Cuando los cumpleaños pasan a segundo plano

El viernes pasado cumplí 39 años.

Alguna vez comenté aquí que no me gustaba mencionar cuándo era mi cumpleaños porque se me hacía presunción, pero con el paso de los años he aprendido a que eso no tiene nada que ver y depende más bien de cómo y a quién se lo digas.

No obstante, vaya que las cosas cambian cuando eres padre de familia.

Es el tercer cumpleaños que pasa desde que mi hijo nació, y por una cosa o por otra siempre sucede algo que hace que la fecha pase a segundo plano. No me refiero a que la gente no se acuerde, porque sí lo hacen 🙂 y hay personas a las que considero familia que se dan la vueltota hasta la casa nada más para celebrar conmigo. Me refiero a los sucesos que te “recuerdan” (figurativamente, porque la realidad es que nunca se te olvidan) que alguien depende completamente de ti, y que tu cumpleaños, o cualquier fecha importante, pierde relevancia. Hay prioridades 🙂

Por ejemplo, el año pasado, justo el 31 de diciembre, estábamos en el hospital a la 1 am porque a mi hijo le dio rotavirus. El día anterior había invitado a Carlos, un mexicano que vino a estudiar japonés, a comer a la casa, y con todo y la pena tuve que pedir que se retirara por su propio bien porque no queríamos que se infectara (tengan en cuenta que todavía no sabíamos que era rotavirus, y si Carlos se contagiaba de algo iba a pasar un terrible inicio de año). Ese mismo día fue memorable porque justo vomitó encima de mi esposa un poco después de las 11 pm, lo que hizo que recibiéramos el 2017 de forma curiosa: yo abrazando al niño y arrullńadolo inútilmente con esperanzas (casi inexistentes) de que se durmiera mientras mi esposa salía de bañarse por segunda vez.

Este fin de semana fue similar. Durante el día de mi cumpleaños el niño se portó “normal” y por la tarde me pidió que lo llevara a ver trenes. Les soy sincero: no tenía ganas de ir, pero eso no es excusa para no llevarlo (diría mi madre “¡Ah! Pero querías hijos, ¿verdad?”), y aunque al principio sí me aburrí como ostra, el hecho de ver cómo se emocionaba al ver que llegaba o pasaba un tren mientras disfrutaba de sus dulces favoritos me cambió el estado de ánimo de “total indiferencia hacia los trenes” a “¡Mira! ¡Ahí viene otro!”. Llámenlo “magia”, pero neta: la sonrisa de tu hijo tiene un poder impresionante para hacerte sentir bien no importa lo que haya sucedido.

Hasta aquí todo bien, y seguro algunos dirán: “Pinche Manuel. Ya estás ruco y te quejas de cualquier cosa”. Pero no, lo anterior no es de lo que quería hablar, solo la introducción. Por la noche tuvo fiebre… y no le bajaba. Adivinaron: hospital. Lo revisaron, nos dijeron que tenía, nos dieron medicina para bajarle la fiebre… y a esperar a que llegue el lunes para llevarlo con su pediatra. Explico: en Japón, cuando vas a emergencias por la noche, primero tienes que llamar al hospital para ver explicar los síntomas y ver si te pueden recibir; una vez que el doctor te revisa, por ley solamente te pueden dar medicina por un día, digamos que “para salir de la emergencia”, y tienes que ir a que te vea el doctor a horas habituales entre semana.

Sí, comí pizza el día de mi cumpleaños, pero la celebración queda detrás cuando suceden este tipo de circunstancias. No es queja, es análisis del cambio de perspectiva, y de cómo las prioridades se van acomodando de forma natural. Nunca he considerado estar viejo, pero cuando veo en retrospectiva cómo han cambiado mis costumbres me doy cuenta de que quizá ya no estoy tan joven (los dolores de espalda luego reafirman esa idea, pero soy terco y no lo acepto :P).

Las celebraciones son chidas, sí, cierto, pero darte cuenta de que automáticamente las haces al lado por alguien que te ve y te sonríe sin esperar nada cambio mientras dice: “Papá, quiero tomar jugo” es señal indiscutible de que, de una forma o de otra, las has sobrepasado.

Ya me faltan menos años para poder decirles a todos que no estén jugando en mi jardín. No obstante, desde ahora puedo decirles a todos los que viven en Guadalajara Jalisco dejen de decirle “Chapu” a la avenida Chapultepec. ¿Por qué? Porque yo lo digo 😛

10 thoughts on “Cuando los cumpleaños pasan a segundo plano”

  1. Se siente que fue hace nada que descubría el blog y que estabas por tus 33. Al final, Manuel, parece que crecer es aprender que no todo el tiempo los deseos de uno, son prioridad.

    Saludos como siempre desde El Salvador. Qir la familia esté bien.

    1. Muchas gracias 🙂

      En efecto. Sin querer te das cuenta de que las prioridades ya no son para ti, sino para alguien más. Ha sido una época interesante de aprendizaje y de reacomodo de ideas.

      ¡Saludos!

  2. Felices 39 años doc! Ojalá los haya pasado muy bien. Perdone no haberlo felicitado el viernes pero igual que usted, tuve prioridades y mi visita a las redes sociales pasaron a segundo plano. Ánimo y ojalá llegue fuerte para que vea a su hijo ya con un doctorado.

    1. Muchas gracias 🙂

      ¿Doctorado? Primero vamos a ver si no sale con que quiere ser YouTuber :/

  3. Al parecer no soy el único que recuerda la publicación donde mencionaba que iba por los 33. Cómo pasan los años.

    Y solo queda felicitarle y esperar seguir leyendolo por mucho tiempo.

    Lo mejor está por venir.

    Saludos.

    1. Muchas gracias por tu comentario 🙂

      Sí, como que el post de los 33 años se quedó en la memoria de varias personas. Como sea, aquí seguiré escribiendo mientras tenga fuerzas para hacerlo.

      Saludos.

  4. ¡Muchas felicidades Manu! Todavía tenemos pendiente la celebración. Y cuánta razón, después de los hijos muchas prioridades cambian. Pero así como lo has demostrado, nunca es tarde para empezar, para seguir aprendiendo, para vencer la resistencia y salir a correr temprano en la mañana, para seguir perfeccionando un “speedrun” o las habilidades de un personaje de juegos de pelea, todo esto además de la bendición de la paternidad.

    Espero que te la hayas pasado bien después de todo. Haciendo todo lo posible por verles pronto.

    Abrazos.

    1. ¡Gracias!

      Y sí. Estando de este lado te das cuenta de la cantidad de tiempo libre que tenías cuando no tenías hijos, y mucho más cuando todavía ni siquiera estabas casado. Atrás quedaron los tiempos de ir a dos campus de la universidad el mismo día, regresar a casa a las 10 pm y ponerte a jugar algún RPG hasta altas horas de la madrugada, sin contar que tenías novia y la veías 2 veces por semana. ¡Ah! Y salir a jugar frontenis por la mañana. ¿De dónde sacaba tanto tiempo libre? Ni idea :/

      La pasé bien. O mejor dicho, en calma. Lo “divertido” fue a partir de esa noche con el niño enfermo.

      Saludos.

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