Es tuya, ¿verdad?

En el lugar donde vivo tuvimos (todos los inquilinos) una situación con una persona desconocida que vive en el mismo complejo habitacional: la basura. Explico: en muchos lugares donde se deja la basura al aire libre hay redes que se deben poner sobre las bolsas para evitar que los animales (cuervos en este caso) lleguen, las picoteen y dejen el contenido regado en la calle. Alguien no puso la red un par de veces (se ignora si fue la misma persona o no) y amanecimos con un tiradero por toda la calle, situación que a los vecinos de enfrente (como 5 o 6 familias) que tienen casa propia no les agradó del todo y supongo que más de alguno reportó el problema. Hasta aquí todo bien.

Como se suele tratar los problemas por acá, la inmobiliaria puso en todos los buzones una nota en donde se pedía por favor tener cuidado al tirar la basura, haciendo hincapié en poner correctamente la red para que los cuervos no hicieran de las suyas. Digo que “se suele tratar los problemas por acá” porque independientemente de que se sepa quien causó un problema (no nada más éste de la basura), muy rara vez se hace mención directa, y en su lugar, se manda un memorándum a todos por igual, sin importar si están siquiera implicados en la situación. ¿El vecino de arriba hace mucho ruido por la noche? Memorándum a todos recordando que es importante tratar de no hacer ruido por las noches. En resumen: se trata de ser todo lo pasivo-agresivo que se pueda, pero se intenta evitar a toda costa un conflicto directo.

Regresando al tema de la basura, un día por la mañana salí a tirar la mía. Ya había muchas bolsas en el lugar y la red estaba debidamente puesta, pero una bolsa había sido víctima de los cuervos y había basura regada por la calle. Un señor de los que viven enfrente (tendrá unos 70 años más o  menos) estaba barriendo, y estaba visiblemente molesto por la situación. Llego, levanto la red, meto mi bolsa, y en cuanto lo hago el señor me dice, apuntando a la bolsa que ya estaba ahí regada antes de que yo llegara: “Ésa es tuya, ¿verdad?”. No me agarró de sorpresa: desde que vi al “ñor” supe que me iba a decir algo. Respondí: “No señor. Ésta es mi bolsa (apunto la que acabo de dejar), acabo de llegar aquí y la acabo de poner. Ésa no es mía”. El señor me ve de arriba a abajo, no quita su cara de enfado, pero no me puede decir nada más porque no tiene argumentos puesto que él mismo sabía que la basura había sido regada desde antes. Con todo, le digo que al menos pongamos la bolsa rota debajo de la red para evitar que más basura se riegue por la calle. Sin pronunciar palabra alguna va por la bolsa y mientras yo levanto la red él la mete, se da la vuelta y se va a continuar barriendo. Yo emprendo el camino hacia la estación porque ya me iba al trabajo.

¿Por qué esperaba que el señor me dijera algo? Porque mi sentido arácnido me hizo recordar que ante un problema acá hay gente (sobre todo mayor) que tiende a culpar primero a los extranjeros porque es más fácil argumentar que nosotros cometimos un error por no conocer la cultura o costumbres que pensar que un japonés pudo haber obrado mal. Suena exagerado, pero en muchas ocasiones así es, y en foros en internet se ha convertido en un meme entre los extranjeros porque algo similar ocurre en diferentes ámbitos, como en el criminal (en donde mucha gente supone que un extranjero es culpable cuando se comete algún delito y hay comunidad extranjera cerca). Ahora bien: es un meme, sí, pero obviamente no quiere decir que sea así en todos lados, y es menor cuando estás bien integrado en la comunidad en donde vives.

Al final no le di mayor importancia al asunto, pero mentiría si no me sacó una sonrisa el hecho de haberle atinado a lo que iba a pasar.

#JapónEsPerfecto 😛

Confesiones “otaku”

Prepárense, porque este post está lleno de declaraciones que quizá pocos sabían (y muchos no querían saber) sobre mi lado de aficionado a “monas chinas” y videojuegos.

