Los años maravillosos – Parte 5

México y Uzbekistán

Como lo mencioné anteriormente, tuve la oportunidad de convivir con gente de muchos países. Durante el viaje a Kioto, comencé a echarle el ojo a las chicas rusas y de la antigua URSS, y hasta entonces me di cuenta que había una en particular que se me hizo preciosa desde el primer momento. En ese momento simplemente pensé “es hermosa”, pero nada más. Había pasado una semana desde que había iniciado el programa y no habíamos intercambiado ni una sola palabra. Era demasiado tarde para iniciar una amistad… o al menos eso pensé.

En Tokio, tuve la suerte de sentarme a su lado en el autobús durante todo el tour que nos dieron por varios lugares de la capital, y juro que fue suerte y que no hice nada para que sucediera de esa forma. Hablar con ella era un sueño dentro del sueño de estar en Japón. Me parecía una chica por demás interesante: hablaba ruso, inglés y japonés, y entendía checo. Además, se notaba que era una persona letrada ya que los temas de conversación que tenía eran interesantes.

Total que al terminar el tour y regresar a Saitama, yo no quería que ahí quedara todo. Me armé de valor y le dije que podíamos cenar juntos, a lo que me respondió afirmativamente. ¡En hora tendría una cita en Tokio con una chica Uzbekistana!

La tarde y la noche estuvieron tranquilas. No recuerdo qué y no en donde cenamos, pero eso era lo de menos. Cuanto más pudiera hablar con ella, mucho mejor. Todo seguía siendo mágico. Pero lo mejor estaba por venir (y no, no es sexo, por aquello de que alguien así lo haya estado pensando ペロリ).

Al regresar al instituto donde nos hospedábamos, estuvimos un rato en el salón donde estaba el karaoke. Había algunos estudiantes de ahí cantando, pero al parecer se cohibieron con nuestra presencia y optaron por irse. Oh sí, el salón entero para nosotros dos. Había un piano, y se notaba que le llamaba la atención, pero algo la detenía. La animé a que tocara algo, y me dijo que no era muy hábil. Insistí diciendo “toca algo para mí”… y lo que me regaló es algo que, aun cuando han pasado casi 9 años, todavía lo recuerdo de forma vívida: Für Elise, de Beethoven, interpretada de una manera magistral. La forma de mover las manos indicaba que no era una principiante, y la sonrisa de satisfacción que mostraba al poder tocar el piano hicieron que yo no viera nada más alrededor.

Ahora ustedes se preguntaran, ¿y dónde está el video de eso? Y lo mismo me pregunto yo 悲しい ¡POR SUPUESTO QUE LO GRABÉ! El problema es que lo tenía en una de las memory stick de la cámara que compré en ese entonces, y ahora no sé en dónde quedó. Lo he buscado, pero sin ninguna suerte. Pero sí hay una foto que le tomé justo antes de que comenzara a tocar:

Ahí quedó la noche. Y si estaban esperando leer algo sexoso, se lo pierden, porque no hubo nada ペロリ

Ambos sabíamos que el viaje terminaría pronto, y sinceramente yo no sabía ni percibía si ella estaba medianamente interesada en mí o fui simplemente una buena forma de pasar un domingo. El típico miedo que nos acecha a los hombres cuando estamos ante una mujer que en realidad nos gusta.