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La categoría donde van los posts sobre la vida diaria y lo que no quepa en las demás.

13 años en el país del sol naciente

Ya estoy viejo.

Tenía 24 años cuando llegué por segunda vez al país que se convirtió en mi segundo hogar. Había logrado regresar, justo como lo prometí cuando el avión partía del aeropuerto de Kansai para regresarme a México hacía solamente medio año atrás.

He cumplido ya más de 4 años viviendo en Tokio. Venir a la capital era obviamente el siguiente paso, puesto que haberme quedado en Iizuka habría significado un retroceso en mi crecimiento personal y profesional. Pero nunca pensé que mi vida daría un giro tan grande, que en más de alguna ocasión me puso a pensar si lo que dejé se compensaba con lo que había obtenido. Es el mismo país, con otro ritmo, pero el mismo al fin y al cabo.

Tokio me recibió bien; mejor de lo que pensaba. Vivía en un lugar céntrico, y el mítico Akihabara me quedaba a 2 estaciones de metro. No era el paraíso, pero al menos todo pintaba bien. Era la calma antes de la tempestad. Ya he relatado con lujo de detalle lo que pasó durante los primeros 10 meses en en la capital, y no planeo repetirlo aquí (ni tampoco lo merece).

Después de que vi la luz, y habiendo regresado a México para quitarme el mal sabor de boca con el que la gran metrópoli nipona me había dejado, me preparaba para lo siguiente. Lo que había pasado tenía que ser solamente un capítulo más de la historia, y no tenía por qué prolongarse… o al menos yo así lo pensaba. Tenía que darle otra oportunidad a Tokio. Salir de ahí en las circunstancias que me encontraba en esos momentos no era la solución (era una de ellas, pero no la óptima). Tenía que encontrar mi lugar.

Tokio y yo nos comenzamos a acoplar. Después de todo, nuestro idilio llevaba poco y teníamos que aprender a convivir, porque de lo contrario esto iba a terminar mal. Yo había puesto de mi parte, pero la capital me estaba debiendo mucho; era su oportunidad de ponerse a mano.

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Encuentro, convivencia y despedida – La historia de mi mamá japonesa

Hace poco volví a mencionar a mi primera “mamá japonesa”, pero especifiqué que la historia completa debía ser contada en otra ocasión. Hela aquí.

Primero que nada, la presentación ya ha sido hecha en el pasado, concretamente en la parte final de “Los años maravillosos”, así que los invito a que vayan para allá y lean cómo la conocí.

La señora M, vivía con su segundo esposo, quien se convirtió en mi “papá japonés”. Debo aclarar que se me hacía totalmente extraño llamarlo “Otousan”, ya que no es mi papá, pero es una forma genérica de llamar a hombres de edad avanzada; a M siempre la llamé por su nombre. El caso es que la relación con ella y con su esposo se volvió muy buena: me ayudaban, me invitaban a comer, íbamos a pasear de vez en cuando. Todo bien. Hablar japonés daba frutos, especialmente estando en un lugar como Iizuka.

Ellos es que fueron los que me llevaron a mi primer festival de fuegos artificiales en Japón. Era mi primer verano en el país, y ellos se ofrecieron a llevarme para vivir la experiencia. Fue algo mágico, y todavía recuerdo estar sentado en el pasto, al lado del río, platicando con el señor M, en donde mis sentimientos encontrados cobraban voz: me gustaba lo que veía, lo que estaba viviendo, pero mi mente estaba todavía en México, con Z (mi novia en ese entonces); estaba viviendo el sueño de estar en Japón, pero en ese entonces todavía no lo procesaba del todo. El señor M me escuchó y trató de confortarme mientras los fuegos artificiales iluminaban la clara noche de verano que teníamos ante nosotros.

También me tocó ir con ellos a ver la película de “The Passion of Christ” (la de Mel Gibson), ya que ellos eran cristianos y tenían curiosidad por ella. M lloró y lloró después de que salimos de la sala, y la plática durante el regreso fue, como bien podrán imaginarse, de temas bíblicos.

