Y me mudé

Ya es marzo. El paso del tiempo es curioso: a veces lo siento muy rápido, otras demasiado lento. Sin embargo, no se detiene, y con él, los planes se llevan a cabo.

El pasado domingo me mudé. Sigo viviendo en Tokio, pero ahora ya no en la zona central (cerca de Ueno), sino al noroeste, casi en la división entre la capital y la prefectura de Saitama. Y con la mudanza ya ustedes saben todo lo que viene: trámites, empacar, desempacar. Y por más que intenté hacer los primeros 2 con tiempo, a fin de cuentas me pasé el fin de semana pasado sin dormir absolutamente nada, todo por terminar de hacer las maletas, o siendo más precisos, llenar las cajas de cartón.

La nueva casa está en una zona que se asemeja mucho a Kitakyushu, en Fukuoka: muy tranquila, muchas casas, pocos comercios, y sin carro todo es más difícil. De haber sabido que estaría en un lugar como éste me habría traido el carro desde Iizuka, pero hace 6 meses jamás pensé que me mudaría de donde estaba antes, y menos tan pronto.

Tomar la decisión de salirme de la ahora casa anterior no fue fácil: hubo que tomar en cuenta muchos factores; pero el que más peso tuvo fue el de depender del trabajo actual para poder vivir ahí. Con la situación como está y los planes que se aproximan, creo que la mejor opción fue decirle adiós a esa morada. Hay recuerdos en ella, sí, pero aunque quisiera que todos fueran buenos, no lo son. Muchos podrían pensar que es normal que no todo sea color de rosa (y tienen razón), pero personalmente esa casa, y para el caso, este trabajo, representan una etapa de mi vida, tanto personal, profesional y en mi estancia en Japón, muy difícil y, sobre todo, frustrante. Para salir de eso, necesitaba nuevos aires.

Como comenté antes, ahora el centro de ocio (cuando haya tiempo) será Ikebukuro, especialmente la Sunshine 60 Street:

Esto no quiere decir que viva cerca de ese lugar, sino que ése es el lugar donde hago conexión con la ruta que me lleva a mi nuevo refugio.

Sin embargo, lo más importante para mí, y que es mucho más grande que vivir cerca de Akihabara, o para el caso del área central de la capital de este país, es lo que viene. Estoy en un momento en donde tengo que tener mucha paciencia. He perfeccionado el arte del tatemae hasta límites que no creía posibles en mí, pero todo sea por llevar la fiesta en paz. En cuando haya oportunidad, daré el brinco (léase: adiós trabajo).

Eso sí: debo darme tiempo para desempacar, porque en serio que apenas puedo pasar al entrar a la casa. Duermo rodeado de varias decenas de cajas de cartón :S