Hospital – una de las mejores pruebas de idioma extranjero

Prácticamente nunca, salvo una vez que fue un caso muy especial, me jacto de saber mucho japonés. En primera, porque no hay razón para hacerlo, y en segunda porque afortunadamente existen personas no japonesas que lo hablan mejor que yo, lo que me motiva a seguir adelante. No obstante, he de reconocer que el idioma me ha ayudado muchísimo desde que pisé tierras japonesas, sobre todo por el área a donde llegué y viví por más de 8 años: Fukuoka.

No depender de nadie para moverte en otro país da un sentimiento de libertad incomparable. Una cosa es vivir solo por primera vez, y otra vivir solo por primera vez en un país extranjero. Y aunque es cierto que el idioma no necesariamente es una barrera para disfrutar un país, cualquier situación se vuelve una prueba una vez que vives en uno. De entre todas esas situaciones, creo que en donde me percato del japonés que puedo hablar es cuando voy a un hospital. Hoy que tuve que ir a que me revisaran, me quedé pensando en lo que es ir a un hospital en el extranjero; y no es que sea la primera vez que voy (recordar que el año pasado estuve hospitalizado), sino que realmente pone en perspectiva lo que uno conoce de un idioma específico, sobre todo al ver la cara de alivio de los médicos cuando les respondes “Sí, hablo japones. No hay problema”.

Lo veo de esta forma: para ir a turistear, lo que más importa es que sepas el nombre del lugar a donde quieres ir y el nombre del lugar desde donde estás yendo (porque luego no es tan fácil regresar); con el simple hecho de que le digas a alguien el lugar y señales un camión, tren o taxi, en la mayoría de los casos la gente entiende que quieres ir a ese destino; en el caso de querer comer algo, basta con señalar algo en el menú para ordenar, y se vuelve todavía más fácil si el menú tiene una imagen de lo que se está pidiendo, ya que de lo contrario se corre el riesgo de ordenar algo que nos puede parecer grotesco (no porque lo sea, sino porque no estamos acostumbrados a comerlo). Y en general, cualquier situación en la que con poco que se nos entienda la idea se transmita al interlocutor, es suficiente para sacarnos del apuro. Pero, ¿qué pasa cuando nos sentimos mal? ¿cuando algo nos duele y necesitamos especificar qué nos está pasando?

Para mí, ir al doctor es una de las pruebas más efectivas para verificar el nivel del idioma que se tiene. Y aunque aquí también aplica el comunicar la idea principal a medias, con la salud no podemos andarnos con conformismos ni terminos medios; es necesario ser tan específicos como sea posible para que el diagnóstico sea el acertado. ¿Qué nos duele? ¿Cómo nos duele? ¿Qué sentimos? ¿Cómo lo sentimos?

Ir al médico con una persona que funja como traductor puede ser un arma de doble filo si esa persona no conoce a fondo los 2 idiomas, y lo que se le comunica al doctor es la interpretación que la otra persona realizó con la información que nosotros le proporcionamos. En resumen, se corre el riesgo de caer en “teléfono descompuesto”, y los más afectados somos nosotros porque de ello depende que nos atiendan propiamente, y por ende, que nos curen del malestar que suframos.

Los japoneses se pasan de amables, especialmente cuando quieren comunicarse en un idioma diferente al suyo. Para bien o para mal, ellos saben que su idioma no es fácil para un extranjero, y por ende suponen que éste no habla japonés si no tiene  rasgos medianamente asiáticos. Eso sí: las reacciones son diferentes dependiendo de la persona. Hay quienes intentan hablarte en inglés usando las pocas palabras que conocen; otros buscan a alguien que pueda hablar inglés, conscientes de que ellos no pueden, y otros simplemente te dan el cortón sin decir nada más. Pero, ¿en un hospital? El doctor no tiene de otra más que intentar comunicarse de la manera que pueda; algunos hablan inglés bien, pero otros, no tanto, y en el caso de que no se puedan comunicar bien, el diagnóstico de la situación se vuelve parte de un acto de adivinación sin bola de cristal.

Hace algunos ayeres, me tocó acompañar al doctor a un mexicano que vino a estudiar su posgrado acá. Se había caído de la bicicleta unos días antes y se había golpeado la parte baja derecha del estómago, y además tenía fiebre. Cuando fuimos al hospital y expliqué los síntomas, el doctor inmediatamente asoció el golpe y la fiebre con una posible apendicitis (no me pregunten, yo no soy médico), y casi casi decía que había que operar tan pronto como fuera posible. Lo que le quería explicar era que los síntomas de la fiebre tenían un par de días antes de la caída en la bicicleta, y que quizás se debían a un resfriado. pero  el doctor no hizo mucho caso y quería que se programara la operación. Salimos del lugar, nos dirigimos al centro de salud de la universidad, expliqué la situación al médico en turno, asintió, y trató al compatriota de las 2 cosas por separado, descartando por completo la apendicitis.

Ciertamente, en una escuela de japonés no te pueden preparar para cada posible caso por los que se puede ir a un hospital; pero aunque hay lecciones para enseñar a expresar las situaciones más comunes durante un chequeo médico, lo mejor es ponerse las pilas y aprender al menos varios patrones para expresar, tan preciso como sea posible, qué nos sucede.

Estudiantes del idioma japonés: tomen nota de todo esto, porque, cuando anden por acá, puede ser la diferencia entre sufrir una operación y tomar unas cuántas pasillas por menos de 1 semana, añadiendo obviamente la cantidad de dinero que se pagaría en caso de tener que hacer algo que no es necesario.