Mascotas

Cuando era niño, veía que familiares y vecinos tenían mascotas, pero yo no. La situación en la casa no permitía criarlas. Sin embargo, un buen día nos tocó que mi tía, quien tenía una bonita perra raza maltés, nos regalar uno de los perritos que acababan de nacer. ¿Mascota? ¿Gratis? ¿De un familiar? En la casa no tenían pretexto para decir que no.

Fue así como me hice de mi primer (y único) perro: Scrappy. Sip, veía Scooby Doo en ese entonces y tenía como 5-6 años. Era obvio que lo nombraría como algo que me gustara en ese momento.

Para mí, era el principio de una etapa: tener mascota. Sin embargo, para Scrappy fue, sinceramente, el principio del infierno., y nunca me he sentido orgulloso de decir eso.

A grandes rasgos: nadie me enseñó cómo se tenía que criar un perro. Era mi responsabilidad, sí, pero sin una guía que me dijera lo que estaba bien y mal, hice las cosas como mejor pude o intuí. ¿El resultado? Scrappy rara vez salió del patio trasero de la casa. Como no estaba acostumbrado a salir, cuando veía la puerta abierta corría hacia la calle como si el mundo se fuera a terminar en ese momento, y atraparlo y traerlo de regreso era cada vez una tarea más difícil.

Claro que jugaba con él en el patio, y era mi compañero inseparable cuando había que “exterminar” a algún roedor que hubiera entrado a la casa. Pero de sacarlo, nada.

Rara vez lo bañaba, por lo que el pelo se le comenzó a convertir en bolas que se hicieron difíciles de cortar, y en las pocas veces en las que llegaba a bañarlo no puedo describir el olor que despedía.

Era mi perro, mi compañero, y yo, sin saberlo, lo hice sufrir prácticamente toda su vida.

Scrappy me acompañó en mi camino durante 13 años. Todavía recuerdo el día que mi papá se lo llevó: tenía días que casi no se movía y ya casi no comía; tardaba en voltear cuando lo llamaba. Se notaba cansado, pero muy tranquilo. Mi mamá se dio cuenta, habló con mi papá, y él se lo llevó. ¿A dónde? Nunca lo supe, y sinceramente no tengo el valor de preguntar.

Fui un mal dueño, pero su partida me dolió tanto que desde ese día hasta la fecha nunca he tenido ninguna otra mascota. Las otras que llegaron a la casa cortesía de mi hermana (que en pocas palabras es Elmyra, de los Tiny Toons, porque tiene mascotas pero nunca las cuida) yo terminaba atendiéndolas, quizá como forma de reparar el daño que le causé a Scrappy. Desde tortugas hasta pájaros, cada semana era una nueva mascota en la casa traída (sin permiso) por mi hermana, y todos menos ella teníamos que hacernos cargo de ellas.

¿Que si me gustaría tener otro perro? Sí, algún día, cuando esté seguro que puedo tratarlo al menos la mitad de bien de lo que hubiera querido tratar a Scrappy.

¿A qué voy con todo esto? A que muchas veces se nos olvida que las mascotas son seres vivos, y que como dueños tenemos una responsabilidad con ellos. No serán humanos, pero sienten, y quieran o no, están ahí para apoyarnos,

En Japón, la situación de las mascotas, especialmente perros y gatos, es preocupante precisamente por la falta de sentimientos de los dueños; algunos incluso consideran a los perros de igual forma que una bolsa de Louis Vuitton: sólo para darles estatus social.

Cuando mi mamá vino a Japón en 2005, su diversión era contar el número de perros “callejeros” que veía. Se le hacía raro no verlos rondando como en México, y siempre que creía haber encontrado uno, siempre estaba el dueño muy cerca cuidando que nada le pasara. Mi señora madre quedó muy impresionada del trato que los japoneses le dan a las mascotas quienes realmente cuidan de ellas.

Pero entonces, ¿no hay perros o gatos callejeros en Japón?