M me ayudó a contratar mi primer seguro del carro presentándome a una de sus amigas que trabajaba en eso. La señora que me atendió era súper amable, y de hecho durante todo el tiempo que tuve carro ahí ella me guió en todo lo que a seguros se refería. Experimenté de primera mano el trato al cliente en Japón estilo VIP: ella iba a donde yo le dijera, a la hora que le dijera, para llevarme documentos que tenía que leer or firmar (bueno, ponerle sellito); me avisaba con prontitud sobre la fecha de expiración del contrato y me explicaba a detalle los planes que me convenían, lo que me salía más barato pero tenía buena cobertura… en fin. ¿11 de la noche en el estacionamiento del supermercado enfrente de la universidad? Ningún problema, ella estaba ahí.

Gracias a M también conocí a una pastora que tenía su iglesia justo en el centro de Tenjin, el área más concurrida y visitada no solo de Fukuoka, sino de todo Kyushu. Es “el centro”, donde están las tiendotas, los restuarantes, etc.; es decir, donde lo más importante del lugar se junta. ¿Lo especial? Que me dejaba estacionar el carro en su iglesia por todo el tiempo que yo quisiera, lo cual ayudaba mucho a mi economía (puesto que el estacionamiento en esa zona es caro con ganas) y me llegó a servir como forma de “farolear” cuando me tocaba andar con alguna chica por esa área. Sí, yo sé… eran mis tiempos “locos” (ver “Amor en los tiempos del sushi”).

No obstante, de lo que le estoy mucho más agradecido es de la ayuda brindada cuando traje a mi señora madre a Japón en 2005. Ciertamente fue nada más una llevada a las aguas termales, un masaje que mi mamá todavía recuerda hoy en día, y un yakiniku, pero el simple detalle de tomar en cuenta a mi mamá es algo que, independientemente de lo que pasó después, siempre le agradeceré.

Entonces, si todo suena tan bien, ¿qué pasó que hizo que todo esto cambiara?

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Para recordar

Uno de los “problemas” que tenemos con el bebé ahora es que la única forma en la que se duerme conmigo es cuando lo llevo a pasear; de otra forma, si no es con su mamá, y después de mucho llorar, no se queda dormido. Obviamente, esto nos limita en lo que podemos hacer, sobre todo en la noche.

Ayer fue uno de esos momentos en los sientes que eres el rey del mundo sin salir de tu casa. Emi se sentía mal (apuesto una hamburguesa a que es alergia al polen. Es la temporada.), y me dejó solo con el niño para recostarse, temiendo que a los 5-10 minutos comenzara a llorar porque tenía sueño y se quería dormir. Me puse a jugar con él un rato. Sin embargo, a los 10 minutos, y después de estarnos riendo un rato de cómo me perseguía y no me alcanzaba, de repente, al verme sentado, aventó el juguete que tenía en la mano y comenzó a gatear hacia mí, con cara sonriente. Sabía que quería que lo abrazara, y así lo hice. Acto seguido, se acomoda en mi hombro, y al cabo de unos minutos, se queda profundamente dormido.

Estaba que no me la creía. Como expliqué arriba, cuando tiene sueño y lo estoy abrazando, hace todo lo posible por librarse de mí e ir con mamá, acompañado de un melódico concierto de llantos; por tanto, el hecho de que haya venido directamente conmigo y se haya quedado dormido sin llorar es un triunfo. Ciertamente me puse a interpretar su canción de cuna una vez que vi que cerró los ojos, pero aun así, la sensación de triunfo que experimenté ayer es de lo mejor que ha pasado este año, por simple que pueda sonar. ¿La cereza del pastel? No se despertó cuando lo acosté en su futón.

Yo… aprendiendo a ser papá 😀

Y otra vez me mudé

Al fin me pude dar tiempo para escribir aquí. Ahora tengo un gran pretexto de no haberlo hecho, je je.

