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La categoría donde van los posts sobre la vida diaria y lo que no quepa en las demás.

Residente permanente

Llegué a Japón por segunda vez en mi vida el 2 de abril de 2003. Y ahí comenzó la aventura que hasta el día de hoy sigo viviendo.

Una buena parte de lo que me ha sucedido por acá ya se ha contado en este blog, pero hay algo en específico que creo que nunca he mencionado:

En Japón, las visas se manejan como “estatus de residencia”. Existen muchos tipos de estatus; aquí pueden ver una lista (en inglés) describiendo brevemente cada uno de ellos. La odisea de obtener el preciado estatus comienza  desde antes de llegar a Japón. Huelga decir que obtener un estatus de residencia por cuenta propia es difícil, a menos que

  • Estés aceptado en una institución educativa en Japón.
  • Estés aceptado en una compañía que labora en Japón.
  • Estés casado con una persona de nacionalidad japonesa.

Por supuesto, si estás casado y tu cónyuge trabaja en Japón (aunque no sea japonés y su estatus sea legal) puedes obtener el estado de dependiente.

La cuestión del estatus de residencia apropiado es importante, porque cada uno te limita en los tipos de actividades que puedes desempeñar de este lado del mundo, y cada vez que cambies de trabajo o de actividad principal, debes revisar si tu estatus te permite realizar la actividad deseada. Por ejemplo, siendo estudiante no puedes trabajar, pero puedes pedir un permiso que te permite hacer cierto tipo de trabajos hasta 28 horas semanales o 40 en época de vacaciones; si tu trabajo es programador y te cambias a un área administrativa, debes cambiar tu estatus o de lo contrario corres el riesgo de ser sancionado.

Las meta de las personas que quieren vivir en Japón por largo tiempo o de manera permanente es obtener un estatus que no limite las actividades laborales que se pueden realizar, o al menos, un estatus por una duración de más de un año, para evitar el martirio que es ir a la oficina de migración a hacer el trámite (en Tokio, Osaka o Fukuoka, al menos; en lugares más rurales generalmente no hay gente y no tienes que esperar tanto). Es decir, obtener el estatus:

  • De lo que sea, pero por 3 o 5 años. Se corre el riesgo de que, si cambias de estatus, te vuelvan a dar uno por 1 año solamente.
  • De cónyuge, porque no hay restricciones en los trabajos que puedes realizar.
  • De residencia permanente, la cual tampoco tiene restricciones y ya no hay que renovar el estatus (es como la meta, a menos que quieran hacer la siguiente).
  • De adoptar la nacionalidad japonesa.

Con residencia permanente es mucho más fácil conseguir créditos o préstamos bancarios para carros, casas o similares, puesto que el estatus respalda, en teoría, que no planeas dejar Japón, lo que le da seguridad a las instuticiones de crédito. Asimismo, existen algunas municipalidades en las que es posible participar en comicios electorales con residencia permanente.

Mi historia de estatus de residencia ha sido larga y sinuosa, y  aquí la recapitulo:

  • Estudiante extranjero, 1 año.
  • Estudiante extranjero, 2 años.
  • Estudiante extranjero, 3 años.
  • Ingeniería, 1 año.
  • Ingeniería, 3 años.
  • Cónyuge, 1 año.
  • Cónyuge, 1 año.
  • Cónyuge, 3 años.

El pasado viernes, esta historia llegó a su final. Después de 4840 días de estar en Japón, o sea 13 años y 3 meses, me fue otorgada, al fin, la residencia permanente en este país.

¿Qué quiere decir esto?

Que ya me puedo olvidar de la renovación de estatus anual, que me hacía perder 2 días de mis vacaciones (al menos) para hacer el trámite.

¿Te piensas quedar permanentemente en Japón?

No lo he decidido todavía, pero es una opción que siempre he considerado, y si consideramos algunos sucesos acaecidos a lo largo de dos años de intentos con cierta universidad de cierta entidad federativa en México, la opción de quedarme por acá es cada vez más fuerte.

Entonces, ¿para qué pediste la residencia permanente?

Además de evitarme la molestia de estar yendo con tanta frecuencia a la oficina de migración, en el caso de que me quede en este país me da la oportunidad de comenzar a planear mucho desde el momento en el que lo decida, sin tener que esperar para hacer el trámite ni depender del resultado, porque el proceso de evaluación para ver si te otorgan la residencia permanente es de 6 meses a un año.

Sé que muchos otros mexicanos han obtenido su residencia permanente con solamente haber estado 4 años en Japón, pero en su caso es porque llegaron aquí casados con nacionales japoneses, y ésa es la forma más rápida de obtenerla. Si, en cambio, vienen solos y comienzan a estudiar o trabajar aquí (como su servidor), el camino es largo, porque uno de los requisitos es haber vivido en Japón por al menos 10 años, y tener al menos 5 años consecutivos con un estatus que permita trabajar. Aquí dejo una liga con la lista de requisitos completa, directamente del ministerio de justicia de Japón.

Así que, desde ya, soy un (otro) mexicano en Japón con residencia permanente.

Noten que esto NO ES una guía de visas japonesas, ni de cómo obtenerla, ni tampoco soy autoridad para ayudar a alguien a obtener una. Si están interesados en los tipos de visa, trámites, consejos y demás, hay muchas páginas en internet con apoyo jurídico, incluso en español, en donde pueden encontrar guías al respecto. Google es su amigo.

Algo sobre las nuevas generaciones en Japón y su interacción con la tecnología

Hace mes y medio me enviaron del trabajo a ayudar en la aplicación de un examen de inglés (propietario de la compañía) a una universidad en la que nos habían contratado por primera vez. He asistido a otras universidades en diferentes partes de Japón y me ha tocado ser 実施監督, o sea, supervisor en la aplicación de dicho examen, labor que se resume en:

  • Preparar las computadoras.
  • Escribir instrucciones en el pizarrón y leerlas en voz alta.
  • Resolver cualquier problema técnico que pueda suceder durante el examen.

Noten las negritas en “técnico”. Con la experiencia que tengo en enseñar inglés en escuelas de Japón, sé de antemano que las responsabilidades que te dicen que tendrás siempre se quedan cortas, porque se presentan situaciones que, aunque no deberías de manejar, terminas haciéndolas porque “se espera que ya sepas que eso podría pasar” o de plano la velocidad de reacción de los encargados japoneses es más lenta que una carrera entra la tortuga de la fábula vs. el caracol de Monsters University que quiere llegar a tiempo a clases y termina llegando al salón al final del semestre.

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Como podrán imaginarse, son estos sucesos los que se presentan con más frecuencia. Y para ser sincero, me parece increíble, por decir lo menos. Pero vayamos por partes.

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Un año después

Un año parece eterno, y durante él pueden suceder muchas cosas, pero cuando tu vida cambia por completo y estás todos los días al pendiente de algo, o de alguien, parece como si todo hubiera sucedido en un instante.

Los primeros meses del año pasado eran de expectación. Sabía que me convertiría en padre, y creía que sabía lo que eso significaba (me daría cuenta después de que no), pero conforme la fecha se acercaba, cada vez estaba más nervioso. Y mi primera preocupación no era todavía el día en que naciera mi primer hijo, sino que existía la posibilidad de que no llegara a tiempo para recibirlo.

Emi y yo decidimos que el niño naciera en Iizuka, por diferentes razones, pero la que más peso tenía era que quería estar cerca de su familia cuando eso sucediera, además de que en Tokio, no le gustaría estar sola cuando tuviera que ir al hospital o en caso de una emergencia, puesto que era muy probable que yo estuviera en el trabajo y no llegara a tiempo. Necesitábamos que alguien estuviera siempre al pendiente, y como mi familia está mucho, pero mucho más lejos que la de ella, la decisión era obvia.

No es raro que las japonesas decidan dar a luz en su lugar de origen. A esto se le llama 里帰り出産 (satogaeri shussan). Emi tenía su clínica y médico asignado por acá, pero también ya había reservado, con muchos meses de anticipación, su lugar en el hospital donde daría a luz en su tierra natal. Curiosamente, era el mismo lugar que en el que Emi vino al mundo. El médico de ese lugar le aconsejó regresar a Iizuka aproximadamente mes y medio antes de la fecha programada, y así hicimos los planes.

Sinceramente, ignoro si una persona de casi 8 meses de embarazo puede viajar en avión, pero entre dimes y diretes, y por recomendación de mi suegra, nos aventuramos a regresar a Fukuoka en Shinkansen, idea que a Emi no le agradaba del todo pero yo no estaba en contra; la razón es que el viaje toma más de 5 horas, y aunque es muy placentero y puedes ir viendo diferentes paisajes de Japón, pasar 5 horas así era algo que Emi quería evitar de ser posible; después de todo, era un viaje que ya habíamos hecho 4 años atrás, cuando decidí probar suerte en la capital nipona. El caso es que el viaje transcurrió sin mucho problema. Yo tenía casi un año de no regresar a Fukuoka, pero esta vez, no era por turismo ni por ver a mis amigos allá.

