自分らしさ

Durante una buena cantidad de días estuve pensando en cuál sería un buen título para este escrito, pero no se me ocurría realmente nada. Ha pasado tiempo desde la última vez que escribí aquí (pero he seguido respondiendo comentarios), y quería reflejar en palabras, tan concisas como sea posible, lo que ha acaecido acá con su servilleta. Ayer, que de plano andaba pensando en otra cosa mientras salía a caminar con mi hijo (el menor), de repente me vino a la mente la palabra que fue elegida y que ahora ven como la corona de esto. No obstante, lo más curioso es que en cuanto me vino a la mente, ya estaba decidido que no la iba a traducir, y que así se quedaría para la posteridad.

Obviamente no quiero hacerlos leer un ensayo antes de explicar el significado de dicha palabra.

自分らしさ se lee “jibun rashisa”, y simplemente significa “individualidad”, “personalidad”, es decir, las características que hacen que uno sea único.

Hace poco más de un año, mi terapeuta en Guadalajara me dijo que tendría que encontrar nuevas formas de lidiar con el estrés, de saber enfrentar situaciones con determinadas personas, y sobre todo, redefinirme a mí mismo, para evitar volver a caer en el estado en el que me encontraba (que neta no se lo deseo a nadie). En ese entonces, por mi cabeza lo único que tenía cabida era imaginarme cómo sería no sentirme de esa manera; añoraba, y veía muy, pero muy lejano, el día en el que pudiera despertar y decir que me sentía bien; sencillamente, se sentía imposible. Un gran amigo en Guadalajara me decía que a él le tomó como año y medio considerarse fuera de depresión. Yo, por mi parte, pensaba que no llegaría a final de año, y no porque me quisiera suicidar ni mucho menos, sino porque pensaba, no, sentía que la situación me iba a terminar doblegando, que no importaría cuánto me pudiera esforzar, seguramente ese sentimiento de angustia me iba a terminar “comiendo”. Todo era una catástrofe. Y aun así, tenía que seguir trabajando, siendo esposo y padre de familia. No veía tiempo para mí, pero no es que no lo tuviera, sino que el poco que estaba disponible lo ocupaba en pensar lo miserable que me sentía.

De ahí salió lo de la categoría “El pozo”. “La escalera” fue la contraparte: la esperanza de encontrar los peldaños que me ayudarían a salir de la profundidad y oscuridad en la que me hallaba envuelto. Quería aferrarme a algo, lo que fuera, con tal de palpar esa esperanza, que a decir verdad sonaba más como un sueño inacanzable que como una meta asequible. En pocas palabras: estaba desesperado.

“Redefinirme a mí mismo”. “Buscar nuevas formas de defensa”. “Aceptar la situación no significa que uno se tiene que conformar con ella, sino que es el primer paso para salir de ella”. Muchas de las técnicas y consejos de mi terapeuta, de otros grandiosos conocidos por internet, de grandes amigos y de la familia, tenían sentido, pero… ¿cómo lograrlo? NPI, al menos no en esos momentos.

Hoy es 12 de agosto de 2022. Creo que por fin comienzo a entender todo eso.

Aceptarse a uno mismo. Creía que lo hacía (y que lo hacía muy bien), pero me di cuenta de que no era cierto. Me castigaba mentalmente, y en la gran mayoría de las veces inconscientemente, por muchísimas cosas que no había logrado, que no sabía cómo hacerlas y que creía que debería saber. Estaba 100% seguro de que no estaba tratando de ser alguien diferente debido a las expectativas que otros tienen de mí, y era cierto: la presión social, comentarios negativos, burlas, etc., realmente no me afectaban. No obstante, estaba increíblemente presionado por agradarle, por gustarle, por tener aunque sea un poquito de aprobación de una sola persona. Y el resultado fue que, sin querer, estaba viviendo totalmente para eso. Mis energías eran dedicadas en casi su totalidad en que esa persona volteara y me dijera cualquier palabra, o ni eso, aunque fuera un simple gesto, de aprobación. Y fueron muchos, muchos años con esa mentalidad a cuestas. Esa persona era una sombra siempre presente, siempre exigente y demandante, y yo no lo notaba porque para mí era normal sentir esa presión, esa angustia leve pero constante, por tener su atención y por poder satisfacer sus demandas tanto como me fuera posible.

Esa persona tiene nombre, pero prefiero nombrarla por un pronombre que creo que lo hace mucho más directo: YO.

Muchos de ustedes, los pocos o muchos que lean esto, pensarán que de plano ya ando chocheando, ya di el rucazo, ya valí verdura o cosas similares. Bueno… la edad no me la puedo quitar (pinches años, sí pesan), peeeeeero, la experiencia tampoco me la puedo quitar. Ni moño jovenazos, más sabe el diablo por viejo 😛

Y es que todo comenzó a tener sentido cuando esa enorme sombra que envolvía tomó forma y nombre. Y ahí me cayó el veinte de “redefinirme a mí mismo”… o al menos eso creo.

