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La categoría donde van los posts sobre la vida diaria y lo que no quepa en las demás.

Sigo vivo y ocupado

Me pasó otra vez: montón de cosas que hacer en el trabajo, y ni se diga en la casa, y cuando menos recuerdo ya es casi el fin de noviembre y esto sigue sin actualizarse.

No es que no haya hecho nada sobre el blog; tengo 3 escritos a la mitad (cada uno sobre un tema diferente) y he estado respondiendo comentarios y correos en la medida de lo posible. El problema es que no he terminado :/ A las personas a las que les debo respuesta de los comentarios o de algún correo (sea o no con respecto a Japón), les pido un poco de paciencia. Como saben, todos los correos que me llegan y todos los comentarios del blog los leo y respondo, nada más que a veces me tardo.

Después del viaje a México comenzó un proyecto interesante en el trabajo, que lamentablemente se fue al caño por varias circunstancias que pueden o no tener relación con quien lo está dirigiendo, y eso me ha causado una cantidad de estrés impresionante. Digo, no es nuevo que pongan de líder a alguien que ni idea tiene de cómo hacer lo que se tiene que hacer, pero la actitud tiene mucho que ver, porque nadie nace sabiendo y no es pecado ignorar las cosas, pero sí hay problemas cuando dices cosas sin sentido. En fin, cuando llegue el momento les contaré con detalle qué onda al respecto.

En la casa, mi hijo sigue creciendo y creciendo, y con eso también aumenta la energía que tiene, mientras que la mía y la de Emi termina diario no en ceros, sino como en -100. Trae un ritmo imparable, y por más que lo cansemos no podemos hacer que se duerma antes de la medianoche. No cambiaría por nada el tiempo que paso con él, pero sí necesito que se duerma temprano para poder hacer mis cosas también. Las peripecias de ser papá.

En fin, hay mucho que quiero escribir aquí, pero de nuevo será poco a poco en lo que recupero el ritmo, y eso significa literalmente “en lo que encuentro el punto exacto donde hay que darle el karatazo a los niños para que caigan dormidos”.

Saludos a todos, y aquí sigo.

Viajando a México – 4 años después

Había muchas razones para viajar a México después de tanto tiempo, pero hubo 2 en particular que me motivaron a hacerlo aunque la cartera dijera lo contrario: mi familia en México y mi familia de aquí.

La razón era simple: necesitaba ver a mi familia allá y que ellos vieran y conocieran a mi familia acá, en especial a mi hijo, pues a mi ahora esposa la conocen desde la primera vez que la llevé a México, hace casi 7 años… ¡vaya que pasa el tiempo muy rápido! Obviamente hay razones de más peso y de mayor profundidad, pero no vienen al caso en este momento, por lo que las omitiré.

El viaje además sería perfecto para que mi esposa ahora sí experimentara México de forma más “completa”, ya que la vez pasada sí fue de pisa y corre. Ciertamente esta vez tampoco fue una estadía muy larga, pero al menos fue un poco más que la anterior, y como ahora sí nos quedaríamos todo el tiempo en casa de mis padres, tendría la oportunidad de convivir y conocer a mi familia y nuestras costumbres y tradiciones.

Dicho lo anterior, permítanme expresar mis totales y absolutos respetos a quienes viajan en avión con niños de entre 1 y 4 años de edad, en especial a aquellos que recorren grandes distancias en el aire. No importa cuánto te prepares (material y emocionalmente), nunca estarás del todo listo para afrontar la situación. Compré juguetes, cositas para entretener al niño, bajé 100  de sus videos favoritos de Youtube a mi teléfono para poder apaciguarlo en caso de ser necesario; nos aseguramos de tener suficiente de sus botanas favoritas (churritos de camarón y galletas sabor verduras); más pañales de los que humanamente pudiéramos haber pensado llevar en el avión; cambios de ropa; etc. Y es que hay que ver que mantener  entretenido a un niño de esa edad por espacio de 13 horas en un espacio muy reducido es realmente una hazaña que debería registrarse como heroica.  Y ni hablemos del equipaje registrado: 2 mega maletas llenas de ropa y accesorios para él. ¿Mi ropa? Cupo en una mini maleta extra que llevamos, y la de mi esposa igual.

