Evacuado

El fin de semana del 6 al 8 de julio Japón sufrió por fuertes lluvias que, además de causar daños materiales, lamentablemente también cobraron la vida de muchas personas.

La causa detallada de las lluvias la pueden leer en los diferentes y múltiples artículos que hay en la red. Este escrito no es para esos detalles, sino para describir mi experiencia con esas lluvias.

Se preguntarán: “Si las lluvias fueron al oeste y sur de Japón, ¿cómo fue que te afectaron?”. Y la respuesta es: porque andaba en Fukuoka. Verán: habíamos planeado un viaje en familia a Kyushu/Yamaguchi del viernes al domingo para visitar a la familia de mi esposa. Todo parecía bien hasta el jueves: preparativos listos, todos a dormir temprano para poder salir a buena hora y evitar cualquier tipo de contratiempos.

Llegó el viernes. Ni me imaginaba todo lo que me esperaría ese día.

Primero: tenía apenas 3 días de haber regresado de México (lo cual relataré en otro escrito), por lo que todavía sufria de desfase horario. Me desperté a las 3:30 AM y ya no pude dormir. Sabía que el día sería largo, pero a fin de cuentas era un viaje para disfrutar, así que no me importó despertar temprano y alistarme. El vuelo era a las 10:20 AM, pero ya habíamos decidido que saldríamos lo más temprano posible debido a que mi esposa ya había perdido un vuelo por culpa del tráfico en la vía exprés de Tokio. Mi esposa se despertó poco antes de las 5, hizo sus preparativos y justo cuando iba a abrazar a mi hijo dormido para llevarlo al carro, éste se despertó. Terminamos saliendo a las 6 AM.

Cuando no hay tráfico, de la casa al aeropuerto de Haneda se hace más o menos una hora por la vía exprés. Con el vuelo después de las 10 íbamos con suficiente tiempo como para soportar la hora pico en la mañana y aun así llegar sin prisas. Sin embargo, la suerte comenzó a brillar por su ausencia desde antes de subir a la mencionada vía: se reportaba un accidente justo en la ruta que teníamos que seguir, y los medios referían un embotallamiento como de 50 minutos. Mucho tiempo, pero justo para eso íbamos con soltura. Subí a la vía y avancé como kilómetro y medio y me encontré con dicho embotellamiento.

Lento, muy lento, pero avanzábamos. No estábamos totalmente parados… hasta que se reportó un carro descompuesto en otra parte de la ruta que teníamos que seguir. No lo podía creer: hora pico + accidente + carro averiado. El flujo del tráfico prácticamente se paralizó, y un pedazo de la ruta que generalmente se recorre en 10-15 minutos nos tomó 2 horas. ¡2 horas! Mi esposa comenzaba a alterarse y maldecir a los 4 vientos, pero le aseguré que todavía estábamos a tiempo… a menos de que algo sucediera más adelante en la ruta.

Pasamos todo el embotellamiento y de repente todo fluyó más rápido. Ya sin tanta soltura de tiempo nos dirigíamos al aeropuerto, todavía a buena hora. Salimos de la vía exprés justo a las 9 AM, y en cuanto tomamos la desviación para el aeropuerto venía la siguiente sorpresa: TODOS los estacionamientos del lugar estaban llenos. 4 estacionamientos enormes, en los que nunca había tenido problemas para encontrar lugar, estaban repletos. El reloj comenzaba a ejercer presión. Mi esposa dijo: “¿Qué vamos a hacer?”. La única respuesta que podía dar era que ellos se bajarían e irían a la sala de espera mientras yo buscaba un estacionamiento, aunque fuera en un área alejada del aeropuerto. No había de otra. El problema: eran ya las 9:10, por lo que tenía a lo más 30 minutos para encontrar lugar y regresar al aeropuerto para estar a tiempo.

