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La categoría donde van los posts sobre la vida diaria y lo que no quepa en las demás.

¿Alérgico?

 

pocari

Esto es Pocari Sweat. No, no es el sudor de nadie. Es una bebida deportiva famosa en Japón.
kayu

Esto es “kayu” (粥). Es nada más el clásico arroz japonés, pero después de prepararlo se pone a hervir en agua, moviéndolo ligeramente de cuando en cuando. Es típico agregarle verduras o algún tipo de “topping”, como “umeboshi“.

¿Por qué una bebida y una comida típica adornan el principio de este escrito? Porque hace un mes fue lo único que pude comer por casi una semana. Explico:

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Uno más a la cuenta

Este blog tiene 10 años de existir. En él he plasmado mucha información sobre el país del sol naciente y mi experiencia por este lado del mundo.

Escribo esto para que quede para la posteridad, para verlo un día en el futuro y reírme porque al verlo en perspectiva seguramente será causa de gracia.

Cumplo 36 años hoy. ¿Y saben algo? En este momento no me siento ni feliz ni completo. Sí tengo un objetivo muy claro, y me rodea gente que me quiere y apoya incondicionalmente, pero me desespero porque ahora no me siento capaz de responderles como es debido.

Mucho ha pasado en el transcurso de un año, y tengo razones para estar más feliz que nunca… y sin embargo, por más que me esfuerzo, en este momento no me llega la felicidad. He cometido errores, y algunas situaciones (más que las que me gustaría admitir) no han sido favorables, y con cada fracaso me levanto, aprendo y miro hacia adelante, pero al mismo tiempo se va parte de la energía que tengo dentro simplemente porque a nadie le gusta fallar y yo no soy la excepción. Y como que de tantas fallas me llegó el sentimiento; no me tumbó, pero sí me hizo sucumbir.

No crean que ya estoy por aventarme del Skytree, ni nada por el estilo. Simplemente no me siento bien, ni a gusto. Me dirán “¡Pues haz algo para remediarlo!”, y es precisamente lo que he estado haciendo desde hace ya tiempo, solamente que los métodos que he escogido no han funcionado. Tampoco significa que ya no haya más métodos que intentar; queda mucho camino por delante. Es sólo que me estoy dando la oportunidad de sentirme mal, de desahogarme (aunque sea un poco) antes de comenzar con el siguiente intento.

Feliz cumpleaños a mí. Ojalá que dentro de 10 años que lea esto, lo que estoy viviendo actualmente se convierta en un bonito recuerdo. De hecho, creo que sería bueno ponerlo como meta a 10 años.

Ya (casi) nadie escribe bien… y a (casi) nadie le importa

Aclaración pertinente: Antes de que vayan a decirme que ya estoy ruco, que “le baje” o que me he vuelto muy “purista”, he escrito respecto a este tema antes, concretamente hace más de 7 años aquí y aquí. Porque luego salen con que ya “ando chocheando”.

Las reglas ortográficas se han vuelto muy escurridizas, pues las busco y busco pero cada vez es más difícil encontrarlas, y al parecer mucha gente se ha cansado de buscarlas y mejor optan por olvidarlas.

Hace años que comento esto, mucho antes de abrir el blog, pero veo con tristeza que cada vez a menos gente le importa escribir bien y que los demás también lo hagan. Y si antes era ya notorio, con la difusión de internet, de aplicaciones como Whatsapp, Line, Facebook o Twitter, más personas tienen acceso a medios escritos, lo que conlleva a la proliferación de errores y a resignarse porque nada, o muy poco, se corrige.

A nadie le gusta que lo corrijan, y conforme ganamos años y nos volvemos más seniles nos cuesta más trabajo aceptar que nos equivocamos. Es, creo yo, naturaleza humana. No obstante, las correcciones son necesarias si es que queremos aprender y dejar de cometer errores. El problema radica en el que la sociedad se ha vuelto mucho más tolerante a las fallas en la escritura debido a la inmensa cantidad de datos que se mueven dia a día gracias a la red: blogs, chats, foros de discusión, periódicos en línea, etc., etc., y esa tolerancia se ha convertido en duda, y después de eso, en indiferencia. Ya no nos preocupamos si algo está mal aunque lo entendamos, y de tanto ver los mismo errores, al momento de escribir dudamos de cuál sea la forma correcta, y a final de cuentas nos termina dando igual cómo estén escritas las cosas. “Al fin y al cabo, se entiende”, es lo que terminamos diciendo.