No los aburriré con detalles sobre cómo sobrevivimos el vuelo de Tokio a Houston, pero aunque parezca increíble, el vuelo que nos conectó a Guadalajara fue mucho más pesado, comenzando porque, como buenos mexicanos, no había realmente una fila para subirse en el avión, sino que era algo estilo “métase el que pueda”, hasta que los de la aerolínea pusieron algo de orden. Todavía no llegaba a México y ya me sentía en casa…

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Grata sorpresa

Aunque sé perfectamente que no es así en todos los casos, me dio gusto encontrarme con que no todo es necesariamente malo con el servicio al cliente fuera de la tierra del sol naciente.

Necesitaba una sim card para mi teléfono para usarla en el tiempo que estaría fuera de Japón. Según había leído, sí era posible conseguirla por acá, nada más había que ir a uno de esos lugares donde te atienden después de mil años, explicar el caso, y salir con tu teléfono ya funcionando. Después de todo, para eso están los teléfonos “sim free”.

Fue un proceso mucho más complicado de lo que parecía. El problema es que ninguno de los que atendían sabían el procedimiento para hacerlo, aun cuando está en sus manuales. Sin embargo, la chica que me atendió, muy bonita por cierto, tuvo paciencia y ganas de aprender, y se la pasó preguntando a compañeros y supervisores hasta que, probando aquí y allá, y aguantando también que yo le dijera que lo que ella me estaba ofreciendo y lo que había visto en un folleto que me habían dado el día anterior era diferente. Gracias a eso, después de como hora y media, salí con 1.5 GB de datos para usarse en hasta 30 días.

¿La red? Lamentablemente no tan buena como me lo imaginaba, pero se puede usar y eso es lo importante.

Miriam Rubio, del centro de atención Telcel en Plaza Forum Tlaquepaque: ¡mil gracias por todo! Me diste una excelente impresión y ejemplo de cómo debe ser el servicio al cliente en México.

Ah, sí. Ando de vacaciones en mi rancho, después de más de 4 años de no hacerlo. Ya luego les contaré los pormenores, pero por lo pronto les comento que, más que viaje de placer, es un viaje para ver a mis papás.

¡Eso es Japón! vs ¡Eso no es Japón!

A ver. Antes de publicar cualquier otra cosa, quería comentar al respecto de esto que el mundo vio hace unos días y que, en general, fue bien recibido:

En la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos de Rio de Janeiro, Japón hizo la presentación de Tokio como pŕoxima sede de la justa veraniega. Esto causó furor en mucha, pero mucha gente alrededor del mundo porque mostró, en cierta medida, la parte que generalmente el mundo ve y percibe de Japón: cultura pop.

  • Tsubasa y Misaki ✔
  • Doraemon ✔
  • Mario ✔
  • 椎名林檎 (Shiina Ringo) ✔
  • Pacman ✔
  • Hello Kitty ✔

Y un montón de detalles que la gente ha encontrado.

Como en todo, salieron las exageraciones por los dos lados:

  1. Que si lo presentado era totalmente la cultura pop japonesa y que todo es súper chido y Japón es perfecto.
  2. Que eso no es Japón y terminará dañando su imagen. Incluso algunos hablaron de “falta de respeto de Japón hacia sí mismo”…

Algunos comentarios incluso se atrevieron a decir que Japón ya tiene todo preparado para el 2020, salvo algunos pequeños detalles. Cierto: mucha infraestructura ya está ahí y hay muchos planes, pero no están todavía preparados, y han surgido problemas relativamente serios con respecto a las olimpiadas.

Ignoremos, por el momento, el hecho de que Katsuhiro Otomo, en su obra Akira, “predijo” hace unos 30 años que Tokio sería la sede en el 2020, porque sabemos cómo terminó todo y no queremos que eso suceda.

akiraolympicstadium

El caso es: ni muy muy, ni tan tan. Sí: Japón es mucho, pero mucho más que anime, videojuegos, y cultura pop, pero el hecho de que hayan usado partes de eso en un evento como el descrito arriba indica que Japón sabe a qué le está tirando y entiende (o trata de entender) la visión que el extranjero tiene de él. A eso le tiró, y le salió, por la sencilla razón de que, en efecto, mucho del Japón contemporáneo se percibe con esa imagen.

Los mismos japoneses describen a su país ya no como el lugar del “wabisabi“, sino del “wabisabi moe“, porque, aunque la gente siga “odiando” a los otaku, es innegable que eso mueve mucho dinero, y que muchos extranjeros vienen a Japón enganchados por algo referente a esa cultura pop.

SailorSaturn

Mario es también un personaje bastante conocido alrededor del mundo, y por ende con mucha presencia. Independientemente si Nintendo pagó o le pegaron por usar a Mario ahí, es un representante excelente precisamente porque el público sabe quién es y qué hace, y la música al final de la presentación le dio el toque que muchos fans no sabían que querían pero enloquecieron de todas formas.

A lo largo de los años, en este blog he hecho el esfuerzo (mínimo, cierto, pero espero que cuente) sobre lo que es y no es Japón, y aunque trato de mostrar muchas de las facetas que normalmente la gente no ve, no conoce y ni necesita conocer, la realidad es que la mayoría de la gente que vendrá a Tokio en 2020 viene, además de a ver las competencias de los juegos olímpicos, a encontrarse con el mundo que se han imaginado durante mucho tiempo y que el mismo Japón usa para mostrarse al extranjero (vean el caso de Kyary Pamyu Pamyu y la serie de conciertos internacionales que tiene… cuando aquí solo atrapa a gente muy joven y la gente mayor ni la fuma). Japón no se iba a mostrar como algo 100% tradicional, estilo “solo karate” o “samurai y ninja por todos lados”, porque, aunque eso es parte de ello, no es lo que va atraer más gente, y a poca gente en el extranjero le interesaría ver si alguien estilo Sakamoto Ryoma está en los promocionales, pósters o comerciales de Tokio 2020.

pabellondeorokyoto

Como mencioné arriba: sí, Japón es mucho más que cultura pop, y sí, creo fervientemente que hay mucho más que ver por acá que el Gundam de Odaiba, las “maid” en Akihabara, las arcadias de 6 pisos, las películas de anime en el cine… pero eso, para bien o para mal, también es parte del país, y es una que atrae a mucha gente fuera de él. Entonces, ¿cuál problema?

  • Si ustedes vienen nada más a ver los juegos olímpicos: perfecto.
  • Si ustedes vienen también para ir a una maid café y a cantar en el karaoke canciones de anime y estar en Akihabara todo el tiempo: perfecto.
  • Si ustedes vienen también para ir a los templos y conocer algo de la historia y tradición japonesa fuera de las olimpiadas: perfecto.

A riesgo de que Édgar, de WorldMeetsJapan, venga y me diga que quite lo siguiente porque no es información fidedigna, revisen lo que es el movimiento “Cool Japan“. Édgar les puede hablar muy detalladamente al respecto y ponerlos al corriente, pero sería bueno que conocieran de qué va eso.

Faltan 4 años para Tokio 2020. Es hora de comenzar a ahorrar. El evento, aun con sus dificultades técnicas, pinta para estar de lujo, así que es su oportunidad de por fin visitar Japón, y aprovechar para pasar a saludarme y traerme algo de comida y dulces 😀

Por cierto, sí estoy considerando seriamente lo de ser guía de turistas y traductor oficial por acá durante ese tiempo, si es que todavía estoy en Japón. Me pregunto si alguna televisora consideraría contratarme…

Singapur 

Tengo 4 años laborando en la compañía, y varias veces me había preguntado si me tocaría viajar de negocios. Con el paso de los años, comenzaron a salir pequeños “viajes”, primero dentro del mismo Tokio, luego a otras prefecturas en Japón. La semana pasada, fue la primera vez que tuve que salir del país por trabajo. Destino: Singapur.

