16 años – Tratando de romper la burbuja

Siento que cada año que pasa digo lo mismo respecto a mi posición de estar en Japón y de todo lo que he vivido por acá. Sin embargo, nada puede estar más lejos de la realidad. Es cierto que hay cosas que no cambian, pero la vida continúa, y con ella las experiencias nuevas. En pocas palabras: aunque parezca que no, 16 años después de haber llegado a la tierra del sol naciente todavía sigo aprendiendo sobre este país, conociendo su cultura y tratando de adaptarme a ella.

Quería que este escrito saliera a la luz  a principios de abril, pero  circunstancias inesperadas lo impidieron. Dos de los cambios más importantes sucedieron precisamente ahí: mi hijo comenzó a ir al kínder y yo comencé a trabajar en una empresa no japonesa.

Lo primero era ya algo planeado, que vinimos preparando desde hace justamente un año. Todavía me parece increíble toda la serie de cambios que ocurrieron en mi hijo en tan poco tiempo, aunque ciertamente para un niño de su edad un año es un periodo de tiempo muy largo; para ser sincero, el año pasado no creía que mi hijo estaría listo para ir a la escuela (tonto yo), y pasó de ser el niño bueno que todo hace, todo escucha y es siempre obediente, al niño que ya tiene opinión, que dice lo que no le gusta y que se rehúsa a obedecer cuando algo no le parece (no sé cuántos cientos de veces he tenido que decirle “¡mastica!”, “¡come bien!”, “¡recoge tus juguetes!”.

Lo segundo es algo mucho más profundo, que tiene mucho más peso en mi vida.

Quizá para muchos no suene tan relevante ya no trabajar para una empresa japonesa, pero para mí ha sido como volver a ver el cielo azul después de haber pasado mucho tiempo lloviendo: sabía que estaba ahí, pero como no lo había visto en mucho tiempo, simplemente acepté que la lluvia sería perpetua.

No quiero decir con lo anterior que todas las empresas japonesas son malas o estresantes, sino que hay muchas políticas con las que nunca concordaré, así como la forma de hacer las cosas para poder “encajar” y, a la vez, subir la fatídica escalera jerárquica. Me acostumbré, sí, y quizá en el futuro tenga que volver a una empresa nipona, pero volver a trabajar a ritmo de un lugar que no se rige por estándares japoneses ha sido uno de los cambios que más peso han tenido para mí durante mi vida en este país. Por lo mismo, siento todavía ese miedo del que hablaba a principios de abril: creía que Japón me había echado a perder.

Es muy muy muy fácil encerrarte en una burbuja y vivir a la japonesa (obviamente: es la forma de vida en este país), y cuanto más te encierras, más difícil es voltear a ver otras opciones. Japón te ofrece lo necesario para tener una vida decente, sí, pero el precio que se paga en muchos lugares es, a mi gusto, muy alto. Sinceramente, fue cuando supe que realmente tenía oportunidad de obtener el trabajo actual que comencé a preocuparme en serio, a dudar de todo, incluso de mí mismo. Recordaba el momento en el que decidí dar el brinco de Iizuka a Tokio y me preguntaba si otra vez sentiría lo mismo, sobre todo porque el primer trabajo fue como ir del paraíso al infierno. Todavia es muy pronto para emitir un veredicto respecto a mi decisión, pero hasta este momento la considero totalmente positiva, incluso contando el miedo que todavía corre por mis venas.

Tengo que romper esa burbuja.

Me gradué como ingeniero en computación en la Universidad de Guadalajara hace 19 años (orgullosamente CUCEI). Tengo 40 al momento de escribir esto, y aunque encajo a la perfección en la categoría de “chavorruco”, ahora entiendo por qué la gente de mi edad a veces se empeña a sentir y permanecer joven lo más que se pueda. La edad no regresa (por desgracia), pero cada una de las canas que tengo (las cuales ya comienzan a ser bastante notorias) es símbolo inequívoco de lo poco o mucho que me ha tenido que pasar para encontrarme hoy sentado, escribiendo en mi computadora, dentro de una casa que yo rento, y que lo que está dentro de ella es gracias a mi esfuerzo, a mi perserverancia (y a veces hasta arrogancia) y las decisiones que he tomado a lo largo del camino. Hasta hace años, realmente no me caía el veinte de que alguien como yo (minimizándome) pudiera mantener a una familia y proveer de todo lo necesario para vivir. Todavía me parece que fue hace poco cuando vivía solo, que recibía una beca por parte del gobierno, y que lo que más añoraba era que llegara el domingo en la noche para cenar pizza congelada, frente a una televisión de segunda mano, con el calentador puesto (en invierno), en mi departamento en el cuarto piso de un edificio ubicado en un área rural al sur de Japón.

