De cambios de trabajo – Parte Fukuoka

Llegué a Tokio en agosto de 2011, es decir, casi 2 años y medio después de que me sacaron a patadas haberme graduado del doctorado. Quienes han seguido mi blog desde por ahí de 2008 más o menos estaban enterados de cómo estaba mi situación laboral en ese entonces debido a que llegué a comentarlo brevemente. Lo que nunca conté en ese entonces fue cómo estuvo el proceso del cambio y de lo que tuve que pasar, aguantar e investigar para que todo sucediera de la mejor manera. En su momento no quise escribir al respecto porque pensaba que no era apropiado, pero al pasar el tiempo y adquirir más experiencia me di cuenta de que no era una práctica tan rara en Japón y que quizá esa experiencia podría servirle de referencia a alguien más. La idea no es quemar a alguna persona o institución en particular, sino más bien a las prácticas que en algunos lugares de Japón son todavía relativamente comunes (aunque ciertamente ilegales).

Continue reading “De cambios de trabajo – Parte Fukuoka”

Sequía

Sin temor a equivocarme, creo que éste es el periodo de tiempo más largo que he pasado sin escribir aquí. La diferencia con las veces anteriores es, además del tiempo, el hecho de que lo tenía previsto; sabía que las cosas se iban a poner pesadas desde principios de año, pero debo reconocer que ni yo esperaba que fueran así.

¿Qué pasó?

Por principio de cuentas, tuve una situación de salud delicada en casa. No yo, sino mi esposa. Todo pasó muy rápido. Hubo que tomar medidas un poco más “avanzadas”, pero a fin de cuentas todo salió bien.

Por lo anterior, también tuve la visita de mi suegra durante un par de meses. Y aunque no fue por paseo o recreación, sí debo decir que es una enorme ayuda tener a alguien que ayude con mi hijo cuando hay que concentrarse en otros detalles que, en su momento, requieren de toda la atención que se les pueda dar. La presencia de alguien de la familia fue, en pocas palabras, un respiro entre tanto que se tenía uno que mover y de las precauciones que se debían tomar.  No obstante, obviamente tenía que pasar tiempo con mi hijo; lo disfruto al máximo, siempre lo he dicho, pero durante este tiempo sí fue un poco maś dificil y estresante.

Además, todo lo antes mencionado se juntó con mi actividad de cambio de trabajo. En efecto: estuve en entrevistas desde noviembre del año pasado; entre proyectos, discusiones y nerviosismo por ver si podría obtener el puesto (y al mismo tiempo un aumento de ingresos totalmente necesario), al final la empresa si decidió contratarme. Esto lo detallaré en otro escrito, que espero que no pase tanto tiempo para que vea la luz.

Por más que quería escribir en el blog, sencillamante el tiempo no me lo permitía. Tenía algunos momentos libres, cierto, pero no eran los suficientes para sentarme y dejar que las palabras fluyeran, ni tampoco estaba en la mejor situación para sentirme insipirado, o mejor dicho, con ganas. Publicar artículos aquí es una actividad que disfruto mucho, pero también ya ha referido con anterioridad que un escrito toma tiempo; a veces nada maś tengo la idea en el cuaderno, a veces tengo anotaciones de algo que no quiero que se me pase escribir, y a veces un tema me toma meses porque tengo que leer o investigar algo y luego plasmarlo de tal forma que quede conforme con la redacción (miento… nunca quedo conforme).

Lo que más me dolió respecto al blog durante este tiempo fue que una vez escribí mucho, muchísimo, para publicarlo, y sin embargo tuve un lapsus brutus y lo borré… Mi memoria me decía que lo había dejado guardado en algún servicio en la nube, pero no era así. Era un escrito detallado sobre mi primera transición laboral de este lado del mundo. Lo voy a publicar, solamente que tengo que volver a escribirlo todo desde el principio.

Sí he estado al pendiente de los comentarios y los he estado respondiendo. No obstante, si alguno se me pasó, háganmelo saber. Siempre contesto todo lo que me preguntan, pero con tantas cosas que traía en la cabeza, no me sorprendería que algo se me haya pasado.

¿Qué sigue ahora?

Primero, mi vida va a cambiar mucho a partir de abril. Seguiré en Japón, y ahora sí parece que a mediano o largo plazo. Mi hijo está por entrar al kínder, y al menos en lo que a eso respecta, no me pienso mover de aquí en los 3 años que cursará ahí. Luego, mi cambio de trabajo, del cual estoy con una mezcla rarísima de sentimientos: hay días en los que siento que me va a ir bien y que voy a poder con todo, pero hay otros en los que me paso todo el día con miedo e incertidumbre de si realmente voy a poder, y la “bonita” presión de que si fallo, nos quedamos en la calle.

Puede sonar tonto, pero ese miedo realmente existe. Tampoco es la primera vez que lo siento: cuando me cambié al trabajo que estoy a punto de dejar, estaba igual; no en la misma magnitud, pero sí era la misma mezcla de sentimientos y pensamientos. Siempre me han gustado los retos, pero desde que me convertí en padre, le “entro” con más “precaución” a las cosas porque mi hijo depende 100% de mí (mi esposa también, pero ella puede trabajar) y eso se traduce en miedo, y al mismo tiempo en apoyo mental (tengo miedo de fallar, pero no puedo fallarle a mi familia). Y eso muestra otra faceta de mi personalidad: tiendo a exigirme mucho, muchísimo, y nunca estoy a gusto con lo que hago. He mencionado antes que aprendí a detenerme, voltear y ver el camino que he recorrido, y lo he hecho. Ayuda muchísimo a tranquilizarme, pero también me quedo con la idea de que ya es pasado, y de que eso fue lo que me puso en ese momento, así que solamente hay que ver para adelante y entrarle al toro por los cuernos.

El ritmo de vida va a cambiar también: con mi hijo yéndose muy temprano a la escuela y yo entrando a trabajar mucho más temprano que antes, los horarios se van a recorrer. Por lo tanto, tengo que tomar decisiones sobre a qué hora puedo hacer qué cosa, especialmente porque el tiempo que podré pasar con mi hijo se verá reducido, y eso es lo que quiero maximizar a como dé lugar.

El blog claro que sigue. No esta abandonado ni mucho menos, sino que simplemente hay situaciones que requieren una prioridad mayor que la que éste pueda tener. He seguido respondiendo correos a quienes me escriben directamente y he pasado tiempo respondiendo comentarios; ahora nada más me falta comenzar a escribir de nuevo en forma.

Agradezco mucho a las personas que pasan por aquí y se toman el tiempo de leer lo que a lo largo de casi 15 años he dejado plasmado. Ya casi cumplo 16 años de haber llegado a Japón, y volver a leer artículos que escribí hace 5, 10, 12 años es como un portal que me permite ver y recordar qué estaba haciendo y pensando en esas épocas… Lo que me recuerda que a lo mejor ya estoy senil 😛

Aquí sigo, con menos tiempo y menos pelo (no es broma), pero viviendo, disfrutando y criticando a una sociedad que se convirtió en mi segundo hogar… aunque no hay nada, NADA, que supere unos tacos al pastor de algún puesto (entre maś perros, mejor) y unas buenas tortas ahogadas.

¡Feliz 2019!

El calendario chino se compone, a grandes rasgos, de ciclos de 12 años (digo a grandes rasgos porque hay detalles más específicos), y cada uno está representado por un animal. El último año del ciclo es el del jabalí, que es justo el año que comienza. En japonés se escribe 亥年, y se lee “idoshi”. Además, este año Japón tendrá un nuevo emperador y una nueva era va a comenzar en mayo.

Como mencioné en el kanji del año pasado, el jabalí trae para mí una serie de cambios radicales en mi vida y tengo que estar preparado para ello. Asimismo, el blog sigue y seguirá en pie, esperando que este año pueda hacerme más tiempo para escribir todo lo que tengo pendiente aunado con todo lo nuevo que se presente.

A todos ustedes, les deseo lo mejor para este 2019. Deseo que todos sus deseos se cumplan y que tenga la fuerza de voluntad necesaria para cumplir sus propósitos de año nuevo. Reciban un fuerte abrazo desde Tokio.

El 2018 en un kanji

Kanji de los años anteriores:

Ni cuenta me di cuándo fue que llegamos finales de diciembre. Tuve una enorme carga de trabajo el último mes que apenas me quedaba tiempo para saber en qué día vivía. En fin. Ahora que se supone que estoy de vacaciones (porque uno no descansa con niños en casa) y siguiendo la tradición del blog, aquí resumo mi año en un kanji.

Este año la selección no fue complicada. Mentiría si dijera que no pensé en candidatos más realistas, sobre todo porque el año estuvo lleno de sorpresas no tan gratas, situaciones que pusieron a prueba mi “aguante”, y varias noticias un tanto pesadas no hace mucho tiempo. No obstante, opté por seguir siendo fiel a lo que más me marcó durante los últimos 365 días.

Se lee “Chou”, “Ido”  y significa “reto”, “desafío”. Se usa en palabras como el verbo “idomu” (挑む, retar, desafiar), “Chousen” (挑戦, que tiene el mismo significado de “reto”).

