Shin Gojira – La nueva película de Godzilla

Hasta me parece increíble poder escribir respecto a una película que no tiene ni una semana de haber salido. Antes de convertirme en papá iba a ver las películas casi casi el día de su estreno, y Emi me reclamaba de que íbamos mucho al cine. ¿Ahora? Ya se saben la respuesta.

El caso es que vi la nueva película de Godzilla, y quiero comentar al respecto. Hay spoilers, sí, pero nada que arruine la experiencia. Después de todo, los que la van a ver ya saben a lo que van.

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¿Sabías que…? – Parte 26

Esto es algo que noté desde los primeros meses que estuve en Japón, pero después se convirtió en algo tan común (de ver, porque yo no me abstengo) que se me había pasado comentarlo por acá.

¿Quién se come el último pedazo?

¿Sabías que los japoneses siempre se abstienen de comer la última pieza (o la última porción) ?

Según tengo entendido, esto no es exclusivo de Japón, sino que es un patrón común en varias partes de Asia.

Hasta donde sé, la razón por la que nadie quiere tomar la última porción de algo es porque sencillamente les importa mucho lo que los demás piensen de ellos. En concreto, comerse la última pieza se puede considerar como que la persona que lo hizo solamente pensaba en comer, o bien que es una persona avariciosa. Y justamente cuando queda una pieza comienza el diálogo de a quién lo van a ceder (noten que no es “quién se lo quiere comer”). Generalmente hay que insistir mucho antes de que alguien junte el valor necesario para tomarla, no sin antes haber intercambiado frases como las siguientes:

  • Que se lo coma fulanito porque él es joven y puede comer mucho.
  • Que se lo coma sutanito porque no comió bien durante el día.
  • “¡Ándele jefe! ¡Vaya por la última pieza!”
  • “Sempai, por favor”
  • “No no. Hay que cederle la pieza al nuevo”.
  • “¡Pero estoy muy lleno y ya no puedo comer nada!”

En muchas ocasiones me tocó ver cómo la última pieza siempre se quedaba ahí, y lo consideraba como un desperdicio. Después de un tiempo, cuando alguien comenzaba con eso, yo levantaba la mano y la tomaba, usando mi poder especial de ser extranjero.

Si alguna vez tienen oportunidad de vivir esto, esperen un poco antes de ofrecerse como voluntario para tomar la última porción. Lejos de tomarlo como burla, es un aspecto interesante de la cultura puesto que, al menos con base en lo que aprendí en México, es algo que no se da en la nuestra.

 

Singapur 

Tengo 4 años laborando en la compañía, y varias veces me había preguntado si me tocaría viajar de negocios. Con el paso de los años, comenzaron a salir pequeños “viajes”, primero dentro del mismo Tokio, luego a otras prefecturas en Japón. La semana pasada, fue la primera vez que tuve que salir del país por trabajo. Destino: Singapur.

Puede sonar bonito cuando escuchas que alguien va a viajar de negocios a algún lado, pero como muchos se pueden imaginar, está muy distante de ser placentero, menos cuando te toca trabajar con japoneses y quieren seguir el ritmo de trabajo que tienen en su país.

El caso es que el viaje fue por demás agotante. Primero, teniendo que viajar con alguien de la empresa (afortunadamente no en asientos contiguos); luego, olvidarte de cualquier libertad a la hora de la comida y después de salir de trabajar (ya se la saben: el típico”vamos a cenar” y luego a beber… y no olvidar que uno no tiene voz para escoger qué quiere comer).  Sí, estrés. Estoy totalmente de acuerdo en que uno no va con afán de ser turista, pero el hecho de que te quieran tener encadenado hasta que los jefes se cansen y te dejen en la recepción del hotel es asfixiante en toda la extensión de la palabra.

Aunque creo que lo que fui a hacer allá bien podría haber sido discutido en una vídeo conferencia, al menos puedo mencionar que el poco tiempo que tive para mí (y que está mostrado en Periscope) me sirvió para refrescarme de Japón y recordar lo que es la vida fuera del ojo que todo lo ve en la sociedad japonesa. Singapur es un país producto de mezclas de cultura, y la diversidad se siente en el aire, y eso es un total alivio para alguien que no ha estado fuera de Japón por varios años (la última vez que salí de aquí fue a Guam, en 2013). Fueron pocas horas, pero aunque no hice ningún tipo de actividad, las traté de disfrutar al máximo.

