El pozo – parte 3 — La escalera – parte1

Quiero creer que lo más pesado está quedando atrás, y que de aquí en delante las cosas van a mejorar.

He tenido días extremadamente pesados y difíciles, y todavía continuán, pero comencé a notar algo diferente de unos días para acá: estoy mucho más atento las acciones de los demás y a las palabras y expresiones que usan al comunicarse conmigo, especialmente de las personas con las que convivo a diario. Eso me ha ayudado a identificar ciertos patrones de conducta, expresiones e incluso palabras que inconscientemente me ponen en alerta. Esto ha sido muy bueno, porque comienzo a entender más sobre mi comportamiento y la forma en la que me veo reflejado con los demás.

Obviamente no voy a decir que las medicinas no me han ayudado, pues estaría mintiendo. Comenzarme a sentir como yo otra vez se sintió bastante raro. Es difícil describirlo detalladamente, pero después de despertar cada día sintiendo literalmente que todo sería catastrófico y con una pesadez del tamaño de Júpiter durante muchos meses, levantarse y simplemente pensar que sería un día pesado, pero sintiendo que podía, y sin la sensación de ansiedad que me comía todas las energías y me hacía estar exhausto a tan solo unas pocas horas de haber amanecido, todo fue como un momento de paz, de calma y quietud, como si no los hubiera sentido antes. Ahí fue cuando sentí el primer peldaño de la escalera perdida que andaba buscando para poder comenzar mi retorno a la superficie y dejar de una buena vez el pozo en el que estoy.

Estoy plenamente consciente de que todavía falta mucho, pero si hay algo que pueda decir con 100% de confianza es que ya voy para arriba. Esa luz que se veía en la lejanía comienza a verse más cerca; ahora ando buscando el siguiente peldaño para darme otro impulso hacia arriba.

Además, toda esta experiencia me ha ayudado a conocerme mejor, pero sobre todo, a aprender a identificar esas señales que uno manda de forma inconsciente cuando necesita ayuda pero todavía no lo dice explícitamente. Es decir: a ser mucho más empático y poder identificar y ayudar a quienes se lleguen a sentir como yo me sentí. Y tuve suerte porque mi caso no fue tan grave, pero podría haberlo sido de no ser porque me di cuenta de que algo andaba mal y me animé a expresarlo y pedir ayuda. Si alguien que lea esto piensa que “estoy loco” por haber aceptado ayuda, les tengo malas noticias: ya lo estaba desde hace mucho tiempo 😀 😀 :D. En todos lados hay un estigma sobre la salud mental, pero es algo que ni es un chiste ni tampoco debe ser tema de discriminación. Se siente horrible, y uno no escoge sentirse así, ni tampoco se trata de uno siempre esté triste ni es cuestión nada más de “echarle más ganas”. Estoy casi seguro de que hay más de una persona entre mis conocidos que necesita ayuda, pero no se ha dado cuenta (y no puedes ayudar a nadie que no quiera ser ayudado), y con “ayuda” no me refiero necesariamente a ir con un psiquiatra y recibir medicamento; ni siquiera tampoco a ir con un psicólogo (aunque no estaría de más). El simple hecho de sacar el estrés, de tener a alguien con quien platicar, con quien compartir algo, quien te escuche y te entienda, es un apoyo inimaginable, y muchos de nosotros podemos aportarlo sin mucho esfuerzo.

¿Hay alguien entre sus conocidos al que sientan que pueden extenderle la mano y ayudarle en este aspecto? De ser así, lo mejor que pueden hacer es expresar que están ahí para esa persona, para cuando se necesite, y de verdad estarlo para cuando llegue el momento. Les aseguro que, aunque ustedes no lo crean, escuchar o verse con alguien e intercambiar una conversación, que no necesariamente tiene que ser de temas tristes u oscuros, proporciona una enorme ayuda, que quizá la persona adecuada no pueda dimensionar propiamente porque todavía no se da cuenta, pero el sentimiento de agradecimiento y la paz interior que uno siente después de eso es prueba fehaciente de que ha servido.

Vamos para arriba pues. Pian pianito, y completamente consciente de que me puedo caer de nuevo, pero ahora ya sé dónde está el primer peldaño, así que miedo no tengo.

6 años 6

Otra vez el tiempo pasa volando. Y al igual que el año pasado, el título no es un error.

Hablando del año pasado, desde entonces me medio imaginaba que la situación global por el coronavirus seguiría en estas fechas, pero no pensaba que lo hiciera con la magnitud que ha presentado. Y si consideramos lo pésimo que el gobierno japonés ha manejado la pandemia, definitivamente no se ve para cuándo.

Justo en el momento que este escrito vea la luz, mi hijo cumplirá 6 años. Huelga decir que cada día y cada momento con él es único y especial, pero no puedo dejar de pensar en todo lo que nos hemos perdido por la pandemia. Hemos tratado de llevar las cosas de la forma más “normal” posible, pero ante tantas limitantes, a veces termino rascándome la cabeza para saber cómo manejarme hacia con él y su desarrollo. Y para terminarla de amolar me pasa todo el rollo emocional que ya he explicado anteriormente… En fin. Ha sido un año ciertamente pesado y lleno de retos.

Con todo, el regocijo de ver a mi hijo crecer día a día es algo que ningún estado mental ni ninguna pandemia me puede o podrá quitar nunca. Incluso ahora que comienza a responder de mala gana, que está mostrando resistencia a ver o leer cosas en español, que está descubriendo su potencial y que convive con más niños de su edad, no hay día en que no me sienta orgulloso de él, de lo que hace y de cómo lo hace, y de cómo va desarrollando su personalidad y las similtudes y diferencias que tiene con la mía. En pocas palabras, es todo un deleite ser papá… aunque a veces pierda la calma y quiera estar un rato completamente a solas :S

A ver, vamos listando los logros importantes alcanzados por mi hijo desde el 16 de mayo de 2020:

  • Leyó el manga completo de Kimetsu no Yaiba. Es bien “chido” poder hablar sobre la historia, los personajes, lo que pasa, lo que nos gustó y lo que no de la obra, y de cómo esperamos ver la versión animada del 遊郭編 (yuukakuhen), la parte donde pelea Tengen.
  • Vio toda la serie animada de Ranma 1/2 y leyó los últimos dos tomos del manga (37 y 38) para saber en qué terminaba. No le gustó mucho la pelea vs Saffron, pero le dio risa lo que le pasa a Shampoo cuando sale del huevo (no voy a decir más para no “espoiliarlos” :P)
  • Comenzó a ver el anime de Inu Yasha. Yo le perdi la pista con Midoriko, y ya no me acuerdo mucho…
  • Vio el anime completo de Jujutsu Kaisen. Yo me quedé en el capítulo 2.
  • Le puse un capítulo de Ruroni Kenshin y ya va en la pelea vs Shishio. De hecho tiene días practicando la canción de “Sobakasu”
  • Poco antes de comenzar la nueva animación de Dragon Quest le hablé al respecto. En las últimas semanas se ha convertido en una de nuestras actividades juntos cada semana, pues ambos estamos viendo como Pop se lleva la obra, y por ahí de paso Dai medio pelea contra los malos 😛
  • Comenzó a ver Kekkaishi. Yo ni la he visto.
  • Vio todos los capítulos de Garfield que hay en Netflix, en español.
  • Comenzó a ver Inspector Gadget también en español.
  • Ver cada semana Doraemon y Crayon Shin chan es de ley para él.
  • Comenzó a jugar Minecraft en computadora. Windows 10, lamentablemente, pero poco a poco iremos corrigiendo eso (estoy pensando usar KDE Plasma con él para que no se pierda tanto cuando comencemos con Linux).
  • Puede pelear solo vs Lynels en Zelda BOTW, y ganarles.

Este año quiero contarle sobre la tierra media, la historia del anillo único, e iniciarlo en el mundo de Terramar. Ahora que estuve arreglando el cuarto donde trabajo, vio el libro de Foundation, de Isaac Asimov, y me preguntó de qué se trataba.

¿Voy bien en su educación o creen que deba ser más estricto? 😀 Es indispensable que vea Dragon Ball, y por ahí cuando vio los mangas que tiré de Aa Megami Sama (ya leerán después qué pasó) le hablé de la importancia de conocer a Belldandy, lo que obviamente causó que mi esposa me dijera que no le estuviera enseñando historias de “otaku”. Pero ustedes saben que hay secretos entre padre e hijo que es mejor que la mamá nunca se entere…

Por todo esto y mucho, mucho más, no cabe duda de que ser papá es lo mejor del mundo… aunque a veces quieras mandar a los hijos a Marte porque ya no los aguantas y solamente quieres descansar.

