¡Viejos los cerros!

Efectivamente. Todos vamos para allá, pero unos antes que otros (afortunadamente hay quienes van más adelante que yo).

Saquemos cuentas: si llegué a Japón en abril de 2003, quiere decir que… 2+2 son 4… ya. Es mi noveno cumpleaños desde que llegué a este país.

Creo que ni en mis sueños más guajiros me imaginaba en ese entonces que hace 10 años después:

  • Estaría todavía aquí.
  • Viviría en Tokio.
  • Traería el pelo largo (es la segunda vez que me lo dejo crecer. A ver cuánto me dura el gusto).
  • Conocería a toda la gente que conozco.
  • Estaría escribiendo un blog sobre mi perspectiva de la vida por este lado del mundo (recordar que esto comenzó en septiembre de 2004).
  • Vería mucha menos animación y leería mucho menos manga que cuando vivía en México.
  • Vería a mi país con ojos completamente diferentes.

Y muchas otras cuestiones que, de alguna forma u otra, han contribuido a que sea la persona que soy en este momento, y que me encaminan hacia donde quiero llegar.

Uno siempre quiere ser joven (¡y lo soy! Chin chin el que se diga lo contrario (se mancharían muy duro)). Nunca hay que olvidar que la edad es un estado de ánimo, aunque 34 ya suenen muchos (*sniff*).

Por lo pronto, hoy hay que hacer una pausa, respirar profundo, sonreir por lo que tengo y por lo que viene y relajarse aunque sea un instante. Problemas hay siempre, situaciones difíciles también. Hoy, al menos por un día, no existen.