Kyoukai no Rinne (境界のRinne)- Anime en 2015

kyoukainorinne

(Imagen original en http://natalie.mu/media/comic/1411/1117/extra/news_xlarge_anime-rinne-visual.jpg)

Se acaba de anunciar que la obra más reciente de Rumiko Takahashi tendrá versión animada en la primavera de 2015, y será transmitida en el canal E-Tele (NHK)

Se tienen programados 25 capítulos, por lo que no se puede esperar una adaptación 100% fiel, ya que la obra comenzó en 2009 y aún sigue siendo publicada en el semanario Sunday.

Seguramente los fans de Rumiko Takahashi (me incluyo) estarán contentos con la noticia, pero como suele ser el caso, les recomiendo mejor el manga. Ya vimos lo que pasó con Inu Yasha, y si vemos un poco más atrás, con Ranma. 25 capítulos serán interesantes, pero no creo que le hagan justicia a la historia.

Composición de funciones en Scala

La idea principal en programación funcional es llevar a cabo el proceso mediante la aplicación de funciones sin guardar estado (sin modificar los valores originalmente proveídos). Por ello, y al igual que en álgebra, es posible crear una función compuesta, que no es nada más que la aplicación sucesiva de dos funciones. Obviamente, hay que tener cuidado en que el valor de retorno de la primera función sea del tipo del argumento que la segunda función espera.

Wikipedia muestra una imagen que ilustra claramente el concepto de composición de funciones.

Compfun

La composición de funciones se define con el signo ・, que indica que la primera función se aplica al resultado de aplicar la segunda función al parámetro recibido. Usando el ejemplo de la imagen y definiendo h = g ・f, tenemos que h(a) = @, puesto que h se define aplicando g(f(a)).

El mismo concepto se aplica en programación funcional. Supongamos que tenemos las siguientes funciones:

 def toInt(s: String) = s.toInt
 def addOne(i: Int) = i + 1
 def by4(i: Int) = i * 4

Scala tiene 2 operadores para componer funciones: compose y andThen. La diferencia es que mientras f compose g es f(g(x)), f andThen g es g(f(x)). Por tanto, si queremos definir una función que primero convierta la cadena recibida en entero y después le sume uno a ese entero, podemos hacerlo de dos formas:

  /*
    With compose:
    composed1 = addOne(toInt(x))
   */
  val composed1 = addOne _ compose toInt

  /*
    With andThen
    composed2 = addOne(toInt(x))
   */
  val composed2 = toInt _ andThen addOne

Es entonces fácil ver que estas 2 funciones compuestas (composed3 y composed4) no son lo mismo:

val composed3 = addOne _ compose by4
val composed4 = addOne _ andThen by4

Aplicando las funciones compuestas definidas:

val strFunctions = List(composed1, composed2)
val intFunctions = List(composed3, composed4)

strFunctions foreach (f => println(f("3")))
intFunctions foreach (f => println(f(4)))

Y los resultados son:

4
4
17
20

El concepto de composición de funciones es realmente muy simple, y facilita mucho la creación de nuevas funciones basadas en algunas que ya tengamos definidas.

Como nota adicional, en Haskell es mucho más fácil crear una función compuesta, ya que solo es necesario usar “.”:

import Control.Monad

main = do
 f ← liftM(composed1) $ getLine
 print f
 where composed1 = addOne . toInt
 
addOne ∷ Int → Int
addOne = (+1)

toInt ∷ String → Int
toInt x = read x ∷ Int

El “.” en Haskell funciona como el compose en Scala; además, hay diferentes formas de hacer un programa como el de arriba, pero en este caso escogí usar liftM.

Cabe mencionar que en Scala también es posible componer 2 funciones monádicas en una usando algo llamado composición Kleisli, pero hay que usar Scalaz para tener acceso a ella. Y no es necesario entender teoría de categorías para usarlas; simplemente hay que cuidar los parámetros y los tipos de datos que regresan las funciones.  Esto es tema de otro post, pero lo pongo aquí por si alguien se interesa pueda ir investigando por su cuenta.

La mejor final que he visto

Así como existe el memorable momento #37 en el EVO, lo que sucedió ahora realmente junta todo lo que significa un juego de pelea.

