Category Archives: Japón

Todos los escritos que tienen que ver con Japón: costumbres, gente, eventos, etc.

Evacuado

El fin de semana del 6 al 8 de julio Japón sufrió por fuertes lluvias que, además de causar daños materiales, lamentablemente también cobraron la vida de muchas personas.

La causa detallada de las lluvias la pueden leer en los diferentes y múltiples artículos que hay en la red. Este escrito no es para esos detalles, sino para describir mi experiencia con esas lluvias.

Se preguntarán: “Si las lluvias fueron al oeste y sur de Japón, ¿cómo fue que te afectaron?”. Y la respuesta es: porque andaba en Fukuoka. Verán: habíamos planeado un viaje en familia a Kyushu/Yamaguchi del viernes al domingo para visitar a la familia de mi esposa. Todo parecía bien hasta el jueves: preparativos listos, todos a dormir temprano para poder salir a buena hora y evitar cualquier tipo de contratiempos.

Llegó el viernes. Ni me imaginaba todo lo que me esperaría ese día.

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Es tuya, ¿verdad?

En el lugar donde vivo tuvimos (todos los inquilinos) una situación con una persona desconocida que vive en el mismo complejo habitacional: la basura. Explico: en muchos lugares donde se deja la basura al aire libre hay redes que se deben poner sobre las bolsas para evitar que los animales (cuervos en este caso) lleguen, las picoteen y dejen el contenido regado en la calle. Alguien no puso la red un par de veces (se ignora si fue la misma persona o no) y amanecimos con un tiradero por toda la calle, situación que a los vecinos de enfrente (como 5 o 6 familias) que tienen casa propia no les agradó del todo y supongo que más de alguno reportó el problema. Hasta aquí todo bien.

Como se suele tratar los problemas por acá, la inmobiliaria puso en todos los buzones una nota en donde se pedía por favor tener cuidado al tirar la basura, haciendo hincapié en poner correctamente la red para que los cuervos no hicieran de las suyas. Digo que “se suele tratar los problemas por acá” porque independientemente de que se sepa quien causó un problema (no nada más éste de la basura), muy rara vez se hace mención directa, y en su lugar, se manda un memorándum a todos por igual, sin importar si están siquiera implicados en la situación. ¿El vecino de arriba hace mucho ruido por la noche? Memorándum a todos recordando que es importante tratar de no hacer ruido por las noches. En resumen: se trata de ser todo lo pasivo-agresivo que se pueda, pero se intenta evitar a toda costa un conflicto directo.

Regresando al tema de la basura, un día por la mañana salí a tirar la mía. Ya había muchas bolsas en el lugar y la red estaba debidamente puesta, pero una bolsa había sido víctima de los cuervos y había basura regada por la calle. Un señor de los que viven enfrente (tendrá unos 70 años más o  menos) estaba barriendo, y estaba visiblemente molesto por la situación. Llego, levanto la red, meto mi bolsa, y en cuanto lo hago el señor me dice, apuntando a la bolsa que ya estaba ahí regada antes de que yo llegara: “Ésa es tuya, ¿verdad?”. No me agarró de sorpresa: desde que vi al “ñor” supe que me iba a decir algo. Respondí: “No señor. Ésta es mi bolsa (apunto la que acabo de dejar), acabo de llegar aquí y la acabo de poner. Ésa no es mía”. El señor me ve de arriba a abajo, no quita su cara de enfado, pero no me puede decir nada más porque no tiene argumentos puesto que él mismo sabía que la basura había sido regada desde antes. Con todo, le digo que al menos pongamos la bolsa rota debajo de la red para evitar que más basura se riegue por la calle. Sin pronunciar palabra alguna va por la bolsa y mientras yo levanto la red él la mete, se da la vuelta y se va a continuar barriendo. Yo emprendo el camino hacia la estación porque ya me iba al trabajo.