Vamos a ver si lo puedo poner en palabras:

Siempre he creído que la esencia de una persona realmente no cambia, por muchos razgos de su personalidad que puedan variar con el paso de los años. Para mí, mantener esa esencia siempre ha sido como mi filosofía de vida; por algo el dicho japonés (bueno, no es propiamente un dicho, es un 四字熟語 (yojijukugo, una frase idiomática compuesta por 4 caracteres) 初志貫徹 (shoshikantetsu) es la firma en mi correo personal (significa algo así como mantener siempre la intención original de uno. Matener siempre los ideales). El problema no es tanto que la filosofía esté mal, sino que, bajita la mano, exageraba en su aplicación (repito, de forma inconsciente). Entonces era de estar siempre, siempre, con la mente en alcanzar ese ideal que andaba en mi cabeza, pero de verdad: siempre. No está nada mal tener una meta y que todo tu esfuerzo vaya encaminado hacia ella; lo que está mal es que esa meta se convierta en obsesión, y que te olvides del aquí y del ahora, o mejor dicho, que lo intercambies por el “hubiera”, “debería”, y que por ellos todo lo demás se nublara, perdiera validez, emoción, diversión. Decía que yo nunca he buscado la perfección, pero la imagen que perseguía era la de mi yo “perfecto” (bajo mi lupa, claro), y así estuve durante muchísimo tiempo, hasta que de plano todo se juntó y “explotó”, y sin esa imagen o sombra siempre vigilante… ¿qué o quién iba a ser yo ahora? ¿Por qué, si siempre había sido fiel a mis principios, no sentía realmente que hubiera avanzado en mi vida, que había alcanzado metas (si bien no necesariamente las que yo quería, pero metas a fin de cuentas) y que, comparativamente hablando, estaba mejor que antes? Esa sombra se hizo mucho más pequeña y translúcida, lo que significaba que ya no me estaba arriando a donde ella quería, lo que me dejó completamente perdido, desolado, y con la zozobra de que ní sabía quién era, qué había hecho y a dónde quería ir. Es más: sí sabía a dónde quería ir, pero me angustiaba no tener idea de cómo iba a llegar ahí si ahora la única guía que me había estado llevando de la mano (y dándome latigazos gratis) ya no furulaba. Ésa nueva guía, esas nuevas formas, son la redefinición que estaba buscando.

Pero lo mejor del caso es que:

  • No estoy 100% seguro de que realmente esa sea la redefinición
  • Pero me vale. Acepto la idea y la echo a andar
  • Porque, total, lo peor que puede pasar es que no sea por ahí, pero en lo que me doy cuenta quizá el verdadero camino sale a la luz
  • Y la mugre sombra ahí está, y seguirá estando por siempre, pero no es ni grande ni mandona ya. Sí, da lata, y qué más quisiera yo mandarla a ver gatitos, pero como no se puede, lo mejor es decirle que simona la mona pelona, dejarla que siga en su rollo, y yo mientras atiendo otras cosas

A lo que voy es que estoy aceptando aplicar en mí mismo lo que he aplicado desde siempre con otras situaciones en las que tenía que aprender algo: nunca tener miedo de comenzar algo, nunca pensar en que no voy a poder con X o Y problema, sino entrarle a los fregadazos y buscar la manera de resolverlo, y si no se puede, documentar qué se hizo para que a la próxima ya sepa que por ahí no es. Pero todo en mí, hacia mí, para que esa sombra no comience a crecer de nuevo de forma inconsciente y me vaya a ir mucho peor que antes.

Así que: adiós yo, y hola de nuevo, yo. Ya que me di un enorme clavado en mi mente y me di cuenta de lo jija de la fregada que puede llegar a ser si uno no la controla, ahora comienza esa redefinición, esa 自分らしさ que tanto quería sacar pero que por la misma obsesión nomás no se dejaba.

Creo que hoy puedo decir que ya estoy fuera del pozo, pero he entendido que no es posible taparlo y que siempre va a estar ahí. Entonces, lo mejor es saber que ahí está, poner un letrero que diga “Cuidado, pozo”, y no darle mayor importancia. El pozo es un agujerito que está en medio de un enorme mar de ideas y pensamientos. Ese letrerito me ayudará a recordar que ahí está y que tengo que tener cuidado porque me puedo caer.

Como siempre, los Simpson lo habían predicho

2 años después

Voy a centrarme nada más en el tema de este escrito. La actualización respecto a lo que al blog se refiere la haré en otro.

