¿Sabías que…? – Parte 27

Seguramente en más de alguna ocasión algunos de ustedes han deseado que los días tuvieran más de 24 horas porque sencillamente no alcanza el tiempo para hacer todo lo que se quiere. Para ustedes, y también para aquellos a los que nunca les ha pasado esa idea por la cabeza, Japón tiene algo para ustedes:

¿Sabías que en Japón hay casos en donde se consideran días de 30 horas y no de 24?

La imagen de arriba es parte de la programación de TV de hoy. Noten que algunos programas comienzan a las 25, 26 y 27 horas.

El uso de horas después de la 24 corresponde a un sistema de 30 horas, en el cual, por razones prácticas y para evitar confusiones, se considera el cambio del día a partir de las 6 am. Este sistema se usa principalmente en horarios de TV y en los de algunos negocios como bares. Parecerá extraño y sin mucho sentido, pero sí hay gente que se confunde si lee que un programa de TV es “Martes 01:30” o “Martes 1:30 am”. ¿Se deben de desvelar el lunes o el martes?

Ahora bien, no es que todos los negocios sigan la regla. En cuanto a expresar el tiempo, Japón usa diferentes notaciones:

Esta imagen es de una compañía de servicios de software para automatizar ciertos trabajos. Pueden observar cómo en la parte de abajo, dentro de la parte azul, se expresan las 26 horas, y entre paréntesis está 翌日2:00, que significa “las 2:00 del siguiente día”.

Este bar especifica que cierra a las 翌5:00, o sea, “las 5:00 del que sigue” (omiten la palabra “día”).

Aquí, Hooters Japan avisa que el 31 de diciembre abrirá de 11:00 a 26:00.

Y… bueno, hay lugares que hacen lo que quieren. ¿17:00 pm – 24:00 am? No pues sí.

Como nota extra, alguna vez mi asesor en la universidad, preocupado por la ausencia de muchos estudiantes, intentó implementar un sistema de asistencia. Para ello, creó una hoja con los nombres de cada miembro del laboratorio, y cada uno tenía que poner una marca a la hora del día que llegara y a la que se retirara. El punto es que creó 3 columnas para expresar la hora del día: AM, PM y EV. Yo, como buen samaritano, le pregunté que qué era EV, y su respuesta fue “Evening“. Acto seguido, le planteé el caso de llegar a las 7 de la noche. ¿Dónde tenía que poner mi marca? No hubo respuesta. Huelga decir que el sistema no duró mucho.

 

Un año nuevo igual y diferente

Entre mil cosas que salieron a finales del año pasado y principios de éste, aquí estoy casi un mes después.

Es bien sabido que el fin de año trae consigo un montón de costumbres en Japón: la primera visita al templo, la primera salida del sol del año, o-sechi (comida que se prepara específicamente para año nuevo), reuniones para olvidar el año que terminar (忘年会 bounenkai) o para recibir al que llegó (新年会 shinnenkai), etc., etc. En este sentido, el año que terminó fue esencialmente lo mismo para mí.

No es necesariamente malo que las cosas se repitan cada año; es un ciclo que definimos para medir muchas de las actividades que realizamos. No obstante, hay ciertas cosas que, por ser tan repetitivas, a veces me causan… hmm… ¿ira? No… creo que “hartazgo” es la palabra. Explico:

Dentro de las actividades que se realizan cuando el año va a terminar está la de regresar a tu lugar de origen para pasar el año nuevo en compañía de tu familia (generalmente padres y hermanos). Es, junto con el obon (a mediados de agosto), de las únicas fechas en las que las japoneses diligentemente se toman tiempo para ver a su familia. Todo bien hasta aquí. Lo que a mí me llega a deseperar es que las mismas personas me pregunten lo mismo cada que un año va a terminar:

¿Vas a regresar a México?