Desde el año pasado estábamos considerando la posibilidad de mudarnos, por 2 razones principales:

  • Lo pequeño de la casa. 2 cuartos con cocina. Cuando nada más éramos Emi y yo, estaba de lujo; ahora con el bebé no cabía nada más.
  • El departamento estaba en un segundo piso, y la construcción es de madera. Esto quiere decir que prácticamente todo se oye, incluyendo al niño llorar en la noche o pegarle al piso con los juguetes. Aunque ya habíamos hablado con la señora de abajo y ella nos había asegurado que no había ningún problema por el ruido que pudiera hacer el niño… hasta que se quejó directamente por otra cosa que ni al caso (ruido a las 7 pm por estar limpiando), y luego andaba de pasiva-agresiva con comentarios estilo “¡Ay! El bebé estaba llorando anoche, ¿verdad?”, o “Ya va creciendo… ya le pega al piso con los juguetes”…

Una tercera razón era que el contrato de renta se vencía el 4 de marzo, y renovarlo costaba un mes de renta más. Explico:

En algunas partes de Japón, los contratos de renta son por lo general de hasta 2 años. Esto quiere decir que si al final de ese periodo quieres seguir viviendo en el lugar, debes pagar la tarifa de renovación, que es ganancia directa para la agencia inmobiliaria.  En nuestro caso, estábamos por cumplir 4 años ahí, y nos habían llegado ya los papeles para llevar a cabo la renovación.

Para ser sincero, económicamente no era la mejor época para moverse de casa, pero el hecho de evitarse problemas posteriores (que podían hacerse más grande) me hizo pensar que valía la pena… aunque tendríamos que encontrar algo que se ajustara al presupuesto que podíamos sacar.

Comenzamos a ver lugares desde octubre del año pasado. Unos estaban muy viejos, otros muy lejos, otros muy caros. Uno de los agentes que nos atendió en cierta ocasión nos dijo directamente lo siguiente:

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Encuentros cercanos con situaciones extrañas

Hace casi 10 años conté la historia de X y en qué terminó todo.

Durante el descanso de año nuevo me tocó ver en un programa cómo le lavaron el cerebro a una artista japonesa y le sacaron 500 millones de yenes gracias a una serie de manipulaciones muy bien planeadas por parte de los estafadores. No ahondaré mucho en eso (por ahora, pero puedo contar la historia si están interesados), pero por alguna razón me hizo recordar a X (arriba mencionada), la soledad que sentía cuando recién llegué a Japón por no conocer a nadie, y algo que pasó en ese tiempo que pensaba que ya había comentado por acá. Hay detalles que no recuerdo muy bien, pero más o menos la historia es como sigue:

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¡Feliz 2016!

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Comienza un nuevo ciclo. Dejamos atrás al borrego para dar entrada al año del mono.

Así como su servidor, estoy seguro que todos ustedes tienen propósitos, retos y sueños que cumplir este año. Deseo de todo corazón que todos ellos se cumplan, y que este 2016 sea el mejor año que hayan tenido hasta ahora.

En lo que a mí respecta, el chango traerá consigo varios cambios importantes en mi vida. Es probable que todo dé un giro interesante, pero no hay nada seguro todavía. Lo único que no cambia es que mi hijo seguirá creciendo y que yo me seguiré haciendo todavía más viejo.

El blog por supuesto que seguirá adelante, y poco a poco espero que recupere el ritmo que tenía antes de la llegada de mi primogénito.

Por cierto, uno de los programas de televisión que nunca me pierdo el 1 de enero es 芸能人格付けチェック (Geinoujin kakuzuke check). En él, se pone a prueba el conocimiento que la gente del medio del espectáculo tiene respecto a arte y comida, con el objeto de evaluar si realmente merecen ser llamados “celebridades” por conocer comida y eventos de calidad. Son 6 pruebas en total, y durante los últimos 4 o 5 años Gackt (y quienes hacen equipo con él) no han fallado ni una sola, lo que lo pone en estatus de “dios” en esto. El programa en sí no es la gran cosa, pero me entretiene, y aunque originalmente se transmitía una vez cada año, en el que acaba de terminar hubo un programa especial por ahí de otoño.

Dejo la página oficial del programa aquí. Está en japonés, pero para quienes quieran ver más o menos de qué hablo, adelante.

¡Disfruten los días que quedan de vacaciones! Y…

今年もよろしくお願いします。

El 2015 en un kanji

Kanjis de los años anteriores.