Algo que me da risa es recordar lo baratos que son los taxis fuera de la tierra del sol naciente: un recorrido de 30 minutos al aeropuerto (por vía rápida, sin bajar de 90km/h) me costó 23. 03 dólares de Singapur; ese mismo recorrido en Japón me habría salido en unos 9000 yenes mínimo. Hasta gusto daba subirse a un taxi y encontrarte con que no te va a costar un ojo de la cara. Para que se den una idea, el banderazo en Tokio ronda los 720 yenes, y de ahí obviamente por distancia. Un recorrido de 15 minutos para regresar del ayuntamiento a la casa en Tokio me cuesta 1500 yenes aproximadamente…

Huelga decir que terminé muerto y llegué de vuelta a Japón en estado “zombie”. Se les ocurrió ponerme en el vuelo nocturno para llegar a Tokio a las 6:30 am, justo en el primer día del EVO 2016… Pero tengo que mencionar a fuerzas a Singapore Airlines: sin lugar a dudas, la mejor en la que he viajado. 295 películas en demanda, y yo sin ir al cine desde hace un buen… terminé viendo las siguientes películas:

  • 10 Cloverfield Lane
  • The Revenant
  • Deadpool
  • Zootopia

En efecto, no había visto ninguna de ésas. El vuelo de ida fue por la tarde, así que no hubo problema, pero el de regreso sí me pegó el cansancio, y antes de que digan que habría sido mejor dormir, dejen les cuento que no puedo dormir en camiones o aviones; nunca logré perfeccionar la técnica de dormir en ese tipo de asientos, lamentablemente. Si acaso, cuando estoy muy cansado, duermo a lo más un par de horas.

Mencioné un poco más arriba que no tuve oportunidad de escoger lo que quería comer, pero no por eso dejé de disfrutar las delicias de la cocina singapurense, patrocinadas obviamente por la empresa; el punto es que, por ser de culturas diferentes, los platillos que a los japoneses les parecen un manjar o algo para estar emocionados, para mí necesariamente no lo son, y por ende no me puedo sorprender de la manera que ellos esperan.

Por la naturaleza del proyecto en el que estoy participando, creo que es probable que vuelva a ir a Singapur, aunque no será pronto. Pero la siguiente vez, intentaré que me hospeden en el hotel que muestra la foto de arriba: Marina Bay Sands. La alberca infinita que tiene en el último piso es una tentación difícil de resistir, pero solamente pueden mandar en ella los huéspedes del hotel. Y a ver si esta vez al menos me dan tiempo para darme una vuelta.

Ligas a los Periscope que hice desde Singapur:

Residente permanente

Llegué a Japón por segunda vez en mi vida el 2 de abril de 2003. Y ahí comenzó la aventura que hasta el día de hoy sigo viviendo.

Una buena parte de lo que me ha sucedido por acá ya se ha contado en este blog, pero hay algo en específico que creo que nunca he mencionado:

En Japón, las visas se manejan como “estatus de residencia”. Existen muchos tipos de estatus; aquí pueden ver una lista (en inglés) describiendo brevemente cada uno de ellos. La odisea de obtener el preciado estatus comienza  desde antes de llegar a Japón. Huelga decir que obtener un estatus de residencia por cuenta propia es difícil, a menos que

  • Estés aceptado en una institución educativa en Japón.
  • Estés aceptado en una compañía que labora en Japón.
  • Estés casado con una persona de nacionalidad japonesa.

Por supuesto, si estás casado y tu cónyuge trabaja en Japón (aunque no sea japonés y su estatus sea legal) puedes obtener el estado de dependiente.

La cuestión del estatus de residencia apropiado es importante, porque cada uno te limita en los tipos de actividades que puedes desempeñar de este lado del mundo, y cada vez que cambies de trabajo o de actividad principal, debes revisar si tu estatus te permite realizar la actividad deseada. Por ejemplo, siendo estudiante no puedes trabajar, pero puedes pedir un permiso que te permite hacer cierto tipo de trabajos hasta 28 horas semanales o 40 en época de vacaciones; si tu trabajo es programador y te cambias a un área administrativa, debes cambiar tu estatus o de lo contrario corres el riesgo de ser sancionado.