Pepeday, un jugador de Fukuoka, se ha convertido en el favorito de la gente de la noche a la mañana, y es que hasta antes del Tokyo Game Show realmente poca gente sabía de él. ¿Alguien que maneja a El Fuerte y que puede vencer a jugadores del calibre de Daigo Umehara o Bonchan, y de pilón gana el evento y asegura un lugar en el EVO 2015? Fama inmediata.

Hoy fueron las finales de la Canada Cup 2014. Pepeday viajó hasta Canadá patrocinado por Twitch y por r/Kappa (en Reddit), y vaya que aprovechó la oportunidad. Poongko, otro conocido jugador coreano, también fue patrocinado por Twitch. La final fue entre estos dos titanes, y lo que sucedió fue, en pocas palabras, increíble.

Pepeday estará en el Dreamhack 2014 (en Suecia) a finales de este mes, buscando ganarse el último boleto disponible para la Capcom Cup, que se llevará a cabo en diciembre, en San Francisco, California.

No hay nada más que decir. Véanlo ustedes mismos.

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Uno más a la cuenta

Este blog tiene 10 años de existir. En él he plasmado mucha información sobre el país del sol naciente y mi experiencia por este lado del mundo.

Escribo esto para que quede para la posteridad, para verlo un día en el futuro y reírme porque al verlo en perspectiva seguramente será causa de gracia.

Cumplo 36 años hoy. ¿Y saben algo? En este momento no me siento ni feliz ni completo. Sí tengo un objetivo muy claro, y me rodea gente que me quiere y apoya incondicionalmente, pero me desespero porque ahora no me siento capaz de responderles como es debido.

Mucho ha pasado en el transcurso de un año, y tengo razones para estar más feliz que nunca… y sin embargo, por más que me esfuerzo, en este momento no me llega la felicidad. He cometido errores, y algunas situaciones (más que las que me gustaría admitir) no han sido favorables, y con cada fracaso me levanto, aprendo y miro hacia adelante, pero al mismo tiempo se va parte de la energía que tengo dentro simplemente porque a nadie le gusta fallar y yo no soy la excepción. Y como que de tantas fallas me llegó el sentimiento; no me tumbó, pero sí me hizo sucumbir.

No crean que ya estoy por aventarme del Skytree, ni nada por el estilo. Simplemente no me siento bien, ni a gusto. Me dirán “¡Pues haz algo para remediarlo!”, y es precisamente lo que he estado haciendo desde hace ya tiempo, solamente que los métodos que he escogido no han funcionado. Tampoco significa que ya no haya más métodos que intentar; queda mucho camino por delante. Es sólo que me estoy dando la oportunidad de sentirme mal, de desahogarme (aunque sea un poco) antes de comenzar con el siguiente intento.

Feliz cumpleaños a mí. Ojalá que dentro de 10 años que lea esto, lo que estoy viviendo actualmente se convierta en un bonito recuerdo. De hecho, creo que sería bueno ponerlo como meta a 10 años.

Ya (casi) nadie escribe bien… y a (casi) nadie le importa

Aclaración pertinente: Antes de que vayan a decirme que ya estoy ruco, que “le baje” o que me he vuelto muy “purista”, he escrito respecto a este tema antes, concretamente hace más de 7 años aquí y aquí. Porque luego salen con que ya “ando chocheando”.

Las reglas ortográficas se han vuelto muy escurridizas, pues las busco y busco pero cada vez es más difícil encontrarlas, y al parecer mucha gente se ha cansado de buscarlas y mejor optan por olvidarlas.

Hace años que comento esto, mucho antes de abrir el blog, pero veo con tristeza que cada vez a menos gente le importa escribir bien y que los demás también lo hagan. Y si antes era ya notorio, con la difusión de internet, de aplicaciones como Whatsapp, Line, Facebook o Twitter, más personas tienen acceso a medios escritos, lo que conlleva a la proliferación de errores y a resignarse porque nada, o muy poco, se corrige.

