2 años después

Voy a centrarme nada más en el tema de este escrito. La actualización respecto a lo que al blog se refiere la haré en otro.

Hablaré (escribiré) con la verdad: han sido 2 años que se han sentido como una década. Y es que todo se juntó: pandemia, trabajo, estado mental no adecuado, encierro, miedo… Pero, ¿qué les cuento a ustedes? Si todos pasamos por lo mismo. Nadie veía venir una pandemia, ni que fuera a durar tanto. Recuerdo que uno de mis amigos la minimizó por completo (incluso burlándose) porque decía que no habría tantos muertos y en poco tiempo se iba a acabar. Van más de 2 años, y aunque ya se ve una salida, todavía no llegamos a ella.

Y dentro de todo eso, un día como hoy, justo hace 2 años, justo a la hora en el que esto vea la luz, me convertí en padre por segunda vez. Todo en medio de una emergencia sanitaria, pero con todo y miedo, mi segundo hijo vino a llenar de alegría nuestras vidas, independientemente de la situación.

Dicen, con mucha razón, que los niños tienen ese poder mágico que te hace sonreír aunque por dentro te sientas morir. Y en mi caso ha sido algo más o menos así, literalmente: no me quería morir (obviamente), pero la forma en la que me sentí una gran parte del año pasado era terrible, al grado que, como ya he referido antes, pensé que de verdad no iba a terminar el año.

Lamento mucho que, debido a mi estado emocional, el año pasado cambié mucho con mis hijos. Ahora, con los sentimientos y la mente en un estado mucho más favorable y gracias a la ayuda de muchas personas, me doy cuenta de que no se debe a que ya esté viejo (no manchen, tengo 43 apenas :P) el hecho de que perdiera tan rápidamente la paciencia y que no fuera tan tranquilo y sereno con mi hijo chico como lo fui con el grande cuando era un bebé. Las cosas como son: perdí (aunque no por completo), un año de convivencia con mi familia. Pero tenía que mejorar, quería mejorar, y hoy en día todo se ve mucho muy diferente.

Mis hijos han crecido, pero quizá el que más creció ha sido yo.

Entre tanta cosa que sucede en el día a día y las responsabilidades de padre y jefe de familia, he aprendido a aceptarme nuevamente; recordé cómo ser analítico, y poco a poco, insisto, con ayuda de muchos personas, he ido retomando las riendas de mi vida y he aprendido a no autoflagelarme, especialmente por cosas que ni estaban bajo mi control. Pero lo mejor de todo ha sido ser padre, con toda la inexperiencia que uno tiene. No obstante, es ella la “estrella” del show, y el sentimiento y satisfacción de volver a aprender algo se siente al final de cada día. Aunque claro… no voy a negar que a veces en la noche ya pido esquina.

Gracias por llegar a mi vida hijo. Escucharte balbucear en español y japonés, correr, señalar, llorar, comer… todo, hace que cada día valga la pena (nada más duérmete temprano, por fa).

¡Feliz cumpleaños!

¡Feliz año 2022!

A la fregada se va el año de la vaca que tantos retos trajo, incluyendo la situación más dura en mi vida (hasta el momento).

Este año es el del tigre, y espero que sea el mejor de sus vidas. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, y aprovéchenlos mientras los tengan cerca. Yo me tengo que alistar para comenzar a trabajar este año, pero sí me tomaré un descanso un poco más adelante.

Un gran abrazo, y por aquí sigo a sus órdenes.

Mi canción favorita de este 2021 que se acaba

Pónganle el closed caption para que salgan subtítulos en inglés.

¿Necesito decir más? Esta canción es una excelente representación de lo que muchos japoneses sienten y quisieran decir. La canción es de 2020, pero fue este año cuando la conocí.

Ado, la cantante, tiene 19 años, y esta canción fue su debut. En la Wikipedia pueden encontrar un poco más de información al respecto.

Conociéndome a mí mismo, de nuevo

Una de las muchas cosas que me aconsejaron en terapia fue la de encontrar nuevos mecanismos de defensa contra las situaciones de estrés, puesto que los que tenía habían sido destruídos y tenía que volver a formarlos, porque los que tenía ya no me iban a volver a funcionar. Bien, he dedicado una buena parte de mi tiempo a eso; he encontrado algunos que han funcionado y otros que han fallado. Sin embargo, después de un buen rato de pensar, sentí la necesidad de autoconocerme otra vez para ver si es posible reconocer patrones y de ahí encontrar nuevos mecanismos de los ya mencionados.