Hablaré (escribiré) con la verdad: han sido 2 años que se han sentido como una década. Y es que todo se juntó: pandemia, trabajo, estado mental no adecuado, encierro, miedo… Pero, ¿qué les cuento a ustedes? Si todos pasamos por lo mismo. Nadie veía venir una pandemia, ni que fuera a durar tanto. Recuerdo que uno de mis amigos la minimizó por completo (incluso burlándose) porque decía que no habría tantos muertos y en poco tiempo se iba a acabar. Van más de 2 años, y aunque ya se ve una salida, todavía no llegamos a ella.

Y dentro de todo eso, un día como hoy, justo hace 2 años, justo a la hora en el que esto vea la luz, me convertí en padre por segunda vez. Todo en medio de una emergencia sanitaria, pero con todo y miedo, mi segundo hijo vino a llenar de alegría nuestras vidas, independientemente de la situación.

Dicen, con mucha razón, que los niños tienen ese poder mágico que te hace sonreír aunque por dentro te sientas morir. Y en mi caso ha sido algo más o menos así, literalmente: no me quería morir (obviamente), pero la forma en la que me sentí una gran parte del año pasado era terrible, al grado que, como ya he referido antes, pensé que de verdad no iba a terminar el año.

Lamento mucho que, debido a mi estado emocional, el año pasado cambié mucho con mis hijos. Ahora, con los sentimientos y la mente en un estado mucho más favorable y gracias a la ayuda de muchas personas, me doy cuenta de que no se debe a que ya esté viejo (no manchen, tengo 43 apenas :P) el hecho de que perdiera tan rápidamente la paciencia y que no fuera tan tranquilo y sereno con mi hijo chico como lo fui con el grande cuando era un bebé. Las cosas como son: perdí (aunque no por completo), un año de convivencia con mi familia. Pero tenía que mejorar, quería mejorar, y hoy en día todo se ve mucho muy diferente.

Mis hijos han crecido, pero quizá el que más creció ha sido yo.

Entre tanta cosa que sucede en el día a día y las responsabilidades de padre y jefe de familia, he aprendido a aceptarme nuevamente; recordé cómo ser analítico, y poco a poco, insisto, con ayuda de muchos personas, he ido retomando las riendas de mi vida y he aprendido a no autoflagelarme, especialmente por cosas que ni estaban bajo mi control. Pero lo mejor de todo ha sido ser padre, con toda la inexperiencia que uno tiene. No obstante, es ella la “estrella” del show, y el sentimiento y satisfacción de volver a aprender algo se siente al final de cada día. Aunque claro… no voy a negar que a veces en la noche ya pido esquina.

Gracias por llegar a mi vida hijo. Escucharte balbucear en español y japonés, correr, señalar, llorar, comer… todo, hace que cada día valga la pena (nada más duérmete temprano, por fa).

¡Feliz cumpleaños!

¡Feliz año 2022!

A la fregada se va el año de la vaca que tantos retos trajo, incluyendo la situación más dura en mi vida (hasta el momento).

Este año es el del tigre, y espero que sea el mejor de sus vidas. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, y aprovéchenlos mientras los tengan cerca. Yo me tengo que alistar para comenzar a trabajar este año, pero sí me tomaré un descanso un poco más adelante.

Un gran abrazo, y por aquí sigo a sus órdenes.

Mi canción favorita de este 2021 que se acaba

Pónganle el closed caption para que salgan subtítulos en inglés.

¿Necesito decir más? Esta canción es una excelente representación de lo que muchos japoneses sienten y quisieran decir. La canción es de 2020, pero fue este año cuando la conocí.

Ado, la cantante, tiene 19 años, y esta canción fue su debut. En la Wikipedia pueden encontrar un poco más de información al respecto.

Conociéndome a mí mismo, de nuevo

Una de las muchas cosas que me aconsejaron en terapia fue la de encontrar nuevos mecanismos de defensa contra las situaciones de estrés, puesto que los que tenía habían sido destruídos y tenía que volver a formarlos, porque los que tenía ya no me iban a volver a funcionar. Bien, he dedicado una buena parte de mi tiempo a eso; he encontrado algunos que han funcionado y otros que han fallado. Sin embargo, después de un buen rato de pensar, sentí la necesidad de autoconocerme otra vez para ver si es posible reconocer patrones y de ahí encontrar nuevos mecanismos de los ya mencionados.

Sin duda, la ayuda y el apoyo que recibí de amigos y conocidos ha sido valiosísima. Durante esas interacciones pude darme cuenta de varios de los factores que desataron todo lo que me pasó durante este año, y me di cuenta de que al fin podía enfrentarme a unos que había preferido enterrar; creía que le mejor opción era simplemente ignorarlos, pero la realidad es que ni podía, ni tampoco quería, puesto que las quejas indirectas eran recurrentes.

Esta entrada intenta ser un espejo de mí mismo en este momento, cuando está por terminar el 2021. Ojalá que en años posteriores cuando lo vuelva a leer, haya crecido y dejado atrás todo lo malo, y pueda referirme a este año como uno de profundo aprendizaje.

