Singapur 

Tengo 4 años laborando en la compañía, y varias veces me había preguntado si me tocaría viajar de negocios. Con el paso de los años, comenzaron a salir pequeños “viajes”, primero dentro del mismo Tokio, luego a otras prefecturas en Japón. La semana pasada, fue la primera vez que tuve que salir del país por trabajo. Destino: Singapur.

Puede sonar bonito cuando escuchas que alguien va a viajar de negocios a algún lado, pero como muchos se pueden imaginar, está muy distante de ser placentero, menos cuando te toca trabajar con japoneses y quieren seguir el ritmo de trabajo que tienen en su país.

El caso es que el viaje fue por demás agotante. Primero, teniendo que viajar con alguien de la empresa (afortunadamente no en asientos contiguos); luego, olvidarte de cualquier libertad a la hora de la comida y después de salir de trabajar (ya se la saben: el típico”vamos a cenar” y luego a beber… y no olvidar que uno no tiene voz para escoger qué quiere comer).  Sí, estrés. Estoy totalmente de acuerdo en que uno no va con afán de ser turista, pero el hecho de que te quieran tener encadenado hasta que los jefes se cansen y te dejen en la recepción del hotel es asfixiante en toda la extensión de la palabra.

Aunque creo que lo que fui a hacer allá bien podría haber sido discutido en una vídeo conferencia, al menos puedo mencionar que el poco tiempo que tive para mí (y que está mostrado en Periscope) me sirvió para refrescarme de Japón y recordar lo que es la vida fuera del ojo que todo lo ve en la sociedad japonesa. Singapur es un país producto de mezclas de cultura, y la diversidad se siente en el aire, y eso es un total alivio para alguien que no ha estado fuera de Japón por varios años (la última vez que salí de aquí fue a Guam, en 2013). Fueron pocas horas, pero aunque no hice ningún tipo de actividad, las traté de disfrutar al máximo.

Algo que me da risa es recordar lo baratos que son los taxis fuera de la tierra del sol naciente: un recorrido de 30 minutos al aeropuerto (por vía rápida, sin bajar de 90km/h) me costó 23. 03 dólares de Singapur; ese mismo recorrido en Japón me habría salido en unos 9000 yenes mínimo. Hasta gusto daba subirse a un taxi y encontrarte con que no te va a costar un ojo de la cara. Para que se den una idea, el banderazo en Tokio ronda los 720 yenes, y de ahí obviamente por distancia. Un recorrido de 15 minutos para regresar del ayuntamiento a la casa en Tokio me cuesta 1500 yenes aproximadamente…

Huelga decir que terminé muerto y llegué de vuelta a Japón en estado “zombie”. Se les ocurrió ponerme en el vuelo nocturno para llegar a Tokio a las 6:30 am, justo en el primer día del EVO 2016… Pero tengo que mencionar a fuerzas a Singapore Airlines: sin lugar a dudas, la mejor en la que he viajado. 295 películas en demanda, y yo sin ir al cine desde hace un buen… terminé viendo las siguientes películas:

  • 10 Cloverfield Lane
  • The Revenant
  • Deadpool
  • Zootopia

En efecto, no había visto ninguna de ésas. El vuelo de ida fue por la tarde, así que no hubo problema, pero el de regreso sí me pegó el cansancio, y antes de que digan que habría sido mejor dormir, dejen les cuento que no puedo dormir en camiones o aviones; nunca logré perfeccionar la técnica de dormir en ese tipo de asientos, lamentablemente. Si acaso, cuando estoy muy cansado, duermo a lo más un par de horas.

Mencioné un poco más arriba que no tuve oportunidad de escoger lo que quería comer, pero no por eso dejé de disfrutar las delicias de la cocina singapurense, patrocinadas obviamente por la empresa; el punto es que, por ser de culturas diferentes, los platillos que a los japoneses les parecen un manjar o algo para estar emocionados, para mí necesariamente no lo son, y por ende no me puedo sorprender de la manera que ellos esperan.

Por la naturaleza del proyecto en el que estoy participando, creo que es probable que vuelva a ir a Singapur, aunque no será pronto. Pero la siguiente vez, intentaré que me hospeden en el hotel que muestra la foto de arriba: Marina Bay Sands. La alberca infinita que tiene en el último piso es una tentación difícil de resistir, pero solamente pueden mandar en ella los huéspedes del hotel. Y a ver si esta vez al menos me dan tiempo para darme una vuelta.

Ligas a los Periscope que hice desde Singapur: