Carta a una relación de 14 años

Querido Japón:

Por más que pensé en la forma adecuada de comenzar este escrito, no la encontré, y preferí seguir el instinto de plasmar las ideas como fueran saliendo en vez de salir con alguna  expresión que seguramente más de alguno tildaría de cursi.

Siendo extremadamente correctos, nuestra relación tiene mucho más de los años arriba mencionados; incluso creo que debería haber puesto “15”, porque cuando nos conocimos en persona fue en 2002, en aquel fin de verano en el que por fin pudimos encontrarnos. Sin embargo, prefiero hacer el conteo desde que vine para quedarme (al menos por 6 años en ese entonces). Son 14 años que se dicen fácil, pero que, para ser sincero, han sido mucho más que un sueño. Yo los llamaría también “todo un reto”, porque la verdad es que, para alguien proveniente de una cultura como la mía, adaptarse a tus costumbres, gustos y caprichos no es nada fácil. Y creo que debo ser honesto mencionando que, aún con todo lo bueno que tienes, no haces más fácil la situación.

Hemos pasado por mucho durante este tiempo. Creía saber muchísimo de ti cuando nos reencontramos en aquel abril de 2003, pero fuiste (y sigues siendo) lo suficientemente crudo para mostrarme que  hay todavía mucho que desconozco. Has hecho que, en retrospectiva, me dé cuenta de que aunque ya no era un niño cuando vine a ti, gran parte de mi desarrollo en la aburrida bonita etapa de ser adulto ha ocurrido contigo. Y en contra de lo que puedes pensar, no tengo (o no creo tener) problemas de identidad cultural aun después de tantos años de estar contigo. El nopal en la frente no se me cae; el acento de jalisquillo no se me quita, y aunque estoy lejos de mi tierra, no hay día en que no me imagine saboreando ricos tacos de barbacoa en la mañana, lonches de pierna, deliciosas tortas ahogadas, la delicia de un bistec mañanero con frijoles, tortillas recién hechas (y si son a mano, mejor) y chile de molcajete. Perdón, pero por muy llamativo y avanzado que puedas (o que la gente cree que puedas) ser, tú nunca me podrás dar nada que supla todo eso. No obstante, he de reconocer que sí has sido una influencia muy grande en la persona que soy en estos momentos. “Adaptación”, le dicen algunos.

Llegué “tiernito”. No tenía miedo de ti, pero sí tenía prisa por volver a mi país en ese entonces. Mi vida estaba en México; había apostado por venir a ti durante un tiempo, llevarme lo mejor de ti y regresar a seguir con los planes, pero fuiste lo suficientemente frío y cruel para mostrarme que las cosas no siempre salen como uno quieren, menos en el ámbito amoroso. Me hiciste sufrir mucho el primer año, y llegó un momento en el que te odiaba y te culpaba de todo lo que me pasaba. El tiempo me mostró que tú no eras toda la causa de eso (sí tenías que ver, no creas que no).

Serviste también como “filtro” para algunas relaciones que parecían amistosas y que terminaron por pura envidia. Cómo olvidar la gente que, de buenas a primeras, me bloqueó de un día para otro de las redes sociales (las de ese tiempo. Ni Facebook ni Twitter existían) por la sencilla razón de que yo estaba aquí y ellos no. O a aquellos que pensaban que había venido a ver caricaturas todo el día. Incluso después también entendí que mucha gente se imaginaba (y algunos lo siguen imaginando a la fecha) que todo Japón era como Tokio, y que seguramente habría Akihabaras por todo el país. Ya conocía a gente que te idealizaba, pero ya estando contigo me percaté del alcance y la magnitud , y en algunos casos la peligrosidad de esa idea. No voy a decir que no me dolió perder amistades, pero con el tiempo fue más fácil asimilar por qué había sucedido.

Contigo tuve mi primer carro, mi primer departamento. Rentado, sí, pero conocí lo que es vivir solo y lo irresponsable que era en muchos aspectos y de cómo mi familia me apoyaba y solventaba algunas de mis necesidades. Me hiciste conocer la soledad mucho más a fondo, y al mismo tiempo me enseñaste que era mi oportunidad de crecer y de probar la libertad. En resumen: el primer paso en la vida de “adulto”.

Me hiciste vivir relaciones que nunca habría pensado tener en México. A lo largo de los años me has dejado ver mis habilidades y mis defectos de una forma cruda, que duele, pero que también presentan la opción de ser aprovechados y corregidos. He comprendido con el paso del tiempo que las decisiones siempre serán y dependerán de mí al final, pero en años recientes me has vuelto a mostrar la importancia de la familia, con la diferencia de que ahora soy yo quien la construye y dirige. En pocas palabras, he crecido contigo.