Regresé a Tokio, a estar de nuevo solo durante al menos un mes. Sin embargo, esta vez era muy diferente. Emi me dejó con el mensaje: “Aprovecha este periodo que estarás solo, porque será el último que tengas en mucho tiempo. Sal, diviértete, haz lo que quieras y disfruta tu tiempo”. Sí, de entrada todo eso suena muy bien, pero vives con la expectativa de que, aunque tienes una vaga idea de cómo serán las cosas después, realmente no lo sabes hasta que el momento llega.

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13 años en el país del sol naciente

Ya estoy viejo.

Tenía 24 años cuando llegué por segunda vez al país que se convirtió en mi segundo hogar. Había logrado regresar, justo como lo prometí cuando el avión partía del aeropuerto de Kansai para regresarme a México hacía solamente medio año atrás.

He cumplido ya más de 4 años viviendo en Tokio. Venir a la capital era obviamente el siguiente paso, puesto que haberme quedado en Iizuka habría significado un retroceso en mi crecimiento personal y profesional. Pero nunca pensé que mi vida daría un giro tan grande, que en más de alguna ocasión me puso a pensar si lo que dejé se compensaba con lo que había obtenido. Es el mismo país, con otro ritmo, pero el mismo al fin y al cabo.

Tokio me recibió bien; mejor de lo que pensaba. Vivía en un lugar céntrico, y el mítico Akihabara me quedaba a 2 estaciones de metro. No era el paraíso, pero al menos todo pintaba bien. Era la calma antes de la tempestad. Ya he relatado con lujo de detalle lo que pasó durante los primeros 10 meses en en la capital, y no planeo repetirlo aquí (ni tampoco lo merece).

Después de que vi la luz, y habiendo regresado a México para quitarme el mal sabor de boca con el que la gran metrópoli nipona me había dejado, me preparaba para lo siguiente. Lo que había pasado tenía que ser solamente un capítulo más de la historia, y no tenía por qué prolongarse… o al menos yo así lo pensaba. Tenía que darle otra oportunidad a Tokio. Salir de ahí en las circunstancias que me encontraba en esos momentos no era la solución (era una de ellas, pero no la óptima). Tenía que encontrar mi lugar.

Tokio y yo nos comenzamos a acoplar. Después de todo, nuestro idilio llevaba poco y teníamos que aprender a convivir, porque de lo contrario esto iba a terminar mal. Yo había puesto de mi parte, pero la capital me estaba debiendo mucho; era su oportunidad de ponerse a mano.

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Encuentro, convivencia y despedida – La historia de mi mamá japonesa

Hace poco volví a mencionar a mi primera “mamá japonesa”, pero especifiqué que la historia completa debía ser contada en otra ocasión. Hela aquí.

Primero que nada, la presentación ya ha sido hecha en el pasado, concretamente en la parte final de “Los años maravillosos”, así que los invito a que vayan para allá y lean cómo la conocí.

La señora M, vivía con su segundo esposo, quien se convirtió en mi “papá japonés”. Debo aclarar que se me hacía totalmente extraño llamarlo “Otousan”, ya que no es mi papá, pero es una forma genérica de llamar a hombres de edad avanzada; a M siempre la llamé por su nombre. El caso es que la relación con ella y con su esposo se volvió muy buena: me ayudaban, me invitaban a comer, íbamos a pasear de vez en cuando. Todo bien. Hablar japonés daba frutos, especialmente estando en un lugar como Iizuka.

Ellos es que fueron los que me llevaron a mi primer festival de fuegos artificiales en Japón. Era mi primer verano en el país, y ellos se ofrecieron a llevarme para vivir la experiencia. Fue algo mágico, y todavía recuerdo estar sentado en el pasto, al lado del río, platicando con el señor M, en donde mis sentimientos encontrados cobraban voz: me gustaba lo que veía, lo que estaba viviendo, pero mi mente estaba todavía en México, con Z (mi novia en ese entonces); estaba viviendo el sueño de estar en Japón, pero en ese entonces todavía no lo procesaba del todo. El señor M me escuchó y trató de confortarme mientras los fuegos artificiales iluminaban la clara noche de verano que teníamos ante nosotros.