Me subí al tren del 豆 en Twitter (aunque muy tarde, lo reconozco) en el que por cada “like” que le den al tweet que dice que me subo, hay que escribir una “confesión” que tenga que ver con ser “otaku”. Sí: odio ese término porque sé la connotación real, y NADA tiene que ver la que le quieren poner fuera de Japón. No obstante,  debo reconocer que es más fácil de identificar, por eso así la dejé.

No llegué a todos los “like” que recibí (más de 70), pero creo que sí dije lo más importante.

Sin más preámbulos, pásenle a leer:

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3, tres, 三

Honestamente, me es difícil decir si un año ha pasado muy rápida o muy lentamente. Parece que fue ayer cuando estaba escribiendo el segundo escrito de esta lista, y sin embargo, haciendo memoria no puedo dejar de sorprenderme de todo lo que pasó ni del crecimiento que mi hijo ha experimentado durante ese tiempo.

Quizá lo que a mí me causa más asombro es el hecho de que él maneje 2 idiomas como si nada. Bueno, casi. Su japonés es mucho más fluído que su español, pero este último no está tan mal, y me deja impresionado cómo la mente de los niños funciona para que él cometa errores comunes en conjugaciones de verbos irregulares, como “yo sabo”, o “yo me poní los zapatos”, sin que le haya enseñado explícitamente esas palabras.

Con mi hijo creciendo, se ha vuelto mucho más fácil pasar tiempo con él y llevármelo a pasear (nada más nosotros dos): acuarios, zoológicos, arcadias (le encantan Mario Kart y Luigi’s Mansion, aunque últimamente a este último le ha tenido miedo) y hasta karaoke. Debo confesar que la primera vez que salimos juntos sí estaba nervioso, pero después de un día de ver Shinkansen, ir al acuario de Sumida y contemplar el Skytree, la pasé muy bien, y verlo sonreír fue lo mejor de la experiencia. Hasta medallita conmemorativa hicimos. Y de ahí en delante agarré confianza y ahora ya ni es necesario hacer planes para ir a algún lado en específico.

En contraste, algunas situaciones se han vuelto también más complicadas. Por ejemplo, darle de comer toma mucho tiempo, nada más quiere comer lo que le gusta (termina comiéndose todo, pero después de un rato); dormir es otra de ellas, pues poco a poco comienza a poner más resistencia a la hora de hacer la meme porque todo el tiempo quiere jugar. Asimismo, está desarrollando vergüenza, y ahora tarda más en ser él mismo cuando está alguien que no conoce, no quiere que lo cambien en presencia de nadie más, está en la edad del “¿por qué?”, etc., etc.

He de confesar que hay días en los que de plano siento que no me sale nada bien, pero es precisamente en ellos cuando veo a mi hijo jugar y hablarme en español cuando me doy cuenta de que al menos algo no estoy haciendo mal. Y lo corroboro cuando él me pide que juguemos “Super Mario World” (ya lo terminamos), “Yoshi’s Island” (en proceso), “Mega Man X” (también terminado) o “Little Nemo Dream Master” para “ganarle al pingüino malo y a la mantarraya mala” (sus palabras tal cual). También voy a confesar que me da mucho gusto cuando por las mañana se levanta y me ve jugando Street Fighter V y me dice: “Papá, ¿estás jugando Street Fighter?” 😀 He estado jugando con él el Super Street Figher II de Super Famicon, y su personaje favorito es Blanka (ahí le estoy fallando, pero corregiré eso a la brevedad posible :P).

También ha comenzado una nueva batalla: la escuela. Aunque por su edad no pudo entrar al kínder este año, ya está yendo al “pre-kínder”. Todavía no se adapta, pues se la pasa llorando o enojado, pero ahí la llevamos.

Hace tres años tuve la sensación más hermosa de toda mi vida. Hoy, en el tercer cumpleaños de mi hijo, me es grato darme cuenta de que no terminó ahí, sino que ha seguido vigente todo el tiempo.

