Hablando de seguros

Hace poco más de un mes, entre esos raros días del verano japonés donde por extrañas razones no hace tanto calor, no hay un tifón cerca pero sí está soplando el viento como si de uno se tratase, tuve la mala fortuna de pegarle a la puerta de un carro con mi puerta en el estacionamiento de un supermercado. Lo que más me dolió es que ni siquiera tuve oportunidad de reaccionar porque el viento me arrebató la puerta justo en cuanto la abrí…

En el carro al que le pegué no había nadie. Revisé inmediatamente los daños esperando que no fuera a ser tan notorio, pero obviamente lo era. No obstante, no era un golpe tan extremo, pero de cualquier forma tendría que hablarle al seguro para avisarles y que se hiciera lo necesario para reparar el daño. He de ser sincero: si me hubiera dado a la fuga probablemente nadie hubiera notado nada. Sin embargo, recordé que hace muchos años a mí mi tocó que le pegaran a mi carro de forma similar y la persona esperó a hablar conmigo en vez de ignorar el asunto; además, la verdad no me iba a sentir nada bien conmigo mismo si no me hubiera hecho responsable. Así que, a esperar a que el dueño llegara.

El tiempo que transcurre entre que comienzas a esperar y que el dueño aparezca parece eterno, y te pasan muchas cosas por la cabeza: la clase de persona que será, las posibles reacciones que tendrá ante el percance, represalias en caso de que sea alguien conflictivo (sí, también los hay por este lado del charco), y un montón de etcéteras que lo único que hacen es alimentar una ansiedad que de por sí ya está a flor de piel.

Después de unos 10 minutos llegó aquella esperada persona: una señora de unos 60 años que había realizado compras cotidianas. Ahora, imagínense la reacción de dicha señora al ver que de repente un extranjero la saluda, le explica lo que pasó y le pide que vean juntos el daño, no sin antes asegurarle que el seguro pagará los daños. Les doy 10 segundos…

Su primera reacción fue de susto, que ahora que lo pienso mejor podría ser clasificada hasta como de terror: brincó hacia atrás al ver su puerta, y era notable que intentaba tener la menor interacción posible conmigo porque se alejaba de mí y trataba de mantener su distancia. Afortunadamente, se calmó y me dijo que en cuál compañía de seguros estaba mi carro, y cuando le respondí, me dijo que ella personalmente quería hablar con mi representante. Asentí y marqué por teléfono, explicándole al representante lo que la señora quería, pero ella se negó, y me dijo que ella quería marcar directamente desde su teléfono. Ahí entendí qué estaba pasando: ella estaba siendo precavida tanto en dar sus datos personales como en que no estuviera siendo estafada por mí, ya que podría ser que yo me hubiera puesto de acuerdo con alguien para asegurarle a ella de que los daños serían reparados y después simplemente desaparecerme. El representante dijo que no había problema, por lo que le pasé los datos a ella y, acto seguido, marcó. Su rostro mostró cierta tranquilidad al corroborar lo que yo le había dicho, e incluso mencionó que le daba cierta tranquilidad el hecho de que la hubiera esperado, porque era más fácil huír del lugar y hacerse de la vista gorda.

Con todo, nunca me quiso pasar sus datos. Yo tuve que corroborar que el representante ya tenía los de ella para poder también estar en paz. Al final, y después de unas 10 disculpas profundas de mi parte, la señora me dijo que no había problema: confiaba en que los daños se pagarían y que todo estaba bien. Me agradeció mucho todo y se fue.

Hasta aquí todo está, digamos, normal. Y así estaba hasta que recordé lo que un policía me dijo una vez: hay que dar aviso a la policía ante cualquier accidente, por mínimo que sea. Hablé aterrado con el representante de seguros y me dijo que, aunque era cierto, en este caso no era necesario por las siguientes razones:

  • La persona afectada ya había confirmado que no había nadie en el carro cuando sucedió el accidente
  • Yo estaba plenamente consciente de que había sido mi culpa

La policía llega a dar parte de un accidente para determinar que no hay heridos y deslindar responsabilidades. El seguro necesita una declaración formal de la policía para estimar cómo y de cuánto va a ser el pago necesario, pero como en este caso las dos partes estaban de acuerdo en que todo era 100% de mi lado y no había nadie en el carro en el momento del golpe, el seguro se podía usar sin mayor problema.

Al menos eso era un alivio… hasta que vino la parte “fea”:

Debido a que cualquier golpe a otro carro se trata como accidente, la cuota mensual del seguro aumentará por 3 años en un total de 110,000 yenes. El representante me dijo que si la reparación salía en menos de eso, me convenía mejor pagarlo de mi bolsa para que la cuota no se incrementara. Suena lógico, pero de todas formas es una buena cantidad la que tendría que desembolsar.

El golpe había sido algo realmente pequeño, algo que un buen laminero en México repararía por una cantidad justa y haría un trabajo profesional (sí, conozco el trabajo de varios lamineros en mi rancho y son realmente buenos), así que por un instante pensé que no sería tanto, pero recordé que esto es Japón y aquí para todo hay protocolo… Además, hace también muchos ayeres un amigo tuvo un accidente similar y el chistecito le había salido en 70,000 yenes (que su seguro pagó).

Llegó el presupuesto de la reparación: 120,000 yenes más el costo de renta de un carro provisional mientras el de la señora estaba en reparación. O sea: a usar el seguro.

El representante me dijo que de una vez reparara mi carro también con el seguro, ya que de cualquier forma iba a user usado. El daño que tuvo mi carro es realmente mínimo, al grado que hay que estarlo buscando para poderse dar cuenta de que tiene un par de raspones. Hoy pregunté en la agencia del carro y el señor que ha sido el que me ha atendido desde el año pasado me dijo:

“Si fuera yo, no lo repararía. Es un daño mínimo y prácticamente ignorable. Pero como de todas formas vas a usar el seguro, pues vamos reparándolo. Hay que cambiar toda la parte de abajo de la puerta”.

