Disciplina y el “qué dirán”

Entre tantas ocupaciones y trabajo, el tiempo se pasa volando y a veces no te das cuenta de mucho de lo que sucede a tu alrededor. Y es que es tan fácil desconectarse del mundo viviendo por acá, que cuando menos te das cuenta el mundo ha cambiado, en ocasiones de forma significativa.

Hubo una noticia que le dio la vuelta al mundo, que ha sido comentada en muchos medios y que seguramente la mayoría de los que me honran con su tiempo por acá ya se ha enterado, pero de todas formas vale la pena analizarla con un poco más de detalle, aun cuando ya hablé algo al respecto en el Periscope.

Una familia de Hokkaido fue de paseo. Llevaban 2 niños. Horas después llega el padre a la policía para reportar que su hijo menor, de 7 años, se perdió en el bosque. Dijo que iban caminando y que de repente ya no lo vio. Obviamente las autoridades comenzaron la búsqueda, puesto que el lugar está habitado por osos y el niño corría peligro no solamente por ellos, sino también por el clima (en esa época en Hokkaido, la temperatura baja hasta alrededor de 7 grados).

Después de que habían pasado algunas horas desde el reporte del padre, éste cambia su declaración: resulta qur el niño nobse les perdió, sino que el padre lo abandonó en el bosque como método de disciplina debido a que el niño estaba aventando piedras a personas y a carros. Sí, así como lo leen: lo bajó del carro en medio de un camino, y regresó a los 5 minutos por él pero ya no lo encontró.

Esto desató una serie de críticas muy fuertes, tanto al padre como a los métodos de disciplina empleados en Japón, además de levantar sospechas de todo tipo. Uno no quiere pensar mal, pero de verdad que cuando pasa algo en Japón es tan… extremo, que la idea de que el padre había asesinado al niño y tirado el cadáver en el mencionado bosque no sonaba tan loca como se lee.

Como era de esperarse, al padre le llovió de todo. Sí, estaba visiblemente estresado de la preocupación, pero los debates que se realizaron en Japón y la opinión pública estaba a todo lo que daban. En concreto: si realmente había sido un método disciplinario, ¿no había sido demasiado? ¿Estaba justificado poner al niño en ese riesgo por una situación como la descrita? Y aunque no lo crean, salieron personas que aprobaron la medida. El padre del niño solamente mencionó que lo hizo porque también a él se lo habían hecho cuando estaba chico. ¿Se justifica?

Lo más sospechoso: ¿por qué había hecho una declaración falsa al principio? La razón se hizo evidente y le pegó duro al modus vivendi de la sociedad japonesa: lo hizo porque tenía miedo de lo que la gente dijera… sí, en pocas palabras, del “qué dirán”.

He ahí el meollo del tema: hubo quienes también consideraron la medida como apropiada y no como extrema. Y fue precisamente eso lo que me puso a pensar mucho, especialmente porque ahora soy padre y en algún momento voy a tener que corregir a mi hijo; recordé también los castigos que me imponían y me pregunté si yo le haría lo mismo bajo esa premisa.

Sobre el “qué dirán” también se debatió, pero como esto es parte medular de la sociedad por acá, solamente foros en internet lo tomaron con la imparcialidad necesaria.

Antes de entrar en detalles, debo mencionar que el niño perdido en el bosque fue encontrado 7 días después, vivo y bien. Encontró unas instalaciones sin usar de la fuerzas de autodefensa de Japón. Había un grifo cerca, por lo que tuvo siempre fuente de agua, y el frío lo soportó gracias a que dentro de las instalaciones había colchonetas, y se puso de “sándwich” entre dos. El padre agradeció a los medios de comunicación y a las autoridades, así como también bien se disculpó ante todos por las molestias causadas.

Ahora sí:

La idea de pertenecer al grupo es cultivada en Japón desde muy temprana edad, y se refuerza día a día en la interacción que tienen los japoneses con la sociedad, desde entidades educativas hasta laborales. Ser aislado representa una gran carga emocional, ya que, como siempre hay que estar en un equipo, y por lo general se busca evitar eso.

La aceptación a un grupo es igual a como lo haríamos en México. Por tanto, aunque se busca estar con miembros que tengan gustos y personalidades afines, a veces, y sobre todo en los trabajos, eso no es posible; el peso de las relaciones jerárquicas es mucho, y el respeto que, se le tiene que guardar a alguien solamente por algo como ser un poco mayor (de un año en adelante) se guarda, aunque en muchos casos a regaña dientes. Entonces, si eres menor de edad, o eres “el nuevo”, te aguantas las regañadas, llamadas de atención y hasta los consejos de vida, a veces inútiles, que los superiores te darán. Prácticamente dejas que alguien más controle buena parte de tu vida, y aprendes a anteponer tus gustos a los de ellos, así como también a que sus prioridades tengan mayor importancia que las tuyas. Pero como tú también estarás más arriba que alguien, tú también exiges a los de abajo lo mismo que te a ti te exigen los de arriba, y así se va la cadenita.

Lo que le pasó al señor en cuestión (el papá del niño) siento que fue como un choque entre dos cuestiones relacionadas. Por un lado, tenía miedo de que le fueran a decir algo o lo fueran a criticar por su acción, como muchos japoneses, pero al mismo tiempo entró en el escabroso mundo de la disciplina. Y fue precisamente eso lo que le criticaron: la forma de haber castigado a su hijo.

