Hablando de seguros

Hace poco más de un mes, entre esos raros días del verano japonés donde por extrañas razones no hace tanto calor, no hay un tifón cerca pero sí está soplando el viento como si de uno se tratase, tuve la mala fortuna de pegarle a la puerta de un carro con mi puerta en el estacionamiento de un supermercado. Lo que más me dolió es que ni siquiera tuve oportunidad de reaccionar porque el viento me arrebató la puerta justo en cuanto la abrí…

En el carro al que le pegué no había nadie. Revisé inmediatamente los daños esperando que no fuera a ser tan notorio, pero obviamente lo era. No obstante, no era un golpe tan extremo, pero de cualquier forma tendría que hablarle al seguro para avisarles y que se hiciera lo necesario para reparar el daño. He de ser sincero: si me hubiera dado a la fuga probablemente nadie hubiera notado nada. Sin embargo, recordé que hace muchos años a mí mi tocó que le pegaran a mi carro de forma similar y la persona esperó a hablar conmigo en vez de ignorar el asunto; además, la verdad no me iba a sentir nada bien conmigo mismo si no me hubiera hecho responsable. Así que, a esperar a que el dueño llegara.

El tiempo que transcurre entre que comienzas a esperar y que el dueño aparezca parece eterno, y te pasan muchas cosas por la cabeza: la clase de persona que será, las posibles reacciones que tendrá ante el percance, represalias en caso de que sea alguien conflictivo (sí, también los hay por este lado del charco), y un montón de etcéteras que lo único que hacen es alimentar una ansiedad que de por sí ya está a flor de piel.

Después de unos 10 minutos llegó aquella esperada persona: una señora de unos 60 años que había realizado compras cotidianas. Ahora, imagínense la reacción de dicha señora al ver que de repente un extranjero la saluda, le explica lo que pasó y le pide que vean juntos el daño, no sin antes asegurarle que el seguro pagará los daños. Les doy 10 segundos…

Su primera reacción fue de susto, que ahora que lo pienso mejor podría ser clasificada hasta como de terror: brincó hacia atrás al ver su puerta, y era notable que intentaba tener la menor interacción posible conmigo porque se alejaba de mí y trataba de mantener su distancia. Afortunadamente, se calmó y me dijo que en cuál compañía de seguros estaba mi carro, y cuando le respondí, me dijo que ella personalmente quería hablar con mi representante. Asentí y marqué por teléfono, explicándole al representante lo que la señora quería, pero ella se negó, y me dijo que ella quería marcar directamente desde su teléfono. Ahí entendí qué estaba pasando: ella estaba siendo precavida tanto en dar sus datos personales como en que no estuviera siendo estafada por mí, ya que podría ser que yo me hubiera puesto de acuerdo con alguien para asegurarle a ella de que los daños serían reparados y después simplemente desaparecerme. El representante dijo que no había problema, por lo que le pasé los datos a ella y, acto seguido, marcó. Su rostro mostró cierta tranquilidad al corroborar lo que yo le había dicho, e incluso mencionó que le daba cierta tranquilidad el hecho de que la hubiera esperado, porque era más fácil huír del lugar y hacerse de la vista gorda.

Con todo, nunca me quiso pasar sus datos. Yo tuve que corroborar que el representante ya tenía los de ella para poder también estar en paz. Al final, y después de unas 10 disculpas profundas de mi parte, la señora me dijo que no había problema: confiaba en que los daños se pagarían y que todo estaba bien. Me agradeció mucho todo y se fue.

