Acostumbrarse

No hace falta mencionarle a la gente de México que mi rancho (Guadalajara) es una ciudad relativamente grande, aunque se queda corta ante la CDMX. No obstante, al menos las veces que he regresado a visitar a mi familia, cada ez me encuentro con una Guadalajara cambiada, con menos árboles y más carros. A lo mejor es mi impresión y puede ser que esté totalmente equivocado; después de todo tengo más de 16 años de no vivir ahí. Sin embargo, lo que sí recuerdo es que las horas pico eran, desde mis tiempos de estudiante de bachillerato, toda una aventura.

No te extraño para nada
No te extraño para nada

Las idas a la escuela por la mañana eran memorables. Salir de casa a las 6:10 AM, caminar 8-9 cuadras hasta la parada del minibús y que éste pasara completamente atascado pero todavía se frenaba para subir a 2 o 3 pasajeros más que, de forma que hoy que lo pienso es totalmente milagrosa, todavía cabían, era el pan de cada día cuando tu primera clase era a las 7 AM (y lo peor cuando era contabilidad…). Ir colgado de alguna de las puertas servía mejor para despertarte y ponerte 100% alerta antes de llegar a tus labores estudiantiles, pues tenías que ir esquivando postes, árboles, y en el peor de los casos, bicicletas o motocicletas que hasta parece que le jugaban carreras al chofer. Y ahora que lo menciono se me hace increíble que nunca me tocó un accidente en esas circunstancias. Y ni se diga de la gente que iba dentro, estrujada en medio de quién sabe cuántos cuerpos que sufrían el mismo “castigo”. Y pobre del que fuera sentado y tenía que bajarse a la siguiente cuadra; era una tarea titánica.

Todo lo anterior no es raro en ninguna ciudad que se considere “grande”. Estoy seguro que situaciones similares se viven en muchos otros lugares, no solo de México sino también del mundo entero. Y también estoy seguro de que quienes han experimentado esto entenderán el estrés que causa. Pero no hay de otra: si vas en transporte público a la hora en la que la gran mayoría de las personas tienen que moverse de un lado a otro: o bien si agarras tu propio carro y te lanzas a la aventura al mismo tiempo que los otros miles de trabajadores que pensaron lo mismo que tú; o incluso si agarras tu moto o tu bici para poder pasarte entre el tráfico… de la manera que sea vas a sufrir estrés, y eso puede arruinar todo tu día, o al menos reduce la probabilidad de que vaya a ser bueno, porque llegar de malas a tu trabajo significa que vas a tardar más en poder concentrarte y comenzar tu día.

Uno creería que la gente que pasa por todo esto día a día termina acostumbrándose y no le da tanta importancia a los detalles de lo que pasa durante su trayecto a sus labores, pero la realidad es que hay gente que no lo puede tolerar. No hablo de la persona común y corriente que quizá haya tenido una mala mañana antes de salir de casa (eso es quizá mala suerte), sino de aquellos que, a sabiendas de lo que van a vivir terminan su viaje con un mal sabor de boca, o peor aún, inician o se entrometen en una trifulca que trae aún peores consecuencias. El caso es que no es nada fácil.

Continue reading “Acostumbrarse”

En la cuenta regresiva

Solamente quiero dejar registro de que hoy cumplí 41 años. La cuenta regresiva para el retiro, la vejez, el futuro, etc., etc., ha comenzado.

Por muchas razones, este año ha sido muy pesado. Por ratos he sentido que de plano no la libro, pero la terquedad que me caracteriza me ha ayudado a salir adelante. Ha ayudado mucho también el cambio de trabajo.

Con todo, sigo perdiendo cabello 😛

Al tiempo no le voy a ganar, pero hay que agarrar la experiencia que traen consigo los sucesos a los que uno se enfrenta día con día.

Todavía no termino todo lo que quiero escribir aquí, pero estará listo para antes de que termine el año.

Saludos a todos, y gracias por seguir leyéndome.

