Category Archives: Manga

Escritos referentes al cómic japonés

25 años después, la despedida – 君のような女神にずっとそばにいて欲しい

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Pareciera que fue hace muy poco cuando, por pura coincidencia, me encontré con Belldandy la primera vez. No es que la conociera ni que estuviera buscando ver algo así, sino que llegó a mis manos por un amigo que jugaba rol con el grupo. Estaba en la prepa, y la animación japonesa todavía no “pegaba” del todo en México. El gusto ya era extendido, pero aún éramos minoría, y conseguir algo de material en ese entonces era realmente complicado.

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Como algunos de ustedes sabrán, existen 5 OVA de Aa Megami Sama (de la versión de 1993). La historia es una adaptación del inicio del manga, y concluye en la parte 5. Lo malo es que yo no sabía, y el videocassette que me prestaron (sí, VHS, ya uuuuuuuu) contenía nada más las primeras 4. Yo no sabía ni qué iba a ver antes de poner el cassette en la videocasetera, pero al final, cuando me di cuenta que me faltaba un capítulo y que no estaba, maldije a los 4 vientos por mi mala suerte. Sí, así de extremo. Llámenme otaku, pero de lo que llevaba visto de animación japonesa hasta ese entonces, nada me había atrapado como esta historia, y en concreto, como Belldandy.

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En un lugar inesperado

Cuando llegué a Japón en abril de 2003, la primera noche la pasé en Narita, sin imaginarme cómo era el lugar en el que pasaría los próximos años. Había leído sobre Fukuoka, y prácticamente todos los comentarios eran buenos al respecto. Me emocionaba ir a un lugar como ése, pero, como ya están enterados, la ciudad a donde llegué y estuve durante largo tiempo es Iizuka. No me lo esperaba, pero estar en el campo japonés me ayudó a entender y valorar mi origen como mexicano.

8 años y medio después, me mudé a Tokio. El primer lugar donde viví lo escogí principalmente por condiciones laborales, y casualmente terminó estando cerca de Akihabara (me podía ir caminando). Ya saben lo que pasó en ese lugar y por qué me salí de ahí.

La ciudad donde habito ahora sigue estando en Tokio, pero muy cerca del límite norte con Saitama. La idea era encontrar un lugar alejado del bullicio de la metrópoli, pero que no afectara tanto el transporte hacia la empresa anterior. Así fue como, sin realmente planearlo, terminé en Higashi Kurume.

Tokio está compuesto por 23 distritos especiales (llamados en japonés “Ku” 区), 26 ciudades en el área de Tama (al oeste de los distritos) y una serie de islas. Lo que generalmente vemos en noticias, imágenes y demás corresponden por lo general a alguno de los 23 distritos, que a continuación listo:

  • Adachi (足立区)
  • Arakawa (荒川区)
  • Bunkyo (文京区)
  • Chiyoda (千代田区)
  • Chuo (中央区)
  • Edogawa (江戸川区)
  • Itabashi (板橋区)
  • Katsushika (葛飾区)
  • Kita (北区)
  • Koutou (江東区)
  • Meguro (目黒区)
  • Minato (港区)
  • Nakano (中野区)
  • Nerima (練馬区)
  • Oota (大田区)
  • Setagaya (世田谷区)
  • Shibuya (渋谷区)
  • Shinagawa (品川区)
  • Shinjuku (新宿区)
  • Suginami (杉並区)
  • Sumida (墨田区)
  • Taitou (台東区)
  • Toshima (豊島区)

Higashi Kurume es una ciudad tranquila si la comparamos con el área metropolitana de Tokio. De hecho, cuando alguien viene para acá esperando (para bien o para mal) encontrarse con edificios altos, montones de gente en las estaciones y un mar de carros, se llevan la sorpresa de que no es así. Ciertamente hay calles que se llenan de carros y toma tiempo salir de ellas, pero esto se debe a que sólo hay un carril de cada lado, y no son pocos los que quieren dirigirse al este de Tokio.

Hace unos meses, hice una transmisión en vivo en mi canal de Ustream, en donde muestro una parte de los alrededores de esta área de Higashi Kurume, puesto que vivo  relativamente lejos del ayuntamiento.


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Ustedes perdonarán tanto movimiento de cámara, pero estos videos los grabo con el teléfono mientras camino.

Todo muy bonito, sí, pero… ¿qué tiene de especial este lugar? Es ahí donde entra el factor sorpresa, si es que les gusta la animación japonesa, y en especial un autor y una obra que es de mis favoritas.

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Manga, manga, manga

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No hace falta decir que en Japón se lee mucho, y el manga no es excepción.

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Hay manga para chicos y grandes, prácticamente de cualquier tema, y es muy común ver a la gente en el tren, incluyendo a señores mayores, con su semanario Jump, o algo más “maduro” como Morning. La cuestión es que no se deja de leer.

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Aunque los e-book apenas están pegando de este lado del charco (Amazon recientemente sacó el Kindle de forma oficial en Japón), los manga físicos están para quedarse (al menos por un buen rato). Por tanto, las librerías no tienen mucho de qué preocuparse por el momento.

Creo que nunca he mencionado mis manga favoritos. Aquí la lista, sin un orden en especial:

  • Yawara
  • 20th Century Boy
  • Maison Ikkoku
  • Aa Megami Sama
  • Death Note

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Resalto Aa Megami Sama porque, después de 25 años, terminó el mes pasado (en Afternoon). El último número compilado saldrá en julio, pero ya escribiré sobre Bellchan en otra entrada.

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Yawara tiene un lugar especial en mi corazón porque fue la primera serie en manga que leí y completé, cuando vivía en México. Hace poco salieron las ediciones especiales del manga, pero $$$… mejor me espero y las compro usadas; a fin de cuentas, lo que quiero es tenerlas, no necesariamente nuevas.

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De lo más reciente que he leído, además del anteriormente mencionado 進撃の巨人 (Shingeki no Kyojin), está Noragami… y ya. El tiempo que le puedo dedicar a leer manga se ha reducido notablemente con el paso del tiempo (ni siquiera iba al día con Belldandy), y sé que he dejado pasar buenas obras, pero así es esto por acá. Además, de tanto que hay, uno tiene tiene que ser cuidadoso a la hora de seleccionar una serie, porque si comienzas a leer algo y de plano no te gusta, luego lo sigues nada más por costumbre, y por lo mismo no cambias a otra serie hasta que no terminas de leer la que escogiste.

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Pensaba extenderme un poco más en esta entrada, mencionando lo difícil que era conseguir manga en México en los 90s y 00s, pero después de comenzar a escribir y planear lo que quería plasmar, preferí dejarlo para una entrada separada. Seguro que el panda también tendrá mucho que comentar cuando el escrito vea la luz.

Por lo pronto, he de comentar que la sección de cómics en las librerías sigue siendo uno de mis lugares favoritos en Japón,  especialmente en las librerías grandes donde hay sofás y sillas para sentarse y disfrutar un poco de la obra antes de adquirirla. Estar ahí me hace recordar el tiempo cuando leía mucho más manga, al grado de tener que deshacerme de él al momento de mudarme. 

Lo mismo pasa cuando veo el nuevo número de Newtype o de Megami… quiero comprarlas, pero luego pienso en el espacio que ocupan… y que sinceramente no tengo en casa 🙁 Ni modo. Algún día viviré en una casa lo suficientemente grande para poder adquirirlos sin preocuparme por escoger quién entra a la casa: ellos o yo 😛

¿Qué series (en manga) han seguido últimamente? ¿Cuál recomiendan?

Detective Conan – Película 18 y resumen del inicio de la serie

 

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En días pasados, tuve la oportunidad de ver en el cine la más reciente película de Detective Conan (名探偵コナン, Meitantei Konan), que por cierto celebra su 20 aniversario. Debo decir que era lo que esperaba: una historia interesante, que, como siempre, nada aporta a la trama principal de la obra.

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Bajo el título “異次元の狙撃者 – いじげんのスナイパ, “Dimensional Sniper”), la película se centra en una serie de asesinatos  de extranjeros (estadounidenses) en Tokio, concretamente en el área de Asakusa, aprovechando para mostrar la torre más alta del mundo: Tokyo Skytree, que por razones de mercadotecnia y derechos de autor, en la película se llama “Bell Tower”.

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Por lo demás, es lo mismo de siempre que se habla de Detective Conan, pero para quienes no estén al tanto, aquí dejo un mega resumen que, después de leerlo, les hará saber qué y hasta dónde ver para ponerse al corriente en la serie sin necesidad de leer las docenas de mangas o los como 600+ capítulos de la animación.

