Monte Fuji, 10 años después

Entre quienes escriben un blog estando en Japón es casi un ritual tener una entrada del estilo “¡escalé el monte Fuji!”. ¿Yo? Hasta el momento no tenía ninguna; primero porque vivía en Fukuoka, y segundo porque nunca había planeado ir realmente. Ahora, estando en Tokio, y con muchos amigos mexicanos, el pasado 20 de julio nos lanzamos a la aventura.

 

Los participantes en tal importante evento:

  • Sandy
  • Luisa
  • Janet (amiga de Luisa que vive en Australia)
  • Magda
  • Eduardo
  • Joel
  • Poncho
  • Esdras
  • Edgar (quien tomó la foto anterior)
  • Su humilde servidor

La cita fue en Shinjuku. Sandy (@Sandyael) se encargó de hacer las reservaciones correspondientes; encontró un tour para subir con guía, dormir un rato en una de las posadas en la montaña y entrar a aguas termales el siguiente día. Todo sonaba perfecto.

En el autobús, obviamente no podíamos dejar de platicar, de echar chisme y de pensar cómo sería la jornada que nos esperaba. Hasta los japoneses que venían atrás se quisieron unir a la chorcha:

Obviamente pasamos por FujiQ Highland. Yo me quería bajar ahí. Las montañas rusas de ese lugar son extremadamente buenas.

Llegamos a nuestro destino. En carro es posible llegar hasta la 5ta. estación (de un total de 10. La primer está al pie de la montaña). El plan era comenzar a subir desde la 5ta. estación a partir de las 12:30 pm, llegar a la posada donde dormiríamos un rato alrededor de las 6:00 pm, y después volver a subir hasta la cima por ahí de las 2 am para alcanzar a ver el amanecer.

La 5ta. estación, desde comenzamos a subir:

 Comenzamos a escalar justo como estaba planeado. Sólo hubo un pequeño error de cálculo: como el monte Fuji acaba de ser designado como “patrimonio de la humanidad”, lo que está de moda es ir a escalarlo. Es decir: había mucha, pero mucha gente, y eso se comenzaba a notar mucho más conforme íbamos subiendo. Había tramos en los que, de tan estrechos que eran y por la cantidad de personas que querían pasar, había que esperar hasta media hora para poder moverse. El clima era perfecto (en el sentido de que estaba soleado y no había posibilidad de lluvia), pero esperar durante mucho tiempo bajo el sol también consume energía.

Los paisajes, bonitos:

Curioso ver las nubes debajo de uno

Lo que al principio era estar cantando el himno nacional mexicano, contando chistes y riéndose de cómo Luisa se desesperaba por ir a paso de tortuga (siguiendo al guía), poco a poco se transformó en periodos de silencio, quejas por escalones que parecían bardas, y Edgar quejándose de haber tomado la decisión de haber participado en el evento 😀 De todas formas, era divertido ir subiendo y platicando de mil cosas, incluido que una de las guías que venía con nosotros desde al autobús me “tiró los perros” directamente (me dijo tal cual que me casara con ella, jeje).

La enorme cantidad de gente complicó todo. Llegamos a la posada en la 8va. estación cerca de las 9 pm, y nos dijeron que tendríamos que salir a las 12:30 am si queríamos alcanzar a ver el amanecer desde la cima. O sea que dormiríamos cuando mucho 3 horas (porque cenaríamos algo ahí). Pero como siempre hay algo que debe salir mal, justo al llegar a la posada sucedió:

En la entrada de la posada, uno de los empleados, visiblemente el más joven, indicaba que teníamos que quitarnos los zapatos para poder entrar. Estábamos formados. Cuando llegó mi turno, me estaba quitando apenas los zapatos cuando el empleado se empeña en decirme que debo quitármelos. Le dije que sí, entendía. Luego volvió a pasar conmigo y me repitió lo mismo, pero en un tono más agresivo. Como traía zapatos para hacer “trekking”, no se desatan tan fácilmente (toma algunos segundos aflojarlos), y en eso vuelve a decirme que me tengo que quitar los zapatos, a lo que yo respondí, en tono enojado: “しつこい!わ・か・り・ま・し・た!” (Shitsukoi! Wa-ka-ri-ma-shi-ta, literalmente “¡Qué enfadoso! ¡Y-a e-n-t-e-n-d+í!. Se me quedó viendo con cara de sorpresa, pero yo sinceramente ya no quise darle más importancia. Lo malo fue que no me la “aplicó” nada más a mí: a Esdras y a Edgar también les dijo lo mismo, en el mismo tono, y ambos también le respingaron. Pensábamos ir a quejarnos formalmente, pero la verdad es que estábamos cansados, adoloridos de las piernas, y lo que queríamos era recargar pilas para poder seguir la ruta hasta la cima. Terminé por convencerlos de que no gastáramos saliva y mejor cenáramos y descansáramos lo que pudiéramos.

Lo que ven en la imagen de arriba fue nuestra súper cena. ¿Pero saben? Después de estar caminando por más de 8 horas esto sabe a gloria.

Después, a dormir en bolsas (para dormir, valga la redundancia) … o mejor dicho, a intentar dormir. El espacio es reducido (el punto es que quepa la mayor cantidad de personas), por lo que hay que dormirse y mantener una sola posición para no pegarle al lado, que fue lo que justamente Joel hizo durante las horas que él durmió y yo recibí sus golpes 🙁

12:30 am. Llegaron a despertarnos. A prepararse para seguir adelante. A pesar del cansancio, todos pudimos seguir. Así que, hasta la cima ahora.