Noten el énfasis en “las mismas personas”. Hablo en concreto de la gente de las empresas en las que he laborado por acá. Para nada me molesta que un japonés me haga esa pregunta, ya que para ellos es una actividad natural y suponen que tener 6 días de vacaciones es tiempo suficiente para ir a México, convivir con la familia, descansar y regresar con nuevos bríos al trabajo. No lo digo de forma sarcástica, porque en verdad lo creen. Sin embargo, cuando las mismas personas te hacen exactamente la misma pregunta por varios años después de haberles explicado que el tiempo no es suficiente y que no vale la pena el gasto salvo que sea una emergencia, te hace pensar si realmente lo dicen por curiosidad o lo hacen como si estuvieran programados para preguntarlo cuando la época llega:

if (date == "Ya casi es fin de año") {
   askQuestionAboutGoingBackHome()
   receiveSameAnswerAsLastTime()
   say("Ahhhh")
}

Obviamente no les respondo de la forma grosera ni mucho menos; siempre doy la misma respuesta y siempre recibo los mismos comentarios.

La cuestión aquí es que pareciera que no hay más temas de conversación durante todo el año, y cuando pasa algo en la oficina que está fuera de la monotonía de cada día, es como ver a niños que acaban de abrir un juguete nuevo. Por ejemplo: cuando llegan a la empresa los doctores a ponernos la vacuna contra la influenza, el único tema de conversación es si duele o no, cuánto duele, si ya fuiste a que te inyectaran, que a qué horas vas a ir, etc., etc., y se siente una alegría y vida que, si fuera cada día, haría que el lugar se sintiera con más energía y no todos tendrían que estar haciendo cara de “odio estar aquí” mientras suena el ruido de los dedos al contacto de los teclados de las computadoras.

Además de esto, me sigue pareciendo increíble, aun después de tantos años por acá, que piensen que 6 días es suficiente para hacer un viaje tan largo por placer. Si fuera de negocios lo entendería; incluso si México estuviera tan cerca de Taiwan, Corea del Sur o algunos lugares de China, lo entendería, pero ¿cruzar el océano pacífico?

Otra de las preguntas, o mejor dicho, de las reacciones que tengo que ver o escuchar repetidamente es la de “Pero eres mexicano, y los mexicanos toman mucho. ¿Por qué no tomas? ¿Estás enfermo?”. Hace 6 años y medio escribí un poco al respecto; hablaba brevemente de lo que el alcohol significa para esta cultura, y aun así, aunado con el hecho de que, comparado con 2010, ahora bebo un poco más (digamos unas 2 veces por año cuando mucho, y no me pongo hasta las chanclas), me causa sorpresa ver que la reacción de muchos japoneses es la misma. Eres adulto = seguro tomas alcohol. Mi suegra cae también en esto, pues le parece increíble que yo no tome, sobre todo en situaciones en donde casi cualquier hombre japonés lo haría, y aunque sabe que no lo hago, siempre me pregunta si realmente no voy a tomar.

Recalco: no me molesta responder a este tipo de preguntas cuando alguien las hace por primera vez. Mi punto es cuando las mismas personas formulan las mismas preguntas en situaciones similares.

Hasta aquí, todo fue igual.

Lo diferente este fin de año fue estar con mi hijo… pero enfermo. No es NADA gracioso que tu hijo se enferme con rotavirus justo el 30 de diciembre por la noche y tengas que estar en el hospital a la 1 am del 31. Sí, sé que los niños son esponjitas, y que esto es solo el inicio, pero por principio de cuentas sí me asusté mucho porque no quería comer y lo veía vomitar y con diarrea. Olvídense de celebrar año nuevo de forma tranquila y añádanle puntos de preocupación de padre primerizo. No es una bonita combinación.