Celeste

Como ya he mencionado antes, el tiempo que tengo para jugar videojuegos se ha reducido notablemente, siendo la ida y el regreso al/del trabajo la mejor oportunidad para hacerlo, dependiendo claro de que me pueda sentar (lo que no sucede tampoco muy a menudo :/)

Celeste es un juego que me atrapó desde el principio por su jugabilidad, pero después su historia terminó de engancharme por completo, sobre todo porque pasaba por un momento difícil y estaba con la incertidumbre de si me darían el trabajo nuevo o no. La verdad es que no tenía muchas esperanzas, pero tampoco las había perdido por completo, y creo que eso lo vi reflejado en Madeline, la protagonista.

El juego es retador, pero es considerado difícil por un gran número de jugadores. Es un juego de plataformas que, en cierta forma, recuerda a Super Meat Boy. La premisa es simple: eres una chica que sufre de depresión y decide que tiene que escalar la montaña Celeste. Las únicas habilidades que tiene son brincar, agarrarse de paredes por un corto periodo de tiempo, y hacer un “dash” , que es como correr pero lo puede hacer en cualquier dirección e incluso en el aire. Es todo. ¿Suena simple? En realidad lo es, pero conforme el juego avanza te obligará a ser mucho más preciso en la ejecución, y más adelante te enseña movimientos que estaban desde el principio pero que nadie te dijo cómo hacer.

En Celeste se cuenta el número de veces que mueres en un capítulo, y vaya que vas a morir un montón. No obstante, el intervalo entre tu muerte y la siguiente oportunidad es extremadamente corto, por lo que no corta en realidad la fluidez del juego. Además, cuando mueres comienzas nuevamente en la pantalla donde perdiste, por lo que no tienes que preocuparte por tener que volver a hacer algo para llegar a donde estabas. Por si fuera poco, el juego te alienta a “morir”, diciendo que el número de muertes indica que estás en proceso de aprendizaje… y así es.

Algunos niveles  “extra” presentan una dificultad en realidad elevada. El de arriba, por ejemplo, es la parte final del nivel 7-C. ¿Suelo? ¡Eso sería un lujo!

Continue reading “Celeste”

Súper tifón

Ésta es una foto del río que está cerca de la casa. Se llama “Karabori”, que literalmente quiere decir “fosa vacía”, porque es un río que en el solamente corre agua cuando llueve. Originalmente era un río que llevaba parte de la corriente del río Tama (de mucha más grande escala) cuando fluía de norte a sur.

Esto es después del paso del súper tifón Hagibis, pero incluso así, la cantidad de agua que se ve en la foto es mucho mayor a la que normalmente fluye cuando llueve.

Ahora, compárenla con la que tomé el sábado pasado alrededor de las 4 PM

Se esperaba que el tifón pasara por Tokio alrededor de las 9 PM, pero si faltando 5 horas para que eso sucediera el nivel del agua ya estaba así mucha gente creyó que el río se desbordaría, y con las noticias mostrando precisamente ríos desbordados e inundaciones en otras partes de Japón, el pronóstico no era bueno.

La casa no está tan cerca de ahí, pero al estar en un primer piso, el riesgo estaba latente. Sin embargo, otro problema es que ninguno de los lugares que se habiltaron como albergues quedan cerca, y explícitamente prohibieron evacuar en carro; había que irse caminando.

No fui el único que estuvo al pendiente del cauce del río. Aquí hay una serie de fotos y videos del mismo, tomados desde diferentes puntos. Además, en Twitter la gente mostraba su preocupación, no tanto por no poder evacuar, sino porque el desbordamiento del río causaría graves daños materiales a casas y negocios cercanos a él.

El ayuntamiento de la ciudad decía que había que estar al pendiente, pero no se dio ni recomendación ni orden de evacuación. En el peor de los casos, a nosotros nos tocaría movernos colina arriba, pero una inundación de esa magnitud era poco probable.

A final de cuentas, el río “aguantó”. La gente del vecindario no entró en pánico ni hubo nada que lamentar por acá. No obstante, y como podrán ver en sitios de noticias, los daños causados por Hagibis son cuantiosos. Hay gente que perdió sus viviendas o sufrieron daños materiales; hay gente que perdió la vida; hay gente que entró en crisis nerviosa aun estando en albergues; hay gente que quedó atrapada en albergues porque todo alrededor se inundó y no tenían luz. Los aeropuertos de Narita y Haneda cancelaron casi todos sus vuelos ese día, y alguien en Reddit tomó una foto que será difícil que se repita.