También me tocó ir con ellos a ver la película de “The Passion of Christ” (la de Mel Gibson), ya que ellos eran cristianos y tenían curiosidad por ella. M lloró y lloró después de que salimos de la sala, y la plática durante el regreso fue, como bien podrán imaginarse, de temas bíblicos.

M me ayudó a contratar mi primer seguro del carro presentándome a una de sus amigas que trabajaba en eso. La señora que me atendió era súper amable, y de hecho durante todo el tiempo que tuve carro ahí ella me guió en todo lo que a seguros se refería. Experimenté de primera mano el trato al cliente en Japón estilo VIP: ella iba a donde yo le dijera, a la hora que le dijera, para llevarme documentos que tenía que leer or firmar (bueno, ponerle sellito); me avisaba con prontitud sobre la fecha de expiración del contrato y me explicaba a detalle los planes que me convenían, lo que me salía más barato pero tenía buena cobertura… en fin. ¿11 de la noche en el estacionamiento del supermercado enfrente de la universidad? Ningún problema, ella estaba ahí.

Gracias a M también conocí a una pastora que tenía su iglesia justo en el centro de Tenjin, el área más concurrida y visitada no solo de Fukuoka, sino de todo Kyushu. Es “el centro”, donde están las tiendotas, los restuarantes, etc.; es decir, donde lo más importante del lugar se junta. ¿Lo especial? Que me dejaba estacionar el carro en su iglesia por todo el tiempo que yo quisiera, lo cual ayudaba mucho a mi economía (puesto que el estacionamiento en esa zona es caro con ganas) y me llegó a servir como forma de “farolear” cuando me tocaba andar con alguna chica por esa área. Sí, yo sé… eran mis tiempos “locos” (ver “Amor en los tiempos del sushi”).

No obstante, de lo que le estoy mucho más agradecido es de la ayuda brindada cuando traje a mi señora madre a Japón en 2005. Ciertamente fue nada más una llevada a las aguas termales, un masaje que mi mamá todavía recuerda hoy en día, y un yakiniku, pero el simple detalle de tomar en cuenta a mi mamá es algo que, independientemente de lo que pasó después, siempre le agradeceré.

Entonces, si todo suena tan bien, ¿qué pasó que hizo que todo esto cambiara?

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Para recordar

Uno de los “problemas” que tenemos con el bebé ahora es que la única forma en la que se duerme conmigo es cuando lo llevo a pasear; de otra forma, si no es con su mamá, y después de mucho llorar, no se queda dormido. Obviamente, esto nos limita en lo que podemos hacer, sobre todo en la noche.

Ayer fue uno de esos momentos en los sientes que eres el rey del mundo sin salir de tu casa. Emi se sentía mal (apuesto una hamburguesa a que es alergia al polen. Es la temporada.), y me dejó solo con el niño para recostarse, temiendo que a los 5-10 minutos comenzara a llorar porque tenía sueño y se quería dormir. Me puse a jugar con él un rato. Sin embargo, a los 10 minutos, y después de estarnos riendo un rato de cómo me perseguía y no me alcanzaba, de repente, al verme sentado, aventó el juguete que tenía en la mano y comenzó a gatear hacia mí, con cara sonriente. Sabía que quería que lo abrazara, y así lo hice. Acto seguido, se acomoda en mi hombro, y al cabo de unos minutos, se queda profundamente dormido.

Estaba que no me la creía. Como expliqué arriba, cuando tiene sueño y lo estoy abrazando, hace todo lo posible por librarse de mí e ir con mamá, acompañado de un melódico concierto de llantos; por tanto, el hecho de que haya venido directamente conmigo y se haya quedado dormido sin llorar es un triunfo. Ciertamente me puse a interpretar su canción de cuna una vez que vi que cerró los ojos, pero aun así, la sensación de triunfo que experimenté ayer es de lo mejor que ha pasado este año, por simple que pueda sonar. ¿La cereza del pastel? No se despertó cuando lo acosté en su futón.

Yo… aprendiendo a ser papá 😀

Y otra vez me mudé

Al fin me pude dar tiempo para escribir aquí. Ahora tengo un gran pretexto de no haberlo hecho, je je.