TODA LA PARTE DE ABAJO DE LA PUERTA POR DOS RASPONES

Digo, sí, el seguro va a pagar, pero no manchen, sí que se van a los extremos aquí. Estoy casi seguro que un buen laminero en México se aventaría el trabajo en un par de horas, me cobraría mucho menos y todo sería de gran calidad (insisto: sí confío en los mecánicos de México, al menos en los que he conocido).

Al final, la lecciones aprendidas fueron:

  • Obviamente hay que tener seguro para andar en carro aquí, Ya lo sabía, pero esto me lo volvió a recordar por si lo iba a olvidar algún día en mi vida en Japón. Si no hubiera tenido seguro, quién sabe en qué lío estaría hoy
  • Si un accidente del calibre del que tuve sale en 120,000 yenes, no quiero ni pensar en lo que sale uno más estrepitoso
  • NUNCA soltar la puerta del carro al abrirla cuando haya viento. No quiero más sorpresitas como ésta
  • Ya le bailé con 110,000 yenes durante 3 años

Así de divertidas las cosas por acá. Afortunadamente no hubo personas lesionadas ni fue un accidente que lamentar (más de lo que ya lo he lamentado).

La escalera – parte 3: Compras compulsivas

衝動買い (shoudougai) es la palabra japonesa para “compras compulsivas”. Nunca había sido alguien que recurriera a ellas, pero una de las formas en las que me puse a lidiar con la ansiedad fueron ellas, al menos temporalmente.

Tampoco es como que haya comprado cuanto se me puso enfrente, pero las compras que hice en ese tiempo fueron realmente innecesarias, aunque también fui selectivo (en la mayoría de los casos) y compré cosas que me servirían o que sabía que iba a usar.

Fire HD 10 Plus

Hasta que no adquirí una Fire HD 10 del modelo anterior me percaté de que era mucho más conveniente tener una tablet para ciertas ocasiones en las que el teléfono se quedaba corto. Esa tablet me sirvió mucho. Cuando vi que había salido un nuevo modelo y leí varias reseñas al respecto, no le pensé mucho y en el Amazon Prime Day me hice de una 10 plus, que ha sido mi fiel compañera en las noches de insomnio para leer manga o ver algún video en lo que me quedo dormido. Sí fue compra compulsiva, pero sinceramente no me arrepiento.

Google Nest Mini, 2da. generación

Siendo sincero, no he sido muy fan de usar ningún asistente de voz. El de Google en el teléfono muy rara vez lo utilizaba para recordatorios y algunas búsquedas, pero hasta ahí. Decidí probar a Alexa con un Echo Show 1era generación (que sí fue compra planeada) y me sorprendió cómo la familia se adaptó al asistente de Amazon en muy pocos días, al grado de que ahora es muy usado por mi esposa y mi hijo el grande.

Estaba contento con Alexa y consideraba un Echo Dot para el cuarto de trabajo, pero hubo algo que no me gustó para nada: la limitación en cuanto a varios lenguajes. A Alexa se le puede configurar para que hable japonés, inglés, español, entre otros, y también un limitado número de pares de idiomas, como japonés e inglés o inglés y español. Cuando no pude ponerla en japonés y español, cayó de mi gracia, y sabiendo por experiencia que con Google no tenía ese problema, cuando vi una promoción del Google Nest Mini 2da. generación casi casi lo compré al instante.

Ahora, siendo realistas: sí lo uso diario con algunas rutinas, especialmente en la mañana para escuchar las noticias y el clima, pero no es que necesitara uno urgentemente. De éste tampoco me arrepiento, pero sí es un gadget que quizá pude haber esperado más para comprar.

Bravo Sling Max

De ésta sí no tengo excusa.

Mientras anda por YouTube me salió el video promocional del Kickstarter de esta bolsa/valija/llámele usted como quiera y sin pensarlo dos veces la compré. NO, DEFINITIVAMENTE NO me sobra el dinero; creo que esa noche andaba en un estado emocional no muy bueno y en un arranque de “¿por qué demonios no?” finalicé la compra.

Veamos:

  • No me hace falta una bolsa así, aunque ésta se ve bastante funcional
  • Debido al coronavirus, casi no salgo más que a lo necesario
  • Ni siquiera tengo una laptop que me quisiera llevar a donde fuera a salir

Ni hablar. De ésta sí me arrepiento, pero algún uso le he de dar :/

Disney+ de Estados Unidos

Si de por sí no tengo tiempo de ver lo que tengo en mi lista de Netflix, casi ni uso Amazon Prime Video, ¿por qué tendría que pagar por otro servicio de streaming? Creo que a lo que más le saco provecho es a Spotify por tanta música (o ruido blanco últimamente) que escucho mientras trabajo. Pero bueno…

Disney+ también está oficialmente en Japón, pero dije: “A ver: si este servicio se lo voy a poner a mi hijo, quiero que tenga la opción de español como idioma”. Y con eso de que tiene a Pixar y al MCU, pues mejor me fui directamente por el de Estados Unidos.

El proceso para obtenerlo fue largo, pero al final valió la pena, mucho más de lo imaginado. Ciertamente no lo veo diario, pero he encontrado algunas cosas a las que les estoy siguiendo la pista, y aunque sea de a 10-15 minutos por vez, sí lo estoy disfrutando. Ahora estoy viendo “What if…” de Marvel.

Compra compulsiva, sí lo fue, pero me alegro de haberlo hecho

TKO Tournament Keyboard

Tengo sentimientos encontrados con este teclado, pero no es porque no me haya gustado, sino porque en realidad desde hace mucho quería comprar un Edge, de la misma marca:

Sí tenía muchas ganas de un Edge, sobre todo porque ya he trabajado con teclados ergonómicos y me gustó mucho la experiencia. Entonces, ¿de dónde salió el TKO?

Benditos anuncios en YouTube… ¿Necesito decir más?

El caso es que vi el TKO y recordé cómo me gustaba usar el HHKB2:

La tecla Control está donde debe de estar

El diseño fue lo que me convenció, y en la tienda (en línea) de donde provenía el anuncio lo tenian en oferta. Tampoco lo pensé mucho y lo compré… Y hasta después recordé que no tenía mucho de haber comprado un teclado mecánico precisamente para usarlo mientras trabajaba. La compra estaba hecha, y la verdad no quería cancelarla.

Escogí los switch café… y déjenme decirles que gracias a eso no me arrepiento de la compra y que es de los mejores teclados que he usado. El TKO se convirtió inmediatamente en mi teclado “de batalla”, y el anterior pasó a ser usado en la desktop de la casa, es decir: sí se usa, pero en menor medida.

Ya le paré… espero

Con la mejora en mi condición creo… CREO… que volví a mis cinco sentidos al momento de hacer compras, y la prueba está en que me han dado ganas de comprarme audífonos bluetooth, un gaming mouse (tengo uno ya), una gaming laptop (que implicaría endeudarme porque ni de chiste la alcanzo a pagar de contado) y un largo etc., pero ahora cuestiono el uso real que cada artefacto tendrá y termino por desechar la idea, o por “esperarme”. Además, estoy a la caza de un PS5, y si en una de ésas me gano una de las rifas y lo puedo comprar, prefiero poder hacer ese gasto porque sé que invertiré en algo para divertirme y darme gusto, que en algo que tengo que tratar de justificar por qué lo quiero comprar.

Sigo en el camino hacia arriba, pero no crean que todo ha sido fácil y que no me he caído de nuevo, pero estoy encontrando la fuerza perdida para levantarme cuantas veces sea necesario, porque voy a salir de ésta sí o sí.

La (no tan activa) caza de un Playstation 5

Encontrar un Playstation 5 en Japón no es una tarea fácil. Y aunque la situación es similar en muchos otros países, me limitaré a relatar lo que sucede aquí.

Primero, para evitar innecesarias aglomeraciones de gente, no hay venta directa en las tiendas (en un momento hablo de las excepciones). Cada vez que una tienda saber que va a tener PS5 en existencia, anuncia una rifa, que puede o no tener condiciones para poder entrar a ella; los interesados (y los que cumplan las reglas, si las hay) se registran y esperan los resultados. Los ganadores tienen el derecho de comprarlo.

Parece simple, y de hecho lo es, pero si tomamos en cuenta que las unidades que las tiendas ponen en existencia son bastante limitadas (promedio de 100, pero no todas dicen exactamente cuántas), y que el número de personas que se anotan para dichas rifas es mucho mayor, la probabilidad de ganar es muy reducida. Incluso en las que tienen condiciones, que podría parecer que la probabilidad de ganar es mayor, es frustrante. Dichas condiciones varían de tienda en tienda, pero se pueden resumir en una o varias de las siguientes:

  • Tener una cuenta “premier” que esté ligada a una tarjeta de crédito,
  • Historial de compras por al menos X cantidad de dinero en los últimos Y meses
  • Bajar y registrarse en la aplicación de la tienda, además de hacer al menos una compra en ella.

Ahora bien: el precio oficial de la consola es de 54978 yenes en su versión que acepta discos, o 43978 yenes en su versión digital. Sin embargo, los revendedores están a la orden del día para quienes no puedan esperarse más o se hayan cansado de no ganar en las rigas, obviamente con su respectivo aumento de precio, que, sinceramente, cae en lo ridículo:

Y estos están decentes (tomados de http://rakuten.co.jp). En Amazon Japan se podían encontrar hasta por cerca de 140000 yenes, lo cual es totalmente ridículo. Por cierto, me recibí varios comentarios expresando sorpresa por la presencia de revendedores en Japón, pero no son tan raros como se podría imaginar.

Se preguntarán entonces si los sitios como Amazon, Rakuten, Mercari y demás no pueden prohibir la reventa. y la respuesta es no. La razón es porque, argumentan, la compra final es un acuerdo entre el vendedor y el comprador, por lo que este último acepta las condiciones que el primero establece. Solamente pueden cancelar tiendas si éstas incurren en algo ilegal o en prácticas que rayen en ello; de otra forma, no hay mucho por hacer.

Mencionaba arriba sobre excepciones en ventas directas en tiendas. Grandes cadenas como Yodobashi Camera seguido tienen unidades en existencia y se venden directamente sus establecimientos… pero solamente a clientes que tengan su tarjeta de crédito de la misma tienda, que si bien no cuesta nada tramitarla (y quizá a algunos les convenga si es que todavía no tienen una), no es una opción tan viable para quienes ya tienen una o varias tarjetas de crédito.

Amazon Japan tiene semanas que pone en existencia PS5 los viernes alrededor de las 9 AM, pero, como se podrán imaginar, es increíblemente difícil poder comprarlo debido a que muchísimas otras personas intentan hacer lo mismo, los servidores se saturan, y de repente el PS5 que tenías en tu carrito de compras mágicamente ya no está disponible. De hecho, tengo uno versión digital esperando en mi lista de “comprar después”, que nunca puedo poner de nuevo en el carrito porque en el instante en el que lo hago se agotan.