Mi única opción era buscar por una zona cercana al aeropuerto y regresar en taxi, así que arranqué y me propuse salir de ahí, pararme en una zona segura y buscar con el teléfono. Cuando iba dando la vuelta para tomar la salida veo que uno de los empleados de los estacionamientos muestra un cartel y alcanzo a ver un “10”. Me paro y leo: “Tiempo máximo de espera 10 minutos”. Le pregunto que si en realidad puedo entrar en 10 minutos y me asegura que sí. Me la jugué: me dirigí a la entrada y era el primer carro en espera. En cuanto saliera alguien yo podría entrar. No pasaron ni 5 minutos y justamente eso sucedió. No me importaba que dejara el carro en el lugar más alejado de la salida; lo que quería era estacionarme y correr a hacer check-in. Me tocó en una zona alejada en el primer piso. El pasillo que comunica con la terminal está en el 3ro. Agarré mochila, cerré el carro y corrí a los elevadores. Sin embargo, estaba en la terminal incorrecta, por lo que tenía que tomar el autobús que te trasnporta gratuitamente entre terminales.

Como quieran y gusten, llegué a tiempo para documentar la maletota que cargaba las cosas de las 3 para los tres días que íbamos a estar fuera, pasar la revisión de seguridad y todavía caminar por las tiendas con mi hijo. Salir más de 4 horas antes del vuelo me sonaba exagerado apenas unas horas atrás… ahora daba gracias por haberlo hecho, y hasta me preguntaba si habríamos podido llegar más rápido si hubiéramos salido a las 5:30, o incluso a las 5.

Mi hijo ya se había subido a un avión varias veces en el pasado, pero no tenía memoria de ello, por lo que esta vez bien podría contarse como la primera. Emocionado, preguntaba cuándo comenzaríamos a volar, y cuando lo hicimos, se dibujó una sonrisa en su rostro… que duró poco, pues después lo único que quería era algo para jugar y pasar el rato. Obviamente ibamos preparados, así que entre juguetes, tablets, libros y platicar, la hora y media que dura el vuelo se pasó como agua. Y fue justamente con agua con lo que Kyushu nos recibió: en el avión habían avisado que estaba lloviendo en abundancia en Fukuoka, y lo pudimos corroborar tan pronto como el avión hubo aterrizado. “Bueno, al menos ya hemos rentado un carro y no nos mojaremos”, pensé erróneamente, puesto que aunque mi esposa sí había rentado un carro resulta que escogió una sucursal que estaba justo a 1 km de donde estábamos… cuando había otra sucursal justo enfrente de donde salimos. Mi hijo traía su impermeable, yo traía mi mini paraguas… pero mi esposa nada, así que se imaginarán a quién le tocó llegar empapado a donde íbamos a recibir el vehículo. Por fortuna es verano, así que estar mojado no iba a durar mucho y no corría el riesgo de enfermarme por eso, pero de cualquier forma no fue una experiencia agradable 🙁

Una vez arriba del carro, ya todo era más fácil: más o menos me acordaba del camino, no había realmente prisa y podíamos pararnos en donde quisiéramos. Mi esposa y yo ya habíamos decidido (con mucho tiempo de anticipación) que ese día comeríamos sushi en un lugar que nos gusta mucho en Iizuka. Y es que en realidad hay que probar el sushi ahí, porque está sencillamente delicioso. Se nos hacía agua la boca; traíamos hambre, pero nos estábamos aguantando. No obstante, mi hijo no la iba a aguantar y acordamos parar en una tienda de conveniencia para comprarle algo que comer.

La plática era amena, recordando los lugares por donde pasábamos con rumbo a Iizuka. Llovía fuerte, sí, pero hasta ese momento nada del otro mundo… hasta que en la desviación que lleva al camino principal que cruza las montañas con rumbo a nuestro destino vemos que hay letreros de “camino cerrado” y personas del gobierno regresando a los carros que hubieran llegado hasta ese punto. Pregunté si había forma de llegar a Iizuka y me dijeron “la carretera de Yakiyama está abierta”. Explico:

Para ir de la ciudad de Fukuoka a Iizuka existen 2 caminos principales: El paso de montaña de Yakiyama (八木山峠, Yakiyama Touge) y la carretera de Yakiyama (八木山バイパス, Yakiyama Bypass). Aunque cada uno lleva a una parte diferente de la ciudad, la diferencia principal radicaba en que mientras el paso de montaña de Yakiyama era gratuito, la carretera era de paga, pero eso terminó hace ya varios años porque se terminó de pagar la carretera y ahora también es gratis. Huelga decir que ir por la carretera es más rápido, ya que tiene muchas menos curvas.