Eran buenos tiempos.

¡Ah! Pero hay algo más que quiero mencionar. Hace mucho comentaba que cuando vine a Japón, de buenas a primeras algunas personas que se decían que eran mis amigos me dejaron de hablar y cortaron toda comunicación. Tristemente, también me ha pasado con gente de este lado del mundo. Entiéndase bien: no hablo de la gente que conocí en Japón y que se regresó a su país origen (México entre ellos) y con la que he perdido comunicación debido a los deberes que cada uno tiene; para nada: esos son amigos y, al menos de mi parte, siempre lo serán). Me refiero a gente que he conocido tanto aquí en Japón como en México, con la que llegué a convivir mucho, y que de repente sin ton ni son me dieron el cortón. Durante muchos años (sí, años) me torturaba pensando qué pudo haber pasado tan grave como para que ni siquiera me hubieran dicho el porqué del alejamiento, sabiendo de antemano que uno no es moneda de oro para caerle bien a todos. Sin embargo, con el paso de los años creo que no me quedó más opción que resignarme y dejar todo como un bonito recuerdo. Al menos cuando vine de México sabía cuál era la razón (envidia principalmente. Yo estaba “viviendo el sueño otaku” – noten las comillas)… Ni modo. Sí me dolió perder comunicación, pero es inútil seguirle buscando.

Como sea, tengo 16 años viviendo por acá. Huelga decir que no soy el único mexicano en Japón, y obviamente hay compatriotas que han hecho más y mejores cosas por acá, y la verdad eso me da mucho, pero mucho gusto. Yo todavía tengo una historia que escribir en este país, y no la pienso dejar inconclusa.

11 thoughts on “16 años – Tratando de romper la burbuja”

    1. Eso siempre. No obstante, sí deja un hueco el hecho de que de buenas a primeras te dejen de hablar (no de contactar) y ni razones te den, y la siguiente vez que tú les hablas sin saber qué onda simplemente te ignoran. Ni oportunidad dan para rectificar si uno hizo alguna burrada sin querer.

      Ni modo.

      Saludos.

  1. Y a propósito del nuevo trabajo en la empresa extranjera, ¿manejan más el inglés o el japonés en el día a día?

    Saludos y mucho éxito.

    1. En la nueva empresa la comunicación se hace en inglés. Hay japoneses, pero también manejan el inglés muy bien. Solamente entre japoneses usan japonés.

      Saludos, y muchas gracias 🙂

  2. Que linda es ver la evolución de tu vida mediante este blog tuyo. El tuyo junto con el de Kirai (un español en japon que lleva más o menos el mismo tiempo que tu ahí).

    El ver como has crecido en lo personal y profesional ha sido una experiencia muy disfruta-ble (y algo envidiable también he de reconocer), a mi me ha pasado un poco lo tuyo, he vivido en varias partes de este mundito aunque nunca ahí, disfrutando o sufriendo de ese “sueño otaku”, pero el tuyo y el otro blog me han aproximado a ello en cierta medida.

    Espero en un futuro no tan lejano poder disfrutar durante unas vacaciones de ese Japón, sobre todo el tradicional así como el rural. He pensado en la posibilidad de alquilar una casa rodante y así disfrutar de Japón a sus anchas a mi ritmo.

    Pues nada Manuel, muchos éxitos en tu nuevo puesto laboral y un abrazo a tu familia.

    1. Hola Pedro.

      Muchas gracias por tu comentario 😀

      Me da gusto que disfrutes las cosas que escribo. Ojalá que de verdad puedas venir pronto de vacaciones por acá. Japón es un paraíso si vienes como turista.

      ¡Saludos hasta Uruguay!

  3. Hola!!
    Este es el tipo de entradas que me gusta leer, a mi me motivan bastante, sobre todo en este período malo que he tenido.
    Me da gusto saber que estás bien. Te envío saludos!!

  4. Tenia tiempo de no leer tu blog y me sorprende todo lo que me he encontrado, te sigo desde hace mucho tiempo, si mal no recuerdo fue a razon de un temblor y sigiuente tsunami del cual en una televisora tomo algunos de tus post para transmitirlos, mucho exito.

    1. Hola Jesús.

      Muchas gracias por tu comentario.

      Ah sí. Eso fue en 2011. Ya al final yo di el tema por terminado, pero nunca supe a ciencia cierta qué pasó en México y si alguien realmente tomó en cuenta los comentario que hice. Fue muy “mala leche” por parte de la televisora hacer esas entrevistas y ponerles subtítulos que ni al caso con lo que los entrevistados estaban diciendo.

      Saludos, y por aquí sigo 🙂

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