Acostumbrarse

No hace falta mencionarle a la gente de México que mi rancho (Guadalajara) es una ciudad relativamente grande, aunque se queda corta ante la CDMX. No obstante, al menos las veces que he regresado a visitar a mi familia, cada ez me encuentro con una Guadalajara cambiada, con menos árboles y más carros. A lo mejor es mi impresión y puede ser que esté totalmente equivocado; después de todo tengo más de 16 años de no vivir ahí. Sin embargo, lo que sí recuerdo es que las horas pico eran, desde mis tiempos de estudiante de bachillerato, toda una aventura.

No te extraño para nada
No te extraño para nada

Las idas a la escuela por la mañana eran memorables. Salir de casa a las 6:10 AM, caminar 8-9 cuadras hasta la parada del minibús y que éste pasara completamente atascado pero todavía se frenaba para subir a 2 o 3 pasajeros más que, de forma que hoy que lo pienso es totalmente milagrosa, todavía cabían, era el pan de cada día cuando tu primera clase era a las 7 AM (y lo peor cuando era contabilidad…). Ir colgado de alguna de las puertas servía mejor para despertarte y ponerte 100% alerta antes de llegar a tus labores estudiantiles, pues tenías que ir esquivando postes, árboles, y en el peor de los casos, bicicletas o motocicletas que hasta parece que le jugaban carreras al chofer. Y ahora que lo menciono se me hace increíble que nunca me tocó un accidente en esas circunstancias. Y ni se diga de la gente que iba dentro, estrujada en medio de quién sabe cuántos cuerpos que sufrían el mismo “castigo”. Y pobre del que fuera sentado y tenía que bajarse a la siguiente cuadra; era una tarea titánica.

Todo lo anterior no es raro en ninguna ciudad que se considere “grande”. Estoy seguro que situaciones similares se viven en muchos otros lugares, no solo de México sino también del mundo entero. Y también estoy seguro de que quienes han experimentado esto entenderán el estrés que causa. Pero no hay de otra: si vas en transporte público a la hora en la que la gran mayoría de las personas tienen que moverse de un lado a otro: o bien si agarras tu propio carro y te lanzas a la aventura al mismo tiempo que los otros miles de trabajadores que pensaron lo mismo que tú; o incluso si agarras tu moto o tu bici para poder pasarte entre el tráfico… de la manera que sea vas a sufrir estrés, y eso puede arruinar todo tu día, o al menos reduce la probabilidad de que vaya a ser bueno, porque llegar de malas a tu trabajo significa que vas a tardar más en poder concentrarte y comenzar tu día.

Uno creería que la gente que pasa por todo esto día a día termina acostumbrándose y no le da tanta importancia a los detalles de lo que pasa durante su trayecto a sus labores, pero la realidad es que hay gente que no lo puede tolerar. No hablo de la persona común y corriente que quizá haya tenido una mala mañana antes de salir de casa (eso es quizá mala suerte), sino de aquellos que, a sabiendas de lo que van a vivir terminan su viaje con un mal sabor de boca, o peor aún, inician o se entrometen en una trifulca que trae aún peores consecuencias. El caso es que no es nada fácil.

Dicho lo anterior, me parece sorprendente ver las montañas de gente que se mueven en Tokio día a día, y con ellas, los montones de problemas y sinsabores que llevan consigo. Desde los típicos empujones para a fuerzas tener un micro lugar en el tren hasta la persona que se avienta a las vías y le arruina el día a miles, si no es que a millones de trabajadores que tienen que esperar a que se haga peritaje. No falta quienes se hagan de palabras dentro o fuera del tren, se griten hasta de lo que se van a morir… y no pase nada más porque ambas partes saben que el que pegue primero la lleva de perder, y para ambos es mucho más importante llegar temprano al trabajo que hacerse de golpes con un desconocido, que a final de cuentas va a terminar costándole caro. Como ejemplo, hace poco leí un caso en donde un sujeto comenzó a querer golpear a otro de buenas a primeras. El defensor alcanzó a agarrarle las manos pero recibió algunas patadas, pero para su fortuna varios de sus colegas estaban presentes y pudieron contener la situación. Después del proceso legal, el atacante tuvo que pagar 200,000 yenes de compensación económica por la violencia que usó… Casos similares se ven día a día, y de entre todos estos nada más una vez me ha tocado ver que se lleguen a pelear.