A nadie le gusta que lo corrijan, y conforme ganamos años y nos volvemos más seniles nos cuesta más trabajo aceptar que nos equivocamos. Es, creo yo, naturaleza humana. No obstante, las correcciones son necesarias si es que queremos aprender y dejar de cometer errores. El problema radica en el que la sociedad se ha vuelto mucho más tolerante a las fallas en la escritura debido a la inmensa cantidad de datos que se mueven dia a día gracias a la red: blogs, chats, foros de discusión, periódicos en línea, etc., etc., y esa tolerancia se ha convertido en duda, y después de eso, en indiferencia. Ya no nos preocupamos si algo está mal aunque lo entendamos, y de tanto ver los mismo errores, al momento de escribir dudamos de cuál sea la forma correcta, y a final de cuentas nos termina dando igual cómo estén escritas las cosas. “Al fin y al cabo, se entiende”, es lo que terminamos diciendo.

Antes escuchaba a las personas de las agencias de reclutamiento decir que ponían cuidado en revisar la ortografía de los candidatos, pero me pregunto si ahora, después de tantos años de no estar en mi país, se sigue aplicando esa práctica. ¿Y las clases de español en primaria y secundaria? Misterios (sólo mios, porque no vivo en México ahora) que hay que resolver.

Lo que ahora veo no difiere mucho de lo que comentaba hace años aquí mismo. Los errores son básicamente los mismos; el uso de los acentos está prácticamente olvidado; los signos de admiración e interrogación al inicio de un enunciado no se ven por ningún lado. ¡Ah! Pero no escribas mal el nombre de Justin Bieber, porque entonces sí mereces ser crucificado y Barrabás merece ser liberado.

¿Qué ha cambiado entonces?

Una de las principales causas, y al mismo tiempo pretexto, de las fallas ortográficas es la autocorrección de los teléfonos inteligentes, smartphones. Cierto es que es una función muy útil, pero es muy diferente que termines con un mensaje estilo “Tu fruta madre”, a que escojas a diestra y siniestra palabras con o sin acento, especialmente algunas como “el” y “él”, “por que”, “por qué”, “porque” y “porqué”, “cómo” y “como”, etc. Es decir: es muy diferente terminar con un mensaje diferente al que queríamos escribir por la prisa de hacerlo rápido y de escoger, o que el teléfono escoja, una palabra cercana a lo que queremos decir, que ignorar cuándo hay que escoger una palabra acentuada y cuándo una sin acento.

Lo malo es que los errores se han vuelto tan comunes, que se ha perdido el sentido de culpa, fracaso o vergüenza al cometerlos, y al parecer esa pérdida se convirtió en la norma: ahora no está in escribir bien. Siento como que la “onda” actual es: “pues si nadie escribe bien, yo tampoco, y váyase a la verdura quién me diga algo”.

He visto cada joya en las redes sociales, que ponerlas todas aquí sería cuento de nunca acabar. Nada más dense una vuelta por la mayoría de cuentas de Facebook que ponen memes en español. Pero lo más interesante, y al mismo tiempo decepcionante, es ver esos errores en lugares donde no esperaría encontrarlos: anuncios oficiales de la embajada, periódicos (al menos en las versiones en línea) y revistas. ¿Televisión? No la cuento, porque de todas formas es un chiste.

Quizá en México y entre puro hispanohablante ya no dé pena, pero cuando se está en un país diferente y se tiene la oportunidad de enseñar nuestro idioma, equivocarse significa enseñar algo que está mal a alguien que lo va a tomar como correcto. Una vez, en Fukuoka, me tocó cubrir la clase de español de un latino (no José, el cubano-japonés que menciono en la última parte de “Los años maravillosos”). Durante un ejercicio de escritura me percaté de un par de detalles en los alumnos:

  • Ninguno acentuaba las mayúsculas.
  • Escribían los días de la semana y los meses del año siempre con mayúscula inicial.

Al preguntarles por qué, me respondieron que así les había enseñado el maestro. Ciertamente no es un error de vida o muerte, y probablemente muy poca gente le pondría atención a eso o quizá pensaría que no es un error, pero a fin de cuentas lo es, y como tal, tiene que ser corregido.

