El 2011 en un kanji

Fiel a la tradición de expresar en un kanji los acontecimientos del año que termina.

Esta vez hubo varios candidatos, pero creo que el que decidí muestra más fielmente lo que el año 2011 significó para mí.

El kanji del año en Japón fue (kizuna, “unión”, “liga”). Fue elegido por representar la unión y la solidaridad que los japoneses tuvieron después del terremoto-tsunami del 11 de marzo.

Sin más preámbulos, el kanji que escogí para este año es:

Se lee “soko”. Aunque tiene varias acepciones, el significado principal es “fondo”.

Este año hubo muchos cambios en mi vida. Me animé a enfrentar nuevos retos, pero lamentablemente no salieron como yo quería, y los últimos meses han sido extremadamente pesados, estilo salary man, aunque peleo por que no se conviertan totalmente en eso, aunque ello implique que solamente puedo dormir 4-5 horas diarias en promedio.

Escogí el kanji de “fondo” porque estoy quizá en ese punto ahora mismo, lo cual no es 100% malo. Cierto es que he perdido algunas cosas, he retrasado proyectos, le ha bajado el ritmo a lo que quiero estudiar… pero viendo el lado positivo, no me queda otro camino más que mirar para arriba. Subir es mi única opción ahora.

Quisiera ser más optimista en este momento, pero prefiero ver las cosas con realismo. La situación no va a mejorar nada en los 2 primeros meses del año, y auguro que la primera mitad del 2012 va a ser muy difícil, con muchas pruebas por superar. Sin embargo, si ahora no actúo y no veo hacia arriba, corro el riesgo de quedarme atrapado.

Estoy completamente convencido de que en el próximo año y medio (2012 y la mitad del  2013) se va a definir el rumbo que tomaré en la vida, al menos por un lapso de tiempo considerablemente grande (5-10 años aproximadamente). Así que no queda más que seguir con mi pensamiento inicial: 初志貫徹.

Lo dije antes y lo sigo diciendo: el chiste es no rendirse.

Aprovecho la ocasión para agradecerle a toda la gente que me ha apoyado o me ha brindado palabras de apoyo por aquí, por Twitter, por Facebook (al que casi nunca entro), por MSN Messenger, por teléfono y en persona. Ustedes saben quiénes son. ¡Muchas gracias! 🙂

Reciban todos ustedes, quienes me hacen el favor de leerme, un fuerte abrazo de mi parte, ahora desde Tokio. Espero que el 2012 sea el mejor año que hayan tenido hasta el momento.

Por aquí andamos.

 

¡Feliz navidad 2011!

Entre la gente que me hace el favor de leerme a lo mejor hay algunos para quienes la navidad no signifique gran cosa, ya sea por diferentes creencias religiosas o porque sencillamente es un día más. Sin embargo, es una fecha pretexto para ponernos a reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestras acciones y sobre lo bueno y lo malo que ha pasado en este año (aunque esto último es en vísperas del año nuevo).

Cristiano o no, el ambiente navideño que se vive y respira en México y latinoamérica definitivamente tiene sabor: desde el tradicional ponche, los tamales y las posadas, hasta las mariposas que sientes porque esperas con ansia a ver si “el niño Dios” se apiadó de ti y te trajo lo que le pediste.

No obstante, yo soy de la idea en que siempre deberíamos pensar más en nuestras acciones y en cómo pueden afectar, de buena o mala forma, al ambiente en el que nos desarrollamos y a la sociedad en la que vivimos. No hacen falta fechas especiales, o mejor dicho, no debería hacer falta. Pero como la realidad es otra, al menos el hecho de saber que no hemos perdido la capacidad de reflexión, aunque sea por un día o una época en el año, es prueba de que somos humanos y que todavía (y espero que nunca suceda) no estamos robotizados.

Al ser Japón un país en donde la religión prácticamente no existe, o mejor dicho, no se toma tan en serio como en paíeses como el nuestro, la navidad es un festival más que hay que celebrar: pollo del KFC y un pastel. Y claro, no hay que olvidar que acá la navidad, o siendo exactos, la noche buena, es una fecha para los novios. Una japonesa me lo dijo mejor que nadie:

Originalmente, la noche buena es una noche “santa”, por eso debería ser en japonés 聖なる夜 (sei naru yoru).

