Vecinos

Por raro e increíble que parezca, en Japón por lo general no hablas con tus vecinos, y muchas veces ni siquiera sabes quiénes son.

La interacción con ellos es prácticamente nula a menos de que coincidan en las escaleras, elevador, o en camino cada uno a su departamento, casa o dormitorio, en cuyo caso un saludo estilo “buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches” (más de a fuerzas que de ganas) es suficiente. De ahí en fuera se busca evitar contacto para, al mismo tiempo, evitar meterse en problemas. A veces también te toca vivir al lado de una persona que trabaja desde muy de mañana y regresa muy noche y rara vez te la encuentras.

Obviamente no podemos generalizar y existen excepciones, especialmente en algunas zonas de campo japonés. No obstante, durante mi experiencia viviendo en este país, la convivencia con los vecinos sencillamente no ha existido( el estándar que uso para medir esto es lo que recuerdo de mis vecinos en México):

  • En el primer departamento en el que viví en Iizuka, me tocó de vecina una chica japonesa. Solamente éramos nosotros 2 en esa ala del edificio. Ella tenía su novio y no cruzábamos más palabras que los típicos saludos. Una vez, la lavadora que tenía hacía tanto ruido que ella fue a tocarme a la casa para ver si todo estaba bien con la lavadora (traducción: le molestaba el ruido). Me disculpé y ahí quedó todo.
  • En la segunda vivienda en la que habité en la misma ciudad, mis vecinos eran todos extranjeros porque era un conjunto habitacional de 16 casas que el gobierno de Fukuoka le había cedido al de Iizuka para que los estudiantes extranjeros pudieran vivir ahí. De vecinos cercanos tenía , por un lado, a una chica de Sri Lanka que nunca estaba, y por el otro a 2 muy grandes amigos por acá: Arnoldo, de Costa Rica y Gilberto, de Honduras. Había gente de China, de Bangladesh, y de Indonesia, pero casi no convivían. Resultado: fiestas a cada rato, no había problema de ir a tocarle al vecino a pedirle la típica tacita de azúcar. Todo como si estuviéramos en América Latina. Muy buena época.
  • Una vez graduado y ya laborando, me tuve que mudar a otro lugar dentro de la ciudad. Esa vez fue a un conjunto de 4 departamentos (2 arriba y 2 abajo), y yo quedé en uno de los del piso de abajo. Mis vecinos eran:
  1. Justamente arriba, un japonés que estudiaba en la universidad pero que era el más ruidoso de la cuadra. Sin lugar a dudas los otros vecinos también se llegaron a despertar cuando le se ocurría poner la música por la noche. Nunca me dirigió ni un triste saludo.
  2. El otro vecino de arriba era un señor de unos 45 años. Sólo, posiblemente divorciado. Saludaba siempre amigablemente y casi siempre lo veía en la noche, cuando él regresaba del trabajo. Él fue el que le pegó a mi carro en una ocasión. De ahí en fuera nunca hubo ni siquiera la más mínima conversación.

  3. El departamento de al lado estuvo solo durante cerca de 2 años. De repente, lo rentaron un par de japoneses (hombres ambos). No, no eran gays (no tendría problema si lo hubieran sido), sino más bien eran de esos “chicos malos” que te encuentras en el campo japonés, y que los japoneses llaman “Yanki” (ヤンキー). Nunca me regresaron un saludo. El problema con ellos es que el lugar se volvió increíblemente sucio porque tiraban basura fuera de su departamento y los cuervos se encargaban de regarla; tenían también un montón de tiliches fuera de la casa (eso sí de su lado) y nunca les dio por limpiar. La cereza del pastel fue cuando uno de ellos se trajo a su novia/amante/peor es nada por una noche y se estacionaban de mi lado, con el motor prendido, durante la madrugada. Todavía dijeran “le está metiendo mano”, o “están en sus asuntos” y podría salir a decirles que se consiguieran un cuarto, pero no: se la pasaban platicando, y obviamente todo se oía dentro de la casa. No tuve problemas directamente con ellos, pero tampoco ningún tipo de convivencia.