Antes escuchaba a las personas de las agencias de reclutamiento decir que ponían cuidado en revisar la ortografía de los candidatos, pero me pregunto si ahora, después de tantos años de no estar en mi país, se sigue aplicando esa práctica. ¿Y las clases de español en primaria y secundaria? Misterios (sólo mios, porque no vivo en México ahora) que hay que resolver.

Lo que ahora veo no difiere mucho de lo que comentaba hace años aquí mismo. Los errores son básicamente los mismos; el uso de los acentos está prácticamente olvidado; los signos de admiración e interrogación al inicio de un enunciado no se ven por ningún lado. ¡Ah! Pero no escribas mal el nombre de Justin Bieber, porque entonces sí mereces ser crucificado y Barrabás merece ser liberado.

¿Qué ha cambiado entonces?

Una de las principales causas, y al mismo tiempo pretexto, de las fallas ortográficas es la autocorrección de los teléfonos inteligentes, smartphones. Cierto es que es una función muy útil, pero es muy diferente que termines con un mensaje estilo “Tu fruta madre”, a que escojas a diestra y siniestra palabras con o sin acento, especialmente algunas como “el” y “él”, “por que”, “por qué”, “porque” y “porqué”, “cómo” y “como”, etc. Es decir: es muy diferente terminar con un mensaje diferente al que queríamos escribir por la prisa de hacerlo rápido y de escoger, o que el teléfono escoja, una palabra cercana a lo que queremos decir, que ignorar cuándo hay que escoger una palabra acentuada y cuándo una sin acento.

Lo malo es que los errores se han vuelto tan comunes, que se ha perdido el sentido de culpa, fracaso o vergüenza al cometerlos, y al parecer esa pérdida se convirtió en la norma: ahora no está in escribir bien. Siento como que la “onda” actual es: “pues si nadie escribe bien, yo tampoco, y váyase a la verdura quién me diga algo”.

He visto cada joya en las redes sociales, que ponerlas todas aquí sería cuento de nunca acabar. Nada más dense una vuelta por la mayoría de cuentas de Facebook que ponen memes en español. Pero lo más interesante, y al mismo tiempo decepcionante, es ver esos errores en lugares donde no esperaría encontrarlos: anuncios oficiales de la embajada, periódicos (al menos en las versiones en línea) y revistas. ¿Televisión? No la cuento, porque de todas formas es un chiste.

Quizá en México y entre puro hispanohablante ya no dé pena, pero cuando se está en un país diferente y se tiene la oportunidad de enseñar nuestro idioma, equivocarse significa enseñar algo que está mal a alguien que lo va a tomar como correcto. Una vez, en Fukuoka, me tocó cubrir la clase de español de un latino (no José, el cubano-japonés que menciono en la última parte de “Los años maravillosos”). Durante un ejercicio de escritura me percaté de un par de detalles en los alumnos:

  • Ninguno acentuaba las mayúsculas.
  • Escribían los días de la semana y los meses del año siempre con mayúscula inicial.

Al preguntarles por qué, me respondieron que así les había enseñado el maestro. Ciertamente no es un error de vida o muerte, y probablemente muy poca gente le pondría atención a eso o quizá pensaría que no es un error, pero a fin de cuentas lo es, y como tal, tiene que ser corregido.

Sí, estoy perfectamente consciente de que la finalidad del lenguaje es la comunicación, la transmisión de ideas, y que si el interlocutor entiende lo que el emisor intenta decir, entonces no hay tanto problema. También entiendo a la perfección el hecho de que el lenguaje es una entidad dinámica, que cambia y se ajusta con el tiempo. No obstante, mientras ese cambio no sea oficial (nos guste o no, la RAE al menos define los estándares de nuestro idioma, y estoy totalmente de acuerdo en que algunas veces se mancha), un error es un error, y escribir bien facilita la comunicación, además de ser una señal de profesionalismo y de calidad, sin querer decir que todo lo que esté bien escrito (ortográficamente hablando) tenga que ser siempre algo de calidad.