¿Por qué esperaba que el señor me dijera algo? Porque mi sentido arácnido me hizo recordar que ante un problema acá hay gente (sobre todo mayor) que tiende a culpar primero a los extranjeros porque es más fácil argumentar que nosotros cometimos un error por no conocer la cultura o costumbres que pensar que un japonés pudo haber obrado mal. Suena exagerado, pero en muchas ocasiones así es, y en foros en internet se ha convertido en un meme entre los extranjeros porque algo similar ocurre en diferentes ámbitos, como en el criminal (en donde mucha gente supone que un extranjero es culpable cuando se comete algún delito y hay comunidad extranjera cerca). Ahora bien: es un meme, sí, pero obviamente no quiere decir que sea así en todos lados, y es menor cuando estás bien integrado en la comunidad en donde vives.

Al final no le di mayor importancia al asunto, pero mentiría si no me sacó una sonrisa el hecho de haberle atinado a lo que iba a pasar.

#JapónEsPerfecto 😛

Y nos nevó otra vez

El pasado 22 de enero Tokio vivió una gran tormenta de nieve como no había sucedido en 4 años. “Pero si nieva en Japón, eso no es una gran noticia, ¿o sí?” se podrán preguntar algunos, pero, al menos en Tokio, sí lo es. Explico.

Tokio no es una ciudad en donde nieve mucho. El número de nevadas al año se reduce a 1, cuando mucho 2, y en general la nieve no se acumula como en otros lugares del país, especialmente del norte o del lado del mar de Japón. Por tanto, aun con lo grande y cosmopolita que pueda considerarse, Tokio, en teoría, no necesita prepararse para una gran nevada porque “casi no pasan”. Los problemas comienzan cuando esas grandes nevadas pasan… y vaya que todo se vuelve un caos. Literalmente un “snowcalypse”.

Debido a que la ciudad no está preparada, la nieve hace de las suyas: entorpece el tráfico, hace que los trenes se retrasen o se detengan, y provoca que la gente se caiga, lo que se convierte en lesiones, a veces muy graves. Por esa razón, cuando el reporte del clima avisa que habrá una nevada, las empresas toman medidas como si se tratara de un tifón: permite que los empleados salgan temprano, lleguen más tarde, o en el mejor de los casos que trabajen desde casa, o en el peor de los casos pagan un hotel cercano al lugar de trabajo para que los empleados no tengan problema en llegar a la empresa al día siguiente.

Tenía ya buen rato de no nevar así. La vez pasada la nevada nos agarró regresando de un viaje. Recuerdo que fue un logro caminar de la estación a la casa, y aun en el relativamente corto tramo que tenemos que caminar me tocó ver a varios carros derrapar.

Este año no fue la excepción: además de carros derrapando y gente cayéndose, muchísimas personas tuvieron que esperar hasta 4 horas para poder tomar un autobús o un taxi porque los trenes no se movían. Hubo quienes de plano mejor se quedaron en hotel para evitar el estrés.

Sin embargo, aun con las risas sarcásticas de quienes viven en otras prefecturas donde la nieve es muy común y no causa tantos estragos como en Tokio, dudo mucho que la capital nipona sea la única ciudad en el mundo que sufre por esto.  Lo mejor es siempre estar preparado o resignado: hacerse de otro juego de llantas para el carro es, al menos para muchos tokiotas, un gasto innecesario; hay quienes sí lo hacen, sobre todo aquellos que manejan mucho a zonas montañosas. Pero quienes dependen totalmente del transporte público no tienen de otra más que resignarse y buscar alternativas.

Le preguntaba a mi esposa qué haría ella ante tal situación, y su respuesta fue: “Si veo que los trenes no se están moviendo por más de una hora, mejor me voy a cenar y relajarme, así no me estreso con tanta gente y trenes súper llenos. Y si después de eso no puedo regresar a casa, me quedo en algún hotel y regreso al día siguiente en el primer tren de la mañana”.

Cabe mencionar que en Iizuka (donde viví for 8 años y medio), la nieve tampoco era tan frecuente, pero ciertamente nieva un poco más que en Tokio. Ahí sí tenía cadenas para el carro, pero no desde el principio… tuvo que pasar algo para que las adquiriera, y sí me tocó manejar con mucha nieve, mas no tanto como para decir que soy experto en ello.

Un detalle más: había estado planeando llevar a mi hijo un poco al norte de Japón para que viera la nieve por primera vez. Esta nevada me ahorró una buena cantidad de yenes 😀

Ya va de salida el invierno… ¡Por fin!