  • Ya en Tokio, cuando vivía cerca de Ueno nunca conocí quien vivía al lado mío. El departamento estaba habitado, pero nunca me tocó ver al dueño. Una vez vi a un hombre entrar, pero al parecer era de visita porque salió varias horas después y ya nunca me tocó verlo de nuevo. Aunque solamente viví ahí por 6 meses y éramos las únicas 2 personas en todo el piso (vivía en el 4to., de un edificio de 10 plantas), nunca me lo(a) topé.
  • Ahora que vivo más para el lado de Saitama (pero sigue siendo Tokio), estoy en el segundo piso de un edificio de 2 plantas con 6 departamentos (3 arriba y 3 abajo). Vivo en una de las orillas. Mis vecinos:
  1. En el cuarto de al lado vivía una china a la que nunca me tocó saludar (sabía que era china por su nombre). Se mudó como a los 6 meses que llegué aquí.
  2. En el otro departamento de la planta superior vive una japonesa sola. Ha de tener unos 30 años aprox. Con ella sólo ha sido el saludo y hasta ahí.
  3. Justo abajo de mi departamento vive una pareja ya mayor, digamos de unos 50 y algo años. Creo que con la señora es con la que más he platicado de todos los vecinos que he tenido en Japón (que no son latinoamericanos), pero no crean que hemos tenido conversaciones largas: simples “¿cómo te va?” , “¿en dónde trabajas?” y temas simples. Se ve amigable la señora, pero ya saben que caras vemos…
  4. En el cuarto de en medio (en la planta inferior) no tengo ni idea de quién viva. Está habitado, pero jamás me he topado con su morador. Llevo viviendo aquí poco más de 1 año.
  5. El departamento más cercano a la entrada del edificio es la morada de un matrimonio entre un africano (no sé exactamente su país, pero sé que habla francés) y una japonesa. Aunque a la chica la he visto sólo un par de veces y no ha habido ni un simple saludo, el chico africano saluda y pregunta en japonés “¿Genki?” (¿cómo estás?). Tampoco ha habido conversaciones largas.

La dueña de este edificio vive a espaldas. A ella sí fui directamente a saludarla y a darle las gracias por permitirme vivir aquí (cortesía y etiqueta japonesas). Cuando sale algún problema en el departamento lo trato directamente con ella.

Cada quién está “en sus rollos” por acá, y se puede decir que no hay oportunidades de platicar ni siquiera con la persona de al lado, muchas veces porque sencillamente no dan y otras porque nadie las quiere hacer. Justo eso me pasó hoy:

Habíamos tendido la ropa lavada para que se secara (hizo buen clima hoy). El viento soplaba muy fuerte, pero nada fuera de lo ordinario. De repente, ¡la parte donde se cuelgan los calcentines no estaba! Al investigar, nos dimos cuenta de que la pinza con la que se afianza al tubo del tendedero se había roto, provocando que volara y, para mala suerte, cayera en una de las casas de espaldas. Ni modo, había que ir a tocarles y pedirles permiso para recogerla.

Acto seguido: bajé, di la vuelta, localicé la casa y timbré. Esperé unos 30 segundos… nada. Pensé “No van a estar. Es domingo. Seguramente salieron”. Estamos hablando de una casa tal cual, no de un departamento o de un conjunto habitacional, sino una casa de 2 plantas, con cochera y mini jardín; se intuye que vive una familia ahí. Cuando estaba a punto de regresarme ya resignado a que tendría que volver a ir más tarde, escuché como colgaban el interfón. Inmediatamente supe que sí estaban, pero nunca respondieron a mi llamada (tienen cámara instalada para ver quien toca). Para estándares japoneses no es normal que alguien llegue y toque el timbre un domingo a las 3 pm, y mucho menos lo es que un extranjero de pelo largo y con barba desaliñada (no me había rasurado) lo haga, así que, hasta cierto punto, es comprensible su reacción. Sin embargo, yo necesitaba mi ropa, y a sabiendas que no les iba a causar mucha gracias, les timbré de nuevo. Esta vez, respondió la voz de una mujer, y lo que sigue es la conversación que matuvimos por el interfón:

Yo: Disculpe. Soy una de las personas que viven en los departamentos de atrás. Por culpa del viento, mi ropa tendida cayó dentro de su propiedad. ¿Me permitiría pasar a recogerla, por favor? (Nota: usé en todo momento lenguaje súper formal y tomé actitud de japonés regañado para evitar sonar agresivo).