Así comienza Conan

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Kudo Shinichi (工藤新一) es un estudiante de preparatoria con un “pasatiempo” diferente: es también un detective. Su capacidad de razonamiento e inteligencia le crearon un nombre que es conocido por muchos, y ha ayudado a la policía a resolver casos que de otra forma parecerían imposibles de descifrar.

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Un buen día, Shinichi va a un parque de diversiones con su compañera Mouri Ran (毛利蘭). Creo que no hace falta decir que existe atracción entre ambos… pero lo típico en estos casos es que no lo digan directamente. El caso es que después de descrifrar un asesinato en la montaña rusa del lugar, Shinichi percibe a un par de sujetos de negro que le resultan sospechosos y hace lo que cualquiera en su situación lógicamente haría: dejar sola a su compañera para seguir esos hombres. Prioridades… todos las tenemos.

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10 años

La típica advertencia cuando redacto escritos de este tamaño: agarren palomitas, refresco y pónganse cómodos. Aunque no es el escrito más largo que haya hecho, sí les tomará tiempo leerlo todo.

Aclarado el punto anterior:

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Shingeki no kyojin (進撃の巨人)

La humanidad está amenazada. Cuenta la historia que hace 107 años la mayoría de los humanos fueron devorados por unos seres a los que les llaman “titanes” debido a su altura, que se calcula entre 10 y 30 metros. Por ello, los humanos restantes se vieron obligados a construir un pueblo rodeado de murallas de 50 metros de alto para protegerse de esos seres… Vivir de forma limitada, encerrados, fue la única forma en la que el hombre pudo encontrar paz.

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Ignorancia musical

Aunque desde pequeño escuchaba música y tenía mis canciones favoritas (“el yerberito”, de Celia Cruz, cuando yo tenía unos 4 años de edad, por mencionar un ejemplo), he de confesar que mis conocimientos musicales eran, y aún son, extremadamente parcos.

Muchas de las personas que me conocen personalmente no pueden creer que no conozca a una banda o una canción que, por lo general, todo mundo conoce (o debería conocer). Me pasó hace poco, en una ida a Tokio: fuimos a un karaoke y una amiga puso una canción de Coldplay, a lo que yo pregunté: ¿quién es Coldplay?”. Y así me ha pasado antes en incontables ocasiones.

Sé que los gustos musicales varían con cada persona: desde los que gustan de música clásica (que me encanta), hasta lo que odian el mainstream, pasando por ritmos como reggaeton, bandas norteñas, y un largo etc. Pero créanme que mi caso es grave…

Por ejemplo, no a todo mundo le gustan los Beatles, pero al menos pueden identificar algunas de sus canciones, aunque sea las más famosas, ¿cierto? Yo no podía hacerlo hasta hace unos años, ya que estaba aquí, en Japón, Y no es que conociera las canciones y no supiera quién las cantaba: simplemente no las conocía.

Algunos artistas o grupos me sonaban de nombre, y en algunos casos sí conocía las canciones pero ignoraba quién las cantaba, pero en general siempre he sentido que me falta mucho conocimiento en lo que a música se refiere.

Me puse a pensar cuál podría ser la razón. La música me gusta, incluso tengo canciones favoritas… ¿entonces? Le di varias vueltas al asunto, y a lo que llegué fue a mi familia.

Ya he mencionado en ocasiones anteriores que mi padre fue muy estricto con nosotros, aclarando claro que no es malo ser estricto pero sí lo es serlo de más; obviamente la música que a él le gusta a nosotros no nos agradaba del todo, pero hasta ahí todo es “normal”. La cuestión es que mi papá asociaba los grupos modernos con rebeldía, anarquía y, en algunos casos, hasta con satanismo (la famosa frase de “esas son cosas del diablo”). Mi mamá también entra en esta última categoría, pues siendo mi abuelo (q.e.p.d.) mariachi, sus gustos musicales estaban orientados hacia ese tipo de música. Por lo anterior, la música moderna que escuchaba cuando era chico era limitada.