¿Por dónde empezar?

Continue reading “Conociéndome a mí mismo, de nuevo”

El 2021 en un kanji

Kanji de los años anteriores:

  • El 2019 en un kanji

  • El 2018 en un kanji
  • El 2017 en un kanji
  • El 2016 en un kanji
  • El 2015 en un kanji
  • El 2014 en un kanji
  • El 2013 en un kanji
  • El 2012 en un kanji
  • El 2011 en un kanji
  • El 2010 en un kanji
  • El 2009 en un kanji
  • El 2008 en un kanji
  • El 2007 en un kanji

  • Este año no le tuve que pensar mucho. Hubo un suceso que lo marcó desde el inicio, y aunque pensé que sería bueno no catalogar mi año con este kanji, decidí hacerlo tanto para enfrentarlo y aceptarlo, como para dejar registro fiel de lo que ha sido este periodo de tiempo.

    El kanji se lee “utsu”, y uno de sus significados es “depresión”.

    A decir verdad, todo este rollo comenzó justo a finales del año pasado. Recuerdo como me la pasé trabajando 4 días, de 6 AM a 11 PM después de salir de vacaciones porque me aterraba no poder entregar resultados. Ése fue el momento en el que todo explotó… y de ahí todo se fue para abajo.

    Si ustedes me hubieran preguntado entre enero y abril si creía que iba a terminar el año, invariablemente mi respuesta habría sido un rotundo “no”. Y no, no era que tuviera pensamientos suicidas; realmente sentía que me ahogaba, que no era capaz de resolver ningún problema, que sencillamente era un fracaso. Veía el fin del año como algo a años luz de distancia, no porque pensara que mágicamente todo se arreglaría en cuanto 2022 comenzara, sino porque no me podía imaginar cómo iba a pasar todos esos meses en el estado en el que me encontraba.

    Para mi fortuna, he recibido mucho apoyo de gente que realmente se preocupa por mí. También decidí buscar ayuda profesional, y heme aquí, no al 100%, pero definitivamente mucho mejor. Sigo en el proceso de buscar nuevas bases mentales que me ayuden a enfrentar los problemas del futuro, pero es un gran avance.

    Escribiré más al respecto en otra entrada.

    El kanji del 2021 en Japón

    Este año no le seguí la pista como antes, pero como sigo la cuenta oficial en Twitter, de repente me encontré con el anuncio oficial, el cual, siendo sinceros, se me hizo totalmente X:

    See lee principalmente “kin”, y significa “oro”.

    Las principales razones por las que fue elegido son:

    • La destacada participación de la delegación japonesa en las olimpiadas de Tokio 2020, que como todos saben se celebraron este año después de haber sido pospuestas por el coronavirus
    • El increíble desempeño de Shohei Otani en el béisbol de las grandes ligas. En japonés, lograr un desempeño que será recordado por muchísimos años se expresa 字塔を打ち立てる (kinjitou o uchitateru)

    Digo que se me hizo X porque este kanji casi siempre es el elegido cuando hay olimpiadas, por lo que lo hemos visto en años anteriores: 2016 y 2012.

    Aunque para muchos el haber celebrado las olimpiadas en medio de la pandemia puede sonar como un éxito y algo que celebrar, la verdad es que para los que vivimos en Japón, y concretamente en Tokio, fue más un evento que causó polémica. Yo sinceramente pensé que se cancelarían, pero no fue así, pero no se permitieron espectadores en los eventos realizados en Tokio (porque hubo otros que se llevaron a cabo en otros lugares: en Sapporo, por ejemplo, fueron los maratones, para evitar el calorón que hace en Tokio durante esas fechas). El caso es que las olimpiadas pasaron, Japón ganó muchas medallas olímpicas, y a final de cuentas a la gente le gustó.

    Como es costumbre en estas entradas, les deseo lo mejor para el siguiente año. Pásenla muy bien en compañía de sus seres queridos, o si no les es posible, pásenla bien aunque estén lejos de los que aman. Espero de todo corazón que nadie tenga que pasar por lo que he pasado yo durante 2021, y si alguien está en una situación similar: NO ESTÁN SOLOS. Analicen en dónde están ahora, y pidan ayuda si la requieren. SE VALE ESTAR TRISTE, PERO TAMBIÉN SE VALE PEDIR AYUDA. No es signo de debilidad mental, ni nada por el estilo. No todo es una prueba para ver si podemos salir adelante por nuestra cuenta; hay que aprender a reconocer cuando las cosas se salen de nuestro control y que necesitamos quién nos eche la mano.

    Un gran abrazo a todos.

    Nivel 43

    Híjole. Tenía el plan de escribir algo especial hoy, pero las obligaciones como papá simplemente me quitaron la energía para hacerlo. Tendrá que esperar hasta este fin de semana.