Ahora mis preguntas son: ¿Ya de plano no se le pone atención a las reglas ortográficas? ¿Ya no se hacen exámenes de español en las escuelas? ¿Vivo en el México del pasado, envejecí y ya no estoy a la moda?

Hospital – una de las mejores pruebas de idioma extranjero

Prácticamente nunca, salvo una vez que fue un caso muy especial, me jacto de saber mucho japonés. En primera, porque no hay razón para hacerlo, y en segunda porque afortunadamente existen personas no japonesas que lo hablan mejor que yo, lo que me motiva a seguir adelante. No obstante, he de reconocer que el idioma me ha ayudado muchísimo desde que pisé tierras japonesas, sobre todo por el área a donde llegué y viví por más de 8 años: Fukuoka.

No depender de nadie para moverte en otro país da un sentimiento de libertad incomparable. Una cosa es vivir solo por primera vez, y otra vivir solo por primera vez en un país extranjero. Y aunque es cierto que el idioma no necesariamente es una barrera para disfrutar un país, cualquier situación se vuelve una prueba una vez que vives en uno. De entre todas esas situaciones, creo que en donde me percato del japonés que puedo hablar es cuando voy a un hospital. Hoy que tuve que ir a que me revisaran, me quedé pensando en lo que es ir a un hospital en el extranjero; y no es que sea la primera vez que voy (recordar que el año pasado estuve hospitalizado), sino que realmente pone en perspectiva lo que uno conoce de un idioma específico, sobre todo al ver la cara de alivio de los médicos cuando les respondes “Sí, hablo japones. No hay problema”.

Lo veo de esta forma: para ir a turistear, lo que más importa es que sepas el nombre del lugar a donde quieres ir y el nombre del lugar desde donde estás yendo (porque luego no es tan fácil regresar); con el simple hecho de que le digas a alguien el lugar y señales un camión, tren o taxi, en la mayoría de los casos la gente entiende que quieres ir a ese destino; en el caso de querer comer algo, basta con señalar algo en el menú para ordenar, y se vuelve todavía más fácil si el menú tiene una imagen de lo que se está pidiendo, ya que de lo contrario se corre el riesgo de ordenar algo que nos puede parecer grotesco (no porque lo sea, sino porque no estamos acostumbrados a comerlo). Y en general, cualquier situación en la que con poco que se nos entienda la idea se transmita al interlocutor, es suficiente para sacarnos del apuro. Pero, ¿qué pasa cuando nos sentimos mal? ¿cuando algo nos duele y necesitamos especificar qué nos está pasando?

Para mí, ir al doctor es una de las pruebas más efectivas para verificar el nivel del idioma que se tiene. Y aunque aquí también aplica el comunicar la idea principal a medias, con la salud no podemos andarnos con conformismos ni terminos medios; es necesario ser tan específicos como sea posible para que el diagnóstico sea el acertado. ¿Qué nos duele? ¿Cómo nos duele? ¿Qué sentimos? ¿Cómo lo sentimos?

Ir al médico con una persona que funja como traductor puede ser un arma de doble filo si esa persona no conoce a fondo los 2 idiomas, y lo que se le comunica al doctor es la interpretación que la otra persona realizó con la información que nosotros le proporcionamos. En resumen, se corre el riesgo de caer en “teléfono descompuesto”, y los más afectados somos nosotros porque de ello depende que nos atiendan propiamente, y por ende, que nos curen del malestar que suframos.