Pero como es para los novios, la noche santa se convierte en noche “de sexo”: 性なる夜 (sei naru yoru).

¿Entienden el chiste? (ambas frases se leen igual. Solamente un kanji es diferente).

En esta época es cuando se extraña no estar en los terruños de uno: las posadas, las piñatas, la cena, la convivencia. Ni modo. Todavía no me toca. Pero para todos ustedes que están del otro lado del charco, les deseo que se la pasen lo mejor que puedan, independientemente de si profesan la religión católica, cristiana, etc. Aprovechen la fecha como un pretexto para convivir, para divertirse, y para echarse unos tamales de carne a mi salud.

¡Feliz navidad! Y que el niño Dios, Santa Claus, Papá Noel o quien quiera que sea el que los visite en noche buena les traiga o les cumpla lo que hayan pedido. Eso sí, para los que esperan a los reyes magos, no se achicopalen: en un par de semanas les toca a ustedes.

メリー・クリスマス!

Les dejo la foto de mi mini-arbol de navidad 😀

Errores

Como ya se habrán dado cuenta, he andado muy desconectado del blog, y para el caso también de internet. Han sido semanas pesadas en el trabajo, pero la anterior se caracterizó por una carga de trabajo moderada con una de presión bastante más grande.

Para no hacer el cuento largo, me pidieron hacer una prueba de estrés en un servidor. Pensé que la prueba en sí sería fácil (con algo como ab), pero leyendo y siguiendo el consejo del buen panda, opté por usar siege, herramienta que también es mencionada en el libro de Tomcat de O’Reilly. Leí, según yo me preparé bien, revisé varias veces las condiciones de la prueba, y en el día y la hora indicada la realicé (en realidad fueron varias).

Pensé que todo había salido bien, así que procedí a hacer el respectivo reporte… y fue donde realmente comenzó todo. Dejemos al lado que el formato del reporte no fue el que esperaban: los resultados no cuadraban. Y entre que yo soy un noob para esto de las pruebas y entre que no confiaban en que hubiera realizado la prueba correctamente, fueron 3 días para olvidar, pues terminé saliendo en promedio después de las 12 de la noche.

Entrando en detalles más técnicos, siege pide un archivo con una lista de URL a probar. El problema, y mi error, fue haber puesto URL de más, por haber entendido que se probarían N tipos de páginas y no N páginas exactamente. Pero por lo demás, las características de la prueba no estaban mal, y la forma de ejecutar la prueba tampoco. ¿Entonces?

Lo que me alegaban era que en la prueba se emulaban N número de usuarios que accederían al servidor al mismo tiempo, pero los resultados reportaban que no era así, y el número de veces que se visitaban los URL era realmente muy poco para el tiempo que duró la prueba. El panda me auxilió muchísimo con la interpretación de los resultados, y efectivamente, salió a relucir que una de las razones era por haber puesto URL de más. Error 100% mío, y en una situación laboral como la que estoy viviendo ahora, era de esperarse que me fueran a reclamar, con justa razón. Sin embargo, aun con reconocer mi error, los resultados marcaban claramente que el servidor no aguantaba mucho, pero me seguían insistiendo que la forma de hacer la prueba había estado mal, independientemente del número de páginas que había seleccionado para probar.

Después de la tormenta, se corrió una prueba emergente para comprobar que realmente había hecho la prueba original correctamente. Los resultados no mentían: se probaron menos páginas (un número cercano a las que originalmente se tenía planeado), pero se mostraba también la tendencia del servidor a no aguantar al número de usuarios indicados al mismo tiempo.

¿Qué aprendí de todo esto?

  1. Que el mundo del benchmark es mucho, pero mucho más complicado de lo que yo creía.
  2. Que aunque sé que soy humano y que obviamente me puedo equivocar, un error bajo esta situación puede costarme muy caro.
  3. Que estoy bajo mucha más presión que la que originalmente  pensaba.
  4. Que no quiero estar por siempre en una situación laboral como la actual.

Ahondando un poco en el punto 4, no tiene mucho que ver lo pesado del trabajo, o ni siquiera que no paguen las horas extra; tiene mucho más peso para mí el tiempo que le puedo dedicar a los demás, y por supuesto, a mí mismo.