Claro que los hay. La cuestión es que por lo general son rápidamente reportados y llega a recogerlos lo que sería el equivalente de las perreras en México, nada más que acá se llaman 保護施設 (Hogo shisetsu, instituciones de protección). Y como se han de imaginar, si no se encuentra al dueño, o en todo caso a un nuevo dueño, esas instituciones se encargan de deshacerse de ellas. ¿Cómo? Los asfixian con dióxido de carbono. Los meten en una cámara y poco a poco van reduciendo el espacio en el que se pueden mover; después de eso, dejan correr el gas por entre 5 y 20 minutos, efectivamente matando a todo lo que en la cámara se encuentra.

En este punto quizás algunos digan: “Bueno, es triste, pero es algo que se tiene que hacer”. Yo no culpo a las instituciones, sino a los dueños que en Japón consideran a las mascotas como un simple objeto y no como un ser vivo.

A continuación listo algunas de las razones por las que los dueños llevan directamente a sus mascotas a las mencionadas instituciones. Esta lista fue tomada de la página http://www.koinuno-heya.com/syobun/ pero una visita rápida al Ministerio del Ambiente de Japón (環境省, Kankyosho) también es buena fuente de información.

  • “El lugar a donde me voy a mudar no permite tener mascotas”.
  • “El perro creció y se le quitó lo tierno”.
  • “Fue un embarazo no planeado y nacieron muchos cachorros”.
  • “Los comencé a criar (reproducir) como diversión, pero ya no hay nadie que quiera adoptarlos”.
  • “No me hace caso y es muy ruidoso”.
  • “No tengo recursos económicos para mantenerlo”.
  • “Es muy pesado hacerse cargo de un perro viejo”.
  • “Ya no soy criador. Los perros ya cumplieron su función”.
  • “Me voy de vacaciones de verano y no hay nadie que lo cuide”.
  • “Es más apestoso de lo que creía”.

Y así le podemos seguir. Todas las razones expuestas arriba se me hacen increíbles, pero la que recalqué con negritas sinceramente me hizo decir: “No se pasen de lanza…”.  Una familia con niños llevando a su perro a la institución porque se van de viaje por poco más de una semana y diciendo que no hay nadie que lo cuide; la encargada de la institución le dice que lo piense dos veces, puesto que si no hay nadie que lo reclame en X cantidad de días, tendrá que ser sacrificado. ¿Los niños? La mamá les dice: “¿Quieren perro o quieren irse de viaje?”. Ellos no entienden la magnitud de la decisión y obviamente escogen el viaje. ¿Resultado? Adiós mascota, sin importar el papel que haya desempeñado hasta ese momento. Esto lo vi directamente en un reportaje en la televisión.

Las tiendas de mascotas tampoco se salvan. Sí, es lindo ir a ver a los perritos que están a la venta (y que cuestan entre 100 y 300 mil yenes, y no, no me equivoqué), pero si después de cierto tiempo no se venden, su destino se divide en 2:

  1. Los usan como máquinas para hacer nuevos cachorros. Huelga decir que no les dan el camor y cariño que necesitan.
  2. Los mandan las instuticiones antes mencionadas.

Las cifras oficiales revelan que durante el año fiscal 2012 se sacrificaron un total de 38,447 perros y 123,420 gatos,

Sé que el problema no es sólo en Japón. En todos lados hay dueños ejemplares y dueños irresponsables (yo me cuento como uno de ellos por lo anteriormente expuesto con Scrappy). No obstante, y tomando en cuenta de que tengo mucho por este lado del mundo, nunca me tocó ver en México que la gente tratara a sus mascotas como un simple artículo. Es muy probable que la haya, cierto, pero hasta que no me di cuenta de la situación por acá me puse a pensar en la misma situación en mi rancho.