Puede sonar bonito cuando escuchas que alguien va a viajar de negocios a algún lado, pero como muchos se pueden imaginar, está muy distante de ser placentero, menos cuando te toca trabajar con japoneses y quieren seguir el ritmo de trabajo que tienen en su país.

El caso es que el viaje fue por demás agotante. Primero, teniendo que viajar con alguien de la empresa (afortunadamente no en asientos contiguos); luego, olvidarte de cualquier libertad a la hora de la comida y después de salir de trabajar (ya se la saben: el típico”vamos a cenar” y luego a beber… y no olvidar que uno no tiene voz para escoger qué quiere comer).  Sí, estrés. Estoy totalmente de acuerdo en que uno no va con afán de ser turista, pero el hecho de que te quieran tener encadenado hasta que los jefes se cansen y te dejen en la recepción del hotel es asfixiante en toda la extensión de la palabra.

Aunque creo que lo que fui a hacer allá bien podría haber sido discutido en una vídeo conferencia, al menos puedo mencionar que el poco tiempo que tive para mí (y que está mostrado en Periscope) me sirvió para refrescarme de Japón y recordar lo que es la vida fuera del ojo que todo lo ve en la sociedad japonesa. Singapur es un país producto de mezclas de cultura, y la diversidad se siente en el aire, y eso es un total alivio para alguien que no ha estado fuera de Japón por varios años (la última vez que salí de aquí fue a Guam, en 2013). Fueron pocas horas, pero aunque no hice ningún tipo de actividad, las traté de disfrutar al máximo.

Algo que me da risa es recordar lo baratos que son los taxis fuera de la tierra del sol naciente: un recorrido de 30 minutos al aeropuerto (por vía rápida, sin bajar de 90km/h) me costó 23. 03 dólares de Singapur; ese mismo recorrido en Japón me habría salido en unos 9000 yenes mínimo. Hasta gusto daba subirse a un taxi y encontrarte con que no te va a costar un ojo de la cara. Para que se den una idea, el banderazo en Tokio ronda los 720 yenes, y de ahí obviamente por distancia. Un recorrido de 15 minutos para regresar del ayuntamiento a la casa en Tokio me cuesta 1500 yenes aproximadamente…

Huelga decir que terminé muerto y llegué de vuelta a Japón en estado “zombie”. Se les ocurrió ponerme en el vuelo nocturno para llegar a Tokio a las 6:30 am, justo en el primer día del EVO 2016… Pero tengo que mencionar a fuerzas a Singapore Airlines: sin lugar a dudas, la mejor en la que he viajado. 295 películas en demanda, y yo sin ir al cine desde hace un buen… terminé viendo las siguientes películas:

  • 10 Cloverfield Lane
  • The Revenant
  • Deadpool
  • Zootopia

En efecto, no había visto ninguna de ésas. El vuelo de ida fue por la tarde, así que no hubo problema, pero el de regreso sí me pegó el cansancio, y antes de que digan que habría sido mejor dormir, dejen les cuento que no puedo dormir en camiones o aviones; nunca logré perfeccionar la técnica de dormir en ese tipo de asientos, lamentablemente. Si acaso, cuando estoy muy cansado, duermo a lo más un par de horas.

Mencioné un poco más arriba que no tuve oportunidad de escoger lo que quería comer, pero no por eso dejé de disfrutar las delicias de la cocina singapurense, patrocinadas obviamente por la empresa; el punto es que, por ser de culturas diferentes, los platillos que a los japoneses les parecen un manjar o algo para estar emocionados, para mí necesariamente no lo son, y por ende no me puedo sorprender de la manera que ellos esperan.