Los japoneses se pasan de amables, especialmente cuando quieren comunicarse en un idioma diferente al suyo. Para bien o para mal, ellos saben que su idioma no es fácil para un extranjero, y por ende suponen que éste no habla japonés si no tiene  rasgos medianamente asiáticos. Eso sí: las reacciones son diferentes dependiendo de la persona. Hay quienes intentan hablarte en inglés usando las pocas palabras que conocen; otros buscan a alguien que pueda hablar inglés, conscientes de que ellos no pueden, y otros simplemente te dan el cortón sin decir nada más. Pero, ¿en un hospital? El doctor no tiene de otra más que intentar comunicarse de la manera que pueda; algunos hablan inglés bien, pero otros, no tanto, y en el caso de que no se puedan comunicar bien, el diagnóstico de la situación se vuelve parte de un acto de adivinación sin bola de cristal.

Hace algunos ayeres, me tocó acompañar al doctor a un mexicano que vino a estudiar su posgrado acá. Se había caído de la bicicleta unos días antes y se había golpeado la parte baja derecha del estómago, y además tenía fiebre. Cuando fuimos al hospital y expliqué los síntomas, el doctor inmediatamente asoció el golpe y la fiebre con una posible apendicitis (no me pregunten, yo no soy médico), y casi casi decía que había que operar tan pronto como fuera posible. Lo que le quería explicar era que los síntomas de la fiebre tenían un par de días antes de la caída en la bicicleta, y que quizás se debían a un resfriado. pero  el doctor no hizo mucho caso y quería que se programara la operación. Salimos del lugar, nos dirigimos al centro de salud de la universidad, expliqué la situación al médico en turno, asintió, y trató al compatriota de las 2 cosas por separado, descartando por completo la apendicitis.

Ciertamente, en una escuela de japonés no te pueden preparar para cada posible caso por los que se puede ir a un hospital; pero aunque hay lecciones para enseñar a expresar las situaciones más comunes durante un chequeo médico, lo mejor es ponerse las pilas y aprender al menos varios patrones para expresar, tan preciso como sea posible, qué nos sucede.

Estudiantes del idioma japonés: tomen nota de todo esto, porque, cuando anden por acá, puede ser la diferencia entre sufrir una operación y tomar unas cuántas pasillas por menos de 1 semana, añadiendo obviamente la cantidad de dinero que se pagaría en caso de tener que hacer algo que no es necesario.

Agregando fotos

Dicen que cuando se está de vacaciones es cuando más ocupado se vuelve uno. Es exactamente mi caso, especialmente porque mi descanso comenzó con el Tokyo Game Show 2014.

Sí, vivo en Tokyo, pero el evento se realiza en el Makuhari Messe, que está en Chiba, y hago hora y media de camino, o sea que no he extrañado ir a trabajar en estos días.

Hoy me puse a responder correos que me enviaron con preguntas referentes a la beca y a vivir en Japón, y al mismo tiempo aproveché para abrir una cuenta en Flickr y comenzar a subir fotos.

Pensé mucho en qué servicio debería agregar las fotografías que tomara, y después de leer varias reseñas y preguntarle a algunas personas su opinión, me decidí por Flickr. Los que tienen ya tiempo leyendo mis chocoaventuras recordarán que antes subía las fotografías aquí mismo usando Gallery, pero sinceramente ahora no me puedo dar el tiempo para estar administrando otro servicio, preferí usar algo ya existente. A ver cómo me va.

Por lo pronto, pueden revisar las fotos directamente haciendo click en la que aparece a la derecha y de ahí pueden ir pasando a las siguientes, de una por una, o pueden ir directo a mi Flickr.

Mañana me lanzo de nuevo al TGS 2014. Sé que será una verdadera aventura porque ya es día normal, lo que significa que habrá un mar de gente en todos lados. En sí, quiero ir a ver el torneo de Ultra Street Fighter IV que se llevará a cabo en el stand de Mad Catz. Voy a terminar muerto, pero lo bailado nadie me lo va a quitar.

Ahí la llevo con los años maravillosos. Paciencia por favor, ya saben lo “cortos” que suelen ser esos escritos.

Al fin con tiempo

Como podrán darse cuenta, agosto fue un mes pobre para el blog. Esto se debió a un montón de cosas que tuve que hacer fuera del trabajo: documentos, trámites, temas que estudiar, etc. etc. Y no es que haya dejado todo para el último; simplemente todo se juntó y todo tenía que salir a como diera lugar.

De entre todo lo que hice, una parte fue exitosa, otra no lo fue (pero para mi fortuna no dependió de mí). Pero independientemente del resultado no favorable, al menos llegué a septiembre entero.

He tenido mucho que pensar en los últimos 3 meses. Curiosamente, me he topado de nuevo con paredes y comentarios “retadores”, estilo cuando recién llegué a este lado del mundo hace 11 años y medio, pero con la experiencia ganada en aquel entonces, fue mucho más fácil tratarlos. En fin, uno no es moneda de oro para caerle bien a todos.

Claro que no todo ha sido malo. El poco tiempo que tuve lo dediqué a practicar speedruns de Zelda, A Link to the Past. He bajado el tiempo de 1h59m a 1h39m12s, y hay todavía mucho por mejorar. Al principio jugaba en emulador (SNES9X), pero me puse la meta de comprar un Super Famicom (SFC) cuando pudiera hacer un “run” sin morir, y fue justo lo que hice cuando eso sucedió.

SuperFamicom

Encontrar un SFC no fue nada difícil; abundan en los BookOff, y en Super Potato también se encuentran muy fácilmente. El precio ronda entre 3 y 7 mil yenes, depende del estado de la consola, y si quieren algo ya con caja, 2 controles y mucho mejor tratado, el precio se eleva a alrededor de 12 mil yenes; pero si quieren uno nuevo, es posible encontrarlo en internet en 45 mil yenes… Por esa cantidad, mejor me compro un PS4. Pero lo que no sufrí en encontrar la consola, lo medio sufrí al momento de buscar el juego, no porque sea difícil encontrar, sino que para hacer speedrun tiene que ser la versión 1.0, y aunque identificar la versión viendo la parte trasera del cartucho no es muy complicado, encontrar esa versión sí tomó un rato de búsqueda. Afortunadamente, después de un par de horas, ya la tenía en mis manos.

Si alguien está interesado en ver mis intentos de speedrun en vivo, éste es mi canal en Twitch:

http://www.twitch.tv/mmedinajp

Si le dan click a “Follow” y hacen una cuenta en el sitio, les manda un correo avisando cuando estoy transmitiendo, que por lo general es los fines de semana.

Lo que sigue ahora es darme un tiempo para no estar tan ajetreado. Ciertamente a los planes que tengo aún les faltan preparativos, pero después de varios meses de andar en modo de desesperación, es necesario relajarse un poco en vista de lo que viene. Escribir en el blog es una parte de esa relajación, y les puedo adelantar que la última parte de “los años maravillosos” está ya siendo escrita. De la misma manera, hay un par de arcos de historia que quiero escribir una vez que eso termine; todavía no termino de definirlos bien, pero lo que es seguro es que serán respecto a mi vida en Japón, y algunos de ellos tratarán más a fondo historias que han sido brevemente mencionadas aquí en el blog. De la misma manera, hay temas que todavía tengo en el tintero y que me gustaría ir sacando poco a poco. Espero al menos mantener un mínimo de un post por semana, aunque sea pequeño.

Para concluir este breviario cultural, muchas personas me han contactado en Twitter para preguntarme mi correo electrónico, ya que no está visible en ninguna parte del blog. Lo dejaré en alguna de las barras para lo que se pueda ofrecer. Recuerden que todo lo que me llega lo leo y trato de responder a todos, pero hay casos en los que me tardo en responder, y otros que, sin ser mala onda, se me pasan; si lo último pasa, les pido de favor que no sean malos y me manden un recordatorio (no que me la recuerden :P). Las cosas no se me olvidan por mala onda, sino que a veces tengo tanto en qué pensar que se me pasan varios detalles.

Sigo vivo :D

En un lugar inesperado

Cuando llegué a Japón en abril de 2003, la primera noche la pasé en Narita, sin imaginarme cómo era el lugar en el que pasaría los próximos años. Había leído sobre Fukuoka, y prácticamente todos los comentarios eran buenos al respecto. Me emocionaba ir a un lugar como ése, pero, como ya están enterados, la ciudad a donde llegué y estuve durante largo tiempo es Iizuka. No me lo esperaba, pero estar en el campo japonés me ayudó a entender y valorar mi origen como mexicano.