    Sin embargo, no quería dejar pasar este día sin escribir siquiera un mensaje corto aquí. He aprendido muchísimo durante este año sobre todo de un tema que, hablando francamente, no conocía por completo: yo. Todo este rollo de la depresión me ha hecho ver el mundo desde otra perspectiva diferente, una que creía conocer pero que en realidad apenas siquiera medio entendía el concepto. De ahí que ahora, en vez de años, hablo de niveles de experiencia, como en los RPG.

    Lo viejo no se me va a quitar, pero todo lo demás es tratable, y a eso me voy a dedicar.

    Más detalles en el siguiente escrito, que espero que salga este fin de semana.

    Saludos, y aquí sigo.

    Hablando de seguros

    Hace poco más de un mes, entre esos raros días del verano japonés donde por extrañas razones no hace tanto calor, no hay un tifón cerca pero sí está soplando el viento como si de uno se tratase, tuve la mala fortuna de pegarle a la puerta de un carro con mi puerta en el estacionamiento de un supermercado. Lo que más me dolió es que ni siquiera tuve oportunidad de reaccionar porque el viento me arrebató la puerta justo en cuanto la abrí…

    En el carro al que le pegué no había nadie. Revisé inmediatamente los daños esperando que no fuera a ser tan notorio, pero obviamente lo era. No obstante, no era un golpe tan extremo, pero de cualquier forma tendría que hablarle al seguro para avisarles y que se hiciera lo necesario para reparar el daño. He de ser sincero: si me hubiera dado a la fuga probablemente nadie hubiera notado nada. Sin embargo, recordé que hace muchos años a mí mi tocó que le pegaran a mi carro de forma similar y la persona esperó a hablar conmigo en vez de ignorar el asunto; además, la verdad no me iba a sentir nada bien conmigo mismo si no me hubiera hecho responsable. Así que, a esperar a que el dueño llegara.

    El tiempo que transcurre entre que comienzas a esperar y que el dueño aparezca parece eterno, y te pasan muchas cosas por la cabeza: la clase de persona que será, las posibles reacciones que tendrá ante el percance, represalias en caso de que sea alguien conflictivo (sí, también los hay por este lado del charco), y un montón de etcéteras que lo único que hacen es alimentar una ansiedad que de por sí ya está a flor de piel.

    Después de unos 10 minutos llegó aquella esperada persona: una señora de unos 60 años que había realizado compras cotidianas. Ahora, imagínense la reacción de dicha señora al ver que de repente un extranjero la saluda, le explica lo que pasó y le pide que vean juntos el daño, no sin antes asegurarle que el seguro pagará los daños. Les doy 10 segundos…

    Su primera reacción fue de susto, que ahora que lo pienso mejor podría ser clasificada hasta como de terror: brincó hacia atrás al ver su puerta, y era notable que intentaba tener la menor interacción posible conmigo porque se alejaba de mí y trataba de mantener su distancia. Afortunadamente, se calmó y me dijo que en cuál compañía de seguros estaba mi carro, y cuando le respondí, me dijo que ella personalmente quería hablar con mi representante. Asentí y marqué por teléfono, explicándole al representante lo que la señora quería, pero ella se negó, y me dijo que ella quería marcar directamente desde su teléfono. Ahí entendí qué estaba pasando: ella estaba siendo precavida tanto en dar sus datos personales como en que no estuviera siendo estafada por mí, ya que podría ser que yo me hubiera puesto de acuerdo con alguien para asegurarle a ella de que los daños serían reparados y después simplemente desaparecerme. El representante dijo que no había problema, por lo que le pasé los datos a ella y, acto seguido, marcó. Su rostro mostró cierta tranquilidad al corroborar lo que yo le había dicho, e incluso mencionó que le daba cierta tranquilidad el hecho de que la hubiera esperado, porque era más fácil huír del lugar y hacerse de la vista gorda.

    Con todo, nunca me quiso pasar sus datos. Yo tuve que corroborar que el representante ya tenía los de ella para poder también estar en paz. Al final, y después de unas 10 disculpas profundas de mi parte, la señora me dijo que no había problema: confiaba en que los daños se pagarían y que todo estaba bien. Me agradeció mucho todo y se fue.

    Hasta aquí todo está, digamos, normal. Y así estaba hasta que recordé lo que un policía me dijo una vez: hay que dar aviso a la policía ante cualquier accidente, por mínimo que sea. Hablé aterrado con el representante de seguros y me dijo que, aunque era cierto, en este caso no era necesario por las siguientes razones:

    • La persona afectada ya había confirmado que no había nadie en el carro cuando sucedió el accidente
    • Yo estaba plenamente consciente de que había sido mi culpa

    La policía llega a dar parte de un accidente para determinar que no hay heridos y deslindar responsabilidades. El seguro necesita una declaración formal de la policía para estimar cómo y de cuánto va a ser el pago necesario, pero como en este caso las dos partes estaban de acuerdo en que todo era 100% de mi lado y no había nadie en el carro en el momento del golpe, el seguro se podía usar sin mayor problema.