Quizá el entrenamiento con los minibuses en México me ayudó a simplemente dejar pasar este tipo de situaciones o a no prestarles mucha atención. Creo que las únicas veces que realmente me he enojado en el tren atascado de gente han sido cuando los “súper amables y corteses” japoneses no le cedieron el asiento PREFERENCIAL a mi esposa embarazada. Lo peor del caso es que en general no se lo ceden a las personas que realmente lo necesitan, y de ahí surgen servicios como el que LINE probó hace algunos años:

  • Los usuarios de LINE que deseen ceder su asiento registran su voluntad en la aplicación.

  • Una mujer embarazada se sube al tren y se pone en estado de “me quiero sentar”.

  • Los usuarios que estén cerca de ella (mismo vagón o aledaños) y que que previamente hayan registrado que desean ceder su asiento, reciben un mensaje de que hay alguien que se quiere sentar.

  • La aplicación le manda la mujer embarazada un mensaje con la ubicación de la persona que le cederá el asiento.

Regresando al tema original, por más incómodo que esté, mientras los empujones cuando voy en calidad de sardina sean parte “natural” de la rutina mañanera realmente no me altero. Solamente cuando de plano es algo intencional, como cuando me están usando de escritorio para juegos de celulares (que increíblemente la gente juega aun cuando su cuerpo parece que está desafiando las leyes de física), es cuando me altero, pero ya bastante estrés tengo con la casa y el trabajo que, en cuanto me bajo del tren, respiro hondo y me dispongo a comenzar o terminar el día sin mayores problemas. No obstante, mi experiencia laboral en este lado del mundo me ha mostrado a muchas personas que llegan alteradas a la chamba, sin saludar, y en algunos casos el mal humor les dura todo el día. Lo entendería de gente que no está acostumbrada a las multidudes de Tokio o alguna otra ciudad similar alrededor del mundo, pero se me hace todavía extraño de gente que tiene años por acá y sabe a lo que se enfrenta cada mañana en la capital nipona.

Sé que cada persona es diferente, y los niveles de tolerancia también varían de individuo a individuo. También sé por experiencia que la vida en una mega urbe como Tokio es mucho más acelerada que en otras partes de Japón, y que hay mucha gente de esos lugares que, sin importar la cantidad de años que haya vivido en la capital, no termina de acostumbrarse. Con todo, si ya de por sí la vida es pesada y todos tenemos mil y un cosas de qué preocuparnos, desearía que uno de ellas no fuera el estrés diario al ir o venir del trabajo. Todos, sin excepción, quisiéramos viajar diariamente en un tren, minibús, macrobús, metro vacío, pero mientras no sea posible, creo que lo mejor que uno puede hacer es ir a deshacerse de esa ira generada por la experiencia antes de comenzar las actividades del día.

Ésta es una de las cosas que se tienen que tener en cuenta al pensar en vivir en una de las ciudades grandes de Japón. Para mí, lejos están los días en los que los “embotellamientos” de Iizuka eran filas de carros que tomaban a lo más 5 minutos, que no tenía que tomar autobús, y que no había que navegar diario entre un mar de gente para moverse de un lado a otro.

10 Replies to “Acostumbrarse”

  1. Orale, no sabia de la aplicacion de Line que mencionas. Y probablemente de otras muchas mas que podrian ser utiles en ciertas casos.
    Yo lo unico que agradezco, es que no me hayan volado la billetera hasta ahora en el tren. De ahi en fuera, la gente es igual que ver el ganado salir del corral. Tons, mientras no me consiga un trabajo a 5 min de mi casa o me mude a la compania, seguire en el ruedo hasta el fin de los dias.

    1. Totalmente cierta la comparación con el ganado, jeje.

      Nunca supe (ni he buscado) si la aplicación de Line siguió adelante o fue nada más una “proof of concept”. Como sea, mientras vivamos lejos de la chamba vamos a tener que lidiar con horas pico todos los días.

      Saludos.

  2. Hola Doc

    Aún recuerdo cuando en mis tiempos de estudiante me tocaba vivir lo mismo, era una pesadilla especialmente el añadido del sobrepeso en los mexicanos y yo no era la excepción. Recuerdo mucho una ocasión en la que una señora de grandes dimensiones se sentó en el asiento de la orilla y la odisea que fue el salir de ese asiento ya que ella no quiso levantarse, solo mover las piernas un poco. Otro de mis momentos favoritos fue cuando baje de un camión en movimiento, justo iniciaba su marcha y tenía que bajar, en ese momento aprendí sobre como bajar de un auto en movimiento, me estrellé por suerte con un auto con la ventana abaja así que solo fue el golpe en el volante.