Varios amigos me han enviado fotos de PS5 en existencia en México; incluso varias personas me han sugerido comprarlo en México y enviarlo a Japón, pero cuando vi el precio que se maneja por allá, y pensando en los posibles impuestos que me cobrarían, no es tan buena opción, o al menos no es tan diferente de los precios manejados por los revendedores.

Definitivamente no es que me urja tener uno a la voz de ya. La caza se ha vuelto más bien un meme que hago para desestresarme cuando les miento la madre a los revendedores cada viernes con el objetivo de sacar algo del estrés de la semana. Incluso he tenido ofrecimientos de buenos amigos aquí en Japón de comprarlo en donde ellos viven cuando hay en existencia y enviármelo a mi casa, pero como todavía no necesito uno, las he agradecido y rechazado al mismo tiempo. Total, sé que cuando quiera comprarlo ellos estarán ahí para ayudarme si no es que se ha normalizado la venta por este lado del mundo.

Muchos japoneses están disgustados con la situación (aunque no se pueda hacer mucho realmente), y la voz contra los revendedores es unísona. Hay muchas páginas que recopilan información de unidades en existencia, rifas ocurriendo y lista de las que van a ocurrir en los siguientes días, entre las que puedo mencionar:

Interesados en seguir la pista del PS5 en Japón pueden seguir #PS5抽選 en Twitter.

Mi aventura continúa.

El pozo – parte 3 — La escalera – parte1

Quiero creer que lo más pesado está quedando atrás, y que de aquí en delante las cosas van a mejorar.

He tenido días extremadamente pesados y difíciles, y todavía continuán, pero comencé a notar algo diferente de unos días para acá: estoy mucho más atento las acciones de los demás y a las palabras y expresiones que usan al comunicarse conmigo, especialmente de las personas con las que convivo a diario. Eso me ha ayudado a identificar ciertos patrones de conducta, expresiones e incluso palabras que inconscientemente me ponen en alerta. Esto ha sido muy bueno, porque comienzo a entender más sobre mi comportamiento y la forma en la que me veo reflejado con los demás.

Obviamente no voy a decir que las medicinas no me han ayudado, pues estaría mintiendo. Comenzarme a sentir como yo otra vez se sintió bastante raro. Es difícil describirlo detalladamente, pero después de despertar cada día sintiendo literalmente que todo sería catastrófico y con una pesadez del tamaño de Júpiter durante muchos meses, levantarse y simplemente pensar que sería un día pesado, pero sintiendo que podía, y sin la sensación de ansiedad que me comía todas las energías y me hacía estar exhausto a tan solo unas pocas horas de haber amanecido, todo fue como un momento de paz, de calma y quietud, como si no los hubiera sentido antes. Ahí fue cuando sentí el primer peldaño de la escalera perdida que andaba buscando para poder comenzar mi retorno a la superficie y dejar de una buena vez el pozo en el que estoy.

Estoy plenamente consciente de que todavía falta mucho, pero si hay algo que pueda decir con 100% de confianza es que ya voy para arriba. Esa luz que se veía en la lejanía comienza a verse más cerca; ahora ando buscando el siguiente peldaño para darme otro impulso hacia arriba.

Además, toda esta experiencia me ha ayudado a conocerme mejor, pero sobre todo, a aprender a identificar esas señales que uno manda de forma inconsciente cuando necesita ayuda pero todavía no lo dice explícitamente. Es decir: a ser mucho más empático y poder identificar y ayudar a quienes se lleguen a sentir como yo me sentí. Y tuve suerte porque mi caso no fue tan grave, pero podría haberlo sido de no ser porque me di cuenta de que algo andaba mal y me animé a expresarlo y pedir ayuda. Si alguien que lea esto piensa que “estoy loco” por haber aceptado ayuda, les tengo malas noticias: ya lo estaba desde hace mucho tiempo 😀 😀 :D. En todos lados hay un estigma sobre la salud mental, pero es algo que ni es un chiste ni tampoco debe ser tema de discriminación. Se siente horrible, y uno no escoge sentirse así, ni tampoco se trata de uno siempre esté triste ni es cuestión nada más de “echarle más ganas”. Estoy casi seguro de que hay más de una persona entre mis conocidos que necesita ayuda, pero no se ha dado cuenta (y no puedes ayudar a nadie que no quiera ser ayudado), y con “ayuda” no me refiero necesariamente a ir con un psiquiatra y recibir medicamento; ni siquiera tampoco a ir con un psicólogo (aunque no estaría de más). El simple hecho de sacar el estrés, de tener a alguien con quien platicar, con quien compartir algo, quien te escuche y te entienda, es un apoyo inimaginable, y muchos de nosotros podemos aportarlo sin mucho esfuerzo.

¿Hay alguien entre sus conocidos al que sientan que pueden extenderle la mano y ayudarle en este aspecto? De ser así, lo mejor que pueden hacer es expresar que están ahí para esa persona, para cuando se necesite, y de verdad estarlo para cuando llegue el momento. Les aseguro que, aunque ustedes no lo crean, escuchar o verse con alguien e intercambiar una conversación, que no necesariamente tiene que ser de temas tristes u oscuros, proporciona una enorme ayuda, que quizá la persona adecuada no pueda dimensionar propiamente porque todavía no se da cuenta, pero el sentimiento de agradecimiento y la paz interior que uno siente después de eso es prueba fehaciente de que ha servido.

Vamos para arriba pues. Pian pianito, y completamente consciente de que me puedo caer de nuevo, pero ahora ya sé dónde está el primer peldaño, así que miedo no tengo.

6 años 6

Otra vez el tiempo pasa volando. Y al igual que el año pasado, el título no es un error.