De nuevo, nos topamos con mucha, mucha gente que tenía la misma misión que nosotros (ver el amanecer en la cima), por lo que los tiempos de espera en varios tramos se alargaron muchísimo, al grado que, cuando comenzamos a ver que el horizonte mostraba trazos de luz entre la oscuridad que reinaba hasta el momento, pensamos que no lo lograríamos. Además, veíamos la cima, y avanzábamos y avanzábamos, pero la cima nada más no se acercaba. Ya no había cantos del himno nacional, ni de “queremos que X nos baile la pelusa”. Todo se centraba en simplemente llegar hasta arriba.

No hace falta mencionar que conforme íbamos subiendo la temperatura bajaba cada vez más, y por la noche, se sentía el frío intensamente. Para nuestra fortuna, no llovió, así que no podemos quejarnos de que el clima no nos ayudó. Si hubiera llovido, quién sabe si habríamos llegado hasta ese punto.

Prácticamente acelerando el paso para poder alcanzar la cima antes que el primer rayo de sol, un trabajador de la montaña anunciaba con altavoz: “¡Ya casi están en la cima! ¡No se rindan!”. Y no puedo expresar con palabras lo que sentí cuando el esperado momento llegó:

Estando arriba, el cansancio se olvida. Ahora era esperar el momento del primer rayo de sol… que nunca se vio claro debido a las nubes que tuvieron la gracia de interponerse entre nosotros y el sol. Aun así, el paisaje era increíble:

 

Aún así, el sabor de la victoria se sentía:

Todo el grupo que subió junto con nosotros. Los de enmedio son una pareja de novios, y él le propuso matrimonio en la cima. La respuesta fue un sí. ¡Felicidades!

Todo estuvo bien, pero ahora faltaba lo más difícil: la bajada. El problema con ella es que todo es tierra y es muy fácil que te resbales, por lo que tienes que estarte cuidando a cada paso, además de que todo el peso se siente en las rodillas. Se calculaban unas 2 horas y media para bajar hasta la 5ta. estación. Aquí fue donde todo tomó otro tinte: uno de los mexicanos, Eduardo, uno de los mexicanos, no estaba por ningún lado. Lo buscamos y no apareció. Las guías nos dijeron que era probable que ya se hubiera bajado, y como no había realmente otra opción, tuvimos que creer eso y bajar nosotros también.

Joel fue el que bajó más rápido, preocupado por si Eduardo se había perdido. Yo, siguiéndole el paso, aunque llegó un momento en que me detuve a descansar. Después, lo inevitable: aunque me resbalé varias veces, hubo una en donde caí con la pierna izquierda doblada, y el tobillo me tronó. Podía moverlo, así que no era fractura, pero me tuve que detener, ponerme spray para aminorar el dolor, y seguirle, ya que estaba a mitad de la montaña y si no la bajaba habría que pagar una jugosa cantidad de dinero por bajar montado a caballo.

Como quieran y gusten, tardé 2 horas y media en bajar. Joel, quien había llegado primero, nos avisó que Eduardo estaba abajo también: cuando fuimos a ver el cráter en grupo, Eduardo no nos vio y pensó que ya nos habíamos bajado, así que hizo lo propio. Lo bueno fue que no se perdió y que no pasó a mayores.

Después, comenzaron a llegar los demás, pero faltaba uno: Edgar. La guía que me tiró los canes me dijo que había retrasado la llegada del autobús media hora para darle tiempo a Edgar de que llegara. Para nuestra fortuna llegó, pero fue gracias al guía, que se encontró a Edgar tirado, sin agua y sin fuerzas para seguir; le compró agua, le cargó sus cosas y caminó con él hasta la 5ta. estación.

Lo siguiente fue ir a unas aguas termales, que aunque no eran realmente muy buenas cayeron muy bien después de todo el esfuerzo que habíamos realizado desde el día anterior.

La jornada terminó en Shinjuku, en donde varios acordamos ir a comer unos Kebab, para luego regresar a casa.

En general, una experiencia única, y compartida con una de las mejores compañías que puedo tener en este país. Agradecimiento especial a Sandy por tomarse la molestia de las reservaciones y de andar de “mamá de los pollos”.

¿Que si recomiendo subir el monte Fuji?

Si vienen a Japón por más de 3 meses durante julio – agosto, sí. Es una experiencia única, interesante. y es algo que le pueden platicar a sus nietos. Pero como dicen muchos: sólo lo recomiendo una vez. Ya que lo han hecho, no les quedarán muchas ganas de volverlo a intentar en mucho tiempo. Yo, si lo hiciera, la siguiente vez sería sin guía, porque ya sé cómo está el camino y qué tan pesado es.

En vez de poner una lista de lo que necesitan para escalar, mejor les dejo un video que Sandy hizo hablando precisamente de eso. No es una lista definitiva, pero sí les dará una idea de lo que hay que llevar:

No compré más que un pequeño recuerdo en el Fuji, en la cima. Pero el Fuji me dejó un esguince en el tobillo izquierdo que, hasta el momento de escribir esto, todavía no se cura por completo.

10 años me tomó subir la montaña más alta de Japón, pero ahora sí puedo agregarlo a la lista de ¡lo hice! 🙂