A continuación dejo un par de videos que muestran la forma de sacrificar a perros y gatos en Japón. El tiempo que pasan en las instituciones depende de la raza (debido a que es más probable que ciertas razas sean más populares, y por ende, sea más fácil encontrar un nuevo dueño) y a si tienen alguna enfermedad o no (los enfermos se van primero). Hago la advertencia: no son fáciles de ver, y recomiendo tomar precauciones; si hay niños cerca,  explíquenles qué está pasando y por qué, o salvo su mejor opinión, evitar que lo vean.

Parte 1:

Parte2:

¿Cómo está este tema en México? ¿En otros países?

 

20 thoughts on “Mascotas”

  1. Pues aquí en mexico, aun es peor, porque para ahorrar dinero, echan agua en el piso y los electrocutan 🙁 ó los apartan para que los de escuelas de medicina hagan ejercicios medicos con ellos…

    de igual manera, no se me quita el nudo en la garganta… =(

  2. Caray, en mi caso me da mucho coraje, yo tengo 2 perros y 2 gatos, los quiero mucho y pase lo que pase no les puede faltar sus croquetas, ojala muchos tomaran conciencia que ellos también son parte de su familia y de su vida.

  3. Cada día es un holocausto perruno y gatuno(animal) en todo el mundo.Me recuerda a los campos de concentración de los Judíos solo que en versión animal y legalizado.

      1. Manuel nada más 🙂

        Ah no. No los he visto, pero me puedo imaginar el lugar. No aguantaría una visita a uno…

  4. T___T
    que triste que pasen estas cosas
    Sinceramente me sorprende que los de aquí mismo piensen que en México somos iguales, pero tratandose de respeto a los animales pienso que en México estamos un escalon arriba que los orientales, al menos aqui no se dan casos como los que comentas de Animal de prenda, o al menos no son tan comunes como para pasarlos en la television. Puedo contar rapido de 4 a 5 rescatistas que conozco y que son amigos mios.

  5. Considero que el abandonar a un perro es mucho más cruel que sacrificarlo, no soy un gran dueño con mis gatos, sin embargo les doy el cuidado necesario. En México se dan muy seguido casos de crueldad animal, tan solo en redes sociales populan, los post de buenos samaritanos contaminando visualmente con el pretexto de hacer conciencia, cuando justamente hacen lo que esos enfermos quieren. Darse a notar. No creo que deba comerciarse con ninguna forma de vida, la adopción siempre sera mi única opción. Ahora quienes crean que los perritos que se donan a la ciencia, específicamente en medicina, sabrán que los animales son probablemente mejor tratados de lo que lo fueron en toda su vida, ya que es responsabilidad de los jóvenes aspirantes a médicos el pasearlos y darles de comer. Los animales no son tasajeados, ya que cirugía es de las últimas materias que se imparten y los estudiantes ya tienen sobrada habilidad con el bisturí. Muchos animales resisten varios procedimientos o prácticas antes de ser sacrificados.

  6. De acuerdo con la Secretaría de Salud local, en el Distrito Federal existen al menos un millón 200,000 perros en situación de calle; no obstante, asociaciones protectoras de animales y ONG señalan que la cifra oscila entre 2 y 3millones de canes.

    Al respecto Patricia Ruiz, fundadora y presidente de Milagros Caninos -una asociación civil-, comentó que el número de animales abandonados crece cada día ‘debido al desinterés e insensibilidad de las personas, quienes creen que un animalito es un juguete o una cosa que se puede desechar cuando envejece o sufre alguna enfermedad’.

    Actualmente México ocupa el primer lugar en América Latina en población canina en abandono, situación que además de reflejar el alto índice de deshumanización, representa un serio problema de salud pública pues los perros callejeros son transmisores de infecciones virales, gastrointestinales, dermatológicas y respiratorias, entre otras.

    De acuerdo con estadísticas oficiales, un perro defeca 400 gramos y orina 800 mililitros en promedio diario. Sólo en la ciudad de México las mascotas producen diariamente media tonelada de heces fecales, para sumar al año 182 toneladas.