Fuente: https://www.reddit.com/r/japan/comments/dh5oah/narita_airport_during_typhoon_hagibis_last_night/

Fue un sábado estresante, sin duda. Hubo muchas pérdidas, pero afortunadamante de este lado de Tokio las cosas no pasaron a mayores.

Agradezco mucho a todas las personas que por Twitter o correo electrónico me mandaron mensajes para preguntarme cómo estábamos. Todo bien, muchas gracias 🙂

 

Si tuviera tiempo y dinero (arcadias)

Aunque en muchos lados se menciona que el negocio de las arcadias en Japón ha ido a la baja en los últimos años (lo cual es cierto), creo que está todavía muy lejos de desaparecer por completo.

Este tipo de máquinas no son nuevas: necesitas comprar cartas especiales para poder jugarlas, y las cartas no son baratas (hablamos de 500 o 1000 yenes por paquete). No es lo mismo, pero me recuerda cuando gastaba en decks y boosters de Magic The Gathering. Seguramente, si tuviera tiempo y dinero, me la viviría en alguna de éstas (no necesariamente la que muestro de futbol).

Entre todo lo que ha pasado, algo que disfruto mucho es poder salir con mi hijo y llevarlo a que juegue, se canse, se distraiga y aprenda, tanto para darle espacio a mi esposa para que descanse como para poder pasar tiempo padre-hijo de calidad y poder hablar español con él todo el tiempo. Mi hijo ha agarrado poco a poco el gusto a los videojuegos, y le gusta mucho que lo lleve a las arcadias. Antes, cuando iba solo, era de encerrarme en los juegos de pelea y pasarme las horas ahí. Ahora, es enseñar a mi hijo a jugar (cuando es de 1 jugador) o jugar con él títulos cooperativos. En la vida pensé que yo agarraría esos juegos porque para mí los videojuegos siempre han sido un pasatiempo muy personal que no podía compartir con nadie de mi familia, pero me encuentro a mí mismo sonriendo cuando estoy con mi hijo disparándole a “los malos”, o bien cuando estamos atrapando fantasmas en Luigi’s Mansion (título que, por cierto, ya terminamos).

Además, mi hijo de repente le agarró el gusto a Groove Coaster, y cuando se entere de que va a salir para Switch seguramente me va a decir que lo compre. Al menos sé que sí le sabe mover.

No tendré mucho tiempo para mí, ni tampoco todo el dinero que quisiera, pero ser papá y presenciar momentos como éste sobre pasa por completo lo que pudiera obtener con recursos ilimitados.

Estatus actual

Cuando menos lo pensé, ya era septiembre. Los días, y en mi caso los meses, se pasan volando, y lo peor es que a veces ni cuenta me doy.

Aunque es cierto que quería sacar un artículo mucho más grande que he estado escribiendo desde hace tiempo, la realidad es que todavía me falta, y con eso de que el tiempo libre no ha sido mi aliado desde hace tiempo, elegí sentarme hoy a escribir un poco cómo me ha ido y a explicar también, sin entrar en muchos detalles, la razón de la falta de actividad en el blog.

Como saben, en abril me cambié de trabajo, y en retrospectiva ha sido la mejor decisión profesional que he tomado en mucho tiempo. Pero de eso ya hablé en el artículo pasado. Vamos a lo que no he mencionado.

Mi ritmo de vida cambió drásticamente. Primero, tengo que salir de casa a las 6:30 AM para poder llegar antes de las 8 a la oficina. Salgo del trabajo a las 5 y me regreso directamente a la casa, a donde llego poco antes de las 6:30 PM. Como mi hijo se tiene que dormir temprano para poder ir al kínder, prácticamente a las 9 PM ya estamos dormidos (al menos él y yo).

