Japón y las tarjetas de puntos

Aunque sé que no son exclusivas de Japón, las tarjetas de puntos abundan por acá, y en todos los colores y sabores que se puedan imaginar.

Nunca está de más una explicación: vas a un negocio (de prácticamente lo que te imagines), haces una compra o pagas por un servicio y te ofrecen tu totalmente nueva e impecable tarjeta de puntos, con la que cuanto más compres (y más puntos acumules, valga la redundancia), más te acercas al descuento o servicio especial que se otorga por llenarla. Casi siempre ese servicio es una cierta cantidad que puedes gastar en la misma tienda, aunque a veces es también un descuento o hasta un servicio gratuito. Todo depende de la tienda, sus productos y promociones.

No recuerdo cuál fue la primera tarjeta de puntos que tuve en este país. Al momento de escribir esto hice memoria de los primeros días que pasé al llegar hace poco más de 8 años (y los cuales estarán en alguna parte de “Los años maravillosos”), y creo que una buena candidata es la de una tienda de hamburguesas caseras aquí en la ciudad (me moría de ganas por una hamburguesa verdadera, no una mini de Wendy’s). Esa tienda aún existe y todavía soy cliente regular. Por cada 500 yenes de compra te ponen un sellito. Al completar 30, la puedes intercambiar por, agárrense, 1,200 yenes en comida (alcanza al menos para un mega lunch y un helado).

Lo anterior obviamente despierta la incógnita (por si todavía no lo estaba): ¿realmente valen la pena este tipo de promociones? De nuevo: depende del negocio. Hay algunas que sí se acumulan rápido y sus beneficios son interesantes, mientras que otras, bueno, cuando algún día se lleguen a llenar, te ahorrarás lo de un servicio normal. Simplemente hay que ver la tarjeta anteriormente mencionada: 500 yenes para un sello, 30 sellos para llenarla. Necesitas gastar 15,000 yenes para poder canjearla por 1,200 en comida del lugar, la cual, dicho sea de paso, es exquisita; nada de McDonald’s. Otras , como por ejemplo la de un billar al que voy de vez en cuando, son más fáciles de llenar: un sellito por cada hora de juego. Cada 10 sellitos te dan derecho a una hora gratis.

Quizá lo más curioso es que incluso los negocios que menos esperas te salen con tarjetas de puntos: desde florerías hasta love hotels, pasando por restaurantes, centros de juego, pastelerías, dulcerías… ustedes digan la tienda y es casi seguro que tiene su sistema para premiar al cliente frecuente.

Debido a que estas tarjetas abundan en la sociedad japonesa, rápidamente se verán inundados con ellas, al punto en el que no cabrán en la tarjeta y tendrán que administrarlas de alguna forma, o de plano comprar un porta-tarjetas especial. En mi caso, opto por traer solamente las que uso con más frecuencia, y algunas, como la de Round One (un cadena nacional de centros de juegos) solamente la cargo cuando voy a Fukuoka.

Por supuesto que no es obligatorio traer ni aceptar estas tarjetas cuando te las ofrecen, pero hay establecimientos, o quizás empleados, que ni siquiera te dan la opción: pagas, y al recibir el cambio y el recibo ya te incluyen la tarjeta con tu primer sello.

Las tarjetas de puntos son un estilo de vida en Japón. Es raro quien no las usa, y hay también quienes se dedican a cazar cuantos puntos les es posible, tanto para reclamar rápidamente los benficios ofrecidos, como para sentir que “lo han logrado”.  Parece absurdo, pero en realidad hay gente que estudia cómo y cuándo usar ciertas tarjetas para obtener el mayor número posible de puntos. Por mencionar un ejemplo, las tiendas de autoservicio (convenience stores) que las usan generalmente lanzan promociones dando más puntos al comprar ciertos productos durante cierto periodo de tiempo, o bien, durante cierta hora del día; la gente que está cazando puntos espera el momento justo para ir a hacer compras con tal de sacarle provecho a la promoción, obteniendo digamos unos 10 puntos en vez de 1 o 2 que normalmente la compra le otorgaría.

Cuando vengan de paseo a Japón, este tipo de tarjetas pueden ser un buen recuerdo de su viaje. Si compran algo y se las ofrecen, no digan que no. No hay que registrarse, ni dar datos, ni nombres ni nada, aunque algunas ya más elboradas sí te piden que pongas nombre y domicilio, pero son contadas.