La idea que teníamos era ir por el paso de montaña. Sí, es más lento, pero también hay más cosas que ver, como el templo 城戸南蔵院 (Kido Nanzouin), hogar de una estatua gigante de Buda, un pequeño pueblo en la cima, en cuya primaria alguna vez di clases de inglés, un mirador, un parque local famoso por las sakura en primavera, entre otras. Además, ese camino nos trae buenos recuerdos porque era el que siempre usábamos para salir de la ciudad e ir al cine, a Costco o a unas aguas termales a 篠栗 (Sasaguri), poblado al otro lado de las montañas, justo antes de 粕屋 (Kasuya) y de 福岡市 (Fukuoka-shi, la ciudad de Fukuoka). Ni modo: esa idea estaba ya fuera de la jugada. Sin embargo, el simple hecho de saber que llegaríamos a Iizuka ese día era suficiente para nosotros. Paramos en una tienda de conveniencia que recordaba que estaba cerca de la entrada a la carretera, compramos algunas cosas para mi hijo, un par de bebidas y emprendimos el camino.

Comenzó a llover más fuerte, pero el trayecto en la carretera fue normal, sin mayores problemas. Entrar a Iizuka por ahí implicaba que tendríamos que recorrer más distancia para llegar al sushi, pero nada del otro mundo: en Iizuka, si no tienes carro no puedes ir a ningún lado, así que 5-10 minutos más realmente no es gran diferencia.

Mi esposa tenía algunos trámites que hacer antes de las 3 PM, por lo que primero nos dirigimos a que ella terminara su asunto. El trayecto a ese destino implicaba cruzar el río principal, y al hacerlo nos percatamos que el cauce estaba muy por encima de su nivel normal, pero todavía lejos de desbordarse. Llegamos, estacioné el carro y me quedé dentro de él con mi hijo para evitar mojarnos innecesariamente. Mi esposa fue a hacer sus trámites y tardó como 15 minutos; cuando regresó, me dijo que teníamos que movernos rápido de ahí porque ya habían dado la orden de evacuar esa área por no ser muy “alta”, lo que significaba que fácilmente se inundaría… y lo pude corroborar al salir del estacionamiento: la calle comenzaba a tener niveles de agua más altos que lo que se podría considerar normal. No obstante, es bien sabido que esa parte de la ciudad sufre del problema de tener poca altitud, así que todavía la situación no era grave.

Siguiente destino: ¡sushi! Llegamos al lugar poco después de las 3 PM y ¡oh sorpresa!… estaba cerrado de 3 a 4:30 PM. Mi esposa me dijo que fuéramos al centro comercial (el único que tiene la ciudad) a que mi hijo jugara y se desenfara un rato y que regresáramos al sushi a las 4:30. Sonaba una excelente idea. Ni nos imaginábamos que ésa sería la mejor decisión que tomaríamos ese día.

Aeon (pronunciado “íon”) es una cadena de centros comerciales en Japón que tienen “fama” de que si tienes una cerca quiere decir que vives en el campo. Dentro encuentras prácticamente de todo, incluyendo supermercado. En Iizuka solamente existe éste, por lo que es punto de encuentro y un lugar relativamente común para una cita o para hacer compras. Abre de 9 AM a 9 PM, y los fines de semana se llena en serio (como es de imaginarse).

Después de estacionar el carro salimos corriendo para mojarnos lo menos posible puesto que nos daba flojera sacar el paraguas para tan solo unos metros. Una vez dentro, llevamos a mi hijo a jugar, y como le encantan los videojuegos, inmediatamente me pidió jugar la arcadia de Transformers.

Luego, a jugar uno de carros de Sega. Ni vi el nombre, pero sí creé un perfil nuevo para mi hijo. Jugamos un rato y después nos movimos a un área de juegos con alberca de pelotas, cuarto con globos rebotando todo el tiempo, resbaladero… ya saben, todas esas atracciones que uno quiso de niño y nunca existieron hasta cuando uno ya no tenía edad para usarlas… Sí, estoy resentido por eso 😛

30 minutos después llegaba la hora de hacer algunas compras en el lugar y después ir a disfrutar de un grandioso y delicioso sushi. Sin embargo, aquí fue donde las noticias comenzaron a sonar mal: mi esposa llegó a decirme que la ciudad había ordenado evacuar todas las áreas debido a un posible desbordamiento del río principal. Para esto, yo ya había llamado al hotel que había reservado para esa noche para preguntar su situación dado que está localizado justo al lado del río, y el personal me dijo que, hasta ese momento, ellos no tenían ninguna orden de negar alojamiento. No obstante, esto no calmó a mi esposa, quien ahora sí mostraba signos de preocupación. ¿Qué podríamos hacer? Por lo pronto, dada las circunstancias era un hecho que no nos podríamos quedar en el hotel; era mucho riesgo por su cercanía al río, y en caso de tener que desalojar sería una gran problema, por lo que procedí a cancelar la reservación. Pero… ¿qué seguía?