Tardó una semana en ponerse bien, y eso significa que tardé más de una semana en quitarme el miedo que tenía de que el niño no comía y le fuera a pasar algo más grave. Verlo sano es quizá lo más agradable que he experimentado en lo que va del año… pero no todo tenía que ser bueno. Ahora tenemos el problema de que solamente quiere comer lo que le gusta, puesto que cuando estuvo enfermo solamente comía (y muy poco) lo que más le gustaba. Antes de enfermarse no teníamos gran problema en que comiera verduras, y hasta Emi se jactaba de que el niño comía verduras sin respingar. ¿Ahora? Tenemos que batallar cada comida para lograr que las coma, aunque sea un poco. La hora de la comida significa reunir juguetes y libros en la mesa; mi papel es el de distraerlo mientras Emi le da de comer, y si está distraído ni se fija qué es lo que está comiendo, pero si le pone atención a la comida y ve cualquier indicio de algo que no le guste (que sí le gusta, pero refunfuña), te dice claramente “¡NO!” :/

El final de 2016 y el principio de 2017 ciertamente fueron algo contrastante. Es divertido experimentar algo nuevo, aunque sean sustos que uno debe de pasar como padre de familia. Con todo, sería mejor que los sucesos que fueron iguales cambiaran aunque fuera un poco.

Para concluir, he tenido un montón de trabajo en las últimas semanas, y junto con andar cuidando a mi hijo, no me han dado mucho tiempo para escribir por acá. Sin embargo, ya saben que estoy al pendiente de todos los correos y comentarios que me mandan, y que todos los leo, pero tardo a veces mucho en responder. Como siempre, les pido comprensión y paciencia. Hay mucho que quiero escribir aquí, pero ya saben que a veces me toma tiempo en acomodar un escrito para que quede decente.

Por aquí sigo.

¡Feliz 2017!

Ha comenzado un nuevo año. Se va el mono y nos toca el año del pollo. En 干支 (eto), el año del pollo se escribe 酉年 (toridoshi).

Sé que para la mayoría comenzar un año significa un nuevo ciclo y abre una serie de oportunidades simplemente porque sentimos que es el momento para comenzar algo. En mi caso, es momento para continuar algo. Mi hijo está creciendo, y con ello vienen nuevos retos, pero este año también quiero retomar la parte personal y profesional, que aunque no había dejado dormidas, sí estaban en muy baja prioridad por darle paso a aprender a ser padre (al menos los primeros pasos). Concretamente, me he puesto una meta que espero cumplir, y cuando lo haga, aquí les estaré informando.

Por lo pronto, olvidemos lo malo del año pasado y comencemos el nuevo con buena vibra.

Reciban un fuerte abrazo de parte mía y de mi familia. Y como siempre: aquí seguiré contando de mis loqueras por este lado del charco.

El 2016 en un kanji

Kanji de los años anteriores:

Fiel a la tradición anual, es momento de expresar y resumir lo más significativo para mí en este año que termina.

El 2016 fue una aventura total, en muchos aspectos, pero los más destacados son el familiar y el laboral. Tuve la oportunidad de visitar mi tierra después de más de 4 años de no hacerlo, convivir con mi familia, y entender de nuevo lo que significa un choque cultural (no de mi parte, sino de mi esposa). Pero lo más importante fue el descubrimiento de “nuevas” habilidades, y lo pongo entre comillas porque no son realmente nuevas, sino que por primera vez las aplico yo y no me las aplicaron a mí; me refiero a las habilidades de padre. Por tanto, después de pensar mucho entre dos posibilidades que tenía para el kanji de este año, decidí que ésta era la mejor (y más positiva) opción:

El kanji se lee がく (gaku), y como verbo se lee まなぶ (manabu), y significa “estudiar”. Las razones principales las describo a continuación:

  • Como lo mencioné arriba, he tenido que aprender mucho como padre, especialmente estando en una cultura diferente a la mía. Además de lo que vi y experimenté con mi familia en México cuando estaba chico, el hecho de enfrentarme a una serie de tradiciones nuevas de este lado del mundo ha sido toda una experiencia, tanto enriquecedora como retadora. Huelga decir que en más de una ocasión he tenido discusiones con Emi por esas diferencias, pero a fin de cuentas lo dos queremos lo mejor para el niño.
  • Finalmente estoy en un proyecto interesante en el trabajo. Lo bueno es que estoy aprendiendo muchísimo algo que tiene un gran valor curricular. Lo malo es que, como siempre, la “impecable” administración japonesa impide que las cosas salgan como deberían (o como uno está consciente de que pueden salir).
  • Tiene un poco que ver con el primer punto: reencontrarme con choque cultural y con diferencias culturales, aun después de haber vivido aquí casi 14 años. Vaya que ignoraba mucho de la cultura japonesa en lo que respecta  a criar a un niño, y va más allá de las visitas a los templos. Muchas tradiciones y rituales que en su momento contaré.
  • Aunque en menor medida, volver a tomar un Street Fighter “en serio”. Sí, sé que SFV ha tenido muchos problemas desde que salió, y que incluso muchos jugadores profesionales han expresado su disgusto por el juego, pero después de prácticamente haber dejado pasar SF4 y concentrarme más en Tekken (que sigo jugando obviamente), volver a agarrar el control en serio, estudiar el frame data, y practicar lo poco que se puede cada que se puede, ha sido refrescante y revigorizante. Apenas soy UItra Gold, no se burlen.

También, como dicta la costumbre, el kanji de este año en Japón fue , “kin”, que significa dorado, oro, dinero. Hubo varias razones por las que fue elegido, entre las más importantes:

  • La serie de medallas de oro que Japón ganó en las pasadas olimpiadas.
  • Problemas financieros que obligaron a renunciar al anterior gobernador de Tokio. En pocas palabras: usó dinero del erario público de manera personal.
  • El pelo de Donald Trump. No es broma.
  • PPAP. Tampoco es broma.

Documento oficial sobre kanji del 2016 aquí (en japonés).

Se termina otro año. Veamos que es lo que nos depara el nuevo.

La palabra del 2016 en Japón

Cada año en Japón se seleccionan las 10 palabras más populares, o que causaron más furor o polémica, en el país. El año pasado mencioné los dos primeros lugares. Esta vez, comentaré algunos más.

El primer lugar se lo llevó 「神ってる」(Kamitteru). El “furor” (noten las comillas) fue porque el director del equipo de béisbol de las carpas de Hiroshima lo usó para referirse al desempeño de uno de sus jugadores al conectar dos homeruns en la última entrada de dos partidos, dando así la voltereta en el marcador y un par de victorias a su equipo. Sip, nada más por eso.

La palabra se puede traducir como “en la zona”, o más literalmente “que todo lo sale”, o “como si Dios estuviera involucrado”, en el sentido cuando todo lo que haces te sale bien, y lo haces tan bien, que nadie podría ganarte en ello.

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Japón y algunos programas de televisión

Al momento de escribir esto llevo 13 años y medio viviendo de este lado del charco.  Eso es un tercio de mi vida en Japón.

En retrospectiva, mucho me ha pasado por acá, algunas cosas buenas, algunas experiencias malas, pero en general, todo me ha ayudado a crecer. No obstante, no crean que por haber vivido tanto tiempo en el país del sol naciente significa que ya me acostumbré a todo o que todo me agrada; aquellos que han vivido en otro país podrían corroborar cuando digo que por mucho que te adaptes a un país siempre terminas extrañando la patria… y a veces hay cosas o situaciones que se presentan en las que de plano la diferencia cultural se vuelva pesada, extrema, y termina por sacarte de quicio o por desanimarte a seguir en el lugar.

De un tiempo para acá, he notado un aumento en el número de programas de televisión en los que se busca reafirmar lo “glorioso” que es Japón, por qué es muy bueno haber nacido japonés, y las situaciones que se viven en otros lugares (especialmente en países que no son de primer mundo) y que para los japoneses son simplemente “impensables”.

No veo para nada mal enseñar a la gente a querer y admirar a su país, pero de la forma en la que te presentan las cosas por acá, realmente te hacen pensar que no hay mejor lugar para vivir que en Japón, y que todo (o casi todo) lo que hay acá es superior. Si a esto le añaden el poder de los medios de comunicación y de cómo la gente se deja llevar inmediatamente por lo que ésta presenta, tenemos como resultado un sinfín de generalizaciones sobre el extranjero y, en algunos casos, exageraciones de la grandeza nipona. Claro, hay que entender que a fin de cuentas lo que se quiere lograr es atraer espectadores, así que lo que más venda es lo que gana.

