Actualización – diciembre 2012

Como ya he comentado en el escrito anterior, no estaba perdido.
Con eso de que falta muy poco para que “se acabe el mundo”, estaba “haciendo preparativos”. Lo malo es que no especifican si el 21 de aquí o el 21 de la tierra maya. 😛

Dejando las bromas de lado, estas últimas semanas he estado tomando las cosas con mucha calma. Mi situación laboral no es mala, pero ciertamente podría ser mejor; aprendo a controlar eso. Luego, estuve en ese periodo en el que al llegar a la casa lo último que quiero hacer es prender la computadora. Llegaba a leer algo, a intentar descansar, y de vez en cuando a jugar en Tekken en la PSN. Sin embargo, el jueves pasado me asusté porque, después de una sesión de poco más de una hora en el PS3, al ir al futón e intentar leer algo, por primera vez en mi vida veía las letras borrosas y me costaba trabajo enfocarlas. Pensé: “Así que va siendo hora de usar lentes…”. No es que me espante usarlos, simplemente es un objeto que nunca he necesitado, y por ende me salió el “orgullo” de querer quedarme así como estoy. Pero todo volvió a la normalidad después de un buen descanso.

Asimismo, en este tiempo he recibido varias preguntas respecto a viajar o trabajar en Japón. Sé que debo responderlas y me disculpo ante quienes las formularon, pero después de meditarlo un poco creo que es mejor contestar esas preguntas para todos y no nada más para sus autores. De esa manera, la información queda disponible para tratar de ayudar a quienes en un futuro tengan la misma incógnita. En corto: actualizaré la páginas de “preguntas frecuentes”.

Hace 2 semanas tembló por acá; a mí me agarró en el trabajo (5to. piso de un edificio), y como duró un buen rato, yo ya estaba agarrando mi kit de emergencia y metiéndome abajo del escritorio. Algunos pensarán que exagero, pero cuando sientes que todo se mueve y no para, uno hace preparativos para lo que pueda suceder. Lo que nomás no termino de asimilar es que en medio del temblor llega una de las jefes con la persona sentada enfrente mío y le dice “pues disculpa que venga mientras está temblando, pero necesito que a este documento le hagas esto, y esto, y le cambies aquí, por favor”. Yo me quedé con cara de WTF! Lo primero que te dicen que hay que hacer en caso de un terremoto es resguardarte para evitar heridas por los objetos que se puedan venir abajo, pero la realidad es que los japoneses se quedan con la idea de que no va a pasar nada y le dan prioridad a otras cosas. No recuerdo si ya lo comenté en el blog, pero en el trabajo anterior (del que hablé en “Luz” y al que me ha dado por nombrar “el infierno“) me dijeron que cuando ocurrió el temblor en marzo del año pasado, lo que hicieron muchos fue agarrar sus monitores para que no se cayeran del escritorio… Simplemente increíble.

También durante estas semanas de ausencia en el blog tomé un tiempo para reflexionar un poco. Leí una entrevista que le hicieron a Larry Page en donde menciona que “es su personalidad nunca estar satisfecho con nada”, y aunque sé que no es la única persona que piensa así, ver su opinión en ese momento reafirmó que soy de la misma calaña. No es fácil ser así, y siempre hay momentos en donde pones las cosas en perspectiva y te preguntas si vale la pena seguir viendo hacia adelante en vez de sentarte a disfrutar lo que tienes en ese momento. Cierto: hay “trade-off”, y quizá lo más difícil para mí ha sido tener que bajarle a algunas cosas (y en lagunos casos desprenderme de otras) para darle prioridad a lo que creo que lo merece. No me arrepiento de las decisiones tomadas hasta el momento, pero siendo sincero, sí extraño ese tiempo que solía tener para dedicarle a asuntos que me llaman la atención.

Hay algo que sí me molesta mucho: que te quieran imponer una serie de actividades y que te quieran obligar a dejar muchas otras solamente por tu edad; porque “no va contigo”. Especialmente de este lado del charco esa tendencia es muy marcada, y para nada comulgo con ella. Por mucho que nos parezcan raros los gustos y las actividades de una persona, nadie tiene la facultad de juzgar a otro solamente por no entrar en los estándares, algo que en Japón es el pan de cada día debido a su homogeneidad. Sí, tengo 34 años ya, pero eso no quiere decir que tenga que dejar de ver cosas que me gustan ver o de escuchar cosas que me gustan escuchar sólo porque “ya tengo cierta edad” o porque “ya estoy grande”.

En fin. A mis 34 primaveras y con nuevos bríos, sigo mi camino. No voy a decirles que no me preocupa lo que el futuro pueda traer y los giros que mi vida vaya a tener de ahora en adelante, pero ya con un poco más de calma y casi totalmente recuperado de la fatídica experiencia del infierno, poco a poco vuelvo a ser el mismo de antes: miedo no, sentimiento de aventura sí. Y vaya que necesitaba recuperar eso.

¡Ah! Antes de que se me olvide: ya se pueden “suscribir” a los comentarios de un post, por si preguntan algo y respondo directamente puedan darse cuenta.

Ya se termina el año y ya ha comenzado el maratón Guadalupe-Reyes. Hay mucho por qué echarle ganas 😀 Y por si ya no puedo poner nada antes del 21 diciembre:

¡Feliz fin del mundo! 😛