¿Alérgico?

 

pocari

Esto es Pocari Sweat. No, no es el sudor de nadie. Es una bebida deportiva famosa en Japón.
kayu

Esto es “kayu” (粥). Es nada más el clásico arroz japonés, pero después de prepararlo se pone a hervir en agua, moviéndolo ligeramente de cuando en cuando. Es típico agregarle verduras o algún tipo de “topping”, como “umeboshi“.

¿Por qué una bebida y una comida típica adornan el principio de este escrito? Porque hace un mes fue lo único que pude comer por casi una semana. Explico:

Los resultados del chequeo médico anual que la empresa para la que laboro exige, mostraron que probablemente tenía Helicobacter pylori, que además de ser causa de úlceras o gastritis, existe la teoría de que también puede producir cáncer. El caso es que me recomendaban tratamiento, así que un buen día decidí ir al hospital.

El doctor que me atendió me dijo que primero tenía que asegurarse de la presencia de la bacteria antes de comenzar el tratamiento, por lo que de buenas a primeras me citó una semana después para una endoscopía digestiva, o en palabras más simples, me tenían que meter una cámara por la boca para revisar el estómago. Sí… la vida no es justa.

Sinceramente no lo presté gran atención a lo que me iban a hacer; no tenía miedo, pues sabía que a final de cuentas era para mi bien, pero sí me llenaba de curiosidad si me iban a poner anestesia general o no. El resto de la semana fue relativamente tranquilo.

Llega el día de la cita. Me pidieron que fuera en ayunas y así lo hice. Llegué, me registré, me dijeron a dónde ir y ahí me dirigí (dentro del hospital). Las enfermeras, siempre atentas (pero en serio, hasta un grado extremo) me preguntaron mis datos y que si era la primera vez que me hacían un estudio así. Al asentir, me explicaron que me pondrían anestesia en la garganta, que tendría que estar recostado de lado… y ya. “Bueno”, pensé ingenuamente yo.

Llega mi turno. Me dan un vaso de plástico con un líquido y me piden que haga gárgaras durante 5 minutos, y una vez que termine, me pasan a la ejecución revisión. Yo muy obediente (como siempre :P) seguí las indicaciones, y a los 5 minutos yo no sentía nada en la boca. Inmediatamente me pasan al lugar de los hechos, me recuestan de lado, me ponen un recipiente de plástico para recibir toda la saliva que sabían iba a escurrirse, y fueron a llamar al doctor. Yo hasta ese momento estaba tranquilo puesto que me imaginaba que la cámara sería un dispositivo relativamente delgado y que ni lo sentiría. Ajá.

Llega el doctor, me saluda, me dice que va a iniciar, y veo que toma en sus manos la cámara; me dan a morder una cosa de plástico (creo) que tienen un orificio que es por donde pasa la cámara y me dicen que esté tranquilo. Yo no quitaba los ojos de lo que me iban a meter por la boca (pónganle aquí todos los tonos albureables que imaginen… en ese momento nada más importaba) y en cuanto el doctor me dijo que me relajara comenzó la fiesta, solamente que yo era la piñata y todos los demás veían cómo me rompían.

Ni les cuento el dolor que sentí y lo agitado que estaba, Mi respiración era muy rápida y estaba muy alterado. Sí, yo sé que es muy probable que más de alguno de ustedes haya pasado por un procedimiento similar no una, sino varias veces, y que sueno como un exagerado, pero la verdad así me sentí.

Total que después de unos minutos, que dicho sea de paso se sintieron como una eternidad, el estudio terminó, descansé un poco, y me citaron para 2 días después para darme los resultados y, de ser positivos, comenzar el tratamiento contra las dichosas bacterias. Al menos el sufrimiento no había sido en vano.

Acudo dos días después a la cita. El doctor me receta un tratamiento basado en penicilina, ya que, hasta donde yo sé (o sabía), no era alérgico. Eso fue un jueves, pero el doctor me dijo que comenzara a tomarme las pastillas a partir del lunes, y me advirtió de los efectos secundarios de la medicina:

  • Posibles náuseas. Si eso pasaba, seguir con el tratamiento a menos de que fueran muy frecuentes.
  • Evacuaciones con sangre. Suspender el tratamiento en caso de que sucedieran.

Brinquemos hasta el siguiente lunes.

Comencé a tomar la medicina (5 pastillas por la mañana y 5 por la noche). No tenía restricciones en la comida, por lo que las pastillas era algo rutinario. Nada fuera de lo normal, ni me sentí mal. Lo mismo pasó el martes… pero el miércoles ya no fue igual: después de la comida, me dieron ganas de ir al baño, y justo ahí pasó lo que me haría detener el tratamiento: evacuaciones con sangre.