Por la naturaleza del proyecto en el que estoy participando, creo que es probable que vuelva a ir a Singapur, aunque no será pronto. Pero la siguiente vez, intentaré que me hospeden en el hotel que muestra la foto de arriba: Marina Bay Sands. La alberca infinita que tiene en el último piso es una tentación difícil de resistir, pero solamente pueden mandar en ella los huéspedes del hotel. Y a ver si esta vez al menos me dan tiempo para darme una vuelta.

Ligas a los Periscope que hice desde Singapur:

Residente permanente

Llegué a Japón por segunda vez en mi vida el 2 de abril de 2003. Y ahí comenzó la aventura que hasta el día de hoy sigo viviendo.

Una buena parte de lo que me ha sucedido por acá ya se ha contado en este blog, pero hay algo en específico que creo que nunca he mencionado:

En Japón, las visas se manejan como “estatus de residencia”. Existen muchos tipos de estatus; aquí pueden ver una lista (en inglés) describiendo brevemente cada uno de ellos. La odisea de obtener el preciado estatus comienza  desde antes de llegar a Japón. Huelga decir que obtener un estatus de residencia por cuenta propia es difícil, a menos que

  • Estés aceptado en una institución educativa en Japón.
  • Estés aceptado en una compañía que labora en Japón.
  • Estés casado con una persona de nacionalidad japonesa.

Por supuesto, si estás casado y tu cónyuge trabaja en Japón (aunque no sea japonés y su estatus sea legal) puedes obtener el estado de dependiente.

La cuestión del estatus de residencia apropiado es importante, porque cada uno te limita en los tipos de actividades que puedes desempeñar de este lado del mundo, y cada vez que cambies de trabajo o de actividad principal, debes revisar si tu estatus te permite realizar la actividad deseada. Por ejemplo, siendo estudiante no puedes trabajar, pero puedes pedir un permiso que te permite hacer cierto tipo de trabajos hasta 28 horas semanales o 40 en época de vacaciones; si tu trabajo es programador y te cambias a un área administrativa, debes cambiar tu estatus o de lo contrario corres el riesgo de ser sancionado.

Las meta de las personas que quieren vivir en Japón por largo tiempo o de manera permanente es obtener un estatus que no limite las actividades laborales que se pueden realizar, o al menos, un estatus por una duración de más de un año, para evitar el martirio que es ir a la oficina de migración a hacer el trámite (en Tokio, Osaka o Fukuoka, al menos; en lugares más rurales generalmente no hay gente y no tienes que esperar tanto). Es decir, obtener el estatus:

  • De lo que sea, pero por 3 o 5 años. Se corre el riesgo de que, si cambias de estatus, te vuelvan a dar uno por 1 año solamente.
  • De cónyuge, porque no hay restricciones en los trabajos que puedes realizar.
  • De residencia permanente, la cual tampoco tiene restricciones y ya no hay que renovar el estatus (es como la meta, a menos que quieran hacer la siguiente).
  • De adoptar la nacionalidad japonesa.

Con residencia permanente es mucho más fácil conseguir créditos o préstamos bancarios para carros, casas o similares, puesto que el estatus respalda, en teoría, que no planeas dejar Japón, lo que le da seguridad a las instuticiones de crédito. Asimismo, existen algunas municipalidades en las que es posible participar en comicios electorales con residencia permanente.

Mi historia de estatus de residencia ha sido larga y sinuosa, y  aquí la recapitulo:

  • Estudiante extranjero, 1 año.
  • Estudiante extranjero, 2 años.
  • Estudiante extranjero, 3 años.
  • Ingeniería, 1 año.
  • Ingeniería, 3 años.
  • Cónyuge, 1 año.
  • Cónyuge, 1 año.
  • Cónyuge, 3 años.

El pasado viernes, esta historia llegó a su final. Después de 4840 días de estar en Japón, o sea 13 años y 3 meses, me fue otorgada, al fin, la residencia permanente en este país.

¿Qué quiere decir esto?

Que ya me puedo olvidar de la renovación de estatus anual, que me hacía perder 2 días de mis vacaciones (al menos) para hacer el trámite.

¿Te piensas quedar permanentemente en Japón?

No lo he decidido todavía, pero es una opción que siempre he considerado, y si consideramos algunos sucesos acaecidos a lo largo de dos años de intentos con cierta universidad de cierta entidad federativa en México, la opción de quedarme por acá es cada vez más fuerte.

Entonces, ¿para qué pediste la residencia permanente?

Además de evitarme la molestia de estar yendo con tanta frecuencia a la oficina de migración, en el caso de que me quede en este país me da la oportunidad de comenzar a planear mucho desde el momento en el que lo decida, sin tener que esperar para hacer el trámite ni depender del resultado, porque el proceso de evaluación para ver si te otorgan la residencia permanente es de 6 meses a un año.

Sé que muchos otros mexicanos han obtenido su residencia permanente con solamente haber estado 4 años en Japón, pero en su caso es porque llegaron aquí casados con nacionales japoneses, y ésa es la forma más rápida de obtenerla. Si, en cambio, vienen solos y comienzan a estudiar o trabajar aquí (como su servidor), el camino es largo, porque uno de los requisitos es haber vivido en Japón por al menos 10 años, y tener al menos 5 años consecutivos con un estatus que permita trabajar. Aquí dejo una liga con la lista de requisitos completa, directamente del ministerio de justicia de Japón.

Así que, desde ya, soy un (otro) mexicano en Japón con residencia permanente.

Noten que esto NO ES una guía de visas japonesas, ni de cómo obtenerla, ni tampoco soy autoridad para ayudar a alguien a obtener una. Si están interesados en los tipos de visa, trámites, consejos y demás, hay muchas páginas en internet con apoyo jurídico, incluso en español, en donde pueden encontrar guías al respecto. Google es su amigo.

Algo sobre las nuevas generaciones en Japón y su interacción con la tecnología

Hace mes y medio me enviaron del trabajo a ayudar en la aplicación de un examen de inglés (propietario de la compañía) a una universidad en la que nos habían contratado por primera vez. He asistido a otras universidades en diferentes partes de Japón y me ha tocado ser 実施監督, o sea, supervisor en la aplicación de dicho examen, labor que se resume en:

  • Preparar las computadoras.
  • Escribir instrucciones en el pizarrón y leerlas en voz alta.
  • Resolver cualquier problema técnico que pueda suceder durante el examen.

Noten las negritas en “técnico”. Con la experiencia que tengo en enseñar inglés en escuelas de Japón, sé de antemano que las responsabilidades que te dicen que tendrás siempre se quedan cortas, porque se presentan situaciones que, aunque no deberías de manejar, terminas haciéndolas porque “se espera que ya sepas que eso podría pasar” o de plano la velocidad de reacción de los encargados japoneses es más lenta que una carrera entra la tortuga de la fábula vs. el caracol de Monsters University que quiere llegar a tiempo a clases y termina llegando al salón al final del semestre.

musnail

Como podrán imaginarse, son estos sucesos los que se presentan con más frecuencia. Y para ser sincero, me parece increíble, por decir lo menos. Pero vayamos por partes.

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Un año después

Un año parece eterno, y durante él pueden suceder muchas cosas, pero cuando tu vida cambia por completo y estás todos los días al pendiente de algo, o de alguien, parece como si todo hubiera sucedido en un instante.

Los primeros meses del año pasado eran de expectación. Sabía que me convertiría en padre, y creía que sabía lo que eso significaba (me daría cuenta después de que no), pero conforme la fecha se acercaba, cada vez estaba más nervioso. Y mi primera preocupación no era todavía el día en que naciera mi primer hijo, sino que existía la posibilidad de que no llegara a tiempo para recibirlo.

Emi y yo decidimos que el niño naciera en Iizuka, por diferentes razones, pero la que más peso tenía era que quería estar cerca de su familia cuando eso sucediera, además de que en Tokio, no le gustaría estar sola cuando tuviera que ir al hospital o en caso de una emergencia, puesto que era muy probable que yo estuviera en el trabajo y no llegara a tiempo. Necesitábamos que alguien estuviera siempre al pendiente, y como mi familia está mucho, pero mucho más lejos que la de ella, la decisión era obvia.

