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La categoría donde van los posts sobre la vida diaria y lo que no quepa en las demás.

¡Feliz 2018!

Comienza un nuevo ciclo. Según el calendario chino, éste año es el del perro, y en kanji se escribe 戌年 (inu doshi).

Aunque he estado un poco inactivo por acá los últimos meses, el proyecto del blog continúa.

Este año habrá cambios importantes en mi vida, y quiero estar lo mejor preparado posible para enfrentarlos. Mucho reto, pero valdrá la pena.

Les deseo a todos lo mejor en este 2018, y que éste sea el mejor año para todos.

Un abrazo desde algún lugar de Tokio, Japón.

El 2017 en un kanji

Kanji de los años anteriores

Otro año está por llegar a su fin, y como es tradición en este blog, cerramos el año describiendo (o intentando describir) en un kanji lo más relevante que me pasó durante este periodo.

Este año tuve varios candidatos, y fue hasta el último momento cuando me decidí por uno. Algunos tenían una connotación muy negativa, así que mejor los deseché y preferí algo que fuera, si bien no del todo positivo, algo realista que definiera bien el transcurso del año:

Se lee “nemu”, “min”, “me”, y significa “sueño”, “dormir”. Se usa en palabras como 眠い (nemui, “tener sueño”), 眠たい (nemutai, “tener sueño”), 睡眠 (suimin, “sueño (de la sensación de dormir, no de soñar)”), por mencionar algunas.

Primero, el hecho de que mi hijo no se durmiera sino hasta cerca de las 2 am. Mi esposa y él felices de la vida porque podían despertarse a cualquier hora, pero yo tenía que levantarme temprano para ir a las mazmorras trabajar y a veces andaba en calidad de “zombie”.

Después, las responsabilidades aumentaron, y con mi hijo creciendo y cada vez más activo, queda menos tiempo personal. Aprendí que para hacer algo por mi cuenta tenía que sacrificar horas de sueño, y así lo hice:

  • Comencé a hacer ejercicio en forma levantándome a las 5 am diario.
  • Tiempo de estudio, sobre todo lo del curso de la Universidad de Tokio que estoy tomando.
  • Tiempo para jugar un poco Street Fighter.
  • Tiempo para bobear en internet.
  • Muy de vez en cuando (creo que fueron 2 veces nada más) ver una película.

Sí, termino exhausto cada día, pero no significa que siga con ese ritmo tan pesado, menos ahora con tanto frío a esa hora. No obstante, mi cuerpo “se acostumbró” y a veces estoy levantado a las 5 am sin ganas de hacer nada. Apenas hace un mes aproximadamente comencé de nuevo a despertar un poco antes de las 7 am, y el ejercicio pasó a los fines de semana que es cuando puedo hacerlo un poco más tarde.

Definitivamente necesito dormir más, pero en lo personal no me arrepiento de la decisión. Recordé que ya no tengo 20 años (lamentablemente), pero me fue posible despejar la mente.

El próximo año creo que será más fácil ahora que mi hijo ya duerme toda la noche.

Como dicta la tradición, también aquí menciono el kanji del año en Japón: 「」. Se lee “kita”, “hoku”, entre otras lecturas. Su significado principal es “norte” (punto cardinal), y vaya que causó controversia en internet: una de las razones por las que fue elegido fue el número de misiles que Corea del Norte lanzó y que cruzaron espacio aéreo japonés. Corea del Norte en japonés es 北朝鮮 (kita chousen), y la gente alegaba que era absurdo que hubieran escogido el kanji que representa al país que atenta contra la vida y la paz en Japón. Otra de las razones que se manejaron fue la de las fuertes lluvias que causaron grandes daños en la parte norte de Kyushu.

Para los interesados, aquí está la liga del comunicado oficial del kanji del 2017. Es un PDF en japonés.

¡Nos vemos en 2018!

Asistiendo a un funeral

Con ya cerca de 15 años por este lado del mundo muchos pueden pensar que he visto y vivido de todo, y en cierta medida no están equivocados. Sin embargo, afortunadamente hasta la fecha no me había tocado que alguien relativamente cercano a mí falleciera y me enterara a tiempo (porque un compañero de un trabajo anterior falleció y no me enteré hasta casi un año después), y eso significa que no había tenido la oportunidad de asistir a un evento de esta índole.

Por desgracia, el pasado mes de noviembre una de las jefas y miembro del comité directivo de la empresa donde laboro actualmente murió de repente. Desde que vi el título del correo sabía que eran malas noticias: 「訃報」(fuhou, literalmente “aviso de defunción”), y cuando vi quién era me quedé helado por un momento: hacía relativamente poco la había visto en la oficina y había conversado con ella un rato. No era mi jefa directa, y nunca trabajé bajo su supervisión, pero sí era alguien notable y alguna vez estuve ayudándole a su equipo en asuntos que salieron de emergencia.

Lo primero que pensé fue: “¿Tengo que asistir al velorio?”. Y no, no es que sea un insensible, sino que ese tipo de eventos se manejan de una forma especial en Japón, y en algunos casos no es bueno asistir a a ellos a menos que hayas tenido una relación más “de peso” con la persona fallecida o con sus familiares, y más cuando se trata de alguien del trabajo, porque no tienes idea ni de qué murió la persona ni cómo la familia lo tomó. Basta recordar los incontables casos de 「過労死」(“karoushi” muerte por exceso de trabajo), en donde muchas veces la familia no quiere ver ni en pintura a los jefes o encargados de la compañía. Aprovecho para mencionar que algo similiar me pasó con el caso del ex-compañero de trabajo arriba mencionado: por respeto pensaba ir a su casa y hacer reverencia al altar budista que generalmente los hogares tienen, pero mi esposa me advirtió que era posible que, sin conocer las circunstancias de su defunción, la familia no quisiera tener nada que ver con la empresa donde él laboró, y me pidió que primero preguntara por otro lado para cerciorarme de la situación; dicho y hecho, me dijeron de forma muy indirecta que “el funeral había sido algo muy personal donde solamente la familia había estado presente”. Entendí lo que me quisieron decir y ya ni le moví.

Regresando al caso en cuestión: sí, tenía que asistir, no era opción. No es que sea forzosamente obligatorio, pero en general te ganas alguna etiqueta rara entre los compañeros de trabajo si no vas y no tienes una excelente excusa para justificar tu falta. Problema: hay que prepararse, y si no tienes nada de lo necesario, comprarlo todo de jalón es un gasto fuerte. Hasta aquí muchos pueden pensar que es “normal”, pero cuando entra en cuestión la cultura japonesa, los detalles extra salen a la luz y de nueva cuenta te hacen ver lo minuciosa que puede ser. No que eso sea malo, pero sí es diferente a lo que estoy acostumbrado.

Antes de entrar en detalles, déjenme dejar algo bien en claro para evitar malinterpretaciones: la muerte de cualquier persona no es un suceso bonito ni feliz; en todo momento hay que guardar respeto por la persona fallecida. No porque haga comentarios “chuscos” sobre lo que conlleva asistir a un funeral en Japón (en el sentido de lo que me parece raro o es primera vez que lo veo/hago) quiere decir que le haya faltado el respeto a la difunta o a su familia, y tampoco el hecho de que sea primera vez que me topo con esta situación y tenga que aprender lo que se tiene que hacer por medio de ver a los demás e imitar lo que hacen no quiere decir que esté cometiendo una grosería y esté jugando con el dolor ajeno para incrementar mi cultura y poder demostrarla en otra ocasión. Entiendo que la percepción de este tipo de eventos es diferente para quienes no viven en Japón o no conocen las costumbres a fondo, pero cuando la misma gente japonesa te dice “tú imita a los demás”, “estando el lugar aprendes más rápido que leyendo” y sabiendo que aquí cuidan hasta los más pequeños detalles, obviamente es lo que vas a hacer.

También quiero aclarar que esto no es una guía oficial de “qué hacer en un funeral en Japón”. Hay otros sitios que explican, con lujo de detalle, todo lo que hay que hacer y cuidar. Lo aquí escrito es mi experiencia y, como siempre lo recalco, eso no significa que sea la verdad universal.

Dicho lo anterior:

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Cuando los cumpleaños pasan a segundo plano

El viernes pasado cumplí 39 años.

Alguna vez comenté aquí que no me gustaba mencionar cuándo era mi cumpleaños porque se me hacía presunción, pero con el paso de los años he aprendido a que eso no tiene nada que ver y depende más bien de cómo y a quién se lo digas.

No obstante, vaya que las cosas cambian cuando eres padre de familia.