Sin duda, la ayuda y el apoyo que recibí de amigos y conocidos ha sido valiosísima. Durante esas interacciones pude darme cuenta de varios de los factores que desataron todo lo que me pasó durante este año, y me di cuenta de que al fin podía enfrentarme a unos que había preferido enterrar; creía que le mejor opción era simplemente ignorarlos, pero la realidad es que ni podía, ni tampoco quería, puesto que las quejas indirectas eran recurrentes.

Esta entrada intenta ser un espejo de mí mismo en este momento, cuando está por terminar el 2021. Ojalá que en años posteriores cuando lo vuelva a leer, haya crecido y dejado atrás todo lo malo, y pueda referirme a este año como uno de profundo aprendizaje.

¿Por dónde empezar?

Continue reading “Conociéndome a mí mismo, de nuevo”

El 2021 en un kanji

Kanji de los años anteriores:

  • El 2019 en un kanji

  • El 2018 en un kanji
  • El 2017 en un kanji
  • El 2016 en un kanji
  • El 2015 en un kanji
  • El 2014 en un kanji
  • El 2013 en un kanji
  • El 2012 en un kanji
  • El 2011 en un kanji
  • El 2010 en un kanji
  • El 2009 en un kanji
  • El 2008 en un kanji
  • El 2007 en un kanji

  • Este año no le tuve que pensar mucho. Hubo un suceso que lo marcó desde el inicio, y aunque pensé que sería bueno no catalogar mi año con este kanji, decidí hacerlo tanto para enfrentarlo y aceptarlo, como para dejar registro fiel de lo que ha sido este periodo de tiempo.

    El kanji se lee “utsu”, y uno de sus significados es “depresión”.

    A decir verdad, todo este rollo comenzó justo a finales del año pasado. Recuerdo como me la pasé trabajando 4 días, de 6 AM a 11 PM después de salir de vacaciones porque me aterraba no poder entregar resultados. Ése fue el momento en el que todo explotó… y de ahí todo se fue para abajo.

    Si ustedes me hubieran preguntado entre enero y abril si creía que iba a terminar el año, invariablemente mi respuesta habría sido un rotundo “no”. Y no, no era que tuviera pensamientos suicidas; realmente sentía que me ahogaba, que no era capaz de resolver ningún problema, que sencillamente era un fracaso. Veía el fin del año como algo a años luz de distancia, no porque pensara que mágicamente todo se arreglaría en cuanto 2022 comenzara, sino porque no me podía imaginar cómo iba a pasar todos esos meses en el estado en el que me encontraba.

    Para mi fortuna, he recibido mucho apoyo de gente que realmente se preocupa por mí. También decidí buscar ayuda profesional, y heme aquí, no al 100%, pero definitivamente mucho mejor. Sigo en el proceso de buscar nuevas bases mentales que me ayuden a enfrentar los problemas del futuro, pero es un gran avance.

    Escribiré más al respecto en otra entrada.

    El kanji del 2021 en Japón

    Este año no le seguí la pista como antes, pero como sigo la cuenta oficial en Twitter, de repente me encontré con el anuncio oficial, el cual, siendo sinceros, se me hizo totalmente X:

    See lee principalmente “kin”, y significa “oro”.

    Las principales razones por las que fue elegido son:

    • La destacada participación de la delegación japonesa en las olimpiadas de Tokio 2020, que como todos saben se celebraron este año después de haber sido pospuestas por el coronavirus
    • El increíble desempeño de Shohei Otani en el béisbol de las grandes ligas. En japonés, lograr un desempeño que será recordado por muchísimos años se expresa 字塔を打ち立てる (kinjitou o uchitateru)

    Digo que se me hizo X porque este kanji casi siempre es el elegido cuando hay olimpiadas, por lo que lo hemos visto en años anteriores: 2016 y 2012.