Las meta de las personas que quieren vivir en Japón por largo tiempo o de manera permanente es obtener un estatus que no limite las actividades laborales que se pueden realizar, o al menos, un estatus por una duración de más de un año, para evitar el martirio que es ir a la oficina de migración a hacer el trámite (en Tokio, Osaka o Fukuoka, al menos; en lugares más rurales generalmente no hay gente y no tienes que esperar tanto). Es decir, obtener el estatus:

  • De lo que sea, pero por 3 o 5 años. Se corre el riesgo de que, si cambias de estatus, te vuelvan a dar uno por 1 año solamente.
  • De cónyuge, porque no hay restricciones en los trabajos que puedes realizar.
  • De residencia permanente, la cual tampoco tiene restricciones y ya no hay que renovar el estatus (es como la meta, a menos que quieran hacer la siguiente).
  • De adoptar la nacionalidad japonesa.

Con residencia permanente es mucho más fácil conseguir créditos o préstamos bancarios para carros, casas o similares, puesto que el estatus respalda, en teoría, que no planeas dejar Japón, lo que le da seguridad a las instuticiones de crédito. Asimismo, existen algunas municipalidades en las que es posible participar en comicios electorales con residencia permanente.

Mi historia de estatus de residencia ha sido larga y sinuosa, y  aquí la recapitulo:

  • Estudiante extranjero, 1 año.
  • Estudiante extranjero, 2 años.
  • Estudiante extranjero, 3 años.
  • Ingeniería, 1 año.
  • Ingeniería, 3 años.
  • Cónyuge, 1 año.
  • Cónyuge, 1 año.
  • Cónyuge, 3 años.

El pasado viernes, esta historia llegó a su final. Después de 4840 días de estar en Japón, o sea 13 años y 3 meses, me fue otorgada, al fin, la residencia permanente en este país.

¿Qué quiere decir esto?

Que ya me puedo olvidar de la renovación de estatus anual, que me hacía perder 2 días de mis vacaciones (al menos) para hacer el trámite.

¿Te piensas quedar permanentemente en Japón?

No lo he decidido todavía, pero es una opción que siempre he considerado, y si consideramos algunos sucesos acaecidos a lo largo de dos años de intentos con cierta universidad de cierta entidad federativa en México, la opción de quedarme por acá es cada vez más fuerte.

Entonces, ¿para qué pediste la residencia permanente?

Además de evitarme la molestia de estar yendo con tanta frecuencia a la oficina de migración, en el caso de que me quede en este país me da la oportunidad de comenzar a planear mucho desde el momento en el que lo decida, sin tener que esperar para hacer el trámite ni depender del resultado, porque el proceso de evaluación para ver si te otorgan la residencia permanente es de 6 meses a un año.

Sé que muchos otros mexicanos han obtenido su residencia permanente con solamente haber estado 4 años en Japón, pero en su caso es porque llegaron aquí casados con nacionales japoneses, y ésa es la forma más rápida de obtenerla. Si, en cambio, vienen solos y comienzan a estudiar o trabajar aquí (como su servidor), el camino es largo, porque uno de los requisitos es haber vivido en Japón por al menos 10 años, y tener al menos 5 años consecutivos con un estatus que permita trabajar. Aquí dejo una liga con la lista de requisitos completa, directamente del ministerio de justicia de Japón.

Así que, desde ya, soy un (otro) mexicano en Japón con residencia permanente.

Noten que esto NO ES una guía de visas japonesas, ni de cómo obtenerla, ni tampoco soy autoridad para ayudar a alguien a obtener una. Si están interesados en los tipos de visa, trámites, consejos y demás, hay muchas páginas en internet con apoyo jurídico, incluso en español, en donde pueden encontrar guías al respecto. Google es su amigo.

Disciplina y el “qué dirán”

Entre tantas ocupaciones y trabajo, el tiempo se pasa volando y a veces no te das cuenta de mucho de lo que sucede a tu alrededor. Y es que es tan fácil desconectarse del mundo viviendo por acá, que cuando menos te das cuenta el mundo ha cambiado, en ocasiones de forma significativa.

Hubo una noticia que le dio la vuelta al mundo, que ha sido comentada en muchos medios y que seguramente la mayoría de los que me honran con su tiempo por acá ya se ha enterado, pero de todas formas vale la pena analizarla con un poco más de detalle, aun cuando ya hablé algo al respecto en el Periscope.