Sí, estoy perfectamente consciente de que la finalidad del lenguaje es la comunicación, la transmisión de ideas, y que si el interlocutor entiende lo que el emisor intenta decir, entonces no hay tanto problema. También entiendo a la perfección el hecho de que el lenguaje es una entidad dinámica, que cambia y se ajusta con el tiempo. No obstante, mientras ese cambio no sea oficial (nos guste o no, la RAE al menos define los estándares de nuestro idioma, y estoy totalmente de acuerdo en que algunas veces se mancha), un error es un error, y escribir bien facilita la comunicación, además de ser una señal de profesionalismo y de calidad, sin querer decir que todo lo que esté bien escrito (ortográficamente hablando) tenga que ser siempre algo de calidad.

Ahora mis preguntas son: ¿Ya de plano no se le pone atención a las reglas ortográficas? ¿Ya no se hacen exámenes de español en las escuelas? ¿Vivo en el México del pasado, envejecí y ya no estoy a la moda?

sl – el mejor comando en Linux

Seguramente muchos usuarios de Linux conocen comandos como fortune, cowsay (y todas sus variantes), etc., que enriquecen (no sé de qué manera, pero lo hacen) la experiencia al trabajar en la terminal. Sin embargo, creo que sl se lleva las palmas.

A más de alguno (que usa Linux) le ha pasado que al querer listar los archivos de un directorio con el comando ls, uno se equivoca y escribe sl. A alguien se le ocurrió la idea de implementar el comando (al parecer un japonés, porque es el significado de SL en ese idioma) para exhibir una locomotora de vapor (Steam Locomotive) en arte ASCII, que nos hace saber nuestro error.

slcommandImagen original en http://crawnix.in/ubuntu-sl-fun-train/

A mí me había pasado muchas veces (casi puedo decir que diario) equivocarme al menos una vez al escribir ls, pero siempre que veía que la terminal me decía que el programa sl podía instalarse la ignoraba porque no sabía qué hacía. Bueno, investigué y me llevé esta agradable sorpresa.

En la misma línea, existe el programa gti, que muestra un carro en arte ASCII también, en respuesta a equivocarse al querer escribir git.

¿Se nota cómo trabajo? :P

Por cierto, sí: sigo escribiendo la última entrada de los años maravillosos. Ya lleva proporciones “decentes” para los estándares de esa categoría, pero todavía le falta. Por eso he andado tan calladito estos días. Ni siquiera el décimo aniversario del blog mereció una entrada especial (todavía, pero espero hacerla).

Paciencia por favor.

 

Hospital – una de las mejores pruebas de idioma extranjero

Prácticamente nunca, salvo una vez que fue un caso muy especial, me jacto de saber mucho japonés. En primera, porque no hay razón para hacerlo, y en segunda porque afortunadamente existen personas no japonesas que lo hablan mejor que yo, lo que me motiva a seguir adelante. No obstante, he de reconocer que el idioma me ha ayudado muchísimo desde que pisé tierras japonesas, sobre todo por el área a donde llegué y viví por más de 8 años: Fukuoka.

No depender de nadie para moverte en otro país da un sentimiento de libertad incomparable. Una cosa es vivir solo por primera vez, y otra vivir solo por primera vez en un país extranjero. Y aunque es cierto que el idioma no necesariamente es una barrera para disfrutar un país, cualquier situación se vuelve una prueba una vez que vives en uno. De entre todas esas situaciones, creo que en donde me percato del japonés que puedo hablar es cuando voy a un hospital. Hoy que tuve que ir a que me revisaran, me quedé pensando en lo que es ir a un hospital en el extranjero; y no es que sea la primera vez que voy (recordar que el año pasado estuve hospitalizado), sino que realmente pone en perspectiva lo que uno conoce de un idioma específico, sobre todo al ver la cara de alivio de los médicos cuando les respondes “Sí, hablo japones. No hay problema”.

Lo veo de esta forma: para ir a turistear, lo que más importa es que sepas el nombre del lugar a donde quieres ir y el nombre del lugar desde donde estás yendo (porque luego no es tan fácil regresar); con el simple hecho de que le digas a alguien el lugar y señales un camión, tren o taxi, en la mayoría de los casos la gente entiende que quieres ir a ese destino; en el caso de querer comer algo, basta con señalar algo en el menú para ordenar, y se vuelve todavía más fácil si el menú tiene una imagen de lo que se está pidiendo, ya que de lo contrario se corre el riesgo de ordenar algo que nos puede parecer grotesco (no porque lo sea, sino porque no estamos acostumbrados a comerlo). Y en general, cualquier situación en la que con poco que se nos entienda la idea se transmita al interlocutor, es suficiente para sacarnos del apuro. Pero, ¿qué pasa cuando nos sentimos mal? ¿cuando algo nos duele y necesitamos especificar qué nos está pasando?