Mujer, con una voz muy baja y lenta, lo cual demostraba desagrado: ¿En qué parte se te cayó?

Y: Viéndolo desde el frente de su casa, en la parte angosta de su jardín, al lado derecho.

M (haciendo pausa por un momento): … Un momento por favor.

Aproximadamente un minuto después se abre la puerta principal de la casa y sale una mujer de unos 36 años, envuelta en una especie de frazada y haciendo la peor cara de “pocos amigos” que se puedan imaginar. Sí, yo sé que le estaba causando molestias, pero no era por gusto. Al verme (y analizarme de arriba a abajo) me pregunta: “A ver, ¿en dónde se cayó?“. Le señalo el lugar, y al ver el montón de ropa, se lanza corriendo a recogerlo. Después camina lentamente de regreso, me lo da, y se lo agradezco al mismo tiempo que me disculpo por las molestias causadas (de nuevo, todo en un japonés súper formal). ¿Su respuesta? Cerrarme la puerta sin decir nada.

Como yo fui el “causante” de su disgusto, ciertamente no tengo cara para decirle nada. Sin embargo, sinceramente espero que haya interrumpido algo sumamente importante como para que saliera y me hiciera esa cara que reflejaba enojo y disgusto al mismo tiempo. No bromeo: pensé que se echaría a llorar o a gritar en cualquier momento. De otra forma, no creo (opinión muy personal) que haya sido para tanto.

Ya analizando más calmadamente la situación, me imaginé los posibles escenarios que podrían haber provocado esa respuesta:

  • Sexo de domingo por la tarde. Hmm… si tomamos en cuenta la situación del sexo en este país, es muy improbable. Si, en cambio, realmente interrumpí el acto que seguramente se da una vez cada 3 o 4 meses, la verdad si me pasé de listo, soy una persona mala y desagradable y no merezco ser considerado como un ser existente en este planeta por ella ni por su compañero. 
  • Día de descanso. A lo mejor tuvo un sábado muy ajetrado y la agarré en el 5to. sueño vespertino. Si es el caso, sí, soy un ser despreciable.
  • Estaba en el momento cumbre de una película que nunca había visto y tenía muchas ganas de ver. Estilo enterarse de que Darth Vader es el padre de Luke, o estaba enterándose que Boromir era el traidor. En todo caso, sí arruiné el momento y su respuesta es totalmente aceptable.

Hablando en serio, cualquiera que haya sido la razón de su expresión, yo las llevo de perder porque yo fui el que causé molestias (aunque técnicamente no haya sido mi culpa que el viento haya roto la pinza) y ni modo, me tengo que aguantar. Su país, sus reglas. No obstante, me queda el sentimiento de que realmente no era para tanto y de que, al menos, habría podido ser una oportunidad, no para ser grandes amigos, ni para platicarnos chismes, pero al menos para enterarte de quién es la gente que está alrededor de tu casa y no la vayas a confundir con un extraño merodeando por los alrededores (que también se da por estos lares).

Por último, y siendo sincero, sí me habría gustado tomarle una foto y subirla acá para que hubieran podido ver la expresión con la me recibió.

Anécdotas en Tokio, un domingo por la tarde.

28 thoughts on “Vecinos”

  1. Ja ja ja Caray viendolo de esa forma tengo muncha suerte teniendo los vesinos que tengo yo aqui en mexico de ruidosos y molestos no pasan animo y suerte tal vez algun dia encuentres a alguien mas amable de vacino

  2. lo mismo ocurre por aqui Nagoya no es que sea tan diferente de Tokyo en esas cuestiones, pero que se le hace, al menos he intentado cambiar en algo las cosas y no muy a menudo me quedo charlando con algun vecino de cualquier cosa y trato de ir a su ritmo en lo que a eventos sociales (entiendase por ser parte del grupo de reciclaje cada 5 meses o hacer una petición para que la &%%$ inmobiliaria baje en algo el precio del alquiler) se refiere que es basicamente eso y despues todo sigue igual. saludos.