Este año para mí se caracterizó por estar precisamente lleno de retos, tanto en lo personal como en lo intelectual. Terminé el curso avanzado de Deep Learning que estaba tomando en la universidad de Tokio, tuve que hacer trabajo voluntariamente a fuerzas en un par de áreas que no son mi fuerte pero que tienen que ver con mi especialidad, y tuve que tomar algunas decisiones ya con mucho más peso en mi vida y en lo que viene para el futuro.

Cierto es que los retos no terminan este año: ya antes siquiera de iniciar el siguiente se presentará uno bastante grande, y, sin ánimos de adelantar algo todavía, ya estoy en otro reto que tendrá respuesta justo en unas semanas. Se avecinan tiempos “realistas”, que si bien no serán fáciles, tampoco me quiero tirar al drama diciendo que serán muy difíciles. Habrá de todo, pero por lo menos puedo ver el panorama desde ahora para irme preparando.

En cuanto a Japón y el kanji del año, el escogido este año fue 災 (sai), y quiere decir “catástrofe”, “calamidad”, “desastre”. Japón sufrió muchos de estos durante el año: terremotos grandes (Hokkaido, Osaka, Shimane), inundaciones al oeste del país, récord de temperaturas altas en verano y tifones, entre otros. Yo esperaba que ganara el kanji de 平 (hei), porque está por terminar la era Heisei (平成) con la abdicación del emperador y la ascendencia al trono del nuevo el próximo 1 de mayo (y que dicho sea de paso dará lugar a una semana dorada de 10 días); sin embargo, ése quedó en segundo lugar.

Para los interesados, les dejo la liga al documento oficial del kanji del año, la cual incluye el número de votos para cada kanji (se listan los primeros 10), así como algunas opiniones de la gente que votó por ellos. Huelga decir que está en japonés.

¡Nos vemos en 2019!

El cuarto piso

Ya valió madres…

Ustedes perdonarán lo “florido” de la expresión que encabeza este escrito, pero no pude encontrar una que describiera mejor el sentimiento.

Es una tarea titánica resumir lo que ha pasado en una década, sobre todo en una vivida completamente en un lugar tan diferente al del país que te vio nacer y crecer, así que me centraré en lo más importante: decirles que si se les vuelve a ir la pelota a mi jardín ya no se las voy a dar 😛

¡Ah! Qué tiempos aquellos en los que la vida era nada más llegar de la escuela, hacer la tarea y salir a jugar con los de la cuadra, sin importar el riesgo de volar la pelota al jardín de algún vecino y andar buscando forma de recuperarla sin tocarle. Ya llovió, lo sé. Pero regresemos al tema para no mostrar tan descaradamente mi lado senil.

Cuando cumplí 30 años estaba en Guadalajara de viaje justo después de haber ido a una conferencia en el Estado de México. En ese entonces no le di mucha importancia a la fecha puesto que estaba más preocupado acerca de si me podría graduar del doctorado a tiempo o no. Afortunadamente me salió el certificado en una caja de cereal y ¡terminé! (o mejor dicho, me obligaron a terminar). No obstante, aun con el estrés de esos días y la incertidumbre de no saber qué hacer después, el día a día era más fácil. La vida en Iizuka era relativamente tranquila, y después de 5 años de haber vivido ahí me había acostumbrado a lo lento que transcurrre el tiempo ahí.

Ahora que cumplo 40, mucho ha cambiado. Dejando de lado la parte física (arrugas, menos pelo, más dolores musculares, etc., etc.), la pasada década fue de cambios intensos en mi vida y en mi forma de pensar… y en la cantidad de horas que puedo dormir al día. Resumiendo:

  • Dejé la zona de confort llamada “Iizuka” y me lancé a la aventura llamada “Tokio”, lo que profesionalmente hablado ha dejado resultados mixtos.
  • Me amarré casé.
  • Viví en carne propia lo que es estar a punto de perder toda la esperanza por culpa de un trabajo, o mejor dicho, de un jefe totalmente inepto y déspota.
  • Me convertí en padre.
  • Visité por primera vez Europa. Me falta nada más tocar tierra en África para haber visitado “los cinco continentes”.
  • Aprendí a tirar el orgullo con tal de ver caras felices (que valen totalmente la pena).
  • Asistí a mi primer EVO.
  • Conocí gente que en la vida pensé que podría hacerlo.
  • Aunque recientemente con intervalos de inactividad por razones obvias, seguí escribiendo el blog, y gracias a él, he podido conocer  (en persona) de México y otros países.