    Al menos eso era un alivio… hasta que vino la parte “fea”:

    Debido a que cualquier golpe a otro carro se trata como accidente, la cuota mensual del seguro aumentará por 3 años en un total de 110,000 yenes. El representante me dijo que si la reparación salía en menos de eso, me convenía mejor pagarlo de mi bolsa para que la cuota no se incrementara. Suena lógico, pero de todas formas es una buena cantidad la que tendría que desembolsar.

    El golpe había sido algo realmente pequeño, algo que un buen laminero en México repararía por una cantidad justa y haría un trabajo profesional (sí, conozco el trabajo de varios lamineros en mi rancho y son realmente buenos), así que por un instante pensé que no sería tanto, pero recordé que esto es Japón y aquí para todo hay protocolo… Además, hace también muchos ayeres un amigo tuvo un accidente similar y el chistecito le había salido en 70,000 yenes (que su seguro pagó).

    Llegó el presupuesto de la reparación: 120,000 yenes más el costo de renta de un carro provisional mientras el de la señora estaba en reparación. O sea: a usar el seguro.

    El representante me dijo que de una vez reparara mi carro también con el seguro, ya que de cualquier forma iba a user usado. El daño que tuvo mi carro es realmente mínimo, al grado que hay que estarlo buscando para poderse dar cuenta de que tiene un par de raspones. Hoy pregunté en la agencia del carro y el señor que ha sido el que me ha atendido desde el año pasado me dijo:

    “Si fuera yo, no lo repararía. Es un daño mínimo y prácticamente ignorable. Pero como de todas formas vas a usar el seguro, pues vamos reparándolo. Hay que cambiar toda la parte de abajo de la puerta”.

    TODA LA PARTE DE ABAJO DE LA PUERTA POR DOS RASPONES

    Digo, sí, el seguro va a pagar, pero no manchen, sí que se van a los extremos aquí. Estoy casi seguro que un buen laminero en México se aventaría el trabajo en un par de horas, me cobraría mucho menos y todo sería de gran calidad (insisto: sí confío en los mecánicos de México, al menos en los que he conocido).

    Al final, la lecciones aprendidas fueron:

    • Obviamente hay que tener seguro para andar en carro aquí, Ya lo sabía, pero esto me lo volvió a recordar por si lo iba a olvidar algún día en mi vida en Japón. Si no hubiera tenido seguro, quién sabe en qué lío estaría hoy
    • Si un accidente del calibre del que tuve sale en 120,000 yenes, no quiero ni pensar en lo que sale uno más estrepitoso
    • NUNCA soltar la puerta del carro al abrirla cuando haya viento. No quiero más sorpresitas como ésta
    • Ya le bailé con 110,000 yenes durante 3 años

    Así de divertidas las cosas por acá. Afortunadamente no hubo personas lesionadas ni fue un accidente que lamentar (más de lo que ya lo he lamentado).

    La escalera – parte 3: Compras compulsivas

    衝動買い (shoudougai) es la palabra japonesa para “compras compulsivas”. Nunca había sido alguien que recurriera a ellas, pero una de las formas en las que me puse a lidiar con la ansiedad fueron ellas, al menos temporalmente.

    Tampoco es como que haya comprado cuanto se me puso enfrente, pero las compras que hice en ese tiempo fueron realmente innecesarias, aunque también fui selectivo (en la mayoría de los casos) y compré cosas que me servirían o que sabía que iba a usar.

    Fire HD 10 Plus

    Hasta que no adquirí una Fire HD 10 del modelo anterior me percaté de que era mucho más conveniente tener una tablet para ciertas ocasiones en las que el teléfono se quedaba corto. Esa tablet me sirvió mucho. Cuando vi que había salido un nuevo modelo y leí varias reseñas al respecto, no le pensé mucho y en el Amazon Prime Day me hice de una 10 plus, que ha sido mi fiel compañera en las noches de insomnio para leer manga o ver algún video en lo que me quedo dormido. Sí fue compra compulsiva, pero sinceramente no me arrepiento.

    Google Nest Mini, 2da. generación

    Siendo sincero, no he sido muy fan de usar ningún asistente de voz. El de Google en el teléfono muy rara vez lo utilizaba para recordatorios y algunas búsquedas, pero hasta ahí. Decidí probar a Alexa con un Echo Show 1era generación (que sí fue compra planeada) y me sorprendió cómo la familia se adaptó al asistente de Amazon en muy pocos días, al grado de que ahora es muy usado por mi esposa y mi hijo el grande.

