0) Prólogo

Antes de que se vayan a hacer una idea diferente o extraña: están leyendo algo escrito por alguien que no se considera, ni nunca se ha considerado, atractivo. Asimismo, siempre tuve un complejo de inferioridad en lo que a chicas respecta: no me daba miedo hablarles y era fácil hacer amigas, pero en los casos en donde había sentimientos de por medio, siempre me consideré inferior a otros posibles prospectos que la dama en cuestión pudiera tener. Es raro, pero siempre pensé que no tenía temas de conversación y me imaginaba que las mujeres que hablarían conmigo se aburrirían al instante al escuchar alguna de mis pláticas.

Como ya he relatado antes, siempre conviví con gente mayor que yo. Siempre fui el más joven de las generaciones en las escuelas a las que asistí; en algunos casos eran solo meses, pero casi por lo general el que seguía de edad a mí me llevaba mínimo 2 años. Y ese tiempo cuenta mucho cuando hablamos de adolescencia y pubertad. Cuando yo solamente pensaba en escuela, tareas, matemáticas y videojuegos, todos mis compañeros en la secundaria pensaban en cómo ligar chicas, en tener novia o hasta en tener un “acostón” con alguna de las compañeras en una fiesta. Yo, tratando de entrar en el grupo, intentaba “copiar” lo que ellos hacían al tratar de hablar con mujeres, pero ninguna de ellas en su sano juicio le iba a hacer caso a un niño X cuando estaba siendo cortejada por el más guapo o el más atlético del salón.

En la secundaria tuve un amor de esos que duran un par de meses. No fue porque yo haya buscado andar de novio con esa niña, sino que ella era quien decía que yo le gustaba, y un amigo en común nos “juntó”. Seguramente se pueden imaginar lo que es un noviazgo en la secundaria, sobre todo cuando la chica tiene 13 y el niño tiene 11 (lo de mi edad en la secundaria es material de otra historia): no me violó (por si algunos lo estaban pensando), ni tampoco hubo nada fuerte, sino sólo pláticas y los tradicionales besos de “piquito”. ¿Amor? Nah. Yo era feliz con o sin eso, pero quería sentirme parte del grupo ya que otros compañeros también tenían novia, aunque ellos sí metían mano.

Después de algunos meses, y de vernos una vez a la semana en el parque, la nena se aburrió, me mandó a ver gatitos, y se hizo novia de otro compañero que la estaba frecuentando. ¿Me dolió? ¡Para nada! No era algo que yo había buscado, y aunque es cierto que esos besos eran algo que nunca había experimentado, estaba completamente seguro que no los iba a extrañar.

Con todo, la primera chica que realmente me llamó la atención también estaba en la secundaria. A ella sí le escribí cartita de amor, le declaré lo que sentía, sólo para enterarme que tenía novio, que el novio era parte del equipo de volibol de la escuela, y que de él se enteró de la carta que envié. Para mi fortuna (y la de mi integridad física), todo quedó en una advertencia en el baño de hombres. Eso sí: el novio nunca se enteró de que ella me dio la negativa por medio de una carta 😀 , la cual fue mi tesoro durante un tiempo, hasta que la chica se graduó y me olvidé de ella.

Durante la prepa, ya he contando más o menos cómo me fue con la muchacha de la que me enamoré perdidamente, pero eso fue ya en los últimos semestres. En los primeros, cuando todavía iba de ropa formal a la escuela, hubo otra chica que me llamó la atención, pero uno de mis mejores amigos también andaba tras sus huesos, así que preferí no involucrarme. Ella bateó a mi amigo, y después de eso hice mi intento, pero ella me dijo que no, y al poco tiempo comenzó a andar con uno de los más atléticos del salón.

¡Ah! Pero había una situación en la que yo era indiscutiblemente el hombre más buscado del salón: la época de exámenes. Era la única época en donde las mujeres buscaban sentarse cerca de mí. Creo que no hace falta explicar que esto es 100% ser convenenciero, ni tampoco que todo mundo desaparecía de mi lado una vez que los exámenes habían concluído.

Lo de mi primer amor real, V, ya se lo saben (y si no, es buen momento de leer por acá). Pero después de eso entré en una etapa X, en donde realmente no me importaba si estaba con alguien o no. Salía con más chicas, pero con ninguna hacía click. Tenía amigas, sí, muchas, pero con ninguna había intenciones de cambiar a relación de noviazgo.

Tuve otra relación con la sobrina de una vecina, aunque ella no era de Guadalajara e iba a visitar a su tía cada año aproximadamente. Fue bonito, pero no duró mucho por la distancia. Yo fui el que terminé las cosas, por lo que a ella le dolió mucho más que a mí.

Después de algunos otros intentos con otras muchachas, vino lo de Z, que relato en las partes 6 a 8 de “Los años maravillosos”. Ya también están enterados de en qué termino todo.

De la forma en la que lo relato aquí, parecería que tuve una vida emocional “normal”, pero en realidad era muy difícil poder mover una relación de amistad a noviazgo. De hecho, uno de los comentarios que recibía con más frecuencia de mis amigas en México era “es que eres muy buen amigo…”. En ese entonces no comprendía muy bien a qué se referían porque yo pensaba que había que tener un lazo con alguien antes de intentar tener un noviazgo. Obviamente no generalizo, pero yo sentía que era el vivo ejemplo de “Trátalas bien y te mandan a volar o no te pelan. Trátalas mal y estarán muriéndose por ti”, sobre todo porque yo veía a los novios de mis amigas o de mis prospectos de novia, sabía cómo las trataban, las malas jugadas que les hacían, era su paño de lágrimas, pero ellas “no lo podían dejar”, porque les gustaba mucho o estaban total y completamente enamoradas de ellos y pensaban que “podían cambiar”.

Siempre que no tenía novia me sentía mal, incompleto, pero no porque quisiera tener a alguien especial o con quien compartir mis gustos (puesto que con mis amigas era más que suficiente), sino porque sentía que “a mi edad”, debería tener más experiencia con las chicas (no necesariamente del lado sexual), y el complejo de “Eres aburrido. A ninguna le interesa lo que tengas que decir” siempre estaba presente.

Físicamente tampoco nunca he sentido que llamo la atención, y son pocas y contadas las ocasiones en las que alguna chica me ha hablado porque le parezca atractivo; una de ellas fue en la universidad, cuando me dejé la barba por un tiempo. Incluso en la última parte de los años maravillosos se puede ver una foto en donde todavía ando barbudo, pero eso no duró mucho. La barba no me molestaba, pero me hacía ver mucho mayor de lo que era, así que después de que terminó lo de Z decidí afeitarme.

En resumen: no crean que soy un experto en el amor ni en conquistar chicas. Lo que relato en esta serie es tal cual como lo viví, incluyendo lo que sentía o pensaba en ese tiempo. No planeo dar una clase ni un curso intensivo de ligue, porque ni de chiste soy bueno en eso, pero quizá lo que escriba aquí a alguien le servirá como base si es que intenta algún movimiento con alguna chica del país del sol naciente.

A las lectoras: mil disculpas por poner todo esto del lado de “hombre latino con mujer japonesa”. De cualquier forma, las invito a leer la serie y darse cuenta de lo ingenuo que alguien puede llegar a ser cuando se trata de entablar una relación con el sexo femenino.