Ahora bien: 9 PM suena un poco temprano, pero en realidad no lo es. Comencé a ir a un gimnasio y la “mejor” hora para ir en mi caso es alrededor de las 4 AM. Eso se traduce a que me tego que levantar a esa hora, hacer ejercicio, regresar a bañarme y desayunar, y de ahí a la chamba. ¿Que por qué de repente me dio por entrar a un gimnasio? Contrario a lo que se pudiera pensar, la realidad es que la decisión no fue “de repente”, sino que ya tenía rato considerándola, pero el tiempo, la ubicación de los gimnasios cercanos y la mensualidad que tendría que pagar eran todo factores para considerar el gasto… hasta que comencé a ponerme todavía más marrano por la reducción de movimiento que tuve desde que entré a la chamba nueva (aunque mis hábitos alimenticios por lo general permanecieron igual). Cuando abrieron muy cerca de la casa un gimnasio que da servicio las 24 horas me forcé a inscribirme… y ahora sí, no hay pretextos para no hacer ejercicio.

Fuera de broma: sí hacía ejercicio, pero salir a correr en invierno o cuando estaba lloviendo era totalmente impensable, y de ahí me agarraba para mejor quedarme en casa, provocando así falta de actividad física y por ende que el nivel de cerdez aumentara.

Digamos que hasta aquí todo bien.

Hace aproximadamente un año, cuando todavía hacía transmisiones en vivo a la hora de la comida, comentaba que el principio de este año sería muy difícil, y así fue. No entraré en detalles (al menos no de momento), pero hubo algunos problemas de salud en la familia y se tuvieron que tomar algunas medidas grandes. A final de cuentas todo salió bien, pero fue un buen susto.

A finales de junio me dieron otra noticia muy buena y alegre: ¡el próximo año voy a volver a ser papá!

La noticia se oye excelente (y de hecho lo es)… pero digamos que el embarazo esta vez no ha sido nada, pero NADA, pero NADA fácil. Desde las náuseas típicas, que al momento de escribir esto todavía no terminan, varios riesgos que hay que tener muy en cuenta y que limitan muchas de las cosas que mi esposa puede hacer, un niño de 4 años que quiere jugar, jugar y jugar, un trabajo que, aunque totalmente comprensivo y dispuesto a ayudarme al 100% también exige resultados de alta calidad, y ni mencionemos el estado de las cosas con mi familia en México (otro conjunto de emergencias y situaciones de cuidado)… En resumen: es poco y contado el tiempo que realmente he tenido para mí.

Ciertamente la situación ha mejorado si la comparamos con lo que fue julio y agosto. Poco a poco algunas cuestiones se han ido normalizando y eso me ha dado oportunidad de, por ejemplo, ir al Tokyo Game Show y al Torneo Premier de Asia de Street Fighter V, pero hasta ahí. En agosto tuve que hacer un mandado que incluía enviar cosas a México, y por pura coincidencia fue que pude ver la película de 天気の子 (Tenki no ko) en un momento de calma temporal que tuvo mi esposa. Digo yo que hasta los astros se alinearon para permitirme ver la película, porque se me hacía que no tendría oportunidad. No obstante, todavía falta para poder decir que las cosas están “normales”. Y aun así, hemos tenido que salir a hacer trámites que bajo otras circunstancias implicarían un paseo por lugares que no visitamos tan frecuentemente y terminarían con una cena familar en algún restaurante, pero que han sido experiencias estresantes por la condición de mi esposa, la “amabilidad” y “cortesía” de los japoneses al no cederle el asiento a las mujeres embarazadas (ni siquiera en los asientos designados para tal efecto), los “salaryman” a los que les importa poco aventar a quien sea con tal de llegar 10 segundos antes a sus trabajos… y otra serie de sucesos que no vale la pena relatar aquí (misteriosa desaparición de 35 minutos de la persona que nos atendía en la embajada, entre otros).

Sé que hay que “aguantar vara”, pero hay veces en que de tanto que tienes en la cabeza, de tanto que hay que hacer y de qué preocuparse,  de que tienes que estar alerta a todo momento, de que no puedes dormir lo que deberías por una u otra razón, y de que el único respiro que tienes es que te toque sentarte en el tren y no se suba alguien que necesite el asiento (porque sí lo cedo, en serio) para poder sacar el Switch y jugar 40-45 minutos en lo que llego a la estación del trabajo o la casa… que lo único que quieres es simplemente estar solo, sin hacer nada, y buscas algo que te dé el relajamiento que, al menos de momento, no puedo tener como es debido. Obviamente entiendo que todo va a mejorar, pero cuento los días para que eso suceda. Es más: uno de mis colegas se ha ofrecido a cuidarme a mi hijo para que me pueda ir a cenar con mi esposa, porque le comenté que no hacemos eso desde poco antes de que mi hijo naciera, y no podía creerlo (las desventajas de que la familia esté lejos).

