Videojuegos y… ¿soledad?

El pasado 15 de mayo (fecha de Japón), asistí a una plática virtual sobre el cerebro en modo gamer, desde el punto de vista psiquiátrico.

Fue excelente. Se presentó el tema de una forma por demás amena, pero totalmente llena de profesionalismo, de bases científicas, y no de memes ni de fuentes estilo “Trust me bro”. En medio de los temas, se mencionó a los videojuegos como una forma de socializar, evidentemente refiriéndose a géneros como FPS, juegos de deportes o competitivos, o aquellos en los que formas parte de un equipo, tienes que planear, comunicarte y hacer tu parte bien. Si bien todo eso es hasta cierto punto obvio, verlo desde el punto de vista psiquiátrico definitivamente es interesante… pero hubo algo que hizo click conmigo durante esa parte, pero ese click no fue por verme reflejado en lo que se mencionaba, sino por ser TODO lo contrario en mi caso. Eso destapó una serie de sentimientos que, si bien no estaban reprimidos, al menos no creo haberlos mencionado.

Cierto, hace muchos años escribí lo que siginificaban los videojuegos para mí, y cómo gracias a ellos no había caído en vicios como drogas o alcohol, los cuales eran mucho más fáciles de obtener en el ambiente en el que mi hogar estaba situado. Sin embargo, hay una parte que no mencioné: jugar para mí siempre fue, y sigue siendo en gran parte, una actividad solitaria, algo que por lo general hago sin compañía… pero no es porque no quiera jugar con alguien más, sino porque por lo general la gente con la que convivía en ese entonces y con la que convivo más frecuentemente ahora de este lado del charco, no ve los videojuegos como yo los veo.

Aclaro que en mi círculo de amigos más íntimos en México juegan videojuegos; algunos de ellos son mis mejores rivales en juegos de pelea, y hemos vivido experiencias juntos de viajar a otros lugares para ir a torneos, de ir a hacer “tours” por la ciudad para enfrentar a nuevos rivales, de celebrar las victorias y llorar las derrotas. Se preguntarán entonces: ¿cuál actividad solitaria?

A mis amigos nos los veía diario. Ahora viviendo en Japón los veo si acaso una vez cada 4 años en promedio. A la familia, a las conocidos cercanos, sí los veía diario, y jugaba videojuegos diario. En el país del sol naciente ya he hablado del aislamiento que uno puede vivir, y aunque es cierto que tengo conocidos japoneses, la realidad es que ninguno está relativamente cerca, y muchos de ellos ya no juegan videojuegos porque las actividades de adulto se comen su tiempo libre y prefieren dedicarlo a otras cosas.

También es cierto que tengo excelentes amigos, considerados incluso como familia, en este país, pero la situación es la misma: no están cerca, las actividades nos impiden coincidir, etc. Lo normal cuando se vive en Japón y se tienen responsabilidades de “gente grande”.

De ahí que, desde los comienzos de mi vida gamer con el Magnavox Oddysey 2, Atari 5200 y similares, los videojuegos se hayan convertido en mis compañeros de juego, y que haya aprendido a disfrutar de ellos sin que nadie más esté, vea y entienda la satisfacción de ganarle a un jefe muy difícil, de por fin resolver el acertijo en el que había estado atorado por horas, sino es que días. Todas esaa victorias, todos esos fracasos y frustración de no poder avanzar, todo ese orgullo de aprender un combo nuevo y de aplicarlo por fin en una pelea verdadera (juegos de pelea, no ela vida real), son cosas que difícilmente podía (y difícilmente puedo) compartir con otra persona.

Géneros como los RPG son difíciles de jugar en grupo porque la persona que no está con el control en la mano tiene que estar metida completamente en la historia para poder disfrutar de la experiencia; de otra forma, simplemente se aburriría. Y esto me lleva a otro punto importante: el idioma en el que juego.

Siéntense, que el abuelo va a contar historias de los 80s y 90s

Durante las arriba mencionadas décadas, los juegos que estaban disponibles en México estaban en inglés, sea porque eran importados desde los Estados Unidos, o porque eran “pirateados” desde ese país pero adaptados al formato de Famicom. Paréntesis para quienes no estén en contexto: En México existía el conocido NES, pero también el Famicom, al cual le decíamos “Nintendo de los cartuchos chiquitos”, por la forma que tenían. Era tal cual el Famicom, pero los juegos no eran los originales japoneses, sino que eran los juegos de NES, ya en inglés, pero en el cartucho que cabía en el Famicom. Fin de paréntesis.

Por lo anterior, el idioma de los videojuegos por defecto era inglés. Los juegos “piratas” japoneses comenzaron a aparecer con el primer Playstation, muchos años después. Lógicamente no todos los niños entendían inglés (ni tampoco los adultos, para tal efecto), y si bien títulos como Super Mario Bros., Adventura Island, Goal!, etc., no requerían leer mucho para poder disfrutarlos, en otros como Dragon Quest, Final Fantasy, Zelda y otros no necesariamente RPG, era requisito indispensable si se quería avanzar o terminar el juego. Esa fue la motivación que me hizo aprender inglés por mi cuenta, y por lo que veo muchos gamers de mi época hicieron lo mismo. El problema radicaba en que, además de sufrir el típico bullying por parte de los del barrio por “creerme mucho por saber inglés”, esto hizo que muchas de mis experiencias con videojuegos me las guardara y no pudiera compartirlas con nadie. Mi familia no entendía los videojuegos; para mí papá eran un “vicio” como el alcohol y las drogas, y muy a regañadientes me compró un Famicom para tratar de evitar que ya no fuera a la tiendita de la esquina a jugar, porque ahí se juntaban todos los “vagos” y era una “mala influencia”. ¿Mis hermanos? Nada. A mi hermana mayor por un tiempo le gustaron los videojuegos, pero no eran su fuerte, y al poco tiempo los dejó; mis hermanos menores ni al caso. ¿Mi mamá? No entendía nada, y la verdad criando a 4 niños y teniendo a un papá como el mío por esposo, lo último en lo que podía pensar era en entretenimiento, mucho menos en uno que de entrada no entendiera.