Cuando estás más joven, te llegas a preguntar cómo las personas de más edad dejan de hacer cosas, se vuelven “aburridas” y se la pasan hablando la mayor parte del tiempo de lo mejor que eran las cosas antes. Disfrutas pensando que a ti nunca te va a pasar, que tú vas a ser cool, la excepción a la regla cuando llegues a esa edad. Y lo curioso es que lo sigues pensando sin darte cuenta de que, poco a poco,  esos cambios se van dando y es muy probable que tú no los percibas, pero puedes estar seguro de que la gente que convive contigo sí. Cuando menos lo piensas, llegaste a una edad que veías lejana, y aunque sí, es cierto que eres diferente y que no caíste en todos los estereotipos de los que alguna vez te quejabas, también lo es el hecho de que muchas de esas características y comportamientos se volvieron parte de ti, no porque tú lo hayas querido, sino que se fueron acoplando a las situaciones que viviste y a las decisiones que tomaste.

Concretamente hablando de ser un mexicano en Japón, no ayuda tampoco el estar entre dos culturas y tratar de estar al tanto de ambas. La gente con la que crecí y era (o sigue siendo) mi amiga, también ha cambiado con el paso de los años, pero a ellos les afectaron sucesos y experiencias diferentes que los que a mí, y por ende no podemos estar en sintonía como lo hacíamos antes. Lo mismo pasa con la familia y hasta con el mismo lugar de nacimiento: todo lo quieres ver como lo dejaste o quieres tratar a la gente (o quienes que te traten) basado en lo que tú has vivido. Obviamente no se puede.

Todo se oye muy dramático, y hasta parece que ya estoy “chocheando”, pero no (al menos no que yo sepa :P). Simplemente quiero entrar en esta década con la mente clara, con plena identificación de lo bueno y lo malo, tanto para disfrutar lo primero como para combatir lo segundo. Y quizá para algunos parezca exagerado o todavía muy rápido, pero es buen momento de ir pensando sobre el legado que quiero dejar, y en general, del futuro a largo (aunque ya ni tanto) plazo. Se vienen decisiones muy pesadas, y no les voy a mentir cuando les digo que seguramente en más de alguna voy a sufrirle, pero no todo será malo, yquiero ese sufrimiento y esas bondades que las decisiones van a traer consigo sean recibidas de la mejor forma posible. Ya no nada más es para mí, ahora soy el arquitecto y director de una familia, y debo considerar todo como tal. Nunca aceptar lo que venga, o “el destino”, sino trabajar para llegar a él y para cambiar las circunstancias que, en este momento, no son buenas. En resumen: debo aprender a amalgamar la mente que tenía hace más de 15 años cuando recién vine a Japón con la mente de ahora que soy padre y jefe de familia, con el “extra” de serlo en un país tan diferente al mío.

Y bueno… después de los párrafos anteriores donde me estoy cortando las venas con galletas de animalitos mientras nieva y hay música de violines acompañando, hay que celebrar que llegué al cuarto piso. No, todavía no quiero mi cocol (pero ya se antoja). No habrá fiesta ni nada parecido ($$$), mas espero al menos darme el gusto de comer algo rico hoy.

Una última cosa: seguirán ganando puntos malos si me hablan de usted. Los acusaré directamente con Santa Claus, el niño Dios, los Santos Reyes o quienes sean que les traigan juguetes en Navidad 😛

Desconectado

¿Qué hay para el blog después de 14 años de vida?

A decir verdad, mucho. El problema radica en el tiempo para poder plasmar todo en palabras. Pero no crean que no he hecho nada al respecto. Tengo, como siempre, varios artículos incompletos que están esperando ser completados y publicados; uno de ellos es de esos largos, pero no sé exactamente qué tanto se vaya a extender.

Como siempre, he estado activo en los comentarios, respondiendo preguntas y agradeciendo el tiempo que brindan en escribirme algo. Se aprecian mucho, de verdad.

¿Qué ha pasado durante este tiempo de sequía en el blog? En resumen: mucho y poco. Ustedes perdonarán la ambivalencia de la respuesta, pero no encuentro mejor manera de expresarlo. Pasó septiembre (tuve que editar esta parte porque se supone que iba a salir algo para los 14 años del blog que se cumplieron en ese mes), fui al Tokyo Game Show otra vez, se acabó el verano (para mi desgracia), hice corajes interminables en el trabajo (y en algunos me tragué mi orgullo temporalmante… ya llegará mi momento), y me puse a analizar mucho mi situación actual, tanto como individuo, profesionista, esposo y padre de familia. Podría recopilar todo en una frase sencilla: “tipo de análisis, de proyecciones y de cambios”.

