y desventajas. Aprovecha las primeras, y enfrenta sin miedo las segundas.

Sí puedes.

Espero que ya hayas adelgazado, porque acuérdate que todo este rollo de la depresión y ansiedad te dejó de recuerdo unas cuántas decenas, sí, decenas, de kilos extra. Ni modo. Era atacar un problema a la vez. Lo ideal era primero salir del círculo vicioso. Una vez fuera de él, lo que sigue es la salud física también.

Por cierto, ¿ya tienes más pelo? 😛

Y no se te olvide: sí puedes.

8 Replies to “Conociéndome a mí mismo, de nuevo”

  1. Ooff gracias por el escrito, me hace pensar también sobre mi mismo. Sé que más que faltarme algo, es la posición que tomo ante algunas cosas, e igual mi inseguridad.

    1. Te entiendo a la perfección. No obstante, la única forma de vencer esa inseguridad es enfrentándola, equivocándote y ver que hay mucho que aprender de los errores. Terminas perdiéndole el miedo a equivocarte.
      Eso sí: en el momento en el que sientas que se te puede salir de control, no dudes en pedir ayuda. Es muy importante tratar cualquier problema de esa índole lo más rápido posible.

      Saludos, y como siempre, estoy a tus órdenes.

  2. ¡Animo! buen post,
    Creo que el deseo e impresión de mejora depende de qué tanto te exijas a ti mismo y a mi me parece que tus estándares son bastante altos, me gustaría tener esa capacidad de auto-análisis.
    ¡Un saludo!
    -Yohan

    1. Muchas gracias por tu comentario 🙂

      Sí. Tienes razón. Mis estándares son muy altos. No es malo tenerlos así de altos. La bronca es cuando en vez de pasión se vuelven obsesión. Es muy importante conocer tus capacidades y tus límites, para que sepas cuándo estás listo para rebasarlos.

      La capacidad de análisis, te apuesto una hamburguesa doble con queso a que la tienes. Lo que creo que te puede estar haciendo falta es sentarte y hablar contigo mismo de forma honesta.
      Te sorprenderás de lo que puedes conocer de ti.

      Aquí ando para lo que se ofrezca.

      Saludos.

  3. Hola Manuel, espero que todo te resulte muy bien en este año entrante.

    Mis mejores deseos y me alegro que estes sobrellevando la situación que se te presentó recientemente.

    Por cierto.

    Tú puedes 🙂

    Saludos a la distancia Doc.

    1. Muchas gracias por tu comentario 🙂

      Sí, aquí ando echándole los kilos para salir adelante.

      Nos seguimos leyendo. Te deseo lo mejor para este 2022.

      Saludos 🙂

  4. Jamas me sentí tan identificado con el proceso que pasaste durante tu doctorado ( en mi caso Maestría ), tener la presión constante de que, “Academicamente” hablando estas en otro nivel, estar con el pensamiento constante de que estas obligado a saber algo que otros no, yo tuve que aprender que una cosa era haber terminado mi Posgrado, y otra mi desempeño/conocimiento laboral, darme cuenta que por mas clases que haya tomado, mucha de esa información rara vez se relaciona o terminas utilizando en tu día laboral de oficina.

    Ante todo recuerda mantener firme esta actitud de dar todo de ti, no solo por las siguientes 2 semanas, si no, por todo el año que viene.

    Animo !

    Saludos desde tu México lindo y querido.

    1. ¡Muchas gracias por tu comentario!

      En mi caso fue más bien darme cuenta del abismo que existía entre lo que yo sabía y lo que otras personas en mi misma área y en mi mismo “grado” (en la misma universidad con otros profesores o en otras universidades) sabían. Pero sí, es cierto que te formas una imagen personal en la que te echas un montón de peso encima que no tienes por qué cargar, pero ahí está presente y te sientes con la “responsabilidad” de saberlo todo, cuando en realidad no es necesario.

      Las dos semanas pasaron, y por fin tengo días de vacaciones nuevamente. Y sí: hay que darlo todo siempre. Es lo que hago, pero no me preocupo tanto por el futuro; ahorita me estoy concentrando en el día a día, en terminar los días sin pensar mucho qué pasará mañana.

      Saludos hasta mi rancho 🙂

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