Una familia de Hokkaido fue de paseo. Llevaban 2 niños. Horas después llega el padre a la policía para reportar que su hijo menor, de 7 años, se perdió en el bosque. Dijo que iban caminando y que de repente ya no lo vio. Obviamente las autoridades comenzaron la búsqueda, puesto que el lugar está habitado por osos y el niño corría peligro no solamente por ellos, sino también por el clima (en esa época en Hokkaido, la temperatura baja hasta alrededor de 7 grados).

Después de que habían pasado algunas horas desde el reporte del padre, éste cambia su declaración: resulta qur el niño nobse les perdió, sino que el padre lo abandonó en el bosque como método de disciplina debido a que el niño estaba aventando piedras a personas y a carros. Sí, así como lo leen: lo bajó del carro en medio de un camino, y regresó a los 5 minutos por él pero ya no lo encontró.

Esto desató una serie de críticas muy fuertes, tanto al padre como a los métodos de disciplina empleados en Japón, además de levantar sospechas de todo tipo. Uno no quiere pensar mal, pero de verdad que cuando pasa algo en Japón es tan… extremo, que la idea de que el padre había asesinado al niño y tirado el cadáver en el mencionado bosque no sonaba tan loca como se lee.

Como era de esperarse, al padre le llovió de todo. Sí, estaba visiblemente estresado de la preocupación, pero los debates que se realizaron en Japón y la opinión pública estaba a todo lo que daban. En concreto: si realmente había sido un método disciplinario, ¿no había sido demasiado? ¿Estaba justificado poner al niño en ese riesgo por una situación como la descrita? Y aunque no lo crean, salieron personas que aprobaron la medida. El padre del niño solamente mencionó que lo hizo porque también a él se lo habían hecho cuando estaba chico. ¿Se justifica?

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Algo sobre las nuevas generaciones en Japón y su interacción con la tecnología

Hace mes y medio me enviaron del trabajo a ayudar en la aplicación de un examen de inglés (propietario de la compañía) a una universidad en la que nos habían contratado por primera vez. He asistido a otras universidades en diferentes partes de Japón y me ha tocado ser 実施監督, o sea, supervisor en la aplicación de dicho examen, labor que se resume en:

  • Preparar las computadoras.
  • Escribir instrucciones en el pizarrón y leerlas en voz alta.
  • Resolver cualquier problema técnico que pueda suceder durante el examen.

Noten las negritas en “técnico”. Con la experiencia que tengo en enseñar inglés en escuelas de Japón, sé de antemano que las responsabilidades que te dicen que tendrás siempre se quedan cortas, porque se presentan situaciones que, aunque no deberías de manejar, terminas haciéndolas porque “se espera que ya sepas que eso podría pasar” o de plano la velocidad de reacción de los encargados japoneses es más lenta que una carrera entra la tortuga de la fábula vs. el caracol de Monsters University que quiere llegar a tiempo a clases y termina llegando al salón al final del semestre.

musnail

Como podrán imaginarse, son estos sucesos los que se presentan con más frecuencia. Y para ser sincero, me parece increíble, por decir lo menos. Pero vayamos por partes.

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Un año después

Un año parece eterno, y durante él pueden suceder muchas cosas, pero cuando tu vida cambia por completo y estás todos los días al pendiente de algo, o de alguien, parece como si todo hubiera sucedido en un instante.

Los primeros meses del año pasado eran de expectación. Sabía que me convertiría en padre, y creía que sabía lo que eso significaba (me daría cuenta después de que no), pero conforme la fecha se acercaba, cada vez estaba más nervioso. Y mi primera preocupación no era todavía el día en que naciera mi primer hijo, sino que existía la posibilidad de que no llegara a tiempo para recibirlo.

Emi y yo decidimos que el niño naciera en Iizuka, por diferentes razones, pero la que más peso tenía era que quería estar cerca de su familia cuando eso sucediera, además de que en Tokio, no le gustaría estar sola cuando tuviera que ir al hospital o en caso de una emergencia, puesto que era muy probable que yo estuviera en el trabajo y no llegara a tiempo. Necesitábamos que alguien estuviera siempre al pendiente, y como mi familia está mucho, pero mucho más lejos que la de ella, la decisión era obvia.