Obviamente no puedo dejar de mencionar que ha sido todo un deleite poder estar cerca de ti en lo que a videojuegos se refiere. Cierto, ahora los buenos títulos salen primero en el continente americano, pero la cultura que gira en torno a ellos contigo es algo que solía soñar cuando vivía en México. Siempre fui un gamer, mucho antes de que el término siquiera se usara (inserte aquí los comentarios de “¡HIIIIIIIIIPSTEEEEEEEEEER!“), por lo que los videojuegos eran parte de mi vida desde antes de conocerte, pero aquí pude ver materializado lo que pedía a gritos cuando estaba más joven: una comunidad, torneos, etc. Sí, ahora ya todo eso existe no solo en México, y no es suficiente pretexto para decir que eres superior en ese aspecto, pero yo lo viví aquí, por lo que para mí eso cuenta mucho.

Algo que odio, y creo que siempre voy a odiar de ti, es lo mucho que te tardas en traer películas al cine. ¿Nominadas al y ganadoras de Óscar (dejemos de lado si los Óscares están comprados, bla bla)? ¡Claro! Veámoslas meses después de que fueron premiadas, aclamadas, y de que todo el mundo ya habló de ellas hasta el cansancio y considera que puede dar spoilers a diestra y siniestra porque suponen que todo mundo ya las vio. ¿Quieres pruebas? Veamos algunas fechas de estreno próximas:

Y podría seguirle. No importa la excusa que pongas al respecto. Esto me molesta, me enoja, me reenp… pone de muy mal humor. Sí, sé que en muchas ocasiones puedo pedir el Bluray directamente desde Estados Unidos y llegará antes de que las películas sean estrenadas por acá, pero para alguien como yo, que gustaba de ir al cine hasta 3 veces en una semana cuando estaba en México, la experiencia no es lo mismo. Y aunque te pida que cambies, sé que no lo harás, porque entran en juego otros intereses (publicidad, vacaciones de los niños, dificultad en las traducciones, etc., etc).

Ni se diga de tu invierno. Sé que no la tenemos tan extrema como algunos lugares de Europa o Rusia, pero por la razón que quieras y gustes, son jaladas mentales (y reales) que la insulación en tus casas sea prácticamente inexistente. Si afuera está helando, yo quiero estar calientito en casa, sin tener que abrir las ventanas cada X cantidad de tiempo por usar calentadores de queroseno o vivir debajo del kotatsu hasta que se le ocurra llegar a la primavera. Tómalo como un capricho, pero para alguien que disfrutar el calor y el verano y las chicas en bikini es una etapa difícil cada año.

También odio tu cultura laboral. Debes enseñarle a tus discípulos directos a que ya no estamos en la época de los Shogun y que no por estar más tiempo en el trabajo quiere decir que trabajes más y seas más eficiente. Vas por buen camino al eliminar el fantabuloso examen central de admisión a la universidad, pero te hace falta ser más directo con las empresas y sus jefes. ¿Premium Friday? Es un inicio, sí, pero si lo haces “opcional” y los jefes terminan decidiendo si los esclavos empleados lo toman o no, como que no tiene mucha lógica y pierde la poca efectividad que pudiera tener. Debes aprender a ser más relajado en ese aspecto, y eso no quiere decir que vayas a perder tu identidad.

Sé que para ti, o mejor dicho, para tus discípulos directos, todos los que no lo somos siempre seremos extranjeros, ajenos a ti, y que en algún momento “regresaremos a nuestros hogares”. Me impacta saber que hay gente que cree que un niño que tiene un padre extranjero y uno japonés no es japonés… Como que ya es hora de dejar atrás esa idea de homogeneidad que a lo mejor funcionaba en el siglo pasado. Sé que es difícil de entender, pero es necesario que hagas ese cambio, o que comiences a hacerlo desde ahora. Y no, un cambio temporal, motivado por las olimpiadas de Tokio 2020, no es suficiente. Sé que intentas cambiar las cosas, pero a veces tus métodos de planeación y análisis se estancan de tanto que se discuten, y ni hablemos de su aplicación.

En resumen, así como me has mostrado mis defectos y mis cualidades, he aprendido a ver y criticar las tuyas. Hay todavía mucha gente para la que tú eres solamente caricaturas, cómics, novelas o J-pop, y está bien que tengan esa idea siempre y cuando no vayan a intentar conocerte mejor (algunos de los que lo intentan no aguantan el choque y salen corriendo), pero para mí, y para los miles o millones de personas que hemos tenido la oportunidad de ver más allá de eso y de vivir, disfrutar y sufrir en tus tierras, eres a la vez una fuente de sueños y de sinsabores, y la experiencia que cada uno de nosotros tiene contigo es justo la que cada persona quiere tener.

14 años. Ignoro cuántos más seguirán, pero mientras sigan aquí estaré, para decirte lo bueno y lo malo que encuentro en ti.