Por lo expuesto arriba, raro es cuando me puedo sentar en la computadora a hacer algo. Puedo intentar ver algún torneo o estar twitteando algo que me interesa, pero siempre estoy al pendiente de algo más. De ahí que, aunque quisiera, me era muy difícil hilar pensamientos para escribir aquí aun cuando tengo una lista de artículos por terminar y de que he estado trabajando en uno desde hace ya un buen tiempo, pero que nada más no se ve para cuando vaya a terminar.

Se acerca mi cumpleaños número cuarenta y zafo, y mi jefe (del trabajo) me decía que lo que necesitaba era tener aunque sea un día 100% para mí, pero no para ir al cine o para dedicarlo a jugar videojuegos o algo así, sino para estar lejos de todo, estar conmigo mismo nada más, quizá disfrutando de un buen paisaje y tomando algo. Se oye bien, bastante tentador de hecho. ¿Se podrá? Espero que sí.

No he abandonado el blog. Ni siquiera me ha pasado la idea por la cabeza. He seguido pendiente de los comentarios y he respondido a la brevedad los que me han dejado. Parece que, poco a poco, llegará una calma relativa y podré tener un poco más de tiempo para mí (en general). Calma “relativa” porque, el año que entra, voy a “subir de nivel” mi categoría de papá. Pero bueno, creo que será el regalo perfecto después de todo lo que hemos pasado.

¡Ah! Notarán el cambio de apariencia en el blog. La verdad es que no quería cambiarlo, pero no podía escribir nada porque el editor estaba deshabilitado y tuve que estar probando hasta encontrar la causa. Cambié el tema como parte de esas pruebas… y por lo pronto creo que así se va a quedar. Ya después con calma lo voy arreglando poco a poco… o quizá hasta lo cambio a como estaba antes. No sé. Ya veré qué será mejor.

Aquí sigo.

Reto

Oficialmente hoy termina mi periodo de prueba en la nueva empresa. Lo verdaderamente divertido comienza a partir del lunes, aunque ya tengo un panorama relativamente claro de lo que tengo que hacer en los próximos meses.

Decidí esperarme a escribir mi experiencia durante este tiempo hasta que este día llegara. Necesitaba tener en claro mi rol y mis obligaciones en el nuevo lugar, pero al mismo tiempo necesitaba que mis nervios se calmaran, porque la realidad es que sí estuve muy nervioso, sobre todo el primer mes. Sé que muchos dirán que es normal, pero en mi caso la cantidad de cosas que traía en la cabeza hacían que todo se agrandara como si no hubiera límites, y me encontré temblando durante varios días.

En general, debo decir que el cambio ha sido radical. Es como volver a estar el mundo después de haber pasado mucho tiempo encerrado en un espacio muy reducido. En nada, pero en nada se parecen las experiencias de trabajar en compañías japonesas en comparación con empresas de capital extranjero… Volver a estar en ambiente así es altamente motivante porque tienes voz y voto desde el principio; cuentas como parte del equipo desde el día 1, y tienes prestaciones y flexibilidad que difícilmente se dan en empresas nacionales. Pero al mismo tiempo, se te exige más desde el primer momento.

Parece mentira que, habiendo trabajado en México y en Estados Unidos, volver a estar en un lugar así en Japón suene como algo irreal. Personas con las que he hablado sobre mi experiencia laboral en este país y que han visto que la cultura de trabajo de aquí definitivamente no es para ellos, quedarán sorprendidos cuando lean o escuchen lo que tengo que decir del nuevo lugar. Con todo, es necesario aclarar que obviamente el lugar no es perfecto, pero lo importante aquí es que uno es parte fundamental del proceso de mejoramiento del mismo.