No es raro que las japonesas decidan dar a luz en su lugar de origen. A esto se le llama 里帰り出産 (satogaeri shussan). Emi tenía su clínica y médico asignado por acá, pero también ya había reservado, con muchos meses de anticipación, su lugar en el hospital donde daría a luz en su tierra natal. Curiosamente, era el mismo lugar que en el que Emi vino al mundo. El médico de ese lugar le aconsejó regresar a Iizuka aproximadamente mes y medio antes de la fecha programada, y así hicimos los planes.

Sinceramente, ignoro si una persona de casi 8 meses de embarazo puede viajar en avión, pero entre dimes y diretes, y por recomendación de mi suegra, nos aventuramos a regresar a Fukuoka en Shinkansen, idea que a Emi no le agradaba del todo pero yo no estaba en contra; la razón es que el viaje toma más de 5 horas, y aunque es muy placentero y puedes ir viendo diferentes paisajes de Japón, pasar 5 horas así era algo que Emi quería evitar de ser posible; después de todo, era un viaje que ya habíamos hecho 4 años atrás, cuando decidí probar suerte en la capital nipona. El caso es que el viaje transcurrió sin mucho problema. Yo tenía casi un año de no regresar a Fukuoka, pero esta vez, no era por turismo ni por ver a mis amigos allá.

Regresé a Tokio, a estar de nuevo solo durante al menos un mes. Sin embargo, esta vez era muy diferente. Emi me dejó con el mensaje: “Aprovecha este periodo que estarás solo, porque será el último que tengas en mucho tiempo. Sal, diviértete, haz lo que quieras y disfruta tu tiempo”. Sí, de entrada todo eso suena muy bien, pero vives con la expectativa de que, aunque tienes una vaga idea de cómo serán las cosas después, realmente no lo sabes hasta que el momento llega.

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13 años en el país del sol naciente

Ya estoy viejo.

Tenía 24 años cuando llegué por segunda vez al país que se convirtió en mi segundo hogar. Había logrado regresar, justo como lo prometí cuando el avión partía del aeropuerto de Kansai para regresarme a México hacía solamente medio año atrás.

He cumplido ya más de 4 años viviendo en Tokio. Venir a la capital era obviamente el siguiente paso, puesto que haberme quedado en Iizuka habría significado un retroceso en mi crecimiento personal y profesional. Pero nunca pensé que mi vida daría un giro tan grande, que en más de alguna ocasión me puso a pensar si lo que dejé se compensaba con lo que había obtenido. Es el mismo país, con otro ritmo, pero el mismo al fin y al cabo.

Tokio me recibió bien; mejor de lo que pensaba. Vivía en un lugar céntrico, y el mítico Akihabara me quedaba a 2 estaciones de metro. No era el paraíso, pero al menos todo pintaba bien. Era la calma antes de la tempestad. Ya he relatado con lujo de detalle lo que pasó durante los primeros 10 meses en en la capital, y no planeo repetirlo aquí (ni tampoco lo merece).

Después de que vi la luz, y habiendo regresado a México para quitarme el mal sabor de boca con el que la gran metrópoli nipona me había dejado, me preparaba para lo siguiente. Lo que había pasado tenía que ser solamente un capítulo más de la historia, y no tenía por qué prolongarse… o al menos yo así lo pensaba. Tenía que darle otra oportunidad a Tokio. Salir de ahí en las circunstancias que me encontraba en esos momentos no era la solución (era una de ellas, pero no la óptima). Tenía que encontrar mi lugar.

Tokio y yo nos comenzamos a acoplar. Después de todo, nuestro idilio llevaba poco y teníamos que aprender a convivir, porque de lo contrario esto iba a terminar mal. Yo había puesto de mi parte, pero la capital me estaba debiendo mucho; era su oportunidad de ponerse a mano.

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Simple comparación entre 1991 y 2008 – Trenes en Japón en hora pico

Antes de sacar el escrito “conmemorativo” de mis 13 años por acá, me encontré con un par de videos que me parecieron curiosos y que vale la pena ponerlos aquí para la posteridad.

Ambos videos fueron tomados en el mismo lugar, a la misma hora, por la misma persona, con 17 años de diferencia: estación Hibari ga Oka (ひばりヶ丘) de la línea Seibu Ikebukuro. Es una estación por la que paso diario de ida y vuelta, y me consta que se atasca a horas pico, pero ni de chiste se parece a lo que el video de 1991 muestra.