Mi esposa trató de buscar alojamiento en otros hoteles alejados de la zona de mayor peligro, pero no lo consiguió debido a que todos estaban llenos; el hotel más alejado de la ciudad (y por ende el más seguro) estaba totalmente inaccesible debido a que el camino principal había colapsado y se había llevado a 2 carros consigo (sin vidas que lamentar); salir de Iizuka se había tornado imposible dado que para cualquier lado había que cruzar montañas y había riesgo de deslave. En el peor de los casos nos podríamos quedar en el carro rentado en algún lugar alto para evitar que la corriente nos alcanzara… Lo que sí era un hecho es que necesitaríamos provisiones. El sushi que tanto habíamos anhelado por meses (no bromeo) había sido completamente olvidado, pero al menos teníamos la suerte de estar en el mejor lugar para hacer las compras necesarias: yo me encargaría de la comida y mi esposa de toallas y otras cosas que se pudieran necesitar.

Nos movimos rápido, y todavía tuvimos que movernos más rápido porque el centro comercial había anunciado que cerraría sus puertas a las 5:30 PM debido al riesgo de inundación (no está en un área muy alta que digamos), y con la experiencia de ya haber sufrido por inundaciones en el pasado, el personal sabía que no podía arriesgarse. Momento, ¿en el pasado? Sí:

El año en el que llegué a Japón como becario Iizuka sufrió de un daño enorme por el desbordamiento del mismo río que amenazaba con hacerlo esta vez. Recuerdo que la lluvia comenzó apenas entrada la noche y duró hasta la siguiente mañana. Yo desperté en la madrugada por el ruido que la tormenta hacía, pero en ese momento no le di importancia porque vivía lejos del río, en una zona alta, y en un 4to piso; si se llegaba a inundar ahí quería decir que toda la ciudad estaba bajo el agua. La mañana siguiente fue cuando se comenzaron a ver todos los daños, los cuales fueron cuantiosos, y cuando vi el área afectada me di cuenta de que abarcaba mucho más de lo que yo originalmente había creído. Pueden ver imágenes de esa vez por acá y por acá también. Son páginas en japonés, pero las imágenes hablan por sí mismas.

Esta vez ya no estaba en mi antiguo departamento, ni tampoco solo; ahora tenía una familia y no teníamos lugar en donde pasar la noche. Mi hijo me acompañó a comprar lo que me tocaba, y en todo momento mantuve la calma para evitar causarle una preocupación extra a él.

Obviamente las cajas se atascaron de gente, tanto de la que estaba haciendo sus compras habituales como de la que a ojos vistas se notaba que se estaba preparando para lo que podría ser una noche pesada. Después de un rato de esperar terminé las compras, me reuní con mi esposa, quien me pidió comprar un cargador de emergencia para el celular (llevaba mi batería, pero por si las dudas) mientras ella iba por toallas. No pasó mucho tiempo para que al fin estuviéramos listos… pero sin un destino concreto.

El cansancio comenzaba a hacerse presente en todos. Recuerden que nos levantamos como a eso de las 5 AM y yo estaba despierto desde las 3:30 AM. No faltaba mucho tiempo para que mi hijo comenzara a ponerse enfadoso, así que teníamos que decidir rápido. Afortunadamente, Iizuka es el pueblo natal de mi esposa, por lo que preguntar por información a sus conocidos resultaba una gran ayuda. Después de algunos mensajes por LINE, la recomendación era ir al gimnasio #1 de la ciudad, porque seguramente se abriría como albergue. Lo mejor del caso es que está muy cerca de Aeon (son como 2 minutos en carro), así que ya teníamos al menos un lugar al cual ir. Pero la suerte no nos favoreció: no abrieron el lugar como albergue. Mi esposa no lo podía creer, por lo que se bajó y fue a preguntar a dónde podíamos dirigirnos. Las respuestas no eran satisfactorias: los lugares que se habían abierto como albergues estaban dentro de la zona afectada hace 15 años; si íbamos ahí y pasaba algo, la situación sería mucho peor. Por fortuna, el jefe del lugar hizo la recomendación de lo que él creía que era el lugar más seguro que había sido designado como albergue. Ni tardos ni perezosos, nos dirigimos hacia allá, con la lluvia cayendo a todo lo que daba.