Continuando con la tradición de este blog, ha llegado el momento de expresar en un kanji lo que el año significó para mí.

El kanji de esta ocasión prácticamente había sido decidido desde el año pasado, pero tomó mucha más fuerza a mediados de mayo. Obviamente hubo sucesos malos, pero nada puede sobrepasar a lo que este año me obsequió:

2015kanji

Muchos de ustedes conocerán este kanji, pues es de los más básicos que hay que aprenderse. Su lectura es “chichi”, y significa “padre”, “papá”.

Los últimos años de este lado del mundo han sido una gran prueba a muchas de mis habilidades, entre ellas la paciencia. Venía de una racha de sucesos que prefiero olvidar, pero el año pasado se presentó una luz de esperanza, que se cristalizó en mayo con la llegada de mi primer hijo.

Nunca he dejado de tener sueños, y de luchar por seguir mis ideales, pero mi hijo vino a recargarme las pilas y a presentarme una serie de sueños y retos nuevos, a los que con mucho gusto les voy a entrar.

Si he de ser sincero, nunca me imaginé que ser papá sería una experiencia tan agotadora pero tan reconfortante al mismo tiempo. Definitivamente uno de los mejores sucesos que me han ocurrido en la vida.

Este año también tuve la gran dicha de conocer a mucha gente nueva, en especial a muchos lectores de este blog que se dieron la vuelta por acá y que amablemente se ofrecieron en traerme cosas de México, o simplemente expresaron su interés por conocerme en persona. Aunque no lo crean, para mí significó mucho conocerlos personalmente y poder platicar con cada uno de ellos, así como de guiarlos, en la medida de lo posible, durante su estancia en este país.

Quiero agradecer a todos y cada uno de ustedes, los lectores. Su ayuda para mantener este blog en línea fue bien recibida. No tengo palabras para expresar el agradecimiento que siento por su contribución y por sus palabras de aliento. Amigos, conocidos, y hasta desconocidos: muchas, muchas gracias.

Especial mención de dos de mis mejores amigos allá en México: el panda y Omar. Al primero tengo años de no verlo, pero está presente; al segundo tuve la oportunidad de verlo en agosto, y de ir juntos a FujiQ Highland 😀

También quiero hacer mención de los demás mexicanos en el extranjero, no solamente en Japón, sino en todo el mundo: gente en Canadá, Noruega (neta, ¿qué hacen allá? 😀 ), Alemania, Estados Unidos, Francia, y un buen de lugares. No nada más yo, sino todos los que estamos fuera de la patria, le echamos ganas mientras extrañamos la calidez de nuestra gente… y la comida, no olvidemos la comida.

Antes de terminar, hay que hacer mención del kanji del año en Japón: 「」, que tiene diferentes significados dependiendo del contexto. Sus lecturas principales son やす(yasu) y あん(an). Existen varias razones por la que este kanji fue seleccionado, pero todas son con referencia a la lectura あん:

  • El debate sobre el plan de seguridad nacional de Japón (全保障法案), con el cual las fuerzas de defensas japonesas tienen la opción de participar en actividades armadas en caso de que uno de los aliados lo solicite. Hubo un tremendo debate por esto, y la opinión se dividió de forma extraordinaria. Hay gente que todavía sigue peleando porque esto no se lleve a cabo, argumentando que va en contra de la constitución japonesa, la cual marca que Japón no puede ni iniciar ni participar en ningún tipo de guerra.
  • El terrorismo que ocurrió alrededor del mundo, especialmente lo relacionado con el estado islámico. Esto es porque hizo que la gente se sintiera preocupada (不, fuan). Recordar que 2 japoneses fueron ejecutados.
  • Problemas que hubo con irregularidades de viviendas en Japón, lo que hizo que la seguridad (全) de las personas estuviera en juego.
  • La frase 「心してください。穿いてますよ」(“Anshin shite kudasai. Haitemasu yo!” literalmente: “No se preocupe, sí los traigo puestos (los calzones)”), que se escuchó por todo el país gracias al comediante とにかく明るい安村 (Tonikaku Akarui Yasumura). Se presenta solamente en ropa interior, y su rutina se basa en tomar poses que hacen parecer que está desnudo, pero cuando le preguntan si lo está, responde con la frase de arriba. Aquí dejo un video de él.

El 2016 viene con todo. Vamos a ver si todavía puedo sacar algunas sorpresas, o si de plano ya estoy chocheando y me siento en una mecedora a comer una concha con chocolate abuelita, mientras les digo a los niños que no pisen mi jardín 😛 Como sea, será un deleite ver a mi hijo crecer.

Nos vemos el siguiente año. Todavía hay mucho que contar.

Competencia y superación

Creo que nunca lo he comentado directamente aquí, pero una buena parte del conocimiento que adquirí durante la universidad y el tiempo que trabajé en México y Estados Unidos antes de venir a Japón, fue gracias a que había alguien con quien competir, de forma sana. Nunca se trató de ver quién ganaba o perdía, ni de superar al “rival” sabiendo más qué él, sino tener las mismas “armas” y que todo lo decidiera la habilidad de cada uno al momento de aplicarla.

Me gustaba estar en ese ambiente porque si algo no entendías del todo y las otras personas sí, te explicaban y ponían ejemplos para ponerte al corriente. Eso generaba un deseo de superación, y si ya de por sí me gustaba el estudio, hacerlo con el fin de poder transmitir tus conocimientos le daba un sentido todavía más divertido. No es que no pudiera estudiar ni aprender por mi cuenta (lo había hecho desde hacía muchos años atrás), pero la sensación era diferente.

Omar, si es que algún día lee esto, no me dejará mentir con lo anterior.

Buenos tiempos…

En los últimos días he recordado lo arriba escrito debido a que he experimentado totalmente lo contrario: estar trabajando con gente que no quiere ver más allá, que encuentra imposible tomar iniciativa, y que de alguna manera te quiere jalar hacia esa posición, la cual no voy a negar que se ve cómoda, pero simplemente no me cuadra.

Con todo y la mala experiencia que tuve en el trabajo anterior, traté de sacar algo bueno de ahí, y definitivamente creo que lo logré: entré sabiendo punto menos que nada sobre Scala (lenguaje de programación),  y salí muy motivado a aprenderlo gracias a un colega que era muy bueno en él, pero muy malo en programación funcional en general. Sentía que estaba súper retrasado por no entender código en ese lenguaje y porque, aunque sé que hay muchos mejores que yo, sé que puedo programar de forma decente. El resultado de todo eso se sigue viendo en la actualidad, cuando uso Scala como mi lenguaje de programación principal, y porque aprendí lo que eran los Monads después de la desesperación que sentí de no entender mucho la primera vez que leí al respecto.

Aunque sigo con mi costumbre de leer y aprender algo nuevo cada que se puede, no ayuda mucho tener compañeros de trabajo que, a pesar de que pueden mejorar mucho y hacer su trabajo de forma más eficiente, eligen no hacerlo solamente por mantener la pantalla que prevalece en Japón: el empleado que más tiempo pasa en la oficina es el más dedicado, el más trabajador, aunque su productividad sea muy muy baja. Aquí valoran más que obtengas buenos resultados después de verte sufrirle un rato, quedarte tarde y hacerlo notar a cuanta gente puedas para que hablen de lo “duro” que estás trabajando, en vez de obtener los mismos resultados en un lapso de tiempo mucho menor, lo que permite que termines a tiempo y te puedas ir a tu casa a la hora de la salida y no 3 o 4 horas después.

Algunos dueños de empresas ya han comenzado a ver las ventajas de tener a empleados felices y perfectamente descansados. Incluso uno ha mencionado que “las largas jornadas de trabajo en las últimas décadas han estropeado a Japón”.

Mi principal “competencia” siempre seré yo mismo, eso no cambia, pero sería mucho mejor si la gente que veo diario (porque no puedo decir que convivo con ellos del todo) tuviera deseos de conocer más y no de superarse por pantallazos, verbos y adulaciones.

A la tierra que fueres, haz lo que vieres, reza el dicho… ¿será?