    Aunque para muchos el haber celebrado las olimpiadas en medio de la pandemia puede sonar como un éxito y algo que celebrar, la verdad es que para los que vivimos en Japón, y concretamente en Tokio, fue más un evento que causó polémica. Yo sinceramente pensé que se cancelarían, pero no fue así, pero no se permitieron espectadores en los eventos realizados en Tokio (porque hubo otros que se llevaron a cabo en otros lugares: en Sapporo, por ejemplo, fueron los maratones, para evitar el calorón que hace en Tokio durante esas fechas). El caso es que las olimpiadas pasaron, Japón ganó muchas medallas olímpicas, y a final de cuentas a la gente le gustó.

    Como es costumbre en estas entradas, les deseo lo mejor para el siguiente año. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, o si no les es posible, pásenla bien aunque estén lejos de los que aman. Espero de todo corazón que nadie tenga que pasar por lo que he pasado yo durante 2021, y si alguien está en una situación similar: NO ESTÁN SOLOS. Analicen en dónde están ahora, y pidan ayuda si la requieren. SE VALE ESTAR TRISTE, PERO TAMBIÉN SE VALE PEDIR AYUDA. No es signo de debilidad mental, ni nada por el estilo. No todo es una prueba para ver si podemos salir adelante por nuestra cuenta; hay que aprender a reconocer cuando las cosas se salen de nuestro control y que necesitamos quién nos eche la mano.

    Un gran abrazo a todos.

    Nivel 43

    Híjole. Tenía el plan de escribir algo especial hoy, pero las obligaciones como papá simplemente me quitaron la energía para hacerlo. Tendrá que esperar hasta este fin de semana.

    Sin embargo, no quería dejar pasar este día sin escribir siquiera un mensaje corto aquí. He aprendido muchísimo durante este año sobre todo de un tema que, hablando francamente, no conocía por completo: yo. Todo este rollo de la depresión me ha hecho ver el mundo desde otra perspectiva diferente, una que creía conocer pero que en realidad apenas siquiera medio entendía el concepto. De ahí que ahora, en vez de años, hablo de niveles de experiencia, como en los RPG.

    Lo viejo no se me va a quitar, pero todo lo demás es tratable, y a eso me voy a dedicar.

    Más detalles en el siguiente escrito, que espero que salga este fin de semana.

    Saludos, y aquí sigo.

    Hablando de seguros

    Hace poco más de un mes, entre esos raros días del verano japonés donde por extrañas razones no hace tanto calor, no hay un tifón cerca pero sí está soplando el viento como si de uno se tratase, tuve la mala fortuna de pegarle a la puerta de un carro con mi puerta en el estacionamiento de un supermercado. Lo que más me dolió es que ni siquiera tuve oportunidad de reaccionar porque el viento me arrebató la puerta justo en cuanto la abrí…

    En el carro al que le pegué no había nadie. Revisé inmediatamente los daños esperando que no fuera a ser tan notorio, pero obviamente lo era. No obstante, no era un golpe tan extremo, pero de cualquier forma tendría que hablarle al seguro para avisarles y que se hiciera lo necesario para reparar el daño. He de ser sincero: si me hubiera dado a la fuga probablemente nadie hubiera notado nada. Sin embargo, recordé que hace muchos años a mí mi tocó que le pegaran a mi carro de forma similar y la persona esperó a hablar conmigo en vez de ignorar el asunto; además, la verdad no me iba a sentir nada bien conmigo mismo si no me hubiera hecho responsable. Así que, a esperar a que el dueño llegara.

    El tiempo que transcurre entre que comienzas a esperar y que el dueño aparezca parece eterno, y te pasan muchas cosas por la cabeza: la clase de persona que será, las posibles reacciones que tendrá ante el percance, represalias en caso de que sea alguien conflictivo (sí, también los hay por este lado del charco), y un montón de etcéteras que lo único que hacen es alimentar una ansiedad que de por sí ya está a flor de piel.