1991:

2008:

No obstante, todavía hay lugares que, aun en estas fechas, se asemejan al primer video. ¿Alguien quiere subirse a la línea Den en Toshi de Sangen Jaya a Shibuya un lunes a las 8 am? Ahí me cuentan su experiencia.

Encuentro, convivencia y despedida – La historia de mi mamá japonesa

Hace poco volví a mencionar a mi primera “mamá japonesa”, pero especifiqué que la historia completa debía ser contada en otra ocasión. Hela aquí.

Primero que nada, la presentación ya ha sido hecha en el pasado, concretamente en la parte final de “Los años maravillosos”, así que los invito a que vayan para allá y lean cómo la conocí.

La señora M, vivía con su segundo esposo, quien se convirtió en mi “papá japonés”. Debo aclarar que se me hacía totalmente extraño llamarlo “Otousan”, ya que no es mi papá, pero es una forma genérica de llamar a hombres de edad avanzada; a M siempre la llamé por su nombre. El caso es que la relación con ella y con su esposo se volvió muy buena: me ayudaban, me invitaban a comer, íbamos a pasear de vez en cuando. Todo bien. Hablar japonés daba frutos, especialmente estando en un lugar como Iizuka.

Ellos es que fueron los que me llevaron a mi primer festival de fuegos artificiales en Japón. Era mi primer verano en el país, y ellos se ofrecieron a llevarme para vivir la experiencia. Fue algo mágico, y todavía recuerdo estar sentado en el pasto, al lado del río, platicando con el señor M, en donde mis sentimientos encontrados cobraban voz: me gustaba lo que veía, lo que estaba viviendo, pero mi mente estaba todavía en México, con Z (mi novia en ese entonces); estaba viviendo el sueño de estar en Japón, pero en ese entonces todavía no lo procesaba del todo. El señor M me escuchó y trató de confortarme mientras los fuegos artificiales iluminaban la clara noche de verano que teníamos ante nosotros.

También me tocó ir con ellos a ver la película de “The Passion of Christ” (la de Mel Gibson), ya que ellos eran cristianos y tenían curiosidad por ella. M lloró y lloró después de que salimos de la sala, y la plática durante el regreso fue, como bien podrán imaginarse, de temas bíblicos.

M me ayudó a contratar mi primer seguro del carro presentándome a una de sus amigas que trabajaba en eso. La señora que me atendió era súper amable, y de hecho durante todo el tiempo que tuve carro ahí ella me guió en todo lo que a seguros se refería. Experimenté de primera mano el trato al cliente en Japón estilo VIP: ella iba a donde yo le dijera, a la hora que le dijera, para llevarme documentos que tenía que leer or firmar (bueno, ponerle sellito); me avisaba con prontitud sobre la fecha de expiración del contrato y me explicaba a detalle los planes que me convenían, lo que me salía más barato pero tenía buena cobertura… en fin. ¿11 de la noche en el estacionamiento del supermercado enfrente de la universidad? Ningún problema, ella estaba ahí.

Gracias a M también conocí a una pastora que tenía su iglesia justo en el centro de Tenjin, el área más concurrida y visitada no solo de Fukuoka, sino de todo Kyushu. Es “el centro”, donde están las tiendotas, los restuarantes, etc.; es decir, donde lo más importante del lugar se junta. ¿Lo especial? Que me dejaba estacionar el carro en su iglesia por todo el tiempo que yo quisiera, lo cual ayudaba mucho a mi economía (puesto que el estacionamiento en esa zona es caro con ganas) y me llegó a servir como forma de “farolear” cuando me tocaba andar con alguna chica por esa área. Sí, yo sé… eran mis tiempos “locos” (ver “Amor en los tiempos del sushi”).

No obstante, de lo que le estoy mucho más agradecido es de la ayuda brindada cuando traje a mi señora madre a Japón en 2005. Ciertamente fue nada más una llevada a las aguas termales, un masaje que mi mamá todavía recuerda hoy en día, y un yakiniku, pero el simple detalle de tomar en cuenta a mi mamá es algo que, independientemente de lo que pasó después, siempre le agradeceré.

Entonces, si todo suena tan bien, ¿qué pasó que hizo que todo esto cambiara?

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La vida de un mexicano en el país del sol naciente.