Oficialmente estamos en verano. Esto quiere decir que podemos olvidarnos por un rato del frío, de la nieve y de los onsen, y en su lugar podemos pensar en playa, chicas en bikini, nieves raspadas (raspados, minutas), chicas en bikini, fuegos artificiales, chicas en bikini, chicas en yukata y, por supuesto, chicas en bikini.

¿Mencioné chicas en bikini? Eso espero, porque el taco de ojo que te echas en las playas y ,en menor medida, en la ciudad (las chicas andan con muy poca ropa por el calor) dura solo un par de meses, y cuando uno menos lo piensa ya están las ventas otoño-invierno. Lo curioso de todo esto es que las japonesas promedio no quieren broncesarse. En pocas palabras: la piel blanca es sinónimo de belleza. Por tanto, las chicas que van a la playa se untan prácticamente todo el bloqueador solar y evitan a toda cosa estar en el sol… sin contar con que van a la playa maquilladas y no se quieren meter al mar porque se arruina el maquillaje y el peinado… No se puede generalizar, cierto, pero la mayoría cae en esta categoría.
También hacen su aparición los “fuurin” (風鈴, literalmente “cascabel de viento”), que son las campanitas que se ponen en las ventanas para que suenen cada vez que el viento sopla. En Japón esto es símbolo de frescura entre tanto calor.

He mencionado en años anteriores que el verano es mi estación favorita en Japón. A las 5 am ya está todo claro, y es riquísimo andar en sandalias (que por cierto mi familia no me bajaba de hippie cuando las usé en Guadalajara el año pasado). Lo malo es que ahora no tengo tanto control de mi tiempo (por el (O&%&”#)/#%”(/ trabajo) y tengo que andar de traje entre semana de 9 am a 6 pm. ¡Ah! pero sin corbata porque es verano (que sí es un alivio). Así que ignoro cuántas veces pueda ir a la playa este año, pero si no tomo mi ración anual de sol (le da piel a mi color) casi casi voy a explotar en invierno. No me tengo que quejar mucho, puesto que en Hokkaido solo tienen 2 semanas para ir a la playa (es mucho más frío que Kyushu).
Junio no tiene días festivos, y en julio solo hay uno: el día del mar. Este año es el 20, lunes, por lo que, y lean bien lo siguiente, añoro un fin de semana de 3 días. El trabajo no es tan pesado como era estar en el laboratorio, pero el protocolo y la rutina (aunado con andar de traje en medio del calor) hacen que la semana se torne monótona (de 9 a 6), y 2 días a la semana no son del todo suficientes para poder descansar. Para colmo, resulta que tengo sinusitis, y he estado yendo al hospital cada sábado desde hace como 2 meses; el problema fue que en el hospital general nunca me revisaron la nariz y siempre recibía medicina para el resfriado. Opté por acudir a un otorrinolaringólogo, y en cuestión de 7 minutos (después de esperar mi turno por una hora y veinte) el doctor me tomó radiografías, me revisó y dio su diagnóstico. Deberían ver la cantidad de medicina que tomo después de cada comida, sobre todo por la mañana y por la noche. Cada que voy a tomarla creo que me parezco más a:

En fin, trataré de disfrutar el verano lo más que se pueda.