    Después de unos 10 minutos llegó aquella esperada persona: una señora de unos 60 años que había realizado compras cotidianas. Ahora, imagínense la reacción de dicha señora al ver que de repente un extranjero la saluda, le explica lo que pasó y le pide que vean juntos el daño, no sin antes asegurarle que el seguro pagará los daños. Les doy 10 segundos…

    Su primera reacción fue de susto, que ahora que lo pienso mejor podría ser clasificada hasta como de terror: brincó hacia atrás al ver su puerta, y era notable que intentaba tener la menor interacción posible conmigo porque se alejaba de mí y trataba de mantener su distancia. Afortunadamente, se calmó y me dijo que en cuál compañía de seguros estaba mi carro, y cuando le respondí, me dijo que ella personalmente quería hablar con mi representante. Asentí y marqué por teléfono, explicándole al representante lo que la señora quería, pero ella se negó, y me dijo que ella quería marcar directamente desde su teléfono. Ahí entendí qué estaba pasando: ella estaba siendo precavida tanto en dar sus datos personales como en que no estuviera siendo estafada por mí, ya que podría ser que yo me hubiera puesto de acuerdo con alguien para asegurarle a ella de que los daños serían reparados y después simplemente desaparecerme. El representante dijo que no había problema, por lo que le pasé los datos a ella y, acto seguido, marcó. Su rostro mostró cierta tranquilidad al corroborar lo que yo le había dicho, e incluso mencionó que le daba cierta tranquilidad el hecho de que la hubiera esperado, porque era más fácil huír del lugar y hacerse de la vista gorda.

    Con todo, nunca me quiso pasar sus datos. Yo tuve que corroborar que el representante ya tenía los de ella para poder también estar en paz. Al final, y después de unas 10 disculpas profundas de mi parte, la señora me dijo que no había problema: confiaba en que los daños se pagarían y que todo estaba bien. Me agradeció mucho todo y se fue.

    Hasta aquí todo está, digamos, normal. Y así estaba hasta que recordé lo que un policía me dijo una vez: hay que dar aviso a la policía ante cualquier accidente, por mínimo que sea. Hablé aterrado con el representante de seguros y me dijo que, aunque era cierto, en este caso no era necesario por las siguientes razones:

    • La persona afectada ya había confirmado que no había nadie en el carro cuando sucedió el accidente
    • Yo estaba plenamente consciente de que había sido mi culpa

    La policía llega a dar parte de un accidente para determinar que no hay heridos y deslindar responsabilidades. El seguro necesita una declaración formal de la policía para estimar cómo y de cuánto va a ser el pago necesario, pero como en este caso las dos partes estaban de acuerdo en que todo era 100% de mi lado y no había nadie en el carro en el momento del golpe, el seguro se podía usar sin mayor problema.

    Al menos eso era un alivio… hasta que vino la parte “fea”:

    Debido a que cualquier golpe a otro carro se trata como accidente, la cuota mensual del seguro aumentará por 3 años en un total de 110,000 yenes. El representante me dijo que si la reparación salía en menos de eso, me convenía mejor pagarlo de mi bolsa para que la cuota no se incrementara. Suena lógico, pero de todas formas es una buena cantidad la que tendría que desembolsar.

    El golpe había sido algo realmente pequeño, algo que un buen laminero en México repararía por una cantidad justa y haría un trabajo profesional (sí, conozco el trabajo de varios lamineros en mi rancho y son realmente buenos), así que por un instante pensé que no sería tanto, pero recordé que esto es Japón y aquí para todo hay protocolo… Además, hace también muchos ayeres un amigo tuvo un accidente similar y el chistecito le había salido en 70,000 yenes (que su seguro pagó).

    Llegó el presupuesto de la reparación: 120,000 yenes más el costo de renta de un carro provisional mientras el de la señora estaba en reparación. O sea: a usar el seguro.

    El representante me dijo que de una vez reparara mi carro también con el seguro, ya que de cualquier forma iba a user usado. El daño que tuvo mi carro es realmente mínimo, al grado que hay que estarlo buscando para poderse dar cuenta de que tiene un par de raspones. Hoy pregunté en la agencia del carro y el señor que ha sido el que me ha atendido desde el año pasado me dijo:

    “Si fuera yo, no lo repararía. Es un daño mínimo y prácticamente ignorable. Pero como de todas formas vas a usar el seguro, pues vamos reparándolo. Hay que cambiar toda la parte de abajo de la puerta”.

