Festival de fuegos artificiales 2011 – Iizuka

El verano en Japón significa varias cosas: mucho calor, playa, campeonato de béisbol de los estudiantes de preparatoria, etc. Pero si hay algo que no se puede dejar de nombrar son los festivales de fuegos artificiales que se realizan en todo el país.

Durante mi estancia en Iizuka, nunca falté a ningún festival de la ciudad, e incluso hubo veranos en los que asistí también a otros de lugares cercanos. Así que cuéntenle mínimo 8, pero seguramente son como 15 (o quizá más, necesito hacer memoria), y a algunos fui vestido de Yukata, incluyendo el de este año.

2011 es quizá el último año en el que vi el festival de Iizuka (al menos durante un buen rato… uno no sabe qué le depara el futuro), por lo que tenía que vestirme de Yukata, ir al lado del río y sentarme en el pasto mientras comía Yakitori y disfrutaba de esas luces que iluminan el cielo del verano japonés. Estando allí, por mi mente comenzaron a rodar muchos recuerdos de mis andanzas en esa ciudad. Uno de ellos fue el del primer año que asistí al festival, y de cómo el tiempo en el que me graduaría como doctor se veía largo, casi inalcanzable (en ese entonces tenía 4 meses como investigador. Faltaba entrar a la maestría, graduarse y seguir al doctorado… muchos años). Y por trillado que se escuche, realmente el tiempo pasa volando, y cuando menos te das cuenta todas esas memorias quedaron atrás, en el baúl que las albergará por el resto de los días que esté en este mundo.

El festival también me hace recordar mi época como estudiante aquí, puesto que la comunidad dedicada a auxiliar a los extranjeros radicados en esa ciudad prepaba año con año una barbacoa en el techo de un edificio desde dónde se podían apreciar los fuegos artificiales en todo su esplendor. Era ley ir. Por supuesto que no te obligaban, pero comida gratis, fuegos artificiales, amigos con quien conversar y sin una multitud aplastándote son condiciones difíciles de rechazar. Me di unas buenas atascadas de comida en ese evento.

Este año, sin embargo, el objetivo era estar cerca del lugar, comer lo que vendieran en los puestos y disfrutar la noche. Y así sucedió.

Un evento para no olvidar a esa ciudad que primero rechacé, y que con el tiempo aprendí a querer. Y como es bien sabido que una imagen dice más que mil palabras, además de las fotos ya puestas arriba anexo un par de videos mostrando un poco de lo que vi esa noche: