Nieve, mucha nieve

Aunque siempre me quejo del frío que hace por acá en invierno, la verdad es que hacía ya varios años que no se sentía tanto como éste.

El último invierno que recuerdo así de frío es el de 2003, el año en que llegué por acá. Era todavía mitad de noviembre y yo me estaba congelando. Fue ahí donde conocí lo que son los kotatsu, los calentadores de queroseno y, ya después, las alfombras y cobijas eléctricas. De hecho, ahora que lo pienso, el kotatsu que en aquel entonces me regalaron es justamente el mismo que uso ahora… es decir que mi kotatsu tiene 7 años conmigo + los que tuvo con el antiguo dueño, ¡y sigue funcionando!

Sé que para muchos el frío no es cosa del otro mundo, pero para mí, que en Guadalajara raras veces bajaba tanto la temperatura, el primer invierno por acá fue muy difícil. Después uno se acostumbra, es cierto, pero eso no hace que me guste. Mi estación favorita del año es verano: me gusta el calor.

El frío es una cosa; la nieve es otra muy diferente. Si va a hacer frío de todas formas, preferiría que nevara más seguido, sin llegar a los extremos como Niigata o Fukui. Pero la nieve se niega a aparecer seguido por esta parte de Japón. Sí, cada invierno nieva, pero en los últimos años eran 1 o 2 al año, y la nieve no se acumulaba (léase: “no se pueden hacer monos de nieve”). No obstante, este año se ha caracterizado por la nieve; ahora sí no ha faltado.

¿Qué puede ser malo en todo esto?

Primero que nada, aunque el invierno es frío (amanecemos a -3 grados), las casas no están completamente aisladas, lo que hace que la calefacción no sea eficiente. En lugares como Hokkaido la situación es completamente diferente, ya que son muchos meses de frío. Y no soy yo el único que me quejo. Gente de Rusia con la que he platicado aquí me dice exactamente lo mismo.

Pero bueno, dejemos las casas a un lado y vayamos a los caminos, a las calles. Iizuka es un valle, por lo que para salir de ella, no importa la dirección, hay que cruzar montañas, pero también dejemos ésas a un lado. Vamos a las calles de la ciudad. Como rara vez nieva tanto, mucha gente no compra el equipo apropiado para manejar cuando los caminos se congelan. ¿Resultado? Accidentes, a veces simples y bobos, a veces fatales. Hay quienes sí compran sus cadenas con anticipación (y no como yo, que tuve que caminar en medio de la noche para conseguirlas), o si hay más recursos, los que compran llantas para invierno; pero los que no lo hacen, por pocos que sean, pueden llegar a ocasionar percances muy graves.

Regresemos a las montañas. Imaginen que nieva en un día de trabajo y que la gente tiene que salir de (o entrar a) Iizuka para poder llegar a su destino. Quienes anticipan la situación deciden mejor levantarse temprano y tomar tren, pero hay quienes quieren (o necesitan) manejar hasta su trabajo, pero no cuentan con el equipo para hacerlo. A eso le llamo “suicidarse para ir al trabajo”: gente que cruza las montañas después de una nevada, y sin equipo, cuando los avisos hacen clara mención de “use cadenas o llantas de invierno para pasar por aquí”. ¿Todo para qué? Para llegar al trabajo, y de ser posible a tiempo. Cabe mencionar que en situaciones como ésta, muchas compañías no ponen pero de que sus empleados lleguen tarde, y aquí las excusas de “el tren no pasó” o “el tren se detuvo por 1 hora” sí funcionan. Es el clima, no se puede hacer nada al respecto.

Este fin de semana me tocó ver varios carros que derrapaban al querer dar una vuelta, al querer frenar o incluso al momento de salir de un estacionamiento. Otros simplemente iban a 15 km/h.

Por supuesto que el gobierno de la ciudad echa sal, o un polvo especial, para evitar que los caminos se congelen, pero solamente en los caminos más concurridos, los más importantes. En cuanto tomas otro, te vuelves a encontrar al amigo hielo en el camino.

Sé que para quienes viven en países que son fríos y donde las nevadas y los ríos congelados son el pan de cada día, todo lo anterior no es nada nuevo, y de hecho es parte del sentido común. Para otros, como yo, toma tiempo acostumbrarse.

Al final, la tormenta pasa. La nieve poco a poco se derrite, hasta que no queda huella. Por este lado de Japón, que la nieve permanezca más de 2 días ya es mucho decir. Para gente como Esdras, que vive en Nagano, o Javier, que vive en Gifu, las cosas son un tanto diferentes.

El panda sobrevivió 2 días. Como la calle donde vivo se cierra justo donde está la casa (lo que sigue es un mini bosque), prácticamente no pasan carros y la temperatura se mantiene baja, lo que contribuyó a la “larga vida” de esta creación 😀