Desde el año pasado estábamos considerando la posibilidad de mudarnos, por 2 razones principales:

  • Lo pequeño de la casa. 2 cuartos con cocina. Cuando nada más éramos Emi y yo, estaba de lujo; ahora con el bebé no cabía nada más.
  • El departamento estaba en un segundo piso, y la construcción es de madera. Esto quiere decir que prácticamente todo se oye, incluyendo al niño llorar en la noche o pegarle al piso con los juguetes. Aunque ya habíamos hablado con la señora de abajo y ella nos había asegurado que no había ningún problema por el ruido que pudiera hacer el niño… hasta que se quejó directamente por otra cosa que ni al caso (ruido a las 7 pm por estar limpiando), y luego andaba de pasiva-agresiva con comentarios estilo “¡Ay! El bebé estaba llorando anoche, ¿verdad?”, o “Ya va creciendo… ya le pega al piso con los juguetes”…

Una tercera razón era que el contrato de renta se vencía el 4 de marzo, y renovarlo costaba un mes de renta más. Explico:

En algunas partes de Japón, los contratos de renta son por lo general de hasta 2 años. Esto quiere decir que si al final de ese periodo quieres seguir viviendo en el lugar, debes pagar la tarifa de renovación, que es ganancia directa para la agencia inmobiliaria.  En nuestro caso, estábamos por cumplir 4 años ahí, y nos habían llegado ya los papeles para llevar a cabo la renovación.

Para ser sincero, económicamente no era la mejor época para moverse de casa, pero el hecho de evitarse problemas posteriores (que podían hacerse más grande) me hizo pensar que valía la pena… aunque tendríamos que encontrar algo que se ajustara al presupuesto que podíamos sacar.

Comenzamos a ver lugares desde octubre del año pasado. Unos estaban muy viejos, otros muy lejos, otros muy caros. Uno de los agentes que nos atendió en cierta ocasión nos dijo directamente lo siguiente:

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Encuentros cercanos con situaciones extrañas

Hace casi 10 años conté la historia de X y en qué terminó todo.

Durante el descanso de año nuevo me tocó ver en un programa cómo le lavaron el cerebro a una artista japonesa y le sacaron 500 millones de yenes gracias a una serie de manipulaciones muy bien planeadas por parte de los estafadores. No ahondaré mucho en eso (por ahora, pero puedo contar la historia si están interesados), pero por alguna razón me hizo recordar a X (arriba mencionada), la soledad que sentía cuando recién llegué a Japón por no conocer a nadie, y algo que pasó en ese tiempo que pensaba que ya había comentado por acá. Hay detalles que no recuerdo muy bien, pero más o menos la historia es como sigue:

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¡Feliz 2016!

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Comienza un nuevo ciclo. Dejamos atrás al borrego para dar entrada al año del mono.

Así como su servidor, estoy seguro que todos ustedes tienen propósitos, retos y sueños que cumplir este año. Deseo de todo corazón que todos ellos se cumplan, y que este 2016 sea el mejor año que hayan tenido hasta ahora.

En lo que a mí respecta, el chango traerá consigo varios cambios importantes en mi vida. Es probable que todo dé un giro interesante, pero no hay nada seguro todavía. Lo único que no cambia es que mi hijo seguirá creciendo y que yo me seguiré haciendo todavía más viejo.

El blog por supuesto que seguirá adelante, y poco a poco espero que recupere el ritmo que tenía antes de la llegada de mi primogénito.

Por cierto, uno de los programas de televisión que nunca me pierdo el 1 de enero es 芸能人格付けチェック (Geinoujin kakuzuke check). En él, se pone a prueba el conocimiento que la gente del medio del espectáculo tiene respecto a arte y comida, con el objeto de evaluar si realmente merecen ser llamados “celebridades” por conocer comida y eventos de calidad. Son 6 pruebas en total, y durante los últimos 4 o 5 años Gackt (y quienes hacen equipo con él) no han fallado ni una sola, lo que lo pone en estatus de “dios” en esto. El programa en sí no es la gran cosa, pero me entretiene, y aunque originalmente se transmitía una vez cada año, en el que acaba de terminar hubo un programa especial por ahí de otoño.

Dejo la página oficial del programa aquí. Está en japonés, pero para quienes quieran ver más o menos de qué hablo, adelante.

¡Disfruten los días que quedan de vacaciones! Y…

今年もよろしくお願いします。

El 2015 en un kanji

Kanjis de los años anteriores.

Continuando con la tradición de este blog, ha llegado el momento de expresar en un kanji lo que el año significó para mí.

