Borregada

Ya ando inventando palabras…

Hace unos días tuvimos una junta en donde se expresaban los planes a mediano y largo plazo del departamento al que pertenezco en la empresa. En general, las proyecciones se ven bien y parece que el negocio va a seguir creciendo, lo cual es bueno.

Algo que me quedaba en duda era el papel que yo jugaría en todo ese plan; no porque piense quedarme aquí todos esos años (o toda la vida), pero quería saber qué clase de trabajo tendré qué hacer y qué tanto se espera de mí (porque para ser sinceros en todo el año anterior se notó a leguas que no se esperaba mucho). Lógicamente, hice preguntas, y de forma muy directa, preguntándole al jefe precisamente mis inquietudes. Las respuestas que me dio no me satisfacieron del todo, y pedí una explicación más concreta. Eso me ayudó a entender que, como siempre, los jefes no tienen ni idea de qué hace uno aquí y que por eso luego uno termina llenando hojitas de Excel o haciendo traducciones que le corresponderían a alguien con autoridad legal para hacerlas. Pero a fin de cuentas, la explicación que buscaba fue dada, y aunque no 100% conforme (no se puede tener todo en la vida), al menos ya tenía una idea de cómo serían los siguientes proyectos aquí.

Al terminar la junta, tuve una pequeña discusión con un colega que básicamente se resume en que “parecía que yo no estaba conforme con nada” y que “no sabía seguir reglas”… y me quedé pensando en si había dicho o hecho algo mal, pero no. El punto es que cuestioné lo que el jefe decía y no simplemente asentí y dije que todo era una “excelente idea”, como lo hicieron los demás. ¿Hice mal? A los ojos de algunos japoneses, sí, porque es “tradicional” que todo lo que diga el jefe es “buena idea” y todo hay que aceptar, y nadie quiere ser la oveja negra al cuestionar lo que se acaba de explicar. Esto es común no solo en los trabajos, sino también en muchas universidades. He mencionado en repetidas ocasiones aquí en el blog lo sorprendido que estaba cuando tomé las clases de universidad en maestría y doctorado, y ver como nadie hacía preguntas, nadie cuestionaba o pedía una explicación más a fondo de lo que el profesor estuviera explicando.

A fin de cuentas, mientras trabajes en una compañía y percibas un salario, te tienes que ajustar a lo que te dicen o simplemente te vas. Eso no es nuevo. Lo que nunca me ha cuadrado es tener que decir a todo que sí, hacer reverencias y prácticamente adular a los superiores solamente por serlo. NUNCA hay que perderles respeto, eso es innegable, pero el hecho de cuestionarlos no necesariamente es para sonar más listo que ellos o para demostrar que no saben de lo que hablan, sino para tener un mayor entendimiento de lo que hacen y de lo que pretenden.

Curiosamente, en todo lo que llevo de este lado del mundo solamente 2 personas me han dado el trato de “superior”, solo por ser mayor que ellos (en edad): un amigo de Corea del Norte (criado en Japón, y súper trabajador) y el esposo de una amiga de mi esposa (ambos japoneses). Cada vez que los veo o hablo con ellos, siempre les digo que no necesitan usar lenguaje formal ni tampoco darme la razón en todo, pero de todas formas lo hacen, y contrario a lo que pueda parecer, me siento más incómodo así que si se dirigieran de forma normal.

Casos y cosas de la sociedad japonesa.