    Estaba contento con Alexa y consideraba un Echo Dot para el cuarto de trabajo, pero hubo algo que no me gustó para nada: la limitación en cuanto a varios lenguajes. A Alexa se le puede configurar para que hable japonés, inglés, español, entre otros, y también un limitado número de pares de idiomas, como japonés e inglés o inglés y español. Cuando no pude ponerla en japonés y español, cayó de mi gracia, y sabiendo por experiencia que con Google no tenía ese problema, cuando vi una promoción del Google Nest Mini 2da. generación casi casi lo compré al instante.

    Ahora, siendo realistas: sí lo uso diario con algunas rutinas, especialmente en la mañana para escuchar las noticias y el clima, pero no es que necesitara uno urgentemente. De éste tampoco me arrepiento, pero sí es un gadget que quizá pude haber esperado más para comprar.

    Bravo Sling Max

    De ésta sí no tengo excusa.

    Mientras anda por YouTube me salió el video promocional del Kickstarter de esta bolsa/valija/llámele usted como quiera y sin pensarlo dos veces la compré. NO, DEFINITIVAMENTE NO me sobra el dinero; creo que esa noche andaba en un estado emocional no muy bueno y en un arranque de “¿por qué demonios no?” finalicé la compra.

    Veamos:

    • No me hace falta una bolsa así, aunque ésta se ve bastante funcional
    • Debido al coronavirus, casi no salgo más que a lo necesario
    • Ni siquiera tengo una laptop que me quisiera llevar a donde fuera a salir

    Ni hablar. De ésta sí me arrepiento, pero algún uso le he de dar :/

    Disney+ de Estados Unidos

    Si de por sí no tengo tiempo de ver lo que tengo en mi lista de Netflix, casi ni uso Amazon Prime Video, ¿por qué tendría que pagar por otro servicio de streaming? Creo que a lo que más le saco provecho es a Spotify por tanta música (o ruido blanco últimamente) que escucho mientras trabajo. Pero bueno…

    Disney+ también está oficialmente en Japón, pero dije: “A ver: si este servicio se lo voy a poner a mi hijo, quiero que tenga la opción de español como idioma”. Y con eso de que tiene a Pixar y al MCU, pues mejor me fui directamente por el de Estados Unidos.

    El proceso para obtenerlo fue largo, pero al final valió la pena, mucho más de lo imaginado. Ciertamente no lo veo diario, pero he encontrado algunas cosas a las que les estoy siguiendo la pista, y aunque sea de a 10-15 minutos por vez, sí lo estoy disfrutando. Ahora estoy viendo “What if…” de Marvel.

    Compra compulsiva, sí lo fue, pero me alegro de haberlo hecho

    TKO Tournament Keyboard

    Tengo sentimientos encontrados con este teclado, pero no es porque no me haya gustado, sino porque en realidad desde hace mucho quería comprar un Edge, de la misma marca:

    Sí tenía muchas ganas de un Edge, sobre todo porque ya he trabajado con teclados ergonómicos y me gustó mucho la experiencia. Entonces, ¿de dónde salió el TKO?

    Benditos anuncios en YouTube… ¿Necesito decir más?

    El caso es que vi el TKO y recordé cómo me gustaba usar el HHKB2:

    La tecla Control está donde debe de estar

    El diseño fue lo que me convenció, y en la tienda (en línea) de donde provenía el anuncio lo tenian en oferta. Tampoco lo pensé mucho y lo compré… Y hasta después recordé que no tenía mucho de haber comprado un teclado mecánico precisamente para usarlo mientras trabajaba. La compra estaba hecha, y la verdad no quería cancelarla.

    Escogí los switch café… y déjenme decirles que gracias a eso no me arrepiento de la compra y que es de los mejores teclados que he usado. El TKO se convirtió inmediatamente en mi teclado “de batalla”, y el anterior pasó a ser usado en la desktop de la casa, es decir: sí se usa, pero en menor medida.

    Ya le paré… espero

    Con la mejora en mi condición creo… CREO… que volví a mis cinco sentidos al momento de hacer compras, y la prueba está en que me han dado ganas de comprarme audífonos bluetooth, un gaming mouse (tengo uno ya), una gaming laptop (que implicaría endeudarme porque ni de chiste la alcanzo a pagar de contado) y un largo etc., pero ahora cuestiono el uso real que cada artefacto tendrá y termino por desechar la idea, o por “esperarme”. Además, estoy a la caza de un PS5, y si en una de ésas me gano una de las rifas y lo puedo comprar, prefiero poder hacer ese gasto porque sé que invertiré en algo para divertirme y darme gusto, que en algo que tengo que tratar de justificar por qué lo quiero comprar.

    Sigo en el camino hacia arriba, pero no crean que todo ha sido fácil y que no me he caído de nuevo, pero estoy encontrando la fuerza perdida para levantarme cuantas veces sea necesario, porque voy a salir de ésta sí o sí.

