¿Cambio de rumbo?

Como mencioné hace poco, estos últimos 3 meses han sido muy pesados. Terminaba cada día prácticamente en calidad de bulto. Afortunadamente, hubo un resultado, pero desafortunadamente todavía no hay nada concreto. Es hora de contar los pormenores del asunto.

Creo que no hace falta mencionar que lo que voy a contar aquí no incluye ningún tipo de odio. Estoy muy agradecido por el trato y las atenciones recibidas; eso es muy aparte de lo que a continuación describo.

Resulta que, después de considerarlo por mucho tiempo (un año más o menos), de aguantarme varias cosas y de ser ignorado en tomas de decisiones importantes en las que mucho de mi trabajo tenía que ver, decidí aventurarme en la azarosa tarea de cambiarme de trabajo en Japón. Sabía que sería una tarea larga y difícil, pero la realidad superó mis expectativas.

Agarren palomitas, refresco y pónganse cómodos. No, esto no tiene nada que ver con “Los años maravillosos”, pero advierto que es una lectura larga.

Antes que nada, mi primer deseo es quedarme en Japón por un poco más de tiempo. Cierto es que existe la opción de irme a otro país, pero todavía siento que tengo asuntos que tratar con el país del sol naciente. Bajo esa premisa, continúo:

¿Universidad o empresa?

La primera decisión difícil fue elegir el tipo de camino que eligiría: académico o laboral. El primero sinceramente me llama mucho la atención, y es hasta cierto punto una parte de mi meta final (ser investigador y profesor), pero el segundo incluye una parte más grande de un sueño que quiero alcanzar en algunos años (y que en su momento relataré por acá). El problema de elegir regresar al mundo académico es no haber publicado nada en estos 2 años después de obtener el doctorado, y si aunamos a que no me gusta ninguno de mis papers (que saqué más a fuerzas que por convicción), mi perfil en esa área es débil. Pero como no hay peor lucha que la que no se hace, me incliné por ahí.

Comencé por platicar con algunos profesores de la universidad donde estudié (después de todo, está enfrente del trabajo); el panorama que me dieron no fue nada alentador: casi todos los puestos que se anuncian en los journals son nada más “estéticos”, es decir, para adornar esas páginas, puesto que por lo general los puestos ya están decididos desde antes de sacar el anuncio, y los agraciados son los estudiantes del profesor del laboratorio que lanza la oferta. Regresar al mundo académico no sería fácil, pero tampoco imposible.

Me puse a buscar puestos en los que podría entrar. Ni siquiera estaba esperanzado en encontrar algo sobre procesamiento de lenguaje natural; algún puesto como profesor de una materia como inteligencia artificial, programación concurrente, etc., eran suficientes: el chiste era estar dentro, y una vez ahí continuar investigando sobre mi área. ¿Qué fue lo que encontré? Casi casi nada.

Uno de los profesores a los que consulté me envió unas ofertas de trabajo en un instituto en la prefectura en Nara, y una de ellas era en traducción automática. “Ni mandado a hacer”, pensé, y me apresuré a reunir los requisitos y enviar los documentos necesarios. El problema era que no tenía mucho tiempo, y armar un plan de trabajo, incluso con una idea ya más o menos establecida, requiere de varias revisiones y correcciones. Los profesores me apoyaron con todo, dándome incluso cartas de recomendación. Como quieran y gusten, alcancé a enviar todo.

Resultado: rechazado. Lo veía venir, pero creía tener posibilidades. La realidad fue otra, y me tocaba seguir buscando.

Seguí buscando trabajo en el ramo académico por un par de semanas más, pero al ver que no había nada claro dentro de Japón, y habiendo escuchado comentarios muy malos de amigos míos que están como investigadores y en postdoctorado en universidades japonesas, la investigación en Japón parece estar estancada. Incluso llegué a escuchar los mismos comentarios de gente que está fuera de Japón pero tiene o ha tenido contacto con investigadores japoneses en los últimos años. Me costó trabajo abandonar esa idea, pero teniendo en mente que es parte de la meta final, opté por dejarla en stand by hasta que sea requerido.

No había de otra: había que buscar trabajo fuera de las universidades, en las empresas, en el mundo laboral, como lo he venido haciendo en estos años.

Doctor en Japón: no muy buena combinación

Quienes me hacen el favor de seguirme en twitter han leído esto antes, pero buscar trabajo en Japón como doctor es una tarea titánica. Olvídense de que uno sea bueno o malo en el área. Eso no importa. El simple hecho de ver en el currículum que tienes un doctorado hace que una gran parte de las empresas te digan que no sin siquiera darte oportunidad de hacer o decir algo. Cierto: habrá quien tenga suerte y pueda entrar a una gran empresa, de esas que sí contratan doctores, pero las oportunidades son muy pocas y contadas, por lo que los puestos son muy peleados.

Las empresas japonesas inmediatamente relacionan doctorado = investigación. La idea es que un investigador ha tenido muy poco (o nulo) contacto con el mundo laboral, por lo que carece de experiencia aunque tenga firmes conocimientos teóricos. Y aunque esa forma no está tan alejada de la realidad, deja fuera a la mayoría de extranjeros que vienen a estudiar un posgrado a Japón después de haber trabajado por cierto número de años.

El caso es que busqué trabajo por donde se dio oportunidad, pero no salía nada. Mi última opción era trabajar como desarrollador, labor que puedo desempeñar sin problemas, pero quería algo más cercano a mi área. Busqué, busqué y busqué, pero nada. Incluso salió una oferta de trabajo en Google, pero también me mandaron a volar. Y hay que mencionar que es la 2da. vez que intento entrar ahí y la 2da. que me rechazan. Definitivamente Google y yo no nos llevamos bien 🙁 . También envié mis documentos a IBM Japón. Ahí se vieron más buena gente, y me respondieron que no tenían ningún puesto por el momento, pero que tendrían mis documentos en cuenta por si algo de mi área salía (sí, yo sé que es una forma cortés de decirte que no, pero al menos dieron una razón). De ahí en fuera, nada.

Me deprimí. Comencé a optar por el plan B: salir de Japón. No era parte de mi plan para los próximos años (aunque sí lo es para más adelante), pero si de plano aquí no había oportunidades más allá de ser desarrollador o ingeniero (no porque les haga feo, sino porque eso debe leerse como “esclavo“), a lo mejor en otro país podría tener más suerte. Estuve en modo zombie durante aproximadamente una semana. Fue cuando estuve a punto de rendirme que, por un artículo en un blog, fui a dar a una página japonesa para buscar trabajo.