Hablando del año pasado, desde entonces me medio imaginaba que la situación global por el coronavirus seguiría en estas fechas, pero no pensaba que lo hiciera con la magnitud que ha presentado. Y si consideramos lo pésimo que el gobierno japonés ha manejado la pandemia, definitivamente no se ve para cuándo.

Justo en el momento que este escrito vea la luz, mi hijo cumplirá 6 años. Huelga decir que cada día y cada momento con él es único y especial, pero no puedo dejar de pensar en todo lo que nos hemos perdido por la pandemia. Hemos tratado de llevar las cosas de la forma más “normal” posible, pero ante tantas limitantes, a veces termino rascándome la cabeza para saber cómo manejarme hacia con él y su desarrollo. Y para terminarla de amolar me pasa todo el rollo emocional que ya he explicado anteriormente… En fin. Ha sido un año ciertamente pesado y lleno de retos.

Con todo, el regocijo de ver a mi hijo crecer día a día es algo que ningún estado mental ni ninguna pandemia me puede o podrá quitar nunca. Incluso ahora que comienza a responder de mala gana, que está mostrando resistencia a ver o leer cosas en español, que está descubriendo su potencial y que convive con más niños de su edad, no hay día en que no me sienta orgulloso de él, de lo que hace y de cómo lo hace, y de cómo va desarrollando su personalidad y las similtudes y diferencias que tiene con la mía. En pocas palabras, es todo un deleite ser papá… aunque a veces pierda la calma y quiera estar un rato completamente a solas :S

A ver, vamos listando los logros importantes alcanzados por mi hijo desde el 16 de mayo de 2020:

  • Leyó el manga completo de Kimetsu no Yaiba. Es bien “chido” poder hablar sobre la historia, los personajes, lo que pasa, lo que nos gustó y lo que no de la obra, y de cómo esperamos ver la versión animada del 遊郭編 (yuukakuhen), la parte donde pelea Tengen.
  • Vio toda la serie animada de Ranma 1/2 y leyó los últimos dos tomos del manga (37 y 38) para saber en qué terminaba. No le gustó mucho la pelea vs Saffron, pero le dio risa lo que le pasa a Shampoo cuando sale del huevo (no voy a decir más para no “espoiliarlos” :P)
  • Comenzó a ver el anime de Inu Yasha. Yo le perdi la pista con Midoriko, y ya no me acuerdo mucho…
  • Vio el anime completo de Jujutsu Kaisen. Yo me quedé en el capítulo 2.
  • Le puse un capítulo de Ruroni Kenshin y ya va en la pelea vs Shishio. De hecho tiene días practicando la canción de “Sobakasu”
  • Poco antes de comenzar la nueva animación de Dragon Quest le hablé al respecto. En las últimas semanas se ha convertido en una de nuestras actividades juntos cada semana, pues ambos estamos viendo como Pop se lleva la obra, y por ahí de paso Dai medio pelea contra los malos 😛
  • Comenzó a ver Kekkaishi. Yo ni la he visto.
  • Vio todos los capítulos de Garfield que hay en Netflix, en español.
  • Comenzó a ver Inspector Gadget también en español.
  • Ver cada semana Doraemon y Crayon Shin chan es de ley para él.
  • Comenzó a jugar Minecraft en computadora. Windows 10, lamentablemente, pero poco a poco iremos corrigiendo eso (estoy pensando usar KDE Plasma con él para que no se pierda tanto cuando comencemos con Linux).
  • Puede pelear solo vs Lynels en Zelda BOTW, y ganarles.

Este año quiero contarle sobre la tierra media, la historia del anillo único, e iniciarlo en el mundo de Terramar. Ahora que estuve arreglando el cuarto donde trabajo, vio el libro de Foundation, de Isaac Asimov, y me preguntó de qué se trataba.

¿Voy bien en su educación o creen que deba ser más estricto? 😀 Es indispensable que vea Dragon Ball, y por ahí cuando vio los mangas que tiré de Aa Megami Sama (ya leerán después qué pasó) le hablé de la importancia de conocer a Belldandy, lo que obviamente causó que mi esposa me dijera que no le estuviera enseñando historias de “otaku”. Pero ustedes saben que hay secretos entre padre e hijo que es mejor que la mamá nunca se entere…

Por todo esto y mucho, mucho más, no cabe duda de que ser papá es lo mejor del mundo… aunque a veces quieras mandar a los hijos a Marte porque ya no los aguantas y solamente quieres descansar.

¡Feliz cumpleaños hijo! Y excelente selección para la cena en tu día: hamburguesas. Me pregunto de quién habrá heredado el gusto por ellas.

Nihongo ga tabemasen

El título es una frase errónea en japonés que se ha convertido en una especie de meme entre los extranjeros que residen en el país del sol naciente cuando quieren expresar, en broma, que no entienden japonés. La frase es gramaticalmente incorrecta, pero se supone que se usa cuando uno quiere fingir que no entiende japonés, sobre todo para evitar interacción innecesaria con gente como vendedores, el “temible” cobrador de la NHK (que ya explicaré después), y en general, cualquier situación en la que no se quiera uno meter que implique escuchar a alguien o alegar algo en específico.

Escogí el título para enfatizar que, a pesar de ya haber cumplido 18 años de vivir en Japón, todavía me falta mucho para poder comunicarme correctamente. Pensarán algunos que estoy siendo modesto, sobre todo por esto:

Para quienes no ubiquen qué es eso, es el certificado que avala que aprobé el nivel 1 de la prueba de habilidad en el japonés, mejor conocida por sus siglas en inglés: JLPT (Japanese Language Proficiency Test). El nivel 1 es el nivel más alto de dicha prueba, y como tal, se caracteriza por ser muy difícil, ya que tienes que entender muchísimas cosas de vocabulario y gramática japonesa, incluso de expresiones que normalmente no se usan en el habla cotidiana.

Entonces, si en 2004 aprobé ese nivel y han pasado 17 años desde entonces, ¿cómo es que digo que no me puedo comunicar correctamente? Ciertamente no tengo problemas para comunicarme en japonés, sea escrito o hablado, pero todavía hay ciertos elementos del idioma que necesito pulir, siendo el más importante, creo yo, la forma de estructurar y expresar las ideas, especialmente cuando se trata de un escrito o de algo mucho más formal. Quienes estén familiarizados con el idioma pensarán inmediatamente en el “keigo”, es decir, la manera más cortés de hablar japonés, pero no, no me refiero a eso. Vamos por partes:

Aquellos que hayan tenido la oportunidad de venir a Japón o de convivir con la comunidad japonesa fuera de Japón sabrán que con decir una frase como “Konnichiwa” o “Watashi wa Manuel desu” es suficiente para desatar una reacción en cadena llena de “¡Oh! Tu japonés es muy bueno” (nihongo jouzu desu ne!), lo cual, dicho sea de paso, es también un meme entre la comunidad extranjera en Japón. Sí, cualquiera se da cuenta de que los japoneses están siendo bastante corteses al decir eso; no es que exageren, sino que tienen la idea de que su idioma es complicado para los extranjeros y les alegra que sepan algo del idioma (y la expresión es genuina en algunas ocasiones). No obstante, en muchos casos genera una sensación de incomodidad en la persona que recibe tales comentarios porque “se sienten” falsos: uno sabe que saber decir “¡Hola!” o “Mi nombre es Manuel” en japonés no es indicio de que uno sea bueno en el idioma o que sepa hablarlo. Pero lo más curioso del asunto es que el verdadero “halago” que uno recibe cuando realmente ya sabe hablar japonés es no recibir halago alguno. Dogen lo resume bien en uno de sus videos, en donde comenta que cuando a uno le preguntan “¿Tienes mucho tiempo en Japón?” es cuando realmente hay que sentir que se recibió un halago:

Si no conocen a Dogen, les recomiendo mucho su canal, sobre todo si están estudiando japonés o tienen interés en el idioma.

Sin embargo, siendo uno extranjero sigue siendo complicado estructurar una idea de tal forma que sea entendible para los oyentes, especialmente en situaciones donde se tiene que transmitir una idea de manera formal. Saber comunicarse en japonés es el primer paso, pero lo que le sigue es encontrar esa estructura correcta (y por ende, el vocabulario correcto) que permita que la idea sea entendida perfectamente, sin hacer que los interlocutores tengan que pensar (o a veces adivinar) el mensaje.

Yo lo entiendo de esta forma:

La razón por la que lo anterior sucede es porque aunque se entienda la gramática y se conozca mucho vocabulario, la forma de expresar una idea compleja se basa en el idioma natal y en la cultura en la que crecimos, además por supuesto de la personalidad de cada uno. En múltiples ocasiones me he encontrado con que sí se transmite lo que quiero decir pero hay mejores formas de hacerlo, sobre todo por escrito. Si quiero escribir algo largo en japonés termino estrucurándolo de la forma en la que lo haría en español. Muchas veces me han corregido escritos a pesar de no tener errores gramaticales o de vocabulario; la estructura es lo que me falla.

Lo anterior podría parecer que es nada más mi caso específico, pero me he encontrado con escritos en japonés hechos por extranjeros, y en varios casos he notado un patrón similar. Hay por supuesto extranjeros que escriben y se expresan muy bien, a los que de plano no hay nada que corregirles, ni siquiera una pizca de entonación. ¿Yo? No, todavía no llego a ese nivel.

Para muchos extranjeros, el nivel 1 de la JLPT es la meta del estudio del japonés. Sin embargo, una vez que llegas a él te das cuenta de que es el mero principio, y que lo aprendiste del idioma es una base muy sólida que te permitirá desarrollarlo con la práctica. De ninguna forma minimizo el esfuerzo que se requiere para poder pasar ese nivel, porque sí hay que invertir mucho tiempo y disciplina en el estudio y la práctica. No obstante, lo que sigue después de eso es todavía largo, aunque ciertamente menos complejo gracias precisamente a esa base que se adquirió.

Escribo todo esto como forma de voltear a ver alguno de mis logros. No es para ensalzarme, ni para ponerme como ejemplo en el estudio del japonés. Es más bien para comenzar a ver de nuevo el camino que he recorrido y lo que he alcanzado durante él, como forma de quitarme pensamientos negativos que me han estado afectando la autoestima durante mucho tiempo. Y sí, tiene que ver con salir del pozo en el que todavía estoy.

Cumplí otro año de vivir en Japón. Seguimos en pandemia. Ojalá que para el año que entra ya estemos globalmente en una situación mucho mejor, porque también el mugre virus ha tenido que ver con mi estado actual. Hay recaídas, sí, pero pian pianito creo, o quiero creer, que ahí la llevo.

El pozo – Parte 2

Actualizando un poco esta “serie”. No me gustaría llamarle “serie”, pero dado que los escritos tienen que ver con el mismo tema, mejor creé una categoría especial para ellos. Además, creo que me sirve como desahogo.

¿Qué ha cambiado durante este tiempo? He tenido días bastante pesados, algunos incluso me han orillado a mejor tomar días libres del trabajo porque definitivamente no creo ser productivo en ese estado. No obstante, me he dado cuenta que el trabajo es uno de los factores mayores en toda esta situación, aunque ciertamente no es el único.