El nuevo puesto trae consigo nuevos y más desafiantes retos, los cuales, siendo totalmente sincero, no habría podido afrontar cuando recién llegué a Tokio, sobre todo después de las experiencias no tan gratas que tuve en ciertos lugares. Pero ahora sí, el momento llegó, y estos tres meses fueron para mentalizarme de que estoy listo para enfrentar lo que venga. Fueron meses pesados en los que me he tenido que enfrentar a muchos sentimientos negativos, pero la experiencia ha servido para levantarme y “ponerme al tiro”. Mi yo perfeccionista siempre me va a querer convencer de que no estoy 100% listo para algo, pero he aprendido que, aunque es cierto, no es excusa para darle la vuelta a las situaciones que uno se encuentra y que no puede controlar. Además, cada uno de esos retos es increíblemente divertido (y difícil), pero es justo con esos con los que realmente creces en el ámbito profesional.

Es también ahora cuando miras en retrospectiva y te pones a pensar que habría pasado de no haber tomado la decisión de cambiar… Sin entrar en muchos detalles, seguramente estaría haciendo algo relativo a administración de servidores y configuración de herramientas para el proceso de desarrollo… es decir, nada de lo que realmente se supone que tendría que hacer.

El cambio fue para bien. Ahora a concentrar mis esfuerzos para lo que viene.

Medio sorprendido

Estoy trabajando en un artículo que he querido sacar aquí desde hace al menos un año. No obstante, no quería dejar pasar la oportunidad para escribir algo que me medio sorprendió. Explico:

El pasado domingo 16 de junio fue dia del padre en Japón. Mandé un mensaje en Twitter a todos los papás que me siguen por ahí. Todo normal. Poco después, algunos seguidores comenzaron a preguntarme si en realidad era padre o no…

Ahora bien: digo que me “medio sorprendió” porque aunque es cierto que el blog lo escribo tanto para mí para recordar lo que estaba haciendo en X época como para escribir información que pueda serle útil a alguien, en alguna parte de mi ser esperaba que la gente que me sigue por Twitter al menos le diera click a los links que ahí salen cuando escribo un artículo nuevo… pero no.

Cierto es que desde que me convertí en padre la frecuencia con la que escribo alguno nuevo por acá ha disminuído, pero sigo al pendiente de comentarios y preguntas que me hacen ya sea por aquí o directamente por correo. Pero “neta”: sí soy papá desde hace poco  más de 4 años.  Nada más no me vayan a “regañar” por no hacer pública mi vida privada, como hace años alguien lo hizo en Facebook :/

¿A poco no concuerdo con la imagen de ser padre? Al menos acá ya me están poniendo del lado de la gente “mayor”. Sabes que la esperanza de sentirse joven está totalmente perdida cuando un hispanohablante que te está atendiendo le dice a una de sus empleadas que “verifique los datos de este señor”… Nada más me falta que un niño japonés me diga “ojisan” en vez de “oniisan”. Ahí sí ya, oficialmente, estaré 100% en la categoría de “chavorruco” (por si todavía faltaba de entrar alguna parte de mí).

En fin. Sigo echándole ganas en la chamba nueva. Ya mero pasan los primeros tres meses, así que no tengo que aflojar el paso. Mientras tanto, no descuido este lugar 🙂

4 años desde que mi vida cambió por completo

Han pasado ya 4 años desde que me convertí en padre. El tiempo parace volar, y sin embargo, si me pongo a pensar todo lo que ha sucedido en ese tiempo, también parece una eternidad. No obstante, este año me ha sorprendido mucho el desarrollo de mi hijo, que aunque sé que es normal, no deja de asombrarme.

Parece mentira que hasta principios de año todavía teníamos que ponerle pañal por las noches y que no quisiera hacer popó en el excusado. Había comenzado a ir al “pre-kínder” justo hace un año, pero no se separaba de mi esposa, no jugaba con otros niños, no bailaba. Yo pensaba que la adaptación sería mucho más complicada cuando entrara ya en forma al kínder, pero no, o al menos, no tanto como esperaba. Ahora su rutina es levantarse a las 6:30 AM, desayunar y arreglarse porque el autobús pasa por él a las 7:50 AM, y regresa hasta las 2 PM, y aunque sí ha habido días en los que le es más difícil irse, en general parece ser que la ha pasado bien en su nuevo ambiente.