Para mí, ir al doctor es una de las pruebas más efectivas para verificar el nivel del idioma que se tiene. Y aunque aquí también aplica el comunicar la idea principal a medias, con la salud no podemos andarnos con conformismos ni terminos medios; es necesario ser tan específicos como sea posible para que el diagnóstico sea el acertado. ¿Qué nos duele? ¿Cómo nos duele? ¿Qué sentimos? ¿Cómo lo sentimos?

Ir al médico con una persona que funja como traductor puede ser un arma de doble filo si esa persona no conoce a fondo los 2 idiomas, y lo que se le comunica al doctor es la interpretación que la otra persona realizó con la información que nosotros le proporcionamos. En resumen, se corre el riesgo de caer en “teléfono descompuesto”, y los más afectados somos nosotros porque de ello depende que nos atiendan propiamente, y por ende, que nos curen del malestar que suframos.

Los japoneses se pasan de amables, especialmente cuando quieren comunicarse en un idioma diferente al suyo. Para bien o para mal, ellos saben que su idioma no es fácil para un extranjero, y por ende suponen que éste no habla japonés si no tiene  rasgos medianamente asiáticos. Eso sí: las reacciones son diferentes dependiendo de la persona. Hay quienes intentan hablarte en inglés usando las pocas palabras que conocen; otros buscan a alguien que pueda hablar inglés, conscientes de que ellos no pueden, y otros simplemente te dan el cortón sin decir nada más. Pero, ¿en un hospital? El doctor no tiene de otra más que intentar comunicarse de la manera que pueda; algunos hablan inglés bien, pero otros, no tanto, y en el caso de que no se puedan comunicar bien, el diagnóstico de la situación se vuelve parte de un acto de adivinación sin bola de cristal.

Hace algunos ayeres, me tocó acompañar al doctor a un mexicano que vino a estudiar su posgrado acá. Se había caído de la bicicleta unos días antes y se había golpeado la parte baja derecha del estómago, y además tenía fiebre. Cuando fuimos al hospital y expliqué los síntomas, el doctor inmediatamente asoció el golpe y la fiebre con una posible apendicitis (no me pregunten, yo no soy médico), y casi casi decía que había que operar tan pronto como fuera posible. Lo que le quería explicar era que los síntomas de la fiebre tenían un par de días antes de la caída en la bicicleta, y que quizás se debían a un resfriado. pero  el doctor no hizo mucho caso y quería que se programara la operación. Salimos del lugar, nos dirigimos al centro de salud de la universidad, expliqué la situación al médico en turno, asintió, y trató al compatriota de las 2 cosas por separado, descartando por completo la apendicitis.

Ciertamente, en una escuela de japonés no te pueden preparar para cada posible caso por los que se puede ir a un hospital; pero aunque hay lecciones para enseñar a expresar las situaciones más comunes durante un chequeo médico, lo mejor es ponerse las pilas y aprender al menos varios patrones para expresar, tan preciso como sea posible, qué nos sucede.

Estudiantes del idioma japonés: tomen nota de todo esto, porque, cuando anden por acá, puede ser la diferencia entre sufrir una operación y tomar unas cuántas pasillas por menos de 1 semana, añadiendo obviamente la cantidad de dinero que se pagaría en caso de tener que hacer algo que no es necesario.

Agregando fotos

Dicen que cuando se está de vacaciones es cuando más ocupado se vuelve uno. Es exactamente mi caso, especialmente porque mi descanso comenzó con el Tokyo Game Show 2014.

Sí, vivo en Tokyo, pero el evento se realiza en el Makuhari Messe, que está en Chiba, y hago hora y media de camino, o sea que no he extrañado ir a trabajar en estos días.

Hoy me puse a responder correos que me enviaron con preguntas referentes a la beca y a vivir en Japón, y al mismo tiempo aproveché para abrir una cuenta en Flickr y comenzar a subir fotos.