Es el tercer cumpleaños que pasa desde que mi hijo nació, y por una cosa o por otra siempre sucede algo que hace que la fecha pase a segundo plano. No me refiero a que la gente no se acuerde, porque sí lo hacen 🙂 y hay personas a las que considero familia que se dan la vueltota hasta la casa nada más para celebrar conmigo. Me refiero a los sucesos que te “recuerdan” (figurativamente, porque la realidad es que nunca se te olvidan) que alguien depende completamente de ti, y que tu cumpleaños, o cualquier fecha importante, pierde relevancia. Hay prioridades 🙂

Por ejemplo, el año pasado, justo el 31 de diciembre, estábamos en el hospital a la 1 am porque a mi hijo le dio rotavirus. El día anterior había invitado a Carlos, un mexicano que vino a estudiar japonés, a comer a la casa, y con todo y la pena tuve que pedir que se retirara por su propio bien porque no queríamos que se infectara (tengan en cuenta que todavía no sabíamos que era rotavirus, y si Carlos se contagiaba de algo iba a pasar un terrible inicio de año). Ese mismo día fue memorable porque justo vomitó encima de mi esposa un poco después de las 11 pm, lo que hizo que recibiéramos el 2017 de forma curiosa: yo abrazando al niño y arrullńadolo inútilmente con esperanzas (casi inexistentes) de que se durmiera mientras mi esposa salía de bañarse por segunda vez.

Este fin de semana fue similar. Durante el día de mi cumpleaños el niño se portó “normal” y por la tarde me pidió que lo llevara a ver trenes. Les soy sincero: no tenía ganas de ir, pero eso no es excusa para no llevarlo (diría mi madre “¡Ah! Pero querías hijos, ¿verdad?”), y aunque al principio sí me aburrí como ostra, el hecho de ver cómo se emocionaba al ver que llegaba o pasaba un tren mientras disfrutaba de sus dulces favoritos me cambió el estado de ánimo de “total indiferencia hacia los trenes” a “¡Mira! ¡Ahí viene otro!”. Llámenlo “magia”, pero neta: la sonrisa de tu hijo tiene un poder impresionante para hacerte sentir bien no importa lo que haya sucedido.

Hasta aquí todo bien, y seguro algunos dirán: “Pinche Manuel. Ya estás ruco y te quejas de cualquier cosa”. Pero no, lo anterior no es de lo que quería hablar, solo la introducción. Por la noche tuvo fiebre… y no le bajaba. Adivinaron: hospital. Lo revisaron, nos dijeron que tenía, nos dieron medicina para bajarle la fiebre… y a esperar a que llegue el lunes para llevarlo con su pediatra. Explico: en Japón, cuando vas a emergencias por la noche, primero tienes que llamar al hospital para ver explicar los síntomas y ver si te pueden recibir; una vez que el doctor te revisa, por ley solamente te pueden dar medicina por un día, digamos que “para salir de la emergencia”, y tienes que ir a que te vea el doctor a horas habituales entre semana.

Sí, comí pizza el día de mi cumpleaños, pero la celebración queda detrás cuando suceden este tipo de circunstancias. No es queja, es análisis del cambio de perspectiva, y de cómo las prioridades se van acomodando de forma natural. Nunca he considerado estar viejo, pero cuando veo en retrospectiva cómo han cambiado mis costumbres me doy cuenta de que quizá ya no estoy tan joven (los dolores de espalda luego reafirman esa idea, pero soy terco y no lo acepto :P).

Las celebraciones son chidas, sí, cierto, pero darte cuenta de que automáticamente las haces al lado por alguien que te ve y te sonríe sin esperar nada cambio mientras dice: “Papá, quiero tomar jugo” es señal indiscutible de que, de una forma o de otra, las has sobrepasado.

Ya me faltan menos años para poder decirles a todos que no estén jugando en mi jardín. No obstante, desde ahora puedo decirles a todos los que viven en Guadalajara Jalisco dejen de decirle “Chapu” a la avenida Chapultepec. ¿Por qué? Porque yo lo digo 😛

Alma de estudiante

Ya es noviembre. Entre una cosa y otra, el año se pasa volando.

Hoy quiero hacer a un lado todas las entradas pendientes e incompletas que tengo para este blog y hablar un poco de lo que he hecho en poco más de un año.

En julio del año pasado viajé a Singapur, y en su momento escribí al respecto, pero no ahondé mucho en el tema de qué estaba haciendo por razones de manejo de información por acá. Ahora sí puedo al menos decir qué estoy haciendo sin temor a represalias por parte de la compañía en la que laboro.

El proyecto en el que estoy es sobre reconocimiento de escritura a mano usando redes neuronales, o para que suene más fancy, “Deep Learning“. Esa expresión ha cobrado mucha fuerza en los últimos años, al grado de haberse convertido en “Buzzword” y estar en boca de todos, aun en la de muchos que no tienen ni idea de qué onda. ¿No creen? Simplemente les menciono el ejemplo de una persona que quería ponerle Deep Learning a su sitio web para que fuera más llamativo…

Ahora bien: no es que yo haya estado alejado del área de aprendizaje máquina (ML – Machine Learning), puesto que cuando haces procesamiento de lenguaje natural usas algunas de sus técnicas (por ahí tengo un monstruo de código en Scala cuando quise implementar desde cero un clasificador bayesiano ingenuo), pero sí es la primera vez que trabajo con datos que no son palabras, y al mismo tiempo nunca me había metido tan de lleno a redes neuronales. Digamos que soy fan de las Support Vector Machine aunque las comencé a usar mucho después de haberme graduado. Por tanto, es la primera vez que me meto de lleno a las redes neuronales.

El caso es que he estado trabajando en ese proyecto desde hace más de un año, y aunque hemos obtenido avances significativos (nada todavía que sea digno de publicarse), sí tengo que mencionar que la burocracia japonesa (no necesariamente de esta compañía, sino de la forma en la que se hacen negocios en Japón) en general ha hecho que el proyecto vaya muy lento y que, como cualquier proyecto de software, deba de hacer ajustes a la mitad o cambios de esos que eran para ayer.

Ha habido muy buenas ganacias personales y profesionales a lo largo de este tiempo. Entre las más importantes puedo mencionar las siguientes:

  • Asistencia a conferencias importantes en el área de procesamiento de lenguaje natural. Este año he ido a 3: la de la sociedad de procesamiento de lenguaje natural de Japón en marzo, en Tsukuba; a la de la sociedad de inteligencia artificial de Japón en mayo; y a EMNLP 2017 en Dinamarca en septiembre. Sí, pisé tierras europeas por primera vez en mi vida. Esto conlleva también conocer a mucha gente, incluyendo a mexicanos que le están echando ganas en el extranjero dentro de la misma área.
  • Clase de Deep Learning en la Universidad de Tokio. Tomé la básica y ahora estoy tomando la avanzada, la cual termina en enero de 2018.

También es digno mencionarse que he aprendido a lidiar (léase: “perder toda la motivación”) con administradores de proyecto que se creen expertos en IA y que dicen cada sarta de p… aserciones incorrectas, y que en más de una ocasión me han ocasionado severos dolores de estómago porque a fin de cuentas dentro de la jerarquía japonesa ellos son los jefes y los de arriba solamente los escuchan a ellos… Experiencia amarga, sí, pero experiencia al fin y al cabo.

El título de esta entrada se refiere a que más que estar produciendo he estado del lado del aprendizaje, y ahora con el curso de la Universidad de Tokio ha revivido por completo el alma de estudiante, ya que el proyecto final es precisamente un sistema que use Deep Learning para algo, y todos mis compañeros de equipo son estudiantes de esa universidad; esto no me convierte inmediatamente en un líder, pero aquí sí comienza a pesar la experiencia de haber trabajado, sobre todo a la hora de dividir responsabilidades.

Con sus altibajos como casi cualquier cosa, más o menos en eso se ha resumido mi vida profesional desde julio de 2016 hasta la fecha. Así me he estado divirtiendo. No obstante, debo mencionar también que por obra de la misma burocracia mencionada arriba a veces pierdo todas las ganas de hacer las cosas y ha habido momentos en los que sí quiero mandar todo a la burger, pero luego recapacito, me tranquilizo y recuerdo que todavía no es el momento, pero que llegará.

Ahora nada más como dato cultural, dejo una breve explicación de lo que he aprendido y también referencias para quienes quieran leer más a detalle al respecto. Disculpen la terminología en inglés, pero es más fácil dar con información en ese idioma.

Primero que nada, omitiré todo lo referente a MNIST, puesto que hay infinidad de tutoriales y modelos que funcionan bastante bien. MNIST es como el “¡Hola mundo!” en ML, y curiosamente trata precisamente de reconocimiento de escritura a mano, aunque solamente de números. Si quieren probar por su cuenta, Tensorflow tiene un tutorial básico y uno avanzado al respecto.

Si buscan “Handwriting Recognition Deep Learning”, casi todos los papers que encuentren van a referenciar al trabajo de Alex Graves titulado “Connectionist Temporal Classification: Labelling Unsegmented Sequence Data with Recurrent Neural Networks”. Esta técnica ha hecho posible reconocer secuencias de caracteres sin necesidad de segmentarlos previamente. En sí, CTC puede ser aplicado al resultado de cualquier RNN, siendo hasta hace años las Bidirectional LSTMs , es decir: LSTM que no solamente toman en cuenta “el pasado”, sino también “el futuro”; conociendo más el contexto, los resultados obtenidos mejoran considerablemente; pero Alex Graves también presentó una alternativa a las BiLSTMs que mejoró todavía más los resultados: Las Multidimensional LSTMs (MDLSTMs), que lo que hacen es no nada más tomar en cuenta adelante y atrás de la secuencia analizada, sino también arriba, abajo, y cualquier otro punto en otra dimensión que colinde con el elemento analizado (una 2D MDLSTM analiza secuencias en 2 dimensiones – como imágenes; una 3D analiza secuencias en 3 dimensiones – como video, etc.). Gracias a que toma en cuenta mucho más contexto que las BiLSTM, las MDLSTMs presentan mejores resultados cuando son aplicadas correctamente.

Ahora bien, es muy importante tener datos para hacer que la computadora “aprenda”. Una buena base de datos para esta tarea es la de IAM. Es gratuita, solamente hay que registrarse para obtenerla.

He estado trabajando en diferentes frameworks:

Si se quieren quitar de broncas, Keras hace la vida muy sencilla. Lo usé durante un tiempo y, de entre los mencionados arriba, es mi framework favorito. Sin embargo, Keras es una librería de alto nivel que corre por encima de Tensorflow, CNTK o Theano, por lo que si necesitan hacer algun cambio significativo a bajo nivel, quizá no es opción.

Aprendí Tensorflow más motivado por conocer más profundamente las opciones que tiene que por obligación. Tensorflow es más difícil de digerir porque maneja un modelo de primero construir todo en grafos y estos se ejecutan solamente cuando es requerido, haciendo más difícil la depuración de los modelos (aunque justamente ayer Tensorflow sacó su versión experimental de Tensorflow Eager para evitar eso). Para que se den una idea muuuuy vaga, aprender Keras es como aprender Visual Basic (sin lo chafa, claro), y aprender Tensorflow es como aprender lenguaje C.

Torch es más por necesidad que por gusto. Aunque existe PyTorch, que es la versión de Python, el lenguaje original de Torch es Lua. Bien… otro lenguaje que aprender :/

En fin. La idea es que la computadora reconozca la escritura a mano de cierto lenguaje. Alex Graves presentó hace años un gran trabajo reconociendo escritura arábica, siendo que él no habla árabe. Las contribuciones de Alex Graves hacen posible omitir la segmentación de caracteres, puesto que los trabajos anteriores generalmente dependían de que cada carácter estuviera previamente segmentado y después se usaba algo como un diccionario o modelo de lenguaje para corregir posibles errores (se sigue haciendo y es recomendable, pero antes la dependencia era mayor).

Como ya he mencionado, aunque no he obtenido resultados dignos de ser publicados, ahí van las cosas. Al momento de escribir esto estoy relegado a hacer talacha en Lua (más programación que investigación), pero espero que sea solamente temporal. Y de pilón, también soy sysadmin de los servidores con los que trabajamos. Digamos que los demás aquí no tienen mucho conocimiento de Linux :/

Comenzar

Parece algo muy simple, y muchos pensarán que estoy diciendo algo muy obvio, que no necesita discusión, pero con el paso del tiempo me he percatado cada vez más que muchas personas quieren hacer algo pero no pasan del pensamiento, es decir, no comienzan a actuar para lograr ese fin.

Hace poco me preguntaron en el gato curioso qué tipo de personas toleraba menos, y mi respuesta fue “las que tienen un sueño, pero no hacen ni el menor esfuerzo por alcanzarlo”. Lo he mencionado muchas veces aquí a lo largo de los años, refiriendo ejemplos de gente que conocí en persona o en línea y que me cuenta de lo mucho que les gustaría venir a Japón (incluyendo como idealizan – erróneamente – al país), pero no tienen respuesta cuando les preguntas qué han intentado hacer para lograr esa meta.

Creo firmemente que el problema se origina en el poco o nulo apoyo que tenemos (sí, me incluyo) cuando nos ponemos como objetivo algo grande, que para muchos es imposible. En el ambiente donde me crié no estaba prohibido tener sueños, pero entre familiares, amigos y conocidos se creaba un ambiente de negatividad o incredulidad cuando les comunicabas que estabas haciendo algo fuera de la norma, algo diferente que probablemente llevaría a una meta más grande. ¿Qué es lo que por lo general recibes como respuesta? Expresiones como “es una pérdida de tiempo”, “ni te canses”, “eso no te va a servir”, “se vale soñar”, etc., etc., y por experiencia les digo que eso desanima a cualquiera. Así ni te dan ganas de comenzar a luchar por algo.