¡Feliz cumpleaños hijo! Y excelente selección para la cena en tu día: hamburguesas. Me pregunto de quién habrá heredado el gusto por ellas.

Nihongo ga tabemasen

El título es una frase errónea en japonés que se ha convertido en una especie de meme entre los extranjeros que residen en el país del sol naciente cuando quieren expresar, en broma, que no entienden japonés. La frase es gramaticalmente incorrecta, pero se supone que se usa cuando uno quiere fingir que no entiende japonés, sobre todo para evitar interacción innecesaria con gente como vendedores, el “temible” cobrador de la NHK (que ya explicaré después), y en general, cualquier situación en la que no se quiera uno meter que implique escuchar a alguien o alegar algo en específico.

Escogí el título para enfatizar que, a pesar de ya haber cumplido 18 años de vivir en Japón, todavía me falta mucho para poder comunicarme correctamente. Pensarán algunos que estoy siendo modesto, sobre todo por esto:

Para quienes no ubiquen qué es eso, es el certificado que avala que aprobé el nivel 1 de la prueba de habilidad en el japonés, mejor conocida por sus siglas en inglés: JLPT (Japanese Language Proficiency Test). El nivel 1 es el nivel más alto de dicha prueba, y como tal, se caracteriza por ser muy difícil, ya que tienes que entender muchísimas cosas de vocabulario y gramática japonesa, incluso de expresiones que normalmente no se usan en el habla cotidiana.

Entonces, si en 2004 aprobé ese nivel y han pasado 17 años desde entonces, ¿cómo es que digo que no me puedo comunicar correctamente? Ciertamente no tengo problemas para comunicarme en japonés, sea escrito o hablado, pero todavía hay ciertos elementos del idioma que necesito pulir, siendo el más importante, creo yo, la forma de estructurar y expresar las ideas, especialmente cuando se trata de un escrito o de algo mucho más formal. Quienes estén familiarizados con el idioma pensarán inmediatamente en el “keigo”, es decir, la manera más cortés de hablar japonés, pero no, no me refiero a eso. Vamos por partes:

Aquellos que hayan tenido la oportunidad de venir a Japón o de convivir con la comunidad japonesa fuera de Japón sabrán que con decir una frase como “Konnichiwa” o “Watashi wa Manuel desu” es suficiente para desatar una reacción en cadena llena de “¡Oh! Tu japonés es muy bueno” (nihongo jouzu desu ne!), lo cual, dicho sea de paso, es también un meme entre la comunidad extranjera en Japón. Sí, cualquiera se da cuenta de que los japoneses están siendo bastante corteses al decir eso; no es que exageren, sino que tienen la idea de que su idioma es complicado para los extranjeros y les alegra que sepan algo del idioma (y la expresión es genuina en algunas ocasiones). No obstante, en muchos casos genera una sensación de incomodidad en la persona que recibe tales comentarios porque “se sienten” falsos: uno sabe que saber decir “¡Hola!” o “Mi nombre es Manuel” en japonés no es indicio de que uno sea bueno en el idioma o que sepa hablarlo. Pero lo más curioso del asunto es que el verdadero “halago” que uno recibe cuando realmente ya sabe hablar japonés es no recibir halago alguno. Dogen lo resume bien en uno de sus videos, en donde comenta que cuando a uno le preguntan “¿Tienes mucho tiempo en Japón?” es cuando realmente hay que sentir que se recibió un halago:

Si no conocen a Dogen, les recomiendo mucho su canal, sobre todo si están estudiando japonés o tienen interés en el idioma.

Sin embargo, siendo uno extranjero sigue siendo complicado estructurar una idea de tal forma que sea entendible para los oyentes, especialmente en situaciones donde se tiene que transmitir una idea de manera formal. Saber comunicarse en japonés es el primer paso, pero lo que le sigue es encontrar esa estructura correcta (y por ende, el vocabulario correcto) que permita que la idea sea entendida perfectamente, sin hacer que los interlocutores tengan que pensar (o a veces adivinar) el mensaje.