El problema es mucho más serio porque:

  • Los productores editan las entrevistas a los extranjeros y los comentarios que estos hacen, dejando solamente las cosas buenas que dicen de Japón.
  • Se crean programas de televisión totalmente arreglados. Es increíble el punto al que llegan con tal de mostrar lo “chido” que es Japón, y lo “malo”  de otros países, o de cómo otros lugares entienden “mal” la cultura japonesa.

A mí me tocó ser entrevistado el año pasado, pero al productor no le gustó la idea de que ya tenía tiempo viviendo en Japón (o sea, no era turista), que hablara japonés sin problema, y que lo que otros extranjeros consideraban como “increíble” me pareciera totalmente X. ¿Resultado? Ni a la segunda pregunta llegamos cuando prácticamente me dijo que no le interesaba.

Hasta Emi dice que esos programas le enfadan porque todo es “qué chido es Japón”, cuando no necesariamente es así.

No se malentienda: hay muchas cosas de este país que me gustan mucho, y en un balance general considero positivo haber venido y vivido todo este tiempo aquí. Es precisamente por eso, y por la razón de que mi hijo es mexicano-japonés, que siento que se debe tener un panorama mucho más general de todo y no encerrarse en una opinión. Japón tiene también problemas y situaciones muy serias, y es necesario que éstas sean tratadas de igual manera, porque no todo es florecitas por acá.

Déjenme ver si puedo ilustrar a qué me refiero.

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La mejor medalla

El fin de semana pasado tuve un par de días muy pesados. Prácticamente no descansé. ¿La razón? Emi se enfermó de repente y estuvo en estado de K.O., lo que significó que yo me tenía que hacer cargo de mi hijo durante todo el tiempo.

Obviamente no me pesa pasar tiempo con mi hijo, pero es muy diferente atenderlo por un rato, jugar con él y entretenerlo, a estar al pendiente de todo: hambre, sed, pañal, juegos, ver que no se acerque a algo peligroso, hacer que duerma la siesta, bañarlo… En fin, sus necesidades básicas.

Todo lo anterior es normal, pero el proceso de aprendizaje de cómo tratar a un bebé es largo y difícil, más cuando no sabes ni qué onda. En mi caso, el año y medio que he pasado con mi hijo ha sido una época de estudio sin parar, lo que conlleva a equivocaciones (a veces leves, a veces más críticas), y al mismo tiempo se une al estrés que traigo del trabajo. ¿Pesado? Mucho, pero ya mencioné que no le hago feo, y me gusta porque me ayuda a pasar más tiempo con él. Y la situación que se presentó fue como el “examen final” para ver si de verdad había aprendido a cuidarlo al 100% o si de plano nada más era fantasía mía.

Mi esposa ilustró el resultado en una imagen:

El distintivo que cuelga de mi pecho en el dibujo (sí, así me dibujó Emi) dice en japonés “立派な育メン” (Rippana Ikumen), que quiere decir “Magnífico padre que actívamente toma parte en la crianza de los niños”.  育メン es una palabra que viene de 育児 (Ikuji, cuidado/crianza de niños) y メン como “men” o “man” en inglés, y al mismo tiempo se creó como paralela a イケメン (Ikemen), que se usa para designar a un hombre guapo.

La verdad es que no saqué 100 en mi examen porque lo que me falló fue dormirlo en la noche (todavía toma pecho), pero todo lo demás fue prueba superada, y debo decir que, aunque es algo que debería ser “lo normal” y que en Japón no lo es porque generalmente todo se le delega a la madre, me llenó de una satisfacción muy grande, que no sentía desde hace mucho tiempo. Sí, he sacrificado gran parte de mi tiempo para dárselo a mi familia (como prueba es la poca actividad que ha tenido este blog en los últimos meses), pero ha valido totalmente la pena.