No es raro que las japonesas decidan dar a luz en su lugar de origen. A esto se le llama 里帰り出産 (satogaeri shussan). Emi tenía su clínica y médico asignado por acá, pero también ya había reservado, con muchos meses de anticipación, su lugar en el hospital donde daría a luz en su tierra natal. Curiosamente, era el mismo lugar que en el que Emi vino al mundo. El médico de ese lugar le aconsejó regresar a Iizuka aproximadamente mes y medio antes de la fecha programada, y así hicimos los planes.

Sinceramente, ignoro si una persona de casi 8 meses de embarazo puede viajar en avión, pero entre dimes y diretes, y por recomendación de mi suegra, nos aventuramos a regresar a Fukuoka en Shinkansen, idea que a Emi no le agradaba del todo pero yo no estaba en contra; la razón es que el viaje toma más de 5 horas, y aunque es muy placentero y puedes ir viendo diferentes paisajes de Japón, pasar 5 horas así era algo que Emi quería evitar de ser posible; después de todo, era un viaje que ya habíamos hecho 4 años atrás, cuando decidí probar suerte en la capital nipona. El caso es que el viaje transcurrió sin mucho problema. Yo tenía casi un año de no regresar a Fukuoka, pero esta vez, no era por turismo ni por ver a mis amigos allá.

Regresé a Tokio, a estar de nuevo solo durante al menos un mes. Sin embargo, esta vez era muy diferente. Emi me dejó con el mensaje: “Aprovecha este periodo que estarás solo, porque será el último que tengas en mucho tiempo. Sal, diviértete, haz lo que quieras y disfruta tu tiempo”. Sí, de entrada todo eso suena muy bien, pero vives con la expectativa de que, aunque tienes una vaga idea de cómo serán las cosas después, realmente no lo sabes hasta que el momento llega.

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13 años en el país del sol naciente

Ya estoy viejo.

Tenía 24 años cuando llegué por segunda vez al país que se convirtió en mi segundo hogar. Había logrado regresar, justo como lo prometí cuando el avión partía del aeropuerto de Kansai para regresarme a México hacía solamente medio año atrás.

He cumplido ya más de 4 años viviendo en Tokio. Venir a la capital era obviamente el siguiente paso, puesto que haberme quedado en Iizuka habría significado un retroceso en mi crecimiento personal y profesional. Pero nunca pensé que mi vida daría un giro tan grande, que en más de alguna ocasión me puso a pensar si lo que dejé se compensaba con lo que había obtenido. Es el mismo país, con otro ritmo, pero el mismo al fin y al cabo.

Tokio me recibió bien; mejor de lo que pensaba. Vivía en un lugar céntrico, y el mítico Akihabara me quedaba a 2 estaciones de metro. No era el paraíso, pero al menos todo pintaba bien. Era la calma antes de la tempestad. Ya he relatado con lujo de detalle lo que pasó durante los primeros 10 meses en en la capital, y no planeo repetirlo aquí (ni tampoco lo merece).

Después de que vi la luz, y habiendo regresado a México para quitarme el mal sabor de boca con el que la gran metrópoli nipona me había dejado, me preparaba para lo siguiente. Lo que había pasado tenía que ser solamente un capítulo más de la historia, y no tenía por qué prolongarse… o al menos yo así lo pensaba. Tenía que darle otra oportunidad a Tokio. Salir de ahí en las circunstancias que me encontraba en esos momentos no era la solución (era una de ellas, pero no la óptima). Tenía que encontrar mi lugar.

Tokio y yo nos comenzamos a acoplar. Después de todo, nuestro idilio llevaba poco y teníamos que aprender a convivir, porque de lo contrario esto iba a terminar mal. Yo había puesto de mi parte, pero la capital me estaba debiendo mucho; era su oportunidad de ponerse a mano.