Hasta aquí todo está, digamos, normal. Y así estaba hasta que recordé lo que un policía me dijo una vez: hay que dar aviso a la policía ante cualquier accidente, por mínimo que sea. Hablé aterrado con el representante de seguros y me dijo que, aunque era cierto, en este caso no era necesario por las siguientes razones:

  • La persona afectada ya había confirmado que no había nadie en el carro cuando sucedió el accidente
  • Yo estaba plenamente consciente de que había sido mi culpa

La policía llega a dar parte de un accidente para determinar que no hay heridos y deslindar responsabilidades. El seguro necesita una declaración formal de la policía para estimar cómo y de cuánto va a ser el pago necesario, pero como en este caso las dos partes estaban de acuerdo en que todo era 100% de mi lado y no había nadie en el carro en el momento del golpe, el seguro se podía usar sin mayor problema.

Al menos eso era un alivio… hasta que vino la parte “fea”:

Debido a que cualquier golpe a otro carro se trata como accidente, la cuota mensual del seguro aumentará por 3 años en un total de 110,000 yenes. El representante me dijo que si la reparación salía en menos de eso, me convenía mejor pagarlo de mi bolsa para que la cuota no se incrementara. Suena lógico, pero de todas formas es una buena cantidad la que tendría que desembolsar.

El golpe había sido algo realmente pequeño, algo que un buen laminero en México repararía por una cantidad justa y haría un trabajo profesional (sí, conozco el trabajo de varios lamineros en mi rancho y son realmente buenos), así que por un instante pensé que no sería tanto, pero recordé que esto es Japón y aquí para todo hay protocolo… Además, hace también muchos ayeres un amigo tuvo un accidente similar y el chistecito le había salido en 70,000 yenes (que su seguro pagó).

Llegó el presupuesto de la reparación: 120,000 yenes más el costo de renta de un carro provisional mientras el de la señora estaba en reparación. O sea: a usar el seguro.

El representante me dijo que de una vez reparara mi carro también con el seguro, ya que de cualquier forma iba a user usado. El daño que tuvo mi carro es realmente mínimo, al grado que hay que estarlo buscando para poderse dar cuenta de que tiene un par de raspones. Hoy pregunté en la agencia del carro y el señor que ha sido el que me ha atendido desde el año pasado me dijo:

“Si fuera yo, no lo repararía. Es un daño mínimo y prácticamente ignorable. Pero como de todas formas vas a usar el seguro, pues vamos reparándolo. Hay que cambiar toda la parte de abajo de la puerta”.

TODA LA PARTE DE ABAJO DE LA PUERTA POR DOS RASPONES

Digo, sí, el seguro va a pagar, pero no manchen, sí que se van a los extremos aquí. Estoy casi seguro que un buen laminero en México se aventaría el trabajo en un par de horas, me cobraría mucho menos y todo sería de gran calidad (insisto: sí confío en los mecánicos de México, al menos en los que he conocido).

Al final, la lecciones aprendidas fueron:

  • Obviamente hay que tener seguro para andar en carro aquí, Ya lo sabía, pero esto me lo volvió a recordar por si lo iba a olvidar algún día en mi vida en Japón. Si no hubiera tenido seguro, quién sabe en qué lío estaría hoy
  • Si un accidente del calibre del que tuve sale en 120,000 yenes, no quiero ni pensar en lo que sale uno más estrepitoso
  • NUNCA soltar la puerta del carro al abrirla cuando haya viento. No quiero más sorpresitas como ésta
  • Ya le bailé con 110,000 yenes durante 3 años

Así de divertidas las cosas por acá. Afortunadamente no hubo personas lesionadas ni fue un accidente que lamentar (más de lo que ya lo he lamentado).

One Reply to “Hablando de seguros”

  1. Wow, de verdad hay que andarse con cuidado por qué los accidentes pasan cuando menos te lo esperas, sin duda alguna creo que saliste bien librado Doc, aquí en México en muchos estados ya es obligatorio el seguro y de hecho es mejor tenerlo ya que puede sacarte de varios apuros.
    Te cuento aquí en México ya surgió una forma de extorsión llamados “montachoques” , buscan la manera de hacer que tú los choques , cerrandote el paso al último momento , y como muchos no traen seguro buscan extorsionarte, sin duda el seguro de autos ya es indispensable si o si.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.