    La (no tan activa) caza de un Playstation 5

    Encontrar un Playstation 5 en Japón no es una tarea fácil. Y aunque la situación es similar en muchos otros países, me limitaré a relatar lo que sucede aquí.

    Primero, para evitar innecesarias aglomeraciones de gente, no hay venta directa en las tiendas (en un momento hablo de las excepciones). Cada vez que una tienda saber que va a tener PS5 en existencia, anuncia una rifa, que puede o no tener condiciones para poder entrar a ella; los interesados (y los que cumplan las reglas, si las hay) se registran y esperan los resultados. Los ganadores tienen el derecho de comprarlo.

    Parece simple, y de hecho lo es, pero si tomamos en cuenta que las unidades que las tiendas ponen en existencia son bastante limitadas (promedio de 100, pero no todas dicen exactamente cuántas), y que el número de personas que se anotan para dichas rifas es mucho mayor, la probabilidad de ganar es muy reducida. Incluso en las que tienen condiciones, que podría parecer que la probabilidad de ganar es mayor, es frustrante. Dichas condiciones varían de tienda en tienda, pero se pueden resumir en una o varias de las siguientes:

    • Tener una cuenta “premier” que esté ligada a una tarjeta de crédito,
    • Historial de compras por al menos X cantidad de dinero en los últimos Y meses
    • Bajar y registrarse en la aplicación de la tienda, además de hacer al menos una compra en ella.

    Ahora bien: el precio oficial de la consola es de 54978 yenes en su versión que acepta discos, o 43978 yenes en su versión digital. Sin embargo, los revendedores están a la orden del día para quienes no puedan esperarse más o se hayan cansado de no ganar en las rigas, obviamente con su respectivo aumento de precio, que, sinceramente, cae en lo ridículo:

    Y estos están decentes (tomados de http://rakuten.co.jp). En Amazon Japan se podían encontrar hasta por cerca de 140000 yenes, lo cual es totalmente ridículo. Por cierto, me recibí varios comentarios expresando sorpresa por la presencia de revendedores en Japón, pero no son tan raros como se podría imaginar.

    Se preguntarán entonces si los sitios como Amazon, Rakuten, Mercari y demás no pueden prohibir la reventa. y la respuesta es no. La razón es porque, argumentan, la compra final es un acuerdo entre el vendedor y el comprador, por lo que este último acepta las condiciones que el primero establece. Solamente pueden cancelar tiendas si éstas incurren en algo ilegal o en prácticas que rayen en ello; de otra forma, no hay mucho por hacer.

    Mencionaba arriba sobre excepciones en ventas directas en tiendas. Grandes cadenas como Yodobashi Camera seguido tienen unidades en existencia y se venden directamente sus establecimientos… pero solamente a clientes que tengan su tarjeta de crédito de la misma tienda, que si bien no cuesta nada tramitarla (y quizá a algunos les convenga si es que todavía no tienen una), no es una opción tan viable para quienes ya tienen una o varias tarjetas de crédito.

    Amazon Japan tiene semanas que pone en existencia PS5 los viernes alrededor de las 9 AM, pero, como se podrán imaginar, es increíblemente difícil poder comprarlo debido a que muchísimas otras personas intentan hacer lo mismo, los servidores se saturan, y de repente el PS5 que tenías en tu carrito de compras mágicamente ya no está disponible. De hecho, tengo uno versión digital esperando en mi lista de “comprar después”, que nunca puedo poner de nuevo en el carrito porque en el instante en el que lo hago se agotan.

    Varios amigos me han enviado fotos de PS5 en existencia en México; incluso varias personas me han sugerido comprarlo en México y enviarlo a Japón, pero cuando vi el precio que se maneja por allá, y pensando en los posibles impuestos que me cobrarían, no es tan buena opción, o al menos no es tan diferente de los precios manejados por los revendedores.

    Definitivamente no es que me urja tener uno a la voz de ya. La caza se ha vuelto más bien un meme que hago para desestresarme cuando les miento la madre a los revendedores cada viernes con el objetivo de sacar algo del estrés de la semana. Incluso he tenido ofrecimientos de buenos amigos aquí en Japón de comprarlo en donde ellos viven cuando hay en existencia y enviármelo a mi casa, pero como todavía no necesito uno, las he agradecido y rechazado al mismo tiempo. Total, sé que cuando quiera comprarlo ellos estarán ahí para ayudarme si no es que se ha normalizado la venta por este lado del mundo.

    Muchos japoneses están disgustados con la situación (aunque no se pueda hacer mucho realmente), y la voz contra los revendedores es unísona. Hay muchas páginas que recopilan información de unidades en existencia, rifas ocurriendo y lista de las que van a ocurrir en los siguientes días, entre las que puedo mencionar:

    Interesados en seguir la pista del PS5 en Japón pueden seguir #PS5抽選 en Twitter.

    Mi aventura continúa.