El 2017 en un kanji

Kanji de los años anteriores

Otro año está por llegar a su fin, y como es tradición en este blog, cerramos el año describiendo (o intentando describir) en un kanji lo más relevante que me pasó durante este periodo.

Este año tuve varios candidatos, y fue hasta el último momento cuando me decidí por uno. Algunos tenían una connotación muy negativa, así que mejor los deseché y preferí algo que fuera, si bien no del todo positivo, algo realista que definiera bien el transcurso del año:

Se lee “nemu”, “min”, “me”, y significa “sueño”, “dormir”. Se usa en palabras como 眠い (nemui, “tener sueño”), 眠たい (nemutai, “tener sueño”), 睡眠 (suimin, “sueño (de la sensación de dormir, no de soñar)”), por mencionar algunas.

Primero, el hecho de que mi hijo no se durmiera sino hasta cerca de las 2 am. Mi esposa y él felices de la vida porque podían despertarse a cualquier hora, pero yo tenía que levantarme temprano para ir a las mazmorras trabajar y a veces andaba en calidad de “zombie”.

Después, las responsabilidades aumentaron, y con mi hijo creciendo y cada vez más activo, queda menos tiempo personal. Aprendí que para hacer algo por mi cuenta tenía que sacrificar horas de sueño, y así lo hice:

  • Comencé a hacer ejercicio en forma levantándome a las 5 am diario.
  • Tiempo de estudio, sobre todo lo del curso de la Universidad de Tokio que estoy tomando.
  • Tiempo para jugar un poco Street Fighter.
  • Tiempo para bobear en internet.
  • Muy de vez en cuando (creo que fueron 2 veces nada más) ver una película.

Sí, termino exhausto cada día, pero no significa que siga con ese ritmo tan pesado, menos ahora con tanto frío a esa hora. No obstante, mi cuerpo “se acostumbró” y a veces estoy levantado a las 5 am sin ganas de hacer nada. Apenas hace un mes aproximadamente comencé de nuevo a despertar un poco antes de las 7 am, y el ejercicio pasó a los fines de semana que es cuando puedo hacerlo un poco más tarde.

Definitivamente necesito dormir más, pero en lo personal no me arrepiento de la decisión. Recordé que ya no tengo 20 años (lamentablemente), pero me fue posible despejar la mente.

El próximo año creo que será más fácil ahora que mi hijo ya duerme toda la noche.

Como dicta la tradición, también aquí menciono el kanji del año en Japón: 「」. Se lee “kita”, “hoku”, entre otras lecturas. Su significado principal es “norte” (punto cardinal), y vaya que causó controversia en internet: una de las razones por las que fue elegido fue el número de misiles que Corea del Norte lanzó y que cruzaron espacio aéreo japonés. Corea del Norte en japonés es 北朝鮮 (kita chousen), y la gente alegaba que era absurdo que hubieran escogido el kanji que representa al país que atenta contra la vida y la paz en Japón. Otra de las razones que se manejaron fue la de las fuertes lluvias que causaron grandes daños en la parte norte de Kyushu.

Para los interesados, aquí está la liga del comunicado oficial del kanji del 2017. Es un PDF en japonés.

¡Nos vemos en 2018!

Asistiendo a un funeral

Con ya cerca de 15 años por este lado del mundo muchos pueden pensar que he visto y vivido de todo, y en cierta medida no están equivocados. Sin embargo, afortunadamente hasta la fecha no me había tocado que alguien relativamente cercano a mí falleciera y me enterara a tiempo (porque un compañero de un trabajo anterior falleció y no me enteré hasta casi un año después), y eso significa que no había tenido la oportunidad de asistir a un evento de esta índole.

Por desgracia, el pasado mes de noviembre una de las jefas y miembro del comité directivo de la empresa donde laboro actualmente murió de repente. Desde que vi el título del correo sabía que eran malas noticias: 「訃報」(fuhou, literalmente “aviso de defunción”), y cuando vi quién era me quedé helado por un momento: hacía relativamente poco la había visto en la oficina y había conversado con ella un rato. No era mi jefa directa, y nunca trabajé bajo su supervisión, pero sí era alguien notable y alguna vez estuve ayudándole a su equipo en asuntos que salieron de emergencia.

