Otro año que se acaba. Aunque también sentí que se fue muy rápido, la verdad es que la sensación es mucho menor que en 2023 debido a todo lo que acaeció durante estos 366 días.
Este año no tuve que pensar mucho para decidir qué kanji representaría los sucesos de 2024:
Lecturas: 築(きず)く、ちく
Significa: “Construir algo de forma sólida desde la base”. Aunque en mi caso es más bien “reconstrucción”, queda perfecto para describir todo lo que tuve que levantar desde el suelo durante este tiempo para que quedara consolidado firmemente para el futuro. Asimismo, representa la reconstrucción de mí mismo como persona, de mi estado emocional y de los mecanismos de defensa que fueron destruídos por completo debido a la ansiedad y depresión.
En Japón, el kanji de este año fue, por quinta ocasión, 金, que significa “oro”, “dinero”, “dorado”. Quizá se oye trillado que un kanji sea elegido como el del año tantas veces, pero es prueba fehaciente de la versatilidad que tienen los ideogramas japoneses (que en realidad la mayoría provienen del chino, pero eso es otro tema): Representa la deflación que sufre Japón, lo débil que está el yen, y al mismo tiempo la racha de medallas de oro que la delegación nipona consiguió en las olimpiadas de París.
No me queda nada más que desearles a todos lo mejor para el año 2025. Espero de todo corazón que sea el mejor año que hayan tenido, que sus proyectos se cumplan y que gocen de salud.
Seré breve (jojojo, claaaaro que sí): este año ocurrieron muchos sucesos en mi vida. Apenas puedo creer que ya es 31 de diciembre, que no he podido terminar el escrito que tengo pendiente aquí desde hace muchos meses, y que el año pasado estaba totalmente desesperado porque, de la nada, me iba a quedar sin trabajo. En fin, déjenme ver qué tanto puedo poner aquí.
Primero: sí, la neta la vida de adulto es pesada, pero mucho, muchísimo más de lo que habría imaginado. Todavía me causa risa recordar que, hasta hace algunos años, pensaba que no sería tan pesado, que era cuestión de administrar bien mi tiempo, y que seguramente tendría tiempo para todo, incluso energía suficiente para escribir aquí al menos una vez al mes, lo que, como pueden darse cuenta, nunca ocurrió. La distribución del tiempo cambió, y además de mi familia, le di tiempo también a un aspecto de mi vida que lo necesitaba: yo. Verán: haber sido diagnosticado con ansiedad y depresión en 2021 marcó el inicio de un nuevo “yo”, en el sentido de que, como me comentó en su momento una persona en Twitter/X, a quien aprecio mucho a pesar de no conocerla en persona, todos mis mecanismos de autodefensa habían sido pulverizados, por lo que tendría que construir unos nuevos, y que el tiempo que me tardaría dependía enteramente de mí; hay a quienes les toma un par de semanas; otros a los que les toma varios meses, e incluso otros a los que les toma varios años. Todo, como me dijo, dependía de la personalidad de cada uno.
Darme tiempo no significa ser egoísta con la familia ni con amigos, sino más bien entender qué es lo que más me ayudaba a evitar estrés, y al mismo tiempo, a recuperar la confianza que había perdido. El blog, como tal, no me estresa, puesto que siempre me ha gustado escribir, pero a pesar de tener temas que desarrollar, el tiempo que me toma dejar un escrito es considerablemente mayor que otras actividades. Cierto: una vez que el artículo está terminado, me llega la sensación de placer de haber plasmado mis ideas por escrito, pero llegar a ese punto requiere mucha más dedicación concentrada en ese particular momento que, en comparación, otra actividad como los videojuegos, a los que dicho sea de paso, les puse prioridad más alta.
De lo anterior se refleja la falta de actividad por acá. Fue un año de reconstrucción, de aventura y emprendimiento. Y no es que no quiera dejar grabado aquí todo lo que pasó, sino que más bien quería disfrutarlo por completo antes de sentarme a dejar salir mis ideas. Y como es costumbre, ahora que es fin de año y que puedo tomarme más días que de costumbre en el trabajo, aprovecho para andar por acá, no esperando que tenga muchos lectores como antaño, pero sabiendo que lo que escribiré me servirá a mí mismo en el futuro, tal como los artículos que escribí hace 20 años me sirven ahora mismo.
Puedo sintetizar el 2024 como sigue:
Me aventé del Bungee, como lo había prometido. Tomó tiempo, pero lo cumplí. Eso fue en febrero.
Me vi obligado a cambiar de trabajo, y comencé en la empresa actual en marzo, en medio de incertidumbre y emoción mezcladas. En uno de los escritos que tengo a medias estoy detallando todo.
Me sentí bien, como no lo había hecho en años. El nivel de autoconfianza y autoreconocimiento es mayor que lo que era antes de la depresión. Se ha reflejado en diversos aspectos de mi vida, sobre todo en el trabajo.
Fui por primera vez a Tailandia. Aunque fue viaje de trabajo, cambiar de aires por una semana fue totalmente energetizante, aunque solamente haya podido ver una muy pequeña parte de Bangkok.
Como es costumbre, asistí al Tokyo Game Show, y al mismo tiempo vi a 2 amigos que tenía rato de no ver: a Rigo, mexicano que estuvo en Japón hace ya varios años, y a un ex-compañero de trabajo austriaco, que también sufrió conmigo tener que cambiar de trabajo de forma totalmente inesperada
Tomé una de las decisiones más trascendentes de mi vida. Al respecto, escribiré con más detalle ya que todo se haya definido. Solamente puedo mencionar aquí que nunca pensé que tendría que decidir eso justamente un año después de que casi me quedo sin chamba.
Perdí mi licencia de conducir dorada. En Japón, la licencia tiene una duración de 5 años, y si durante ese tiempo no has cometido ninguna infracción, el color de la franja de la licencia renovada es dorada. Esto se traduce en que el seguro para el carro se hace más barato. ¿Por qué la perdí? Por un cambio de carril en donde no debía :/ Ya ni llorar es bueno. Tendré que esperar otros 5 años, a ver si la puedo volver a obtener.
Me reencontré con una amiga de Guadalajara después de 20 años de no vernos. Vino de paseo a Japón, y aunque pasamos muy poco tiempo juntos, fue como volver a nuestra adolescencia cuando nos juntábamos para ver anime o ir a convenciones allá en tierra mexa.
Llevé a mi hijo mayor a Tokyo Disneyland, cortesía de la empresa. Tenía más de 10 años de no ir (porque realmente no me llamaba la atención), pero debo reconocer que me divertí mucho en compañía de mi hijo.
Terminé Celeste otra vez, ahora en Steam. Lo jugúe originalmente en el Switch hace 5 años, y como había instalado Steam en Linux decidí probarlo en ese sistema operativo. Además del juegazo que es, me vi totalmente reflejado en la historia por como Madeline pasa por diferentes estados debido a su ansiedad, y su aventura de redescubrimiento personal. Sin duda, es un juego que quedará grabado en mi mente por siempre
Y creo que es todo, al menos todo lo que quiero mencionar ahora.
Al 2024 le quedan pocas horas. Se va un año de enseñanzas, de retos, y como mencioné arriba, de descubrimiento.