  3. Que!!! Darth Vader es el padre de Luke???… jo… ahora solo falta que los padres sean los reyes magos…

  4. Se nota que no te tocó ir a por el balón con el vecino. En la mirada de quien te devolvía el balón podías ver un mundo cuasi dantesco. :S

    1. ¡Uuuy! ¡Claro que me tocó ir por el balón! Incluso me tocó también romper vidrios y correr a esconderse (y cuando preguntaban, obviamente nadie fue y el que salía perdiendo era el dueño del balón.
      Cierto. Incluso las personas que te lo devolvían con toda la amabilidad del mundo terminaban diciéndote algo cuando lo hacías por 5ta. vez en el día, jejeje. Y también me tocó el vecino gruñón que no te regresaba la pelota si caía dentro de su propiedad.

      Como mencioné en otro comentario: hay de todo. Yo tuve vecinos muy problemáticos, pero no fueron todos, por fortuna. Había con quienes me la llevaba bien, y a los que mi mamá les tenía la suficiente confianza para dejarles la llave de la casa cuando nadie iba a estar (y viceversa).

      Eso del mundo “cuasi dantesco” es totalmente cierto 😀

  5. Pues que suerte tienes y aquí los niños gritan todo el dia dan balonazos a mi puerta y en la noche igual con su desmadre , eso si que mamona la vieja de la que cuentas

    1. Mala onda, pero me recuerda a los días en los que yo también jugaba futbol y le pegábamos de balonazos a la cortina del local del zapatero de la cuadra. Era perfecta como portería 😛

  6. mmm pues yo vivo en el D.F. Me cambie hace como 6 años a mitad de la prepa. Vivo en ua unidad de como 40 departamentos y a duras penas conozco a 3 o 4 vecinos y no me caen muy bien que digamos los pocos que conozco, sólo una y ni si quiera tomamos el cafecito (ja ja) sólo últimamente he hablado con ella porque mamá encontro un gato y nos esta ayudando a cuidarlo. Es normal. Esta feo que te pongan caras por algo que ni hiciste pero pues supongo que para personas que no somos tan sociables (y los Japoneses incluídos, claro) es mejor no hablar con nadie; nunca sabes que tan buena gente puedan o no ser. Francamente si yo viviea en Japón no saludaría a nadie, me quito el mal trago (a menos que se absolutamente muy necesario).

    1. Ah claro. No quise decir que en México todos nos llevamos bien con nuestros vecinos. Yo personalmente experimenté situaciones muy muy amargas con mis vecinos cuando era chico (desde problemitas leves hasta una bola como de 6 personas golpeando a mi mamá). No obstante, al menos en Guadalajara todavía es posible ver lugares en donde los vecinos se saludan, se sientan a platicar, y a los que les puedes pedir una cebolla si se te olvidó comprarla en el mercado.

  7. Pus yo como Méxicano tengo una buena relación con mis vecinos de la sección, conozco casi a todos, pero prefiero, por Vivir en Iztaparrata, no salir mucho y no convivir demasiado con los vecinos

  8. Por cuestiones de trabajo una vez en dos semanas tuve que ir 3 veces a Jilotlan de los dolores, jalisco. En el tope de la entrada del pueblo solia estacionarse un tipo con una camioneta cargada de jicamas, despachadas en bolsas listas para vender como gaspachos con su respectiva bolsita de sal, chile (de polvo rojo) y un limon. De unos 40 de edad con camisa de manga corta desabochada que dejaba al descubierto la pansa y su sombrero texano sucio, su aspecto asi como su acento para hablar era tipico de un indigena (Guardadas las proporciones y con todo respeto, imagina esto como el equivalente de un extranjero con barba sin arrelgar tocando una puerta un domingo por la tarde en japon), con una cara redondeta. Cuando veia que se acercaba un carro brincaba energico con una gran actitud y muchas ganas de vender, con la mirada fija en ti con una sonrisa de oreja a oreja te instaba a comprarle uno. Ese tipo sabia vender. No crees que en tu afan de respetar las costumbres formales (o de etiqueta) hace que te predispongas a una actitud igualmente negativa que llega a reflejarse?

    1. Martín:

      Antes que nada, muchas gracias por tu comentario.