Por lo anterior, he estado desconectado del mundo sin realmente estarlo. Sí, otra vez con la ambigüedad, pero explico: aunque sí estoy al pendiente de las redes sociales y medio leo respecto a lo que me interesa (videojuegos, tecnología, investigación, etc.), sí me he perdido de noticias “serias” o “importantes” de Japón. Creo que estoy más enterado de lo que pasa en México (incluyendo algunos memes) que de lo que pasa a mi alrededor en Japón. Rara vez veo televisión, lo cual no ayuda, y los trayectos hacia y desde el trabajo siguen igual que antes: sesiones de Netflix, videojuegos o libros. Pero cuando alguien me pregunta algo de lo que supuestamente está sucediendo a mi alrededor, no puedo responder al instante.

Por increíble que parezca, no es culpa nada más del trabajo. Cierto es que las responsabilidades en él han aumentado (y sueldo se ha quedado igual, gracias), sino que además de eso es chocar de frente con la realidad por enésima vez, y darme cuenta de detalles que hasta el momento no eran tan importantes pero que poco a poco van cobrando relevancia.

Una de las cosas que decidí hacer fue tener un espacio real en el que pueda relajarme en casa y pueda jugar videojuegos con mi hijo sin tener que “robarle” la televisión a mi esposa. Parece fácil, pero después de meses (por no decir años) de estar ignorando deshacerme de un montón de tiliches que conservaba más bien por flojera y no tanto por nostalgia, desescombrar el cuarto donde tengo la computadora se ha convertido en todo un reto. Ya verán la diferencia una vez que termine, y no crean que no he comenzado: ya se han ido mangas (algunos regalados, algunos vendidos), un montón, pero montón, de panfletos de las películas a las que iba hace 12-14 años, y están por irse muchos CDs también. Tiré el sofá que compré con Emi hace ya muchos ayeres y que nos acompañó durante tantos años y aventuras desde que estábamos en Fukuoka. Ahora, estoy en busca de otro más pequeño, que cumpla ciertas características, y al mismo tiempo estoy en una eterna pelea entre deshacerme de mi escritorio (y que Emi dice es excesivamente grande) y comprar uno más pequeño, o dejarlo ahí y jugar con el poco espacio que me queda en el ya de por sí reducido cuarto. La cuestión es que ese escritorio sí lo necesito (no es por nostalgia), pero debo ser sincero de que es raro cuando realmente me puedo poner a avanzar en mis proyectos personales en la casa, que es cuando realmente aprovecho la mayoría del espacio que ofrece.

Contrario a lo que algunos pudieran pensar, no me estoy volviendo zombie ni mucho menos. Cierto es que pronto (en menos de un mes al momento de que esto salga publicado) voy a cumplir 40 años (hasta acá se alcanzaron a oír los “ruuuuuco” que más de alguno de ustedes dijo o pensó) y que quizá por la edad ya me preocupan más cosas del futuro, siendo el retiro una de ellas, por mencionar un ejemplo. He estado considerando muchas opciones, qué me conviene más, pero todavía no llego a una decisión concreta. Comentaba sobre esta decisión hace poco más de un año durante una tranmisión en vivo en YouTube, y se acerca el momento de tomarla. De ahí que el tono de las cosas se haya vuelto mucho más serio últimamente. No que no hubieran sido serias antes, sino que hay muchas perspectivas y caminos y tengo que enfocarme en las que valen más la pena para mí y para mi familia.

En lo que al blog respecta, no se ha muerto, ni se morirá (al menos no pronto). Parte del proceso de cambio incluye también encontrar ese tiempo que necesito para sentarme a escribir respecto a situaciones que quiero dejar plasmadas aquí. Además, y como mencioné al principio, sigo activo en los comentarios ya que es más fácil responder a una pregunta en concreto que desarrollar un tema para un escrito. Lo que sí les puedo comentar sobre el blog es que el gasto del hosting ya ha comenzado a pesar. NO voy a poner anuncios ni mucho menos. Lo menciono porque quiero que valga la pena el dinero gastado, y eso se logra escribiendo aquí, por lo que estoy usando eso como fuente de motivación para dedicarle un poco más de tiempo a esto. Eso sí, no me es posible regresar al ritmo de escritura que tenía antes de ser padre, pero estoy consciente de que es parte de la adaptación que tengo que hacer.

Sigo vivo, estoy bien, nada más que más pensativo que de costumbre. 14 años después y el blog también está vivo, y todavía hay mucho que contar.