Yo lo entiendo de esta forma:

La razón por la que lo anterior sucede es porque aunque se entienda la gramática y se conozca mucho vocabulario, la forma de expresar una idea compleja se basa en el idioma natal y en la cultura en la que crecimos, además por supuesto de la personalidad de cada uno. En múltiples ocasiones me he encontrado con que sí se transmite lo que quiero decir pero hay mejores formas de hacerlo, sobre todo por escrito. Si quiero escribir algo largo en japonés termino estrucurándolo de la forma en la que lo haría en español. Muchas veces me han corregido escritos a pesar de no tener errores gramaticales o de vocabulario; la estructura es lo que me falla.

Lo anterior podría parecer que es nada más mi caso específico, pero me he encontrado con escritos en japonés hechos por extranjeros, y en varios casos he notado un patrón similar. Hay por supuesto extranjeros que escriben y se expresan muy bien, a los que de plano no hay nada que corregirles, ni siquiera una pizca de entonación. ¿Yo? No, todavía no llego a ese nivel.

Para muchos extranjeros, el nivel 1 de la JLPT es la meta del estudio del japonés. Sin embargo, una vez que llegas a él te das cuenta de que es el mero principio, y que lo aprendiste del idioma es una base muy sólida que te permitirá desarrollarlo con la práctica. De ninguna forma minimizo el esfuerzo que se requiere para poder pasar ese nivel, porque sí hay que invertir mucho tiempo y disciplina en el estudio y la práctica. No obstante, lo que sigue después de eso es todavía largo, aunque ciertamente menos complejo gracias precisamente a esa base que se adquirió.

Escribo todo esto como forma de voltear a ver alguno de mis logros. No es para ensalzarme, ni para ponerme como ejemplo en el estudio del japonés. Es más bien para comenzar a ver de nuevo el camino que he recorrido y lo que he alcanzado durante él, como forma de quitarme pensamientos negativos que me han estado afectando la autoestima durante mucho tiempo. Y sí, tiene que ver con salir del pozo en el que todavía estoy.

Cumplí otro año de vivir en Japón. Seguimos en pandemia. Ojalá que para el año que entra ya estemos globalmente en una situación mucho mejor, porque también el mugre virus ha tenido que ver con mi estado actual. Hay recaídas, sí, pero pian pianito creo, o quiero creer, que ahí la llevo.

El pozo – Parte 2

Actualizando un poco esta “serie”. No me gustaría llamarle “serie”, pero dado que los escritos tienen que ver con el mismo tema, mejor creé una categoría especial para ellos. Además, creo que me sirve como desahogo.

¿Qué ha cambiado durante este tiempo? He tenido días bastante pesados, algunos incluso me han orillado a mejor tomar días libres del trabajo porque definitivamente no creo ser productivo en ese estado. No obstante, me he dado cuenta que el trabajo es uno de los factores mayores en toda esta situación, aunque ciertamente no es el único.

También he aprendido, o mejor dicho “reflexionado”, en la forma en la que me hablo a mí mismo. Es cierto que desde siempre he sido muy estricto conmigo mismo, pero con los demás soy bastante paciente y tolerante (muy rara vez me enojo con alguien o me molesta algo que hayan hecho). El problema es que me exijo muchísimo a mí mismo en todo lo que hago, y aunque no es del todo malo, hay ocasiones en que no es necesario ser así , o que debo considerar que no siempre voy a poder hacer todo como yo quiero… y no me considero perfeccionista… o al menos, no en todo. Soy muy dado a dejar de lado o a medias tareas leves que no considero importantes (ejemplo, el desastre que es el cuarto donde estoy ahora), pero en otras cosas quiero hacer todo bien, me tarde o lo que me tarde y me cueste lo que me cueste. En resumen: debo aprender a moderarme en eso.