    TODA LA PARTE DE ABAJO DE LA PUERTA POR DOS RASPONES

    Digo, sí, el seguro va a pagar, pero no manchen, sí que se van a los extremos aquí. Estoy casi seguro que un buen laminero en México se aventaría el trabajo en un par de horas, me cobraría mucho menos y todo sería de gran calidad (insisto: sí confío en los mecánicos de México, al menos en los que he conocido).

    Al final, la lecciones aprendidas fueron:

    • Obviamente hay que tener seguro para andar en carro aquí, Ya lo sabía, pero esto me lo volvió a recordar por si lo iba a olvidar algún día en mi vida en Japón. Si no hubiera tenido seguro, quién sabe en qué lío estaría hoy
    • Si un accidente del calibre del que tuve sale en 120,000 yenes, no quiero ni pensar en lo que sale uno más estrepitoso
    • NUNCA soltar la puerta del carro al abrirla cuando haya viento. No quiero más sorpresitas como ésta
    • Ya le bailé con 110,000 yenes durante 3 años

    Así de divertidas las cosas por acá. Afortunadamente no hubo personas lesionadas ni fue un accidente que lamentar (más de lo que ya lo he lamentado).

    La escalera – parte 3: Compras compulsivas

    衝動買い (shoudougai) es la palabra japonesa para “compras compulsivas”. Nunca había sido alguien que recurriera a ellas, pero una de las formas en las que me puse a lidiar con la ansiedad fueron ellas, al menos temporalmente.

    Tampoco es como que haya comprado cuanto se me puso enfrente, pero las compras que hice en ese tiempo fueron realmente innecesarias, aunque también fui selectivo (en la mayoría de los casos) y compré cosas que me servirían o que sabía que iba a usar.

    Fire HD 10 Plus

    Hasta que no adquirí una Fire HD 10 del modelo anterior me percaté de que era mucho más conveniente tener una tablet para ciertas ocasiones en las que el teléfono se quedaba corto. Esa tablet me sirvió mucho. Cuando vi que había salido un nuevo modelo y leí varias reseñas al respecto, no le pensé mucho y en el Amazon Prime Day me hice de una 10 plus, que ha sido mi fiel compañera en las noches de insomnio para leer manga o ver algún video en lo que me quedo dormido. Sí fue compra compulsiva, pero sinceramente no me arrepiento.

    Google Nest Mini, 2da. generación

    Siendo sincero, no he sido muy fan de usar ningún asistente de voz. El de Google en el teléfono muy rara vez lo utilizaba para recordatorios y algunas búsquedas, pero hasta ahí. Decidí probar a Alexa con un Echo Show 1era generación (que sí fue compra planeada) y me sorprendió cómo la familia se adaptó al asistente de Amazon en muy pocos días, al grado de que ahora es muy usado por mi esposa y mi hijo el grande.

    Estaba contento con Alexa y consideraba un Echo Dot para el cuarto de trabajo, pero hubo algo que no me gustó para nada: la limitación en cuanto a varios lenguajes. A Alexa se le puede configurar para que hable japonés, inglés, español, entre otros, y también un limitado número de pares de idiomas, como japonés e inglés o inglés y español. Cuando no pude ponerla en japonés y español, cayó de mi gracia, y sabiendo por experiencia que con Google no tenía ese problema, cuando vi una promoción del Google Nest Mini 2da. generación casi casi lo compré al instante.

    Ahora, siendo realistas: sí lo uso diario con algunas rutinas, especialmente en la mañana para escuchar las noticias y el clima, pero no es que necesitara uno urgentemente. De éste tampoco me arrepiento, pero sí es un gadget que quizá pude haber esperado más para comprar.

    Bravo Sling Max

    De ésta sí no tengo excusa.

    Mientras anda por YouTube me salió el video promocional del Kickstarter de esta bolsa/valija/llámele usted como quiera y sin pensarlo dos veces la compré. NO, DEFINITIVAMENTE NO me sobra el dinero; creo que esa noche andaba en un estado emocional no muy bueno y en un arranque de “¿por qué demonios no?” finalicé la compra.