Pensé mucho en qué servicio debería agregar las fotografías que tomara, y después de leer varias reseñas y preguntarle a algunas personas su opinión, me decidí por Flickr. Los que tienen ya tiempo leyendo mis chocoaventuras recordarán que antes subía las fotografías aquí mismo usando Gallery, pero sinceramente ahora no me puedo dar el tiempo para estar administrando otro servicio, preferí usar algo ya existente. A ver cómo me va.

Por lo pronto, pueden revisar las fotos directamente haciendo click en la que aparece a la derecha y de ahí pueden ir pasando a las siguientes, de una por una, o pueden ir directo a mi Flickr.

Mañana me lanzo de nuevo al TGS 2014. Sé que será una verdadera aventura porque ya es día normal, lo que significa que habrá un mar de gente en todos lados. En sí, quiero ir a ver el torneo de Ultra Street Fighter IV que se llevará a cabo en el stand de Mad Catz. Voy a terminar muerto, pero lo bailado nadie me lo va a quitar.

Ahí la llevo con los años maravillosos. Paciencia por favor, ya saben lo “cortos” que suelen ser esos escritos.

¿Sabías que…? – Parte 21

En muchas ocasiones he mencionado lo seguro que Japón es como país, y cómo eso se refleja en lugares y actividades que, al menos en México, serían impensables. La que describo a continuación encaja también en esa categoría.
apartarlugar

(Imagen original en: http://cromely.blogspot.jp/2010/06/tokyo-travels-part-07-safety-in.html)

¿Sabías que en Japón es común apartar lugar dejando tus pertenencias en una mesa/espacio (sin dejar a nadie cuidando) y yendo a pedir a la caja?

Lugares siempre concurridos, como Starbucks, suelen pedirte primero que vayas a conseguir lugar antes de ordenar.

La primera vez que viví lo anterior fue en un McDonalds, justo la primera vez que vine a Tokio, en septiembre de 2002. Una amiga japonesa que había conocido en Guadalajara me llevó a pasear al área de Kanda y Akihabara, y a la hora de entrar a comer, el restaurante era de 2 pisos; subimos al segundo, y mi sorpresa fue grande cuando ella dejó su bolsa en la silla y me pidió que hiciera lo mismo con mi mochila.

Yo: “¿Quién va a cuidar las cosas?”
Ella: “Nadie. Aquí déjalas. No les va a pasar nada”.

Huelga decir que, aunque le hice caso, me quedé con mucho pendiente, pues era relativamente fácil para cualquiera tomar la mochila y salir como ni nada del lugar; ni siquiera era necesario correr.

Obviamente, no pasó nada, pero para alguien de México (al menos en Guadalajara) era como el pináculo de la seguridad en Japón que siempre se mencionaba en reportajes y libros.

(Imagen original en: http://ecobitte.exblog.jp/20529696)

Dejar cosas para apartar lugar no es exclusivo de restaurantes o cafeterías. En los eventos de las escuelas primarias y secundarias es común también que los padres de familia vayan muy temprano a la escuela, extiendan sus lonas y dejen sus casas de campaña en el lugar para apartarlo.

Ahora, es lo más normal del mundo que los mexicanos que habitamos en Japón lleguemos a un restaurante o local similar, dejemos nuestras pertenencias en la mesa (celulares y demás incluidos), y sólo saquemos lo necesario para pagar lo que vayamos a consumir.

¿Por qué esto es posible en Japón?

En lo personal, creo que es gracias a la educación en general (casa, escuela, sociedad). El pensamiento es “si no es mío, seguramente es de alguien más (y lo dejo como está)”. Por eso, cuando a alguien se le olvida el paraguas afuera de una “conbini” (7/11, Oxxo o similares), es muy probable que vuelva al siguiente día y el paraguas esté todavía ahí. Y no necesariamente tiene que ser algún objeto, también dinero en efectivo que haya sido tirado por accidente puede ser recuperado. En cambio, en México es más común pensar en “si no es de nadie, es mío”, y hasta  burlarse de alguien que se encuentra mucho dinero y en vez de apropiárselo lo regresa, o intenta regresar, a su dueño.

Obviamente, todo lo anterior no quiere decir que en Japón no se roben cosas, pero los casos son realmente muy contados.