Para muchos, la medalla más preciada es la de oro. Los atletas y competidores en las diferentes justas entrenan durante mucho tiempo para ser los mejores; todos sueñan con la presea dorada. Para mí este dibujo significa mucho, y representa algo así como una “gran victoria” en esta aventura de ser padre. Todavía me falta mucho por aprender y habrá muchas situaciones que tendré que afrontar y que ni siquiera puedo imaginar ahora, pero sin duda éste es un gran comienzo.

Aprovecho para pedirles un poco de paciencia a todos aquellos que me hacen el favor de leer las loqueras que escribo en este blog. No lo he olvidado, y hay muchos temas que quiero contar aquí, pero ya ven que el tiempo no ayuda mucho. No obstante, ahora en diciembre tengo los típicos escritos de “el kanji del año”, “la palabra o frase más popular en Japón en este año”, entre otros.

Preludio a Final Fantasy XV

kingsglaive

Nuevamente con sentimientos encontrados.

El último Final Fantasy que jugué en forma fue el XIII, y no fue una experiencia tan placentera como los anteriores (el XII se me pasó, pero con el remake del año que entra me pondré al corriente); me parece que quisieron forzar mucho a que te gustara Lightning, pero para mí fue X.

Entra en escena el XV, con como 10 años de estar en desarrollo (ya se la saben: cambió de nombre) y 4 protagonistas que a primera instancia parecen una banda prefabricada de música pop japonesa. Se nota que Square Enix le está metiendo mucho al proyecto, y que si no saca algo realmente majestuoso le puede perder mucho (recordar The Spirits Within). La primera impresión que tuve del juego no fue del todo buena, pero es Final Fantasy, y aunque haya dejado pasar el XIII-2 y el Lightning Returns, el puro título me hace recordar muy buenos momentos.

garnet

¡Oh sí! Garnet y Melodies of Life siempre tendrán un lugar especial en mi corazoncito, y no tanto por el juego o la historia en sí, sino porque lo jugué en una de las etapas más difíciles de la universidad, y me ayudó a salir adelante (especialmente por la letra de la canción).

Kingsglaive es una gran introducción al universo de FFXV y a la trama del juego, pero como película fue muy predecible, y LunaFreya (en japonés es “LunaFrena”) no se me ha hecho, hasta el momento, un personaje memorable. Brotherhood todavía no lo termino de ver completo, pero también es una antesala para lo que viene.

Ayer por fin tuve un poco de tiempo para jugar el último demo, llamado “Judgment Disc”, y me pareció interesante el montón de cosas que hacer y las opciones que tienes en habilidades, así como el ya conocido sistema de batalla. Se me antoja comprar FFXV en cuanto salga, pero me preocupa gastar el dinero y tenerlo ahí, haciendo polvo digital (no compraría el disco, sino que bajaría el juego), porque sé que un FFXV significa invertirle tiempo… pero el final del demo me dejó con ganas de más, y aunado a la última pelea en el Platinum Demo que salió hace ya varios meses, mi lado “fainalfantasiesco” me dice que sí lo compre. Peeero, The Last Guardian sale una semana después… y tengo varios títulos pendientes que que también quiero jugar (no he jugado The Last of Us, no me vayan a crucificar).

Como sea, es bueno tener un poco de tiempo para disfrutar una de las actividades que más me gusta hacer. ¿Retas en SFV? Sí por favor, cuando gusten (y yo tenga tiempo, claro).

Sigo vivo y ocupado

Me pasó otra vez: montón de cosas que hacer en el trabajo, y ni se diga en la casa, y cuando menos recuerdo ya es casi el fin de noviembre y esto sigue sin actualizarse.

No es que no haya hecho nada sobre el blog; tengo 3 escritos a la mitad (cada uno sobre un tema diferente) y he estado respondiendo comentarios y correos en la medida de lo posible. El problema es que no he terminado :/ A las personas a las que les debo respuesta de los comentarios o de algún correo (sea o no con respecto a Japón), les pido un poco de paciencia. Como saben, todos los correos que me llegan y todos los comentarios del blog los leo y respondo, nada más que a veces me tardo.