Ya viene Navidad y yo ni enterado

Este mes ha sido una prueba al aguante y paciencia, en diferentes aspectos. El más difícil, pero gratificante, ha sido ver crecer a mi hijo. Apenas cumplió 7 meses, pero al igual que sus primeros dientes, el carácter se le ha comenzado a formar, y vaya que es enojón 🙂

Entre el trabajo, la casa y la familia en México, apenas me di cuenta de que ya Navidad es esta semana. Eso de que no se sienta el espíritu que pulula en México hace que se te olvide que en algún momento estas fechas fueron especiales, y es cuando más extrañas a tu rancho.

De este lado del charco, mucha gente me pregunta si voy a regresar a México para la Navidad o el año nuevo, y tristemente tengo que responder con un “no”.  De que me gustaría ir, ¡claro!, pero hay otras cosas que hay que tener en cuenta por acá y que hacen difícil que emprenda el viaje, aunque sea por pocos días. De hecho, en el caso de que hubiera podido ir, habrían sido realmente pocos días: 5 para ser exacto. Creo que tengo que acostumbrarme a que en Japón viajan así: tienen apenas 3 o 4 días libres y se lanzan a Europa… que realmente lo disfruten es otra historia.

La situación se tornó más “bonita” este año porque a los de esta empresa se les ocurrió que la reunión de fin de año (a la que la asistencia es voluntariamente a fuerzas) fuera realizada justamente el 25. Para los que no sepan, en Japón se trabaja normalmente hasta por ahí del 28 o 29 de diciembre, y dan de descanso entre 6 y 9 días (dependiendo de cómo se acomoden los días en el calendario). 6 días, para estándares japoneses, es mucho, y mi súper jefe en la empresa anterior así lo consideraba; ¿9? ¡Vamos a dar la vuelta al mundo! Extraño tener 2 semanas de vacaciones 🙁 Pero seré sincero en algo: esta semana prácticamente no hay mucho que hacer en el trabajo, por lo que el estrés estará, en teoría, leve.

Con todo, este año la Navidad y el año nuevo serán muy especiales: son las primeras fiestas que pasaré con mi hijo 😀 Creo que eso hace que todo valga la pena. ¡Ah! Y hay que dar gracias de que el emperador cumple años el 23 de diciembre, porque es día festivo nacional.

Por cierto, anunciaron al premio a las palabras o frases “de moda” este año:

  1. 爆買い ”Bakugai”. Literalmente “compras explosivas”, se refiere a cuando se realizan compras al por mayor. Se puso de moda por la cantidad de turistas chinos que vienen a Japón y compran de jalón un montón, pero un montón de cosas, que van desde electrónicos hasta maquillaje.
  2. トリプルスリー. “Triple three”. Mucha gente nunca la había oído, y cuéntenme como otro que ni sabía que existía. El término se usa en béisbol cuando un jugador obtiene en una temporada:

    – Porcentaje de bateo entre 0.3 y 0.4
    – 30 hits
    – 30 bases robadas

    El término fue elegido porque este año fueron 2 jugadores los que lograron la hazaña, que al parecer no se había presentado en Japón desde 2002.

Pero dejemos de lado todo lo arriba escrito y discutamos sobre el tema realmente importante de esta semana: ¡se acabó En Familia con Chabelo! …

Y no vi el último programa 😛

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Ya estoy viejo… Esperen… ¡NO!

Si veo la cantidad de años que tengo y la cantidad de canas que me están saliendo, sí, sería como para decir “ya estuvo bueno”, pero como que no va conmigo.

Sin importar los años que tenga, mientras haya sueños, uno es tan joven como quiera serlo. Ojalá que los sueños que tengo ahora puedan ser cristalizados dentro de poco.

Me convertí en padre este año. Es el primer cumpleaños que paso como papá, y aunque no hubo algo ostentoso, el simple hecho de poder pasar el día con mi hijo, poder bañarme con él y cenar con la familia, han hecho de este día uno diferente, y en cierta forma muy especial.

A lo mejor ya “chocheo”, pero espero nunca renegar de la edad que tenga. Por el contrario, espero que cada año que pase me dé la experiencia necesaria para seguir adelente en esta aventura llamada vida.

¡Feliz cumpleaños a mí! Otro más que paso en tierras niponas.