8 años y medio después, me mudé a Tokio. El primer lugar donde viví lo escogí principalmente por condiciones laborales, y casualmente terminó estando cerca de Akihabara (me podía ir caminando). Ya saben lo que pasó en ese lugar y por qué me salí de ahí.

La ciudad donde habito ahora sigue estando en Tokio, pero muy cerca del límite norte con Saitama. La idea era encontrar un lugar alejado del bullicio de la metrópoli, pero que no afectara tanto el transporte hacia la empresa anterior. Así fue como, sin realmente planearlo, terminé en Higashi Kurume.

Tokio está compuesto por 23 distritos especiales (llamados en japonés “Ku” 区), 26 ciudades en el área de Tama (al oeste de los distritos) y una serie de islas. Lo que generalmente vemos en noticias, imágenes y demás corresponden por lo general a alguno de los 23 distritos, que a continuación listo:

  • Adachi (足立区)
  • Arakawa (荒川区)
  • Bunkyo (文京区)
  • Chiyoda (千代田区)
  • Chuo (中央区)
  • Edogawa (江戸川区)
  • Itabashi (板橋区)
  • Katsushika (葛飾区)
  • Kita (北区)
  • Koutou (江東区)
  • Meguro (目黒区)
  • Minato (港区)
  • Nakano (中野区)
  • Nerima (練馬区)
  • Oota (大田区)
  • Setagaya (世田谷区)
  • Shibuya (渋谷区)
  • Shinagawa (品川区)
  • Shinjuku (新宿区)
  • Suginami (杉並区)
  • Sumida (墨田区)
  • Taitou (台東区)
  • Toshima (豊島区)

Higashi Kurume es una ciudad tranquila si la comparamos con el área metropolitana de Tokio. De hecho, cuando alguien viene para acá esperando (para bien o para mal) encontrarse con edificios altos, montones de gente en las estaciones y un mar de carros, se llevan la sorpresa de que no es así. Ciertamente hay calles que se llenan de carros y toma tiempo salir de ellas, pero esto se debe a que sólo hay un carril de cada lado, y no son pocos los que quieren dirigirse al este de Tokio.

Hace unos meses, hice una transmisión en vivo en mi canal de Ustream, en donde muestro una parte de los alrededores de esta área de Higashi Kurume, puesto que vivo  relativamente lejos del ayuntamiento.


Broadcast live streaming video on Ustream

Ustedes perdonarán tanto movimiento de cámara, pero estos videos los grabo con el teléfono mientras camino.

Todo muy bonito, sí, pero… ¿qué tiene de especial este lugar? Es ahí donde entra el factor sorpresa, si es que les gusta la animación japonesa, y en especial un autor y una obra que es de mis favoritas.

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Mascotas

Cuando era niño, veía que familiares y vecinos tenían mascotas, pero yo no. La situación en la casa no permitía criarlas. Sin embargo, un buen día nos tocó que mi tía, quien tenía una bonita perra raza maltés, nos regalar uno de los perritos que acababan de nacer. ¿Mascota? ¿Gratis? ¿De un familiar? En la casa no tenían pretexto para decir que no.

Fue así como me hice de mi primer (y único) perro: Scrappy. Sip, veía Scooby Doo en ese entonces y tenía como 5-6 años. Era obvio que lo nombraría como algo que me gustara en ese momento.

Para mí, era el principio de una etapa: tener mascota. Sin embargo, para Scrappy fue, sinceramente, el principio del infierno., y nunca me he sentido orgulloso de decir eso.

A grandes rasgos: nadie me enseñó cómo se tenía que criar un perro. Era mi responsabilidad, sí, pero sin una guía que me dijera lo que estaba bien y mal, hice las cosas como mejor pude o intuí. ¿El resultado? Scrappy rara vez salió del patio trasero de la casa. Como no estaba acostumbrado a salir, cuando veía la puerta abierta corría hacia la calle como si el mundo se fuera a terminar en ese momento, y atraparlo y traerlo de regreso era cada vez una tarea más difícil.