(Re)creando a un “gamer”

En uno de los escritos resaltados del blog escribí sobre lo importante que los videojuegos han sido para mí, y de cómo me ayudaron en muchas ocasiones durante mis años mozos.

Ese gusto por los videojuegos no disminuyó con el paso del tiempo, y sigue latente aun al momento de escribir esto. Sin embargo, por las obligaciones de la vida real que uno no se puede quitar, el tiempo y la cantidad de títulos que puedo disfrutar es considerablemente menor a la que realmente me gustaría completar. He dejado pasar grandes títulos desde la generación del PS3 (recordar que en Japón el XBox nunca pegó), y ahora con la generación del PS4 ni se diga.

Hace tiempo también comenté sobre cómo poco a poco había comenzado a agarrar ritmo nuevamente gracias a las consolas portátiles, especialmente con los RPG. Mi PSP ha aguantado mucho; mi 3DS sigue en pie, y más recientemente el Switch me ha permitido disfrutar de títulos de generaciones pasadas que simplemente no pude ni siquiera revisar por falta de tiempo (Bayonetta es uno de ellos). Y es que las largas idas y regresos del y hacia el trabajo son la oportunidad perfecta para jugar sin distracciones, siempre y cuando consiga sentarme en los trenes. Jugar en consola se ha convertido en toda una proeza debido a las atenciones que tengo con mi hijo. Sí, tengo mi “tiempo libre” y lo aprovecho, pero definitivamente no es suficiente como para acabarme la librería de títulos que tengo. Últimamente le he dado prioridad a juegos de pelea (que de entrada ya me gustaban desde hace mucho) porque puedo dejar de jugar rápidamente cuando se necesita, incluso si estoy en medio de un encuentro (a lo más hay que esperar un par de minutos), pero ni así es suficiente para poder subir mi nivel como antes lo solía hacer, ya que hay que estudiar framedata, practicar combos y movimientos, y luego si dejas de practicar por un largo periodo de tiempo (digamos un par de semanas) tienes que volver a entrenar tu memoria muscular para poder hacer los movimientos de forma precisa… Creo que se entiende el punto.

Hace algunos meses, mi hijo comenzó a mostrar interés por los videojuegos debido a que varias veces me iba a buscar cuando se despertaba y me encontraba jugando Street Fighter V o Tekken 7. Dejé que usara mi joystick y comenzó a moverle como lo haría un niño de su edad, pero le gustó, y eso fue para mí una señal de que algo podía hacer para que ese interés creciera. No tuve necesidad de pensar mucho: usaría el Famicom Mini.

Continue reading “(Re)creando a un “gamer””

3, tres, 三

Honestamente, me es difícil decir si un año ha pasado muy rápida o muy lentamente. Parece que fue ayer cuando estaba escribiendo el segundo escrito de esta lista, y sin embargo, haciendo memoria no puedo dejar de sorprenderme de todo lo que pasó ni del crecimiento que mi hijo ha experimentado durante ese tiempo.

Quizá lo que a mí me causa más asombro es el hecho de que él maneje 2 idiomas como si nada. Bueno, casi. Su japonés es mucho más fluído que su español, pero este último no está tan mal, y me deja impresionado cómo la mente de los niños funciona para que él cometa errores comunes en conjugaciones de verbos irregulares, como “yo sabo”, o “yo me poní los zapatos”, sin que le haya enseñado explícitamente esas palabras.

Con mi hijo creciendo, se ha vuelto mucho más fácil pasar tiempo con él y llevármelo a pasear (nada más nosotros dos): acuarios, zoológicos, arcadias (le encantan Mario Kart y Luigi’s Mansion, aunque últimamente a este último le ha tenido miedo) y hasta karaoke. Debo confesar que la primera vez que salimos juntos sí estaba nervioso, pero después de un día de ver Shinkansen, ir al acuario de Sumida y contemplar el Skytree, la pasé muy bien, y verlo sonreír fue lo mejor de la experiencia. Hasta medallita conmemorativa hicimos. Y de ahí en delante agarré confianza y ahora ya ni es necesario hacer planes para ir a algún lado en específico.

En contraste, algunas situaciones se han vuelto también más complicadas. Por ejemplo, darle de comer toma mucho tiempo, nada más quiere comer lo que le gusta (termina comiéndose todo, pero después de un rato); dormir es otra de ellas, pues poco a poco comienza a poner más resistencia a la hora de hacer la meme porque todo el tiempo quiere jugar. Asimismo, está desarrollando vergüenza, y ahora tarda más en ser él mismo cuando está alguien que no conoce, no quiere que lo cambien en presencia de nadie más, está en la edad del “¿por qué?”, etc., etc.