Hasta la secundaria nunca me importó realmente todo esto, aunque recuerdo que tenía un cassette de Thalía que escuchaba muy seguido (la nena me encantaba 😛 ); en la secundaria, uno de mis compañeros idolatraba a “The Cure”, pero yo ni por enterado de quiénes eran, y por el puro nombre y la influencia de mi padre, yo también lo asociaba a que era música que “no debía de escuchar”. Sin embargo, cuando entré a la prepa comencé a notar que cuando se hablaba de música yo estaba completamente perdido. Conocía lo más común (el mainstream) sólo hasta cierto punto, pero cuando se trataba de hablar de grupos (preparen risas) como Maná (pueden reirse, gracias) yo ni siquiera los conocía. De hecho, cuando hacían fiestas con música en la prepa (lo que comúnmente se conoce/conocía como “luz y sonido”) notaba que la mayoría de la gente interpretaba o tarareaba las canciones. ¿Y yo? Calladito. Sin saber qué onda.

Por influencia de algunos amigos en la misma prepa comencé a escuchar más música. Por mencionar algunos ejemplos, conocí a Ace of Base, Toni Braxton, Aerosmith, entre otros. No obstante, no nacía en mí el sentimiento de querer escuchar más música: si escuchaba por casualidad algo nuevo, me interesaba, pero si no, ni enterado de su existencia. Recuerdo que un amigo, súper aficionado a los Beatles (¡saludos Pablo!) no podía creer que no supiera quiénes eran ellos ni tampoco que no pudiera decir el título de al menos 5 canciones de ellos.

De ahí en delante comenzó un cambio: escuchaba más música, pero no me preocupaba por saber quién la interpretaba. Me gustaba la música clásica y conocía piezas como la quinta o novena sinfonía de Beethoven… pero no sabía quién era el autor. Supongo que a muchos les ha pasado que han escuchado una canción y hasta se saben partes de ella, pero no se acuerdan o no saben el nombre, ¿cierto? Más o menos era el pan de cada día en lo que a música se refería para mí.

Todo dio un giro importante cuando me encontré con el idioma japonés. Gracias al boom de la animación japonesa en México era relativamente fácil conseguir música en japonés, no necesariamente relacionada con la animacion. Y a mi familia realmente no le importaba que escuchara música japonesa. Digamos que lo veían “diferente” a escuchar a algo como “U2”.

Uno de los primeros CD que recuerdo haber comprado fue el de endings de Ranma 1/2:

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It’s a Rumic World – En Kyushu

Del 22 de agosto al 20 de septiembre se presenta en el museo municipal de arte de KitaKyushu la exposición de trabajos de Rumiko Takahashi titulada “It’s a Rumic World”, la misma que el año pasado estuvo en Tokyo, y de la cual ya había hablado en su momento. Esta vez sí pude ir a verla, al igual que Carlos (aunque él se me adelantó una semana).

Los trabajos que se pueden ver comprenden Urusei Yatsura, Maison Ikkoku (mi favorita), Ranma, Inu Yasha, la saga de las sirenas, One Pound Gospel, entre otras. Lo malo es que dentro no está permitido tomar fotos; la única oportunidad de llevarse un recuerdo en la cámara es justo a la entrada, y no perdí el tiempo para tomarme una foto con una de mis dos personajes de animación favoritas: Kyoko Otonashi (de Maison Ikkoku):

La exposición vale muchísimo la pena para quienes gustan del trabajo de la autora. Se respira nostalgia ante tantas obras originales de series con las que crecimos (los japoneses en los 80s-90s, y nosotros unos 10 años después). Pero lo que realmente se lleva las palmas es la última parte, titulada “My Lum”, en la que se le pidió a varios autores que dibujaran a Lum a su manera, con su estilo. Entre las versiones que más me gustaron están sin duda la de Goshou Aoyama (autor de Detective Conan), la de Yuu Watase (Fushigi Yuugi, Ayashi no Ceres, Zettai Kareshi, entre otras), la de Mitsuru Adachi (Touch, Rough, entre otras) y la de Moyoko Anno (Hataraki Man). Hay fácil unas 30 diferentes Lum, unas muy reales, otras con características muy marcadas del estilo de cada autor.

Al final, hay una sala donde se exhibe una capítulo especial de 25 minutos creado exclusivamente para esta exposición. Hay 3 capítulos en total: uno de Urusei Yatsura (que fue el que vi), una de Ranma y uno de Inu Yasha. Ignoro si ponen uno diferente cada día, pero cuando yo fui era solo el de Urusei Yatsura. El capítulo en sí no tiene nada del otro mundo, pero es divertido volver a ver a Ataru, Lum y los demás en una nueva aventura súper exagerada (característico de la serie).