Después del viaje a México comenzó un proyecto interesante en el trabajo, que lamentablemente se fue al caño por varias circunstancias que pueden o no tener relación con quien lo está dirigiendo, y eso me ha causado una cantidad de estrés impresionante. Digo, no es nuevo que pongan de líder a alguien que ni idea tiene de cómo hacer lo que se tiene que hacer, pero la actitud tiene mucho que ver, porque nadie nace sabiendo y no es pecado ignorar las cosas, pero sí hay problemas cuando dices cosas sin sentido. En fin, cuando llegue el momento les contaré con detalle qué onda al respecto.

En la casa, mi hijo sigue creciendo y creciendo, y con eso también aumenta la energía que tiene, mientras que la mía y la de Emi termina diario no en ceros, sino como en -100. Trae un ritmo imparable, y por más que lo cansemos no podemos hacer que se duerma antes de la medianoche. No cambiaría por nada el tiempo que paso con él, pero sí necesito que se duerma temprano para poder hacer mis cosas también. Las peripecias de ser papá.

En fin, hay mucho que quiero escribir aquí, pero de nuevo será poco a poco en lo que recupero el ritmo, y eso significa literalmente “en lo que encuentro el punto exacto donde hay que darle el karatazo a los niños para que caigan dormidos”.

Saludos a todos, y aquí sigo.

Viajando a México – 4 años después

Había muchas razones para viajar a México después de tanto tiempo, pero hubo 2 en particular que me motivaron a hacerlo aunque la cartera dijera lo contrario: mi familia en México y mi familia de aquí.

La razón era simple: necesitaba ver a mi familia allá y que ellos vieran y conocieran a mi familia acá, en especial a mi hijo, pues a mi ahora esposa la conocen desde la primera vez que la llevé a México, hace casi 7 años… ¡vaya que pasa el tiempo muy rápido! Obviamente hay razones de más peso y de mayor profundidad, pero no vienen al caso en este momento, por lo que las omitiré.

El viaje además sería perfecto para que mi esposa ahora sí experimentara México de forma más “completa”, ya que la vez pasada sí fue de pisa y corre. Ciertamente esta vez tampoco fue una estadía muy larga, pero al menos fue un poco más que la anterior, y como ahora sí nos quedaríamos todo el tiempo en casa de mis padres, tendría la oportunidad de convivir y conocer a mi familia y nuestras costumbres y tradiciones.

Dicho lo anterior, permítanme expresar mis totales y absolutos respetos a quienes viajan en avión con niños de entre 1 y 4 años de edad, en especial a aquellos que recorren grandes distancias en el aire. No importa cuánto te prepares (material y emocionalmente), nunca estarás del todo listo para afrontar la situación. Compré juguetes, cositas para entretener al niño, bajé 100  de sus videos favoritos de Youtube a mi teléfono para poder apaciguarlo en caso de ser necesario; nos aseguramos de tener suficiente de sus botanas favoritas (churritos de camarón y galletas sabor verduras); más pañales de los que humanamente pudiéramos haber pensado llevar en el avión; cambios de ropa; etc. Y es que hay que ver que mantener  entretenido a un niño de esa edad por espacio de 13 horas en un espacio muy reducido es realmente una hazaña que debería registrarse como heroica.  Y ni hablemos del equipaje registrado: 2 mega maletas llenas de ropa y accesorios para él. ¿Mi ropa? Cupo en una mini maleta extra que llevamos, y la de mi esposa igual.

No los aburriré con detalles sobre cómo sobrevivimos el vuelo de Tokio a Houston, pero aunque parezca increíble, el vuelo que nos conectó a Guadalajara fue mucho más pesado, comenzando porque, como buenos mexicanos, no había realmente una fila para subirse en el avión, sino que era algo estilo “métase el que pueda”, hasta que los de la aerolínea pusieron algo de orden. Todavía no llegaba a México y ya me sentía en casa…

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La vida de un mexicano en el país del sol naciente.