    Veamos:

    • No me hace falta una bolsa así, aunque ésta se ve bastante funcional
    • Debido al coronavirus, casi no salgo más que a lo necesario
    • Ni siquiera tengo una laptop que me quisiera llevar a donde fuera a salir

    Ni hablar. De ésta sí me arrepiento, pero algún uso le he de dar :/

    Disney+ de Estados Unidos

    Si de por sí no tengo tiempo de ver lo que tengo en mi lista de Netflix, casi ni uso Amazon Prime Video, ¿por qué tendría que pagar por otro servicio de streaming? Creo que a lo que más le saco provecho es a Spotify por tanta música (o ruido blanco últimamente) que escucho mientras trabajo. Pero bueno…

    Disney+ también está oficialmente en Japón, pero dije: “A ver: si este servicio se lo voy a poner a mi hijo, quiero que tenga la opción de español como idioma”. Y con eso de que tiene a Pixar y al MCU, pues mejor me fui directamente por el de Estados Unidos.

    El proceso para obtenerlo fue largo, pero al final valió la pena, mucho más de lo imaginado. Ciertamente no lo veo diario, pero he encontrado algunas cosas a las que les estoy siguiendo la pista, y aunque sea de a 10-15 minutos por vez, sí lo estoy disfrutando. Ahora estoy viendo “What if…” de Marvel.

    Compra compulsiva, sí lo fue, pero me alegro de haberlo hecho

    TKO Tournament Keyboard

    Tengo sentimientos encontrados con este teclado, pero no es porque no me haya gustado, sino porque en realidad desde hace mucho quería comprar un Edge, de la misma marca:

    Sí tenía muchas ganas de un Edge, sobre todo porque ya he trabajado con teclados ergonómicos y me gustó mucho la experiencia. Entonces, ¿de dónde salió el TKO?

    Benditos anuncios en YouTube… ¿Necesito decir más?

    El caso es que vi el TKO y recordé cómo me gustaba usar el HHKB2:

    La tecla Control está donde debe de estar

    El diseño fue lo que me convenció, y en la tienda (en línea) de donde provenía el anuncio lo tenian en oferta. Tampoco lo pensé mucho y lo compré… Y hasta después recordé que no tenía mucho de haber comprado un teclado mecánico precisamente para usarlo mientras trabajaba. La compra estaba hecha, y la verdad no quería cancelarla.

    Escogí los switch café… y déjenme decirles que gracias a eso no me arrepiento de la compra y que es de los mejores teclados que he usado. El TKO se convirtió inmediatamente en mi teclado “de batalla”, y el anterior pasó a ser usado en la desktop de la casa, es decir: sí se usa, pero en menor medida.

    Ya le paré… espero

    Con la mejora en mi condición creo… CREO… que volví a mis cinco sentidos al momento de hacer compras, y la prueba está en que me han dado ganas de comprarme audífonos bluetooth, un gaming mouse (tengo uno ya), una gaming laptop (que implicaría endeudarme porque ni de chiste la alcanzo a pagar de contado) y un largo etc., pero ahora cuestiono el uso real que cada artefacto tendrá y termino por desechar la idea, o por “esperarme”. Además, estoy a la caza de un PS5, y si en una de ésas me gano una de las rifas y lo puedo comprar, prefiero poder hacer ese gasto porque sé que invertiré en algo para divertirme y darme gusto, que en algo que tengo que tratar de justificar por qué lo quiero comprar.

    Sigo en el camino hacia arriba, pero no crean que todo ha sido fácil y que no me he caído de nuevo, pero estoy encontrando la fuerza perdida para levantarme cuantas veces sea necesario, porque voy a salir de ésta sí o sí.

    La (no tan activa) caza de un Playstation 5

    Encontrar un Playstation 5 en Japón no es una tarea fácil. Y aunque la situación es similar en muchos otros países, me limitaré a relatar lo que sucede aquí.

    Primero, para evitar innecesarias aglomeraciones de gente, no hay venta directa en las tiendas (en un momento hablo de las excepciones). Cada vez que una tienda saber que va a tener PS5 en existencia, anuncia una rifa, que puede o no tener condiciones para poder entrar a ella; los interesados (y los que cumplan las reglas, si las hay) se registran y esperan los resultados. Los ganadores tienen el derecho de comprarlo.