He recibido mucho apoyo, de mucha gente, incluso de gente que no tengo el gusto de conocer personalmente. Desde comentarios en el blog, correos, tweets, mensajes privados, llamadas telefónicas, etc., la verdad que todo ese apoyo se siente y sí sirve, aunque muchos no lo crean. Pero, en contraste, también me di cuenta de que hay mucha gente que minimiza la situación por el hecho de no entenderla o no haber estado nunca en ella. No, no los culpo ni los señalo, pero sí he de mencionar que cuando uno se encuentra así, en depresión, no es nada más un asunto de estar triste, o de escoger tu estado de ánimo, ni tampoco se arregla de la noche a la mañana, ni necesariamente tu ánimo va a mejorar porque hayas descansado del trabajo un día. Uno no escoge estar así, y no necesariamente todo el día es sentirse triste y estar cabizbajo, ni tampoco significa que uno tenga pensamientos suicidas (no los tengo). Uno intenta salir de ahí, distraerse, divertirse, pasarla bien… pero algo no embona. Es ahí cuando hay que buscar ayuda profesional, porque es difícil darse cuenta que la situación ya se te salió de control, y hay casos y personas que se dan cuenta cuando la misma situación ya se tornó mucho más severa… Pero la persona en cuestión es la que se tiene que percatar de eso y estar dispuesta a recibir ayuda. A la fuerza, nada.

Estoy consciente de que todavía se ve lejos la salida del pozo. Sin embargo, comienza a haber luz en donde antes solamente había oscuridad y se comienzan a ver pequeñas piedras que pueden ser usadas de escalones para avanzar hacia arriba. Ignoro cuánto tiempo tomará, pero al menos ya tengo una pista de por dónde irme o qué intentar hacer.

Si hay alguien que lea esto y se sienta solo, desamparado, con miedo, lleno de ansiedad, déjame decirte algo: no eres el único, ni estás solo. Date cuenta de que necesitas ayuda y no dudes en pedirla. Te sorprenderás al ver que más de una persona estará dispuesta a echarte la mano si tú lo permites. Eso sí: no esperes que todo se solucione de la noche a la mañana, pero tampoco te desesperes. Paso a paso se podrá lograr, pero si no das el primer paso tú, nadie lo puede hacer por ti. ¡Ánimo!

Un año después

No sé si sea muy rápido o muy lento, pero un año ha pasado desde que:

  • Entramos en pandemia
  • Comencé a trabajar desde casa

Si bien es cierto que estoy profundamente agradecido con la empresa actual por todas las prestaciones y facilidades que ha dado durante todo este tiempo, la verdad es que no es lo mismo trabajar desde casa en medio de una pandemia que cuando no lo hay. No es la primera vez que trabajo desde casa, y en empresas anteriores había sido mucho más fácil y llevadero. Ahora, no tanto.

Pero dejemos de lado todo eso, o al menos lo más que se pueda, ya que hablar de lo que ha transcurrido durante este periodo de tiempo implica mencionar la situación actual.

Hace exactamente un año me convertí en padre por segunda vez. Sin duda, uno de los momentos más felices de mi vida, y el más increíble y a la vez sorprendente, fue ver nacer a mi segundo hijo. Todo era dicha y felicidad, pero no puedo ocultar que también estaba asustadísimo porque había nacido en medio de un estado de emergencia ante la ola de contagios del nuevo coronavirus, que en aquel entonces todavía no se comparaba con lo que vendría varios meses después. Prácticamente me daba pavor salir, pero más que por contagiarme yo, por que por mi culpa se contagiara alguien de mi familia, incluyendo por supuesto el nuevo miembro de la familia.

Las cosas en casa estuvieron relativamente tranquilas y en orden durante un tiempo gracias a la increíble ayuda de mi suegra, que estuvo con nosotros desde antes de que comenzara la pandemia, De una forma o de otra encontramos la manera de aguantar con el estrés de la vida diaria, el estrés del trabajo, el estrés que la pandemia trajo, y el cuidado de 2 niños que demandaban atención. Pero aunque ciertamente tuvimos ayuda, las cosas no fueron del todo fácil para ninguno de los adultos de esta casa.

Es ahí donde la sonrisa de los niños te devuelve todas las ganas de seguir adelante. Es esa luz que traen consigo lo que alumbra la más negra oscuridad en la que uno se pueda encontrar; la misma que te hace recordar que no todo es malo en el mundo, y que la inocencia es una virtud que trae alegría a los que la vemos desde fuera. Es donde te das cuenta de que ya no eres un niño por fuera y que tienes responsabilidades de adulto, pero no dejas de ser niño por dentro y sigues disfrutando jugar con monitos, carritos, muñecas, pelotas, trompos, lotería, etc., etc.

