En Guadalajara, 2 años después

Sin avisarle a prácticamente nadie, aprovechando unas vacaciones forzadas en el trabajo y agradeciendo de corazón que haya vuelo directo de Tokio a la ciudad de México, aproveché para venirme a mi rancho

Este viaje se decidió repentinamente hace una semana. Renuncié al trabajo que tenía (historia que contaré por separado), y como el siguiente comienza hasta julio, aproveché para tomarme unas vacaciones. La idea original era irse a algún otro lado, pero considerando que tenía 2 años sin estar de este lado del charco y que necesitaba urgentemente una buena dosis de vitamina T, la opción sólo fue una.

Ayer visité mi antigua escuela de japonés y me dio mucho gusto ver a la directora, la profesora Noriko Tsuchiya, y también vi con gusto que el número de estudiantes ha crecido considerablemente.

Estaré por acá solamente un par de semanas. Planeo, de haber gente interesada, hacer otra plática informal para comentar acerca de las becas a Japón, del trabajo y la vida en el país del sol naciente. Intenté entrar al CUCEI, pero ahora resulta que no te dejan entrar a menos que justifiques la razón de tu visita. ¿Seguridad? Quién sabe, ahí sí no puedo decir nada, pero considero que las universidades deben ser espacios públicos abiertos.

Se aceptan invitaciones a la playa en lo que estoy por acá.

Todos los escritos pendientes por acá irán saliendo poco a poco. Como siempre, les agradezco su paciencia y su comprensión.

Por cierto, saludos a Baudelio, estudiante del instituto de intercambio cultural México-japonés, que ayer me saludó durante mi visita. ¡Gracias por leerme!