Aunque no hay necesidad de mencionarlo, todos sabemos que cada uno tiene su límite de paciencia. Algunos soportan muy poco, mientras que otros parece que nacieron para estar enojados de cualquier cosa.
Creo que mi límite es realmente grande, pero poco a poco he comenzado a perder la paciencia ante un suceso que se repite día con día en mi laboratorio.
Hay, además de mí, otros 2 estudiantes de doctorado: Uno de Bangladesh y el otro de China. El de Bangladesh, al igual que toda la gente que he conocido de ese país, es una persona de la que se puede aprender mucho como persona, ya que es humilde, servicial, buen padre, trabajador, en fin. Pero el chino… bueno, no sé decir mucho al respecto: No habla, apenas si responde los saludos, y su japonés es todavía no tan bueno como debiera. No hay ningún problema con todo lo anterior. Lo que realmente me molesta es:
1) NUNCA contesta el teléfono, ni hace el intento por hacerlo. Hay veces en que solamente estamos él y yo en el laboratorio, y si yo me voy al cuarto de al lado (al de las computadoras) y el teléfono suena, tengo que ser yo el que deja de hacer las cosas para ir a contestar, porque si no, él no mueve ni un dedo (me consta). Una vez de plano le dije que él también tenía que contestar el teléfono, pero no me respondió.
2) Esto es quizá lo que me ha sacado de quicio: Ahora en verano, es común en todas partes tener el aire acondicionado prendido (que sinceramente hay veces que no se necesita, pero bueno, países diferentes, condiciones climáticas diferentes y cuerpos acostumbrados de forma diferente. Él llega, prende el aire acondicionado, y está CADA 30 SEGUNDOS con la “garraspera” en la garganta, que a ratos se convierte en tos. Es desesperante, más porque lo tengo casi enfrente, y hay veces en que de plano no me puedo concentrar porque está con su tos y su garganta. Ha llegado al punto de ser insoportable. Lo que no me explico es por qué diantres no va al doctor. De menos, al que tenemos en la universidad que no cobra nada. En serio que parece que no tiene sentido común, puesto que no se da cuenta de que es molesto para los demás, ni tampoco que su salud es primero.
¿Cómo decirle que no se manche? Ni idea. Deberían verlo para que se den una idea, de lo, hmm… ¿cómo decirlo?… “niño” que se ve aun con sus 31 años.
¿Será acaso que me he vuelto mucho más gruñón de lo que ya era y estoy exagerando?
Hoy, otro día en el laboratorio, intentando concentrarme en medio de los “cof cof” y los “gagh gagh” de esa persona..