Hoy me encuentro en una situación emocional difícil, pero eso jamás va a hacer que olvide la dicha que es ser padre y la felicidad que te da al ver cómo tus hijos van creciendo y se van desarrollando.

¡Felicidades a doble I! Vamos a ver qué tanto español aprendes de aquí al próximo año.

Al igual que con mi primer hijo, esto será publicado exactamente el día y a la hora en la que mi segundo hijo nació.

El pozo – parte 1

Ésta es una serie nueva, que todavía no tiene fin. La iré escribiendo conforme las cosas vayan pasando. Eso sí: creo que será un poco diferente a lo que han leído aquí antes.

Explicación más detallada al final del escrito. Para quienes gusten leer lo que sigue, solamente les pido que lo lean completo.

Vamos a comenzar:

Estoy en un pozo. pero no en las cercanías, o a un lado de él. Estoy en la parte más profunda, donde la luz es escasa, donde mi voz casi no se oye, donde me siento atrapado, sin poder salir, pero curiosamente donde ese espacio cerrado, lúgubre y frío me da una leve sensación de seguridad que no he sentido en mucho tiempo.

Quisiera poder decir que lo anterior es una metáfora, pero no. Es la realidad actual. Es como me siento y me he sentido por mucho tiempo ya. Pero ahora todo eso se ha agudizado y es la primera vez que lo externo de esa manera. Muchos sentimientos se juntaron y como que por fin encontraron la forma de salir.

La pandemia ha jugado un papel importante en todo esto, no hay duda. Sin embargo, creo que ser obediente, restringir la salidas y la poca o nula interacción con seres humanos en persona (además de la familia), vino a sacar a flote muchas cosas que traía dentro, algunas que me estaba guardando y otras que ni me había dado cuenta.

El problema es que todo esto no pudo llegar en peor momento. Con un bebé en la familia y mi otro hijo pidiendo (necesariamente) atención, necesito estar al 100 para hacer un buen trabajo tanto en mi trabajo como en mi familia… pero eso no es posible si yo no esto bien conmigo mismo.

En las últimas semanas he estado analizando mi comportamiento, mis pensamientos y mis acciones. Estoy tratando de encontrar qué desató todo esto. El problema es que estoy en un círculo vicioso y me concentro más en cosas negativas que en lo que realmente quiero pensar y hacer. Uno razona las cosas, piensa y ve que, desde fuera, parece que todo se resolvería de forma muy simple, pero cuando está uno dentro de ese remolino de sentimientos no es tan fácil. Uno no escoge sentirse así; la ansiedad, angustia, inseguridad y miedo toman el control, y uno está esforzándose a cada minuto porque eso no suceda.

No disfruto casi nada de lo que antes me gustaba. Además de que mi tiempo es contado por las responsabilidades que tengo como padre de familia, el poco que realmente me queda para mí lo consumen los sentimientos arriba descritos. Videojuegos, películas, series, libros, etc., me siguen llamando la atención… pero no están cumpliendo su propósito.

También el aislamiento me ha pegado. Muchas veces me he descubierto a mí mismo pensando que no hay nadie con quien pueda compartir lo que me gusta (sí hay personas con las que puedo hacerlo, pero mi mente se empeña en hacerme sentir que no). Si por ejemplo, veo uno de los episodios nuevos de Shingeki no Kyojin (Attack on Titan), no hay con quien comentarlo; que si hay algo que quiera comentar sobre XMonad, que qué es eso y con qué se come… En fin. Creo que se entiende la idea. Es más: hasta me ponen de malas los días bonitos, y que cuando le pregunto a alguien que cómo está me responda que “bien” cuando ahora yo no puedo decir lo mismo.

¿Qué es lo que más me ha ayudado hasta ahora?

Sinceramente, el hecho de que haya gente que te diga que está contigo, que te echa la mano y que quiere ayudarte a encontrar la causa de, y la salida de, todo esto.

Además, el hecho de poder hablar con alguien fuera de la familia, de poder interactuar. Se siente chido ser escuchado.

Ahora, ¿por qué escribo todo esto?

Primero, por lo mismo de dejar registro de lo que me pasa. Espero que en unos años pueda volver a leer esto y esté en una mejor situación emocional que me permita reflexionar y usar la experiencia para el futuro.

