Los años maravillosos – Parte 5

Viajes

Quizá el punto más atractivo de las 2 semanas era la serie de viajes que haríamos: Hiroshima (incluyendo Miyajiima), Nara, Kioto y Tokio.

En Hiroshima visitamos el 原爆ドーム (Genbaku Dome, un edificio que quedó de pie después de la explosión de la bomba atómica), el parque de la paz y el museo de la bomba… del cual salí llorando por todo lo que presenta: prácticamente vives el dolor que los sobrevivientes de la explosión sufrieron durante y después del bombazo. De ahí nos movimos a Miyajima) a admirar el 厳島神社 (Itsukushima Jinja, un templo precioso que está considerado como patrimonio de la humanidad) y a pasar la noche en una 旅館 (ryokan, hotel típíco japonés), que por cierto es carísima.

La noche en Miyajima fue por demás increíble. Asistimos a un festival, anduvimos en Yukata por una buena parte de la isla, conversamos mucho. Era el momento exacto en el que nadie quería que se terminara el viaje.

De Hiroshima fuimos a Nara, aunque estuvimos realmente muy poco ahí. Sólo visitamos el 東大寺 (Toudaiji, el templo más famoso del lugar). Y el mismo día nos movimos a Kioto, donde pasaríamos la noche.

La estancia en Kioto fue también para recordar. Tuvimos mucho tiempo libre y anduvimos explorando todo lo posible, en la medida que el tiempo nos lo permitió. Algunos aprovecharon y se metieron a bares a beber cerveza, mientras que otros optamos por dar una larga caminata por los alrededores. Había un río en las cercanías, el paisaje era precioso. El sueño cada vez era más irreal, y de nuevo, nadie quería que se terminara.

Tokio

El último viaje fue hacia la capital del país. En Tokio pasaríamos 2 noches y de ahí regresaríamos a Osaka. Fue la primera vez que me subí al 新幹線 (Shinkansen, el tren bala). Cuando llegamos a Tokio, nos movimos hacia las instalaciones de la fundación Japón en Saitama.

Fuimos en grupo a lugares como 浜離宮庭園 (Hamarikyu Teien), 浅草寺 (Sensouji, en Asakusa), y claro que no podía faltar la torre de Tokio, en donde aproveché para tomarme una foto estilo Magic Knight Rayearth que le había prometido a una amiga de Guadalajara.

Por la noche queríamos hacer fiesta como acostumbrábamos en Osaka, pero nos fue imposible porque el Karaoke de las instalaciones de Saitama se podía usar hasta las 10 pm. Nos quedamos con las ganas.

La familia Oda

Necesito hacer un gran paréntesis para ponerlos en contexto: mientras estuve estudiando en el Instituto de Intercambio Cultural México-Japonés de Guadalajara,  una de las maestras, Minako (que se convirtió en una gran amiga), fue visitada por su amiga de la universidad Hanako, y su esposo Mikio Oda, ambos recién casados. Recién casados, habían pasado su luna de miel en Cancún y aprovecharon el viaje para visitarla. Yo los conocí primero cuando asistieron a la fiesta de despedida de un estudiante del instituto que se iba a Japón por un año., oportunidad que usé para conocerlos y platicar un poco.

Varios días después Minako me dijo que si quería ir a comer con ellos, a lo que yo dije que sí. Fue la primera vez que comí sashimi. Hasta antes de ese día el pescado crudo me daba asco y no lo soportaba, pero aquí tenía que hacer una excepción e intentar comerlo, aunque fuera a fuerzas. El resultado fue algo inesperado: ¡me había gustado! A partir de ese día el sashimi se convirtió en una de mis comidas japonesas favoritas.

Ya cuando nos despedimos, Minako me pidió que si podía llevar a los Oda a su hotel ya que ella tenía otro compromiso justamente para el otro lado de la ciudad. A mí me quedaba de paso, y aprovecharía para platicar un poco más con ellos, aunque ahora que lo pienso quizá Minako hizo eso a propósito para que yo estuviera solo con ellos y pudiera practicar japonés en serio sin que ella estuviera presente; después de todo los Oda no hablaban nada de español. En fin. Por supuesto que dije que sí. Nos subimos al camión y me ofrecí a pagarles el pasaje. Estuvimos platicando unos 20 minutos, que fue lo que tardamos en llegar al centro de Guadalajara, y creo que no hace falta mencionar que TODOS en el camión me veían con cara de “¿y este qué?” al escucharme hablar en japonés (y con un japonés que para nada era fluido). Dejé a los Oda en su hotel y fue la última vez que los vi… en México.

El reencuentro con los Oda.

Desde que llegué a Osaka llamé por teléfono a los Oda, pero no los encontré y dejé mensaje. Ellos me llamaron y tampoco me encontraron, pero me dejaron mensaje. Cuando al fun pudimos comunicarnos, les dije que estaría en Tokio e inmediatamente me dijeron que querían verme y platicar conmigo. Y así sucedió.

Me llevaron a cenar a un restaurante cercano. Conversamos por largo tiempo; me comentaron lo que habían hecho después de la última vez que los había visto, y tanto a ellos como a mí nos parecía por demás curioso que nos volviéramos a encontrar, pero esta vez en Japón. Les daba mucho gusto que hubiera logrado ir a Japón, y me preguntaban si pensaba quedarme por mucho tiempo. En ese entonces no tenía idea de que regresaría meses después.

Al día siguiente Mikio tenía trabajo, pero Hanako tenía el día libre, por lo que se ofreció a llevarme a Akihabara. Compré algunos DVD, entre ellos las última OVA de Rurouni Kenshin. Platiqué con Hanako un buen rato y nos despedimos, pero esta vez sin ninguna duda de que íbamos a vernos en el futuro.