Se habló mucho de la educación de los niños, de que los castigos se tienen que imponer cuando uno esté tranquilo para evitar este tipo de sucesos, de la severidad de los castigos, etc. Hubo reuniones de expertos, programas de televisión dedicados a esto, y varios artistas famosos expresaron su opinión al respecto, condenando abiertamente este tipo de disciplina. No obstante, aunque estoy de acuerdo en algunos de los puntos que ellos tocaron, no deja de sorprenderme lo siguiente:

¿Cómo se puede hablar de otro tipo de disciplina cuando en la vida diaria los japoneses tienen que tolerar las llamadas de atención en público, a los regaños y gritos exagerados generados por la ira, en donde no se tiene ni voz ni voto y solamente hay que hacer reverencias, pedir disculpas, y no poder decir nada en su defensa (cuando lo amerita, claro)? El método tradicional de enseñanza en Japón es por medio de la presión, total respeto por quienes te enseñan, y nada de andar cuestionando la forma o el contenido; algo así como cuando estudias artes marciales.

No quiero decir que la autoridad no se debe respetar, sino que es (o debería serlo aquí) válido cuestionar lo que nos enseñan: fomentar el pensamiento crítico, algo que lamentablemente en Japón no se hace, por lo anteriormente expuesto. El hombre mencionó que aplicó el método de castigo porque a él también se lo aplicaron, y por pura suerte el niño fue encontrado con vida, pero ¿si lo hubieran encontrado muerto?  Me pregunto si al padre le pasó por la cabeza que después de sacar a su hijo del carro en medio del bosque existía la posibilidad de que muriera, y si también se preguntó lo que le dirían los demás en caso de que así hubiera sucedido.

Es realmente irritante ver que a alguien más lo regañan (independientemente de si se lo merece o no), y más cuando el regaño se basa en denigrar a la persona. De igual manera, me molesta sobremanera cuando alguien me quiere hacer lo mismo. Ya me pasó en el anterior trabajo, donde mi “súper” jefe era el mandamás y pobre de ti si cuestionabas algo de lo que te decía; ni hablar de la cantidad de estrés que ese sujeto generó en mí, pero ya es cosa pasada.

Hace poco tuve la “oportunidad” (porque no sé si deba llamarle así) de llamarle la atención a un colega que, por posición jerárquica, es superior a mí, pero en cuestión práctica carece de experiencia, aunado a que es 11 años menor que yo. No soy su jefe, ni él es el mío directamente, pero sus actividades estaban impidiendo que yo avanzara en las mías. Correos, explicaciones detalladas de lo que necesitaba y cuándo lo necesitaba, pasaban desapercibidas (o quizá ignoradas) por él. Me pregunté durante dos días cómo debía manejar el asunto: me iba por el lado japonés, le decía delante de todos que no se manchara y que me urgía lo que le había pedido semanas antes, acompañado de algunos gritos y regaños… o bien hablaba con él directamente, le preguntaba qué pasaba y por qué no me había hecho lo que le había pedido con mucho tiempo de anticipación. Créanme que estuve tentado a hacer lo primero, y creo que es influencia precisamente del trato que he recibido a lo largo de mis años laborando en este país, pero lo pensé mejor y decidí jugar la carta de “no sé cómo manejarlo”. La elección era obvia, pero hice las cosas de un modo japonés más sutil: fui a hablar directamente con la jefa y le expuse el caso, haciendo énfasis en que mi idea no era tirarle tierra al mono, sino que simplemente estaba bloqueando mi trabajo y no sabía cómo decirle. Funcionó a la perfección: la jefa, al ver mi caso, los montones de correos que le había enviado, las explicaciones detalladas que en cada uno de ellos le había dado, me dijo que ella tomaría cartas en el asunto inmediatamente; dicho y hecho, tuve al fin una respuesta ese mismo día. ¿Qué le dijo la jefa y cómo se lo dijo? Ni idea, pero así es como se deberían hacer las cosas, y no nada gritar y andar aventando papeles en la cara al tiempo en el que degradas a la persona por haber cometido un error.

Este tipo de noticias me habrían valido tres hectáreas de… nada, hace un par de años, pero desde que me convertí en padre me llegan de más las notas que tienen que ver con niños, ya sea desaparecidos, que tienen algún accidente o que por alguna extraña razón son privados de la vida por sus mismos padres. ¿Que no pasa en Japón? ¡Claro que sí! Quizá no con tanta frecuencia como en otros países, pero sí se oyen casos de padres que abandonan a sus hijos sin darles de comer, los encierran en casa sin comida ni agua, dejándolos a su suerte, o los ponen en bote de basura y luego ponen otro encima porque no dejan de llorar (bebé de dos meses) y los padres no se pueden concentrar en su juego de celular… De verdad que si alguien me hubiera preguntado respecto a este tipo de noticias hasta antes de que mi hijo viniera al mundo, habría respondido con “meh”. ¿Ahora? Me llenan de ira, y en más ocasiones de las que estoy dispuesto a aceptar, me han llenado los ojos de lágrimas.

En cuanto a disciplina se refiere, es para mí todavía un tema difícil, porque apenas estoy aprendiendo cómo corregir a los niños, y no necesariamente tiene que ser de la misma forma en la que mi papá nos castigaba (fajazos, nalgadas y cachetadas). No hay una respuesta correcta para cómo criar a los niños, y cada padre de familia elige el método que mejor le funciona, pero de cualquier forma me gustaría leer sus opiniones al respecto. Por ejemplo: ¿cómo habrían castigado ustedes al niño de la historia arriba expuesta?

Si me quedo a vivir en Japón de forma permanente, mi mayor reto va a ser educar a mi hijo de tal forma que sea crítico y que analice lo que dicen. Definitivamente no quiero que sea un típico japonés que solamente sabe seguir órdenes y no tiene o es privado de su iniciativa. Y de la misma manera, que aprenda a ignorar el “qué dirán”. Va a ser un reto muy grande, pero si no soy yo el que lo guía, nadie más lo hará.