Segundo, porque así como a mí me ha ayudado saber que no estoy solo en todo esto, quizá a alguien que esté en una situación similar a la mía le puede servir como referencia para saber cómo sentirse un poco mejor, y también cómo pedir ayuda.

No. No tengo pensamientos suicidas. Como referí hace algunos escritos, esos quedaron atrás en mis años pubertos. Es más grande el sentimiento de desesperación por querer salir de esto rápidamente y no poder. La sensación de impotencia es enorme, y eso agudiza todo lo demás; te hace sentir como que no puedes hacer nada, y de hecho interfiere y afecta lo que realmente puedes hacer.

Como creo que se habrán dado cuenta, esta “serie” no es algo que ya haya terminado, o que ya tenga un número definido de partes. Esto va a continuar, aunque espero que el menor tiempo posible). Ignoro cuándo escribiré de nuevo al respecto, pero de qué lo haré, lo haré.

De igual manera, así como siempre leo los comentarios buenos y malos que me dejan por acá, esta vez sí me tomaré la molestia de mandar a ver gatitos a los comentarios agresivos, ofensivos y similares. Dejen que me reponga y con gusto les respondo como se debe también a esos, pero de momento, van para afuera.

Aquí sigo.

¡Feliz 2021!

Por fin, ¡POR FIN! se ha ido 2020 y ha llegado el 2021, en el que la vaca seguramente va a poner orden a todo el desm…. barajuste que hizo el ratón el año pasado.

Espero que a todos ustedes les vaya muy bien y que este año se convierta en el mejor que hayan pasado en sus vidas.

Hay que ver para adelante. Ya se ve la luz al final del túnel en el que 2020 nos metió. Aguantar un poco más para que todo pueda ser como era antes (tanto como se pueda, claro).

¡Sí se puede!

El 2020 en un kanji

Kanji de los años anteriores:

Creo que el consenso de este año es claro. De la forma que lo vean o que lo hayan pasado, la realidad es que fue un año diferente, que nos presentó una situación difícil a nivel mundial de la que apenas comenzamos a ver la salida. Incluso en el escrito del año pasado mencionaba la celebración de las olimpiadas en Tokio… Pero más que eso, mucha gente lamentablemente perdió la vida, o quizás algunos de sus seres queridos. Se siente la tristeza y el hartazgo en todos lados.

Sin embargo, creo que también para muchos hubo acontecimientos importantes y agradables, y es quizá en los que nos tenemos que apoyar para salir adelante y continuar en esta aventura.

El kanji de este año lo tenía prácticamente decidido desde el anterior. Obviamente en ese entonces no contaba con una contingencia sanitaria a nivel mundial, pero ni eso es suficiente para quitarme la dicha del momento en el que por segunda vez me convertí en papá. Por tal motivo, el kanji que para mí describe el 2020 es:

Su lectura principal es “ko”, y quiere decir “niño”. El nacimiento de mi segundo hijo se lleva por mucho a todo lo que acontenció en mi vida durante este año que termina. Como muchos de ustedes, yo también dejé de ver a mis amigos, dejé de salir y llevar a mi primer hijo a los lugares a los que íbamos con frecuencia, comencé a trabajar desde casa (primero por mi bebé y luego por el coronavirus), y el cansancio hizo (y sigue haciendo) presencia, pero ni todo eso ha sido suficiente para quitarme el sentimiento que tuve en el momento en el que mi segundo hijo vio la luz y lo tuve en mis brazos. Sin duda será un momento que recordaré toda la vida.

No quiero dejar de mencionar que también hubo pifias y sucesos que lamento mucho. El estrés se ha maximizado durante los últimos meses y no es nada más por el virus: enfrenté un acontecimiento en el trabajo que me pegó fuerte; la inseguridad se apoderó de mí de forma en la que no lo había hecho antes, perdí la concentración en muchos momentos y he notado que se me han estado olvidando cosas. Yo sé que hay mucha gente con 2 o más niños que también le echa ganas todos los días y para las cuales yo soy un completo “novato” (y tienen razón), pero aunque tuve la ayuda de mi suegra por unos meses, ha sido realmente una gran tarea tener que estar al pendiente del trabajo y familia, y no ayuda ver que tu tiempo libre prácticamente ha desaparecido ni que los fines de semana no alcancen para descansar y comenzar otra semana fresco y con ganas en un trabajo que exige precisión y mucha creatividad, la cual reconozco que en estos momento no tengo.