Recuerdo una vez que estaba en las arcadias, jugando el recién estrenado Fatal Fury 2 (sí, quizá muchos de ustedes ni siquiera habían nacido :P), había dos muchachos que frecuentaban el lugar y eran buena “reta”; por lo que quieran y gusten, a mí se me ocurrió leer la frase en inglés “Conqer the World” (sic), y eso fue suficiente para que me tiraran carro durante algún tiempo. La frase que uno de ellos mencionó se me quedó grabada: “Si sabes algo es mejor no decir nada, porque no te la vas a acabar con la carrila”.

Con este tipo de ambiente y respuestas, es lógico que a nadie se le ocurra comenzar o intentar algo nuevo. Es parte de nuestra naturaleza sentirnos aceptados, y si no hay gente que tenga las mismas inquietudes que uno, o bien gente que no juzgue lo que otros intentan hacer, nos da miedo emprender la aventura nosotros solos.

No obstante, vale totalmente la pena hacerlo. El sentimiento que te invade cuando por fin logras algún avance, por pequeño que sea, es indescriptible, y he de ser sincero: poder mostrarles tus logros a aquellos que lo único que hicieron fueron “darte el avión” también se siente muy bien.

Aquí un detalle: lo más importante que debemos entender es que no vamos a obtener resultados inmediatamente. Hay personas a las que no les cuesta trabajo intentar algo nuevo, pero desisten rápidamente al ver que los frutos que querían no fueron obtenidos. No hay atajos: hay que comenzar desde cero, buscar rutas y equivocarse un montón. Solamente así es posible avanzar.

Entiendo a la perfección que muchas veces entran factores que están fuera de nuestro alcance, y ante ello no hay mucho por hacer. Con todo, la idea es que por uno no quede: avanzar hasta donde sea posible, y estar preparado para reiniciar al trayecto cuando la situación lo permita. Lo que ahora representa un problema no necesariamente lo hará en el futuro, y si sabemos esperar y estamos preparados para cuando llegue el momento.

Lo anterior aplica a todo: desde cosas tan simples como hacerse bueno en un juego de peleas, hasta algo como conseguir una beca para estudiar en Japón.

¿Por qué todo este rollo psicológico? Porque por tanto estrés que me estaba llegando por todos lados, de repente comencé a caer en el hoyo de “mejor ni le muevo” a varias cosas que tenía planeadas desde hace tiempo. Por un momento olvidé el sentimiento que me hizo aprender japonés e intentar obtener una beca para estudiar por acá, y me estaba comenzando a encerrar en un caparazón que me prometía falsa seguridad.

La situación es mucho menos trágica de lo que se lee, pero aun así me hizo sentarme a reflexionar. Para mí, lo más importante fue recordar que cualquier avance es bueno, pues por lo general suelo minimizar lo que sé y puedo hacer.  Ciertamente el estrés que tengo ahora estará ahí por un rato (es causado por un factor externo que no puedo ignorar), pero al menos ya me siento un poco mejor.

¿Tienes alguna idea o quieres comenzar a estudiar o intentar algo nuevo? ¿Qué te detiene? Si tú no lo haces, nadie lo va a hacer por ti.

 

Tiempo libre… ¿dónde estás?

Ni me había caído el veinte de que ya entramos a la recta final de junio… sabía que no había escrito nada aquí, pero me sorprendió que hubiera ya pasado todo este tiempo desde la última vez.

Escritos a medias, temas en el tintero, sugerencias de los lectores, correos y comentarios sin responder… todo está ahí. Los correos y comentarios ya están respondidos (creo), pero lo demás ahí sigue.

En primavera comencé a tomar un curso en la universidad de Tokio, que aunque es relativamente sencillo porque mucho de eso ya lo estudié, me mandaron del trabajo tanto por el hype de que es en esa universidad, como por una certificación expedida que avala que tomé el curso (y esperemos que diga que sí lo pasé). El punto es que hay mucha práctica y todas las semanas hay tarea. Entonces, el poco tiempo libre que he tenido durante los últimos meses se ha ido principalmente a esas tareas. No es extraño ya quedarme despierto hasta las 2 o 3 am corriendo un experimento, o estar una buena parte del domingo enfrente del monitor tratando de aumentar la precisión de lo que la computadora me regresa. ¿Videojuegos? Solamente a ratos en el tren, y si es que me toca sentarme, pero PS4 no, nada.