Dicen las historias que hace mucho, mucho tiempo, en nuestro país también se podía hacer lo descrito en este escrito; quiero creer que es (o fue)  sólo en algunos poblados pequeños. ¿Alguien con una experiencia similar en México?

Al fin con tiempo

Como podrán darse cuenta, agosto fue un mes pobre para el blog. Esto se debió a un montón de cosas que tuve que hacer fuera del trabajo: documentos, trámites, temas que estudiar, etc. etc. Y no es que haya dejado todo para el último; simplemente todo se juntó y todo tenía que salir a como diera lugar.

De entre todo lo que hice, una parte fue exitosa, otra no lo fue (pero para mi fortuna no dependió de mí). Pero independientemente del resultado no favorable, al menos llegué a septiembre entero.

He tenido mucho que pensar en los últimos 3 meses. Curiosamente, me he topado de nuevo con paredes y comentarios “retadores”, estilo cuando recién llegué a este lado del mundo hace 11 años y medio, pero con la experiencia ganada en aquel entonces, fue mucho más fácil tratarlos. En fin, uno no es moneda de oro para caerle bien a todos.

Claro que no todo ha sido malo. El poco tiempo que tuve lo dediqué a practicar speedruns de Zelda, A Link to the Past. He bajado el tiempo de 1h59m a 1h39m12s, y hay todavía mucho por mejorar. Al principio jugaba en emulador (SNES9X), pero me puse la meta de comprar un Super Famicom (SFC) cuando pudiera hacer un “run” sin morir, y fue justo lo que hice cuando eso sucedió.

SuperFamicom

Encontrar un SFC no fue nada difícil; abundan en los BookOff, y en Super Potato también se encuentran muy fácilmente. El precio ronda entre 3 y 7 mil yenes, depende del estado de la consola, y si quieren algo ya con caja, 2 controles y mucho mejor tratado, el precio se eleva a alrededor de 12 mil yenes; pero si quieren uno nuevo, es posible encontrarlo en internet en 45 mil yenes… Por esa cantidad, mejor me compro un PS4. Pero lo que no sufrí en encontrar la consola, lo medio sufrí al momento de buscar el juego, no porque sea difícil encontrar, sino que para hacer speedrun tiene que ser la versión 1.0, y aunque identificar la versión viendo la parte trasera del cartucho no es muy complicado, encontrar esa versión sí tomó un rato de búsqueda. Afortunadamente, después de un par de horas, ya la tenía en mis manos.

Si alguien está interesado en ver mis intentos de speedrun en vivo, éste es mi canal en Twitch:

http://www.twitch.tv/mmedinajp

Si le dan click a “Follow” y hacen una cuenta en el sitio, les manda un correo avisando cuando estoy transmitiendo, que por lo general es los fines de semana.

Lo que sigue ahora es darme un tiempo para no estar tan ajetreado. Ciertamente a los planes que tengo aún les faltan preparativos, pero después de varios meses de andar en modo de desesperación, es necesario relajarse un poco en vista de lo que viene. Escribir en el blog es una parte de esa relajación, y les puedo adelantar que la última parte de “los años maravillosos” está ya siendo escrita. De la misma manera, hay un par de arcos de historia que quiero escribir una vez que eso termine; todavía no termino de definirlos bien, pero lo que es seguro es que serán respecto a mi vida en Japón, y algunos de ellos tratarán más a fondo historias que han sido brevemente mencionadas aquí en el blog. De la misma manera, hay temas que todavía tengo en el tintero y que me gustaría ir sacando poco a poco. Espero al menos mantener un mínimo de un post por semana, aunque sea pequeño.

Para concluir este breviario cultural, muchas personas me han contactado en Twitter para preguntarme mi correo electrónico, ya que no está visible en ninguna parte del blog. Lo dejaré en alguna de las barras para lo que se pueda ofrecer. Recuerden que todo lo que me llega lo leo y trato de responder a todos, pero hay casos en los que me tardo en responder, y otros que, sin ser mala onda, se me pasan; si lo último pasa, les pido de favor que no sean malos y me manden un recordatorio (no que me la recuerden :P). Las cosas no se me olvidan por mala onda, sino que a veces tengo tanto en qué pensar que se me pasan varios detalles.

Sigo vivo :D

La vida de un mexicano en el país del sol naciente.