    Ahora ya aprendí que vida es vivir en ciudades chiquitas de menos de un millón de personas o mejor ciudades o pueblos cercanos a ciudades medianas.

    Un ranchero que se desespera cuando el tráfico dura más de 20min. Saludos doc!

    1. ¡Hola!

      Yo también aprendí lo que es la vida calmada cuando viví en Iizuka. Guadalajara en una ciudad relativamente grande, con sus broncas de tráfico como uno esperaría. Al llegar y vivir en el campo japonés me di cuenta de lo diferente que es el ritmo de vida fuera de una gran ciudad; y aunque al principio me costó adaptarme, cuando lo hice comencé realmente a disfrutar de mi vida por acá.

      Todo cambia después de que te quedas atorado por un par de horas en el tren (en calidad de sardina) cuando alguien se avienta a las vías, o te toca esperar X número de horas para poder salir de un embotellamiento. Ahí es cuando comienzas a recordar lo que era estar en la gloria del campo y que los embotellamientos duraran a lo mucho 5 minutos.

      Saludos.

  3. Como olvidar ir colgado en la puerta de la entrada del autobus cuando andentro estaba a tope de gente, había que aferrarse bien a los tubos porque luego con tanto movimiento la gente dentro se recargaba en uno y cuando te tocaba ir colgado el que más peligraba era uno.

    Saludos doc.

  4. Como siempre, gracias por compartir.

    En mi caso son pocas estaciones a la chamba y salgo un poco antes para agarrar el tren local. Aunque si se me hace tarde tengo que agarrar el tren “commuter express” que no está tan abarrotado. Eso sí, en una estación en el trayecto veo todos los días como la gente se empuja para poder entrar al “Super express”, y agradezco al cielo que no sea el pan de cada día.

    1. Cierto es que si vas nada más una estación te aguantas y te subes al tren que sea. Pero como dices, cuando tu trayecto incluye múltiples estaciones y ni de chiste te puede sentar, el viaje se torna un infierno.

      Recuerdo que en Nueva York me tocó subir a un tren que estaba “lleno”; cuando varias estaciones después gente intentó subir, una mujer visiblemente indignada exclamó: “ya no hay más espacio. No me puedo mover”. Al ver eso, inmediatamente me vino a la mente las decenas de japoneses que habrían podido entrar en ese espacio y todavía sentirse “cómodos”…

      Pero nada como México. Si algún día vas a Guadalajara, intenta dar un “tour” por el 380 o el 622. Emociones fuertes aseguradas o la devolución de tu dinero.

      Saludos 🙂

  5. El maldito 622 hahaha, tambien la 604 y el 375 no los extrañaré jamas ! Ni las levantadas para llegar a las 6 am para tomar una clase en el CUCEI, para después tener que tomar otra a las 10 am…..
    Ahora pasando al tráfico, te diré que, aunque Montreal sea “ciudad grande ” aqui y no se compare con Tokio ( aun no se compara en tamaño con Gdl ) la gente que hay y el trafico y el buen servicio de transporte es muy agradable. Es raro ver empujones y metros ultra atascados, y el trafico aunque no es poco es muy relajado. Siempre digo que aqui es un rancho.
    Saludos y felices fiestas

  6. Wow, me desaparezco un mes y me encuentro nuevo post, genial.
    Bastante interesante lo que hablas, por ejemplo me gusta ver gente pero soy fácilmente “hartable”.
    ¿Cual ciudad recomendarías empezar a vivir mientras se estudia? ni muy tranquila ni muy ajetreada.

    1. Te podría recomendar muchos lugares, pero estoy totalmente parcial hacia Fukuoka. Para mí, además de ser mi segunda casa, es el lugar que eligiría para vivir sin pensarlo mucho. Tiene la mezcla perfecta de ciudad y campo; la gente es amigable, las mujeres son hermosas y la comida es inigualable. El clima es aceptable para ser Japón; es la ciudad más importante de Kyushu; es trampolín hacia Asia, y Corea del Sur está súper cerca. Si te hartas de gente, en menos de una hora puedes estar en un lugar solo disfrutando de la naturaleza.

      Saludos.

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