¡Felicidades en tu tercer cumpleaños hijo! Este año aprenderás a andar en bicicleta 😀

Y ahora, vamos a comer pastel 🙂

Decisiones – 15 años después

Aunque se me pasó la fecha para publicar esto (originalmente iba a salir el 2 de abril), me quise esperar un poco para editar algunas cosas… y como siempre no quedé a gusto con los cambios :/

Últimamente me he puesto a pensar sobre el tiempo que he vivido en Japón, pero de una forma diferente: dándome cuenta de que las jóvenes de 18 años ahora tenían 3 cuando brinqué el charco. Por más joven que uno quiera sentirse, los años siempre están para recordarnos que ya no lo estamos tanto. Y es que el shock es diferente (o de menor intensidad) si piensas “tengo 15 años en Japón” que “los que ahora son mayores de edad en México tenían 3 años cuando yo me vine para acá”… El fregadazo pega fuerte, y aunado a los “regalitos” que trae el estrés de la vida de este lado del mundo, no puedes evitar pensar que, en efecto, los años no pasan en balde.

No crean que me pongo melancólico y dramático por eso. Siempre he pensado que con la edad viene mucha experiencia y que cada época tiene su forma particular de disfrutarse. No obstante, cuando estás entre dos culturas (la que dejaste en tu país y la del país en donde vives) y te das cuenta de que por responsabilidades y compromisos simplemente ya no puedes estar “en la onda”, o mejor dicho “en dos ondas”, el peso se siente más.

Lo anterior se debe sin duda a que, a pesar de que tengo tanto tiempo por acá, realmente siempre había pensado en Japón como un lugar pasajero, que en algún momento iba a dejar. Con todos sus pros y contras, una parte de mí siempre se ha negado a creer que éste es el mejor lugar en el que podría estar. Ahora bien, eso de “el mejor lugar” no necesariamente cumple mis expectativas, pero como ya no estoy solo ya no nada más es lo que yo piense o sienta, sino que tengo que poner en la balanza también lo que los otros miembros de la familia piensan y sienten que es lo mejor. Es como intentar llegar a un acuerdo tácito, tanto con la familia como con uno mismo.

No, no estoy diciendo que ya en definitiva me voy a quedar aquí, sino que poco a poco se acerca la hora de tomar esa decisión, y tengo que considerar todos los factores relevantes para poder hacerlo. Y es ahí cuando realmente añoro la época en la que podías intentar una y mil cosas, y simplemente cambiar de rumbo si algo salía mal. Nunca huír, siempre terminar lo que uno comienza, pero no quedarse en algo más tiempo del necesario. Es ahí donde recuerdo ese sentimiento que tuve cuando vine a Japón por primera vez en 2002, y luego regresé becado en 2003. Y también es ahí donde digo “Sip. De plano me falta mucho para considerarme una persona madura, pero ahora ya no soy joven. En unos meses voy a pasar a ser un ‘cuarentón’. ¿Me va a dar una crisis por eso o de plano ya me está dando y no me quiero dar cuenta?”.

Uy sí, súper profundo todo lo anterior.

Mi hijo crece, y con ello comienzan los planes ya más a futuro. En concreto en este momento: escuela. Todavía le falta un año para entrar al kínder, pero desde ahora tiene que comenzar con actividades que lo prepararán para ese momento, y de preferencia en el lugar en donde queremos que entre. ¿En pocas palabras? $$$. Si me quiero mover de Japón, tiene que pasar en a lo más 3 años a partir de ahora, pero para moverme necesito tener seguridad y estabilidad al lugar donde me vaya a ir; ya no es nada más decir “pues me lanzo y como puro atún en lata y me acomodo en un rincón”. No, no quiero todo en bandeja de plata, pero al menos sí necesito lo esencial para darle la estabilidad que mi familia necesitará en cualquier lugar al que nos movamos.

Pese a que ya lo comenté, aquí lo vuelvo a recalcar: realmente me desanimó mucho lo que pasó hace poco con cierta institución educativa de mi tierra natal, y más porque no es la primera vez que me la aplican de forma similar. Con todo, me ayudó a sacudirme la cabeza y pensar con más calma y seriedad en lo que pasaría si regreso a México. Además, creo que no estoy solo: así como yo, fuera de México hay muchos paisanos (de diferentes profesiones y oficios, muchos de ellos muchísimo mejores que yo) que se preguntan si realmente vale la pena regresar al terruño, especialmente cuando no tienes “palancas” o formas de asegurar un buen puesto, y más con familia… Respeto muchísimo a aquellos que ya tomaron la decisión definitiva de regresar (o ya regresaron y están echándole ganas), así como también respeto muchísimo a aquellos que ya decidieron que están mejor en donde están y, por mucho que amen México, no van a regresar. Cada uno está en su derecho y ni yo ni nadie puede ni debe reprocharles nada, mucho menos aquellos que no tienen idea de lo que uno vive fuera de su país pero se la pasan criticando a los que vivimos fuera, por la razón que ustedes quieran y gusten.