Añoraba el fin de semana. Lástima que ya terminó. Tengo en puerta decisiones muy grandes, y relativamente poco tiempo para hacerlas. Como hace algunos años, necesito que los días tengan al menos 48 horas para poder hacer todo lo que debo. Mientras tanto, aquí andamos, tratando de no sucumbir ante la situación.

Agradezco muchísimo al panda por su invaluable ayuda y su tiempo en estos días, así como las palabras de aliento de varios de los mexicanos en Japón (ellos saben quienes son).

Streaming desde Japón

Aunque para quienes me siguen en Twitter no es noticia, hace poco más de un mes comencé, de repente, a hacer streamings de algunos lugares a los que voy acá en Tokio (y también se coló uno cuando fui a Gifu en noviembre).

No se esperen una súper calidad, ya que el video es tomado con mi celular sobre la red 3G de Softbank.

Por acá la dirección:

http://www.ustream.tv/user/medinamanuel

Personalmente les recomiendo la caminata que hice desde Ueno a Akihabara, para que vean cómo va cambiando el panorama entre una zona y otra.

Esta clase de videos continuará aleatoriamente. Para estar enterados de cuándo comienzo una, síganme en Twitter (@medinamanuel) o chequen mi timeline de vez en cuando.

[ustream vid=18276902]

La edad perfecta

Dicen que estoy en la edad perfecta (33 años). Algunos ya me dicen ruco, otros no lo dicen, pero lo piensan. Otros cuantos me alientan diciendo que tengo la edad a la que murió Jesús (sí, yo sé que es debatible, pero no es tema aquí) 😛 Sin embargo, yo considero que la edad perfecta es la que uno tiene en el momento en el que dispone a hacer algo trascendental en su vida, por trivial que pueda parecer ante los ojos de los demás.

Cuando menos lo pensé, era 3 de noviembre. Celebraba otro cumpleaños más en Japón.

Miriam, Luisa y Azael (quienes junto conmigo y Felipe nos hemos autodenominado “el equipo de Tokio” de los mexicanos en Japón) vinieron a la tierra de los pandas (léase “Ueno) a celebrar conmigo, pues aunque mi cumpleaños fue entre semana, en Japón el 3 de noviembre siempre es día festivo: el día de la culturaa. Así que de menos me tomo ese día… ¿y si les digo que me pasé toda la mañana limpiando el cuarto y lavando ropa?

Fue un día tranquilo, que terminó muy bien gracias a las atenciones de los arriba mencionados. ¿Que qué me regalé? Nada, y no es broma. Sí hice un regalo, pero no a mí, y no les cuento en este momento porque es posible que, por quienes me leen, la sorpresa se eche a perder, pero en cuando me digan que el regalo ya fue entregado les paso el chisme completo. Además, con todo lo que se viene encima para febrero del próximo año, ahora ando cuidando el $$$, porque se avecinan tiempos difíciles.

Mil gracias a todos los que me felicitaron por Twitter, Facebook y correo electrónico. Realmente lo aprecio mucho.

Como sea, 33 años en este mundo. Ya va siendo hora de hacer algo interesante, ¿no?

Periodo de prueba

Muchas compañías ponen a sus nuevos empleados en un periodo de prueba para ver si pueden con el trabajo y si se adaptan a la empresa. Suena como un proceso lógico. En Japón, el promedio de duración de ese periodo es de 3 meses. Después de eso, se supone que tienes una idea de qué onda con la empresa.

No es mi caso. Hoy se cumplen 3 meses desde que dejé mi segunda casa (Iizuka) en busca de algo mejor. Y todavía estoy por encontrarlo. Al menos ya tengo planes para los próximos 3 meses.

Siempre que menciono algo sobre Japón, aclaro que cada quien habla de la feria dependiendo de cómo le fue en ella. Por ello, es natural pensar que no todo lo que yo digo puede ser cierto para otras personas; cada quien tiene su forma de percepción, sus estándares de vida y felicidad y sus experiencias.

Japón puede ser un país de ensueño para personas que buscan un trabajo y una situación estable. Entrar a una compañía y echarle ganas te asegura que no te tendrás que preocupar mucho por que te falte dinero, claro, sin pensar que te vas a hacer millonario. La lealtad y el nivel de sacrificio que estés dispuesto a darle a la empresa son factores que repercuten en tu posición y en la forma en la que los demás te ven. Trabajar se convierte en el estándar, y en la única actividad de muchos. Después de todo, el japonés promedio no tiene otra actividad importante durante la semana: eres parte de la empresa, y tienes que estar dispuesto a darlo todo por ella. ¿Vale la pena? Nada más hay que preguntarle a los empleados al momento de que los evalúan para ajustar su sueldo.

¿Felicidad? Como mencioné arriba, la definición de esta palabra es diferente para cada persona. En lo personal respeto mucho, pero de verdad mucho, a quienes lo anterior les proporciona felicidad. Y no lo digo sarcásticamente: en verdad a veces siento envidia porque pueden llegar a sentir satisfacción… algo que a mí sinceramente no se me da. Respeto su opinión, pero no la comparto. Yo también quiero llegar a sentir eso, y a sentirme feliz con algo.

Olvídense del hecho de que tengo un doctorado. Este sentimiento está en mí desde hace mucho. Lo que no sé si esté del todo bien es que parece que no tiene indicios de desaparecer, o quizá incluso de cambiar.

En este periodo, he recibido una gran cantidad de comentarios, mensajes, tweets y correos electrónicos de gente que me apoya, gente a la que no tengo el gusto de conocer, y gente a la que las loqueras que escribo aquí les sirve de algo. Toda clase de mensaje que me hagan llegar siempre ha sido bienvenida y debidamente leída, pero en los últimos 3 meses han sido una bocanada de oxígeno.  Cuando recién llegué a Tokio, les comentaba que no había garantía de que las cosas salieran ni bien ni mal, y que estar aquí era (y sigue siendo) un reto. Hoy puedo decir que los resultados no han sido los esperados, y que hay que moverse para que eso cambie. No les niego que me hace falta un buen descanso y un mini retiro para poder poner en orden mis ideas y relajarme, pero siendo realistas, es ahora cuando más ganas tengo que echarle, porque la situación no va a cambiar por obra divina. Proyectos hay, ganas de hacerlos más, pero tiempo es lo que me falta. Y lesiones en la espalda que me obligan a ir entre semana al hospital sinceramente no ayudan.

Quizá el periodo de prueba en la empresa se haya extendido, pero el otro, el que yo me he puesto, no ha terminado. Sin embargo, el tiempo corre, y quiero provocar un cambio tan pronto como sea posible. ¿Tardará? Quizá, pero es ahora donde debo ser fiel a mis palabras: intentar mejorar y morir en el intento antes que rendirse y conformarse. Y mientras tanto, aquí andaremos reportando lo bueno y lo malo, porque la vida no es color de rosa y no sólo hay éxitos en la vida: hay que aprender de los fracasos.

初志貫徹 (Shoshi kantetsu), eso es lo que me mueve.

Un mexicano en Japón – Séptimo aniversario

Hace un año comentaba que cuando comencé a escribir este blog nunca pensé que 6 años después seguiría con él. Ha pasado un año desde entonces, y vaya que mi vida ha dado un giro interesante este ese periodo.

Dejé la comodidad del campo japonés y la del trabajo que tenía y acepté un nuevo reto. Independientemente de que no me esté yendo como yo quisiera y de que la vida es más dura por este lado del país, no me arrepiento de mi decisión, puesto que me ha ayudado a ver nuevos horizontes, a recordar mis principios y a reafirmar la motivación que me impulsó a dar el salto de mi país a Japón.

Existe en japonés un proverbio en 4 kanji que refleja justamente la base de lo que me motiva a seguir adelante: 初志貫徹 (shoshi kantetsu). Significa mantener siempre el espíritu, las metas y el sentimiento que uno tuvo al emprender algo. Tanto me gusta esa frase que la grabé en la parte trasera del iPad que compré el mes pasado.

El blog ha notado un decremento en la cantidad de escritos que he hecho. No obstante, siempre está en mi mente escribir algo, compartir lo que me pasa, lo que vivo a diario. Pienso hacerle algunos cambios a corto plazo, y por supuesto, escribir tanto como el tiempo me lo permita. No es una obligación, por lo que lo hago con gusto, y cuando me siento a escribir no me importa usar un par de horas hasta que lo que quiero plasmar queda justamente como deseo. Y así es: escribir algo aquí en el blog toma un promedio de una hora con veinte minutos, excepto las entradas de “Los años maravillosos”, pues ésas llevan días. Primero hago un borrador del post completo; luego, le doy una leída y agrego o quito partes, o cambio de lugar algunos párrafos (esto último sucede con mucha frecuencia); luego, si tengo algunas fotos, imágenes o vídeos que agregar, lo hago hasta el final, justo antes de publicarlo.

Perderme en las palabras que escribo siempre me ha gustado. Sé que me falta mucho para poder considerarme un buen escritor, pero sencillamente me gusta expresar por escrito lo que siento, y sobre todo, tratar de enriquecer mi vocabulario y (aunque parezca broma) que no se me olvide el español.

7 años, y apenas todo está comenzando.

Muchísimas gracias por leerme, por comentar, por estar al pendiente. Aquí seguiremos hasta la posteridad.

¿A dónde quieres ir de hoy en adelante?

¿Qué te motiva a seguir esforzándote cada día?

Trabajar para alguien más y tener seguridad económica a cambio de tu tiempo, tus ideas, y tu vida… o bien arriesgarte a cumplir un sueño y morir defendiendo tus ideales.

Lo primero suena bien, pero el precio a pagar es muy alto, y los más valioso que tiene un hombre es su libertad. Encerrar a alguien durante 10 horas o más dentro de una oficina obligándolo a trabajar como robot es la mejor forma de destruir la voluntad propia y el deseo de progresar y ser diferente. Habrá quienes se sientan “falsamente” bien con esa forma de vida, para quienes su individualidad no valga nada. Yo no soy parte de ellos.

No hay mejor manera de ser productivo en lo que se hace que tener un motivo, una meta, que te guste lo que haces. Lo he experimentado un par de veces en la vida, y una de ellas fue cuando comencé a estudiar japonés por mi cuenta. Los comentarios y las burlas que recibí no fueron pocos; desde “eso no te va a servir en la vida” hasta el ahora mítico “Es imposible. Nunca lo vas a lograr”. ¿La mejor parte de todo esto? Los 8 años y medio que he pasado en este país, con todas las buenas y malas experiencias que me han tocado, y el hecho de que el idioma no sea para mí una barrera y me haya abierto las puertas hacia un montón de vivencias y conocimiento que Japón me ha ofrecido. El japonés siempre fue un juego, un pasatiempo, algo en lo que me gustaba invertir tiempo, sin ninguna clase de pensamiento de querer estar o vivir en Japón en un futuro. Simplemente gusto por un reto diferente. Hoy, muchos años después, veo en ello justamente lo que Steve Jobs comentó en su famoso discurso en 2005 en la universidad de Stanford: “Connect the dots”.

Hoy tengo ante mí quizá el reto más grande al que me he enfrentado en la vida. Y no, no es la empresa en la que laboro actualmente, sino la conjugación de eso con las ideas que me mueven, las que realmente me hacen soñar por las noches y hace que me levante en las mañanas con ganas de tener todo el tiempo del mundo para desarrollarlas. ¿Lo voy a hacer realidad? Si el tiempo y la salud me lo permiten, ¡claro! Si no, al menos me quedará la satisfacción de que me fui por el camino que yo escogí y quise forjar, y no el de alguien a quien sólo le importa exprimirte los conocimientos sin siquiera darte un trato adecuado.

Lo he mencionado antes: una parte muy importante de trabajar es descansar. Un empleado motivado y descansado rinde mucho más, y si el empleado rinde, la empresa sube, todos subimos… Eso es justamente lo que necesito en este momento: un descanso. Pero no uno de un fin de semana, sino uno en donde realmente me pueda desconectar del mundo para voltear a ver el camino recorrido y poder planear el que sigue. Ignoro cuándo lo podré tener, pero antes de moverme a lo que sigue, forzosamente tendré que tomarlo. Mientras tanto, hay que continuar con lo que se tiene en este momento, con una visión muy clara: se puede cambiar. Nunca es tarde para hacerlo.

Descansa en Paz, Steve Jobs

Cierto, no soy muy fan de los productos de Apple, pero que no me gusten no significa que no reconozca el genio y talento de la persona que estuvo detrás de lo que es Apple ahora.