Obviamente no es que esté totalmente hasta el cuello de cosas que hacer, pero le doy prioridad a mi familia, y en especial a mi hijo, pues ahora que convivió con la familia de mi esposa por una semana se soltó hablando japonés ya de forma fluída y construyendo frases completas, mientras que de español sigue con frases cortas e incompletas, aunque visiblemente entiende todo lo que le digo y me responde. He notado también que cuando estamos nada más el y yo sin su mamá cerca (digamos, que lo llevé al parque), le da por hablar nada más español e intenta decir más cosas en ese idioma, pero si ve o siente que mi esposa está cerca, se apoya mucho más en japonés. Por tanto, gran parte de mi tiempo libre lo uso para jugar con él, hacer que aprenda más vocabulario y que genere más frases.

Ayer estuve un buen rato jugando a los “monitos”: él fingía que se caía, y yo con una figura de elefante iba a ver si estaba bien y en donde le dolía. Cada vez que fingía caerse decía “¡se cayó!”, y cada vez yo le corregía diciendo “¡me caí!”. Tomó fácil unos 10 intentos hasta que comenzó a decir “¡me caí!” en vez de generar la frase en tercera persona. Es natural que, por la gramática japonesa, intente usar la misma conjugación para todo, pero he notado que poco a poco se está dando cuenta de que en español la forma de decir algo cambia dependiendo del sujeto.

Sí, sé que es una batalla muy difícil al ser solamente yo (auxiliado por libros y YouTube) su única fuente de español, pero no estoy dispuesto a rendirme.

En fin, sigo al pendiente de todo por acá, pero creo que será hasta la segunda semana de julio cuando ya estaré un poco más activo por acá.

Primero las bases

El otro día, después de una acalorada y fuerte discusión amena plática con mi esposa, me hizo reflexionar sobre algo que es muy simple, y sin embargo de repente se me va el avión al respecto.

Caso en cuestión: mi hijo por lo general tiene la costumbre de guardar sus juguetes cuando termina de jugar, pero esa costumbre es intermitente, y mi esposa (y yo, para tal efecto) le indica que tiene que guardar sus cosas cuando no las va a usar. Esta vez en concreto fue una de ésas en las que hizo las cosas a medias, es decir, dejó algunos juguetes tirados. La cuestión es que eran pocos, y en un rincón en los que sinceramente no estorbaban, así que me pareció un poco exagerado que le dijera que tenían que ser todos, y que a fin de cuentas no causaba mayor problema que dejara esos fuera. Error, y no porque ella se enojara al respecto, sino porque estaba dejando pasar algo muy obvio.

Mi idea en sí era que no era completamente necesario recoger todo si no estorbaba; a fin de cuentas, podía hacerlo al siguiente día y nada cambiaría, pero las palabras que mi esposa mencionó retumbaron en mi ser:

Sinceramente, hasta yo creo que podía haber dejado los juguetes ahí, pero la diferencia es que sí habría afectado en algo: el niño todavía no sabe evaluar si algo es suficiente o no; para nosotros es fácil, pero para él no, por tanto primero tiene que aprender a hacer todo como debe de ser. Nosotros somos los maestros ahora, y cuando te toca ser maestro, tienes que enseñarle a los alumnos las cosas como se deben hacer, no a medias, y los alumnos, una vez que comprendan, serán capaces de discernir cuando pueden “tomar atajos”.

Lo dicho: muy obvio,  lo sé. Pero eso me recordó que prácticamente he recomendado eso siempre, y me extrañó no poder aplicarlo en mi hijo de primera instancia. Aunque son analogías algo diferentes, recuerdo que cuando alguien me pregunta cómo estudiar japonés, le digo que lo primero que tiene que hacer es no aprender, leer o escribir, con romaji, por los vicios que eso crea. Sí, el avance es más rápido al inicio, pero llegará el punto en el que el romaji se convertirá en un obstáculo, y si no se libró desde el principio, será mucho más difícil hacerlo después. Igual que cuando alguien me pregunta cómo aprender a programar: normalmente se les cuecen las habas por sentarse enfrente de una computadora, abrir un IDE y comenzar a teclear en algún lenguaje en concreto (últimamente mencionan mucho C#), pero mi primera recomendación es agarrar papel y lápiz, aprender lo que es secuenciación, selección e iteración, y crear algoritmos en papel para resolver problemas matemáticos, primero simples, y después complicados. Uno de los primeros programas que yo hice fue una versión propia (y rarísima) de calcular el factorial de un número: hice un while, y hacía los brincos de 2 en 2; ignoraba qué es la recursividad, así que tenía que salir adelante con lo que sabía.