Al llegar, notamos que había mucha gente que ya estaba en el lugar y que otra tanta estaba llegando. Mi esposa me pidió que preguntara si todavía había lugar para 3 personas, y así lo hice. Me dijeron que no había problema, pero que el lugar designado para albergue era el gimnasio, no había cobijas ni nada en especial. Dije que no había problema, y fui por mi familia al carro. Lo único que me pidieron era que registrara a quienes iban a entrar y que al salir a cualquier cosa y al regresar al lugar tenía que informarles.

Sacamos la maletota que llevábamos (recuerden: veníamos de Tokio), todo lo que habíamos comprado y nos acomodamos en un rincón del gimnasio. Serían como las 6:30 PM aproximadamente. No hacía frío, pero no creía que fuera a pensar lo mismo a mitad de la noche, así que saqué lo poco de ropa larga que llevaba, incluyendo una sudadera con gorrito para que mi hijo la usara en caso de que tuviera frío. Ahora solamente quedaba esperar.

Por fortuna, el lugar tenía aguas termales que cualquier persona puede usar pagando 300 yenes, así que de menos íbamos a tener un momento de “relax” después de todo lo que habíamos pasado. Primero entraron mi esposa y mi hijo, y durante ese tiempo aproveché para comer algo y para platicar con una pareja de gente de la tercera edad que se puso justo al lado de nosotros. Habiendo vivido en el lugar por 8.5 años, no era para nada difícil encontrar algún tema local, aunque fuera de hace muchos años. Hablamos sobre la inundación 15 años atrás, de cómo los caminos estaban cerrados, de hace cuánto había yo llegado a Japón, entre otras cosas. Después, llegó mi turno para bañarme; me tomé mi tiempo y traté de respirar un momento mientras recordaba lo largo que había sido ese día y de cómo teníamos lugar donde pasar la noche fuera de peligro, aunque fuera incómodo.

Curiosamente, mi esposa se encontró a una de sus amigas de las secundaria en el albergue. Su casa está justo al lado del río y tuvo que desalojarla. Para mi esposa fue bueno encontrarla ya que pudo platicar un rato y olvidarse de la situación aunque fuera momentáneamente. Esa amiga después salió a buscar tiendas de conveniencia para comprar lo necesario para pasar la noche, y tuvo la gentileza de comprarnos bebidas a nosotros.

Alrededor de las 10 PM todos teníamos sueño. Conseguí un par de 座布団 (zabutón, cojines para sentarse en el piso) y se los puse a mi hijo como colchón, por lo que él durmió de forma cómoda, cubierto por mi sudadera. Mi esposa cayó rendida, y a los pocos minutos yo también.

Desperté a las 4 AM y ya no pude dormir más. La mayoría de la gente estaba dormida, pero había quienes jugaban con su celular, otros quienes veían el partido del mundial (que no me acuerdo quién jugaba) desde una laptop, y una que otra familia se preparaba para regresar a casa. La lluvia había cesado, y según pude escuchar en el mostrador el nivel del cauce del río principal había disminuído hasta el punto donde ya no era peligroso. Algunos lugares sí se llenaron de algunos centímetros de agua, pero el daño había sido mínimo a comparación de la vez anterior.