El kanji de esta ocasión prácticamente había sido decidido desde el año pasado, pero tomó mucha más fuerza a mediados de mayo. Obviamente hubo sucesos malos, pero nada puede sobrepasar a lo que este año me obsequió:

2015kanji

Muchos de ustedes conocerán este kanji, pues es de los más básicos que hay que aprenderse. Su lectura es “chichi”, y significa “padre”, “papá”.

Los últimos años de este lado del mundo han sido una gran prueba a muchas de mis habilidades, entre ellas la paciencia. Venía de una racha de sucesos que prefiero olvidar, pero el año pasado se presentó una luz de esperanza, que se cristalizó en mayo con la llegada de mi primer hijo.

Nunca he dejado de tener sueños, y de luchar por seguir mis ideales, pero mi hijo vino a recargarme las pilas y a presentarme una serie de sueños y retos nuevos, a los que con mucho gusto les voy a entrar.

Si he de ser sincero, nunca me imaginé que ser papá sería una experiencia tan agotadora pero tan reconfortante al mismo tiempo. Definitivamente uno de los mejores sucesos que me han ocurrido en la vida.

Este año también tuve la gran dicha de conocer a mucha gente nueva, en especial a muchos lectores de este blog que se dieron la vuelta por acá y que amablemente se ofrecieron en traerme cosas de México, o simplemente expresaron su interés por conocerme en persona. Aunque no lo crean, para mí significó mucho conocerlos personalmente y poder platicar con cada uno de ellos, así como de guiarlos, en la medida de lo posible, durante su estancia en este país.

Quiero agradecer a todos y cada uno de ustedes, los lectores. Su ayuda para mantener este blog en línea fue bien recibida. No tengo palabras para expresar el agradecimiento que siento por su contribución y por sus palabras de aliento. Amigos, conocidos, y hasta desconocidos: muchas, muchas gracias.

Especial mención de dos de mis mejores amigos allá en México: el panda y Omar. Al primero tengo años de no verlo, pero está presente; al segundo tuve la oportunidad de verlo en agosto, y de ir juntos a FujiQ Highland 😀

También quiero hacer mención de los demás mexicanos en el extranjero, no solamente en Japón, sino en todo el mundo: gente en Canadá, Noruega (neta, ¿qué hacen allá? 😀 ), Alemania, Estados Unidos, Francia, y un buen de lugares. No nada más yo, sino todos los que estamos fuera de la patria, le echamos ganas mientras extrañamos la calidez de nuestra gente… y la comida, no olvidemos la comida.

Antes de terminar, hay que hacer mención del kanji del año en Japón: 「」, que tiene diferentes significados dependiendo del contexto. Sus lecturas principales son やす(yasu) y あん(an). Existen varias razones por la que este kanji fue seleccionado, pero todas son con referencia a la lectura あん:

  • El debate sobre el plan de seguridad nacional de Japón (全保障法案), con el cual las fuerzas de defensas japonesas tienen la opción de participar en actividades armadas en caso de que uno de los aliados lo solicite. Hubo un tremendo debate por esto, y la opinión se dividió de forma extraordinaria. Hay gente que todavía sigue peleando porque esto no se lleve a cabo, argumentando que va en contra de la constitución japonesa, la cual marca que Japón no puede ni iniciar ni participar en ningún tipo de guerra.
  • El terrorismo que ocurrió alrededor del mundo, especialmente lo relacionado con el estado islámico. Esto es porque hizo que la gente se sintiera preocupada (不, fuan). Recordar que 2 japoneses fueron ejecutados.
  • Problemas que hubo con irregularidades de viviendas en Japón, lo que hizo que la seguridad (全) de las personas estuviera en juego.
  • La frase 「心してください。穿いてますよ」(“Anshin shite kudasai. Haitemasu yo!” literalmente: “No se preocupe, sí los traigo puestos (los calzones)”), que se escuchó por todo el país gracias al comediante とにかく明るい安村 (Tonikaku Akarui Yasumura). Se presenta solamente en ropa interior, y su rutina se basa en tomar poses que hacen parecer que está desnudo, pero cuando le preguntan si lo está, responde con la frase de arriba. Aquí dejo un video de él.

El 2016 viene con todo. Vamos a ver si todavía puedo sacar algunas sorpresas, o si de plano ya estoy chocheando y me siento en una mecedora a comer una concha con chocolate abuelita, mientras les digo a los niños que no pisen mi jardín 😛 Como sea, será un deleite ver a mi hijo crecer.

Nos vemos el siguiente año. Todavía hay mucho que contar.