      Entiendo tu punto de vista, y respondiendo a tu pregunta: no. Mi actitud hacia Japón y sus costumbres nunca ha sido negativa. Ciertamente hay choque cultural, y aun a 10 años de estar aquí hay cosas con las que todavía no estoy de acuerdo, aunque de antemano sé que no las puedo cambiar (su país, sus reglas). Tu comentario tiene como contexto varias cosas: México, área rural y un vendedor. Cierto: no necesitas ninguna de las 3 para mostrarte amistoso con la gente, y concuerdo en que la impresión que causas con tu actitud generalmente influye en cómo las personas te perciben. Lamentablemente, en Japón hay una predisposición (no de todas las personas, aclaro) hacia los extranjeros todavía muy marcada, y no tiene nada que ver con actitud ni nacionalidad. Yo mismo he sugerido a varios extranjeros que vayan a saludar y presentarse con los vecinos al momento de comenzar a vivir en un lugar, pero en muy pocos casos la respuesta de los vecinos ha sido la esperada.

      Algunos medios de comunicación muestran a los extranjeros como algo enigmático, y he visto programas familiares en donde los japoneses tratan de huir cuando tienen a un extranjero cerca. Simplemente hace unas semanas, nos subimos 3 mexicanos a un tren, y nos sentamos. Había un japonés, de unos 40 años, sentado al lado de nosotros, y en cuanto nos vio, se levantó, corrió (no exagero. Realmente corrió) y se cambió de vagón.

      Tengo muchos amigos japoneses, y en Iizuka me conoce un montón de gente. Si mi actitud fuera negativa toda esa gente seguramente ya se habría aislado y no me habrían recomendado para las actividades que solía hacer allá, ni mucho menos me hubieran confiado a varios grupos de niños de primaria cuando tenía que darles clases. El trabajo habla por cada persona, es cierto, pero aquí las “conexiones” (lo que serían en México las influencias o “palancas”) son también muy importantes para poderte desarrollar y encajar en la sociedad.

      Cuando conozco a un japonés, pongo la misma barrera que ellos ponen al conocer a alguien, pero no dejo de mostrarles lo que es la cultura mexicana. Con el paso del tiempo te das cuenta quiénes te hablan solo por cortesía y a quienes realmente les interesa entablar una conversación amena contigo.

      Otra cosa que también influye aunque no lo parezca: el trato que la gente le da a los estudiantes extranjeros es muy diferente al que le dan a los que extranjeros que trabajan en Japón.

      De nuevo insisto: no generalizo, porque conozco muchas excepciones, pero pregúntale a otros mexicanos al respecto. Encontrarás a quienes nunca les ha pasado nada así y también a quienes les ha pasado varias veces. Hay de todo por acá. El caso es precisamente no predisponerse, como lo mencionas en tu comentario.

      Saludos. Ojalá que sigas comentando 🙂

  9. que onda Manuel?
    Pues que mal rollo con la vecina que no se deja querer. Tu sigue aventándole ropa, chance y así va agarrando confianza. Y en mi caso, a mi y a mi jefa, era a los que nos tocaba aguantar a los morrillos (me incluyo, a veces me acoplaba con ellos) preguntando por el balón cuando se les volaba a mi casa, ya que es la casa con el barandal mas perfecto para la portería. Por suerte ya todos crecimos y trabajamos (aahh… que tiempos aquellos) y ya no ocurre mas ese problema.

  10. wow yo ahorita estoy viviendo en Portland Oregon EUA y es lo mismo jaja y en general no sólo los vecinos tmb la mayoría de las personas no son tan sociables ni afectuosas como en México

  11. En pocas palabras, se ve que los japoneses son bien mamones.

    Siempre pensé que eran bien alivianados.

  12. jajajaja excelente todas tus historias Manuel, enserio esto se volvió una adicción (en todo lo que he leído no he podido omitir ni una sola palabra), saludos desde Zacatecas, ya con la espera y nervios de visitar el país del sol naciente :O (mediados de Agosto en Hiroshima University of Economics) te mando un fuertísimo abrazo y esperemos que esa chica no descubra que omitió la parte mas importante de la saga Star Wars, SPOILER ALERT JAJA: Darth Vader es el padre de Luke) 😛

    1. Gracias por los comentarios.

      Entenderás que debo banearte por dar esa clase de spoilers 😛 Es más, deja te digo que el Titanic SE HUNDE al final de la película 😀

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