Lo primero que pensé fue: “¿Tengo que asistir al velorio?”. Y no, no es que sea un insensible, sino que ese tipo de eventos se manejan de una forma especial en Japón, y en algunos casos no es bueno asistir a a ellos a menos que hayas tenido una relación más “de peso” con la persona fallecida o con sus familiares, y más cuando se trata de alguien del trabajo, porque no tienes idea ni de qué murió la persona ni cómo la familia lo tomó. Basta recordar los incontables casos de 「過労死」(“karoushi” muerte por exceso de trabajo), en donde muchas veces la familia no quiere ver ni en pintura a los jefes o encargados de la compañía. Aprovecho para mencionar que algo similiar me pasó con el caso del ex-compañero de trabajo arriba mencionado: por respeto pensaba ir a su casa y hacer reverencia al altar budista que generalmente los hogares tienen, pero mi esposa me advirtió que era posible que, sin conocer las circunstancias de su defunción, la familia no quisiera tener nada que ver con la empresa donde él laboró, y me pidió que primero preguntara por otro lado para cerciorarme de la situación; dicho y hecho, me dijeron de forma muy indirecta que “el funeral había sido algo muy personal donde solamente la familia había estado presente”. Entendí lo que me quisieron decir y ya ni le moví.

Regresando al caso en cuestión: sí, tenía que asistir, no era opción. No es que sea forzosamente obligatorio, pero en general te ganas alguna etiqueta rara entre los compañeros de trabajo si no vas y no tienes una excelente excusa para justificar tu falta. Problema: hay que prepararse, y si no tienes nada de lo necesario, comprarlo todo de jalón es un gasto fuerte. Hasta aquí muchos pueden pensar que es “normal”, pero cuando entra en cuestión la cultura japonesa, los detalles extra salen a la luz y de nueva cuenta te hacen ver lo minuciosa que puede ser. No que eso sea malo, pero sí es diferente a lo que estoy acostumbrado.

Antes de entrar en detalles, déjenme dejar algo bien en claro para evitar malinterpretaciones: la muerte de cualquier persona no es un suceso bonito ni feliz; en todo momento hay que guardar respeto por la persona fallecida. No porque haga comentarios “chuscos” sobre lo que conlleva asistir a un funeral en Japón (en el sentido de lo que me parece raro o es primera vez que lo veo/hago) quiere decir que le haya faltado el respeto a la difunta o a su familia, y tampoco el hecho de que sea primera vez que me topo con esta situación y tenga que aprender lo que se tiene que hacer por medio de ver a los demás e imitar lo que hacen no quiere decir que esté cometiendo una grosería y esté jugando con el dolor ajeno para incrementar mi cultura y poder demostrarla en otra ocasión. Entiendo que la percepción de este tipo de eventos es diferente para quienes no viven en Japón o no conocen las costumbres a fondo, pero cuando la misma gente japonesa te dice “tú imita a los demás”, “estando el lugar aprendes más rápido que leyendo” y sabiendo que aquí cuidan hasta los más pequeños detalles, obviamente es lo que vas a hacer.

También quiero aclarar que esto no es una guía oficial de “qué hacer en un funeral en Japón”. Hay otros sitios que explican, con lujo de detalle, todo lo que hay que hacer y cuidar. Lo aquí escrito es mi experiencia y, como siempre lo recalco, eso no significa que sea la verdad universal.

Dicho lo anterior:

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Fanatismo – un ejemplo práctico

Hace unos días envié un tweet ligando la siguiente nota:

https://www.nishinippon.co.jp/nnp/national/article/366336/

Es un artículo en japonés. Generalmente cuando refiero algo en ese idioma casi nadie me pregunta de qué trata lo que mencioné, pero en este caso sí, y pensando que podía responder fácilmente en 140 caracteres, me di cuenta de todo el contexto que se tiene que saber para poder entender por qué mi comentario al respecto fue “Aquí es cuando uno pierde la fe en la humanidad”. Como la persona que me preguntó es uno de mis mejores amigos y estamos en un grupo de Whatsapp, decidí responderle por ese medio, pero no imaginaba que tendría que desarrollar tanto el tema, por lo que, después de ver la cantidad de texto que escribí, decidí convertirlo en una entrada del blog.