Japón ha sido mi segundo hogar por ya 3 lustros. Hay mucho que no me agrada de aquí, pero es parte de lo que uno tiene que sacrificar por lo que sí le gusta. En contraste, México también tiene muchas cosas buenas, pero las malas ahí están también. Sin duda, no hay país perfecto, y a donde uno vaya y se quede se tiene que acostumbrar.

Mi idea de quedarme en Japón después de que me salió el título de doctor en una caja de cereal terminé el doctorado era porque precisamente sentía que no había terminado aquí. Todo fue muy rápido, y de haber optado por regresar a México en ese entonces me iba a dejar con la idea incómoda de que no terminé mi ciclo aquí, aunque el doctorado estuviera terminado. Incluso cuando regresé de visita a México en 2012 recuerdo que me despedí de mis papás diciendo: “Me voy porque todavía tengo cosas que hacer allá”. Mi vida en Tokio todavía no cumplía un año, y acababa de terminar una de las épocas más difíciles que he tenido en la vida, así que no había ni un gramo de duda en mi decisión. Ahora creo que estoy cerca del punto donde debo cerrar un círculo para abrir otro, y quizá sea aquí mismo, pero ya con una visión a futuro más clara y concreta.

Van 15 años, y algo me dice que todavía faltan más.

La animación japonesa por fin encuenta un lugar en México

Durante la serie de los años maravillosos, y específicamente en la parte 4.5 escrita en 2011, comenté un poco sobre mi afición a la animación japonesa y al mismo tiempo mencioné brevemente la situación que el anime y manga vivían en ese entonces en México (y posiblemente Latinoamérica). Quise retomar el tema debido a los cambios que la afición ha vivido en México en los últimos meses, aunque se han venido cocinando desde hace algunos años.

Es necesario mencionar con detalle (ahora sí) la situación que se vivía en los años 90, tanto para refrescar la mente de los que vivimos esa época como para poner en contexto a las nuevas generaciones que no lo hicieron o que eran muy pequeños para darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Inserten aquí todas las exclamaciones de “¡Ya estás ruco!”, “¡ya llovió!”, “uuuuuuuu” y similares, pues aunque diga que no, esto va a sonar a historias de ésas en las que los niños se sentaban alrededor del abuelo mientras éste las contaba.

Tengan muy en cuenta lo siguiente: todo lo que aquí escribo es enteramente basado en mi percepción y experiencia. Ciertamente no soy la persona más informada al respecto y seguramente hay muchos más que pueden ahondar en alguno de los temas aquí referidos (si no en todos). Además, recuerden que tengo casi 15 años (al momento de escribir esto) viviendo fuera de México, por lo que seguramente se me van a escapar detalles de la situación del medio durante todo ese lapso.

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Versión actualizada

En 2008 respondí a un meme en donde simplemente había que elegir un video de YouTube. Si no le dieron click a liga, el video que elegí fue el de “Nations of the World”, por Yakko Warner.

Poca gente sabe (me incluyo yo hasta hace varios meses) que Rob Paulsen, el actor de voz que dio vida al mayor de los hermanos Warner, tiene una versión actualizada (para 2017) de la misma canción.

Si no saben de qué hablo, les recomiendo mucho ver primero la versión original presentada en Animaniacs, y luego ver la actualizada, que dejo a continuación:

Y otra vez sucedió…

En la entrada del 14 de febrero mencioné que pronto tendría noticias que compartir en el blog. Helas aquí, y les adelanto que no son nada buenas.

Por razones de respeto a quien fue mi contacto durante toda esta experiencia, no daré nombres. A fin de cuentas entiendo (y quiero creer) que no fue su culpa, pero como fue la persona que me contactó, es a ella a la que mi reclamo fue dirigido. Digo “fue” porque ya se lo envié, esperando que esa persona entienda mi posición.