    Parece simple, y de hecho lo es, pero si tomamos en cuenta que las unidades que las tiendas ponen en existencia son bastante limitadas (promedio de 100, pero no todas dicen exactamente cuántas), y que el número de personas que se anotan para dichas rifas es mucho mayor, la probabilidad de ganar es muy reducida. Incluso en las que tienen condiciones, que podría parecer que la probabilidad de ganar es mayor, es frustrante. Dichas condiciones varían de tienda en tienda, pero se pueden resumir en una o varias de las siguientes:

    • Tener una cuenta “premier” que esté ligada a una tarjeta de crédito,
    • Historial de compras por al menos X cantidad de dinero en los últimos Y meses
    • Bajar y registrarse en la aplicación de la tienda, además de hacer al menos una compra en ella.

    Ahora bien: el precio oficial de la consola es de 54978 yenes en su versión que acepta discos, o 43978 yenes en su versión digital. Sin embargo, los revendedores están a la orden del día para quienes no puedan esperarse más o se hayan cansado de no ganar en las rigas, obviamente con su respectivo aumento de precio, que, sinceramente, cae en lo ridículo:

    Y estos están decentes (tomados de http://rakuten.co.jp). En Amazon Japan se podían encontrar hasta por cerca de 140000 yenes, lo cual es totalmente ridículo. Por cierto, me recibí varios comentarios expresando sorpresa por la presencia de revendedores en Japón, pero no son tan raros como se podría imaginar.

    Se preguntarán entonces si los sitios como Amazon, Rakuten, Mercari y demás no pueden prohibir la reventa. y la respuesta es no. La razón es porque, argumentan, la compra final es un acuerdo entre el vendedor y el comprador, por lo que este último acepta las condiciones que el primero establece. Solamente pueden cancelar tiendas si éstas incurren en algo ilegal o en prácticas que rayen en ello; de otra forma, no hay mucho por hacer.

    Mencionaba arriba sobre excepciones en ventas directas en tiendas. Grandes cadenas como Yodobashi Camera seguido tienen unidades en existencia y se venden directamente sus establecimientos… pero solamente a clientes que tengan su tarjeta de crédito de la misma tienda, que si bien no cuesta nada tramitarla (y quizá a algunos les convenga si es que todavía no tienen una), no es una opción tan viable para quienes ya tienen una o varias tarjetas de crédito.

    Amazon Japan tiene semanas que pone en existencia PS5 los viernes alrededor de las 9 AM, pero, como se podrán imaginar, es increíblemente difícil poder comprarlo debido a que muchísimas otras personas intentan hacer lo mismo, los servidores se saturan, y de repente el PS5 que tenías en tu carrito de compras mágicamente ya no está disponible. De hecho, tengo uno versión digital esperando en mi lista de “comprar después”, que nunca puedo poner de nuevo en el carrito porque en el instante en el que lo hago se agotan.

    Varios amigos me han enviado fotos de PS5 en existencia en México; incluso varias personas me han sugerido comprarlo en México y enviarlo a Japón, pero cuando vi el precio que se maneja por allá, y pensando en los posibles impuestos que me cobrarían, no es tan buena opción, o al menos no es tan diferente de los precios manejados por los revendedores.

    Definitivamente no es que me urja tener uno a la voz de ya. La caza se ha vuelto más bien un meme que hago para desestresarme cuando les miento la madre a los revendedores cada viernes con el objetivo de sacar algo del estrés de la semana. Incluso he tenido ofrecimientos de buenos amigos aquí en Japón de comprarlo en donde ellos viven cuando hay en existencia y enviármelo a mi casa, pero como todavía no necesito uno, las he agradecido y rechazado al mismo tiempo. Total, sé que cuando quiera comprarlo ellos estarán ahí para ayudarme si no es que se ha normalizado la venta por este lado del mundo.

    Muchos japoneses están disgustados con la situación (aunque no se pueda hacer mucho realmente), y la voz contra los revendedores es unísona. Hay muchas páginas que recopilan información de unidades en existencia, rifas ocurriendo y lista de las que van a ocurrir en los siguientes días, entre las que puedo mencionar:

    Interesados en seguir la pista del PS5 en Japón pueden seguir #PS5抽選 en Twitter.

    Mi aventura continúa.