Aquí vamos:

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Vivir en un país diferente a donde creciste conlleva muchos retos. El más obvio es, sin duda, el lenguaje. Cierto es que en Japón puedes vivir sin hablar mucho del idioma (o ni una pizca, conocí gente así), pero eso no lo hace más fácil, pues siempre estás dependiendo de alguien para que te saque de cualquier apuro, y por mucho que se diga que los japoneses son muy corteses y siempre están dispuestos a ayudarte, también tienen un límite en lo que pueden hacer por uno.

Pero dejemos el lenguaje a un lado. Sí, es quizá el punto más importante de vivir en otro país, pues así puedes conocer de primera mano lo que está sucediendo a tu alrededor: noticias, alertas de misiles o de terremotos, ofertas en tu supermercado local, etc., etc., pero aquí me quiero enfocar en otro punto que muchas veces ni lo pensamos porque, siendo sinceros, a muy poca gente se le ocurre que le puede pasar: un encuentro cercano con la ley y el crimen.

Como ya lo he comentado en diferentes ocasiones aquí en el blog, y otras tantas en las transmisiones en vivo, Japón es un país con un índice de criminalidad bajo. Tengan en cuenta que eso no significa que aquí no haya crímenes estilo telenovela o novela de misterio escrita por alguna mente torcida, sino que, en teoría, las probabilidades de que algo así pase son mucho menores a las de, por ejemplo, México. Ciertamente se respira un aire de tranquilidad cuando vas caminando por las calles, incluso a la mitad de la noche, y se siente raro (aun después de tantos años viviendo aquí) poder dejar tus cosas en la mesa e ir a pedir una bebida al mostrador de un café sin temor a que se las vayan a robar. “¡Es perfecto!” dirían unos, “¡parece un sueño!”, exclamarían otros. Y aunque sí, debo reconocer que así se siente, eso no quiere decir que no tienes que usar el sentido común en lo que a seguridad se refiere, solamente quiere decir que, en muchos aspectos, puedes estar más tranquilo (y con las noticias que se leen a diario de lo que sucede en México, es lógico que quienes leen esto sobre Japón lo eleven a niveles celestiales).

Así como el crimen es relativamente bajo, Japón se vanagloria de que más del 99% de los crímenes que se reportan son resueltos, es decir, se encuentra y se procesa al culpable. Suena impecable, casi perfecto. Pero aunque por un lado suena bonito, la otra cara de la moneda nos enseña un lado de Japón que muchos no conocen, y otros ruegan no tener que enfrentarlo: su sistema legal.

Aclaro que no soy experto en el tema, y que para consultas más detalladas es mejor buscar en fuentes oficiales, para que no vayan a tomar esto como un “vamos a preguntarle a Manuel cuáles son nuestras opciones si nos pasó esto y esto y esto”. Literalmente no soy abogado, así que por más que lo que escriba aquí suene como que sé mucho del tema, nada supera a una consulta legal con abogados de verdad. Recuerden que esto es solamente informativo. Como nota extra: aunque parezca chistoso que tenga que hacer esa aclaración, en realidad en los últimos meses he recibido correos en los que me hacen preguntas que son totalmente del área legal y que, por ende, no puedo responder. Haber vivido en Japón por más de 14 años (al momento de escribir esto) no implica que sé exactamente cómo se manejan todos los posibles casos. Para eso hay abogados en derecho internacional.

Dicho lo anterior:

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Horario de verano en Japón – Parte 3

Aquí las otras ocasiones en las que he escrito al respecto:

Lo que nunca he mencionado, primero por no saber y después porque se me había olvidado comentar al respecto, es sí Japón había tenido horario de verano antes o si lo habían intentado implementar alguna vez. De eso se trata este escrito.

Sí hubo horario de verano en Japón

Durante la ocupación aliada en Japón después de la segunda guerra mundial, se aplicó el horario de verano en Japón de 1948 a 1951, concretamente del primer sábado de mayo al segundo sábado de septiembre. Es decir, fue algo forzado. No obstante, después del tratado de San Francisco, que entró en vigor el 28 de abril de 1952, se decidió no seguir más con esta práctica.

