Y salió la sopa

Hoy en el trabajo por fin se dio la discusión que esperaba desde hace más de una semana.

Todo se debe al dichoso “juramento” de exclusividad que te hacen firmar (derechos de autor y similares); precisamente por eso no puedo escribir detalladamente de qué se trata todo esto, pero sí puedo comentar que se están manchando en uno de los puntos.

Por supuesto que todavía no lo he firmado. Entiendo a la perfección todos lo que se especifica, pero no estoy de acuerdo en un punto que casi casi dice que si no eres de ellos, no eres de nadie. La discusión tomó más de una hora, con el resultado de que no firmé, que el dueño de la empresa acabó entre preocupado y molesto, que mi jefe inmediato dice que “entiende los 2 puntos de vista” (el de la empresa y el mío) y que mañana vamos a volver a hablar. Por mi parte, no tengo más que leer ni revisar: no me muevo de mi decisión, lo cual puede significar que hasta me dan gas en estos días.

No es que uno esté contra el sistema, es simplemente hacerles saber que no eres japonés, no te riges por sus costumbres y, por ende, no quieres terminar como propiedad de algún lugar (o al menos, de uno que no te paga lo justo).