Por lo anterior es que tampoco he podido sentarme a escribir en el blog como lo solía hacer antes. Después de tantos años realmente ignoro cuánta gente sigue leyendo, y reconozco que es difícil que alguien nuevo llegue y se siente a leer en una época en la que las redes sociales acaparan toda la atención, y los medios visuales sean mucho más llamativos que un montón de letras escritas por un viejo cuarentón que a ojos vistas tiene que poner en orden su vida para poder enfrentar lo que viene después.

No obstante, las ganas de seguir con este proyecto no se han terminado. Al igual que mi situación actual, sé que todo esto es pasajero, y en algún momento podré de nuevo tener control y estaré contento de escribirlo por aquí.

El kanji del 2020 en Japón

El kanji del año en Japón es seleccionado con un proceso de votación, pero casi al igual que conmigo, el candidato que ganaría se sabía o intuía prácticamente desde mediados de año

Se lee “mitsu” o “hiso” en “hisoka ni”, y quiere decir “secreto” o también “denso”. Fue esta última acepción la que hizo eco en todo Japón durante todo el año debido a las recomendaciones que se hicieron para tratar de mitigar las infecciones por el coronavirus:

  • 密閉 (mippei). Significa “lugar cerrado”.
  • 密集 (misshuu). Significa “aglomeración”. Se refiere en este caso a personas
  • 密接 (missetsu). Significa “cercanía”, “contacto cercano”.

El gobierno hizo referencia a evitar estas 3 situaciones como “3密” (san mitsu), que en inglés se tradujo como “3C”: Confined and enclosed spaces, Crowded places, Close-contact settings. Se estuvieron repitiendo en todos lados para tratar de generar conciencia en la población, lo que hizo que la gente siempre las tuviera en la mente (aunque no las evitara del todo), por lo que era indudable que ese kanji sería elegido para representar al 2020.

De entre los primeros 10 candidatos, que por cierto pueden ver en la página 2 del documento oficial, puedo destacar la presencia de 滅 (metsu) en el lugar 7 y de 鬼 (ki/oni) en el lugar 9. Esto es debido al furor que ha causado la historia de Kimetsu no Yaiba (鬼滅の刃), conocida en inglés como “Demon Slayer”, y que incluso su pélícula ha sobrepasado a Sen to Chihiro no Kamikakushi (“El viaje de Chihiro”, o “Spirited Away” en inglés) en cuanto a recaudaciones se refiere. Muchísima gente reconoce el título o ha oído de la obra, así que, aunque sean kanji que normalmente representan algo considerado “malo” (“oni” es ogro, y “metsu” es exterminar) los podamos encontrar en los primeros lugares.

Pásenla muy bien en estas pocas horas que le quedan al año del ratón (según el calendario chino), y prepárense para decirle adiós. Sin duda el 2020 quedará para el recuerdo de una forma en la que creo que nadie quisiera recordarlo, pero que, para bien o para mal, fue parte de nuestras vidas.

Un fuerte abrazo para todos desde el todavía pandémico Tokio. Espero que la edición de este escrito del 2021 contenga muchas más buenas noticias.

Adiós muela del juicio, parte 1

Así nada más para dejar registro:

Hace algunas semanas tuve fiebre en domingo (o sea que ni para enfermarme puede ser entre semana para darme un respiro del trabajo), y todo fue porque tuve una infección en una de las muelas del juicio. Tuve que esperar hasta el lunes, ya sin fiebre y tomando todas las precauciones y siguiendo las indicaciones que me fueron dichas por teléfono, para acudir con el dentista. En resumen: era mejor quitar las muelas del juicio.

Ayer fue la primera. La imagen de arriba fue la hoja que recibí donde vienen las precauciones después de que un diente ha sido extraído (y que claro que tiene un verbo en japonés: 抜歯する “basshi suru”). No es la idea de este escrito traducir todo lo que está ahí escrito, solamente mencionar que la asistente estaba preocupada de si podría leer todo. Para nada me molestó su comentario, sino que me sacó una sonrisa porque tenía mucho que no recibía un comentario de ese estilo. Es de las pocas interacciones que he tenido con personas ajenas a mi familia en este año.

Puse parte 1, porque faltan otras 3…