Fui parte de la generación de pioneros de los juegos de pelea en México, de aquellos que participaron en los primeros torneos regionales, estatales y nacionales que se llevaron a cabo en el país, de ser invitado directamente a las oficinas de Capcom México cuando todavía existía. Por fortuna, gracias a ese género conocí a varios de mis mejores amigos, amistades que todavía conservo hoy en día, y el sentimiento de estar en un grupo en donde entienden la pasión que uno alberga por los videojuegos era indescriptible. El hecho de saber que alguien te entendía cuando decías “El combo de Chun Li de tas, tas, tas tas tas, uuuuuuuuuunnn, tas tas tas tas, uuuuuuuuuun, kikoshooooooo” era magistral, porque no tenía que explicar nada respecto al juego, al personaje, a los movimientos, a como sacar los super combos, etc., etc. Fue de las primeras veces que conocí lo que era ser parte de una comunidad, pero muchos años ya habían pasado desde que los videojuegos se habían convertido en una actividad solitaria, que el sentimiento real aun subsistía.

No tiene nada de malo disfrutar los juegos solo. Muchos títulos están diseñados para eso. No obstante, para mí siempre ha sido difícil hablar de videojuegos porque es igualmente difícil encontrar a alguien que sea tan apasionado como yo para poder entender, o tratar de entender, lo que digo. Esto no significa que no sepa socializar, pero sí quiere decir que rara vez toco el tema en serio porque, aún en esta época, hay quienes no saben distinguir entre pasión y obsesión, y también quienes consideran que los videojuegos son actividades para niños y jóvenes; gente japonesa de mi edad así lo considera incluso cuando ellos crecieron con videojuegos… para ellos la época ya pasó. Y ahora con familia propia, aunque mis hijos son gamers de corazón por influencia mía, obviamente todavía no los ven como yo los veo porque su experiencia es diferente; puedo hablar de forma más suelta con mi hijo mayor porque ya tiene 11 años y ha estado jugando desde los 3, pero los títulos y géneros que él disfruta son diferentes a los míos. Mi hijo menor tiene 6 y aunque es una mega vicio en Mario Kart World y Mario Odyssey, fuera de esos no muchos le interesan (recientemente comencé a jugar Geometry Dash con él y parecer que sí se va a enganchar). ¿Mi esposa? Totalmente fuera de la jugada, excepto por Grand Theft Auto, en donde ella literalmente BARRE a los oponentes, conoce el 5 de pies a cabeza y está lista para jugar el 6 el primer día que salga. Fuera de eso, 0 interés, pérdida de tiempo, no entiende la pasión que genera Street Fighter 6 en Japón, EVO, Capcom Cup, Tekken World Tour, etc., y meeeedio conoce Resident Evil porque ha visto a varias celebridades japonesas cuando transmiten en vivo… lo que me lleva a ese tema:

Algunos pensarán, con justa razón, que estamos en la época del streaming, y que bien podría transmitir en vivo mis sesiones de juego… El punto es que ¡ya lo hago! Pero obviamente no tengo un horario fijo, ni tampoco tiempo para estar haciendo ediciones de video, crear layouts bonitos, transiciones de escena y demás detallitos técnicos que, si bien no son necesarios, mejoran la experiencia de los espectadores. Además, mi canal de YouTube no despega en ese aspecto, pero no es que quiera que despegue y que de un día para otro tenga 10000000 suscriptores, sino que no le puedo dedicar el tiempo que quisiera porque, de nuevo, responsabilidades de gente grande… Es como ahora: decidí sacrificar tiempo con mis hijos por escribir esto, y el blog es una actividad que me gusta mucho, y sin embargo no le puedo dedicar el mismo tiempo que antes. Sigo y seguiré con el blog y con el canal de YouTube, pegue o no, pero ninguno de ellos es para dejar de sentirme solo al jugar o hablar de videojuegos. Además, escribir me gusta mucho, y aunque estos escritos no los lea mucha gente, quedan plasmados para mi yo del futuro, y para que, en mis sueños más guajiros, mis hijos algún día lo lean y conozcan más de su papá cuando ellos no tenían que preocuparse por nada más que jugar, estudiar, comer y dormir (para eso trabajo, para que ellos puedan disfrutar de su niñez sin presiones ni limitaciones).

Sí, los videojuegos pueden ser muy útiles para ayudar a socializar y a tratar trastornos de personalidad, pero como mencionaron en la plática (estoy preguntando si tienen la grabación para poder compartirla aquí y en las redes sociales), son un arma de doble filo porque se pueden convertir en un sustituto de la interacción y socialización REAL que la gente necesita (humanos, en persona, etc). Pero en mi caso, los videojuegos siempre han sido al mismo tiempo mi salvación hacia otros vicios, mi satsifacción personal al realizar algo difícil, y, en general un actividad que la mayor parte del tiempo disfruté solo. No creo ser el único que piense así, pero como referí anteriormente, es difícil encontrar a alguien con el mismo nivel de intensidad hacia los videojuegos, y que tenga experiencias similares con ellos. Si hay alguien así, deje su comentario al respecto.

Aquí seguimos.