No es la primera vez que olvido que primero se tiene que aprender lo básico para después poder comenzar a “jugar” con la cosas: la primera vez que intenté estudiar Support Vector Machines yo sentía que era nada más sentarme un ratito a leer y entender el concepto; hasta compré el libro oficial de su creador, según yo para tener la fuente real y comprender a la perfección… y me fui para atrás cuando me di cuenta que no entendía nada, pero nada al respecto, y que para hacerlo tenía que dar marcha atrás a aprender los conceptos básicos que me permitirian entender qué diantres estaba pasando, qué es un kernel, y cuál es la belleza de las SVM (eran tiempos en los que todos creíamos que las SVM iban a salvar al mundo).

Sí, llegará el momento en el que me hijo decidirá dejar sus cosas y su cuarto tirados y evaluará que no le afecta a nadie en ese momento, pero si no aprende que ésa es la excepción y no la regla, entonces la falla será completamente de nosotros, como padres, y en caso concreto de esta ocasión, mía.

Escritos como estos sí me hacen pensar como papá pitufo…

Fugacidad

Hace poco, respondiendo preguntas en el gato curioso, alguien me preguntó si era feliz en Japón. Respondí en su momento,  e incluso mencioné algo similar en mi carta a una relación de 14 años, pero lo consideré buen tema para ahondar un poco más.

Si debo de dar una respuesta concreta, sería invariablemente “no”, pero eso no significa que esté siendo un mártir, que la esté pasando mal por acá o que simplemente no disfrute mi estancia en este país; ese “no” va muy ligado a mi personalidad y a lo que exijo de mí mismo.

Verán: creo que mi respuesta sería “no” independientemente del país en donde estuviera. Siempre estoy buscando hacer un poco más, mejorar en algún aspecto, y rara vez me doy tiempo de saborear lo que he logrado. He aprendido a “bajar la velocidad”, cierto, y esas raras veces de voltear a ver lo logrado han aumentado con el paso de los años (aunque usted no lo crea), pero siempre he sentido que si me detengo, caería en un letargo en el que no me gustaría estar.

No obstante, y de forma irónica, he estado en esos letargos, algunas veces más tiempo del que me gustaría admitir. Y para ser sincero, aunque se siente bien tomarse un descanso y no puedo negar que todo se hace más fácil, a la larga me terminan provocando más estrés una vez que salgo de ellos. Sí, yo y mi personalidad :/

El problema radica en que soy muy exigente conmigo mismo. Aprender a separar lo que sí puedo hacer, lo que sí puedo pero no tengo tiempo de hacer y lo que de plano no puedo hacer tomó tiempo, y creo que todavía estoy en proceso de aceptación. No soy todólogo, ni nunca me he creído uno, pero siempre me ha gustado estar informado o conocer un poco de todo. Lo malo es que luego trato de ir más a fondo en todo, y es ahí cuando digo “ya valió”.

El momento en el que me siento plenamente feliz es cuando consigo algo después de mucho tiempo de haberlo intentado. Es por eso que valoro mucho el conocimiento, porque por lo general no es fácil adquirirlo, pero una vez que lo tienes, lo haces tuyo y lo manejas como quieres, nace ese sentimiento de que todo valió la pena. Vamos, es la recompensa después de un gran esfuerzo. Y sin embargo, esos momentos son efímeros, y antes de que comience a disfrutar de ese sentimiento, ya nació otro de “¿qué sigue?”. Es cansado, no lo niego.

Lo anterior no quiere decir que no disfrute mi estancia en Japón, ni a mi familia, ni a amigos. Todo lo contrario: todos esos son factores que contribuyen a que me sienta bien y a que le eche ganas todos los días. Sin embargo, tengo el “trauma” de que si digo que “soy feliz”, deje de buscar más, tanto para mí como para los que me rodean; de ahí que sienta lo efímero de la felicidad. ¿O quizá debería decir que mi felicidad es estar buscándola siempre?

Japón ha sido, sin lugar a dudas, el reto más grande que he tenido en la vida; y en muchos aspectos lo sigue siendo. Y al igual que hace 15 años, cuando apenas planeaba venir para acá, me enfrento a diferentes obstáculos y me encuentro con comentarios adversos a mi estancia de este lado del charco. Ciertamente estar aquí no es del todo fácil, y día a día te enfrentas con situaciones únicas, o que al menos no vivirías en tu país de origen, pero si todo fuera malo creo que ya habría huído. Y tomen en cuenta que quejarse de Japón no necesariamente significa odiarlo, así como quejarse de México y todo lo que conlleva su situación actual, no significa que se le haga feo.

Por lo pronto, a seguir aprendiendo a balancear las cosas.