Quizá lo que más duele de la exposición es la tienda de recuerdos que está al final: uno quiere llevarse prácticamente todo, pero los precios están por las nubes. Un P-chan de peluche costaba 3,675 yenes (unos 320-330 pesos); las camisetas (muy muy chidas) costaban 3,100 yenes, y a mí, que no me gusta mucho Inu Yasha, me encantó la del protagonista del mismo nombre cuando está sentado en un árbol. Había además llaveros, straps para celulares, posters, carpetas transparantes, tazas térmicas, figuras de colección de Lum, litografías originales, etc. etc.

¿Qué compré? Realmente no mucho:

  • El libro con las ilustraciones mostradas en la exposición y unas extras.
  • Un rompecabezas de Maison Ikkoku (que ya fue armado y espera estar en un marco pronto).
  • Una toalla de mano de Maison Ikkoku.
  • Una toalla un poco más grande de Inu Yasha.
  • Una de las minifiguras de colección que vienen en cajas. Me salió Sesshomaru.
  • Un strap de Maison Ikkoku.

Rumiko Takahashi no es mi autora favorita puesto que sus últimas obras han sido innecesariamente largas. Todavía Ranma pasó, pero Inu Yasha de plano se extendió mucho más de lo debido, según mi opinión. Me gustan más sus trabajos de antaño: Urusei Yatsura es simplemente buenísima, pero, a mi parecer, Maison Ikkoku se lleva las palmas por la profundidad de cada uno de sus personajes.

Les dejo los scans del volante informativo, del boleto, de la portada del libro de ilustraciones y de la toalla de manos de Maison Ikkoku que adquirí.

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Mudanza – Parte 2: lo que se va

La buena noticia es que ya decidí el lugar donde voy a vivir a partir del 1 de abril. La mala es que los preparativos de la mudanza siguen 🙁

Es difícil decidir qué es lo que uno no se puede llevar a su nuevo hogar. Me pasé 2 días enteros separando todo lo que estaba en el cuarto más pequeño de donde vivo ahora. Saqué 3 cajas de cartón tamaño grande con cosas que me tengo que llevar, principalmente libros, software y juegos. Asimismo, se juntaron 4 bolsas de basura grandes de todo lo que tengo que tirar: documentos que ya no me sirven, folletos que tenían años dentro del escritorio, antiguos exámenes, libros con explicación de lo que es la universidad (que recibí cuando recién llegué) y un largo etc. Los mangas también salieron a la luz ya que vacié el librero, y aunque quisiera llevarme todos (y eso que no tengo muchos), mientras no tenga un librero más grande creo que me tengo que deshacer de algunos.

La colección completa de Ichigo 100%. Empecé a leer la historia solo por ocio y cuando me di cuenta, ya tenía 15 volúmenes en mi haber. No es lo mejor que haya leído, pero está entrentenida. Si no encuentran dueño pronto, tendrán que partir a la tienda de libros usados, en donde, cuando mucho, me darán 10 yenes por cada tomo.

No son todas las que tengo, pero imagínense que la parte del librero donde las tenía está completamente doblada por el peso. Éstas de plano no creo que nadie las compre. Están completitas, con todo y los regalos que suelen traer de vez en cuando (pósters, DVD, etc.). He visto algunos pósters que me gustan y posiblemente me los quede, así como libros de personajes de alguna serie, pero por lo demás, con todo el dolor de mi corazón, se tendrán que ir a reciclaje.

Aunque todavía no termino de ver lo que se va conmigo a la nueva casa, el simple hecho de ver que me tengo que deshacer de muchas cosas es melancólico y cansado a la vez. La colección de Ichigo 100% es posible que pueda “sobrevivir”, pero las revistas sí tienen que irse, y no porque no las quiera, sino porque tengo que pensar en el espacio que tengo y cómo voy a aprovecharlo, y aunque me guste mucho la animación japonesa y los mangas, lo cierto es que la prioridad la tienen el montón de libros, artículos técnicos e impresiones sobre mi especialidad.

Quizá cuando tenga mi propia casa no suceda todo esto… mientras tanto, hay que afrontar la realidad.