Resulta que el pasado 24 de enero esa persona, a la que llamaremos Z7, me contactó por parte de la Universidad de Guadalajara para invitarme a Talent Land, un evento de gran magnitud que se llevará a cabo del 2 al 6 de abril de este año en Expo Guadalajara. La idea era que asistiera al evento a compartir mi experiencia como egresado de la UdG y lo que he logrado por este lado del mundo.

Imagínense mi entusiasmo cuando de repente me llega una invitación de esa magnitud, y en México, ¡y en Guadalajara! No solamente tendría la oportunidad de apoyar a la UdG en algo, sino que también podría ver a mi familia. Todo sonaba muy bien. Sin embargo, ya me ha pasado algo similar antes, y con la UdG “me la aplicaron” de forma similar con el intento de repatriación por parte del CONACYT dos años consecutivos (y será lo único que mencione al respecto, al menos por el momento), aunado con que tengo que conseguir el permiso por este lado del mundo, lo primero que pregunté fue, tal cual:

¿De su lado ya es un hecho que si digo que sí se hace, o apenas es una propuesta?

Z7 me aseguró que ya todo era un hecho, y que podían pagarme el vuelo redondo del día al día que yo quisiera, ya que entendía que era posible que quisiera pasar más días en Guadalajara.

¿Se puede pedir algo mejor? Evento en Guadalajara, participo con la UdG, veo a mi familia y amigos, y me pagan el vuelo… Pues claro que me moví para poder conseguir el permiso para asistir.

Para no hacerles la historia larga y no entrar en muchos detalles: después de una negociación la idea les encantó por acá, tanto como porque uno de los empleados del área de inteligencia artificial participaría en un evento de ese calibre, como porque podría hablar del proyecto en el que estoy trabajando. Me dieron el visto bueno, y por tanto le dije a Z7 que sería un honor poder participar.

¡Bien!

Todo parecía marchar sobre ruedas. Z7 me pidió mi currículum vítae en español, y como no lo tenía hecho me puse a redactarlo. Se lo envié, junto con algunas sugerencias de vuelos y Z7 confirmó haberlos recibido. Me indicó que ya había pasado mi currículm con la coordinación de contenidos y que de ahí se pondrían en contacto conmigo para darle seguimiento a la invitación, sobre todo para platicar de la forma en la que apoyaría y los temas que trataría. Z7 me dijo que sería bueno que yo también propusiera temas para las charlas.

Esa plática ocurrió el 8 de febrero.

15 de febrero: todavía sin recibir mensaje de la coordinación de contenidos. “Falta tiempo”, pensé. Le mandé mensaje a Z7 diciéndole que no había recibido contacto alguno y que sería bueno ir discutiendo los temas.

No hubo respuesta.

En la empresa, el jefe de departamento estaba muy emocionado con mi participación en el evento, y constantemente me preguntaba de qué hablaría, porque quería hacerlo público (a toda la empresa); del equipo con el que trabajo recibí felicitaciones como en la vida me las han dicho. En fin, de una forma o de otra, además del apoyo, era obvio que mi presencia ahí les importaba muchísimo (¿posibles planes de crecimiento en México? Ni idea). Las preguntas sobre mi participación eran cada vez más frecuentes. ¿Qué podía responder? Que en México las cosas no se hacen como en Japón y que todavía no se decidían los temas, pero que mi participación era un hecho y que en cuanto los temas estuvieras escogidos se los haría saber.

23 de febrero: todavía sin recibir respuesta de Z7 ni contacto por la coordinación, vuelvo a enviarle mensaje a Z7 por varios medios expresando grosso modo lo referido en el párrafo anterior y pidiendo una pronta respuesta. “Falta poco más de un mes, pero cada vez veo que más gente está confirmada y yo todavía no… ¿será que…? Nah…”, otra vez pensé.

1 de marzo: Z7 me envía un correo disculpándose por la falta de contacto debido a razones laborales, y me explica que por esas razones laborales dejó con una maestra una lista con invitados que ya tenían el visto bueno de la jefa con la seguridad de que le daría seguimiento, pero que cuando regresó y revisó, resulta que por grilla y enojo porque la señora no llevaba la organización completa, esa señora decidió no agregar a algunos porque “ya no tenía espacio”. Z7 se disculpa profundamente conmigo y me propone cambiar a otro evento y a dar charlas en otros centros universitarios, pero en fechas en las que no puedo viajar.

O sea… me dejaron bailando (y al parecer no fui el único). Insisto: no puedo culpar a Z7 porque he trabajado con esa persona antes, así que le creo lo que me dice. Sin embargo, lo que acaeció me deja ver que, lamentablemente, la situación dentro de la institución realmente no ha cambiado mucho en todos estos años que llevo en Japón. Es muy triste que a estas alturas todavía haya gente a la que se tiene que estar cazando para que haga las cosas bien. Pero que no se malentienda: la Universidad de Guadalajara es una gran institución, y me enorgullece haber sido parte de ella. Sé que lo que pasó esta vez, y lo que pasó antes, no refleja los valores que ella ofrece.

Para terminar, quiero dejar en claro algo: estoy perfectamente consciente de que hay millones de personas mejor que yo y mucho más aptas para estar presentes en un evento de esa índole. Incluso me llegué a preguntar si yo era el indicado para ir a platicar mi experiencia. ¿Qué quiero decir con esto? Que no me creo una persona súper importante o súper influyente, ni tampoco que se me sube a la cabeza el hecho de haber recibido la invitación. Es lamentable lo sucedido, pero aprenderé de la experiencia.

Ni modo. A lo que sigue.

 

 

Y nos nevó otra vez

El pasado 22 de enero Tokio vivió una gran tormenta de nieve como no había sucedido en 4 años. “Pero si nieva en Japón, eso no es una gran noticia, ¿o sí?” se podrán preguntar algunos, pero, al menos en Tokio, sí lo es. Explico.

Tokio no es una ciudad en donde nieve mucho. El número de nevadas al año se reduce a 1, cuando mucho 2, y en general la nieve no se acumula como en otros lugares del país, especialmente del norte o del lado del mar de Japón. Por tanto, aun con lo grande y cosmopolita que pueda considerarse, Tokio, en teoría, no necesita prepararse para una gran nevada porque “casi no pasan”. Los problemas comienzan cuando esas grandes nevadas pasan… y vaya que todo se vuelve un caos. Literalmente un “snowcalypse”.

Debido a que la ciudad no está preparada, la nieve hace de las suyas: entorpece el tráfico, hace que los trenes se retrasen o se detengan, y provoca que la gente se caiga, lo que se convierte en lesiones, a veces muy graves. Por esa razón, cuando el reporte del clima avisa que habrá una nevada, las empresas toman medidas como si se tratara de un tifón: permite que los empleados salgan temprano, lleguen más tarde, o en el mejor de los casos que trabajen desde casa, o en el peor de los casos pagan un hotel cercano al lugar de trabajo para que los empleados no tengan problema en llegar a la empresa al día siguiente.

Tenía ya buen rato de no nevar así. La vez pasada la nevada nos agarró regresando de un viaje. Recuerdo que fue un logro caminar de la estación a la casa, y aun en el relativamente corto tramo que tenemos que caminar me tocó ver a varios carros derrapar.

Este año no fue la excepción: además de carros derrapando y gente cayéndose, muchísimas personas tuvieron que esperar hasta 4 horas para poder tomar un autobús o un taxi porque los trenes no se movían. Hubo quienes de plano mejor se quedaron en hotel para evitar el estrés.

Sin embargo, aun con las risas sarcásticas de quienes viven en otras prefecturas donde la nieve es muy común y no causa tantos estragos como en Tokio, dudo mucho que la capital nipona sea la única ciudad en el mundo que sufre por esto.  Lo mejor es siempre estar preparado o resignado: hacerse de otro juego de llantas para el carro es, al menos para muchos tokiotas, un gasto innecesario; hay quienes sí lo hacen, sobre todo aquellos que manejan mucho a zonas montañosas. Pero quienes dependen totalmente del transporte público no tienen de otra más que resignarse y buscar alternativas.