He de confesar que hay días en los que de plano siento que no me sale nada bien, pero es precisamente en ellos cuando veo a mi hijo jugar y hablarme en español cuando me doy cuenta de que al menos algo no estoy haciendo mal. Y lo corroboro cuando él me pide que juguemos “Super Mario World” (ya lo terminamos), “Yoshi’s Island” (en proceso), “Mega Man X” (también terminado) o “Little Nemo Dream Master” para “ganarle al pingüino malo y a la mantarraya mala” (sus palabras tal cual). También voy a confesar que me da mucho gusto cuando por las mañana se levanta y me ve jugando Street Fighter V y me dice: “Papá, ¿estás jugando Street Fighter?” 😀 He estado jugando con él el Super Street Figher II de Super Famicon, y su personaje favorito es Blanka (ahí le estoy fallando, pero corregiré eso a la brevedad posible :P).

También ha comenzado una nueva batalla: la escuela. Aunque por su edad no pudo entrar al kínder este año, ya está yendo al “pre-kínder”. Todavía no se adapta, pues se la pasa llorando o enojado, pero ahí la llevamos.

Hace tres años tuve la sensación más hermosa de toda mi vida. Hoy, en el tercer cumpleaños de mi hijo, me es grato darme cuenta de que no terminó ahí, sino que ha seguido vigente todo el tiempo.

¡Felicidades en tu tercer cumpleaños hijo! Este año aprenderás a andar en bicicleta 😀

Y ahora, vamos a comer pastel 🙂

Decisiones – 15 años después

Aunque se me pasó la fecha para publicar esto (originalmente iba a salir el 2 de abril), me quise esperar un poco para editar algunas cosas… y como siempre no quedé a gusto con los cambios :/

Últimamente me he puesto a pensar sobre el tiempo que he vivido en Japón, pero de una forma diferente: dándome cuenta de que las jóvenes de 18 años ahora tenían 3 cuando brinqué el charco. Por más joven que uno quiera sentirse, los años siempre están para recordarnos que ya no lo estamos tanto. Y es que el shock es diferente (o de menor intensidad) si piensas “tengo 15 años en Japón” que “los que ahora son mayores de edad en México tenían 3 años cuando yo me vine para acá”… El fregadazo pega fuerte, y aunado a los “regalitos” que trae el estrés de la vida de este lado del mundo, no puedes evitar pensar que, en efecto, los años no pasan en balde.

No crean que me pongo melancólico y dramático por eso. Siempre he pensado que con la edad viene mucha experiencia y que cada época tiene su forma particular de disfrutarse. No obstante, cuando estás entre dos culturas (la que dejaste en tu país y la del país en donde vives) y te das cuenta de que por responsabilidades y compromisos simplemente ya no puedes estar “en la onda”, o mejor dicho “en dos ondas”, el peso se siente más.

Lo anterior se debe sin duda a que, a pesar de que tengo tanto tiempo por acá, realmente siempre había pensado en Japón como un lugar pasajero, que en algún momento iba a dejar. Con todos sus pros y contras, una parte de mí siempre se ha negado a creer que éste es el mejor lugar en el que podría estar. Ahora bien, eso de “el mejor lugar” no necesariamente cumple mis expectativas, pero como ya no estoy solo ya no nada más es lo que yo piense o sienta, sino que tengo que poner en la balanza también lo que los otros miembros de la familia piensan y sienten que es lo mejor. Es como intentar llegar a un acuerdo tácito, tanto con la familia como con uno mismo.

No, no estoy diciendo que ya en definitiva me voy a quedar aquí, sino que poco a poco se acerca la hora de tomar esa decisión, y tengo que considerar todos los factores relevantes para poder hacerlo. Y es ahí cuando realmente añoro la época en la que podías intentar una y mil cosas, y simplemente cambiar de rumbo si algo salía mal. Nunca huír, siempre terminar lo que uno comienza, pero no quedarse en algo más tiempo del necesario. Es ahí donde recuerdo ese sentimiento que tuve cuando vine a Japón por primera vez en 2002, y luego regresé becado en 2003. Y también es ahí donde digo “Sip. De plano me falta mucho para considerarme una persona madura, pero ahora ya no soy joven. En unos meses voy a pasar a ser un ‘cuarentón’. ¿Me va a dar una crisis por eso o de plano ya me está dando y no me quiero dar cuenta?”.

Uy sí, súper profundo todo lo anterior.