Claro que jugaba con él en el patio, y era mi compañero inseparable cuando había que “exterminar” a algún roedor que hubiera entrado a la casa. Pero de sacarlo, nada.

Rara vez lo bañaba, por lo que el pelo se le comenzó a convertir en bolas que se hicieron difíciles de cortar, y en las pocas veces en las que llegaba a bañarlo no puedo describir el olor que despedía.

Era mi perro, mi compañero, y yo, sin saberlo, lo hice sufrir prácticamente toda su vida.

Scrappy me acompañó en mi camino durante 13 años. Todavía recuerdo el día que mi papá se lo llevó: tenía días que casi no se movía y ya casi no comía; tardaba en voltear cuando lo llamaba. Se notaba cansado, pero muy tranquilo. Mi mamá se dio cuenta, habló con mi papá, y él se lo llevó. ¿A dónde? Nunca lo supe, y sinceramente no tengo el valor de preguntar.

Fui un mal dueño, pero su partida me dolió tanto que desde ese día hasta la fecha nunca he tenido ninguna otra mascota. Las otras que llegaron a la casa cortesía de mi hermana (que en pocas palabras es Elmyra, de los Tiny Toons, porque tiene mascotas pero nunca las cuida) yo terminaba atendiéndolas, quizá como forma de reparar el daño que le causé a Scrappy. Desde tortugas hasta pájaros, cada semana era una nueva mascota en la casa traída (sin permiso) por mi hermana, y todos menos ella teníamos que hacernos cargo de ellas.

¿Que si me gustaría tener otro perro? Sí, algún día, cuando esté seguro que puedo tratarlo al menos la mitad de bien de lo que hubiera querido tratar a Scrappy.

¿A qué voy con todo esto? A que muchas veces se nos olvida que las mascotas son seres vivos, y que como dueños tenemos una responsabilidad con ellos. No serán humanos, pero sienten, y quieran o no, están ahí para apoyarnos,

En Japón, la situación de las mascotas, especialmente perros y gatos, es preocupante precisamente por la falta de sentimientos de los dueños; algunos incluso consideran a los perros de igual forma que una bolsa de Louis Vuitton: sólo para darles estatus social.

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11 años – El tiempo vuela

Dicen que cuando te diviertes, el tiempo pasa volando. Aunque no puedo decir que este año fue pura diversión, realmente sí sentí que el número once llegó muy rápido.

Como pudieron notar, el blog estuvo sin contenido nuevo por espacio de 3 semanas. Comencé una entrada nueva, pero la dejé a medias, y es hora de que todavía no termino de editarla. Se me juntaron un buen de cosas a finales de marzo, y hasta ahora me pude sentar y tener tiempo para mí… lo cual no es bueno, porque siempre debo de hacer tiempo para lo que me gusta.

En fin. En el último año he visto muchos casos de odio/amor hacia Japón por parte de extranjeros. Como ya saben, cada quien habla de la feria como le fue en ella, y aunque es cierto que los comentarios positivos son mayoría, los negativos llaman mucho la atención. Mención especial a los que denuncian racismo por acá, aunque lamentablemente es algo a lo que nos tenemos que enfrentar (nada más intenten rentar un departamento por acá…).

Tenemos el caso del equipo Rojos de Urawa, quien por poner un letrero de “Japanese Only” en una entrada del estadio le costó un juego a puerta cerrada; también el caso de un restaurante que niega la entrada a extranjeros argumentando “falta de modales”… No son situaciones nuevas, pero ahora están sonando mucho más porque contrastan con el famoso O-MO-TE-NA-SHI que Japón “vendió” para que Tokio obtuviera los juegos olímpicos del 2020.