    El pozo – parte 3 — La escalera – parte1

    Quiero creer que lo más pesado está quedando atrás, y que de aquí en delante las cosas van a mejorar.

    He tenido días extremadamente pesados y difíciles, y todavía continuán, pero comencé a notar algo diferente de unos días para acá: estoy mucho más atento las acciones de los demás y a las palabras y expresiones que usan al comunicarse conmigo, especialmente de las personas con las que convivo a diario. Eso me ha ayudado a identificar ciertos patrones de conducta, expresiones e incluso palabras que inconscientemente me ponen en alerta. Esto ha sido muy bueno, porque comienzo a entender más sobre mi comportamiento y la forma en la que me veo reflejado con los demás.

    Obviamente no voy a decir que las medicinas no me han ayudado, pues estaría mintiendo. Comenzarme a sentir como yo otra vez se sintió bastante raro. Es difícil describirlo detalladamente, pero después de despertar cada día sintiendo literalmente que todo sería catastrófico y con una pesadez del tamaño de Júpiter durante muchos meses, levantarse y simplemente pensar que sería un día pesado, pero sintiendo que podía, y sin la sensación de ansiedad que me comía todas las energías y me hacía estar exhausto a tan solo unas pocas horas de haber amanecido, todo fue como un momento de paz, de calma y quietud, como si no los hubiera sentido antes. Ahí fue cuando sentí el primer peldaño de la escalera perdida que andaba buscando para poder comenzar mi retorno a la superficie y dejar de una buena vez el pozo en el que estoy.

    Estoy plenamente consciente de que todavía falta mucho, pero si hay algo que pueda decir con 100% de confianza es que ya voy para arriba. Esa luz que se veía en la lejanía comienza a verse más cerca; ahora ando buscando el siguiente peldaño para darme otro impulso hacia arriba.

    Además, toda esta experiencia me ha ayudado a conocerme mejor, pero sobre todo, a aprender a identificar esas señales que uno manda de forma inconsciente cuando necesita ayuda pero todavía no lo dice explícitamente. Es decir: a ser mucho más empático y poder identificar y ayudar a quienes se lleguen a sentir como yo me sentí. Y tuve suerte porque mi caso no fue tan grave, pero podría haberlo sido de no ser porque me di cuenta de que algo andaba mal y me animé a expresarlo y pedir ayuda. Si alguien que lea esto piensa que “estoy loco” por haber aceptado ayuda, les tengo malas noticias: ya lo estaba desde hace mucho tiempo 😀 😀 :D. En todos lados hay un estigma sobre la salud mental, pero es algo que ni es un chiste ni tampoco debe ser tema de discriminación. Se siente horrible, y uno no escoge sentirse así, ni tampoco se trata de uno siempre esté triste ni es cuestión nada más de “echarle más ganas”. Estoy casi seguro de que hay más de una persona entre mis conocidos que necesita ayuda, pero no se ha dado cuenta (y no puedes ayudar a nadie que no quiera ser ayudado), y con “ayuda” no me refiero necesariamente a ir con un psiquiatra y recibir medicamento; ni siquiera tampoco a ir con un psicólogo (aunque no estaría de más). El simple hecho de sacar el estrés, de tener a alguien con quien platicar, con quien compartir algo, quien te escuche y te entienda, es un apoyo inimaginable, y muchos de nosotros podemos aportarlo sin mucho esfuerzo.

    ¿Hay alguien entre sus conocidos al que sientan que pueden extenderle la mano y ayudarle en este aspecto? De ser así, lo mejor que pueden hacer es expresar que están ahí para esa persona, para cuando se necesite, y de verdad estarlo para cuando llegue el momento. Les aseguro que, aunque ustedes no lo crean, escuchar o verse con alguien e intercambiar una conversación, que no necesariamente tiene que ser de temas tristes u oscuros, proporciona una enorme ayuda, que quizá la persona adecuada no pueda dimensionar propiamente porque todavía no se da cuenta, pero el sentimiento de agradecimiento y la paz interior que uno siente después de eso es prueba fehaciente de que ha servido.

    Vamos para arriba pues. Pian pianito, y completamente consciente de que me puedo caer de nuevo, pero ahora ya sé dónde está el primer peldaño, así que miedo no tengo.