Todo comenzó con la película de King Kong

Antier tuve un día para recordar. Arnoldo (Costa Rica), Gilberto (Honduras) y yo teníamos planes de ir a ver King Kong, pero debido primero a que me retrasé hora y media gracias a mi profesor que me llamó justo cuando nos íbamos a ir, y después por la nieve que hacía imposible cruzar las montañas, decidimos cambiar de cine a uno donde pudiéramos pasar aún con nieve… o al menos eso pensábamos.

Fuimos a función de 8:10 pm. King Kong dura poco más de 3 horas, por lo que salimos después de las 11. Al salir, todo estaba blanco: Las calles congeladas, los carros regresándose porque se resbalaban en el camino… el indicio de que no podríamos regresar a casa. Volteé a ver el camino principal y me di cuenta que los carros estaban pasando, por lo que decidí que nos fuéramos muy despacio hacia el camino, ya que seguramente alguien ya habría esparcido sal y por ende podríamos pasar. Error: Solo avanzamos un par de minutos cuando comenzamos a encontrar carros detenidos y un embotellamiento del demonio. Gracias a una amiga (y a que se pueden enviar y recibir correos a internet desde el celular), nos enteramos que el camino estaba abierto, pero se necesitaban cadenas en las llantas para poder pasar, cadenas que por supuesto yo no tenía.

Estuvimos detenidos ahí por poco más de una hora. Entonces, Arnoldo fue a ver el camino más adelate y encontró una salida, pero era cuesta abajo y por supuesto que estaba congelada. Solo al final había agarre porque el camino daba debajo de dónde estábamos, por lo que estaba relativamente seco. Nos aventuramos a ir, muy despacio, y esperando que el carro no se nos fuera. Sin mayor problema, encontramos un lugar para estacionarnos, y de ahí seguimos caminando, esperanzados en encontrar un karaoke o algún restaurante familiar de esos que están abiertos las 24 horas. La idea original era regresar en taxi a Iizuka, y yo el día siguiente regresar por el carro ya con cadenas, pero después de todo decidimos ver si encontrábamos un lugar para no morirnos congelados.
Un poco más adelante de donde dejamos el carro, encontramos un 7/11. Ahí nos calentamos un poco y preguntamos sobre algún restaurante. Nos dieron la dirección de uno, y antes de ir decidimos que era mejor estacionar el carro en ese lugar, por lo que regresamos por él y lo llevamos hasta allá. Eran cerca de las 2 am.

Salimos en busca del restaurante, y casi enfrente del 7/11, por otro camino, encontramos otra Convenience Store (Poplar), y a mí se me ocurrió que era posible que ahi vendieran cadenas para las llantas. Arnoldo preguntó y nos dieron la dirección de un super que está abierto las 24 horas, pero nos dijeron que estaba a 1 kilómetro de distancia. Decidimos ir, total, no teníamos nada mejor que hacer.

Con una temperatura abajo de 0 grados, nevando y el viento soplando más fuerte que de costumbre, como si le hubiéramos hecho algo y ésa fuera su forma de desquitarse, fuimos ne búsqueda del súper. Ese “kilómetro” resultó ser en realidad 3 kilómetros aproximadamente, pero a fin de cuentas llegamos. De nuevo nos calentamos mientras yo buscaba las cadenas. Pregunté a un policía y ¡oh! ¡Ahí estaban! Nuestro regreso a casa se veía cerca… o eso pensé. Resulta que las cadenas son diferentes para cada tipo de llanta, por lo que hay que saber la medida de éstas para poder comprar las correctas, y… ¿a que no creerían que nunca había sabido la medida de mis llantas?

De nuevo, una amiga nos salvó de hacer una compra inútil, ya que investigó en internet y nos avisó por celular el tamaño de las llantas de mi carro, por lo que la ida fue inútil. Divertida, pero inútil. Gilberto compró una bufanda y yo un gorro, y de nuevo, de regreso al 7/11.

El plan era regresar a ver el carro y de ahí irnos al restaurante a desayunar y perder tiempo. Cuando llegamos al 7/11 eran las 4:20 am, por lo que ya sonaba más lógico ir y perder unas 3 horas dentro del restaurante. Fuimos, lo localizamos gracias a la función de GPS que tiene mi celular, y ahí desayunamos y estuvimos desde las 5 hasta cerca de las 7:30. Ya todo amanecido, de regreso al 7/11.

Por la mañana los caminos estaban mucho peor que por la noche, por lo que era mandatorio tener cadenas si queríamos regresar por la mañana a Iizuka. Llegamos al 7/11 y preguntamos dónde más podríamos comprar llantas. La persona que nos atendió, como todo buen japonés, estuvo investigándonos todo por teléfono, hasta que le dijeron que sí había: Nafco. Nafco es una tienda donde venden material de construcción y cosas para DIY (Do it Yourself), y siendo que abren a las 8 am, era nuestra mejor opción, salvo que Nafco estaba más allá del restaurante del cual apenas acabábamos de regresar. Sin más que hacer, nos encaminamos de nuevo. Pasamos el restaurante y a lo lejos se veía la tienda, pero en la siguiente esquina había otra tienda que parecía que podría tener: Goo. Goo es básicamente una tienda como Nafco, solo que abren a las 10. Estando cerrado, de cualquier forma fuimos a ver debido a que Arnoldo insistió en que sería bueno preguntar, y el trabajador que estaba ahí amablemente nos abrió y nos vendió las cadenas. Para esto, claro que ya había anotado el tamaño de las llantas. Precio de las cadenas: 8500 yen. Caras, sí, pero necesarias, y además se pueden poner sin tener que levantar el carro.

De regreso al 7/11, entre Gilberto y yo pusimos las cadenas sin mayores problemas y de regreso a Iizuka. Llegué a mi casa a las 10:30 am después de dejar a los demás en sus respectivos hogares, y no supe más de mí hasta las 5 pm.

Ciertamente Kong solo necesitaba un poco de comprensión, y nosotros solo necesitábamos un par de cadenas para poder regresar. Arnoldo se cansó de tirarme carrilla por no tenerlas. Gilberto solo se reía a más no poder, pero, con todo y que pasamos la noche sin dormir, caminando entre nevadas y vientos fuertes y a menos de 0 grados, fue una de las experiencias más divertidas que he tenido por acá.

Ahora ya puedo manejar con nieve. Algo más que anotar en mi lista.

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