Jugar con mi hijo nunca ha sido aburrido, pero este año que ha pasado hemos encontrado muchos juegos que hemos podido disfrutar mucho; y no hablo nada más de videojuegos, sino de juegos en donde él usa su imaginación y yo hago cualquier papel que él me pide, pero siempre en español. Los juegos han sido el escenario perfecto para enseñarle nuevas palabras y formas verbales; así, por ejemplo, ya sabe qué es un antídoto, que es que algo “se regenere”, entre otras cosas.

Con todo, sí he de destacar la importancia que él le ha dado a los videojuegos, y de cómo eso ha servido para crear una conexión que, para ser sincero, nunca había experimentado. Para mí, los videojuegos siempre fueron un pasatiempo que disfrutaba solo, pero no porque quisiera, sino porque nadie cercano compartía el gusto. Obviamente cuando me iba con los amigos y jugábamos en casa de alguien podía compartir y hablar de juegos y nadie me veía raro, pero tener a alguien en casa que quisiera de verdad sentarse a jugar conmigo… y por fin le encuentro el gusto a jugar títulos cooperativos, aunque todavía sea yo el que haga la mayor parte del trabajo.

Se vienen muchos retos ahora que él ha comenzado a ir a la escuela, siendo el más grande mantener la constancia con el español. Su japonés es mucho más fluído y variado, pero ahí la lleva con el español también. Me entiende hablando a mi velocidad normal, y me he preocupado mucho por crear un ambiente de “solo español” en casa, no solamente conmigo, sino con las cosas que ve e interactúa: trato de que tenga a la mano material en español, de que pueda agarrar el iPad (ya súper viejo) y pueda encontrar rápidamente contenido en español; jugamos lotería, serpientes y escaleras, el juego de la oca, palitos chinos, y todo eso, aunado con la interacción en los juegos mencionada arriba, parece que están rindiendo frutos.

No lo voy a negar: es cansado, y requiere sacrificio de mi tiempo, pero, como referí antes, creo que vale totalmente la pena.

Una parte de mí quiere que mi hijo crezca rápido para poder compartir muchas más cosas con él, pero otra quiere que se quede como niño, así como está, toda la vida. Mi hijo me ha enseñado muchas cosas, y ha provocado en mí sentimientos que pensé que no tenía. Aun con sus berrinches, sus caprichos, sus enojos y sus llantos, es de las mejores experiencias que le vida me ha ofrecido.

¡Felicidades hijo en tu cuarto aniversario! Todavía te debo lo de andar en bicicleta, pero este año se hace.

16 años – Tratando de romper la burbuja

Siento que cada año que pasa digo lo mismo respecto a mi posición de estar en Japón y de todo lo que he vivido por acá. Sin embargo, nada puede estar más lejos de la realidad. Es cierto que hay cosas que no cambian, pero la vida continúa, y con ella las experiencias nuevas. En pocas palabras: aunque parezca que no, 16 años después de haber llegado a la tierra del sol naciente todavía sigo aprendiendo sobre este país, conociendo su cultura y tratando de adaptarme a ella.

Quería que este escrito saliera a la luz  a principios de abril, pero  circunstancias inesperadas lo impidieron. Dos de los cambios más importantes sucedieron precisamente ahí: mi hijo comenzó a ir al kínder y yo comencé a trabajar en una empresa no japonesa.

Lo primero era ya algo planeado, que vinimos preparando desde hace justamente un año. Todavía me parece increíble toda la serie de cambios que ocurrieron en mi hijo en tan poco tiempo, aunque ciertamente para un niño de su edad un año es un periodo de tiempo muy largo; para ser sincero, el año pasado no creía que mi hijo estaría listo para ir a la escuela (tonto yo), y pasó de ser el niño bueno que todo hace, todo escucha y es siempre obediente, al niño que ya tiene opinión, que dice lo que no le gusta y que se rehúsa a obedecer cuando algo no le parece (no sé cuántos cientos de veces he tenido que decirle “¡mastica!”, “¡come bien!”, “¡recoge tus juguetes!”.

Lo segundo es algo mucho más profundo, que tiene mucho más peso en mi vida.

Continue reading “16 años – Tratando de romper la burbuja”