No voy a negarlo: realmente me asusté, porque sí era una cantidad considerable de sangre. Llamé inmediatamente al hospital y el doctor fue tan amable de hablar conmigo directamente. Me dijo que ya no tomara la medicina, que fuera al día siguiente al hospital… y que no comiera nada hasta el día siguiente. Nada, del verbo “ya me fregué”.

Aguantarse un día sin cenar y la siguiente mañana sin desayunar no es realmente tan complicado, así que el día siguiente en el hospital iba relativamente bien, y así estuve hasta que llegó mi turno: el doctor ordenó que me sacaran sangre, me pusieran suero, y que después de que éste se terminara, me revisaría. Suero… ni modo. Estuve inmóvil durante poco más de hora y media hasta que se agotó, y en cuanto la enfermera me dio el visto bueno, me dirigí al consultorio del doctor, el cual me dijo que el tratamiento se suspendía, y que como las demás medicinas estaban basadas en lo mismo, que seguramente reaccionaría igual, por lo que no había nada que hacer. Me aseguró que no me debía de preocupar por eso, que no tenía que cambiar ninguno de mis hábitos, y que sería bueno que me hicieran una endoscopia cada año como precaución. Pero lo “peor” fue lo que mencionó después:

Solamente tomar Pocari Sweat los siguientes dos días, y después agregar kayu hasta el siguiente martes, el día de la siguiente revisión

Oh no, no, no, no… para alguien que no cenó ni desayunó, esa noticia era como… bueno… ni modo. Pero ¿sobrevivir con Pocari Sweat por dos días? Eso sonaba a misión imposible, sobre todo porque ni esperanzas de poder descansar en el trabajo. Y aquí aclaro algo: no es que no pudiera descansar, sino que en Japón tienes que usar días de tus vacaciones para descansar por cualquier razón, incluyendo ir al hospital o no poder levantarte porque te atropellaron el día anterior. Sumando los días que he pedido durante el año, que no han sido mucho, más las idas al hospital (no nada más las de esta vez), y sabiendo que tendré que pedir al menos un día para ir a renovar la visa en marzo del año que entra, da un total de “si descanso, me bajan el sueldo”. A eso añádanle como tres días de kayu… digo, no me desagrada, pero sinceramente no es algo que podría considerar como “comida que llena”.

Creo que no es necesario contarles cómo estuve esos dos días en la oficina, pero nada más para ponerlos en contexto, salió más chamba de lo normal. La vida es bella…

Vivir dos días de Pocari Sweat y tres de kayu invariablemente hace que termines ODIANDO a los dos. Si bien el kayu no era mucho de mi agrado, no es algo que aborreciera; en cuanto al Pocari Sweat, era una bebida deportiva que tomaba de vez en cuando, especialmente cuando voy a nadar.

Esos 5 días fueron eternos. Todo se me antojaba, todo parecía comida y todos los programas en la TV o anuncios en el radio me recordaban algún tipo de alimento. Ni siquiera verduras, que por cierto me gustan mucho… y ni se diga de la gloriosa carne (que es carísima por acá).

El siguiente martes no podía estar más lejos. Me repetía a mí mismo que me consentiría con una mega hamburguesa una vez que las restricciones terminaran, y que no importaba que recuperara los kilos que estaba perdiendo por la dieta forzada. Creo que esa esperanza fue lo que mantuvo cuerdo durante los que de otra forma se sentirían como meses.

Como quieran y gusten, aguanté. Fui al hospital, el doctor me revisó, y me dijo que podía regresar a comer de todo… excepto cosas muy grasosas durante un par de días. Adiós hamburguezota. Ni modo. Al menos podía comer verduras, pescado y mucho más. Había vuelto a la vida, pero ya no podía ser igual que antes: ahora odio el Pocari Sweat y el kayu no lo puedo ver ni en pintura.

Ahora bien: ¿realmente no hay otro tratamiento? Sinceramente, no lo sé. En cuanto tenga oportunidad pienso ir a otro hospital a pedir una segunda opinión, y si recibo una respuesta similar pienso consultarme en México. No es que no confíe en los médicos japoneses, pero en Japón muchos tratamientos y medicinas tardan mucho en ser aprobados por el ministerio de salud, aun cuando han sido aprobados y usados con éxito en otros países.

Si alguno de ustedes es médico y puede expresar alguna opinión al respecto, se los agradecería mucho.

Para terminar, el fin de semana que siguió después de lo aquí contado fui a comer hamburguesas 😀