Las razones que llevaron a que el horario de verano dejara de ser aplicado en Japón son varias, entre las que se enumeran:

  • La alteración del ritmo de vida de los agricultores.
  • El aumento de las horas extras trabajadas.
  • El caos en los servicios de transporte público.

Este sitio comenta que, en ese entonces, los agricultores trabajan con el sol y no con horario específico, por lo que nunca se pudieron acostumbrar a ese cambio, lo que fue un factor definitivo para que desapareciera.

Curiosamente, me enteré de esto por un manga de Sazae-san, en donde se explica en un pie de página sobre el horario de verano y los años en los que estuvo en vigor.

Principales puntos en contra

La medida tiene muchos detractores, que con justa razón aseguran que aunque el horario se adelante una hora, ésta se vería traducida en horas extra gratis, ya que por la misma cultura laboral los japoneses no regresarían a su casa, o no los dejarían regresar. Y no es para menos: los resultados del Premium Friday no son alentadores. Cierto es que apenas comenzó la medida, pero la tendencia ya se dejó ver. Incluso hay jefes quienes han mencionado explícitamente que si los empleados quieren descansar, deben entonces tomar uno de sus días libres. Si eso se ve en un programa que se piensa aplicar una vez al mes, no quiero imaginarme cómo adelantar el horario una hora podría mejorar eso.

Además, geográficamente hablando, la medida tendría respuesta mixtas debido a la forma que tiene Japón: quizá para alguien que viva en el sur sea atractivo, pero para quienes viven en el norte no lo sería tanto (amanecería como a las 2 am). Y como Japón es un país con alto índice de humedad, el uso de aire acondicionado después de la puesta del sol es mucho mayor que en otros países, lo que minimiza los ahorros energéticos que pudieran darse.

Otro punto que se menciona es que Japón no está rodeado de países que sigan el horario de verano, por lo que no ven la necesidad de implementarlo.

Intentos por hacer algo similar

Con todo, al parecer sí ha habido intentos de introducir el horario de verano a Japón en años recientes. Algunas dependencias de diferentes puntos en Japón han intentado aplicar un programa similar en sus horarios de trabajo. Es decir: en verano, cambiar la hora de entrada una hora antes (y con ello la de la salida también). Algunas de estas dependencias están en Hokkaido, Shiga e Iwate.

Basado en mi experiencia por este lado del mundo, veo la aplicación del horario de verano como algo muy difícil de implementar. A Japón le cuesta mucho cambiar, y cuando lo hace, todo es planeado con mucho tiempo de anticipación. Si para el apagón analógico comenzaron a hacer campaña como 6 años antes de que ocurriera, me imagino que para el horario de verano sería algo similar. Mi profesora de japonés en Guadalajara, una señora japonesa, mencionaba lo mismo: tendrían que hacer un montón de publicidad, programas de explicación a gente de la tercera edad, abrir líneas para resolver dudas, repartir volantes, etc., etc. Así que no creo. Además, a mí no me late la idea de estar cambiando de horario dos veces al año, así que, mientras esté por acá, mejor que no lo hagan.

Carta a una relación de 14 años

Querido Japón:

Por más que pensé en la forma adecuada de comenzar este escrito, no la encontré, y preferí seguir el instinto de plasmar las ideas como fueran saliendo en vez de salir con alguna  expresión que seguramente más de alguno tildaría de cursi.

Siendo extremadamente correctos, nuestra relación tiene mucho más de los años arriba mencionados; incluso creo que debería haber puesto “15”, porque cuando nos conocimos en persona fue en 2002, en aquel fin de verano en el que por fin pudimos encontrarnos. Sin embargo, prefiero hacer el conteo desde que vine para quedarme (al menos por 6 años en ese entonces). Son 14 años que se dicen fácil, pero que, para ser sincero, han sido mucho más que un sueño. Yo los llamaría también “todo un reto”, porque la verdad es que, para alguien proveniente de una cultura como la mía, adaptarse a tus costumbres, gustos y caprichos no es nada fácil. Y creo que debo ser honesto mencionando que, aún con todo lo bueno que tienes, no haces más fácil la situación.

Hemos pasado por mucho durante este tiempo. Creía saber muchísimo de ti cuando nos reencontramos en aquel abril de 2003, pero fuiste (y sigues siendo) lo suficientemente crudo para mostrarme que  hay todavía mucho que desconozco. Has hecho que, en retrospectiva, me dé cuenta de que aunque ya no era un niño cuando vine a ti, gran parte de mi desarrollo en la aburrida bonita etapa de ser adulto ha ocurrido contigo. Y en contra de lo que puedes pensar, no tengo (o no creo tener) problemas de identidad cultural aun después de tantos años de estar contigo. El nopal en la frente no se me cae; el acento de jalisquillo no se me quita, y aunque estoy lejos de mi tierra, no hay día en que no me imagine saboreando ricos tacos de barbacoa en la mañana, lonches de pierna, deliciosas tortas ahogadas, la delicia de un bistec mañanero con frijoles, tortillas recién hechas (y si son a mano, mejor) y chile de molcajete. Perdón, pero por muy llamativo y avanzado que puedas (o que la gente cree que puedas) ser, tú nunca me podrás dar nada que supla todo eso. No obstante, he de reconocer que sí has sido una influencia muy grande en la persona que soy en estos momentos. “Adaptación”, le dicen algunos.

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Un año nuevo igual y diferente

Entre mil cosas que salieron a finales del año pasado y principios de éste, aquí estoy casi un mes después.

Es bien sabido que el fin de año trae consigo un montón de costumbres en Japón: la primera visita al templo, la primera salida del sol del año, o-sechi (comida que se prepara específicamente para año nuevo), reuniones para olvidar el año que terminar (忘年会 bounenkai) o para recibir al que llegó (新年会 shinnenkai), etc., etc. En este sentido, el año que terminó fue esencialmente lo mismo para mí.

No es necesariamente malo que las cosas se repitan cada año; es un ciclo que definimos para medir muchas de las actividades que realizamos. No obstante, hay ciertas cosas que, por ser tan repetitivas, a veces me causan… hmm… ¿ira? No… creo que “hartazgo” es la palabra. Explico:

Dentro de las actividades que se realizan cuando el año va a terminar está la de regresar a tu lugar de origen para pasar el año nuevo en compañía de tu familia (generalmente padres y hermanos). Es, junto con el obon (a mediados de agosto), de las únicas fechas en las que las japoneses diligentemente se toman tiempo para ver a su familia. Todo bien hasta aquí. Lo que a mí me llega a deseperar es que las mismas personas me pregunten lo mismo cada que un año va a terminar:

¿Vas a regresar a México?

Noten el énfasis en “las mismas personas”. Hablo en concreto de la gente de las empresas en las que he laborado por acá. Para nada me molesta que un japonés me haga esa pregunta, ya que para ellos es una actividad natural y suponen que tener 6 días de vacaciones es tiempo suficiente para ir a México, convivir con la familia, descansar y regresar con nuevos bríos al trabajo. No lo digo de forma sarcástica, porque en verdad lo creen. Sin embargo, cuando las mismas personas te hacen exactamente la misma pregunta por varios años después de haberles explicado que el tiempo no es suficiente y que no vale la pena el gasto salvo que sea una emergencia, te hace pensar si realmente lo dicen por curiosidad o lo hacen como si estuvieran programados para preguntarlo cuando la época llega:

if (date == "Ya casi es fin de año") {
   askQuestionAboutGoingBackHome()
   receiveSameAnswerAsLastTime()
   say("Ahhhh")
}

Obviamente no les respondo de la forma grosera ni mucho menos; siempre doy la misma respuesta y siempre recibo los mismos comentarios.

La cuestión aquí es que pareciera que no hay más temas de conversación durante todo el año, y cuando pasa algo en la oficina que está fuera de la monotonía de cada día, es como ver a niños que acaban de abrir un juguete nuevo. Por ejemplo: cuando llegan a la empresa los doctores a ponernos la vacuna contra la influenza, el único tema de conversación es si duele o no, cuánto duele, si ya fuiste a que te inyectaran, que a qué horas vas a ir, etc., etc., y se siente una alegría y vida que, si fuera cada día, haría que el lugar se sintiera con más energía y no todos tendrían que estar haciendo cara de “odio estar aquí” mientras suena el ruido de los dedos al contacto de los teclados de las computadoras.

Además de esto, me sigue pareciendo increíble, aun después de tantos años por acá, que piensen que 6 días es suficiente para hacer un viaje tan largo por placer. Si fuera de negocios lo entendería; incluso si México estuviera tan cerca de Taiwan, Corea del Sur o algunos lugares de China, lo entendería, pero ¿cruzar el océano pacífico?

Otra de las preguntas, o mejor dicho, de las reacciones que tengo que ver o escuchar repetidamente es la de “Pero eres mexicano, y los mexicanos toman mucho. ¿Por qué no tomas? ¿Estás enfermo?”. Hace 6 años y medio escribí un poco al respecto; hablaba brevemente de lo que el alcohol significa para esta cultura, y aun así, aunado con el hecho de que, comparado con 2010, ahora bebo un poco más (digamos unas 2 veces por año cuando mucho, y no me pongo hasta las chanclas), me causa sorpresa ver que la reacción de muchos japoneses es la misma. Eres adulto = seguro tomas alcohol. Mi suegra cae también en esto, pues le parece increíble que yo no tome, sobre todo en situaciones en donde casi cualquier hombre japonés lo haría, y aunque sabe que no lo hago, siempre me pregunta si realmente no voy a tomar.

Recalco: no me molesta responder a este tipo de preguntas cuando alguien las hace por primera vez. Mi punto es cuando las mismas personas formulan las mismas preguntas en situaciones similares.

Hasta aquí, todo fue igual.

Lo diferente este fin de año fue estar con mi hijo… pero enfermo. No es NADA gracioso que tu hijo se enferme con rotavirus justo el 30 de diciembre por la noche y tengas que estar en el hospital a la 1 am del 31. Sí, sé que los niños son esponjitas, y que esto es solo el inicio, pero por principio de cuentas sí me asusté mucho porque no quería comer y lo veía vomitar y con diarrea. Olvídense de celebrar año nuevo de forma tranquila y añádanle puntos de preocupación de padre primerizo. No es una bonita combinación.

Tardó una semana en ponerse bien, y eso significa que tardé más de una semana en quitarme el miedo que tenía de que el niño no comía y le fuera a pasar algo más grave. Verlo sano es quizá lo más agradable que he experimentado en lo que va del año… pero no todo tenía que ser bueno. Ahora tenemos el problema de que solamente quiere comer lo que le gusta, puesto que cuando estuvo enfermo solamente comía (y muy poco) lo que más le gustaba. Antes de enfermarse no teníamos gran problema en que comiera verduras, y hasta Emi se jactaba de que el niño comía verduras sin respingar. ¿Ahora? Tenemos que batallar cada comida para lograr que las coma, aunque sea un poco. La hora de la comida significa reunir juguetes y libros en la mesa; mi papel es el de distraerlo mientras Emi le da de comer, y si está distraído ni se fija qué es lo que está comiendo, pero si le pone atención a la comida y ve cualquier indicio de algo que no le guste (que sí le gusta, pero refunfuña), te dice claramente “¡NO!” :/

El final de 2016 y el principio de 2017 ciertamente fueron algo contrastante. Es divertido experimentar algo nuevo, aunque sean sustos que uno debe de pasar como padre de familia. Con todo, sería mejor que los sucesos que fueron iguales cambiaran aunque fuera un poco.

Para concluir, he tenido un montón de trabajo en las últimas semanas, y junto con andar cuidando a mi hijo, no me han dado mucho tiempo para escribir por acá. Sin embargo, ya saben que estoy al pendiente de todos los correos y comentarios que me mandan, y que todos los leo, pero tardo a veces mucho en responder. Como siempre, les pido comprensión y paciencia. Hay mucho que quiero escribir aquí, pero ya saben que a veces me toma tiempo en acomodar un escrito para que quede decente.

Por aquí sigo.