Mi hijo despertó a las 6, y con ello mi esposa también. Mi esposa me había comentado la noche anterior que ella simplemente quería regresar a Tokio porque la experiencia había sido extrema, pero la covencí de esperar a ver cómo estaría la lluvía al día siguiente antes de tomar la decisión, puesto que era posible que pudiéramos ir a Yamaguchi como originalmente lo habíamos planeado. A las 7 dejábamos el albergue después de notificar que lo haríamos y de llenar la forma de salida; nos subimos al carro y comenzamos a movernos por Iizuka. Mi esposa quería ir a la lavandería para no tener ropa sucia, por lo que así lo hicimos, y durante el tiempo de espera alcanzamos a ir a desayunar, a arreglar otros pendientes y a que mi hijo conociera el kínder donde mi esposa había estado hace ya muchos ayeres, ya que ella le había platicado mucho al respecto y le comentaba de una jirafa que estaba en la entrada, y mi hijo tenía mucha curiosidad de ver dicha jirafa. Por cierto, ese kínder está a unos metros del lugar donde viví cuando recién llegué a Iizuka, así que aproveché para tomarle una foto desde lejos.

Después de varios intercambios de mensaje, quedamos de vernos con mi cuñado en 小倉 (Kokura), en la ciudad de 北九州 (KitaKyushu). El viaje hasta allá generalmente toma menos de una hora por la autopista, pero ésta estaba cerrada por daños causados por las lluvias, así que hubo que usar los caminos normalitos, los cuales obviamente estaban atascados. Duramos cerca de dos horas en llegar, entregamos el carro en la agencia del lugar, donde mi cuñado ya nos esperaba, y de ahí fue emprender otra hora de viaje, ahora sí por autopista (estaba abierta desde Kokura a Yamaguchi).

Una vez que hubimos llegado a la casa de mi cuñado, todo lo que pasamos el día anterior parecía ya muy lejano. Sería solamente un día, pero al menos podríamos relajarnos un poco, y fue precisamente lo que hicimos.

El domingo nos dirigimos al aeropuerto de Ube, en Yamaguchi, tomamos el vuelo de regreso a Tokio, manejé por la autopista a la casa sin problemas ni embotellamientos, y al llegar, comencé a preparame para regresar al trabajo después de 2 semanas bastante movidas.

Mención especial a mi hijo, que a pesar de lo incómodo que seguramente estuvo por tanto movimiento y tan poco tiempo para jugar, se portó muy bien y no dio lata ni siquiera para dormirse.

Nunca me habría imaginado que estaría en un albergue en Iizuka, menos durante lo que se suponía que sería un viaje familiar. No obstante, la experiencia me enseñó algunas cosas que tengo que tener listas en caso de tener que estar durante cierto tiempo en un albergue en caso de que algo pase. Afortunadamente la situación no pasó a mayores esta vez y fue menos estresante de lo que pudo haber sido.

8 thoughts on “Evacuado”

  1. Gracias por compartir. ¡Qué giro tan inesperado tomó su viaje! Lo bueno es que como estaban en las tierras de ambos tu mujer y tuyas, tuvieron recursos a su disposición y encontraron un lugar donde quedarse. E impresionantes las imágenes de la vez pasada. Gracias al cielo que no se puso tan mal esta vez.

    Bienvenidos de vuelta. 乙

  2. La importancia de salir con un tiempo extra.

    Que bueno que todo saliera bien dentro de lo que cabe.

    Saludos.

    1. Pero con un buen de tiempo extra. La verdad nunca pensé que haría 3 horas hasta el aeropuerto. Una de las desventajas de vivir en ciudad grande.

      Saludos.

  3. Wow desde el aeropuerto una aventura, que bueno que no se complico más la cosa, me quedé con muchas dudas cuando pusiste en Twitter lo del albergue, todas resueltas acá. Espero pronto puedas escribir algo de tu viaje a México y ojalá no sean malas noticias.
    Saludos.

  4. Vaya momento! Lo importante de todo esto es que dentro de las cosas están bien. Imagino el nerviosismo por el tema del río. Enormes saludos Manuel. Aún recuerdo cuando fui a Japón y con la esperanza de saludarte no pudiste, ya que tenías que asistir a temas médicos, si más no recuerdo por tu espalda. Que pos cierto, ¿ya no et ha dado problemas? =)

    1. ¡Qué milagro! 😛

      La espalda ya no me ha dado problemas, hasta eso 🙂 Esas veces sí estuvieron medio pesadas porque había momentos en los que el dolor era muy molesto. Pero ahora, afortunadamente ya es cosa del pasado.

      Por lo demás, sí… lo del río quedó nada más en el susto… y qué bueno, la verdad.

      Saludos.

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