En lo personal, la policía me paró 2 veces (nada nuevo), lo curioso fue que una de ellas fue en la estación de la casa, lo cual sí me sorprendió. A final de cuentas no pasa de una inspección de rutina, y luego una mini charla sobre México, etc., etc. Me tocó también pagar la renovación del contrato de la casa, lo cual me dejó en la quiebra en marzo. Explico:

En Tokio (y no sé si en otras partes de Japón, pero en Iizuka nunca me tocó algo similar), los contratos de renta de casas son por 2 años, y cuando expiran, hay que renovarlos, lo que significa que hay que pagarle a la agencia inmobiliaria la módica cantidad de un mes de renta nada más de la pura molestia. O sea, 2 meses de renta en uno. DOUBLE COMBO. Ni modo. No puedo decir que no estaba preparado, pero de todas formas, sí pega.

También tenemos que ya pagamos más IVA (conocido acá como 消費税, shouhizei, impuesto al consumo): de pagar 5%, ahora pagamos 8%. Todo subió de precio; minúsculamente, pero subió. Fue divertido ver a cantidades industriales de personas haciendo compras “de último minuto” antes de que el impuesto subiera: Súper televisiones de 60″ para arriba, carros, el súper de un mes… ustedes saben: #FirstWorldProblems

Pero quizá lo que más puedo comentar de este último año que he estado por acá es que me hizo despertar en varios sentidos, y al mismo tiempo, me hizo recordar por qué estoy aquí y por qué me gustó y me sigue gustando) Japón… pero también resaltaron los aspectos negativos (que varían de persona en persona), y al final todo queda en una balanza que hay que saber nivelar.

Hace un par de semanas platiqué (después de fácil unos 5 años) con uno de mis mejores amigos en México, y la plática y sus comentarios me ayudaron a despejar un par de dudas que tenía respecto a mí mismo y a la situación que me ha tocado vivir de este lado del mundo desde que llegué a Tokio. Fue una plática refrescante, porque él es uno de los que me conoció desde la prepa, y por tanto sabe por todo lo que pasé para llegar a este lugar y hacer lo que vine a hacer, y fue precisamente lo que mencionó. Creo que tener tantas cosas en la mente, aunado con mi personalidad de NUNCA estar conforme con nada, me nublaron la vista y me hicieron dudar de lo que viene. Por fortuna, parece que la costa se aclara y que el barco vuelve a tener rumbo.

El año pasado, cuando cumplí 10 por acá, hice un recuento de lo que había vivido durante ese tiempo en Japón. Ahora, teniendo 11 años aquí, y 2 años y medio en Tokio, tocó hacer un resumen de lo que este año me ha traído.

Tengo un buen de chismes que contar, pero lamentablemente algunos tendrán que esperar, tanto por discreción y respeto hacia algunos colegas, como por precaución. Todo a su tiempo. Sólo espero que este año ese tiempo no me vuelva a dejar como novia de rancho. Ya hace falta que nos reconciliemos.

11 años… Cada día después de haber obtenido el doctorado es un nuevo récord, porque nunca me pasó por la mente de que estaría todavía aquí en 2014.

Nueva cara

Fácilmente tenía años (sin exagerar) queriendo cambiar la fachada del blog. Alguna vez le pedí a un amigo el favor de crear un diseño original para este sitio, pero entre ocupaciones y trabajo nunca se concretó nada. Y aunque tengo una idea para darle un toque único a esto, creo que esperaré un poco para llevarla a cabo.

De momento, le puse este tema. De entre muchos que busqué fue el que más me llamó la atención, pero no sé… no termina de convencerme. Quizá haya funciones rotas, imágenes fuera de márgenes, etc. etc. Les pido de favor que si encuentran algo que no funcione como debe me avisen para corregirlo.

Aproveché para actualizar el blog. Por una extraña razón el plugin “WordPress automatic upgrade” ya no me mostró ninguna actualización desde la versión 3.7 y WordPress ya iba en la 3.8.1; además, no podía instalar plugins directamente desde el dashboard. Busqué durante algunos días y encontré posibles soluciones, pero ninguna de ellas funcionó, así que me di a la tarea de actualizar todo “a mano”, y de paso hacer las actualizaciones futuras mucho más fáciles sin necesidad de depender del plugin arriba mencionado.

Se aceptan sugerencias sobre el aspecto estético de este lugar.