También he aprendido, o mejor dicho “reflexionado”, en la forma en la que me hablo a mí mismo. Es cierto que desde siempre he sido muy estricto conmigo mismo, pero con los demás soy bastante paciente y tolerante (muy rara vez me enojo con alguien o me molesta algo que hayan hecho). El problema es que me exijo muchísimo a mí mismo en todo lo que hago, y aunque no es del todo malo, hay ocasiones en que no es necesario ser así , o que debo considerar que no siempre voy a poder hacer todo como yo quiero… y no me considero perfeccionista… o al menos, no en todo. Soy muy dado a dejar de lado o a medias tareas leves que no considero importantes (ejemplo, el desastre que es el cuarto donde estoy ahora), pero en otras cosas quiero hacer todo bien, me tarde o lo que me tarde y me cueste lo que me cueste. En resumen: debo aprender a moderarme en eso.

He recibido mucho apoyo, de mucha gente, incluso de gente que no tengo el gusto de conocer personalmente. Desde comentarios en el blog, correos, tweets, mensajes privados, llamadas telefónicas, etc., la verdad que todo ese apoyo se siente y sí sirve, aunque muchos no lo crean. Pero, en contraste, también me di cuenta de que hay mucha gente que minimiza la situación por el hecho de no entenderla o no haber estado nunca en ella. No, no los culpo ni los señalo, pero sí he de mencionar que cuando uno se encuentra así, en depresión, no es nada más un asunto de estar triste, o de escoger tu estado de ánimo, ni tampoco se arregla de la noche a la mañana, ni necesariamente tu ánimo va a mejorar porque hayas descansado del trabajo un día. Uno no escoge estar así, y no necesariamente todo el día es sentirse triste y estar cabizbajo, ni tampoco significa que uno tenga pensamientos suicidas (no los tengo). Uno intenta salir de ahí, distraerse, divertirse, pasarla bien… pero algo no embona. Es ahí cuando hay que buscar ayuda profesional, porque es difícil darse cuenta que la situación ya se te salió de control, y hay casos y personas que se dan cuenta cuando la misma situación ya se tornó mucho más severa… Pero la persona en cuestión es la que se tiene que percatar de eso y estar dispuesta a recibir ayuda. A la fuerza, nada.

Estoy consciente de que todavía se ve lejos la salida del pozo. Sin embargo, comienza a haber luz en donde antes solamente había oscuridad y se comienzan a ver pequeñas piedras que pueden ser usadas de escalones para avanzar hacia arriba. Ignoro cuánto tiempo tomará, pero al menos ya tengo una pista de por dónde irme o qué intentar hacer.

Si hay alguien que lea esto y se sienta solo, desamparado, con miedo, lleno de ansiedad, déjame decirte algo: no eres el único, ni estás solo. Date cuenta de que necesitas ayuda y no dudes en pedirla. Te sorprenderás al ver que más de una persona estará dispuesta a echarte la mano si tú lo permites. Eso sí: no esperes que todo se solucione de la noche a la mañana, pero tampoco te desesperes. Paso a paso se podrá lograr, pero si no das el primer paso tú, nadie lo puede hacer por ti. ¡Ánimo!

Un año después

No sé si sea muy rápido o muy lento, pero un año ha pasado desde que:

  • Entramos en pandemia
  • Comencé a trabajar desde casa

Si bien es cierto que estoy profundamente agradecido con la empresa actual por todas las prestaciones y facilidades que ha dado durante todo este tiempo, la verdad es que no es lo mismo trabajar desde casa en medio de una pandemia que cuando no lo hay. No es la primera vez que trabajo desde casa, y en empresas anteriores había sido mucho más fácil y llevadero. Ahora, no tanto.

Pero dejemos de lado todo eso, o al menos lo más que se pueda, ya que hablar de lo que ha transcurrido durante este periodo de tiempo implica mencionar la situación actual.

Hace exactamente un año me convertí en padre por segunda vez. Sin duda, uno de los momentos más felices de mi vida, y el más increíble y a la vez sorprendente, fue ver nacer a mi segundo hijo. Todo era dicha y felicidad, pero no puedo ocultar que también estaba asustadísimo porque había nacido en medio de un estado de emergencia ante la ola de contagios del nuevo coronavirus, que en aquel entonces todavía no se comparaba con lo que vendría varios meses después. Prácticamente me daba pavor salir, pero más que por contagiarme yo, por que por mi culpa se contagiara alguien de mi familia, incluyendo por supuesto el nuevo miembro de la familia.

Las cosas en casa estuvieron relativamente tranquilas y en orden durante un tiempo gracias a la increíble ayuda de mi suegra, que estuvo con nosotros desde antes de que comenzara la pandemia, De una forma o de otra encontramos la manera de aguantar con el estrés de la vida diaria, el estrés del trabajo, el estrés que la pandemia trajo, y el cuidado de 2 niños que demandaban atención. Pero aunque ciertamente tuvimos ayuda, las cosas no fueron del todo fácil para ninguno de los adultos de esta casa.

Es ahí donde la sonrisa de los niños te devuelve todas las ganas de seguir adelante. Es esa luz que traen consigo lo que alumbra la más negra oscuridad en la que uno se pueda encontrar; la misma que te hace recordar que no todo es malo en el mundo, y que la inocencia es una virtud que trae alegría a los que la vemos desde fuera. Es donde te das cuenta de que ya no eres un niño por fuera y que tienes responsabilidades de adulto, pero no dejas de ser niño por dentro y sigues disfrutando jugar con monitos, carritos, muñecas, pelotas, trompos, lotería, etc., etc.

Hoy me encuentro en una situación emocional difícil, pero eso jamás va a hacer que olvide la dicha que es ser padre y la felicidad que te da al ver cómo tus hijos van creciendo y se van desarrollando.

¡Felicidades a doble I! Vamos a ver qué tanto español aprendes de aquí al próximo año.

Al igual que con mi primer hijo, esto será publicado exactamente el día y a la hora en la que mi segundo hijo nació.

El pozo – parte 1

Ésta es una serie nueva, que todavía no tiene fin. La iré escribiendo conforme las cosas vayan pasando. Eso sí: creo que será un poco diferente a lo que han leído aquí antes.

Explicación más detallada al final del escrito. Para quienes gusten leer lo que sigue, solamente les pido que lo lean completo.

Vamos a comenzar:

Estoy en un pozo. pero no en las cercanías, o a un lado de él. Estoy en la parte más profunda, donde la luz es escasa, donde mi voz casi no se oye, donde me siento atrapado, sin poder salir, pero curiosamente donde ese espacio cerrado, lúgubre y frío me da una leve sensación de seguridad que no he sentido en mucho tiempo.

Quisiera poder decir que lo anterior es una metáfora, pero no. Es la realidad actual. Es como me siento y me he sentido por mucho tiempo ya. Pero ahora todo eso se ha agudizado y es la primera vez que lo externo de esa manera. Muchos sentimientos se juntaron y como que por fin encontraron la forma de salir.

La pandemia ha jugado un papel importante en todo esto, no hay duda. Sin embargo, creo que ser obediente, restringir la salidas y la poca o nula interacción con seres humanos en persona (además de la familia), vino a sacar a flote muchas cosas que traía dentro, algunas que me estaba guardando y otras que ni me había dado cuenta.

El problema es que todo esto no pudo llegar en peor momento. Con un bebé en la familia y mi otro hijo pidiendo (necesariamente) atención, necesito estar al 100 para hacer un buen trabajo tanto en mi trabajo como en mi familia… pero eso no es posible si yo no esto bien conmigo mismo.

En las últimas semanas he estado analizando mi comportamiento, mis pensamientos y mis acciones. Estoy tratando de encontrar qué desató todo esto. El problema es que estoy en un círculo vicioso y me concentro más en cosas negativas que en lo que realmente quiero pensar y hacer. Uno razona las cosas, piensa y ve que, desde fuera, parece que todo se resolvería de forma muy simple, pero cuando está uno dentro de ese remolino de sentimientos no es tan fácil. Uno no escoge sentirse así; la ansiedad, angustia, inseguridad y miedo toman el control, y uno está esforzándose a cada minuto porque eso no suceda.

No disfruto casi nada de lo que antes me gustaba. Además de que mi tiempo es contado por las responsabilidades que tengo como padre de familia, el poco que realmente me queda para mí lo consumen los sentimientos arriba descritos. Videojuegos, películas, series, libros, etc., me siguen llamando la atención… pero no están cumpliendo su propósito.

También el aislamiento me ha pegado. Muchas veces me he descubierto a mí mismo pensando que no hay nadie con quien pueda compartir lo que me gusta (sí hay personas con las que puedo hacerlo, pero mi mente se empeña en hacerme sentir que no). Si por ejemplo, veo uno de los episodios nuevos de Shingeki no Kyojin (Attack on Titan), no hay con quien comentarlo; que si hay algo que quiera comentar sobre XMonad, que qué es eso y con qué se come… En fin. Creo que se entiende la idea. Es más: hasta me ponen de malas los días bonitos, y que cuando le pregunto a alguien que cómo está me responda que “bien” cuando ahora yo no puedo decir lo mismo.

¿Qué es lo que más me ha ayudado hasta ahora?

Sinceramente, el hecho de que haya gente que te diga que está contigo, que te echa la mano y que quiere ayudarte a encontrar la causa de, y la salida de, todo esto.

Además, el hecho de poder hablar con alguien fuera de la familia, de poder interactuar. Se siente chido ser escuchado.

Ahora, ¿por qué escribo todo esto?

Primero, por lo mismo de dejar registro de lo que me pasa. Espero que en unos años pueda volver a leer esto y esté en una mejor situación emocional que me permita reflexionar y usar la experiencia para el futuro.

Segundo, porque así como a mí me ha ayudado saber que no estoy solo en todo esto, quizá a alguien que esté en una situación similar a la mía le puede servir como referencia para saber cómo sentirse un poco mejor, y también cómo pedir ayuda.

No. No tengo pensamientos suicidas. Como referí hace algunos escritos, esos quedaron atrás en mis años pubertos. Es más grande el sentimiento de desesperación por querer salir de esto rápidamente y no poder. La sensación de impotencia es enorme, y eso agudiza todo lo demás; te hace sentir como que no puedes hacer nada, y de hecho interfiere y afecta lo que realmente puedes hacer.

Como creo que se habrán dado cuenta, esta “serie” no es algo que ya haya terminado, o que ya tenga un número definido de partes. Esto va a continuar, aunque espero que el menor tiempo posible). Ignoro cuándo escribiré de nuevo al respecto, pero de qué lo haré, lo haré.

De igual manera, así como siempre leo los comentarios buenos y malos que me dejan por acá, esta vez sí me tomaré la molestia de mandar a ver gatitos a los comentarios agresivos, ofensivos y similares. Dejen que me reponga y con gusto les respondo como se debe también a esos, pero de momento, van para afuera.

Aquí sigo.

¡Feliz 2021!

Por fin, ¡POR FIN! se ha ido 2020 y ha llegado el 2021, en el que la vaca seguramente va a poner orden a todo el desm…. barajuste que hizo el ratón el año pasado.

Espero que a todos ustedes les vaya muy bien y que este año se convierta en el mejor que hayan pasado en sus vidas.

Hay que ver para adelante. Ya se ve la luz al final del túnel en el que 2020 nos metió. Aguantar un poco más para que todo pueda ser como era antes (tanto como se pueda, claro).

¡Sí se puede!