Le preguntaba a mi esposa qué haría ella ante tal situación, y su respuesta fue: “Si veo que los trenes no se están moviendo por más de una hora, mejor me voy a cenar y relajarme, así no me estreso con tanta gente y trenes súper llenos. Y si después de eso no puedo regresar a casa, me quedo en algún hotel y regreso al día siguiente en el primer tren de la mañana”.

Cabe mencionar que en Iizuka (donde viví for 8 años y medio), la nieve tampoco era tan frecuente, pero ciertamente nieva un poco más que en Tokio. Ahí sí tenía cadenas para el carro, pero no desde el principio… tuvo que pasar algo para que las adquiriera, y sí me tocó manejar con mucha nieve, mas no tanto como para decir que soy experto en ello.

Un detalle más: había estado planeando llevar a mi hijo un poco al norte de Japón para que viera la nieve por primera vez. Esta nevada me ahorró una buena cantidad de yenes 😀

Ya va de salida el invierno… ¡Por fin!

Entre pendientes, tarea y trabajo

Aunque parezca lo contrario, no tengo abandonado este lugar. Nada más dense una vuelta por los comentarios de varias entradas para que se den cuenta de que he estado muy activo respondiendo preguntas de todo tipo.

¿Entrada nueva? Dentro de poco. No es que sea mi meta en la vida no haber escrito nada en mes y medio, pero se me juntaron un montón de cosas, y el poco tiempo que me ha quedado realmente para mí lo he invertido entre la nueva entrada y Breath of the Wild.

Terminó el curso que tomé en la universidad de Tokio. Fueron 2 semestres, pero el segundo fue sin duda el más pesado en cuanto a contenido (hay mucho que tengo que repasar). El problema mayor fue que esta vez no hubo tarea semanal, sino un proyecto final en equipo, y como podrán imaginarse fue toda una experiencia. A final de cuentas mi equipo quedó empatado en 2do. lugar, pero la última parte fue lo más complicado, sobre todo porque en ese tipo de proyectos (Machine Learning, Deep Learning especificamente) es difícil repartir las tareas de forma equitativa. Bueno, el resultado final es lo que cuenta.

El fin de año fue totalmente japonés: pasar los días en casa con la familia y salir a pasear o a comer a algún lugar cercano. Fueron 9 días de descanso, que en realidad no se sintieron tanto, pero al menos fue bueno hacer algo diferente.

El proyecto en el que estoy trabajando en la empresa sigue vigente, pero yo ando súper atorado en un problema y se me agotan las ideas. Huelga decir que no me gusta Lua, pero curiosamente Torch es un buen ambiente para trabajar con redes neuronales. Descubrí MXNET y que se puede usar con Scala, así que está en la mira. Lo malo es que la situación sigue vigente: la falta de tiempo para continuar mis proyectos personales. Estoy trabajando para resolver eso, pero va a tomar más tiempo del que esperaba,

Quisiera comentar que tengo noticias interesantes, pero todavía no puedo confirmar nada porque al momento de escribir esto todavía no me confirman nada a mí. Espero que no vaya a pasar lo que mucho me temo. Sea lo que fuere, les estaré comentando por este medio una vez que ya tenga una respuesta concreta.

“¿Y la nueva entrada?” Sí, trabajo en ella, pero por falta de conocimiento de algunas situaciones la siento un poco incompleta. Ya serán ustedes los mejores jueces.

¡Ah! Hoy es día de recibir chocolates (esto se tiene que publicar el 14 de febrero). Ojalá les pueda decir que he recibido un montón al momento de que esto salga a la luz, pero lo dudo :/

Aquí sigo, y también en YouTube en las transmisiones en vivo que hago de vez en cuando.

¡Feliz 2018!

Comienza un nuevo ciclo. Según el calendario chino, éste año es el del perro, y en kanji se escribe 戌年 (inu doshi).

Aunque he estado un poco inactivo por acá los últimos meses, el proyecto del blog continúa.

Este año habrá cambios importantes en mi vida, y quiero estar lo mejor preparado posible para enfrentarlos. Mucho reto, pero valdrá la pena.

Les deseo a todos lo mejor en este 2018, y que éste sea el mejor año para todos.

Un abrazo desde algún lugar de Tokio, Japón.

La vida de un mexicano en el país del sol naciente.