Una de las preguntas que más frecuentemente me hacen es si nosotros como mexicanos podemos hacer algo para que México funcione de mejor manera, justo como en Japón funcionan las cosas, como el transporte público, por ejemplo. La respuesta, aunque con palabras más o palabras menos, siempre es la misma: sí. La cuestión es que no es tan difícil como todo mundo cree.
¿Qué nos falta? Yo diría que profesionalismo al hacer las cosas.
Mi punto, totalmente debatible y refutable, es el siguiente.
Aunque sé y me consta que hay muchas excepciones, la norma en México al momento de realizar una labor es cansarse lo menos posible; si sale con eso, ya la hicimos: solucionamos el problema, nos evitamos la fatiga de pensarle más y nos van a pagar por ello. ¿Por qué lo digo? Porque la calidad del servicio que se ofrece en México dista mucho de ser la mejor. Y esto no va solamente para servidores públicos o atención al cliente, sino prácticamente a todos los sectores. Nos hace falta profesionalismo.
Ser profesional no es haber cursado una carrera y haberse graduado de la universidad, mucho menos tener maestría o doctorado. Los títulos salen sobrando. Ser profesional es hacer de la mejor manera lo que nos toca hacer, sea lo que sea. Si las cosas se hacen bien y le metemos espíritu mexicano, créanme que se puede hacer un gran cambio con relativamente poco esfuerzo.
Desde el dueño de una compañía hasta un “viene viene”, cada uno desempeña una labor (legal o ilegal es otra historia); si éste la realiza de la mejor manera, su trabajo hablará por él, y eso le puede abrir la puerta a nuevas oportunidades o incluso a mejorar sus ganancias.
Se supone que realizamos un trabajo para proporcionar un servicio, lo que significa que a final de cuentas alguien va a quedar satisfecho o decepcionado de nuestra labor. Tomando los ejemplos anteriores, el dueño de una empresa toma las decisiones que cree convenientes para llevar a su compañía a buen puerto, y al hacerlo todos los miembros de ese lugar deberían ver beneficios también (no necesariamente un aumento de sueldo, aclaro); el dueño le responde a la sociedad en general (por la confianza que depositan en él para proporcionar un servicio), a su grupo de directores (por las decisiones que toma para que la empresa siga generando ganancias), y a sus empleados (por los sueldos y las condiciones de trabajo que acuerda para que su idea marche sobre ruedas). Mientras tanto, el “viene viene” le responde a la gente que estaciona sus carros en los lugares “que cuida” (porque necesitan el lugar y el viene viene les proporciona también un cierto sentido de seguridad), a los que viven en las casas que dan con las banquetas que él cuida (para que no lo vayan a reportar) y hasta a las autoridades (para darles mordida y tenerlas contentas para que no lo vayan a quitar del lugar en donde está). En todos los niveles se necesita que el trabajo se haga bien.
De nuevo insisto: con lo anterior no consiento la actividad que realizan los viene viene, ni los que venden piratería, ni los que aceptan mordida, ni nada similar. Son simples ejemplos para demostrar que en donde sea que se realice una labor, si la hacemos de la mejor manera posible, los principales beneficiados seremos nosotros.
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