¿A dónde quieres ir de hoy en adelante?

¿Qué te motiva a seguir esforzándote cada día?

Trabajar para alguien más y tener seguridad económica a cambio de tu tiempo, tus ideas, y tu vida… o bien arriesgarte a cumplir un sueño y morir defendiendo tus ideales.

Lo primero suena bien, pero el precio a pagar es muy alto, y los más valioso que tiene un hombre es su libertad. Encerrar a alguien durante 10 horas o más dentro de una oficina obligándolo a trabajar como robot es la mejor forma de destruir la voluntad propia y el deseo de progresar y ser diferente. Habrá quienes se sientan “falsamente” bien con esa forma de vida, para quienes su individualidad no valga nada. Yo no soy parte de ellos.

No hay mejor manera de ser productivo en lo que se hace que tener un motivo, una meta, que te guste lo que haces. Lo he experimentado un par de veces en la vida, y una de ellas fue cuando comencé a estudiar japonés por mi cuenta. Los comentarios y las burlas que recibí no fueron pocos; desde “eso no te va a servir en la vida” hasta el ahora mítico “Es imposible. Nunca lo vas a lograr”. ¿La mejor parte de todo esto? Los 8 años y medio que he pasado en este país, con todas las buenas y malas experiencias que me han tocado, y el hecho de que el idioma no sea para mí una barrera y me haya abierto las puertas hacia un montón de vivencias y conocimiento que Japón me ha ofrecido. El japonés siempre fue un juego, un pasatiempo, algo en lo que me gustaba invertir tiempo, sin ninguna clase de pensamiento de querer estar o vivir en Japón en un futuro. Simplemente gusto por un reto diferente. Hoy, muchos años después, veo en ello justamente lo que Steve Jobs comentó en su famoso discurso en 2005 en la universidad de Stanford: “Connect the dots”.

Hoy tengo ante mí quizá el reto más grande al que me he enfrentado en la vida. Y no, no es la empresa en la que laboro actualmente, sino la conjugación de eso con las ideas que me mueven, las que realmente me hacen soñar por las noches y hace que me levante en las mañanas con ganas de tener todo el tiempo del mundo para desarrollarlas. ¿Lo voy a hacer realidad? Si el tiempo y la salud me lo permiten, ¡claro! Si no, al menos me quedará la satisfacción de que me fui por el camino que yo escogí y quise forjar, y no el de alguien a quien sólo le importa exprimirte los conocimientos sin siquiera darte un trato adecuado.

Lo he mencionado antes: una parte muy importante de trabajar es descansar. Un empleado motivado y descansado rinde mucho más, y si el empleado rinde, la empresa sube, todos subimos… Eso es justamente lo que necesito en este momento: un descanso. Pero no uno de un fin de semana, sino uno en donde realmente me pueda desconectar del mundo para voltear a ver el camino recorrido y poder planear el que sigue. Ignoro cuándo lo podré tener, pero antes de moverme a lo que sigue, forzosamente tendré que tomarlo. Mientras tanto, hay que continuar con lo que se tiene en este momento, con una visión muy clara: se puede cambiar. Nunca es tarde para hacerlo.