Mi hijo crece, y con ello comienzan los planes ya más a futuro. En concreto en este momento: escuela. Todavía le falta un año para entrar al kínder, pero desde ahora tiene que comenzar con actividades que lo prepararán para ese momento, y de preferencia en el lugar en donde queremos que entre. ¿En pocas palabras? $$$. Si me quiero mover de Japón, tiene que pasar en a lo más 3 años a partir de ahora, pero para moverme necesito tener seguridad y estabilidad al lugar donde me vaya a ir; ya no es nada más decir “pues me lanzo y como puro atún en lata y me acomodo en un rincón”. No, no quiero todo en bandeja de plata, pero al menos sí necesito lo esencial para darle la estabilidad que mi familia necesitará en cualquier lugar al que nos movamos.

Pese a que ya lo comenté, aquí lo vuelvo a recalcar: realmente me desanimó mucho lo que pasó hace poco con cierta institución educativa de mi tierra natal, y más porque no es la primera vez que me la aplican de forma similar. Con todo, me ayudó a sacudirme la cabeza y pensar con más calma y seriedad en lo que pasaría si regreso a México. Además, creo que no estoy solo: así como yo, fuera de México hay muchos paisanos (de diferentes profesiones y oficios, muchos de ellos muchísimo mejores que yo) que se preguntan si realmente vale la pena regresar al terruño, especialmente cuando no tienes “palancas” o formas de asegurar un buen puesto, y más con familia… Respeto muchísimo a aquellos que ya tomaron la decisión definitiva de regresar (o ya regresaron y están echándole ganas), así como también respeto muchísimo a aquellos que ya decidieron que están mejor en donde están y, por mucho que amen México, no van a regresar. Cada uno está en su derecho y ni yo ni nadie puede ni debe reprocharles nada, mucho menos aquellos que no tienen idea de lo que uno vive fuera de su país pero se la pasan criticando a los que vivimos fuera, por la razón que ustedes quieran y gusten.

Japón ha sido mi segundo hogar por ya 3 lustros. Hay mucho que no me agrada de aquí, pero es parte de lo que uno tiene que sacrificar por lo que sí le gusta. En contraste, México también tiene muchas cosas buenas, pero las malas ahí están también. Sin duda, no hay país perfecto, y a donde uno vaya y se quede se tiene que acostumbrar.

Mi idea de quedarme en Japón después de que me salió el título de doctor en una caja de cereal terminé el doctorado era porque precisamente sentía que no había terminado aquí. Todo fue muy rápido, y de haber optado por regresar a México en ese entonces me iba a dejar con la idea incómoda de que no terminé mi ciclo aquí, aunque el doctorado estuviera terminado. Incluso cuando regresé de visita a México en 2012 recuerdo que me despedí de mis papás diciendo: “Me voy porque todavía tengo cosas que hacer allá”. Mi vida en Tokio todavía no cumplía un año, y acababa de terminar una de las épocas más difíciles que he tenido en la vida, así que no había ni un gramo de duda en mi decisión. Ahora creo que estoy cerca del punto donde debo cerrar un círculo para abrir otro, y quizá sea aquí mismo, pero ya con una visión a futuro más clara y concreta.

Van 15 años, y algo me dice que todavía faltan más.

La animación japonesa por fin encuenta un lugar en México

Durante la serie de los años maravillosos, y específicamente en la parte 4.5 escrita en 2011, comenté un poco sobre mi afición a la animación japonesa y al mismo tiempo mencioné brevemente la situación que el anime y manga vivían en ese entonces en México (y posiblemente Latinoamérica). Quise retomar el tema debido a los cambios que la afición ha vivido en México en los últimos meses, aunque se han venido cocinando desde hace algunos años.

Es necesario mencionar con detalle (ahora sí) la situación que se vivía en los años 90, tanto para refrescar la mente de los que vivimos esa época como para poner en contexto a las nuevas generaciones que no lo hicieron o que eran muy pequeños para darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Inserten aquí todas las exclamaciones de “¡Ya estás ruco!”, “¡ya llovió!”, “uuuuuuuu” y similares, pues aunque diga que no, esto va a sonar a historias de ésas en las que los niños se sentaban alrededor del abuelo mientras éste las contaba.

Tengan muy en cuenta lo siguiente: todo lo que aquí escribo es enteramente basado en mi percepción y experiencia. Ciertamente no soy la persona más informada al respecto y seguramente hay muchos más que pueden ahondar en alguno de los temas aquí referidos (si no en todos). Además, recuerden que tengo casi 15 años (al momento de escribir esto) viviendo fuera de México, por lo que seguramente se me van a escapar detalles de la situación del medio durante todo ese lapso.

Continue reading “La animación japonesa por fin encuenta un lugar en México”