    “Con el calor las heces se deshidratan, se forman partículas biológicas invisibles y el viento las arrastra y las dispersa por el ambiente”, señala la Secretaría de Salud del DF.

    Esta dependencia aporta un dato más: durante el último año son atendidas 18,000 personas por mordeduras de canes, de las cuales 70 han requerido cirugía plástica reconstructiva.

    Y, aunque las autoridades locales aclararon que desde hace 7 años no ha habido un solo caso de rabia en humanos debido a mordeduras de perro, a principios de este año 5 personas murieron en el Cerro de la Estrella, en Iztapalapa, presuntamente por el ataque de una jauría.

    Estrujante redada

    En la ciudad de México existen 3 centros antirrábicos que se encargan de sacrificar 12,000 perros al mes, ya que los dueños sólo tienen 72 horas para reclamar el animal capturado mediante redadas o donaciones voluntarias; además, el espacio en dichos centros es insuficiente dado el crecimiento exponencial de maltrato y abandono animal.

    Perros sacrificados en México por año: 1.5-2 millones.
    (D.F. 150,000, Guadalajara 125,000, Monterrey 60,000, León 15,000, etc.) vs 38,447 en Japón (Tokio 2,600, etc.)
    Perros callejeros en México: 20-25 millones.

  7. Curiosamente, entreteniéndome con la google Street, y precisamente allá, noté que no hay perros en la calle. Sobre todo en Tokyo; llegué a ver alguno en otras cuidades no muy pobladas, donde el carro de google sólo pasa por las calles primarias.

    Y deduje que: o son estrictos con los perros o animales de la calle; o los quieren tanto que los prefieren en casa; o realmente no consideran a un animal como mascota, sino como objeto.

    Pero ahora veo, con tu publicación, que es igual que acá: hay personas que los quieren mucho, y gente que los vé como objetos o bichos. Aunque sí veo más estrictos en cuanto al sacrificio. Acá, por lo menos en Querétaro, recojen muchos perros y gatos, de los cuales, en perros se quedan más tiempo para encontrar dueño, los que son pequeños, o bien portados sin importar tamaño.
    Los enfermos o rebeldes, pues casi de inmediato pasan a ser sacrificados. ¿Cómo los sacrifican? no lo sé, ni lo preguntaré, pues el tan sólo hecho de no tenerles amor o cariño, y dejarlos a su suerte en la calle, ya me toca fibras sensibles. T.T

    Cuando fuimos niños, siempre tuvimos alguna mascota que, ahora que lo pensamos, le hicimos la vida de infierno. Yo igual tuve un pollito a los 4 o 5 años, donde me la pasaba jugando al “correle o te atropello”. Me parecía divertido. Pero hoy que lo recuerdo, pues siento lástima por el pollito; Quisiera que ése pollito entendiera que era un niño yo en ése entonces, pues me siento muy mal por cómo lo traté.

    Yo soy muy amante de las mascotas, sobre todo de los perros. Hemos tenido varios en casa, y aunque no a todo se les trató con respeto, los últimos que hemos tenido, se les ha tratado como miembros de la casa. Tan miembros que, el que nos robaron, se quedaba siempre dentro de la casa, y salía con alguno de notros. Yo lo solía llevar al “centro” (5km en recto) ida y vuelta; todo a pie, con su respectiva agua, comida y descansos.
    Hoy tenemos dos, uno que adopté por ése sentimiento de vacío por el que nos robaron, y uno que le dieron a mi hermano, pero por el embarazo de su mujer, nos lo trajo acá.

    Hoy en día, y desde que tengo dinero propio, siempre cargo una botella de agua y croquetas, para cuando encuentre un perro en situación de calle. Ya no los adopto, pues por situaciones anteriores, luego no se saben cuál será la reacción del perro.

    Te agradezco ésta entrada que publicas. Ahora ya conozco más del Sol Naciente, y me servirá de mucho para cuando vaya, o simplemente para conocer algo de cual deseo ir en persona.

    Saludos, y gracias nuevamente.

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