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Encuentro, convivencia y despedida – La historia de mi mamá japonesa

Hace poco volví a mencionar a mi primera “mamá japonesa”, pero especifiqué que la historia completa debía ser contada en otra ocasión. Hela aquí.

Primero que nada, la presentación ya ha sido hecha en el pasado, concretamente en la parte final de “Los años maravillosos”, así que los invito a que vayan para allá y lean cómo la conocí.

La señora M, vivía con su segundo esposo, quien se convirtió en mi “papá japonés”. Debo aclarar que se me hacía totalmente extraño llamarlo “Otousan”, ya que no es mi papá, pero es una forma genérica de llamar a hombres de edad avanzada; a M siempre la llamé por su nombre. El caso es que la relación con ella y con su esposo se volvió muy buena: me ayudaban, me invitaban a comer, íbamos a pasear de vez en cuando. Todo bien. Hablar japonés daba frutos, especialmente estando en un lugar como Iizuka.

Ellos es que fueron los que me llevaron a mi primer festival de fuegos artificiales en Japón. Era mi primer verano en el país, y ellos se ofrecieron a llevarme para vivir la experiencia. Fue algo mágico, y todavía recuerdo estar sentado en el pasto, al lado del río, platicando con el señor M, en donde mis sentimientos encontrados cobraban voz: me gustaba lo que veía, lo que estaba viviendo, pero mi mente estaba todavía en México, con Z (mi novia en ese entonces); estaba viviendo el sueño de estar en Japón, pero en ese entonces todavía no lo procesaba del todo. El señor M me escuchó y trató de confortarme mientras los fuegos artificiales iluminaban la clara noche de verano que teníamos ante nosotros.

También me tocó ir con ellos a ver la película de “The Passion of Christ” (la de Mel Gibson), ya que ellos eran cristianos y tenían curiosidad por ella. M lloró y lloró después de que salimos de la sala, y la plática durante el regreso fue, como bien podrán imaginarse, de temas bíblicos.

M me ayudó a contratar mi primer seguro del carro presentándome a una de sus amigas que trabajaba en eso. La señora que me atendió era súper amable, y de hecho durante todo el tiempo que tuve carro ahí ella me guió en todo lo que a seguros se refería. Experimenté de primera mano el trato al cliente en Japón estilo VIP: ella iba a donde yo le dijera, a la hora que le dijera, para llevarme documentos que tenía que leer or firmar (bueno, ponerle sellito); me avisaba con prontitud sobre la fecha de expiración del contrato y me explicaba a detalle los planes que me convenían, lo que me salía más barato pero tenía buena cobertura… en fin. ¿11 de la noche en el estacionamiento del supermercado enfrente de la universidad? Ningún problema, ella estaba ahí.

Gracias a M también conocí a una pastora que tenía su iglesia justo en el centro de Tenjin, el área más concurrida y visitada no solo de Fukuoka, sino de todo Kyushu. Es “el centro”, donde están las tiendotas, los restuarantes, etc.; es decir, donde lo más importante del lugar se junta. ¿Lo especial? Que me dejaba estacionar el carro en su iglesia por todo el tiempo que yo quisiera, lo cual ayudaba mucho a mi economía (puesto que el estacionamiento en esa zona es caro con ganas) y me llegó a servir como forma de “farolear” cuando me tocaba andar con alguna chica por esa área. Sí, yo sé… eran mis tiempos “locos” (ver “Amor en los tiempos del sushi”).

No obstante, de lo que le estoy mucho más agradecido es de la ayuda brindada cuando traje a mi señora madre a Japón en 2005. Ciertamente fue nada más una llevada a las aguas termales, un masaje que mi mamá todavía recuerda hoy en día, y un yakiniku, pero el simple detalle de tomar en cuenta a mi mamá es algo que, independientemente de lo que pasó después, siempre le agradeceré.

Entonces, si todo suena tan bien, ¿qué pasó que hizo que todo esto cambiara?

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