No diré más, puesto que todos lo conocen. Tampoco pondré link al famoso discurso en la universidad de Stanford. Simplemente quise expresar mi admiración por alguien que se animó a cambiar al mundo, a pensar diferente.

Descansa en paz, Steve Jobs.

La vida en la capital

Vivir en Tokio es, para mí, como haber regresado a Guadalajara. Después de haber estado 8 años y medio en el campo japonés, volver a la gran ciudad se siente bien, pero al mismo tiempo raro.

Afortunadamente no tengo que tomar tren para ir al trabajo, aunque podría hacerlo si así lo quisiera. Generalmente me voy en bicicleta y tardo aproximadamente 25 minutos en llegar, no sin antes echarle los kilos a dos mega subidas que me dan la bienvenida cada mañana (así llego con más ganas al trabajo); caminando se hacen 40 minutos por la vía más corta. En cualquier caso, puedo regresar a casa de forma relativamente fácil.

Menciono lo anterior porque hace unas semanas nos pegó de lleno un tifón a eso de las 6 de la tarde, pero para las 4 ya muchas líneas de tren estaban detenidas, y cuando el tren se detiene en Tokio se desata un caos por la gente que no puede regresar a casa y tiene que esperar en la estación o en las cercanías hasta que logra subirse a un medio de transporte. La empresa nos dejó salir como a eso de las 4:30 pm; opté por irme en metro (son nada más 3 estaciones con un cambio de línea), pero nunca pensé que en el cambio al segundo tren la suerte me fuera a dejar: trenes detenidos hasta nuevo aviso. “Si es metro, ¿cómo afecta?” pensé ilusamente, pero luego me di cuenta de mi ingenuidad al entender que no nada más yo, sino MUCHA gente pensaba lo mismo: todos querían subirse al metro y éste no daba abasto para tantos usuarios. Tenía la opción de esperar hasta que todo se arreglara o simplemente regresar caminando (o mejor dicho: corriendo) antes de que comenzara a soplar el viento en serio. En medio de la lluvia, ni siquiera pensé en abrir el paraguas: corrí y corrí y corrí hasta que llegué a la casa. En total hice una hora y media desde que salí de la oficina, pero me fue bien en comparación de gente que salió a la misma hora que yo y llegó a su morada después de las 10 pm.

En contraste, cuando pegaba un tifón fuerte en Iizuka, no había mucho de qué preocuparse: salía del trabajo, iba a comprar víveres al súper de al lado, y manejaba 5 minutos a la casa. Si acaso había embotellamiento en la calle principal, era, cuando mucho, por unos 10 minutos. ¿Se nota la nostalgia de no traer carro? 🙁

Por lo demás, Tokio obviamente presenta muchas más opciones de esparcimiento que las que tenía en Kyushu, aunque con mucha menos naturaleza. Lo que se me hace curioso es que tengo poco más de un mes de vivir por acá y sólo he ido 2 veces al cine, siendo que es mucho más accesible que cuando estaba en Fukuoka pues tenía que manejar mínimo 40 minutos para llegar al cine más cercano, que está de más mencionar que está fuera de la ciudad. No obstante, apenas le voy “agarrando la onda” a todo lo que hay por este lado del país.

Respecto a la cuestión laboral, la empresa en donde estoy trabajando es la viva imagen de la compañía típica japonesa y de los más puros Salary Man. Si alguien todavía necesitaba prueba de que trabajar en una empresa japonesa es toda una odisea, nada más pregúntenme: NADIE se mueve a la hora de la salida; el ambiente en un funeral es mucho más animado que en la oficina. Comparándola con mi trabajo anterior, la empresa en Iizuka era una súper fiesta en donde todos estaban invitados… pero bueno, le aposté a un cambio para desarrollarme más en ciertos aspectos y no voy a dejar que el “súper” ánimo de mis compañeros de trabajo me atrape y me haga como ellos. En cierta forma, todo esto me recuerda a los hombres grises que salen en Momo (el libro de Michael Ende, que es uno de mis favoritos).

La vida en la capital no es nada nuevo para mí; la forma de trabajar que tengo ahora sí. Me costará mucho adaptarme, pero será mucho más difícil no volverme uno de ellos.

Por acá andamos.